The Ballad of the Invisible Boy (Traducción)

saphi.rott
Woman In White
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 12 2018, 05:15 PM #1

Título: The Ballad of the Invisible Boy

Autor: Dollylux

Traducción: Saphirott

Categoría: Wincest

NC: 18

Pairing: Dean Winchester/Sam Winchester, Dean Winchester/POF, Sam Winchester/POF, Sam Winchester/POM

Enlace al fic original: https://archiveofourown.org/works/1017905

Advertencias: Amor adolescente, consumo drogas blandas, sexo en grupo, sexo adolescente. 

Resumen: 

Esta es una historia de la adolescencia. Esta es una carta de amor para quemar lentamente, para Led Zeppelin, para los años 90. Este es el primero de dos conjuntos de historias sobre cómo Sam y Dean no se enamoraron. Nunca tuvieron que hacerlo. Siempre estuvo allí, esta desesperación entre ellos, como una realidad, algo que respiraba. Cuando ellos llegaron a unirse, era algo inevitable. Tan seguro como que los continentes colisionan, como las fases de la luna y la vida y la muerte de las estrellas. Esta no es una historia de amor, sino una historia sobre el amor.

Obra escrita por Dollylux y traducida por mí, con su correspondiente permiso. 

Primera parte de la serie Invisible Boy.

¡Hola a todos!

Bueno, aquí estoy de nuevo, con un proyecto en el que llevo tiempo trabajando. Cuando leí esta historia, pase muchas noches sin dormir porque era incapaz de parar en ningún punto. Me tuvo todo el tiempo con los sentimientos a flor de piel, y me gustó tanto que antes de llegar a la mitad ya me había planteado meterme en la odisea de traducirla. Una vez acaba y con el permiso de su autora, me embarqué en este lío. 
Esta es la primera parte de una serie llamada Invisible Boy, la cual consta de dos partes y varios one-shots. Se pueden leer independientemente pero os recomiendo hacerlo siguiendo el orden. Esta primera parte ya la tengo traducida entera, así que no sufráis jj. 
Es mi primera traducción, así que ser un poco indulgentes conmigo, si controláis el inglés os recomiendo leerla en su versión original. 
Esta obra es de Dollylux y de ella es todo el merito, mi única intención es que los que no leen en inglés no se pierdan una historia así. Si os gusta la historia, os invito también a que visitéis el original y dejéis vuestro voto o vuestro comentario. Yo también los agradezco, los comentarios animan a seguir trabajando jjj. 


La balada del niño invisible

By: Dollylux
Traducción by: Saphirott
1994
Cuando tiene unos once años, Sam se da cuenta de que no es como los otros niños que conoce. Y no es solo en lo que se ve a primera vista. No tiene que ver con que la mayoría de los niños que ha conocido tienen vecinos que los han visto crecer, o en como tienen una vida familiar razonablemente estable. Ninguno de ellos ha estado en quince escuelas en sus cortas carreras académicas. La mayoría de los niños juegan al béisbol, saltan a la cuerda o van a la iglesia y realmente, seguro que no saben como manejar una escopeta de doble cañón muy bien. Una suerte para ellos.


No, no son esas cosas. Él sabe que ha sido, desde hace mucho tiempo, diferente en todos los sentidos.


Es un día cualquiera el que se da cuenta de lo que le hace diferente, la única cosa que lo distinguirá para siempre de la mayoría de las personas que llegará a conocer. Lo que le define, el resto es solo parte de su maquillaje.


Es un sábado de agosto en Winchester, Indiana.


Está fuera de la casa de su amigo Wesley, sentado en el camino de entrada, lanzando globos de agua a algunas de las chicas del vecindario cada vez que pasan con sus bicicletas, solo para escucharlas gritar y ver como sus bonitos rizos se debilitan bajo la embestida del agua calentada por el sol. Hay Capri Suns en un mini refrigerador y una pequeña radio tocando Ace of Base, Lisa Loeb y Boyz II Men.


Han estado viviendo aquí en Winchester durante casi dos meses, y le preguntan casi todos los días si ha vivido aquí toda su vida. Nunca sabe como decirle a la gente que nunca ha vivido en ninguna parte realmente.


Wesley Fullerton es el primer mejor amigo de Sam, y rápidamente se volvieron inseparables. Wes pasa más tiempo en la destartalada casita que los Winchester están alquilando en el ridículamente denominado lado "malo" de la ciudad que en su propia casa.


Sam tiene más pesadillas aquí, ahora, que nunca antes. Siempre está un poco tenso, preparado, esperando que todo esto esté bien y acabe bien. Nunca había sido tan consciente de esto antes. Solo mira a su padre todas las mañanas mientras está en casa desayunando, con los hombros en tensión, esperando que caiga la bomba. Esperando que su padre le diga a Dean que prepare el coche, que se van. Odia cuanto poder tiene su padre en sus vidas. Odia que su padre pueda quitarle todo esto en una tarde.


Sam suspira, apartándose de sus pensamientos y recostándose en el camino de entrada, sintiendo que el pavimento lo calienta hasta los huesos en este abrasador día de julio. Deja que sus ojos se cierren mientras toma un bocado de Twizzler de fresa, un suspiro mundano y satisfecho escapa de sus labios. Ni siquiera sabía de su existencia hasta esos días.


—Oye, Wes... ¿Puedo quedarme esta noche? —. Sam no lo mira cuando pregunta porque sabe que Wesley está tendido como él, que tiene una gruesa franja de protector solar blanco sobre su nariz para proteger su piel, ya quemada por el sol, y que ha agotado su tercer Capri Sun.


—Sí, supongo. Mamá y papá están en Chicago esta noche, pero Dayton está en casa. No creo que le importe.


Sam se mueve incómodo, su momentánea euforia se ha ido. Dayton tiene dieciséis años, solo un año más que Dean, pero no se parece en nada a Dean. Es un idiota, un verdadero imbécil y un matón. Es malo con Wesley solo porque puede, aunque Sam solo lo sabe de oídas. Evita a Dayton tanto como puede porque Sam sabe que no es muy bueno para esconder su molestia ante imbéciles como él.


Como si fuera una señal, Sam oye el rugido del motor de la nueva camioneta de Dayton, que viene por la calle y se dirige hacia el callejón sin salida donde viven Dayton y Wesley. Se sienta, con el cuerpo tenso y en guardia, sintiéndose como cuando espera discutir con su padre. Ya sabe que esto no va a ir bien.
Dayton se detiene justo donde Sam y Wesley están tratando de mover su pequeño campamento, apartándose del camino, se para casi junto a la cara de Sam y este se pregunta con indulgencia que haría Dean si viera eso. Se pone de pie cuando Dayton sale, frunciendo el ceño, pero sin decir una palabra. Tenía a Metallica sonando en su camioneta. Él no tenía derecho de escuchar a Metallica.


—¡Oye, Dayton! —. Wes parece suficientemente contento por los dos y busca un paquete de Capri Sun que gotea para ofrecérselo a su hermano. Dayton solo frunce el ceño a eso y luego a Wes y finalmente, deja que sus ojos se posen en Sam, que está recostado contra el ladrillo de la casa, con los brazos cruzados sobre el pecho.


—¿Qué está haciendo aquí? —. Dayton no quita los ojos de Sam a pesar de que se está dirigiendo a Wes. Wes deja caer el paquete de nuevo en el refrigerador y se limpia las manos en sus vaqueros cortos. Bajó un poco la cabeza, el ya largo corte de tazón deslizándose sobre sus ojos, y Sam se enfureció de inmediato. Wes es un chico tan agradable, un buen chico y todo eso se esconde cada vez que aparece Dayton.

—Solo hemos quedado para pasar el rato. Podría quedarse esta noche, ¿ok? Mamá nos dejo dinero para pizza y pensé que podríamos...

—No. Mamá me dejó dinero. Voy a salir con Ashley esta noche y tú te quedarás aquí. Y él... —Dayton obsequia a Sam con una mirada despectiva— no se va a quedar en nuestra casa. Mamá y papá pueden sentir lastima por él, pero yo no lo hago. No dejaré que la basura se quede cerca de mí.


Sam deja que el insulto le resbale porque, bien, como Winchester, ha escuchado cosas peores; y Dayton no tiene ni idea de quien es él, realmente no la tiene. Resoplan ante el insulto, rodando desafiantemente sus ojos, pero mantiene la boca cerrada. Los ojos de Dayton se clavan en los suyos, pero Sam no cede.


—No digas eso Dayton —. Wes ríe, un débil y ligero sonido, acercándose a su hermano para empujarle juguetonamente el brazo. Dayton agarra la muñeca de Wesley y la tuerce, rápida y dolorosamente detrás de la espalda y atrae a su hermano cerca de él.

—Maldita sea. No me toques, Wes. Ese chico es un pequeño friki y un pedazo de basura. Conozco a su hermano. Kid piensa que es un mierda dura y que es mejor que yo. Nadie que viva en esa casa de mierda es mejor que yo, ¿me oyes? —. Dayton está hablando con Sam ahora, con las cejas levantadas en un desafío. Todavía tiene a Wesley retorcido y empotrado en la puerta del garaje, y Wesley, un escuálido civil de once años, no tiene ninguna posibilidad de escapar, sin importar lo mucho que duela.


Pero Sam Winchester no es un civil.


—Di algo sobre mi hermano una vez más —. El tono de Sam es uniforme, calmado. A él no le importa lo que Dayton diga de él. Demonios, lo dejaría pasar con algunas puyas hacia su padre, si conociera algo sobre aquel hombre. Pero no de Dean. Nunca de Dean.


Sam se aparta de la casa y camina hacia Dayton, su cuerpo relajado y la cabeza inclinada hacia un lado, entrecerrando los ojos al sol. Es como una cabeza y media más bajo que Dayton, pero Sam sabe como pelear y Dayton solo es un mocoso mimado que se cree que es duro.


Dayton empuja a Wesley lejos y choca contra la puerta del garaje con tanta fuerza que Wesley grita y se desploma en el suelo, su brazo herido acunado en su regazo y lágrimas de impotencia en los ojos. Sam sabe que eso es lo que pasa aquí cuando sus padres no están en casa. Sam sabe que los moretones en el cuerpo de Wesley, la cojera que a veces tiene y las sombras en sus ojos se deben a este chico. Pero Sam está aquí hoy. Y él, simplemente no va a huir. Su padre podría haberle enseñado como pelear, pero su hermano le enseñó por qué luchar. Y él, va a defender a su amigo.


Dayton se acerca a Sam, pero Sam no retrocede. Empuja a Sam hacia atrás y Sam, pesando unas buenas cincuenta libras, no tiene más remedio que retroceder bajo el poder del empuje. Da un paso adelante, recuperando el terreno perdido. No rompe el contacto visual.


—¡Dayton para! —solloza Wesley y es un sonido embarazoso, un sonido desesperado, y Sam se siente tan mal por él. Se toma un segundo para mirar a su amigo y sabe que está herido en el codo, que es más que probable que esté dislocado. —¡Deja a Sam en paz! ¡Es mi amigo!


Dayton se dirige a Wesley nuevamente y Wesley se encoge sobre sí mismo, tratando de proteger su brazo, pero Dayton lo ignora, simplemente levanta a Wesley por el cuello de su camisa y lo golpea contra la puerta del garaje otra vez, y de nuevo, la vibración del metal haciendo eco a través del vecindario en un día perfecto de verano. Sam se abalanza sobre ellos, forzando su pequeño cuerpo entre los dos hermanos, armándose de toda su voluntad, reuniendo todas sus fuerzas y volcándolas en Dayton, separándolo de Wesley y empujando a este hacia atrás. —¡Wes, vete! Vete de aquí. Ve a casa de Tim, ¿ok? ¡Vamos!


Sam no ve a Wesley irse, solo se consuela con el hecho de que lo hace, y vuelve a mirar a Dayton justo a tiempo para ver el puño doblado antes de que se conecte con su pómulo con un morboso crujido. Sam retrocede aturdido, pero no con todo perdido. Empuja a Dayton, desafiante, sin importarle que esté a punto de patearle el trasero.


—¿Cómo puedes tratarlo así? Es tu hermano. Es tu hermano pequeño. ¡Él te admira! ¡Te necesita! ¿Cómo puedes tratarlo así? ¿Por qué eres tan idiota?

—Es un jodido maricón y tiene que aprender a comportarse como un hombre. Ningún hermano mío va a ser un maricón, ¿me oyes? —. Sam siente su estómago caer y su cara caliente. Sabe como suena un chico que hace eco de las palabras de su padre. Sabe, sin lugar a dudas, que esas palabras exactas se han dicho en esa casa una y otra vez. Quiere sentir lástima por Dayton, por toda su familia, pero no tiene ni un segundo más para pensarlo, porque Dayton lo está empujando con tanta fuerza que Sam se resbala y cae en el camino de entrada, sus rodillas paran la caída, pero se despellejan en el camino. Se pone de pie con un salto, duele, las lágrimas en sus ojos, su voz vacila, pero es clara.

—No lo mereces. No mereces tener un hermano. Y tú no eres un hombre porque le pegaste —. Sam aprieta el puño, quiere ponerse de puntillas y golpear a Dayton con esa mierda eternamente, pero sabe que perdería la batalla antes de empezarla. Lo sabe y entonces, solo busca sus zapatos y sale corriendo por el camino de la entrada, hasta la calle, lejos de esa casa. Oye a Dayton gritar detrás de él, diciendo cosas sobre Dean, sobre él, pero no puede escuchar ninguna de las palabras lo suficientemente claras como para absorberlas. Él solo sujeta los zapatos en su mano y concentra toda su energía en llegar a casa.


Sabe que su ojo se está hinchando rápidamente y sus rodillas arden como una perra donde el sudor se está metiendo en la piel abierta, pero está aquí, finalmente está en casa. Sus pies descalzos se quemaron en los caminos calientes por los que tuvo que correr para llegar hasta allí, se rozan crudamente por el movimiento, por lo que deja de correr cuando llega a la entrada. Camina cautelosamente sobre el pavimento roto hasta los escalones y abre la mosquitera para entrar. Es golpeado por el calor abrumador de no tener un aire acondicionado y oye el ventilador de la tienda de empeño, que Dean consiguió con el dinero que había ganado cortando el césped, sobre la mesa de la cocina donde Dean está limpiando su arma. La radio suena de fondo, Pure Prairie League, apenas se escucha con el ventilador.


Sam se detiene justo en el umbral de la cocina, donde la alfombra manchada se convierte en linóleo, y mira a su hermano, y todo le golpea entonces. Lo que acaba de suceder, lo que le hizo pensar, lo que le hizo sentir. Ve a Dean y todo termina en un circulo completo, y él ama a su hermano tan completamente en ese momento, tan feroz y abrumadoramente, que solo llora, su brazos se envuelven alrededor de si mismo, su cabeza se apoya contra su pecho.


—¿Sammy?


De repente, Dean está aquí, aquí y revoloteando preocupado, con las manos levantadas en la necesidad de tocar por todas partes para asegurarse de que Sam está bien, pero no están seguras de dónde aterrizar primero. Sam mira hacia arriba y ve a Dean caer de rodillas frente a él, sus ojos se posan en los pies descalzos de Sam, sus rodillas sangrantes, y su expresión cambia de preocupación, a fría y asesina cuando ve el ojo hinchado de Sam.


—¿Quién te hizo esto? Dime.


Sam todavía no tiene aliento para hablar, así que rodea el cuello de Dean con los brazos, se acurruca contra él, apoya la cara contras su cuello y resopla allí donde está seguro. —Dean —dice en voz baja, tan pequeño, pero eso lo dice todo.


—Sammy —. Dean está suplicando ahora, la voz temblando de ira, pero suena aterrorizado hasta los huesos. Sam cierra los ojos cuando siente que las manos de Dean recorren su cuerpo y lo examinan para ver si tiene otras heridas. Se relaja contra Dean, dejándose calmar y recuperando el aliento después de haber corrido durante veinte minutos con un clima de treinta y cinco grados, sintiéndose seguro al cuidado de su hermano. —Está bien, vamos entonces. Al menos vamos a limpiarte, ¿ok? Espera.


Sam aprieta sus brazos alrededor del cuello de Dean y deja que lo cargue, ignorando la vergüenza que normalmente sentiría por ser tratado como un bebé. Ha sufrido heridas peores que esta, aunque no a menudo. Y nunca ha sido golpeado por alguien mucho más mayor que él. Sus sentimientos están heridos, su corazón duele, y no puede acallar esta sensación desesperada, centrada en Dean, que está floreciendo y calentando en su pecho.


Dean deja a Sam sobre el inodoro cerrado y deja correr el agua tibia en el baño antes de irse nuevamente para recoger el botiquín de primeros auxilios de la cocina. Regresa rápidamente y se sienta en el borde de la bañera, colocando los pies sucios de Sam en su regazo. Sam solo lo mira, su corazón todavía martilleando en su pecho, todo su cuerpo todavía nervioso con restos de adrenalina y miedo. Dean pasa sus pulgares sobre la parte inferior de los pies de Sam, con la cabeza inclinada para poder verlos. Parece satisfecho de que no estén gravemente heridos y agarra una toalla que lleva al grifo y la humedece, frotándola con la pastilla jabón y comienza a limpiar los pies de Sam con la mayor suavidad posible. Lágrimas de cansancio surcan la cara de Sam mientras mira a su hermano y se deja llevar por la calma, por el amor por Dean. Tanto amor.


—Háblame Sammy. Voy a averiguar que ha pasado de una forma u otra. Prefiero oírlo de ti, así no tengo que perder el tiempo averiguando a quién tengo que matar —. Dean toma agua en sus manos para enjuagar los pies de Sam y Sam extiende los dedos de los pies, deja que Dean retire el jabón entre medias de ellos y le permite mimar sus pies todo lo que quiera.


—Eso... Fue Dayton.


Sam mira a Dean fruncir el ceño mientras trata de descubrir quien es, solo le toma unos segundos y luego los ojos de Dean se afilan. El cuidador se fue y el gran hermano protector, entrenado para matar, está de vuelta, prácticamente todo el cuerpo de Dean vibrando de furia.


—¿Dayton Fullerton? ¿El hermano de Wes? ¿Con el nuevo Silverado?


Sam asiente y Dean asiente también, con la mandíbula apretada mientras drena el agua de la bañera y vuelve a llenarla con agua ligeramente más fría. Dean comienza a limpiar las rodillas despellejadas de Sam y duele como una perra. Sam se muerde el labio inferior para no emitir sonidos y mira la cara de Dean con atención, solo espera a que procese, a que hable.


—¿Me estás diciendo que un chico de dieciséis años acaba de golpear a mi hermanito? ¿Ese campesino hijo de puta? ¿Él hizo esto? —. La mano de Dean está ahuecando su mejilla ahora, húmeda pero cálida y Dean está mirando su ojo. Sam sostiene su mirada y asiente de nuevo, dejando que su mano suba y descanse a lo largo de la parte posterior de la de Dean, justo en su muñeca.

—Estaba lastimando a Wes, y le dije que se detuviera. Y entonces, comenzó a meterse conmigo, supongo —. Sam no menciona a Dayton hablando de Dean, de su familia, de él. Dayton se va arrepentirá bastante de lo malo que ha sido. —A su hermano, Dean. Estaba lastimando a su hermano. Y a él ni siquiera le importaba.

—Sí, bueno... —. La voz de Dean es áspera, apretada por la ira. Termina de limpiar las rodillas de Sam y las frota con ungüento antibiótico antes de cubrirlas con tiritas cuadradas y grandes que casi nunca usan. —"Hermano", no significa para todo el mundo lo que significa para nosotros.


Sam reflexiona sin decir nada mientras Dean desaparece y regresa con una bolsa de maíz congelado y la presiona contra la mejilla de Sam. Levanta la mano de Sam para que la sostenga y se queda allí, agachado junto a él en el baño débilmente iluminado, acariciando el cabello sudoroso de Sam, colocándolo detrás de sus orejas y calmándolo más allá de cualquier cosa que haya conocido antes. Cierra los ojos y se acomoda, solo deja que el momento se instale suavemente mientras Dean lo acaricia. Piensa en las palabras de Dean, realmente piensa en ellas.


Hermano significa todo. Hermano significa Dean. Hermano significa la persona que prepara sus almuerzos y que le da la primera elección de todo, incluso si él no la quiere y hermano quiere decir que Dean le pase su ropa favorita, solo porque Sam podría quererla a pesar de que Dean aun podría utilizarla por un tiempo. Hermano significa el chico que defiende a Sam ante su padre y que pregunta a Sam como deletrear abeja, y que le lee historias de cualquier libro que Sam le entregue. Hermano quiere decir helados sorpresa después de la escuela en los días buenos y significa ese chico, al que Sam tiene que recomponer después de una cacería en los días malos. Hermano quiere decir que, la mayoría de las veces, las palabras son prácticamente inútiles. Que puedan mirarse directamente a los ojos y que todo esté bien, conversaciones enteras y sentimientos sin descripción y secretos nunca compartidos solo con un parpadeo. Hermano significa discusiones sobre el lenguaje corporal, significa miles de cosas comunicadas con gestos de cabeza, levantando los dedos y juntando los hombros. Significa una almohada en el asiento trasero, significa el niño que trata de mantener la magia navideña. Cuando Sam dice hermano, él quiere decir el mundo entero.


Abre los ojos otra vez y mira a Dean que aún acaricia su pelo y su mejilla sana, sus ojos se han suavizado por el momento. —Me alegra que seas mi hermano —dice finalmente Sam, y es lo suficientemente silencioso como para caber dentro de esta habitación, en este pequeño espacio entre ellos. —Me alegra que seas tú, Dean.


Sam puede escuchar la garganta de Dean cuando traga duro y espeso, puede ver que sus ojos se vuelven más brillantes con la emoción retenida y él sonríe porque sabe lo que significa. Siempre sabe lo que significa. —Espera otra vez, hermanito. Voy a ponerte en el sofá, ¿de acuerdo?


Sam sabe que puede caminar bien, que a grandes rasgos, no está realmente herido. Pero Dean necesita hacer esto y Sam quiere que lo haga; así que, envuelve el brazo que no sostiene el paquete de maíz helado en su mejilla, alrededor de su hermano y se deja llevar a la sala de estar. Dean lo acomoda tan cuidadosamente como puede y Sam cierra los ojos, suspirando mientras se acomoda en los cojines. Su ojo se lastima más y más con cada parpadeo. Dean se ha ido por lo que solo parece un segundo y ha regresado con el codiciado ventilador, haciendo llegar el aire fresco directamente a Sam y con dos pastillas blancas y un gran vaso de agua helada.


—Toma esto. Te ayudará con la hinchazón y el dolor, ¿de acuerdo? —. Dean agarra el control remoto y ojea los canales, dejándolo en una película de Bruce Lee y entregándole a Sam el mando. —Voy a..., uh... Voy a buscar algo para la cena. ¿Cómo suena tomar un desayuno para cenar?

—Bien... —. Sam se siente somnoliento y no sabe por qué. Antes había estado listo para subirse a una de las bicicletas de Wesley y pedalear hasta llegar a la otra ciudad, pero ahora está aquí con Dean, vendado y recibiendo toda la atención de Dean. Abre los ojos para saborear el último trago y sonríe cuando los ojos de Dean todavía están fijos en su rostro. —¿Puedo tomar un poco de zumo de naranja también?

—Sí, Sammy. No hay problema —. Dean se queda cerca de él durante unos segundos, parece concentrado en resolver algo en su mente durante un momento y luego se agacha junto a Sam otra vez, una palma ancha empujando su cabello una vez más, y la frecuencia cardíaca de Sam se acelera cuando siente que Dean le da un beso seco y rápido en medio de la frente. —Yo también me alegro de que seas mi hermano.


Las palabras son casi un susurro, un murmullo, pero Sam las oye, las oye y las agarra con avidez, y las esconde en lo más profundo de su pecho para retenerlas por siempre, para él. Dean vuelve a ponerse de pie antes de que Sam pueda siquiera responder, incluso de que pueda abrir los ojos, y ya está a mitad de camino cuando Sam abre la boca.


—¿Dean?


Dean hace una pausa y se vuelve para mirar a Sam, con las cejas levantadas.


—No lo hagas. No lo mates, ¿de acuerdo?


Si fuera cualquier otro chico, cualquier otra familia, cualquier otro hermano que no fuera el suyo, esto habría sido una broma, pero ninguno de los dos sonríe y después de un largo y cargado momento, Dean alcanza la parte trasera de sus pantalones vaqueros y saca su arma, aún sosteniendo la mirada de Sam mientras camina y la deja sobre la mesa de café.


Él está de nuevo en la puerta y están enterrados profundamente el uno en los ojos del otro, y Sam solo quiere que Dean cambie de opinión, que regrese y se abrace a él para poder hablar sobre artes marciales y películas de kung-fu, pero él conoce mejor que nadie a su hermano y entiende por qué tiene que hacer esto. Dean es protector y Sam es suyo, y Dean tiene que mantenerlo a salvo. Es así de simple.


Dean asiente, solo un gesto de su cabeza y solo una vez y luego la mirada está rota, la puerta se cierra detrás de él. Sam cierra los ojos, al despertar, piensa en el fantasma de la boca de Dean sobre su piel ardiente. 
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saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 14 2018, 11:13 PM #2

Una pequeña aclaración que no hice en el capítulo anterior. La idea de la autora era contar sus vidas en esta época adolescente, pero como era un periodo muy largo, finalmente lo hizo a modo de escenas. Esas escenas importantes que fueron marcando su carácter, su relación y su sexualidad. Así que puedo decir con seguridad que seguro que Dayton se llevó algo más que un ojo morado, pero ahora ya estamos en otra parte. Lo único correlativo es el tiempo. 


La autora publicó esta primera parte en un solo capítulo, pero a mi me resulta prácticamente imposible hacerlo así, necesito racionarlo y así poder emplear ese tiempo en la traducción de la segunda parte. Cada capítulo será una de esas escenas. 



—Dean, me voy en cinco minutos, estés aquí o no. Sammy, mantente alejado de problemas.
Dean ladra su acostumbrado "Si señor" y Sam pone los ojos en blanco. Él no responde a su padre, no hace más que quedarse donde está y punto. Escucha que la puerta de la calle se cierra de golpe y comienza el estruendo del Impala.

—Adiós a ti también... —murmura Sam para si mismo.

Está en esa horrible edad en la que es demasiado joven para ir a cazar, pero tiene edad suficiente, según su padre, para sobrevivir por su cuenta. Todavía es un canijo, no lo suficientemente grande como para eliminar un Rawhead, pero si lo suficientemente mayor como para hacerse su propia cena, levantarse de la cama, ir a la escuela y evitar cualquier pregunta sospechosa de todos los adultos "interesados" en la escuela sobre su vida hogareña. No tiene sentido para él y así se lo dice en voz alta y a menudo a su padre y a Dean.

No es que necesite que su padre y Dean estén allí las veinticuatro horas del día para cuidarlo. Por supuesto que no. Es solo que odia estar solo, odia que lo dejen fuera. Odia esperar, odia la idea de que Dean pueda estar en peligro en alguna parte donde Sam no va a poder alcanzarle.
Esta sentado en el mostrador de la cocina, mirando a Dean moverse de un lado a otro, metiendo cosas en su bolsa y esquivando los pies balanceantes de Sam en cada pase. Sam sabe que debería ayudar, no debería ser un dolor de cabeza, pero está comenzando a sentirlo; esa preocupación nauseabunda que se deposita en su estómago, la que tiene cada vez que Dean se va a un destino desconocido para él.

Mira a Dean, guardando cuidadosamente los cuatro sándwiches que Sam le había preparado a él y a papá (pavo en lonchas y queso suizo barato en pan blanco, mucha mostaza y tomates e incluso los había cortado por la mitad, todos). Mira como sus ojos dan vueltas, revisando su lista mental para asegurarse de que no haya olvidado nada. Ambos saltan un poco cuando escuchan el sonido de la bocina del auto.

Sam comienza a respirar un poco más rápido, tiene que agarrarse al borde del mostrador de formica para evitar estirarse y sujetar a su hermano.
—Dean, ¿y si te necesito aquí? —. Sabe que es un golpe bajo, que es muy injusto para Dean, pero lo hace. —¿Qué pasa si algo sucede?
Es esa, esa pregunta abierta la que hace que a Dean se le pongan los pelos de punta, la que le hace mirar a Sam con una expresión de dolor que Sam reconoce como única de Dean: culpa, miedo, resentimiento y amor obstinado.

—Sammy, no lo hagas. No digas mierdas así. No te va a pasar nada. Estamos en Buttuck, Indiana. Hombre, papá está detrás de algo malo. Todo lo que tienes que hacer es quedarte aquí. Asegúrate de no prenderte fuego o algo así —. Su sonrisa despreocupada está de vuelta, una máscara, y él la usa hasta que se aleja de Sam otra vez.

—No, me refería a... —. Sam baja del mostrador para seguirlo, pero se detiene, sus pies demasiado pesados para llevarlo a Dean. Solo se queda mirando a su espalda cuando Dean tira de su chaqueta, los fuertes músculos de la espalda desaparecen bajo el cuero gastado. Le duele el pecho. —¿Qué pasa si algo te sucede a ti?

Dean se da la vuelta para enfrentarlo y hay miedo otra vez, pero ahora hay una saludable dosis de irreverencia porque, bueno, ¿y qué si pasa algo? Mientras Sam esté bien, ¿verdad?

—No lo hagas, Dean. No lo hagas. No digas algo estúpido o te daré un puñetazo, lo juro por Dios —. Sam se agarra las mangas de su propia camisa de franela, con lágrimas de ira ardiendo en sus ojos. Aprieta los dientes y se encuentra con los ojos de su hermano, sintiendo el desafío entre ellos.

—Sammy, ¿de qué diablos estás hablando? ¿Estás con la regla o algo así? No iba a decir nada, deja de ser tan pegajoso —. Y ahí está el golpe bajo de Dean. Él no lo dice en serio y se arrepiente en el mismo momento en el que lo dice, pero ha hecho un buen trabajo. Solo tiene que mirar a Sam para ver que está herido, que se siente estúpido y solo con sus emociones. Dean lo ha hecho sentir solo. Él muerde con tanta fuerza la carne suave del interior de sus mejillas que se hace sangre. Se asegura de que Sam lo vea poner los ojos en blanco mientras se coloca el petate sobre el hombro. —Volveremos esta noche. Vamos a las afueras de la ciudad. Tienes dinero para comida en la encimera. Solo disfruta de un sábado libre, amigo. Dios sabe que yo lo haría.

Lo último lo dice por lo bajo y vuelve echar una mirada a Sam, buscando sus ojos, para que sepa que solo es una fachada, todo. No quiere nada más que quedarse aquí con su hermanito, jugar a los videojuegos en la Nintendo que consiguió en Nevada el mes pasado y comer pizza, o comer y luchar en el suelo hasta que estén demasiado sudorosos y luego solo acomodarse para ver reposiciones de Los vigilantes de la playa. Lo que sea, cualquier cosa. Nada se sentía bien a menos que Sam estuviera allí.

De todos modos, sale por la puerta de la entrada, dejando que la envejecida mosquitera golpee contra el marco, y mantiene su mirad al frente mientras da dos pasos en uno hasta el auto donde su padre ya está esperando. Las nubes ruedan rápidamente sobre sus cabezas mientras se alejan.

Sam odia jugar a videojuegos solo y por eso limpia la cocina, por falta de algo más que hacer, y también porque le da un poco de enfoque en algo que no involucra armas. Limpia las encimeras hasta que huelen a limpio y a limón, se ven brillantes y se siente estúpidamente orgulloso, como si Dean volviera a casa y viera lo limpio que todo se veía y le diera a Sam una sonrisa como si él fuera importante, como que Sam era bueno para mantener un hogar. Ugh.

Se masturba a continuación, en el baño, con la puerta abierta, solo porque puede. Gime y continua y hace todo el ruido que quiere, la mitad solo para escuchar como sonaría durante el sexo y la otra mitad en el delicioso temor de ser escuchado. Se corre sobre su mano ahuecada y la levanta hasta su cara mientras jadea, su polla crispada y gastada. Entrecierra los ojos mirando el pequeño charco casi transparente en su mano y piensa en probarlo, en beberlo todo como las chicas de las pelis porno, pero se arrepiente en el último minuto, en los bordes de una neblina sexual donde de repente ya no se siente el calor y es simplemente asqueroso, viscoso.

Se lava las manos en el fregadero con jabón de sobra y cae desnudo en la cama de Dean. Solo porque puede. Se duerme con la cara pegada a la almohada y no sueña.

Cuando despierta, el sol se está poniendo y se está muriendo de hambre. Usa el dinero que su padre le dejó y come boloñesa y galletas y se bebe el último resto de Sunkist de naranja que Dean tenía en la nevera. Saca el libro de su lista de lectura de verano que aún no ha empezado y saca un cuaderno para tomar notas. Abre el libro y se recuesta en el sofá, mirando su reloj. 8:34 p.m.

Va a ser una noche larga.

A las diez y media el cielo se abre, parece que la lluvia cae desde todos los ángulos, lo que hace imposible ver el exterior. Sam se sienta en la ventana y se rasga las uñas con los dientes.

A medianoche, traslada su vigilia afuera. Se abotona la franela y saca su libro, pero no enciende la luz del porche para poder verlo. Solo mira el camino, la calle está oscura aquí, en las afueras de Winchester y escucha los sonidos de la autopista muy cerca. Se chupa las yemas de los dedos ahora, y con indulgencia, permite que cada cosa mala que pueda pasar se abra paso en su mente, permite que cada circunstancia horrible se desarrolle completa y espontáneamente porque le gusta lastimarse en esos momentos, cuando Dean podría estar pasando por cosas peores.

A las 12:45, está entrando en pánico. Se habían ido a las dos en punto, cuando el sol aún estaba alto. El sol es historia y la luna se esconde detrás de las nubes de lluvia que todavía se está derramando sin signos de querer ceder. No ha visto ni escuchado un automóvil en media hora. Se mueve hacia los escalones, deja que las punteras de sus Converse se mojen, así como sus rodillas que asoman bajo el toldo. Mantiene sus manos cerradas en puños en sus bolsillos para que no tiemblen.

A la 1:13, oye el Impala. Distante y casi imposible de distinguir en la lluvia, pero Sam lo oye. Lo oiría en un maldito tornado. Se olvida de su orgullo y se pone de pie cuando ve que los faros se abren camino hacia él. Se apresura hacia el automóvil, una sonrisa de alivio estalla en su rostro mientras se lanza al lado del pasajero, sin poder ver el interior, pero esperando que Dean salga.

La puerta de su padre se abre primero y Sam lo mira de inmediato, aterrorizado por la línea sombría de su boca, la línea dura de su mandíbula. El corazón de Sam le salta a la boca.

—¿Papá?...

Su padre apenas lo mira, solo cierra la puerta del coche y se dirige hacia la casa. Sam mira hacia abajo y jura que siente que su corazón se detiene cuando se da cuenta de que el asiento del pasajero está vacío.

—¡Papá! —. Sam se lanza contra su padre, agarrando con fuerza el brazo de su chaqueta, su voz alcanzando tonos embarazosamente altos. —Papá, ¿dónde está? —. Su estómago se tambalea y de repente no puede respirar. —¿Dónde está Dean?

—Decidió ser un maldito sabelotodo en el camino de regreso, así que lo hice salir. Que venga caminando a casa —. Las palabras son desapasionadas, dichas con dientes apretados, y son tan desdeñosas que hacen que Sam retroceda ante su padre, haciéndole jadear.

—¿Está ahí fuera? ¿En esta tormenta? ¿Lo hiciste caminar con esta tormenta?

—Es solo lluvia, Sam. No lo va a matar. Le dará tiempo para refrescarse y pensar en tratar a s padre con un poco más de respeto —. Su padre sube los escalones, ahora con la mosquitera abierta y un pie dentro de la cálida casa. —Entra aquí, Sammy. Te resfriarás.

Es un comentario habitual, algo que su padre dice todo el tiempo. Pero es la absoluta diferencia de la forma en que los trata a los dos, la despedida casi cruel de Dean hace que Sam corra. Solo vuela, baja por el camino de entrada y cruza la calle. La carretera está a solo dos calles y luego es fácil, una escalera. Puede escuchar la voz de su padre, pero se ahoga bajo la lluvia y a Sam le gusta el sonido de eso.

Casi no hay coches circulando en la autopista 32 a esta hora de la noche, por lo que Sam está solo en su viaje. Sam es bueno corriendo y ahora se aprovecha de eso, con los zapatos empapados que se encuentran con la tierra suave, resbaladiza y fangosa por el repentino diluvio. Está completamente empapado, pero no parece darse cuenta, no puede prestarle atención. Mantiene sus ojos al frente, buscando una figura solitaria que se dirija hacia él, buscando el conjunto de los hombros de Dean y su amplio paso; y su chaqueta, su hermosa y jodida chaqueta, que a Sam le gusta tanto que a veces hasta le duele físicamente.

Siente que ha estado corriendo durante horas, pero es realista, ha visto los marcadores de millas y sabe que no es cierto. ¿Y si Dean estaba herido? No mal del todo, a su padre de ninguna manera se le hubiera pasado por alto, pero... ¿qué pasa si él estaba sangrando? ¿qué pasa si se cayó? Las cunetas de estas carreteras se vierten a veces a peligrosos tramos de tierra, directos hacia los bosques. ¿Qué pasa si un automóvil se salió de la carretera y lo atropelló? ¿Qué pasa si consiguió que alguien lo recogiera y ya está en casa? ¿Qué pasa si simplemente se fue? ¿Qué pasa si finalmente ya tuvo suficiente de la indiferencia de su padre y de la dependencia de Sam y simplemente se fue? Dejó la ciudad. ¿Qué pasaría si lo último que hubiera entre ellos fuera una discusión? ¿Qué pasaría si Dean nunca lo supiera?

Sam se detiene donde está, un coche extraviado pasa rápido a su lado, se inclina y vomita en la hierba, salpicando sus zapatos, pero la lluvia lo arrastra de inmediato. Tose y parpadea, mirando el desastre que acaba de hacer. Tiene que encontrar a Dean, tiene que hacerlo.

Cada paso que da es un paso más frenético, más desesperado por su hermano. Tiene que encontrarlo. ¿Qué pasa si nunca llega a ver a Dean otra vez? ¿Qué pasa si nunca escucha su voz, qué pasa si nunca vuelve a sentir a Dean rodeándole con su brazo en el asiento trasero mientras cruzan la columna vertebral de América, su padre siempre en silencio y despierto detrás del volante? ¿Qué pasa si nunca ve a Sam convertirse en el hombre que tan desesperadamente quiere ser par Dean? ¿Qué pasa si Dean nunca llega a estar orgulloso de él, realmente, realmente orgulloso? ¿Qué pasa si nunca tiene oportunidad de mostrarle a Dean lo que puede llegar a ser?

Al principio es débil, pero ve algo moviéndose a través de las hojas de lluvia. Se detiene donde está y solo mira, entrecierra los ojos y trata de hacer que Dean aparezca solo por desearlo. Abre la boca, pero no sale nada y es entonces, solo entonces, que se da cuenta de que ha estado llorando todo este tiempo. Su voz se dispara cuando finalmente sale de su garganta. —¡Dean!

La sombra en movimiento se detiene y Sam jadea, despega como un rayo, clavando el pie para darse un buen impulso. Se escurre allí mismo, cae mitad en el camino y mitad en la hierba, el barro salpica su rostro. Se obliga a levantarse, impulsado solo por la imagen de Dean, y empieza a correr otra vez, con todo el frente cubierto de grava, hierba y barro, pero ahora puede verlo, ver su cabello oscuro y enmarañado en la cabeza, ver su chaqueta, la chaqueta... Ve su hermoso rostro y Sam ahora llora, casi derrumbándose de alivio.

—¡Dean! —. Esa palabra siempre connota tanto, tantas palabras silenciosas y diferentes; y cuando escucha la voz de Dean, respondiendo a su llamada... —¿Sammy? —. Sam corre incluso más rápido, tan cerca de él ahora, y ahora duele, su cuerpo, su corazón golpeando apretado en su pecho, sus piernas resentidas por correr y caer, y por la preocupación de su corazón.

—Sammy, ¿qué diablos? Qué... —. Pero Sam allí ahora, allí mismo y se arroja a Dean, su cuerpo es pequeño y ligero, pero esta noche es como una fuerza arrolladora. Dean casi se cae de la velocidad, pero él atrapa a Sam, entierra su cara en su cabello empapado y lo rodea con sus brazos. Sam intenta trepar a Dean, sollozando incontrolablemente ahora, manteniendo su cara escondida bajo su cuello, su nariz justo debajo de su oreja, su lugar favorito donde estar. Solloza, tiembla y se queja cuando siente que Dean lo levanta sobre su cuerpo.

—Oh, Dios. Dean, lo siento mucho. Discúlpame por favor, por favor; estaba tan asustado. Dean, estaba tan asustado —. No puede dejar de llora y ahora es un peso muerto en los brazos de Dean, con las piernas unidas en la parte baja de su espalda, los brazos envueltos sofocantemente alrededor del cuello de Dean. Siente los brazos de Dean a su alrededor, uno bajo y otro alto para sostenerlo, y Dean lo mece lo mejor que puede, tratando de calmarlo, de hacerlo dejar de llorar porque lo está matando.

—Sammy, shhh... Está bien... Oye, pequeño, está bien. Estoy bien. Shhh..., Sammy, está bien, estoy bien. ¿Ves? ¿Me oyes? —. Empuja la cara de Sam con la suya hasta que Sam la levanta y se encuentra con sus ojos. Y Dean dice la verdad. Tiene un labio roto y un lado de su rostro está rosado, y definitivamente tendrá un hematoma por la mañana, pero sus ojos son claros, tan, tan claros y brillantes con lágrimas y agotamiento, pero no dolor. Su expresión se suaviza cuando ve la cara de Sam, mocosa y cubierta de barro, con senderos limpios que son el rastro de las lágrimas, el labio inferior maltratado, rojo e hinchado. Dean suspira, acerca su mano a la parte posterior de la cabeza de Sam y empuja hacia abajo para que descanse sobre su hombro, con la cara escondida en su cuello.

—Está bien hermanito. Estoy bien, estamos bien, ¿no es así? Estamos bien.

Sam asintió, limpiándose y secándose la cara con la chaqueta mojada de Dean, mientras tiene sus dedos enredados en la nuca de su hermano, jugando distraídamente con los cortos y empapados mechones de pelo que nacen allí. Cierra los ojos y deja que el alivio lo inunde. Dean está bien, está vivo y está aquí.
Dean se sienta en el quitamiedos, justo donde estaban parados y Sam se mantiene pegado a él, es demasiado grande para estar actuando así, pero a Dean no parece importarle y Sam, ni loco, se va a alejar por si mismo. Dean acaricia el cabello de Sam sin importarle que esté cada vez más y más húmedo, apelmazado y cubierto de barro por algunas partes. Apoya su nariz contra la sien de Sam y solo se da el gusto, solo respira, solo siente cada parte de él sólida, viva y bien en sus brazos. —Lo siento Sam, sobre lo que dije antes. No lo dije en serio. ¿Lo sabes verdad? No fue en serio.

Sam asiente de nuevo, todavía sin ganas de hablar, de tratar de dar voz a la lucha interior de su cuerpo. Se relaja contra Dean, tan cómodo aquí, bajo la lluvia torrencial a un costado de la carretera y en medio de la noche, que podría quedarse dormido aquí mismo. Solo se anima a hablar porque eso hará que Dean se sienta mejor, porque Dean necesita su perdón.

—Lo sé, Dean. Está bien. Yo también lo siento.

Dean abre la boca para responder, pero el coche que conduce hacia ellos al otro lado de la carretera da un súbito giro en U y se detiene justo a su lado, con los neumáticos chirriando cuando su padre pega el frenazo. La puerta del pasajero se abre y su voz suena lejana bajo la lluvia desde el lado del conductor. —¡Entra! ¡Ahora!

Dean suspira, se pone tenso de nuevo, pero lo hace a un lado, por Sam. Se levanta y Sam se afloja contra él, se desliza por su cuerpo en la oscuridad, esperando que su padre no lo haya visto. Dean le sonríe, algo pequeño y alentador, y le pasa una mano por el flequillo, que está pegado a su frente. —Vamos chico. Vamos a casa.

Se metieron de nuevo en el asiento trasero, en ropa interior y tapados con las toallas de playa que su padre, milagrosamente se había acordado de coger en casa. La disculpa de su padre es silenciosa, como siempre lo son, pero Dean puede sentirla. De camino a casa, coloca el pelo de Sam en su lugar, cierra los ojos y se siente estúpida e inexplicablemente feliz. 
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saphi.rott
Woman In White
saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 16 2018, 10:08 PM #3

Sam se despierta a la mañana siguiente, con la sensación siempre agradable de ser sacudido en los pies.
 
—Arriba, es hora, niño. Venga. Eras tú el que quería ir al centro comercial, así que no me hagas arrastrarte fuera de la cama.
 
Sam se tapa con las mantas y gimotea, apenas coherente y malhumorado. —¿Qué hora es?
 
—¡Joder, las diez de la mañana! Vamos, amigo. No quiero estar en el centro comercial todo el día con unos pequeños niños repelentes de nariz respingona. ¿De acuerdo? Ten piedad de mí.
 
Dean suena tan mal que despierta a Sam por completo. Suspira, fuerte y alto, mientras aparta las mantas de su cuerpo. Entrecierra los ojos hacia Dean, dándole su mejor puchero mientras lo mira. La mitad de la cara de Dean está magullada por la cacería que tuvo con papá la noche anterior, su labio se ha partido y está extrañamente retorcido por eso.
 
Sam no aparta los ojos de su hermano mientras se sienta en la cama y se arrastra hacia él. Dean solo lo mira y lo deja hacer. Sam coge las mejillas de Dean con las manos suaves que ha aprendido a tener, lo examina, el dolor de todo se instala en las muñecas de Sam. La noche anterior vuelve a fluir hacia él, la lluvia, sus propias manos desolladas por la caída, el terror de perder a Dean, la inimaginable soledad de buscar en un camino oscuro a la persona que te hace sentir más que todos los demás juntos.
 
Cierra los ojos mientras rodea con sus brazos a Dean y se abraza pegado a él. Dean se pone tenso por un momento antes de suspirar y devolver el abrazo, rodeando con sus brazos el cuerpo flaco de Sam. Se quedan así, Sam está arrodillado en la cama y Dean se inclina para sostenerlo, hasta que la tensión es demasiado para Dean. Le da a Sam un último apretón y se retira lentamente, dejando que Sam se acostumbre a no estar envuelto antes de retirarse por completo.
 
—Estoy bien, hombre. Te lo prometo. Ve a la ducha, ¿vale? No hay nada más que Corn Flakes para el desayuno, pero tienes que comer algo antes de irnos.
 
Sam asiente con la cabeza, sus ojos suaves mientras sonríe a Dean. A veces solo tiene estos sentimientos, estos momentos en los que mira a Dean y no puede respirar, y no entiende como alguien puede ser tan perfecto. Dean es hilarante, es muy inteligente, siempre pendiente de Sam, con cada respiración que toma. Él sabe exactamente como decirle las cosas a Sam para que se calme, para que escuche, para que realmente escuche. Sin mencionar que es tan lindo de ver que Sam que algo le remueve hasta los huesos.
 
Nunca ha intentado hablar con nadie más sobre eso, no quiere saber si es el único que tiene este tipo de sentimiento por su hermano o si el resto de la gente se siente igual con respecto a los suyos. Realmente no quiere que ninguna de las dos opciones sea cierta.
 
Dean resopla ante la manera soñadora con que Sam lo mira, alcanzando a golpear un lado de su cabeza juguetonamente. —Deja de soñar y mete tu trasero en la ducha. Nos vamos en quince.
 
Sam se ve a si mismo sonriendo estúpidamente mientras se lava el agua de lluvia de su cuerpo, mientras acaba los copos de maíz rancios, y durante todo el camino al centro comercial. Está secretamente seguro de que nadie más tiene un Dean que le haga sentirse así.
 
—Entonces, ¿qué hay de genial en ese CD? —. Den mira hacia abajo, a la pequeña bolsa que Sam está felizmente balanceando a su lado mientras se arrastran por el centro comercial. Es domingo, por lo que la mayoría de la gente que hay son familias, en lugar de solo adolescentes, por lo que Sam está silenciosamente agradecido. No cree que pudiera soportar ver a Dean coqueteando con un grupo de chicas hoy.
 
—Es Nirvana —. Para Sam, es respuesta más que suficiente, pero Dean solo lo mira, con las cejas levantadas, esperando una explicación. Sam se detiene donde está y le mira. —Tío. ¿En serio? —. Sus ojos se abren cuando la expresión de Dean, simplemente, no cambia; cuando simplemente sigue caminando, obligando a Sam a trotar un poco para alcanzarlo. —Son simplemente increíbles. De verdad. Simplemente impresionantes. Este es el CD que salió el otoño pasado.
 
—Entonces, ¿por qué no lo has conseguido hasta ahora, chico de la música? —. Dean los lleva por otra sección del centro comercial, en sentido opuesto a donde está estacionado el coche, pero todavía está lloviendo fuera y su padre está desmayado en casa. No tienen que ir a ningún sitio y Dean está bien con eso.
 
—Lo escuché por primera vez hace un par de meses. Wes me lo puso y realmente me gustó —. Sam frota la punta de su Converse con su otro pie, encogiéndose de hombros un poco mientras se quita el cabello de los ojos. Está tratando de minimizar lo emocionado que está, porque sabe que Dean no aprobará esa música de todos modos. —He estado ahorrando algo de dinero para conseguirlo. Reuní lo suficiente el viernes, guardando un poco del dinero para el almuerzo.
 
Los ojos de Sam se iluminan cuando ve una tienda de mascotas y agarra la franela de Dean y tira de él hacia ella. Dean frunce el ceño porque es lo esperado y deja escapar un suspiro.
 
—Sammy, no compraremos un perro, así que ni siquiera empieces… Además, amigo —, agarra a Sam por su brazo almidonado y lo detiene, —Oye. La próxima vez que quieras algo tanto, solo pregunta ¿de acuerdo? No tengo mucho y eso, pero puedo prestarte quince dólares por un CD si eso significa mucho para ti.
 
Sam tiene esa mirada pegajosa en sus ojos otra vez y los hombros de Dean se tensan, esperando que Sam se derrita contra él, por alguna razón. Mira a los lados para asegurarse de que no haya chicas a su alrededor y se relaja un poco cuando no ve ninguna.
 
—¿Lo escucharás conmigo?
 
La voz de Sam es tan baja que Dean casi no lo oye por el ruido de fondo de los gañidos de los perritos y los chillidos de los niños. Toma una respiración profunda cuando las palabras se procesan y mordisquea el interior de su mejilla.
 
—Tal vez. Sí, quizás. Si dejas de ser un dolor de culo por el resto de la tarde, ¿entiendes?
 
Sam se ilumina como la luz del sol y Dean no puede evitar reírse. Engancha un brazo alrededor de los hombros de Sam y lo empuja hacia la tienda de animales.
 
—Eres muy fácil, chico.
 
Pasan por alto todos los suministros para mascotas y comienzan en un extremo de las jaulas de vidrio que recubren las paredes, llenas de caros cachorros. Cocker Spaniel, Pomerania, Beagles, Yorkies, Scottish Terriers y Golden Retrievers y Sam tiene que detenerse y jadear ante cada una de ellas, tiene que restregar los dedos suavemente contra el cristal, tiene que hacer pequeños sonidos a cada cachorro. Dean lo sigue, con las manos en los bolsillos, los labios fruncidos para no sonreír.
 
—¡Dean! ¡Mira! Mira que lindo, oh Dios mío —. Es un cachorro de Weimaraner, una pequeña cosa de terciopelo gris con grandes ojos tristes que Sam está haciendo todo lo posible por imitar a su hermano en ese momento. Dean se inclina detrás de él para mirar al perrito cuyas patas están sobre el vidrio, rascándolo mientras su cola se agita emocionada. —Dean…
 
Sam frunce el ceño ahora, señalando la cola del cachorro mientras mira a su hermano.
 
—¿Por qué hacen eso? ¿Por qué les cortan la cola de esa manera?
 
Dean se encoge de hombros, mirando la pequeña cola del cachorro cortada y le duele el pecho. Sam mira a Dean y ve lo que refleja su cara y como obliga a su voz a permanecer neutral.
 
—Porque las personas son malditas vanidosas que piensan que tienen que controlar todo. Incluyendo mutilar la cola de un cachorro solo porque quieren que se vea de esa manera —. No habla en voz baja, no corta sus palabras y Sam observa como una pareja que había estado arrullando a un cachorro al lado de ellos mira a Dean antes de alejarse. Sam sonríe a su hermano antes de apoyarse contra él un poco, de vuelta a su pecho.
 
—Nunca haría eso. Nunca.
 
Dean no responde, solo mira al cachorro por un minuto más antes de moverse para alejarse de los cachorros, pasan por las serpientes, los peces y…
 
—Oh.
 
Sam levanta la vista de la jaula frente a él que alberga a dos conejillos de indias para mirar a Dean y ver que es lo que le ha hecho exclamar. Los ojos de Dean están en las jaulas altas en el medio de la tienda, las que contienen alrededor de diez gatitos de diferentes colores. La cara de Sam duele por la fuerza con la que sonríe y prácticamente cruza la tienda y se detiene frente a las jaulas haciendo pequeños ruidos de besos a los gatitos y moviendo un dedo en donde un pequeño canoso puede oler y golpear.
 
Siente a Dean parado detrás de él y se gira para sonreírle antes de arrodillarse, mirando a los gatitos en el nivel más bajo para que Dean pueda acercarse y ver los que están más arriba. Sam está callado para poder escuchar cualquier ruido que Dean haga a los gatitos, casi desesperado por eso. Cuando no oye nada, se para junto a su hermano, mirándolo observar a un gatito en particular, una cosa pequeña y desgarbada con todos los diferentes colores en el pelo, con una gran mancha negra en un lado de su nariz. Dean está embelesado, su dedo torcido más allá de los barrotes pequeños para tratar de atraer al gatito y poder acariciarlo.
 
Sam siente calor en la cara, siente una calidez inundar su pecho y quiere abrazar a su hermano, darle ese gatito, acurrucarse con los dos y escuchar a Nirvana y nunca lidiar con nada ni con nadie. Nunca más.
 
—Podemos pedir que nos dejen acariciarlo —sugiere Sam en voz baja, sin querer romper el trance de Dean. Dean lo mira, con su expresión todavía abierta, desprotegida y llena de asombro, pero se endurece un poco cuando se da cuenta de que lo están mirando. Se aclara la garganta suavemente.
 
—No, no vamos a hacerlo —. Dean da un paso atrás, las manos regresando a sus bolsillos. —Deberíamos irnos.
 
Sam ya está de pie en el mostrador donde están los registros y se anima a hablar con la chica guapa que está rellenando un recibo. —¿Disculpe, señorita? A mi hermano y a mí nos gustaría ver a uno de los gatitos, por favor.
 
La chica se da la vuelta para mirar a Sam y le sonríe, por su cortesía, sus dulces mejillas de niño y su cara ansiosa. —Claro cariño. ¿Cuál?
 
Sam regresa con la chica a las jaulas de los gatitos donde está Dean, y Sam puede ver la lucha interior de su hermano, la necesidad de correr, de actuar como si esto no fuera gran cosa, alejarse de lo estúpido que pueda parecer que quiera acariciar a un gatito. Sam señala el gatito de Dean, el pequeño con el parche de color negro. —Ese.
 
—Ah. Esa es Mabel. Era la más pequeña de la camada —. La chica abre la jaula con su llave y hace suaves sonidos de clic a Mabel mientras la saca, la acuna contra su pecho y se vuelve para mirar a Sam y Dean. —Tenemos habitaciones, si ustedes quieren estar un rato con ella. De esta forma ella puede caminar y no perderse.
 
—¡Claro! —. Sam está a punto de agarra la mano de Dean y tirar de él, pero sabe que eso hará que Dean pierda toda su templanza, así que solo sonríe, jugando con su entusiasmo para que Dean pueda pretender que esto es todo por y para Sam.
 
La chica cierra la puerta detrás de los tres y deja a Mabel en el pequeño banco, manteniendo una mano sobre ella hasta que Sam se agacha junto a ella y comienza a acariciarla. —Tómense el tiempo que necesite. Aquí hay algunos juguetes y algunas toallas de papel allí por si ella hace un desastre, pero generalmente son los perritos los que hacen eso, así que creo que estarás bien.
 
Le dedica a Dean una sonrisa brillante y un poco tímida, y Dean se sonroja profundamente por sus mejillas y por la parte posterior de su cuello. Sam está mirándolos desde donde está sentado en el suelo, Mabel ahora en su regazo, y reza silenciosamente porque la chica se vaya. “Por favor, solo vete. Solo déjanos tener esto”
 
—Hazme saber si necesitas algo más.
 
—Lo haremos —responde Sam por Dean antes de que este pueda abrir la boca, su sonrisa grande y joven. —Gracias.
 
La chica mantiene sus ojos en Dean hasta que sale de la pequeña habitación y la puerta se cierra tras ella. Sam deja escapar el aliento que había estado conteniendo y se agacha para recoger el gatito, sosteniéndolo para que Dean pueda cogerla. Dean se sienta en el banco y Sam puede verlo luchando por no sonreír ante la bolita de pelusa y los pequeños juguetes que Sam le ofrece.
 
—Es adorable, Dean. Será una loca —. Sam mira a Dean tomar al gatito en sus brazos y acunarla con cuidado contra su pecho. Sam se pone en cuclillas para poder seguir acariciándola mientras Dean le da un mordisco en la cabeza y en las mejillas. Los ojos de Dean son ligeros, cautelosamente felices y miran a Sam.
 
—Eso significa que se llevaría bien contigo —. Está molestando a Sam solo porque eso es lo que ellos hacen, pero las palabras son inofensivas, por lo que Sam simplemente lo mira, acercándose un poco más y apoyando su antebrazo sobre el muslo de Dean para poder alcanzar y besar la parte superior de la cabeza de Mabel, justo entre el índice y el pulgar de Dean.
 
—Es muy suave, ¿no? —dice mientras se frota la cara contra el pelaje de Mabel y, como resultado, contra la mano de Dean, deleitándose en la sensación de ambos, si es sincero consigo mismo. Se detiene para mirar a Dean con ella otra vez, observa cuan gentil es su rostro, cuan abierto rasca bajo su barbilla y menea sus dedos para que ella pueda agarrarlos con sus pequeñas patas.
 
Sam siente lágrimas en los ojos y se inclina aún más contra Dean. Apoya su mejilla contra el pecho de Dean, se acurruca contra él junto a Mabel, justo como Dean dijo. Se siente tan bien en este momento, tan bien que duele, y es una sensación que solo ha logrado asociar con Dean. Ninguna niña lo ha hecho sentir así, tampoco los niños. No es su padre, nadie. Solo Dean.
 
Mira hacia arriba para ver la nariz de la gatita en la cara magullada de Dean y se le ocurre que él quiere hacer lo mismo. Él quiere trepar al regazo de Dean y frotarse las caras y sentir los brazos de Dean, seguros y fuertes y para siempre a su alrededor. Lo quiere y no sabes desde cuanto tiempo lo hace, no puede recordar un momento en que no lo haya querido.
 
—Deberíamos irnos, Sammy —dice Dean después de unos buenos diez minutos de abrazos puros y honestos entre los dos y el gatito. —Papá va a despertarse pronto y se enojará si tengo el coche fuera por mucho tiempo —. Levanta a Mabel para mirarla a los ojos y presiona un beso justo en su pequeña nariz rosada. Sam tiene que envolver sus brazos alrededor de si mismo para mantener sus manos fuera de Dean. De alguna manera, le rompe ver a Dean así, tan tierno, cariñoso y desprotegido. Quiere mantener a este Dean solo para él, quiere apretarse contra él y sentir todo ese afecto derramándose sobre todo su cuerpo.
 
—Di adiós a cuddlebutt —. Dean sostiene a Mabel frente a Sam, y Sam le besa la cara, la nariz, hasta que ella comienza a retorcerse. Dean se ríe y se levanta, con la gatita acurrucada en un brazo y usando el otro para ayudar a Sam a levantarse. —Estaba hablando con la gatita sobre ti —bromea Dean, rodeando con sus brazos a Sam otra vez cuando abren la puerta para salir de nuevo a la tienda.
 
Sam no cree que pueda dejar de sonreír nunca.
 
Una lluvia de verano está cayendo sobre las sábanas cuando llegan a cas y Sam sale disparado del coche y corre hacia el porche, su mano apenas roza la barandilla de madera antes de que sus pies desaparezcan de debajo de él, haciendo que se desplome sobre la acera. Dean está allí antes de que pueda darse cuenta de lo que ha pasado, con los brazos bajo las axilas de Sam para levantarlo y ponerlo de nuevo en pie.
 
—Ten cuidado, enano. Esto resbala como el infierno ahora. ¿Estás bien? —. Limpia la cara de Sam, recogiendo un par de briznas de hierba que se han pegado a Sam durante la caída. Sam se sonroja y se limpia la cara, secándose las manos en los vaqueros antes de girarse y entrar en la casa con más cuidado esta vez.
 
Dean lanza una toalla a Sam cuando entran en la casa y Sam se limpia la cara y la parte delantera de su camisa gris ahora sucia. Hay chile calentándose en la estufa y la casa huele increíble.
 
—Ohhh, papá hizo chile extra picante. Demonios, sí —. Dean abre el armario y saca un par de tazones. —¿Qué tal si te cambias, tienes el CD listo y luego comemos en mi habitación?
 
Sam mira a Dean como si acabara de ganarse la maldita lotería, con los ojos llenos de emoción.
 
—¿De verdad?
 
Dean resopla, sacudiendo la cabeza hacia Sam antes de comenzar a servir chile en los cuencos. —Si, Sammy, de verdad. Más vale que te des prisa. Estoy muerto de hambre.
 
Se encuentran en la habitación de Dean cinco minutos más tarde, Sam se vistió con una camiseta limpia y una sudadera y el CD está listo en el radiocasete de Dean en la mesita de noche. Sam está cansado en la cama de Dean con la sonrisa más grande que puede mostrar cuando Dean entra con dos cuencos humeantes de chile, cubierto con queso y dos latas de Coca-cola en ambos bolsillos de su camisa de franela.
 
—Hazte a un lado, renacuajo. Haz sitio —. Sam se da la vuelta y se echa hacia atrás para asegurarse de que la almohada esté levantada para que Dean pueda recostarse. Coge uno de los cuencos que trae Dean y hunde la cuchara de inmediato. Está en su cuarto bocado antes de que Dean comience con el primero y levanta la vista, con las mejillas llenas de comida y chile picante en los labios, y se encuentra con los ojos de Dean, con sus cejas arqueadas.
 
—¿Qué? —. Sam traga todo lo que puede, lamiéndose los labios para que estén, al menos, un poco limpios.
 
—¿Vas a poner el CD?
 
—Oh. Sí. Claro… Pero, uhmm, antes yo…, yo solo… Quiero decir, puede que no importe, pero… —. Sam se queda mirando su chile, usando su cuchara para raspar la superficie hasta dejarlo todo al mismo nivel en todos los lados del tazón. —El cantante principal, Kurt Cobain, él murió hace un par de meses, el pasado abril.
 
Dean lo mira cuando dice eso, tragando lo que esta en su boca a medio masticar. Está tranquilo hasta que Sam lo mira, y Sam es consciente de que Dean lo está estudiando, asegurándose de que esté bien antes de contestar.
 
—En realidad había oído sobre eso. Un par de chicos que conocí aquí son grandes seguidores suyos. Hablan mucho de eso. Suicidio, ¿verdad?
 
Sam asiente, realmente no sabe qué decir para hacer de esto una conversación. Él piensa mucho en eso también. Le afecta más de lo que debería, teniendo en cuenta el hecho de que nunca conoció al tipo. Pero le gusta su música, mucho, un montón. Él mira, para encontrarse con Dean que todavía lo está mirando y le da una sonrisa. Dean asiente solo una vez, comprendiendo que Sam no quiere hablar realmente de eso, y Sam está silenciosamente agradecido por eso.
 
Se acerca a Dean y presiona el botón de reproducción, asegurándose de que esté bien alto para que los primeros sonidos de la guitarra se escuchen con claridad. Se sienta contra la almohada, con brazo ardiendo donde rozó a Dean y ahora come más despacio, nervioso por lo que Dean pueda pensar de la música.
 
Escuchan la primera canción en silencio, para cuando termina, ambos casi han terminado con su chile. Los tambores de la siguiente canción comienzan y Dean balancea un poco la cabeza, inclinándola para escuchar y comer. Sam lo mira, tan ansioso ahora, que ha perdido el apetito. Pone el tazón en el suelo junto a él y se endereza al tiempo que Kurt Cobain empieza a chillar, y sus ojos se dirigen a Dean, abiertos y preocupados.
 
Den lo mira y sonríe cuando se percata de su expresión, sacudiendo la cabeza mientras se come el resto de su chile. Su tazón también acaba en el suelo y vacía el resto de su refresco. Se acercan aún más, las cabezas descansan juntas sobre la almohada y los dos miran al techo, escuchando.
 
—Me gusta la guitarra —reconoce Dean tan silenciosamente como puede, y hace que el corazón de Sam se acelere. Se pone un poco de costado y mete justo contra Dean, cerrando los ojos cuando el brazo de Dean se envuelve alrededor de sus hombros.
 
La siguiente canción, “Heart-Shaped Box”, aparece y Sam se mueve con entusiasmo.
—Esta es mi favorita —susurra cerca de la oreja de Dean, y Sam puede sentir a Dean escuchando más atentamente.
 
Deja que su mano se extienda casualmente por el pecho de Dean, su corazón latiendo justo en el centro de la palma de Sam. Mira a Dean muy, muy lentamente, con cuidado de no molestarlo y puede ver el puchero completo de su boca partida y el abanico de sus pestañas sobre las mejillas pecosas. Una paleta extrañamente hermosa de distintos tonos de púrpura cubre el lado derecho de su rostro. Los ojos de Dean están cerrados y está escuchando la canción favorita de Sam. Sam quiere gritar y unir sus labios en algún punto de la mandíbula de Dean y chupar hasta que Dean emita algún sonido. Para evitar la tentación, apoya la cabeza contra el pecho de Dean y cierra los ojos.
 
—Mabel odiaría esa canción —declara Dean cuando termina. Ambos resoplan y se ríen y Sam golpea a Dean en las costillas. “Rape Me” comienza y los ojos de Dean se abren, con las cejas levantadas y se encuentran con los de Sam, que se tensa esperando la charla inminente, pero la batería y la guitarra se abren paso y Dean se relaja nuevamente, con una débil sonrisa en su rostro. —Es buena.
 
Sam encoge un poco los dedos, dejándolos frotar el pecho de Dean y sisea un poco cuando siente un dolor agudo en la yema de su dedo corazón, que se engancha a la camisa de Dean. Dean abre un ojo y mira a Sam.
 
—¿Qué pasa?
 
—Tengo una astilla, supongo que de cuando me caí ahí afuera —. Sam aparta su mano del pecho de Dean a regañadientes y la mira con los ojos entrecerrados en la casi oscuridad de la habitación de Dean, cuando siente la mano de su hermano cerca de su muñeca. Mira a Dean observar su dedo y jadea, preguntándose cuando va a empezar a pinchar y a apretar; aunque lo que hace es quedarse sin aliento, cuando Dean desliza el dedo en su boca, directamente sobre sus labios y sobre su lengua suave y húmeda.
 
Sam se incorpora un poco y mira a Dean con los ojos desesperadamente abiertos, la punta de su dedo metida en la boca de Dean y se siente dolorosamente duro cuando Dean comienza a chuparlo. Retira sus caderas del costado de Dean, su corazón volviéndose loco en la trampa de su pecho. Traga saliva, relajándose gradualmente contra Dean, la mejilla sobre su hombro; el resto de su mano se curva contra la mejilla de Dean mientras el continúa acariciando la astilla en su boca, acariciándola con su lengua, aliviando el dolor con la suave succión de su boca caliente.
 
—¿Te sientes mejor?
 
Sam apenas entiende las palabras murmuradas alrededor de su dedo, pero él asiente con la cabeza por el tono, sus mejillas ardiendo tanto que le preocupa tener fiebre. Dean sigue chupando su dedo por el resto del álbum, hasta que está empapado y arrugado por su saliva, y Sam está tan increíblemente duro que está a punto de llorar. Dean se queda dormido antes de que termine la última canción, el dedo se desliza fuera de su boca ahora floja, su brazo apretado alrededor del cuerpo de Sam.
 
Sam se queda donde está mientras oscurece, tratando de calmar su corazón y su polla, tratando de no moverse ni una pulgada porque sabe que, si lo hace, se va a correr, de forma clara y aplastante contra el largo cuerpo de su hermano. Es una revelación, un nuevo secreto que tiene que guardar para sí mismo: que quiere cada parte de su hermano que posiblemente pueda obtener, sus manos y boca y el corazón prendido. Es un momento importante en su vida, tal vez el más importante, e “In Utero” siempre será su banda sonora.
 
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Parker
Demon
Registrado: Mar 29 2007, 05:14 PM

Mar 19 2018, 01:12 PM #4

Genial 
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saphi.rott
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saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 19 2018, 08:41 PM #5

Parker escribió: Genial 
Muchas gracias. Me alegra que te guste 
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saphi.rott
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saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 19 2018, 09:03 PM #6

Cuando la escuela vuelve a comenzar, milagrosamente, aún están en Winchester. Sam no hace preguntas, no lo menciona ni siquiera a Dean. Solo consigue que Dean le compre unos lápices y un paquete de cuadernos. Reutiliza todas sus cosas de quinto grado; carpetas, archivadores y separadores. Tiene un pequeño grupo de amigos y una chica de la que se está enamorando, Sara Dickens. Ella tiene mechones perfectamente rizados y bandas rosadas en sus brackets, y una gran y hermosa sonrisa que hace que las rodillas de Sam se sientan un poco tambaleantes.

Incluso Dean tiene amigos. Dos amigos, para ser exactos. Sam está tan aturdido que es casi triste. Dean tiene amigos. Dean realmente no hace amigos, o no los había hecho hasta ahora. Sam supone que simplemente, nunca antes ha tenido suficiente tiempo. Pero ahora tiene amigos, Landon y Ethan, dos tipos que ven mucho Beavis & Butthead, fuman demasiado y escuchan música grunge. No se parecen en nada a Dean, excepto en que odian a los chicos populares, les gusta molestar a la gente y les gusta el sonido de las guitarras heavys.

 

Probablemente no importa que ellos crean que Dean es un poco un semidiós.

 

Es viernes por la tarde y Sam está paseado por la casa después de pasar el rato en el parque junto a la escuela con sus amigos, jugando al baloncesto y observando a las chicas seguir el entrenamiento del equipo. Está sudado, sus músculos están cansados y todavía sonríe como un estúpido por haberse reído con sus amigos durante horas. Arroja su mochila en el sofá y se detiene cuando escucha dos risas bajas, inquietantemente parecidas a las de Butt, junto con la de Dean, su preciosa risa, clara como un cristal.

 

Sam duda, no está seguro de si debe ir a la cocina o no, pero se está muriendo de sed. Toma una respiración profunda y entra casualmente, atrapando los ojos de Dean de inmediato y dándole una pequeña sonrisa que dice, “está bien, prometo que me iré pronto”.

 

—Hey, Sammy —. Dean sonríe a su hermano, con una rebanada pegajosa de pizza de pepperoni a medio camino de su boca, la muerde y más de la mitad de la rebanada se ha ido de un solo mordisco Los otros dos chicos se quedan callados tan pronto como ven a Sam, ocupados con pizza y latas de Pepsi.

 

—Hey, chicos —. Sam saluda con la cabeza a Landon y Ethan, dedicándoles una sonrisa incomoda. Se siente patéticamente joven a su alrededor, se siente definitivamente dejado de lado y fuera de lugar ante los amigos de Dean. Odia tener celos de ellos y sabe que no tiene razón para hacerlo, pero nadie dijo que Sam fuera razonable cuando se trata de su hermano.

Ambos le dan un asentimiento a Sam y miran a Dean, tratando de averiguar las reglas a seguir aquí. Sam sabe que ellos saben cuán protector es Dean con Sam y también sabe que nunca se burlaran de él. Pero Sam también sabe lo flaco que es, sabe lo pequeño que se ve en su desteñida camisa de franela y la vieja camiseta de Zeppelin de Dean. Sabe que no es lo suficientemente bueno como para estar en la habitación con ellos, por lo que simplemente les da una sonrisa a medias, agacha la cabeza y va a buscar su vaso de agua, lo bebe sobre el fregadero y vuelve a llenarlo.

 

Oye a los tres chicos detrás de él moverse, puede sentirlos esperando a que se vaya. Obviamente están callados, así que claramente había entrado durante una conversación importante. Landon, a quien Sam ha marcado como el más tonto, abre la boca después de unos pocos segundos.

 

—Venga, sigue Dean. Así que le quitaste el sostén y…

 

Dean se aclara la garganta, fuerte y en advertencia, y el corazón de Sam está en su garganta. Sabe que Dean se besa con chicas, sabe que Dean tiene muchas novias, pero nunca escuchó una historia como esta, nunca escuchó acerca de las partes desnudas. Se da la vuelta con su vaso de agua, con los ojos muy abiertos y un poco nerviosos, y rodea la mesa camino a su habitación. Sam salta cuando siente la mano de Dean rodear su muñeca y se gira para mirarlo a los ojos, suplicándole a Dean que no lo critique, no delante de estos muchachos. La sonrisa de Dean es suave y solo para él.

 

—¿Seguimos adelante con lo de Pulp Fiction mañana, Sammy?

 

Sam asiente, no aparta la mirada de Dean, no se atreve a mirar a los chicos a los cuales puede sentir mirándolo. Su corazón está corriendo en su pecho y no sabe por qué, no sabe por qué tiene que alejarse de aquí y ahora. Intenta componer una sonrisa para Dean, pero no llega a sus ojos. Agacha la cabeza otra vez, con el pelo cayéndole a los ojos y se aleja de la presión de Dean sobre él cuando, en realidad, es lo último que quiere hacer.

 

Deja la puerta de su habitación entreabierta para que Dean no tenga que preocuparse de que Sam esté enojado con él y quiera que lo dejen en paz. Él no quiere que lo dejen en paz, quiere que Dean haga que esos chicos se vayan para que este sea su lugar de nuevo, el santuario que los oculte del mundo exterior. Se sienta en su cama, sacando la pila de libros de comics de debajo. Se quita la camisa de franela y sus zapatos y abre un comic de X-Men, tratando de quedar atrapado en la historia que prácticamente se sabe de memoria, y haciendo todo lo posible para ignorar la conversación que todavía puede escuchar claramente desde la cocina.

 

No se esfuerza lo suficiente.

 

—Entonces, a lo que íbamos, le quité el sostén y piensa que es caliente que se lo pueda quitar tan rápido, ¿verdad? —. Dean está en su elemento, contando historias sobre chicas, sobre si mismo, a una audiencia totalmente entregada. Sam prácticamente puede verlo, ver el fuego en sus ojos, la forma en que levanta las caderas con los pies apoyados sobre la mesa, la plenitud de su boca cada vez que forma una palabra.

 

—¿Cómo lo hiciste?

 

Sam no sabe quien es el que pregunta, pero si tiene que apostar, volvería a hacerlo por Landon.

 

—¿Cómo hice qué?

—Quitarle el sujetador tan rápido. ¿Cómo lo haces?

 

—Landon, cierra la boca. Uno de nosotros finalmente se acuesta con alguien y ¿vas a seguir interrumpiendo la historia para preguntar mierdas que no importan? Cállate ya —. Ese, definitivamente es Ethan. Y algo sigue dando vueltas y vueltas en la mente de Sam mientras Ethan y Landon discuten entre ellos. “Uno de nosotros finalmente se acostó con alguien”. Dean se acostó con alguien. Dean tuvo sexo, sexo real y autentico. No solo besos, no solo segunda base. Dean puso su…, su…

 

Las mejillas de Sam arden y todo lo que puede escuchar por un minuto es su corazón latiendo en el pecho, golpeando tan fuerte que retumba en sus oídos. Se arrastra desde la cama y se pega a la pared junto a la puerta entreabierta, con la cabeza inclinada para poder oír mejor a pesar de que realmente no quiere oír nada de eso nunca más.

 

—…Y tengo mi boca en sus tetas, ya sabes. Mi mano, simplemente, bajando sus bragas y ella está desnuda, totalmente desnuda. Suave y muy mojada. Dios. Estaba empapada y caliente e hizo ese sonido cuando puse mis dedos en ella, ese sonido como si doliera y ella solo me agarro, me empujó más sobre ella y empezó a gemir contra mí, diciéndome lo mucho que lo quería, como quería mi polla dentro de ella.

 

—¿Y ella tiene diecinueve? —. La voz de Ethan es suave, reverente, pero totalmente convencida. Nadie negaría que una mujer de cualquier edad quisiera algo así de Dean. Sam tiene las rodillas pegadas al pecho, los brazos alrededor de ellos, las uñas de ambas manos clavadas en la carnosa suavidad de sus antebrazos.

 

—Sí hombre, los putos diecinueve. Estudiante de segundo año en la Universidad. Ella va y se gira, se sienta en mi cara y comienza a chuparme la polla, y no puedo respirar, ¿sabes? Tengo que hundir mi cara en su coño y solo la chupo y la beso, y la dejo montarme hasta que ella se está corriendo sobre mí y…

 

—Guau.

 

—Entonces, ella se está dando la vuelta otra vez y está a punto de sentarse en mi polla, y tengo que recordarle que use un condón porque, no quiero ningún bebe, no me importa lo bien que se sienta. Entonces ella saca uno y me lo pone, y la pone en su entrada y…

 

—¡Joder! —. Son los dos chicos esta vez, y sus voces son roncas, profundas, llenas de una obvia excitación. Dean, ciertamente sabe describir una imagen. Sam se mueve un poco más hacia la puerta, un bajo latido comienza en su miembro, aunque hace todo lo posible por ignorarlo.

 

—Ella comienza a trabajar mi polla como si fuera solo un juguete, ¿verdad? Solo me monta, y luego ella hace lo peor…, se inclina y enciende su reproductor de CD y comienza a sonar esa canción… —. Dean hace una pausa, una pausa cargada de expectación.

 

—¿Qué canción? —preguntan Ethan y Landon a la vez, y Sam está prácticamente saliéndose por la puerta, esforzándose por escuchar cada palabra.

 

—Esa estúpida canción de Jeremy Jordan, la de hace un par de años. ¿Right Kind of Love o alguna mierda así?

 

Hay una pausa de unos dos segundos, una pausa cómica perfecta y luego Ethan y Landon se están riendo, golpeando la mesa, y Sam puede escuchar la risa de Dean, pequeña pero genuina junto a la de ellos.

 

—¡Exactamente! Esa fue exactamente mi reacción. Entonces le digo… “Estás de broma, ¿verdad? ¿Esperas que te folle con esta canción?” Y ella es solo como… “¡Siempre quise correrme mientras suena esta canción!”. Y yo solo sostengo sus caderas para frenarla y estoy como… “Bien, bueno, ¿cuánto dura la canción?”, ¿verdad? Porque solo necesito saber de lo que estamos hablando. Y ella dice, “unos cuatro minutos”. Así que le digo, “está bien”, y solo le doy la vuelta y le agarro las piernas sobre mis hombros y empiezo a moverme sobre ella.

 

Otra pausa.

 

—¿Hiciste que se corriera?

 

—Dos veces —. La voz de Dean está llena de orgullo y recuerdos y Sam puede imaginarlo perfectamente. Su Dean, su hermoso y encantador hermano, absorbiendo toda la atención. No puede sacar la imagen de su cabeza, Dean con una chica envuelta alrededor de su cuerpo, con las caderas de Dean trabajando duro y rápido, con esa cadencia perfecta como hacen los chicos del porno para hacer gritar a las chicas. Sam empuja una mano contra su polla, con el talón de la palma apretando sobre el borde.

 

—Tú primera vez e, ¿hiciste que se corriera dos veces? —. Landon suena dudoso ahora, y se escucha el sonido de una nueva lata de refresco que se abre.

 

—Tres veces en realidad, pero dos veces durante la canción, como ella quería.

—¿Qué pasó después?

 

—Follamos. Aguanté tanto como pude y luego, ya sabes. Me salí y ella quería que nos abrazáramos, así que lo hicimos durante un rato. Luego ella quería darse una ducha conmigo, así que lo hicimos. También me dejo follarla en la ducha, ahí lo hicimos por detrás. Luego llegué a casa y aquí estoy…

 

Hoy. Todo esto sucedió hoy. Mientras Sam estaba en el parque, sufriendo por los pantalones cortos de las chicas y calentándose al ver la correa del sostén de Sarah debajo de su camiseta sin mangas. Mientras él hacía eso, Dean hacía que una chica se corriera cuatro veces en su primera vez. Dean fue besado y atendido por alguien que Sam no había visto nunca antes. Alguien que ni siquiera conoce a Dean, no sabe lo buen hermano que es, no sabe lo que hace para proteger a la gente, no sabe por lo que Dean a pasado. Dean a tenido su boca sobre esa chica, entre sus piernas, en sus tetas y…

 

Sam siente la acumulación de sangre bajo sus uñas, en sus antebrazos, donde ahora las está clavando, con la piel rota y dolorida. Ella tomó su virginidad. Una chica que no sabía lo que tenía. Logró abrazarlo cuando estaba exhausto después de haberse corrido, como le pasa a Sam después de las pocas veces que se masturba. Ella ha tocado la piel, en la parte posterior del cuello de Den, justo debajo de su pelo, y sabe a que huele cuando está sudoroso, y lo bien que se siente estar debajo del cuello de Dean, justo sobre su hombro. Sabe lo fuertes que son sus brazos. Ha sido suyo por un tiempo.

 

Los chicos todavía están hablando, pero a Sam no le importa. No quiere escuchar más. Se levanta tan silenciosamente como puede y vuelve a la cama, tirando los comics al suelo y acurrucándose de costado. Alcanza el interior de sus vaqueros, sostiene su polla en su mano y la aprieta, sintiendo un placer que quema en su vientre. Cierra los ojos e imagina a Dean follándola por detrás en la ducha, esa chica sin rostro con unas bonitas y redondas nalgas y cabello largo y oscuro; el perfecto cuerpo de Dean chocando contra ella, dentro de ella, su suave vientre empujando contra su trasero que se sacude con sus embestidas; y ella sabe como se siente tenerle dentro de ella. Probablemente, ahora mismo, aún pueda sentirlo. Sam se pregunta como se siente Dean, dónde podría albergar a Dean dentro de si mismo para saber lo que ella sabe. Se pregunta que podría hacer para que Dean se sienta tan bien que luego tenga que contarle a los demás sobre eso. Se pregunta si Dean podría hacerle correrse muchas veces sin ni siquiera intentarlo.

 

Sam se corre así, solo pensando en la atención de Dean sobre el, enfocada en hacer que Sam se sienta bien, en hacerlo llegar. Sam muerde sus labios, la respiración escapando apresurada de su nariz mientras se frota y se frota la polla, su mano ahora pegajosa y los cortes en forma de luna en su brazo ardiendo mientras se rozan contra la cintura de sus jeans. Se relaja lentamente, tan aturdido por el orgasmo que apenas puede abrir los ojos.

 

Se quita la camisa a ciegas, se quita los pantalones y se frota debajo de los calzoncillos con la camiseta para limpiarse. Se limpia la mano por última vez y arroja la camiseta debajo de la cama para ocuparse de ella más tarde. Se duerme con el bajo retumbar de la voz de Dean y la siente como una caricia en la parte más baja de su espalda.

 

—¿Sammy?

 

Sam abre los ojos lentamente, completamente desorientado, hasta el punto de que no sabe ni cuantos años tiene, ni donde está, ni quien dice su nombre. Siente un cuerpo cálido pegado a su espalda y un pesado brazo alrededor de su cintura desnuda, y se da cuenta de que no puede ser malo, donde sea y sea quien sea.

 

—Sammy, ¿estás despierto? Vamos, son casi las ocho y media. Se que tienes hambre.

 

Dean. Ese es Dean, justo detrás de él, presionando sobre su cuerpo tan fuerte. Dean, quien recientemente ha dejado de ser virgen y que ha tenido la mano que ahora se extiende en su barriga, sobre una chica hoy, dentro de una chica hoy. Sam siente que su polla se endurece incluso cuando su pecho se tensa de preocupación y se siente jodido alrededor de veinticinco maneras diferentes.

 

—Si, Dean —. Es todo lo que es capaz de decir y su voz suena como papel de lija. —¿Ellos se han ido?

 

—Si, se fueron hace media hora, iban a patinar al parque, pero yo quería pasar un rato contigo. ¿Está bien?

 

La voz de Dean es baja, ajustándose a la oscuridad de la habitación, es una disculpa, y esa mano que frota el estómago de Sam, nunca más debería moverse de allí. Sam no quiere nada más que presionar hacia atrás contra el cuerpo de Dean, para ver si puede sentir a Dean duro, para ver si Dean responde, para ver que podría pasar, para ver si puede hacer que Dean se olvide de esa chica.

 

No lo hace, y en cambio, se vuelve para mirar a su hermano, mirando sus ojos bajo la luz de la calle y sonriéndole. El brazo de Dean está ahora alrededor de su espalda y el otro esta en la almohada, enrollado sobre la cabeza de Sam, sus dedos jugando perezosamente con las partes más largas del cabello de Sam. Se están haciendo demasiado mayores para esto y Sam lo sabe, puede sentirlo en sus huesos. Estos son los últimos días en que hagan esto y aún se pueda considerar correcto. Lo absorbe todo, se empapa de la mirada de Dean sobre él y de la canción de cuna que se conforma con todo este momento.

 

Quiere besarlo tan profundamente, a su hermoso hermano, sentir la boca de Dean, conocer su textura, probar el refresco y la sal del pepperoni en sus labios. No lo hará, sabe que no lo hará, pero es un pensamiento tan perfecto.

 

—¿Aún queda algo de pizza?

 

Dean le sonríe, sabiendo que está perdonado de lo que sea que Sam haya estado rumiando. Sam le sonríe de vuelta

 

—¿Crees que solo pido una pizza cuando vivo en una casa contigo? Por favor…. Vamos, voy a calentarla. Mira a ver que hay en la tele —. Dean mira a su espalda solo una vez y luego se va, sale de la cama y deja a Sam en la oscuridad, salvo por la puerta abierta, que deja entrever el reconfortante resplandor de la luz de la cocina.

 
Sam se pone un pijama y se une a Dean en la parte principal de la casa, sonrisas suaves entre ellos, llenas de una sensación compartida que nunca podrían explicar a nadie, ni siquiera pueden explicárselo ellos.
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saphi.rott
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saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 23 2018, 11:09 PM #7

1995
 
Habían llegado tarde a Rolling Prairie, Indiana. O muy, muy temprano. Sam había dormido todo el camino desde Monticello, Iowa, extenuado por los dos días que había pasado esperando que su padre y Dean volvieran a casa de una cacería. La única vez que se había quedado dormido durante más de una hora, se había despertado para ver a su padre cosiendo el muslo de Dean con una aguja curva de sutura. Dean estaba temblando, cubierto de sudor y sangre, y mirando fijamente al techo para tratar de ignorar el dolor.
 
Su padre apenas había terminado de lavar la sangre de Dean de sus manos antes de volver sus ojos atormentados hacia y decir exactamente dos palabras.
 
—Nos vamos.
 
La nieve había comenzado en Illinois, cayendo preciosa y continuamente en la oscuridad de la noche en la que se habían encaminado hacia el este. Dean se había acostado solo en el asiento trasero, con el muslo vendado apresuradamente, durmiendo el sueño de los muy medicados. Sam se había sentado en el asiento delantero con su padre, en un silencio tenso, Sam mirando como está Dean y su padre recordando los horrores que había presenciado esa noche.
 
Sam había dormido y no había soñado.
 
La nieve es pesada en Rolling Prairie, y el automóvil resbala un poco mientras suben por la colina hacia la cabaña en la que su padre logró meterlos. Sam parpadea despierto mientras resbalan y se deslizan cuesta arriba, el coche rechinando y gruñendo obstinadamente durante todo el camino. Todas las ideas románticas que Sam tenía de una cabaña en la nieve se desvanecen cuando ve cuán pequeño es el lugar, y como de abandonado está. Frota sus ojos con fuerza y se da la vuelta para mirar a Dean, que está despierto, quien sabe desde hace cuanto tiempo. Se dan una sonrisa apretada y fugaz cuando su padre estaciona e inmediatamente sale.
 
—Tengo que orinar. Solo coger los petates, ya apañaremos todo lo demás por la mañana, muchachos.
 
Su padre desaparece dentro de la cas y Sam sabe que es lo último que verán de él hasta mañana por la tarde.
 
Se pone de pie, estirando sus piernas que se sienten como si estuvieran llenas de arena. Se desliza un poco sobre el suelo helado, estirando la mano para agarrar la puerta del coche y sujetarse, mirando a Dean con temor.
 
—Dean, es resbaladizo. Realmente resbaladizo.
—Está bien, Sammy. Solo ven y ayúdame.
 
Sam cierra su propia puerta y abre la que está en el asiento trasero, insegura a su lado mientras Dean se levanta, tratando de no mover demasiado la pierna. Sam retrocede un paso cuando Dean se pone en pie, pero está tenso, listo para lanzarse hacía su hermano, agarrarlo y sostenerlo. Sam exhala de alivio cuando Dean envuelve un brazo alrededor de sus hombros y muy, muy lentamente, se dirigen a los escalones.
 
—Coge la baranda, Dean.
 
Dean obedece en silencio, gruñendo mientras se detiene en el pequeño porche.
 
—Nos ocuparemos de la mierda en la mañana. No te preocupes por eso —gruñe Dean mientras abre la puerta de entrada. Está oscuro dentro, negro como la brea y helado. El interior de Sam se tensa, su mente se acelera para tratar de encontrar una manera de hacer desaparecer tanto la oscuridad como el peligroso frío para que su hermano pueda dormir. Deja la puerta de la entrada abierta para que al menos tengan luz de luna. Se topan con una silla y Sam ayuda a Dean a inclinarse hacia ella.
 
—Aquí. Quédate aquí. Voy a limpiar tus puntos y a cambiarte los vendajes. Creo que vi una pila de leña en el lateral de la casa y parece que hay una chimenea. Voy a encender un fuego. Solo, uhmm… —. Sam se sonroja, sus manos se frotan el culo mientras trata de encontrar sus bolsillos traseros. —Quítate los pantalones, ¿de acuerdo?
 
—No pierdes el tiempo, ¿verdad, Sammy? Sabes lo que quieres y simplemente vas a por ello —. Dean sonríe, todavía un poco drogado con los analgésicos y sudoroso por el esfuerzo, pero todavía tiene su sentido del humor intacto. Sam suelta una carcajada nerviosa, demasiado fuerte para el pequeño espacio, se da la vuelta y vuelve de nuevo al frío.
 
Veinte minutos después, tiene un fuego de un tamaño respetable en la vieja chimenea, que les da suficiente luz y mucho calor en poco tiempo. Sam puede ver ahora que hay una pequeña habitación a un lado, justo después de la cocina más pequeña del mundo y al lado de una batcueva que hace de baño.
 
—Papá probablemente ha meado todo el asiento. No se puede ver una mierda ahí dentro —murmura Dean mientras mira hacia el baño.
 
—Podría mear directamente en un agujero de serpiente en la oscuridad si es necesario, listo —dispara su padre desde la pequeña habitación oscura con la puerta entreabierta. Sam y Dean bufan y se ríen, y su padre solo refunfuña amenazas, obviamente demasiado cansado para luchar por su reputación.
 
Dean observa a Sam preparar un cuenco de agua tibia con un paño limpio que ha encontrado en la bolsa de primeros auxilios. Sam le ofrece una tímida sonrisa mientras se pone de rodillas frente a su hermano que se ha quitado la ropa, quedándose solo con una camiseta y un par de calzoncillos negros que parecen más viejos que él. Su muslo es enorme por el vendaje que su padre le puso, pero Sam se tranquiliza al descubrir que no está sangrando mucho mientras lo destapa.
 
—¿Cómo te sientes? —. Sam mira a Dean desde debajo de sus pestañas mientras quita el vendaje lentamente, revelando una herida media y profunda desde la parte superior del muslo de Dean hacia abajo, casi hasta su rótula. Sin embargo, las puntadas de su padre son impecables, bien distribuidas y ordenadas. Sam retuerce la tela y se muerde el labio inferior con fuerza mientras toca la herida, el dolor empático le recorre todo el cuerpo cuando Dean sisea.
 
—Como si un poltergeist casi me hubiera arrancado una pierna. ¡Jesucristo! —gime Dean y se hunde más profundamente en la silla, sus piernas se abren aún más. Sam intenta ser bueno, objetivo, profesional. Pero aparta la mirada de la herida por un minuto y ve los diminutos vellos dorados de las piernas de Dean bajo el resplandor del fuego, la sombra del bulto de su polla en esa ropa interior y se da cuenta de que puede oler a Dean, n poco picante, almizclado, sudoroso. Un hombre, le recuerda su cerebro amablemente. Un hombre hermoso con el cielo entre sus piernas.
 
—¿Sammy? ¿Te has dormido?
 
Sam mira hacia arriba para encontrar a su hermano mirándolo con los ojos entrecerrados y una sonrisa cansada en su rostro. Sam tira de la tela y la hunde de nuevo en el agua tibia, exprimiéndola y volviéndola a pasar.
 
—Lo siento. Supongo que he tenido demasiado viaje en coche. Tú, uhmm… —sus dedos meñiques sobre la rodilla de Dean, chocando contra el pequeño hueso de su rótula— ¿Tienes más de esas pastillas?
 
Dean gruñe afirmativamente, sus ojos cerrados por completo ahora. —Papá las tiene en su bolsillo. Solo ponme un vendaje ligero, ¿vale? Me lo quitaré todo mañana para dejar que el aire lo seque un poco.
 
Sam asiente y se apresura a secarlo lo más suavemente posible y luego se dedica a vendar a Dean, el esparadrapo pegado a los pequeños pelos de su pierna. Se pone de pie y enjuaga el tazón en el fregadero.
 
—Te cogí un poco, uhmm… Algo de ropa interior limpia y una camisa, está justo a tu lado. Vuelvo enseguida —. Sam prácticamente entra corriendo en lo que aparentemente es la habitación de su padre, sonrojándose por hablar con Dean sobre su ropa interior.
 
—… ¿Papá?
—Grgn
 
Ese es el palabro de su padre para, que haces-que quieres-déjame-solo-estoy-durmiendo. Sam lo sabe.
 
—Dean dijo que tienes esas pastillas…
 
—Bolsillo delantero izquierdo. Pantalones en el suelo —gruñe su padre y resopla ruidosamente mientras se da la vuelta en la cama, dejando escapar un suspiro cuando al fin se acomoda. Sam tantea en la oscuridad hasta que encuentra los pantalones y luego las píldoras, ahuecándolas con cuidado en su sudorosa palma.
 
—Uhm…, ¿dónde nos…
—El sofá del salón se despliega en una cama doble. Mantas en el armario de al lado del baño. Déjame solo.
 
Sam sonríe y niega con la cabeza. A veces su papá es como un dios, intocable, misterioso e impenetrable. Y otras veces, es como un hermano mayor, molesto, irritable y casi malcriado. Como ahora mismo.
 
—Buenas noches, papa.
—Brrf.
 
Sam cierra la puerta cuando se va y se aventura a encontrar a Dean que se ha quitado la camisa, pero que está sentado en la silla, medio dormido y jadeando suavemente. A Sam le duele todo.
 
—Espera, Dean. Déjame sacar la cama. No necesitas pijama de todos modos. El fuego está ardiendo como un loco aquí dentro.
 
Sam toma una taza de plástico del único gabinete que hay, esperando realmente que esté limpia y la llena con agua del pequeño fregadero antes de irse a por los cojines y arrastrar la pesada cama fuera del sofá. Está sudando como loco cuando termina, está jadeando frustrado y necesita de toda su paciencia para poner una sábana y una manta sobre la cama y arrojar dos almohadas que ha sacado del armario sobre ella.
 
Regresa con Dean, que está dormitando en la silla lo ayuda a levantarse, lo guía por los pocos pasos necesarios para llegar a la cama y rechina preocupado cuando cae sobre ella Su pecho desnudo brilla con sudor y está un poco sin aliento, y Sam solo puede pararse a su lado y mirarlo fijamente.
 
—Se puso caliente de pelotas aquí, ¿no? —. Dean empuja la gruesa manta de lana hacia abajo y golpea su almohada hasta que es algo más que un panqueque en una funda de almohada. ¿Crees que puedes abrir una ventana, Sammy?
 
Sam pasa los siguientes diez minutos peleando con la ventana, con la cerradura y finalmente solo con su incapacidad de hacer ya nada más, pero logra abrirla lo suficiente, solo unos pocos centímetros y la brisa helada que deja entrar es bienvenida.
 
Se quita su propia ropa y la deja en un bulto en el suelo. Para cuando vuelve a la cama, básicamente se cae, temblando de cansancio, esfuerzo y calor.
 
El aire frío penetra a través de la ventana abierta y se siente tan bien que gime. Se da la vuelta de lado y desliza un brazo debajo de la almohada para sostener su cabeza mientras contempla la extensión del pecho de Dean y su estómago apretado, contempla sus pezones que están duros por la fresca bocanada de aire. Dean ya está muerto para el mundo, roncando suavemente.
 
Sam desliza una mano por su propio cuerpo, empujando entre sus piernas para apretar su pene para darle un poco de alivio y él solo se sostiene. Sus ojos se vuelven más y más pesados, pero no aparta la vista de su hermano dormido hasta que finalmente se cierran.
 
No se mueve de nuevo hasta que el cielo clarea con las luces suaves del amanecer. Sam se queda por unos minutos donde está, congelándose ahora porque el fuego se ha apagado y la ventana está abierta, pero o él o Dean habían arrastrado la manta sobre ellos en la noche para poder lidiar con eso. Mira a Dean que se ha puesto de lado y está de cara a Sam, durmiendo sin gracia, con la rosada boca abierta, húmeda y babeando un poco, el sonido de sus ronquidos probablemente audible en cada rincón de la sala. Es tan hermoso que Sam lo siente hasta en la medula de sus huesos.
 
Sus pestañas son más claras en los extremos y Sam quiere pasar el pulgar a lo largo de ellas para ver si se sienten tan suaves como parecen, como las plumas. Su piel es blanca con el invierno, y eso solo hace que sus pecas destaquen aún más en el momento en que le rozan la nariz y las mejillas.
 
Sam se permite un momento para inclinarse hacia delante y presionar su nariz contra el cabello de Dean, aspirando el sudor y la tierra. Deja que sus labios rocen la frente de Dean, de forma fugaz, temiendo ser descubierto. Dean hace un sonido suave en su sueño y se mueve un poco más cerca de Sam, que solo sonríe y pasa el pulgar sobre una de las cejas de Dean antes de levantarse de la cama, asegurándose de que las mantas estén sobre los hombros de Dean y que le cubran los pies.
 
Se vuelve a poner la ropa de la noche anterior y mete sus pies en las botas de Dean antes de enfrentarse a la fría mañana que le espera fuera. Todavía está nevando, aunque ahora lo hace más ligeramente. Hay unos buenos tres pies de nieve y todo el camino hasta la carretera ha desaparecido, enterrado en blanco. El auto está cubierto por varias pulgadas y no parece que vaya a dejar de nevar pronto.
 
Vadea como puede hacia la madera que está cubierta por una lona azul, seca en su mayor parte, aunque no queda mucha. Entrecierra los ojos, mirando hacia el patio trasero, espiando una pequeña leñera en la parte posterior de la propiedad, y reza silenciosamente para que contenga todo un arsenal de madera. Reúne todo lo que puede antes de regresar a la casa, pasando una buena media hora limpiando y tamizando las cenizas y consiguiendo hacer un fuego nuevo y más pequeño.
 
Sale al coche y agarra una lata de sal de roca y cubre todas las ventanas y entradas con ella. Se quita las botas de su hermano, mira a su alrededor y no oye nada más que el crujido del fuego y los melodiosos sonidos de dos hombres Winchester durmiendo.
 
Se cambia de ropa después de limpiarse con agua tibia y se pone nuevamente su chaqueta de invierno antes de regresar al exterior. El porche se ve diferente cuando se da cuenta de que no tiene nada más que hacer, cuando puede sentarse allí un rato, solo con sus pensamientos, sin que nadie requiera nada de él.
 
El sol está comenzando a elevarse, el oro invadiendo el azul pálido. Sam se apoya contra la pared de madera de la cabaña, con los pies escondidos en dos pares de calcetines de lana, pero descalzo. Sus mejillas ya están rosadas y el frío gotea por la punta de su nariz. Ve salir el sol desde su posición ventajosa en la colina, mirando hacia un valle plano. El cielo está cubierto de nubes de nieve, los colores del amanecer empujando hacia arriba el blanco fantasmal de las mismas, haciéndolas rosa suave, y naranja y oro miel. El sol brilla débilmente a través de todo, iluminando el mundo, incluso cuando la nieve comienza a caer otra vez en serio.
 
Es bonito. Es tranquilo y aislado y tiene un algo casi sagrado. Se siente algo tonto aquí, vulnerable, y secretamente, nunca, nunca quisiera irse. Si pudiera ser así, como ahora, para siempre. Dean a salvo dentro, durmiendo y sin ningún lugar a donde ir. No hay planes, nadie de quien huir, de quien esconderse. Solo ellos y papá, atrapados por el invierno. Le gustaría tener un cuaderno, una cámara, un carboncillo y un poco de habilidad artística para poder captar esta sensación de alguna manera. No tiene ninguna de esas cosas, pero tiene una memoria expansiva y vívida, así que capta cada cosa a su alrededor, todos esos sentimientos, sonidos, colores, y los pliega en lo más profundo de su mente, manteniéndolos a salvo…
 
Se pone en pie con el sol un poco más alto en el cielo, cuando su trasero está entumecido por el frío y por estar sentado durante tanto tiempo. Hace su camino de regreso al calor de la casa y sonríe cuando ve que Dean apenas se ha movido. Se desnuda y se sube a la cama con él, tirando de costado, dándole la espalda a Dean para poder acurrucarse cerca de él, ser su cucharita. Dean gruñe suavemente, extendiendo la mano sobre el pecho de Sam para acercarlo. Sam se duerme otra vez y sueña con volar.
 
*****
 
En el momento en que Sam sale de la cama otra vez, es más cerca del mediodía que del amanecer. Vuelve a ponerse la ropa, desconcertado por el silencio en la sala. Una mirada alrededor le dice que ni su padre ni Dean están allí. Se ata las botas rápidamente y abre la puerta al mundo exterior, aliviado de ver dos cosas: que ha dejado de nevar por el momento, y que Dean sube lentamente los escalones del porche con una brazada de madera seca. Tiene las mejillas sonrosadas y un poco sudorosas, sus ojos brillantes sobre el fondo pálido. Se ve tan terriblemente lindo que Sam se apoya contra el marco de la puerta, aturdido e incapaz de moverse.
 
A veces, solo ver a Dean, golpea de lleno emocionalmente a Sam en el culo.
 
—¡Bueno! Mira ahí, Bella Durmiente. Bienvenido de nuevo al mundo real —. El hombro de Dean roza el de Sam cuando pasa junto a él camino a la casa. Sam se queda mirando la nieve, aturdido, nervioso y un poco molesto. Se aparta de la puerta y regresa a la cabaña detrás de Dean, cerrando la puerta tras ellos.
 
—Oye, estaba despierto antes del amanecer. Encendí otro fuego mientras aún babeabas sobre tu brazo —. Se apresura a coger la madera que Dean ha traído, antes de que siquiera pueda pensar en agacharse y estirar sus puntos. Dean refunfuña, pero deja que Sam lo haga, aprovechando la oportunidad para quitarse el abrigo y los guantes.
 
—Bueno, da igual. Papá está en la ciudad, supongo. Este lugar pertenece a un amigo suyo, pero el tipo se queda habitualmente en la ciudad a no ser que esté cazando —. Sam le devuelve la mirada a Dean y este le ofrece una sonrisa cómplice.
 
—Caza a Bambi —aclara Dean.
—Oh.
 
—Si. Demonios, no sé como papá conoció a ese tipo. Ya sabes como es papá. De todas formas, está tratando de arreglar lo de la electricidad aquí. No es que haya muchas cosas que enchufar, pero estaría bien no tener que usar lámparas de queroseno y velas todos los días.
 
—Sí —gruñó Sam amablemente mientras termina de arreglar la madera y pidiendo sin palabras el encendedor a Dean, que lo coloca en su palma extendida hacia arriba en cuestión de segundos. Tarda varios minutos, pero el fuego prende y Sam se sienta sobre su trasero con un suspiro. —Necesitaríamos un periódico o algo así. Lo haría mucho más fácil.
 
—Podemos coger un par. Tenemos que ir a la tienda de comestibles. Aparentemente hay un Wal-Mart a un par de millas por el camino.
 
—Pensé que estábamos en medio de la nada —. Sam se gira hacia Dean arqueando las cejas con incredulidad. Se obliga a ponerse en pie y Dean extiende la mano para arreglar el cabello de Sam aún desordenado por el sueño.
 
—Y lo estamos, pero esto es el puto Estados Unidos, Sammy. Los Wal-Marts están en todas partes.
 
Una hora más tarde, están entrando en Wal-Mart, jadeando por el paseo que Sam suplicó a Dean que no diera, no con su pierna. Pero Dean es de alguna manera más terco que Sam en lo que respecta a lesiones y a lo de hacer el gilipollas; así que había ganado, sentándose sobre su trasero y, básicamente, deslizándose por la colina hasta la carretera.
 
—Hubiera sido un jodido boy scout increíble —murmuró para si mismo mientras Sam corría y se deslizaba detrás de él.
 
Agarran un carro y entran en la civilización, ambos mirando cautelosamente a su alrededor, a todos esos bulliciosos compradores, cada uno de ellos parece tener su propia razón para estar aquí.
 
—¿Hay un apocalipsis del que no me enteré? —. Dean se sacude el abrigo y lo mete en el compartimento del carrito, esperando mientras Sam hace lo mismo.
 
—Probablemente solo sea que esperan más nieve. ¿Por qué demonios teníamos que venir aquí? Seguramente no haya nieve en Panamá —suspira Sam, una vez que se deshizo de su abrigo y partieron, primero hacía el departamento de productos agrícolas.
 
—Ya vale, Sammy. Tenemos que conseguir algunas cosas básicas, lo suficiente para mantenernos durante una semana, pero con cosas sensatas. ¡No! No, hombre, no naranjas —. Dean toma la naranja de la mano de Sam y suspira cuando la cara de Sam se apaga.
—Jesús, vale. Coge algunas naranjas, pero estaba pensando más en la línea de sopas, carnes, frijoles y esas cosas. Algunos productos secos y algunas cosas que podamos mantener frías en la nieve hasta que tengamos luz. Y agua embotellada, ¿me entiendes?
 
Sam asiente, buscando a tientas una de esas molestas bolsas de plástico que prácticamente solo puedes abrir pidiendo un deseo. Dean la coge y la abre para él, esperando que Sam arroje sus tres naranjas antes de girarla y hacer un nudo en la parte superior.
 
—No separaremos. Tú coges los refrigerados y yo voy a los productos secos. Nos reunimos aquí en media hora. ¿De acuerdo?
 
Sam parpadea hacia Dean con aire culpable, quitando los ojos de las granadas.
 
—Sí señor.
 
La cara de Dean se suaviza y estira la mano para apretar el hombro de Sam.
 
—No me llames así. Nunca. ¿De acuerdo? —. Pasa su mano por el hombro de Sam, recorriendo su hombro y dejando que se suelte antes de llegar a su mano. —Solo se inteligente, ¿de acuerdo? No tengo montones de dinero y quien sabe cuanto tiempo vamos a estar atrapados aquí.
 
Nadie menciona el hecho de que el cumpleaños de Dean sea la próxima semana.
 
Fieles a su palabra, vuelven a encontrarse media hora más tarde, justo enfrente de las naranjas. Dean confiscó otro carro y lo llenó con latas de frijoles y verduras, Spam, atún, tres hogazas de pan, galletas, mantequilla de cacahuete, caldo de carne de res y tartas Pop. Sonríe a Sam, que ha conseguido unos paquetes de pechugas de pollo deshuesadas, mortadela, tocino, jugo de naranja concentrado congelado y, sorprendentemente, un abrelatas.
 
Dean se ríe, sonriendo a su hermanito.
 
—Ese es mi chico.
 
—Rompiste el nuestro, dos ciudades atrás —. Sam está sonriendo para si miso, enrojecido por los elogios, sin importar como de estúpida es la razón por la que los obtiene.
 
Dean envuelve un brazo alrededor de los hombros de Sam, dejándolo caer pesadamente mientras revisan su carga.
 
—¿Necesitamos algo más? ¿Necesitas algo?
—Creo que necesito otro paquete de calcetines. Especialmente si vamos a estar aquí por un tiempo —. Mira a Dean casi tímidamente, odiando pedir cualquier cosa, pero los calcetines siempre desaparecen y actualmente está usando los dos únicos pares que tiene, y los usa a la vez porque ambos están llenos de agujeros.
 
—Sí, vale. Adelante, yo también pensé en algo. Nos reunimos aquí en cinco minutos.
—¡De acuerdo! —. Sam sale disparado, no le ha dado tiempo a llegar a la lechuga empaquetada, cuando Dean lo llama.
 
—¡Oye, Sammy! Tráeme un paquete de ropa interior, ¿quieres? Hanes, talla mediana, negros. ¿Lo tienes?
 
Sam mira a la gente que se mueve a su alrededor, en el espacio entre él y Dean, con sus mejillas ardiendo. Reciben algunas miradas, algunas sonrisas, hay un par de mujeres mirando a Dean, evaluándolo complacidas. Sam solo agacha la cabeza, asintiendo hacia sus zapatos antes de moverse, un poco más lento esta vez.
 
Ropa interior. Está comprando la ropa interior de Dean.
 
Toma un paquete de calcetines distraídamente, sin importarle una mierda si son demasiado grandes, demasiado cortos o demasiado estrechos, porque tiene los ojos puestos en la ropa interior. Está eligiendo ropa interior para Dean, escogiendo algo que cubrirá la polla de Dean. Localiza los Hanes en todos sus diferentes estilos: bóxer, calzoncillos, calzoncillos bóxer.
 
Llega con dedos temblorosos a un paquete de calzoncillos, observa cuidadosamente al hombre de la portada, su imaginación, muy útil, pone a Dean justo delante de él, calzoncillos bóxer en su cuerpo desnudo. Sam traga saliva.
 
Le da la vuelta al paquete, ignorando las medidas por el momento, porque sus ojos se centran en la imagen del hombre por detrás, la forma en que la ropa interior no tiene una costura en el culo, pero tiene costuras a cada lado, encuadrándolo, realzándolo. Su boca se abre para jadear audiblemente y casi deja caer el paquete. Estos. Dean necesita estos.
 
“—Mediano, mediano…—,” murmura, revisando los paquetes colgados antes de encontrar uno mediano en el negro preferido de Dean. Dios…
 
Prácticamente está tocando la polla de Dean en este momento, o donde estará la polla de Dean. Se siente tan íntimo, poder hacer esto, Dean confiando en él así. Levanta su mirada feliz a toda la exhibición de ropa interior, dejando que su mente divague por un minuto. Esto es casi lo que hacen las parejas, dejar que el otro elija su ropa interior, ¿cierto? ¿En quién más confiarías para hacer eso?
 
No es que Sam tenga mucha experiencia con las relaciones, excepto la que tiene con Dean y su padre.
 
Mira alrededor del pasillo vacío y se hincha orgulloso. No hay otros hermanos aquí comprando la ropa interior del otro.
 
Prácticamente salta de vuelta al departamento de productos agrícolas, parándose frente a las naranjas. Hay un carro vacío donde Dean, aparentemente, había combinado todas sus compras en uno solo. Abraza sus dos paquetes blandos y algodonosos en su pecho y se da un paseo por donde las manzanas mientras espera a Dean.
 
Han debido pasar al menos quince minutos, porque ha visto todos los tipos de manzanas, todos los plátanos y todos los cítricos. Se muerde los labios y mira a su alrededor, sosteniendo los paquetes y las bananas recién adquiridas contra su pecho.
 
Se aventura con cierta incertidumbre fuera del departamento de productos agrícolas, yendo contra la regla número uno de los Winchester: Si dices que te encontraras en algún lugar, no dejes ese lugar.
 
Bueno, tal vez no sea la número uno, pero está allá arriba, probablemente en el top ten. Papá tiene muchas reglas.
 
Sam busca en lo pasillos con una deliberada minuciosidad, desde el pasillo del pan hasta el de los congelados; echa un vistazo en la sección de bebés y mira más atentamente en la de los zapatos. Nada de Dean. Vaga por el departamento de hombres, mirando alrededor de las franelas, hasta dos veces.
 
Miera en la sección de sujetadores y bragas, por si las moscas. No sería la primera vez que encuentra a Dean allí. Siente un nudo en la garganta cuando atraviesa apresuradamente de la zona de mujeres a la de papelería y oficina, las manualidades… Está prácticamente corriendo cuando llega a la sección de cuidado corporal. Pasta de dientes, desodorante, champú, maquinas de afeitar… Nada de Dean.
 
Nada de Dean.
 
Vuelve hasta la zona de automoción, a las armas… Seguramente estará allí. Tiene que estar. ¿Dónde más podría estar? Se detiene justo frente las bicicletas, jadeando rápidamente ahora, sintiendo el pánico en su pecho, ardiendo en su garganta.
 
Algo está mal. Algo sucedió. ¿Qué tipo de criaturas cazan en Wal-Mart a plena luz del día? Sam repasa la lista mientras corre por los pasillos; deja los calcetines, la ropa interior y los plátanos sobre una pila de almohadas y continua.
 
¿Hombre lobo? ¿Fantasma? ¿Objeto maldito, tal vez? ¿En el Wal-Mart sin embargo? Cómo…
 
Cambiaformas.
 
Vuela más allá de las bicicletas, hacia los juguetes, pasando entre toda la gente, con los ojos puestos en todas partes, ignorando las voces molestas que deja a su paso. Plata, necesita encontrar plata. Choca con alguien y casi se cae en la gran cantidad de adrenalina que ha acumulado.
 
—¿Sammy?
 
Sam está sin aliento, con la mirada enloquecida de terror, pero consigue registrar esa voz, atraviesa todo ese miedo y levanta la vista. Realmente gime cuando ve a Dean.
 
—Dean —jadea, cayendo hacia atrás para apoyarse contra un expositor de muñecas Barbie. Dean lo agarra por los hombros y lo sacude con urgencia.
—Sam, ¿qué es? ¿Qué paso? ¿Te persigue algo? Tira de Sam, atrayéndolo más cerca de él, contra su pecho, lo que hace que Sam respire por primera vez desde que comenzó a correr. Se apoya pesadamente en Dean, sintiéndose seguro por el momento en la protección de sus brazos, cambiaformas o no.
 
 
—No —, se las arregla para decir, obligándose a calmarse, a empezar a actuar como un ser humano normal y no como un fenómeno paranoico en forma de un niño que no puede estar lejos de su hermano durante quince minutos. —Lo siento… Yo… No volviste a las naranjas y yo… Pensé… Yo solo…
 
—Lo siento, hombre. Me liaron aquí —. Soltó a Sam y se inclinó para recoger las cosas que había dejado caer cuando Sam lo arrastró. Le da a su hermano el juego de mesa que había estado sosteniendo, las piezas traqueteando por dentro. —No sabía que maldito juego escoger, pero sabía que necesitaríamos alguno si vamos a estar atrapados en esa cabaña de mierda por Dios sabe cuanto tiempo. Nos dejaron una baraja de cartas, pero pensé que necesitábamos un juego. Y la última vez que jugamos al Monopoly, termino en sangre, así que…
 
Sam mira el juego y se ríe un poco cuando se da cuenta de que es un Trouble, no lo habían jugado desde que tenía diez años, en casa de tío Bobby. Sonríe tímidamente a Dean, sintiéndose como un absoluto idiota.
 
—Esto se ve bien —dice mientras envuelve sus brazos alrededor del juego. Dean levanta una ceja hacia él.
—¿Tienes los calcetines y esas cosas?
—Uhmm. ¡Oh! Sí…, yo… —. Sam mira hacia los lados, buscando la sección de ropa de cama, en un esfuerzo por no mirar a Dean a los ojos. —Los dejé allí.
—… ¿Por qué?
—Porque me asusté cuando no pude encontrarte y yo solo… No lo sé.
 
Se da la vuelta y se apresura a volver al pasillo de las almohadas y sábanas, con la cara en llamas. Oye a Dean arrastrando el carrito a su lado y siente que ese brazo lo rodea nuevamente, siempre. Se sonroja aún más, sin apartar la vista del frente.
 
—Oye, lo siento. No debería haberte dejado colgado. Se lo que es cuando… —. No termina su frase, pero Sam sabe lo que quiere decir. Encuentra su pila olvidada y coloca el juego en el carro para tener todas las cosas juntas de nuevo, los paquetes olvidados entran también al carrito. Mira a Dean y sus ojos se encuentran por un rápido segundo, y ambos sonríen.
 
—Pensé que un cambiaformas te atrapó —murmura, caminando muy cerca de su hermano mientras avanzan lentamente hacia el frente.
 
Dean se detiene, la nitidez de su risa cortando todos los otros ruidos a su alrededor. Sam se da la vuelta y sonríe a su hermano que lo mira con gesto asombrado, negando con la cabeza.
 
—Tu imaginación, Sammy. La amo.
 
Sam cruza los brazos sobre el pecho, con los labios fruncidos, cada centímetro de él reafirmándose como un hermano pequeño malcriado.
 
—¡Oye! ¡No es tan raro!
—¿En medio de un Wal-Mart, en Indiana, con una tormenta de nieve?
—¡Cállate! ¡Nunca se sabe!
 
Dean se está riendo a carcajadas ahora, la cabeza echada hacia atrás, la mano en el estómago, desternillándose. Sam avanza hacia él y lo golpea en el brazo, satisfecho con el grito que Dean deja escapar.
 
—Apuesto a que el cambiaformas sería más amable conmigo.
—¡Cambiaformas!
 
Sam toma el carro y continúa andando, mirando furiosamente al frente, hasta que Dean ya no puede verlo. Sonríe para si mismo, su pecho llenándose con un agradable calor mientras el sonido de la risa de Dean resuena en toda la maldita tienda.
 
Son casi las cuatro de la tarde cuando su padre vuelve. Sam y Dean han conseguido una especie de orden en la pequeña cabaña, colocando las cosas que necesitaban refrigerarse bajo unos pocos centímetros de nieve. Hay un fuego encendido y una olla de chile calentándose sobre él. Sam está leyendo y Dean está limpiando su arma cuando el Impala retumba y su padre entra en la cabaña, gruñendo y sin aliento, armado con unas bolsas de plástico.
 
Dean salta para ayudarlo, sonriendo cuando ve algunas de las cosas que él y Sam ya habían comprado en Wal-Mart, junto con algunas otras cosas, incluyendo un Walkman, varios paquetes de pilas AA, dos paquetes de Oreos y algunas cervezas.
 
—Papá, ¿estás planeando hacer ejercicio en el gimnasio o algo así? —. Dean sonríe cuando saca el Walkman nuevo en su caja. Rebusca en su bolsillo trasero y saca un cuchillo para abrirlo.
 
—No listillo. Iba a dejarlo aquí con vosotros dos, para compensar el hecho de que no hay televisión ni nada. Ahora que lo pienso, todavía puedo devolverlo —dice su padre, mientras le da un manotazo a Dean en la parte posterior de la cabeza, negando con la suya y sonriendo mientras guarda las otras cosas.
 
Dean hace un pequeño gesto de felicidad mientras lo abre, sus ojos brillantes.
 
—¿Puedo traer algunas cintas del auto?
—Esa es la idea. Estoy seguro de que no te voy a comprar otros nuevos.
—Impresionante —. Dan mira a Sam, que todavía está leyendo su libro, Kurt Vonnegut o algo así. Su sonrisa vacila un poco. —Gracias papá.
 
Su padre da un gruñido por respuesta, pero todavía está sonriendo. —Hablé con Aaron, la electricidad no estará lista hasta mañana. Tiene que negociar con la compañía eléctrica hoy después del trabajo. Parece que vosotros, muchachos, ya tenéis la cena resuelta, así que no será tan malo.
 
—Te vas mañana, ¿no?


Continuara....
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saphi.rott
Woman In White
saphi.rott
Woman In White
Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 26 2018, 08:24 PM #8

Hola a todos!

Os dejo un nuevo capítulo. Espero que os esté gustando, me gustaría saber vuestra opinión. Los comentarios siempre se agradecen, así no parece que estoy sola aquí jjj. 

En fin, de cualquier forma, espero que lo disfrutéis. 




Ambos miran a Sam, que está mirando directamente a su padre, con el libro bajado. Dean simplemente necesita dar una mirada a su padre para saber que Sam tiene razón. Pone el Walkman en la encimera, el regalo ahora está, de alguna manera, manchado.
 
—Recibí una llamada de Bobby. Dijo que hay…
—No importa papá. Lo que sea.
 
Sam levanta el libro hasta su cara y su padre suspira. Dean se remueve en el sitio donde está parado, justo entre ellos, tratando realmente de no mirar a ninguno de los dos.
 
—No será por mucho tiempo. Una semana a lo sumo. Entonces…
—Sabes que el cumpleaños de Dean es la próxima semana, ¿verdad?
—Si, Sam. Soy consciente. Gracias —. Su padre cierra el armario con fuerza, haciendo que Dean salte un poco. Dean regresa a la chimenea, agarrando la cuchara de madera que habían desenterrado de uno de los cajones para remover el chile. Ojalá se hubieran acordado de coger algunas cebollas.
 
—¿Y qué? Te vas a ir para el cumpleaños de Dean, y estás bien con eso, ¿no? Como siempre. Este es su decimosexto cumpleaños papá. Eso es…
—¡Lo sé, Sam! Jesucristo, ¿crees que soy un jodido idiota? —. John se da la vuelta para mirar a Sam, su cara brillando por la ira.
 
Dean toma una respiración rápida mientras su ritmo cardíaco aumenta. Odia esto, odia sus peleas, odia tener que defender a su padre a pesar de que Sam le está defendiendo a él. Para cuando Dean vuelve a dar la vuelta, Sam está de pie, todavía parado frente a la silla, pero parece listo para atacar a su padre.
 
—¿Crees que saberlo y marcharte de todos modos te hace un mejor padre? ¡Porque no! ¡Porque entonces lo estás haciendo a propósito! ¡Sería mejor que lo hubieras olvidado!
 
Su padre toma aire profundamente, probablemente para gritar más, pero finalmente lo suelta enfadado. Se agacha para desatar sus botas, pateándolas al lado de la nevera antes de volver a mirar a Sam.
 
—Sam, ¿sabes qué? Me voy a ir a cambiar. Para cuando regrese, será mejor te hayas comido esa actitud tuya, porque si no es así, vas a estar haciendo sprints en tres pies de nieve, ¿Cómo lo ves?
—Como si te sintieras culpable por ser un gilipollas para tu hijo.
 
Su padre se acerca a él y lo levanta por a parte delantera de su camisa, empujándolo hacia la puerta.
 
—Fuera de aquí. Veinte sprints, desde la parte inferior de la colina hasta los escalones. Ahora.
 
Dean interfiere en ese momento, cojeando hasta colocarse entre Sam y su padre, mirando a este con ojos implorantes.
 
—Papá, está helando ahí fuera. Sammy está cansado, no lo hace…
—Oh, sí, lo hago —. Sam está justo a la espalda de Dean, su voz suena venenosa en el oído de Dean, que se da la vuelta para mirarlo, sus ojos enormes.
—Sam, Dios… Cállate hombre. O si no, eres…
—¡No me importa! No me importa. Es tu cumpleaños —. Sam pasa junto a Dean con lágrimas en los ojos. Se detiene justo al lado de su padre, mucho más pequeño que él, pero su furia hace que parezca que Sam casi se cierne sobre él.
 
—No te mereces estar aquí para su cumpleaños de todos modos. Simplemente lo arruinarías.
 
Sam abre la puerta y sale a la nieve, solo con su camiseta de manga larga y sus pantalones vaqueros. Baja el porche con sus botas y sale a la nieve. Dean coge el abrigo de Sam de la silla y se apresura a seguirlo.
 
—¡Sam, ponte el maldito abrigo ahora mismo! En este momento, o te lo juro por Dios, te patearé el culo si te enfermas.
 
Sam se detiene a medio camino de la colina y camina de regreso, con la cabeza gacha, le arrebata el abrigo a Dean sin ni siquiera mirarlo y se da la vuelta para correr colina abajo. Dean lo mira hasta que llega al final y vuelve a subir, con las mejillas enrojecidas por el frío y las lágrimas. Dean suspira, frotándose la cara con las manos.
 
Cuando regresa a la cabaña y cierra la puerta, su padre no está por ningún lado y la puerta de su habitación está cerrada. Dean se hunde en la silla, dejando que sus ojos se cierren, tratando de ignorar el dolor agudo y palpitante de su muslo.
 
Sam entra veinte minutos más tarde, con el sudor goteando de su rostro. Dean ha quitado el chile del fuego para que se enfríe y está absorto en el segundo capítulo de Cat’s Cradle que Sam había tirado al lado de la silla. Lanza el libro y salta, sus ojos recorriendo el cuerpo de Sam con preocupación.
 
—Oye —dice, tanteando el camino. Sam se quita el abrigo y lo arroja a la cama, quitándose la camisa por la cabeza y caminando hacia su bolsa que está en la esquina. Dean no dice nada más, sabe cuando dejar a Sam con sus pensamientos.
 
Dean coge tres tazones del armario, solo encuentra dos cucharas de tamaño regular y una gigante que imagina que usará el mismo. Saca un paquete de galletas saladas y se aclara la garganta antes de gritar hacia la habitación de su padre.
 
—¡La cena está lista!
 
Dean vuelve a mirar a Sam y ve que está temblando con fuerza, castañeteando los dientes. Se acerca a la chimenea lo más rápido que puede, sacando algunos de los periódicos desechados que recogieron fuera del Wal-Mart y tirándolos junto con un par de troncos nuevos, avivando el fuego otra vez antes de que Sam muera de una mierda de neumonía.
 
Su padre emerge justo a tiempo de ver a Sam ponerse una de las viejas sudaderas de Dean, a tiempo de ver su cara sudada y el temblor de todo su cuerpo. Dean podría decir, por la pequeña forma en que su padre hace una pausa y la vacilación de su rostro por un solo segundo, que lamenta haberle dicho a Sam que saliera. Dean piensa que probablemente ni siquiera lo había dicho en serio, pero debería haberlo sabido, Sam es más terco que cualquier persona que Dean haya conocido.
 
—Espero que tengáis hambre —dice en el tono más alegre que puede encontrar, aunque se queda un poco plano. —No es tan picante como de costumbre, pero huele bien.
—Huele bien —repite su padre, y Dean siente que parte de la tensión abandona su cuerpo. Conoce el sonido de una ofrenda de paz de su padre y eso, definitivamente, cuenta como una. Dean le da a su padre un cuenco con una leve sonrisa y él se queda quieto cuando Sam se acerca. Sam agarra otro cuenco y la enorme cuchara, sosteniéndolo con fuerza cuando Dean trata de tomarla.
 
—Ya la uso yo, Dean. Está bien —. Su mirada se cruza con la de Dean y eso hace que Dean esté molesta y estúpidamente emocional, con solo esa mirada en los ojos de Sam; arrepentida, protectora, un poco herida. Quiere tomar las manos congeladas de Sam y meterlas debajo de su propia camisa, congelarse hasta la muerte solo para calentarlo de nuevo. Quiere frotar su cara sobre la Sam, solo para sentir la punta fría de su nariz. Dean se aclara la garganta, suave y nervioso. Asiente hacia la gran olla de hierro fundido que espera en la encimera.
 
—Ve por algo de comida chico. Te hice zumo con algunas de esas frutas que cogiste. No olvides coger algunas galletas.
 
Sam agarra un puñado de galletas y las deja caer en su cuenco antes de arrastrarse hasta la olla, sacando dos grandes montones de chile con la taza de café que están usando como cuchara para servir. Se da la vuelta y casi choca con su padre, dos cuencos de chile casi perdidos. Su padre señala con la cabeza hacia el fuego, extendiendo la mano para apretar el brazo de Sam suavemente.
 
—Anda niño, siéntate junto al fuego para calentarte.
 
Por un milagro, Sam obedece. Dean se apresura a arreglar su propio cuenco y coger el zumo de naranja de Sam antes de reunirse con él en le suelo, su padre en la silla. Comen en silencio, el sonido es tan fuerte que Dean casi grita. No hay autos fuera, ni pájaros, ni viento, ni personas. Nada más que el crepitar del fuego, los sonidos de las cucharas golpeando la cerámica y tres hombres comiendo chile.
 
Su padre vuelve por momentos al chile, al igual que Dean. Sam enjuaga su tazón en el fregadero, haciendo una pausa y entrecerrando los ojos para ver algo que Dean no puede ver.
 
—Dean —dice Sam, su voz algo extraña. Dean hace una pusa a medio masticar, sentándose un poco más recto y levantando las cejas.
—¿Sí?
—¿De dónde salió esta revista?
 
Dean abre la boca para preguntar a que revista se refiere y luego recuerda. Se traga lo que tiene en la boca antes de terminar de masticarlo, lo que hace que se asfixie un poco. Toma un trago de agua y se aclara la garganta, cuando termina, su cara está roja.
 
—No sé. Supongo que debe haberse caído dentro del carro.
 
Sam sostiene la revista, con una perversa diversión en toda su cara. Está sonriendo tan fuerte que se ven sus hoyuelos, y ahí está, esa maldita revista.
 
—¿Por qué cogiste la Women’s World?
 
Los tres dejan lo que están haciendo y solo miran la revista, la portada brillante con una dama de mediana edad que parece químicamente feliz en el medio y algunas fotos de comida que la rodean, con titulares atractivos como “¡Impulsa tu estado de ánimo, tu energía y tu espíritu!”, “Pierde 7 libras ¡En cinco días!”, “¡Haz cupcakes llenos de FELICIDAD!”
 
Sam y su padre se voltean al mismo tiempo para mirar a Dean.
 
—Es solo…, eh…, heh… —. Dean se aclara la garganta compulsivamente de nuevo, escarba con la cuchara en su chile y acaba encogiéndose de hombros. —Tenía un…, uhm... Una receta.
 
Sam y su padre intercambian una mirada.
 
—Una receta —repiten a la vez.
—Sí, por eso. Una cazuela de patatas con copos de maíz, pensé que a Sammy le gustaría. No quería arrancar la página, así que eso —. Esnifa casualmente, mirando alrededor por la cabaña, a cualquier lugar menos a su padre y su hermano. Finalmente, no puede soportarlo más y mira a Sam por el rabillo del ojo y se sorprende por la deslumbrante mirada que le está dedicando.
 
—¿Cogiste una revista de madres para poder hacerme la comida como una?
—Oh Jesús. No salvé un maldito bebé de foca ni nada.
 
Su padre esconde la risa con bocados de chile y Sam no dice nada más. Después de que su padre baje la última cerveza, comienza a reír abiertamente, Dean se tensa, con los ojos abiertos de par en par y llenos de indignación.
 
—¡Hey! ¡Dejaste que Sam te vistiera una vez como Blanca Nieves solo para que el pudiera ser una bruja y darte una manzana envenenada!
—Está bien, espera, espera un minuto. Yo era la Blancanieves más masculina del planeta, que lo sepas —contesta su padre, apuntando a Dean con la botella vacía.
—Papá… Solo quiero que repitas esa frase en tu cabeza. Solo piensa en lo que acabas de decir.
 
—¿Quién lloró durante The Mighty Ducks?
—¡Hey! —. Dean se levanta, su voz chirria un poco. Su padre se sienta en la silla, con las cejas levantadas y la boca fruncida por la diversión. —¡No salgas con lo de los patos ahora! ¡Esa fue una película profunda! ¡Quack, papá! ¡Quack!
 
La cara de su padre no tiene precio, sus ojos dramáticamente abiertos.
 
—UH huh.
 
Dean resopla. —¡Lloraste cuando Mufasa murió!
—¡¿Quién no?!
—¡Yo no lo hice!
—¡Bien, claramente tienes un corazón de piedra, Winchester!
—Tu…, tu cara es un corazón de piedra —responde Dean, con un falso puchero mientras camina cojeando hacia la cocina, donde Sam todavía está de pie, hojeando la revista. Dean lo mira con todas sus fuerzas solo para que Sam eleve la suya hacia él, sus ojos chispean como una maldita caricatura. Dean gime y echa agua a su plato.
 
—Me amas —dice Sam con un suspiro feliz.
—Uff, cállate.
—¡Me aaamaaaasss!
—¿Cómo podría amar una mierda tan molesta?
—No sé, pero tú lo haaaceeees —. Sam rodea con sus brazos la cintura de su hermano y se pega a su costado, con una sonrisa tonta pegada a su cara. Dean suspira y envuelve su brazo alrededor de Sam, olfateando, con la nariz enterrada en su cabello por solo un segundo, antes de apretarlo por última ve y dejarlo ir.
 
—Anda, abre el juego, enano. Me pido el azul.
—¡Pero yo quiero ser azul!
—Una leche. Soy el azul y voy a patear tú trasero.
—Muchachos, creo que olvidáis que soy el campeón de los Estados Unidos de América de Trouble —. Su padre aparta su tazón y se inclina hacia delante, haciendo crujir sus nudillos. —Lo siento por los dos.
 
—Sí, ya veremos viejo —responde Sam mientras rasga el plástico. Y así, todos han vuelto a la normalidad. Dean tiene que mantener s sonrisa bajo control mientras se sienta en la cama, retrocediendo lo suficiente para que Sam pueda poner el tablero en el borde.
 
Dos partidas de Trouble, tres cervezas para papá, dos para Dean, un paquete completo de Oreos, una guerra de pulgares, cinco amenazas de muerte, una victoria para Sam y una para su padre más tarde, Sam está casi dormido. Está acurrucado en la cama, con su cabeza sobre la pierna sana de Dean, sus brazos enredados alrededor de la pantorrilla de Dean, los dedos enroscados alrededor de su tobillo. Dean acaricia su cabello distraídamente, mirando como su padre vuelve a guardar el juego, todas las piezas regresando a sus contenedores adecuados y las reglas bien dobladas. El pequeño fuego de la chimenea es la única luz que queda, el olor de la lámpara de queroseno aún persiste.
 
Su padre cierra la caja y la aparta, sentándose en la silla con un gemido pesado y feliz. Bosteza, tratando de sofocarlo detrás de su mano. Dean solo lo mira, con una sonrisa fácil en sus labios. Sam se mueve contra él, apretándose más a él. Su padre los mira y después de un momento, niega con la cabeza.
 
—Este chico… —suspira, sus ojos puestos en Sam, su voz es suave, solo para Dean. Dean aprovecha la oportunidad para mirar a Sam, con todo el cabello largo cayendo sobre su rostro, su pequeño cuerpo casi gimnásticamente retorcido alrededor del de Dean. Pasa la yema de su pulgar sobre la oreja de su hermano, trazándola hasta el lóbulo y luego, hacia arriba otra vez. Su sonrisa es más tranquila ahora, desde el corazón.
 
—Es un bicho —susurra Dean, con la voz cargada de calidez. —Papá, sabes que no quiere decir la mitad de las mierdas que salen de su boca.
—No, si que quiere —. Su padre ríe en voz baja, levantando una mano para frotar su barbilla desaliñada. —Lo hace, no te confundas. Pero eso está bien, tiene coraje, igual que su madre. No puedo culparlo por eso, no importa cuanto quiera estrangularlo a veces.
 
Dean exhala un pequeño suspiro divertido, su mirada lejana, perdida en algún lugar cerca de la chimenea. Su padre no habla mucho sobre mamá, y Dean saborea cada pequeña pista sobre ella, atesorándolas en su mente, juntándolas como un rompecabezas desde que era pequeño.
 
—Está bien, sabes. Lo de que no puedas estar aquí, no importa. Es solo un día más —dice Dean, porque sabe que su padre lo necesita, no porque lo diga en serio. Ahora frota la espalda de Sam, la mano plana y ligera a lo largo de sus pequeños omóplatos, sobre las muescas de su espina dorsal, a través de su sudadera con capucha de gran tamaño.
 
Su padre no dice nada porque no hay nada que decir y durante varios minutos, permanecen callados, el fuego crepitando en la habitación, su olor impregnándolo todo. Dean ama el olor de una chimenea, ama un fuego contenido, uno que solo está ahí para ayudar.
 
—Eres todo para él.
 
Dean levanta la vista ante eso, encontrándose con los ojos de su padre, tratando de entender a que ha venido eso. Su padre los está mirando, observando la mano de Dean sobre Sam y la forma en que Sam se aferra a su hermano. Levanta las cejas hacia Dean y asiente con la cabeza.
 
—Lo digo en serio. Bajarías la luna por él, y él te mira como si no hubiera nada más en el mundo que valga la pena ver. Se pegaría a puños descubiertos con cualquiera para defenderte.
 
Dean piensa sobre eso, lo hace tranquilo, con los ojos suaves puestos sobre su hermano pequeño. Su toque se vuelve más sólido, las palmas cálidas en la espalda de Sam, en su cabello.
 
—Siento lo mismo por él —admite, apenas lo suficientemente alto como para que su padre lo escuche. Él es muy consciente de su corazón, de la calidez en su pecho, del brillo feroz y brillante que siempre siente cuando piensa en Sammy, cuando realmente piensa en él. No sabe que más decir, no puede dejar salir ninguna de las cien palabras enredadas en esa gran palabra que ocupa toda su cabeza: Sam. Es solo para Sam y para él, y no sabe si alguna vez hablará de eso con nadie. Ni siquiera con el mismo Sam. Simplemente esta ahí, y no necesita palabras para eso, nunca las necesita.
 
—Se que lo haces —. Su padre se acerca y agita el cabello de Dean, solo desordenándolo suavemente antes de levantarse. —Es casi medianoche. Tengo que levantarme a las cuatro para regresar nuevamente a Sioux Falls. Duerme un poco muchacho.
—Si señor. Buenas noches, papá.
 
Su padre desaparece en el dormitorio, la puerta cruje y se cierra. Dean se queda solo con Sam durmiendo sobre él, y le sonríe. Se mueve tan suavemente como puede para tumbarse en la cama junto a él, reposicionándolos hasta que Sam está acurrucado a lo largo de Dean, esos miembros desgarbados de araña envolviendo a Dean, manteniéndolo justo donde está.
 
Como si Dean, alguna vez, quisiera estar en otro lado.
 
Sam está despierto cuando su padre se va, antes del amanecer. Lo escucha prepararse, los sonidos ensayados e intensos de un hombre con una misión. Tampoco es que trate de no hacer ruido cuando atraviesa la sala donde Dean duerme y Sam finge.
 
Mira a su padre, desde las pestañas casi cerradas, lo observa empacar unas latas de atún, un paquete de galletas y algunas botellas de agua. Lo ve mirar alrededor de la cabaña y Sam puede leer su mente, puede recitar de memoria su lista de cosas para el camino. Lo observa comprobar su arma, escondida debajo de su abrigo, en la parte baja de su espalda. Está casi en la puerta antes de que finalmente mire hacia la cama, mirando fijamente a Dean durante unos preciosos segundos antes de mirar directamente a Sam.
 
Sam no se mueve, sabiendo que es mejor cerrar los ojos por completo. Mantiene la respiración profunda y se pregunta que es lo que verá su padre, se pregunta si sus pensamientos son tensos o cálidos cuando le mira, pequeño y torpe, inteligente y sabelotodo y con una ferocidad que se mantiene silenciosa la mayor parte del tiempo. La mayoría del tiempo, pero cuando se desata, puede sacudir los cimientos, puede ir directa al corazón de su padre y Sam no sabe como su padre puede amarlo a veces. Espera que esta mañana sea una de esas veces, espera que pueda pensar en él con una sonrisa.
 
Y ahí está, la más mínima insinuación de una sonrisa jugando en la cara cansada de su padre, y luego llega el crujido chirriante de la puerta y un estallido agudo y cortante de frío helado, y luego se va, así de simple. Botas pesadas en la madera vieja, el sonido reconfortante de la puerta del conductor quejándose y luego, ese motor. La mente de Sam se detiene, dentro del frío y lejos de la mente de su padre. Mira a Dean sentado a su lado, inconsciente y dormido, sin ser molestado por nada.
 
Sam sabe que realmente, no necesita a su padre aquí. Nunca ha sido sobre su padre, o no lo ha sido desde hace mucho tiempo. Dean es el único al que siempre ha querido que estuviese en casa, al que quería que estuviera justo a su lado. Y está empezando a sentirse lo suficientemente mayor para encargarse de Dean. Quizás sea bueno en eso, algún día.
 
—Yo también me ocuparé de ti —le susurra Sam a Dean, mirando de cerca su rostro, el ligero temblor de sus pestañas, el rosa pálido de su boca.
 
Vuelve a dormirse antes de tener otro pensamiento, sus dedos enredados tímidamente con los de Dean, pausados por el sueño, mientras se da el lujo de pensar que él le permite hacer algo así.
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saphi.rott
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saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Mar 31 2018, 11:15 PM #9

La electricidad se enciende alrededor del mediodía. Sam puede escuchar el grito triunfal de Dean desde fuera, donde esta cargando más leña, como un rayo corre hacia la cabaña. Irrumpe en el interior, acunando en los brazos grandes trozos de madera, y ahí está Dean, moviéndose a cámara lenta con una sonrisa en la cara, la bombilla lánguida y desnuda parpadeando brillante sobre él.
 
—¿Se enciende? —. Abraza la madera contra su pecho mientras una sonrisa se asienta en las comisuras de su boca.
—Oh, sí —. Dean menea su trasero una vez más antes de aplaudir, dejando escapar una risa festiva. —Vamos a mantener el fuego encendido, ¿vale? No es necesario hacerle más gasto de electricidad del necesario al pobre tipo.
 
Sam asiente, agachándose para comenzar a agregar más leña al fuego. Resopla un poco, pero pretende que no se da cuenta de que su nariz está goteando. El frío que se avecina es inevitable, pero planea ignorarlo todo lo que pueda.
 
Salta cuando la bocina de un automóvil suena fuera, el sonido resuena en los arboles y a su alrededor. Sam se da la vuelta para mirar a Dean, con los ojos muy abiertos y un poco asustados. Dean le sonríe y solo verlo, calma a Sam de una manera que pudiera parecer ridícula. Se inclina hacia él cuando la mano de Dean se apoya en su cabeza, sus dedos escarbando en su cabello.
 
—Está bien, Sammy. Es Joe, ¿ese chico que nos llamó en el Wal-Mart ayer? Viene ha hacer una entrega especial para mí. ¡Hola! Ya vuelvo, ¿vale? Tal vez, mientras tanto podías ir mirando lo que quieres para el almuerzo.
 
—Si, Dean —dice Sam en voz baja, sin ser escuchado ya que Dean prácticamente a volado fuera de la casa. Sam sonríe detrás de él, sacudiendo la cabeza cuando se pone de pie otra vez. No puede imaginar lo que Joe podría haber traído de Wal-Mart que pudiera hacer a Dean tan feliz.
 
Dos sándwiches de Spam fritos más tarde, el medio día ya ha pasado y la nieve ha vuelto a caer fuera. Dean se había quedado fuera, en el frío, durante casi media hora mientras Sam frotaba las gruesas rodajas de Spam, sorbiendo todo el tiempo. Había regresado medio congelado pero sonriente, relajado y perezoso, un dulce olor verde siguiéndolo dentro.
 
Fue entonces cuando Sam se dio cuenta de que Joe probablemente no le había traído nada a Dean de Wal-Mart. No está seguro del todo, pero está casi seguro de que aún no venden marihuana en las tiendas.
 
A él no le importa, ni siquiera un poquito. Dean es todavía mejor cuando está drogado, es feliz y sensible y así, tan cálido. Sam lava los platos mientras Dean recoge todas las cintas que papá dejó en una pila en la mesa de café, todas las cintas del automóvil son más viejas que él y que Dean.
 
Sam no lo dice, pero está contento de que Dean tenga un reproductor de música otra vez. Su padre había vendido el radiocasete de Dean el otoño pasado cuando el dinero estaba especialmente ajustado, junto con su Super Nintendo. Dean no había dicho nada, pero Sam todavía no ha perdonado a su padre por tomar sus cosas tan indulgentemente.
 
Dean acampó en la cama plegable en menos de diez minutos, con los auriculares en las orejas, los ojos cerrados y una bonita sonrisa en la cara. Sam se toma su tiempo para lavar la sartén de hierro fundido que había rescatado; los ojos puestos en su hermano, en sus pies desnudos, en la franja de piel expuesta entres sus calzoncillos y su camiseta.
 
Está tarareando para si mismo, moviéndose en pequeñas ondas sobre la cama, con las manos enroscadas sobre el estómago imitando muy, muy perezosamente, una guitarra. San tarda unos cinco segundos en darse cuenta de que está escuchando Led Zeppelin, el álbum del mismo nombre.
 
Termina con los platos y se suena la nariz con el papel higiénico que habían comprado, sintiéndose ya un poco febril y lleno de mocos, pero Dean… Dean es tan caliente y perfecto, y Sam no puede dejar pasar este momento.
 
Sam se desnuda hasta quedarse en bóxer y se arrastra hacia la cama junto a Dean, sonriendo al colocarse bajo su brazo. Dean mueve uno de los auriculares un poco hacia atrás para dejar escuchar a Sam.
 
—Mmm —gruñe Dean, bajando el brazo para envolver los hombros de Sam y acercarlo. —Estás ardiendo.
—Todo el rato, calor, frío, calor, frío —murmura Sam en la camiseta sucia de Dean, su nariz presionada casi bajo el brazo de Dean y, buen Dios allá arriba, está en el cielo. La mano de Dean se tensa un poco, comenzando a masajear el hombro de Sam, que casi gime por eso.
 
—Te prepararé un té en un minuto —. O, al menos, esos es lo que Sam cree que dijo Dean. Apenas puede oír sus murmullos sobre la música que retumbaba a todo volumen desde los pequeños altavoces de los auriculares de Dean. Sam mira a su hermano y resopla.
—Dean. No tenemos té. Nunca tomamos té.
—Bien —. Dean hace una pausa, obviamente sumido en sus propios pensamientos. —Chocolate caliente entonces. Cogí algunos en la tienda de Wal-Mart. Con malvaviscos.
—Está bien Dean. Gracias.
—Los sándwiches estaban geniales, Sammy. Buenísimos. Me cuidas muy bien, ¿lo sabías? —. Sam se ruboriza y su piel arde cuando Dean le aprieta el brazo otra vez. Se sonroja tanto que suda y se agarra a Dean con el brazo apretado alrededor de su cintura. Oye a su hermano voltear la cinta y presionar otro botón para avanzar o rebobinar.
 
—Jesús. Es un álbum impresionante —. Dean suspira, relajándose contra la cama de nuevo. —¿Te imaginas haber estado vivo en ese momento? ¿Cuándo debutaron? Sentarte sin saber quién es Zeppelin y, de repente, encontrarte con que esto existe y que te cambie la vida para siempre. Solo imagínalo.
 
Sam sonríe sobre la camisa de Dean, con los ojos apenas abiertos, pero está mirando la mano de Dean que está extendida sobre su propia barriga, donde se frota el estómago, arriba, luego abajo, arriba y abajo. Sam se retuerce y mantiene sus caderas lejos de Dean, como hace tiempo aprendió a hacer.
 
—Amas a Zeppelin más que papá —. Lo dice muy suave, solo una afirmación llena de admiración. —A él le gustan, pero tú los amas.
—Son la mejor banda que haya existido jamás —responde Dean de forma inmediata y firme. Igualmente, solo es una afirmación, no hay espacio para discusiones. Ninguna otra respuesta es válida. Sam ha visto a Dean casi pelearse con un hombre que le dobla la edad y casi el tamaño por Zeppelin. Si su padre no hubiera intervenido, Sam está seguro de que Dean le habría roto la nariz por Jimmy Page.
 
—¿Por qué los amas tanto?
—Solo hay…, solo hay algunas cosas que no pueden quitarte, Sammy. Que realmente no pueden quitarte. Quiero decir… No hay muchas cosas que sean mías, solo mías. ¿Sabes a lo que me refiero? Tengo mi ropa, mi arma, mi cuchillo, pero no mucho más, ¿sabes?
 
Sam quiere decir, “me tienes a mí. Cada pulgada y cada uno de mis pensamientos, los quieras o no.”
 
—…Pero la música…, Zeppelin. Eso no me lo pueden quitar, jamás. Nadie. Alguien podría llegar y quemar el coche la próxima semana, con toda nuestra mierda dentro, todo desaparecería. Podrían dispararme o cortarme la pierna mañana. Pero pase lo que pase, siempre puedo volver a “Rain Song”, siempre existirá, tal y como es. Siempre me hará sentir exactamente de la misma manera. Siempre existirá, sin importar lo que haga nadie. Y entonces, siempre puede ser mío.
 
Sam asiente con fuerza, la camisa de Dean tira fuertemente porque está agarrada a su puño. Ama a Dean así, tan abierto y apasionado, y justo aquí para él, solo para él.
 
—Son sexo y poesía e insanas cantidades de sonidos, y dioses paganos del blues y nunca pueden ser igualados, por nadie. ¿No es sorprendente? Lo que hicieron fue nuevo e inaudito. Todo lo que vino después es solo una sombra. Solo son sombras, Sammy. Incluso aunque sean realmente buenas, seguirán siendo solo sombras.
 
Se quedaron allí, en silencio durante un rato, escuchando “Babe, I’m gonna live you”, y Sam observa a Dean desde su pequeño escondite contra su pecho, observa sus expresiones faciales, escucha como su respiración se acelera cuando el tempo se viene arriba.
 
—¿Sabes que papá los vio en concierto una vez? Fueron a St. Louis para verlos en el St. Louis Arena. Cuatro horas y media de distancia, el 16 de febrero de 1975 —dice Sam a la vez que él, ha escuchado la historia cientos de veces, pero a Dean le encanta contarla, le encanta pensar que casi a estado en un concierto de Led Zeppelin.
 
—Llegó a verlos tocar “Starway”. “Starway”, Sammy —. Sam sonríe cuando los ojos de Dean se abren, con los bordes enrojecidos y brillantes, verde vidrioso, para encontrarse con los suyos, para enfatizarlos. —Y “Kashmir”. Joder, ¿te imaginas verlos tocar “Kashmir”? ¿Puedes jodidamente imaginarlo?
 
Antes de que Sam pueda responder, oye el inconfundible sonido de la guitarra que abre “You Shook Me”, que retumba en los oídos de Dean y se desangra por toda la cabaña. Dean gime, realmente gime, se mueve sobre la cama. Sam mira las caderas de Dean levantarse y empujar, holgazaneando antes de se detengan de nuevo. Sam se lleva el labio inferior a la boca y lo chupa, tratando de distraerse de que se ha puesto inmediatamente duro solo con ese sonido de Dean y sus jodidas caderas.
 
—Esta canción es exactamente como follar. Joder, sí. Solo como embestir profundo. Dios, se siente tan bien —. Sam solo puede ver como Dean mueve sus caderas al compás, siguiendo ese solo, ese rasgado de la guitarra y Sam casi se muerde el labio inferior cuando Dean mueve una mano hacia su pene para recolocarse. Sam puede ver el bulto de la polla de Dean allí, un poco duro solo por la canción, solo por la maldita música. Quiere empujar su mano hacia abajo, hacerle cosquillas en los pequeños pelos dorados que se arrastran por su estómago y dentro de sus pantalones cortos, quiere tomarlo en su mano y sentirlo abrasando contra su palma, y solo quemarse, como si tocara el centro del sol.
 
—¿Si, Dean? —. Extiende su mano para frotar el estómago de Dean, lento y perezoso, con el impuro deseo de empujar sus caderas contra su cuerpo, montar a Dean hasta llegar a un orgasmo tembloroso y estremecedor, pero nunca podrá hacerlo. Nunca lo hará, jamás. Encoge sus piernas juntas, atrapando su polla entre sus muslos, solo un poco, para darle algo de alivio. Dean todavía se está moviendo, todavía con las piernas sueltas y moviéndose con lo que sea que esté imaginado en su hermosa cabeza colocada.
 
—Sí, baby —resopla Dean. —Tan jodidamente bueno —. A Sam casi se le corta la respiración cuando el brazo de Dean se aprieta en torno a él, cuando le arrastra más cerca, y Sam simplemente mete la cara en el cuello sudoroso de Dean, cerca de donde suena la música, justo a tiempo para oír cuando comienza la armónica. Y es obsceno, realmente obsceno, todo esto lo es. La grosería de la canción, el calor entre los dos y las hermosas embestidas de las caderas adolescentes de Dean.
 
Sam puede verla, la polla de Dean levantándose y poniéndose dura, elevando una tienda de campaña en sus boxers azul oscuro, puede ver como se balancea fuertemente bajo la tela mientras Dean mueve sus caderas de un lado a otro. Sam quiere montarlo como a un semental, quiere empujar su trasero virgen sobre ese pene y ver que puede hacer Dean con él. Deja escapar un pequeño sonido contra el cuello de Dean, incluso casi un gemido cuando sus dedos se arrastran sobre uno de los duros pezones de Dean por encima de su camiseta comprada en una tienda de segunda mano.
 
—Joder —jadea Dean, y Sam jadea también, febrilmente caliente, y siente que va a desmayarse por esto, por todo esto. Frota el pezón de Dean con pequeños y diminutos movimientos de sus dedos aterrorizados. Siente que Dean suda a través de su ropa, y quiere abrazarlo, lamerlo, quiere cada gota en su lengua. Lo que siente es más que repugnante y lo sabe, lo sabe absolutamente. No quiere hacerle eso a nadie más, ni siquiera a Cindy Crawford.
 
Sam mira la mano de Dean deslizarse sigilosamente por su cuerpo y agarrar su polla, dura y despiadadamente. La aprieta un par de veces y Sam pellizca el pezón de Dean a través de su camisa, lo aprieta con fuerza y las caderas de Dean se disparan hacia arriba. Ve a Dean frotarse la polla con desesperación, incluso mientras Robert Plant grita con esa guitarra en llamas. Mira a Dean follar contra su mano y puede sentir todo palpitando en el cuerpo de Dean, puede sentir la calentura casi antinatural de su piel y su jadeo, como su pecho se levanta y los increíbles sonidos que Dean mantiene atrapados en su garganta.
 
La canción termina justo cuando Dean llega, justo contra el plano de su propia palma ancha. Esta completamente nervioso, está temblando y Sam se aferra a él, solo lo observa salir de su orgasmo y su olor golpea el aire, espeso, fuerte y abrumador. Sam empuja sus caderas contra uno de los huesos de la cadera de Dean, solo presiona desesperadamente y ese único punto de contacto, solo ese movimiento, hace que Sam se dispare como fuegos artificiales, viniéndose contra Dean justo cuando empieza “Dazed and Confused”.
 
Jadean juntos, Sam se aferra patéticamente a su hermano mayor mientras pelea por calmarse, se esfuerza todo lo que puede por mantenerse callado, por no hacer demasiado ruido y enloquecer a Dean. Se quedan quietos, la canción sigue sonando, tan ardiente y sexy como “You Shook Me”.
 
Sam se atreve a mirar a Dean y se asombra al ver que apenas es coherente, pero está sonriendo, una sonrisa grande y satisfecha.
 
—Zep es mejor que el sexo —ruge Dean, lamiéndose los labios una sola vez antes de quedar fuera de combate, dejando a Sam temblando a su lado durante el resto de la canción.
 
El sol casi se está poniendo cuando Dean se arrastra de la cama por segunda vez ese día. Sam ya se había duchado, había limpiado la cocina, había traído la comida que habían estado guardando en la nieve y la había puesto en la nevera pequeña, había hecho la mayor parte de la colada de Dean y había empezado por la suya propia. Cuelga la ropa de la delgada cuerda que encontró en la leñera, sostenida por las antiguas pinzas de madera que lleva consigo a donde quiera que vayan. La cabaña huele bien, como el detergente de la ropa y la lejía de limón limpia, como el estofado que prepara en la cocina, con patatas y pollo y pasta ondulada. Esta retorciendo el último par de su ropa interior, llevándolos a través de la habitación para colgarlos junto a los de Dean. Se sonroja al constatar cuanto más pequeños son que los de su hermano.
 
Saca una porción de la naranja que ha cortado en el mostrador y la muerde, dejando que la brillante explosión de cítricos le coloree la boca y los sentidos, y finge indulgentemente que es verano y están en una casa en la playa, en algún de una de las Carolinas. Cierra los ojos y respira hondo, tratando de imaginar el olor del aire salado del mar, la visión de un Dean veraniego, con la punta de la nariz roja y el pelo un poco más largo, un poco desarreglado en los extremos; sonriendo mientras se quitaba su ropa interior prácticamente transparente, empapada del mar, sus ojos nunca dejaban los de Sam y …
 
—Oye, Sammy. ¿Te duermes de pie otra vez?
 
Los ojos de Sam se abren de golpe y ahí está Dean, atontado y con aspecto de haber sido atropellado por un camión. Su cabello está alborotado y sus bóxer están secos. Sam se sonroja profundamente y aparta los ojos, concentrándose en cambio en la camisa que está lavando en el fregadero.
 
—No, solo descanso los ojos —. Mira hacia atrás a su hermano que se está frotando la cara y no puede evitar sonreír. —¿Dormiste bien?
—Me siento como una mierda. ¿Qué jodida hora es?
—Probablemente casi las seis. He empezado con la cena. Hay luz en el baño ahora, si quieres tomar una ducha. Te ayudaré a limpiarte la pierna después —. Retuerce la camisa tan fuerte como puede, apretando los dientes mientras sus cansados brazos trabajan para sacar todo el agua. Se dirige a la cuerda y la cuelga, usando su antebrazo para limpiarse el pelo sudoroso de la frente.
 
Mira a su hermano y se encuentra a Dean solo mirándolo, con una extraña sonrisa en su rostro. Sam se detiene, levantando las cejas, mirando alrededor con timidez.
 
—… ¿Qué?
 
Dean solo sacude la cabeza, dejando escapar un pequeño suspiro divertido mientras pasa una mano por su cabello, tratando de domarlo.
 
—Nada, solo… Te ocupas de todos nosotros. De mí. Serás una buena pequeña ama de casa.
 
Sam siente como si un rayo atravesara todo su cuerpo, siente como su por su columna vertebral y estalla en sus mejillas, haciendo que su corazón corre como una liebre en su pecho. Rebusca frenéticamente en su mente, tratando de encontrar la reacción que se consideraría normal para eso. La encuentra y mira a Dean lo mejor que puede, rodando sus ojos, solo por si acaso.
 
—Cállate, idiota. Solo son cosas que deben hacerse y yo…
—Oye —. Dean se arrastra hacia él, su gran mano deslizándose por la espalda de Sam, un Sam que se atreve a mirarlo y se da cuenta de que Dean todavía está un poquito colocado, que su sonrisa es grande y real, y eso hace que se relaje un poco. —Lo digo en serio. Gracias, Sammy.
 
Sam mira a su hermano, hacia esos brumosos ojos verdes y se siente caliente de nuevo, así como así. La mano de Dean todavía está sobre su espalda y no puede evitarlo si se arquea un poco hacia él, esperando que Dean lo sienta bajo su palma.
 
—Apestas, amigo. Ve a ducharte, y dame esa ropa para poder lavarla.
 
Dean le sonríe, dando un paso atrás que, simultáneamente, rompe el corazón de Sam y le permite respirar de nuevo. Solo puede mirar como Dean tira de su camisa por encima de su cabeza, quedándose con el torso desnudo, sus hombros tan anchos, sus brazos entonados, su cuerpo tan apretado. Sam mantiene sus manos en el agua jabonosa, la cabeza vuelta hacia su hermano, solo mirando. Y Dean lo mira de vuelta.
 
Dean tira de sus calzoncillos con el pulgar, tirando de ellos hacia abajo para apenas revelar el comienzo del vello oscuro de su vientre, justo encima de su polla. Sam no puede evitarlo, deja que sus ojos se centren en él, se humedece los labios lo más rápido que puede, aspirando profundamente. Levanta os ojos y ve que Dean todavía lo está mirando. Dean sonríe, se da la vuelta y empuja los bóxer hacia abajo, dándole a Sam una vista completa de su culo pálido y desnudo y arroja los bóxer hacia Sam que, por supuesto, aterrizan perfectamente sobre su cabeza.
 
La luz se enciende en el baño y Dean cierra la puerta entre ellos, y Sam está paralizado donde en el sitio, su mundo oscuro bajo los calzoncillos que cubren su rostro y todo lo que puede oler es la corrida de Dean.
 
Si él se masturba antes de lavarlos, es su secreto.
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saphi.rott
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saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 3 2018, 08:47 PM #10

Hola a todos!

¿Hay alguien leyendo por aquí? Darme pistas xddd, parece que estoy en un desierto jj. En fin, espero que os esté gustando. 



24 de Enero.
 
Cinco días han pasado, cada uno más o menos igual que el otro, y Sam no recuerda un momento más feliz en su vida. La nieve solo aumente y los días son más largos y algunas veces se siente positivamente asfixiado por Dean, y lo ama. Él lo ama. El quinto día es el cumpleaños de Dean, y Sam se despierta a las 4:30 de la mañana, tan emocionado que no puede dormir. Se siente como Navidad, como que algo increíble va a suceder tan pronto como Dean se despierte.
 
Mira a Dean dormir hasta que se da cuenta de que es un poco espeluznante, incluso para él. Se viste lo más silenciosamente posible y se dirige a la oscuridad antes del amanecer, dando un largo y solitario paseo hasta el maldito Wal-Mart.
 
Coge arreglo para un pastel de carne y un auténtico puré de patatas, consigue un pastel de manzana recién horneado y un six-pack de buena cerveza Root. Se para en medio de la tienda, prácticamente desierta, tratando de decidir si debería conseguir algo más para Dean, algo que pudiera querer para su cumpleaños. ¿Una revista Maxim? No, no lo suficientemente sucio. A Dean no le gusta la música moderna, así que eso queda descartado. No hay televisión para ver películas, así que no a eso también.
 
Finalmente se decide por una buena y nueva camisa de franela, gruesa, cálida y suave. Coge más baterías para su Walkman y se dirige a las cajas, echando una mirada hacia la sección de planificación familiar. Si consiguiera un poco de lubricante y se le diera a Dean…, se pregunta si captaría la indirecta.
 
Probablemente no.
 
Regresa a la cabaña con sus compras, las botellas de cerveza tintineando por el camino. El sol va saliendo a medida que avanza en su camino de regreso a la colina, y sonríe para si mismo, incluso mientras está jadeando por el esfuerzo de la subida.
 
En el momento en que entra en el porche, la puerta se abre de golpe y Dean aparece, con los ojos muy abiertos, asustado y jadeante como si acabara de venir también del Wal-Mart. Sam ladea la cabeza y frunce las cejas.
 
—Dean, qué…
—Sammy, joder. Maldita sea. Dean agarra a su hermano y lo atrae contra su pecho, rodeándolo con sus brazos, con tanta fuerza y ferocidad que Sam deja caer las bolsas, y la mayora de ellas aterrizan con un ruido sordo en el porche, las botellas traqueteando con fuerza. Abraza a Dean a regañadientes, confundido, pero no va a decir que no a un abrazo de su hermano.
 
—¿Qué está pasando? ¿Pasó algo? Papá…
—¿Crees que puedes irte cuando quieras y sin decirme nada? ¿Sin dejar una nota ni nada? ¿Solo irte y volver cuando quieras? Jesucristo, niño. Me estaba volviendo loco.
—Solo me fui una hora, simplemente fui al Wal-Mart y…
—¿Y qué? ¿Perdiste la habilidad de escribir?
—No, yo solo…
—¿Tú qué? —. Dean se aparta y mira a Sam, y si el miedo no hubiera estado a la vanguardia de todas las emociones de esos ojos, Sam estaría absolutamente enojado.
 
—Lo siento —suspira Sam, dejando caer los hombros. —No pensé que te despertaras antes de que regresara. Solo quería conseguir algunas cosas para tu cumpleaños. No quise asustarte.
—¿Mi cumpleaños? —. Dean se ve genuinamente confundido antes de que el entendimiento le golpee y su cara se suavice. Él se ríe, dando una pequeña sacudida desdeñosa de su cabeza. —Cierto. Mi cumpleaños.
 
—Sí, el que acabo de arruinar. Por supuesto. Soy como papá —. Sam agarra las bolsas, torpe en su prisa, casi dejándolas caer de nuevo. Su rostro está rojo de vergüenza y enojo consigo mismo. Empuja la puerta de la cabaña y carga las bolsas hasta la encimera. Hay lágrimas en sus ojos y su corazón late fuerte y rápido en su pecho, y se odia a si mismo. Se odia a si mismo por hacer que Dean se despierte a primera hora de su decimosexto cumpleaños y casi tenga un ataque de pánico por su culpa.
 
—Al igual que papá, yo tampoco debería estar aquí. No puedo hacer nada bien, incluso cuando todo lo que quiero hacer es…
—¿Sammy? Oye. Oye, mírame —. Dean tiene los ojos puestos en él cuando levanta la vista y se ve serio, convincente. —No arruinaste nada. No lo hiciste. Solo me asuste un poco, es todo. Es mi culpa por hacer una montaña de un grano de arena, ¿de acuerdo?
 
—Yo solo… —. Sam respira hondo y las lágrimas crecen en sus ojos, nublando su visión. Se vuelve para sacar las cosas de las bolsas, el paquete de carne picada, la cebolla, el kétchup, las especias. —Yo solo quiero que tengas un buen cumpleaños. Te lo mereces. Y… te mereces…
 
—Oye, ¿qué es todo esto? ¿Qué es esto, Sammy bebé? ¿Cómo te has podido permitir esto de todos modos? —. Se acerca a Sam y se inclina para apoyar el mentón sobre su hombro, sus brazos rodeando la cintura de Sam para tira de él en un abrazo.
 
—He estado ahorrando mi dinero por un tiempo. Es solo…, solo cosas para el pastel de carne. Y puré de patatas con ajo. Solo quería hacerte la cena. Pensé que tal vez te gustaría —. Parece inseguro, su voz es débil y vacilante, aunque está contento de que Dean esté detrás de él ahora, porque así no puede ver las pocas lágrimas que se le están escapando. Solo quiere que sea perfecto. Solo quiere poder darle a Dean absolutamente todo, no quiere que sienta que le falta algo hoy. No puede arruinar eso.
 
—Ohhh, y esa cerveza Root que nos gusta. ¿Fui elegido rey o algo por el estilo? —. Sam puede sentir la sonrisa de Dean contra su mejilla y eso alivia un poco el nudo de su garganta.
—Feliz cumpleaños, Dean —. Sam se da la vuelta de repente y abraza la cintura de su hermano, abrazándolo tan fuerte como Dean lo había estado haciendo con él antes.
 
—Gracias, pequeño. Hombre, dieciséis, ¿puedes creerlo? Finalmente tengo edad legal para conducir —. Las manos de Dean son pesadas en la espalda de Sam, frotando en círculos lentos. Sam resopla.
—Conduces desde hace dos años, idiota.
—Dije “legal”, Sammy.
—Sé lo importante que es la ley para ti —. Sam le sonríe antes de volver a lo que estaba haciendo, agarrando las pocas cosas que deben estar en el refrigerador y guardándolas allí. Guarda el pastel y los regalos en sus bolsas y los deja en el suelo.
 
—Hablando de… ¿Tienes una chica en esas bolsas de allí para mí? No soy muy exigente, mientras tenga la mayoría de sus dientes. Bueno, ningún diente también podría ser bueno. Uhmm.
Sam se ríe, un sonido apagado en sus oídos. Le da a Dean un débil empujón hacia la sala principal. Es un comentario típico de Dean, muy común, pero aún así duele. Duele porque Sam es un idiota que pensó que él sería suficiente para el chico que se merece todo.
 
—Lo siento, Dean. Se habían agotado en la tienda. Tú, uhmm ¿Quieres una tortilla, tal vez? Hay un poco de tocino y tomates.
—Me mimas demasiado. Sabes exactamente lo que quiero —. Dean cae de espaldas en la cama con un suspiro feliz y Sam lo mira por unos segundos, desviando la vista hacia otro lado después y sin responder. Habría mucho que podría decir a eso.
 
—Vamos, Sammy. Pleeeease. ¿Por qué no puedo abrir mis regalos ahora? —. De hecho, Dean está lloriqueando legítimamente desde su lado de la cama, recién hecha con sábanas limpias. Está bebiendo el chocolate caliente que Sam acaba de preparar para él, rebosante de malvaviscos melosos, una gran sonrisa malévola en la cara.
 
Sam está mezclando la carne picada con las especias, las cebollas, el huevo y algunas migas de galleta. Es otra de las comidas ocasionalmente hechas por su padre, una que supuestamente era receta de su madre. Sam había escrito la receta en uno de sus cuadernos y la mantenía guardada como un tesoro.
 
Suspira, pero no puede evitar la sonrisa en su cara. Mira a Dean desde debajo de sus pestañas y Dean está radiante como el diablo, mirando hacia él, sorbiendo su chocolate caliente y disfrutando cada segundo de ser mimado.
 
—No hasta después de comer. Además, todavía tengo que terminar un par de cosas de todos modos.
—Ohhhh, ¿cómo qué?
 
—¡Dean! —. Sam sabe como sonar exasperado con su hermano, pero ambos saben que es una farsa. Sam está a unos dos segundos de atropellar y besar la boca burlona de Dean y podría jurar que Dean lo sabe. No hay otra razón para que sea tan adorable. —Puedes esperar.
—Bien —suspira Dean, molesto y humillado, pero sin dejar de sonreír. —¿Necesitas ayuda Sammy Sam?
—No, es tu día. Solo siéntate allí, y uhmm… Yo… Puedo leerte más tarde, ¿si quieres? Estamos a la mitad de Las dos Torres.
—¡Sí! Están a punto de encontrar a Merry y Pippin en Isengard, Los pequeños cabrones. Hey, hombre. Quisiera conocer a un Ent. ¿No sería increíble? —. Dean arranca uno de los malvaviscos menos derretidos de la taza y le da un mordisco.
—Yo quiero conocer a un elfo —responde Sam con una sonrisa, aplastando la gran bola de carne sobre la sartén, extendiéndola bien y dejándola pareja. —O un Núme… Nú-uh de la familia Elro.
—Yeahhh, un elfo cachondo. ¿Cuál era ese, Sammy? En el Simarillion… La chica ruda que consiguió el Silmaril.
—Lúthien. Ella era increíble. —Sam empuja la sartén en el horno y luego dirige su atención a las patatas que hierven en el fuego.
—Ella era la verdadera heroína de esa historia, en serio. Tío, no hizo una mierda, pero lo rescató. Maldición, quiero una chica así —suspira Dean mientras se recuesta contra las almohadas, sus ojos en el fuego que revivió hace unos minutos.
 
Sam mira el agua hirviendo y apenas logra sonreír.
 
—¿Cómo qué?
—Sólo…, una chica dura ¿sabes? No una damisela en apuros, tipo princesa Peach. Una que se ocupe de sus propios asuntos, que se cuide a si misma. Eso es caliente como el infierno.
—Como Galadriel.
—¡Sí, ella también! Mierda, sí. Como ella. Totalmente caliente. ¿Ella es tu favorita, Sammy? —. Sam mira a Dean que le sonríe a sabiendas, enfatizando con las cejas.
 
Sam se encoge de hombros, haciéndose el ocupado, levantando la olla y vertiendo el agua caliente lentamente en el fregadero.
 
—Vamos, dime. ¿Quién es tu favorito? Tiene que haber alguien con quien quieras compartir tu camino a Mordor, o lo que sea.
 
Sam vuelca las patatas en un tazón y saca la leche y la mantequilla de la nevera. —Aragorn —murmura.
 
Dean se sienta, asegurando su chocolate caliente mientras se inclina hacia delante para escuchar mejor a Sam. —Repite de nuevo.
 
Sam se aclara la garganta y arroja toda la barra de mantequilla en el tazón con las patatas.
 
—Aragorn.
 
Dean hace una pausa, solo se sienta y mira a Sam, y Sam puede decir, con solo una mirada, que Dean está tratando de razonar a su manera sobre el significado de eso.
 
—Bien. Sí…, quiero decir. Sí..., totalmente. Si alguien puede llevarte allí, es un Ranger, ¿verdad? Pero, quiero decir, como… Ya sabes. Perderte con… Tú sabes.
 
Sam lo mira, solo un destello en sus ojos antes de enfocarse en las patatas, aplastándolas con un tenedor. Se queda quieto, sus mejillas sonrosadas. No puede mirar a Dean, ni siquiera puede imaginar lo que está pasando por su cabeza.
 
—Aragorn, ¿eh?
 
Sam mira a Dean por eso y lo encuentra un poco sonrojado, un poco fuera de su elemento, pero intentándolo. Sam le ofrece una sonrisa pequeña e insegura.
 
—Sí.
 
—Bueno —dice Dean, aclarando su garganta un par de veces. Sujeta su chocolate caliente de nuevo y picha los malvaviscos casi completamente derretidos. —No sacaría a Legolas de la cama.
 
Los ojos de Sam son caricaturescos cuando mira a Dean otra vez. Dean echa un vistazo a Sam y resopla, el chocolate caliente vuela por todas las sábanas limpias y Dean está tosiendo, asfixiándose probablemente con los malvaviscos.
 
—¡Sammy! —dice intentando calmarse, golpeándose el pecho, desternillándose absolutamente. —Oh, Dios mío. Deberías ver tu cara.
—Eres un imbécil —dice Sam en voz baja, sus manos tiemblan un poco mientras sigue aplastando las patatas con la mantequilla.
—Bueno, sí, pero es mi cumpleaños —. Dean eructa ruidosamente, frotándose la barriga. —Debes ser amable conmigo.
 
El pastel de carne está un poco quemado y el puré de patatas está un poco grumoso, pero es bueno. Dean se come dos porciones enteras y casi gime cuando ve el pastel que Sam pone delante de él, con una sola vela azul en el medio.
 
—¿De qué es? —. No puede apartar la mirada del pastel, y se lame los labios como un perro muerto de hambre, como si no acabara de comerse su peso en albóndigas.
—Manzana. ¡Y…! —. Sam salta de la mesa y corre hacia el congelador, saca un enorme cuenco y corre de vuelta con él. —Hice nata montada, con toneladas de azúcar, como a ti te gusta.
—Dios mío… —. Dean realmente gime esta vez, sin mirar, toma la cuchara que Sam le da y la clava en el cuenco de nata que estaba un poco endurecida por el tiempo que había pasado en el congelador y, Dios, sí. Es azucarada y cremosa, y tan, tan buena. Está en su tercera cucharada cuando se las arregla para mirar a Sam, que está radiante delante de él, de alguna manera sintiéndose el chico más feliz del planeta solo por ver a Dean atiborrándose de comida.
 
—Pide un deseo antes de que la cera se esparza por todo el pastel, idiota.
—Mierda, tienes razón. De acuerdo —. Se concentra en la pequeña llama parpadeante, reflexionando sobre sus opciones. Sexo, por supuesto. Siempre quiere eso. Una mamada sería perfecta en este momento. O una playa, eso sería increíble. Papá mágicamente regalándole el coche. De acuerdo, ese. Definitivamente ese.
 
Apaga la vela y Sam se ríe, sacándola del pastel y sacudiendo la cabeza. —Te llevó bastante tiempo.
 
—¡Estaba sopesando mis opciones! No todos los días obtiene uno un deseo —. Empuja su cuchara aún fría en el pastel y cogiendo un gran trozo, dándole a Sam su mayor sonrisa de mierda antes de meterse todo en la boca. Sam sonríe, recoge sus platos y va a la cocina.
 
—¿Es la hora de los regalos? ¿Huh? ¿Huh? ¿Eh, eh? —. Coge otro pequeño trozo de pastel y un poco de nata en su cuchara y, oh, sí, muchísimo mejor juntos.
 
Sam desaparece en la habitación de su padre, donde se había ido antes para, al parecer, envolver los regalos, y vuelve a salir con dos paquetes envueltos en papel de periódico y una hoja de papel doblada.
 
Se detiene a unos pocos pasos de la cama y se mordisquea el interior del labio inferior, pareciendo vacilante.
 
—Es esto. Quiero decir, no es nada sorprendente, Dean. No quiero que te decepciones. No podía conseguirte algo realmente bueno, habiéndonos quedado aquí atrapados quiero decir, ¿qué es lo que realmente podrías querer del Wal-Mart? Busqué de nuevo a Joe para conseguirte más marihuana, pero él no estaba allí y…
 
—Sam.
 
—Este es tu decimosexto cumpleaños y yo solo… Realmente quería que fuera especial. No quería que sintieras que te estás perdiendo algo, y quería hacerlo tan bueno como pudiera…
 
—Sammy.
 
Dean podría decirle a Sam que le está perturbando de nuevo, que sus ojos se estaban llenado de lágrimas como había pasado en la mañana, cuando casi le da un ataque al corazón. Está a punto de hacerlo en este momento si no se detiene. Afortunadamente, Sam lo hace. Parpadea impotente a Dean y él solo puede devolverle una pequeña sonrisa.
 
—Todo este día ha sido increíble. Y ha sido todo gracias a ti. Cualquier cosa que pase ahora es simplemente la guinda del pastel, ¿de acuerdo?
 
Sam respira profundamente y deja escapar el aire lentamente, calmándose visiblemente.
 
—Oh… está bien.
 
—¿Está bien? Está bien. Ok. Ahora, dame mis malditos regalos antes de tener que hacer una rabieta —. Dean se revuelca en la cama y hace gestos exagerados con las manos, y Sam se ríe, avanzando los pocos pasos necesarios para llegar hasta él y darle el primero de los paquetes.
 
Dean rasga el papel de el más pequeño y suelta una risa cuando ve las baterías. —Oh, gracias a Dios. Ya casi había agotado las otras. Estoy enganchado a Zeppelin II, no puedo dejar de escucharlo. Gracias Sammy.
 
Las deja a un lado y coge el paquete más grande, asumiendo que es el regalo importante, así que se toma su tiempo con él. Lo abre y se encuentra una gruesa y preciosa camisa de franela en naranja, gris y blanco. La despliega y pasa sus manos sobre ella, su sonrisa es tan grande que duele.
 
—Sammy, esto es increíble. Podría ponérmela todos los días, ¿sabes? Y no tengo ninguna de este color. Mi favorita quedo destrozada en la última cacería.
—Lo sé —dice Sam en voz baja. Está sentado en el suelo frente a Dean y prácticamente vibra de energía, de felicidad. Dean siente una abrumadora necesidad de levantar a Sam por debajo de sus brazos y acurrucarlo en su regazo.
 
Vuelve su atención a la camisa, tomándose su tiempo, desabotonando cada botón antes de deslizarla sobre sus hombros, sorprendido de que le quede perfectamente, de que las mangas lleguen justo hasta sus manos, y ya la siente como suya.
 
—Es muy suave ¿Te diste cuenta? —. Dean le ofrece su brazo a Sam para que sienta el material y Sam acaricia su antebrazo casi con reverencia, acariciando a Dean sin levantar la vista.
 
—¿Qué es eso, Sammy? —dice, señalando con la cabeza hacia el papel doblado junto a Sam, en el suelo. Sam retira sus manos, tensándose un poco antes de mirarlo.
—Es, uhmm.. No es nada. Cambié de opinión —. Recoge el papel y lo sostiene detrás de su espalda. Dean levanta las cejas, picado de curiosidad.
—Sammy… —canturrea, tratando duramente de mantener quietas sus manos y no tratar de quitárselo, porque sabe que eso solo terminará rompiéndolo y con ambos enfadados. —¿Eso es para mí?
 
—Es solo algo estúpido. No te gustará, solo te reirás. Es una idiotez —. Sam se pone de rodillas, a punto de levantarse por completo, pero Dean extiende la mano y le agarra del brazo, obligándole a mirarlo a los ojos.
—¿Realmente crees que alguna vez me reiría de algo que hiciste para mí? ¿Alguna vez? Sé que soy un idiota, Sammy, pero no con esas cosas, y no contigo, no realmente. ¿Ok? Tienes que confiar en mí. Confías en mí, ¿verdad?
 
Sus ojos se mantienen unidos durante lo que parecen horas antes de que Sam finalmente parpadee, rindiéndose. Suspira mientras tira del papel y se lo da a Dean. Retrocede unos pasos inmediatamente después, como si no soportara ver a Dean abrirlo. Dean lo mira cuidadosamente, un poco nervioso ahora.
 
—¿Puedo abrirlo?
 
Sam se encoge de hombros, mordiéndose el interior de la mejilla.
 
—Si tú quieres.
 
Dean espera unos segundos más, dándole a Sam más tiempo para rectificar, si lo necesita. Cuando no ocurre nada más, vuelve a mirar el papel, agarra uno de los bordes con la yema del pulgar y lo abre.
 
Es un dibujo. Es una representación asombrosamente precisa del Impala, con tres figuras dentro y alrededor. Una se parece mucho a Dean en el asiento del conductor, con el codo apoyado en la ventanilla, una sonrisa grande y estúpida en su rostro. En el asiento del pasajero hay un hombre con cabello oscuro, largo y salvaje, una pierna colgando por la ventanilla abierta y una guitarra colgando en su pecho. Está tocando intensamente, boca abajo, concentrado. En la parte superior del automóvil se encuentra la tercera figura, un hombre rubio alto y espigado con una melena rizada y épica, pecho desnudo y pantalones de campana cubriendo sus piernas. Está agarrando un micrófono y cantando, palabras saliendo de su boca y girando sobre el resto de la imagen. El resto de la página está cubierta de letras, concretamente de las letras de Led Zeppelin.
 
Dean mira a Sam, la sonrisa en su rostro es simplemente imparable. Sam prácticamente está temblando de nervios, con las manos juntas en su regazo.
 
—Es… Eres tú, con Jimmy Page y…, y Robert Plant. En el coche porque…, porque sé que, a veces, los sientes como si estuvieran allí contigo. Cuando estás en el coche y realmente te gusta la música, y…, y todo se siente bien, y eres feliz. Yo solo… Sé que es horrible y desearía ser mejor dibujando. Yo solo… —. Respira profundamente, para tratar de explicarse mejor, tal vez, pero finalmente, lo deja salir apurado.
 
—Solo… Feliz cumpleaños, Dean.
 
Dean hace lo que quería hacer antes, alcanza a su hermanito por debajo de sus brazos como si fuera un niño pequeño que quiere ser cogido y cargado. Levanta a Sam directamente a su regazo, ignorando el pastel, la nata y todo lo demás. Sonríe cuando Sam se envuelve en él, con los brazos y las piernas imposiblemente apretados, y Dean, simplemente lo sostiene.
 
—Sabes, esto el mejor que nadie ha hecho por mi nunca. Nadie me conoce como tú, Sammy. Nadie. Y nadie lo hará nunca, así que siempre serás el que me haga los mejores regalos en mi cumpleaños. Gracias pequeño, lo digo en serio. Por todo.
 
Sam todavía tiembla un poco, pero Dean solo lo abraza, solo los mece un poco, manteniendo a Sam en su lugar. Es entonces cuando realmente Dean se da cuenta de que ya tiene dieciséis años, de que es casi un adulto de muchas maneras. Lo siente en ese momento, con Sam en su regazo. Siente lo importante que es para ese chico, lo importantes que son el uno para el otro.
 
—¿Qué te parece si os ponemos nuestros pijamas y leemos sobre algunos Ents? —. Dean sonríe a Sam cuando este finalmente se levanta. La cara de su hermano está húmeda por las lágrimas, pero Dean no dice nada sobre eso. Simplemente deja que Sam se limpie con su nueva camisa de franela y se ríe un poco cuando Sam asiente.
 
Veinte minutos después, todo está guardado o en el fregadero, la mayoría de las luces están apagadas, pero está la chimenea. Dean sale del baño justo para encontrase a Sam sentado en la cama, con su gran y vieja copia de El Señor de los Anillos en el regazo.
 
Dean se sube cuidadosamente a la cama, consciente de sus puntos sin vendar, y apoya su cabeza en el regazo de Sam. Sam se ríe, realmente se ríe, su mano se dirige inmediatamente al cabello de Dean y comienza a acariciarlo. Su hermano sonríe mientras sus ojos se cierran.
 
—¿Es aquí donde te vas a acostar? —. Sam suena casi esperanzado.
—¿Vas a seguir acariciándome?
—¿Quieres que yo…?
—Mm-hmm
—Entonces… Entonces, sí —. San sonríe, acariciando el cabello de Dean como Dean se lo hace a él siempre.
—Entonces sí. Aquí es donde voy a acostarme.
—¿Quieres que empiece?
 
Dean se estira, dejando que sus piernas cuelguen del brazo del sofá. —Sí, Sammy. Puedes empezar.
 
Sam abre su libro por donde lo tiene marcado con una vieja carta de naipes, dejándolo extenderse en el hueco de su brazo. El sol se está poniendo fuera y la nieve vuelve a caer con fuerza, y Dean no puede pensar en un lugar en el mundo en el que quiera estar más que aquí.
 
—Así que, a la luz de una hermosa mañana, el Rey Théoden y Gandalf el Jinete Blanco se encontraron nuevamente sobre la hierba verde junto al arroyo Deeping. También estaba Aragorn, hijo de Arathorn, y Legolas el elfo…
—Mmmmmm.
—¡Cállate, Dean!
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CNQ80Q3
Human
Registrado: Mar 3 2018, 12:27 PM

Abr 7 2018, 01:42 PM #11

Hola, saphi.rott. Disculpa que no haya escrito antes, pero de verdad que me encanta la historia.
Adoro los fanfics de los chicos cuando son adolescentes y éste es cautivador.
Por favor, no dejes de transcribirla.
Te sigo también en archiveofourown. Ojalá subieras allí esta traducción.
Muchas gracias por tu trabajo.
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saphi.rott
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saphi.rott
Woman In White
Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 11 2018, 06:30 PM #12

CNQ80Q3 escribió: Hola, saphi.rott. Disculpa que no haya escrito antes, pero de verdad que me encanta la historia.
Adoro los fanfics de los chicos cuando son adolescentes y este es cautivador.
Por favor, no dejes de transcribirla.
Te sigo también en archiveofourown. Ojalá subieras allí esta traducción.
Muchas gracias por tu trabajo.


Hola!

Muchas gracias, me alegro de que te esté gustando jjj, Y de que alguien diga algo xd. Gracias por seguirme en Ao3, las traducciones no las subo ahí, me gusta tener ese perfil solo para mis historias originales. La publico también en wattpad, por si acaso te gusta más leer ahí. 

https://www.wattpad.com/myworks/1415877 ... -boy-serie
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saphi.rott
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saphi.rott
Woman In White
Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 11 2018, 06:34 PM #13

Hola a todos!

El otro día no pude subir la actualización porque me quedé sin internet, así que hoy en compensación, doble capítulo. 

Espero que os guste.



1996
 
Dean saca las últimas bolsas del auto, sin aliento por el constante ir y venir para meter todas sus mierdas en la casa con el límite de treinta minutos que le ha dado su padre. Se detiene justo bajo la puerta y tira la bolsa de Sam llena de libros hacia el sofá, el sudor gotea por su pelo, la cara roja.
 
—¿Por qué demonios siempre alquilamos casas en Indiana?
 
Su padre levanta la vista desde donde está afilando su machete en la pequeña mesa de la cocina, mirando a su hijo con los ojos entrecerrados.
 
—Esa boca, Dean.
 
Sam se para justo detrás de Dean, todavía en el porche, esperando que se dé cuenta de que está detrás de él o que simplemente se aparte del camino para poder entrar también.
 
—Al menos está vez no nieva, ¿verdad? —. Apunta Sam hacia Dean con una sonrisa y en voz baja. Su padre y Dean han estado discutiendo todo el día, y eso siempre pone nervioso a Sam. Se supone que Dean es el que se lleva bien con su padre y por eso se asusta cuando se ponen así.
 
Los ojos de Dean se suavizan un poco y se aparta del camino para dejar que Sam entre en la casa, cerrando la puerta detrás de él.
 
—Tan pronto como se vaya, pediremos una pizza o algo así, ¿Ok?
 
Sam asiente, apoyándose en la mano de Dean que descansa sobre su mejilla. Se apresura a ir al fregadero y llenar el vaso que había conseguido en la estación de servicio con agua, bebiéndola toda antes de volver a llenarlo y llevárselo a Dean.
 
—No estés gastando el dinero en pizzas, chico. No puedo dejarte mucho esta vez. Tendrás que conseguir un trabajo en alguna parte o ser inteligente con tu dinero por una vez, hasta que pueda conseguirte un poco más. ¿Me escuchas?
 
Dean toma el vaso que le ofrece Sam, bebiendo un gran trago antes de volverse para mirar a su padre.
 
—De todas formas, ¿cuánto tiempo te vas a ir? ¿Por qué hablas como si fuera a ser por un mes o algo así?
—No sé cuanto tiempo será. No puedo planear estas cosas, Dean. Las cacerías no funcionan así y lo sabes. Y vigila tu tono —. Su padre envaina el machete y se levanta de la mesa, un poco lento de movimientos porque aún tiene puntos de sutura cicatrizando. Parece agotado, atormentado y, por una vez, Sam se siente mal por él.
—¿Tienes nuestras transcripciones, papá? —dice Sam, mirando alrededor de cada una de las bolsas, tratando de recordar donde las habían metido cuando salieron de Minnesota.
—Sí, en la mochila negra al lado del sofá. Bien, chicos. Te llamaré desde la carretera. Dean…
—Lo sé, papá.
 
Su padre se acerca a Dean tan rápido que Sam solo puede jadear. Se apresura hacia ellos, forzando su pequeño cuerpo entre ambos, de espaldas a Dean, enfrentando a su padre que está casi encima de él. Su padre está enojado y Dean también, y Sam hace lo único que se le ocurre. Lanza los brazos alrededor de su padre en un abrazo.
 
—Nos vemos pronto —. Sam se agarra con fuerza y puede sentir la confusión en todo el cuerpo de su padre, la manera vacilante en que se abraza a él. Su padre da un paso atrás y le da a Sam una palmadita en la espalda, dejándolo ir y mirándole a los ojos con una sonrisa desconcertada.
 
—Oh, sí. Hasta pronto, Sammy —. Su padre mira a Dean, pero Sam mantiene su espalda contra el pecho de Dean, para mantenerlos separados todo el tiempo que pueda. Su padre agarra las llaves, dándoles un último asentimiento de cabeza antes de irse.
 
No se miran hasta que el motor arranca. Sam se da la vuelta para sonreír a Dean que lo está mirando con una ceja levantada.
 
—¿Te sientes cariñoso hoy, Sammy?
 
Sam le sonríe, de repente tan feliz de que su padre se haya ido, de que toda esa tensión haya desaparecido con el sonido del Impala retumbando en el camino.
 
Salta hacia Dean, con los brazos alrededor de su cuello, haciendo que Dean caiga en el sofá con un gruñido de sorpresa.
 
—Tal vez.
 
******
 
Están en Fairmount, Indiana, y Dean odia esto. Tiene diecisiete años y apenas se relaciona con sus compañeros de clase, y mucho menos entabla amistad con ninguno de ellos. Pero es un tipo divertido, carismático y atractivo, y tiene la presencia de su padre, por lo que siempre se forma una bandada alrededor de él, de un extremo al otro del pasillo. No sabe por qué, de verdad, solo pasa. Esta vez, el rebaño está encabezado por una hermosa pelirroja llamada Holly Edkins, que usa lápiz de labios rojo y faldas cortas, y Dean está muy, muy satisfecho.
 
A los padres de Holly no les importa una mierda lo que ella y su hermano gemelo hacen, por lo que su grupo de amigos ha establecido su residencia, más o menos, en el sótano de Edkins, todos los días después de la escuela y también los fines de semana. Es un sótano puramente de los años 70, paneles de madera y gruesas alfombras, sofás y pufs, además de la colección completa de discos de su padre, con un sistema estéreo asombroso. El segundo día que Dean se une a esa pequeña banda de gitanos, se convierte en el DJ y no le toma el pelo a nadie por la música. Esos bastardos piensan que The Wallflowers son vanguardistas. Jesús.
 
Es sábado por la noche y Dean no pudo dejar a Sam en casa, simplemente no pudo hacerlo. Sam se veía tan abatido, los hombros caídos y su rostro instruido demasiado rápido en la neutralidad como para que fuera genuina. Así que le arrojó su chaqueta vaquera favorita a Sam, le levanto el cuello y le advirtió que no dijera “Cool beans” o “Grody” (algo así como estupendo y asqueroso), o hiciera alguna imitación de Jim Carrey. Y ahora, aquí están, en el sótano de Edkins, cinco estudiantes de secundaria y Sam Winchester.
 
Para ser honestos, es una pesadilla para Sam.
 
Sammy aún no es muy alto a los trece, pero a Dean no le importa. Todavía no puede disimular y decir que Sam y él son solo amigos o que Sam es algo mayor, por lo que no es realmente raro que vaya a todas partes con su hermanito, tampoco es que le importen ninguna de estás personas. Realmente no. Él hace amigos, pero olvida sus nombres a dos estados de distancia. Es solo la forma en que funciona su vida.
 
—Este es mi hermano Sammy. Sammy, estos son todo el grupo —. Dean asiente con la cabeza al grupo, que solo mira a Sam, parpadeando a través de ojos inyectados en sangre, algunos incluso asienten. Una chica en particular le da una sonrisa lenta y de aspecto peligroso, y él aparta rápidamente la mirada, para mirar a Dean en busca de ayuda.
 
Dean solo le sonríe y le da una fuerte palmada en el hombro antes de saltar sobre la gente para llegar al estéreo.
 
La sala está brumosa, y tan llena de humo que Sam no puede ver a nadie muy bien, se siente incomodo y mete las manos en los bolsillos de su chaqueta prestada, dejando que el flequillo le caiga sobre los ojos y tratando de aparentar que no está afectado.
 
—¿Cuántos años tienes? —. Es Holly la que pregunta, la única a la que reconoce. Es la actual novia de Dean, si es que se la puede llamar así. Lleva una falda amarilla limón que apenas la cubre y que está un poco levantada allá donde se sienta en el sofá. Lleva puestas unas bragas rosas de Barbie y Sam siente el calor quemando en sus mejillas. La mira de forma fugaz y su boca roja ya sonríe como si supiera lo que él está pensando.
 
—Ca…, catorce —. Se sacude el flequillo de los ojos y sostiene su mirada casi desafiante. No hay manera de que ella, realmente, sepa en lo que estaba pensando.
—Catorce, ¿eh? Eso te convierte en un estudiante de primer año, ¿no? No te he visto por aquí —. Ella lo mira fijamente a los ojos mientras toma el porro que le ofrece un chico, sentado justo a su lado y que tiene exactamente su mismo color de pelo. Lo pellizca y lo presiona contra sus labios para tomar una larga calada. Sam abre y cierra la boca un par de veces, y casi suspira de alivio cuando siente que Dean le rodea los hombros con el brazo.
 
—Es un poco bajito, cuesta verlo por los pasillos. ¿Verdad, Sammy? —. La sonrisa de Dean es cruel y Sam no puede evitar mirarlo fijamente, incluso aunque esté agradecido por el rescate. Dean señala con la cabeza hacia la pila de discos. —Ven a ayudarme a elegir algo. Tengo que salvar las almas de esta gente, hombre.
 
—¡Oye! ¡Los Gin Blossoms son increíbles!
—Oh, cierra la boca, Eddie. Ni siquiera sabías quien era Stevie Ray Vaughan hasta que me conociste —. Dean ni siquiera levanta la vista solo se agacha entre los discos y los va pasando, buscando el premio gordo. Sam se calla lo mucho que le gusta Gin Blossoms, de como lo llenan de anhelo y una extraña nostalgia y el dulce dolor de querer. Se calla porque no quiere que la mirada de decepción de Dean se dirija a él, ni siquiera, aunque sea medio en broma.
 
—¡Aha! Aquí vamos. Ok, Sammy —. Dean tiene dos discos. —The Doors con Waiting for the Sun o Bob Seger con Night Moves. Escoge.
 
Sam los mira pensativamente, considerando el estado de animo y la compañía, y levanta un dedo para tocar el de The Doors. —Y luego Seger.
 
La sonrisa de Dean es cegadora y levanta el disco para golpear suavemente a Sam en la parte superior de la cabeza con él. —Una buena elección, ese es mi chico. ¡Mirar muchachos! —levanta la voz y mira a sus amigos— ¡Sammy solo tiene trece años y tiene mejor gusto que todos vosotros!
 
—Catorce —corrige Sam en voz baja, pero la verdad ya ha sido descubierta. Sus mejillas son rosadas y mantiene la cabeza baja, mirando a Dean manipular el disco con reverencia, manos hábiles colocándolo en el plato y levantando el brazo para colocar la aguja perfectamente en el comienzo del disco. Sam solo lo observa, fascinado. Dean perdido, observando las palancas del sistema y finalmente regresando cuando comienza a sonar “Hello, I love you”.
 
—Vamos, amigo, ven a pasar el rato. Estos chicos son geniales, lo prometo. Creo que Lyla te está vigilando —. Dean se pone de pie y le da un codazo cuando el también se levanta, dirigiendo su mirada hacia la pequeña chica de cabello moreno metida en un puff rojo y que tiene sus grandes ojos oscuros directamente sobre él. Sam mira hacia otro lado y vuelve a mirar a Dean, haciéndolo solo para animarse antes de comenzar el corto viaje de regreso a donde esta el grupo. La sonrisa de Holly parece más dulce ahora, pero eso es solo porque ahora, es solo para Dean.
 
—Hey, baby. Ven aquí. Toby, mueve el culo —. Holly mira al chico que solo puede ser su hermano, empujándolo hasta que gime y deja su asiento junto a ella en el sofá. Dean sonríe, disculpándose con Toby, y se sienta al lado de Holly solo para tenerla en su regazo en el siguiente segundo. Él pone un brazo casual alrededor de su cadera, con la mano extendida sobre su muslo, decididamente desnudo. Ella sostiene el porro frente a su boca y él cierra los ojos inhalando lentamente, las pestañas aleteando mientras sostiene el humo y lo deja salir varios latidos después. Sus ojos se abren para encontrarse con Sam, y Sam está prendido en su mirada, su corazón late salvaje y nervioso.
 
—Siéntate, Sammy. No te van a comer. Hol, dale una calada a Sam.
—No, no Dean, yo soy…
—Sam —. Está usado la voz de su padre, pero en una versión perezosa, y Sam se arrodilla de inmediato. Ocupando un sitio junto al sofá, su hombro contra la pantorrilla de Dean. Mira a su hermano inseguro, pero la sonrisa de Dean es aprobatoria y feliz, por lo que Sam se relaja un poco.
—Toma.
 
Sam toma el porro de la pequeña mano de Holly y lo mira, sin saber muy bien como acercarse a él. Ha visto a Dean fumar un par de veces y hasta fumó un cigarrillo una vez, pero eso no es una preparación adecuada para fumar un canuto de manera experta en una habitación llena de porreros.
 
—¿Necesitas ayuda? —. La linda morena ha aparecido de repente frente a él, Lyla, y los ojos de Sam se ensanchan. Está a punto de negarlo, de intentar resolverlo solo, pero Dean, como siempre, mete baza.
—Le encantaría. ¿No es así, chico? Lyla es una mujer sabia, escúchala —. Sam puede ver la sonrisa de gato de Cheshire de Dean por el rabillo del ojo, puede ver sus dedos arrastrándose por el muslo de Holly y desaparecer un poco por debajo de su falda. Se vuelve a centrar en Lyla; realmente la mira y se da cuenta de lo jodidamente bonita que es, sin una pizca de maquillaje, pestañas oscuras como la tinta y un cabello liso y oscuro. Su corazón se acelera un poco mientras se encoge con una sonrisa tímida.
 
—Ven aquí —. Su voz es suave, dulce, y Sam se siente un poco mas tranquilo solo con escucharla. Se sienta junto a él y le quita el porro, saca un encendedor de la nada y vuelve a prender el extremo que se había apagado. —Solo coge la punta entre tus labios e inhala profundamente. Tan profundo como puedas. Asegúrate de que llegue a tus pulmones y que no se quede solo en tu boca, ¿sabes? Así… —. Le hace una demostración, los labios de un color rosa pétalo profundo apenas apretando la punta y haciendo exactamente lo que dijo, y lo sostiene en sus pulmones justo como había hecho Dean, dejándolo salir con una bonita mueca después de varios largos latidos. La sonrisa que le ofrece es grande y feliz. —Inténtalo.
 
Siente a Dean moverse a su lado y todo de repente se siente íntimo, cercano, secreto. Lo emociona y lo aterroriza profundamente. Sigue sus órdenes al pie de la letra, con cuidado de no empapar la punta con su saliva e inhala una gran bocanada de humo, sosteniéndolo todo lo que puede, pero tose un poco cuando exhala y se sonroja cuando oye reír afablemente a los demás.
 
—Ahí está —. La mano de Dean está en su cabello y sus ojos se cierran por un segundo, solo un largo parpadeo y dentro de ese segundo encuentra el nirvana. Sus ojos se abren y la mano de Dean se va. Lyla los está mirando y toma otra calada, no queriendo que lo dejen atrás, sosteniendo su mirada cuando exhala. El olor de la hierba es tan extraño, espeso, terroso y almibarado, también dulce, es todo al mismo tiempo. Está sobre él, en toda la habitación, en el mundo, hasta donde es consciente. Se da cuenta de que, casi de forma impactante, y le esta haciendo efecto.
 
—Whoa —exhala Sam, lo suficientemente alto para ser escuchado por encima de Jim Morrison. Y hay más risas, solo que esta vez, se ríe junto con ellas. Oye otro encendedor y huele otra bocanada de marihuana a su lado y echa un vistazo, justo para ver que Dean a encendido un canuto nuevo. Sam lo mira inhalara, lo mira igual de descaradamente que Holly, solo que Holly se está retorciendo en su regazo, una de sus manos debajo de su camisa, frotando su estómago. Sam siente algo sombrío cavando dentro de su intestino, algo doloroso y agudo, y aparta la vista para centrar su atención en Lyla otra vez.
 
—Probemos algo —sugiere mientras se mueve más cerca de Sam. Ella toma otra calada antes de que Eddie o Toby le quiten el porro y él realmente no sabe como pasa, todo lo que sabe es que ella está muy cerca y que luego su boca está sobre la de él, y ella está lamiendo sus labios y él abre su boca porque sabe que es lo que ella quiere que haga, y de repente hay humo llenando su boca. Da miedo al principio, la falta de control e inhalar algo de alguien además del dióxido de carbono, pero lo hace, lo empuja a sus pulmones y luego lo exhala en su boca, emocionado más allá de toda razón por su pequeño gemido complacido y la forma que con eso, empieza a besarlo. Él le devuelve el beso, un poco inexperto, pero ha mirado la boca de Dean el tiempo suficiente como para casi ser un experto; y casi salta hasta el techo cuando siente los dedos de Dean jugueteando en su nuca, los callos contra la piel demasiado sensible. La piel de gallina vuela por todo su cuerpo y hace todo lo posible por empujar nuevamente hacia esa mano y hacia la boca de Lyla.
 
—Buen chico, Sammy —. La voz de Dean es suave y sus uñas están arañando el cuero cabelludo de Sam que, de repente, se siente muy duro en sus jeans, y Lyla se está acercando cada vez más. Termina el beso tan rápido como un niño de trece años, sonriéndole con la cara sonrojada mientras ella solo se ríe, inclinándose para darle un último beso antes de levantarse de nuevo, desapareciendo su vista. Se recuesta contra el brazo del sofá, los dedos de Dean se han ido, pero el fantasma de ellos sigue allí y siente como un algodón suave y meloso detrás de sus ojos, y la habitación girando interminablemente. Cuando siente el canuto apretado contra sus labios otra vez, simplemente inhala.
 
Se enciende un tercer peta y Dean ha perdido la cuenta de cuántas caladas habrá dado, pero se siente malditamente bien, todo relajado y feliz, besándose con Holly en el sofá, con la camiseta levantada, las copas del sostén hacia abajo para que él pueda frotar sus pezones mientras ella chupa su lengua. The Doors se pavonea desde los altavoces, “Five to One” sonando ahora, y Eddie está desmayado en el puf marrón y Toby y Lyla y Sam están bailando juntos y solos al mismo tiempo y hace calor, hace mucho calor.
 
Toby y Lyla se están rozando cuando el ritmo de la canción aumenta y Sam está solo, tan atontado que no le importa quien lo esté mirando, no le importa si su camiseta demasiado pequeña se le está subiendo mientras balancea sus brazos sobre la cabeza, sus jóvenes y esqueléticos huesos de su cadera mostrándose sobre sus holgados jeans, justo por encima de la banda elástica de sus calzoncillos de Wal-Mart. Es delgado y fuerte, y de alguna manera, es muy sexy la forma en que se retuerce y se da la vuelta, tan perdido en el ritmo y en su propia cabeza, con los ojos cerrados y una sonrisa soñadora en la cara.
 
Dean lo mira con los ojos entrecerrados mientras besa el pecho de Holly, tirando de su camisa sobre su cabeza y haciendo un trabajo criminalmente rápido con su sujetador, sus tetas libres, firmes y llenas en sus palmas, en su boca. Chupa un pezón con su boca mientras observa las caderas de Sam, los músculos de su joven espalda. Gimió cuando Holly le abrió los vaqueros y sacó su pene, goteando por la punta, recogiendo esa humedad y extendiéndola por el resto de su longitud para luego empezar a acariciarlo, agarrándolo con firmeza, girando sobre la cabeza, perfecto.
 
La mueve hasta sentarla a horcajadas sobre una de sus piernas y la guía para que su coño mojado se frote contra su muslo. Ella lo hace, emitiendo los más jodidos sonidos mientras él mordisquea su pezón en carne viva. Sus dedos presionan contra sus bolas y él jadea, silbando entre sus dientes. —Joder.
 
Los ojos de Dean se cierran mientras empuja contra ella, contra su mano, mientras sostiene sus caderas para follarla con su muslo. Holly está empapada, puede sentir la humedad en su muslo incluso a través de sus bragas y sus jeans. El sofá se hunde a su derecha y Dean puede olerlo, el sudor adolescente, la marihuana y su detergente barato. Sammy.
 
Abre los ojos tanto como puede y su cabeza se tranquiliza, los labios hinchados de succionar tetas, se gira y se encuentra con los ojos de Sam, que está acurrucado de lado, con la cara y el cabello sudorosos, los hoyuelos manchados, los ojos enrojecidos y llorosos, y se está lamiendo los labios.
 
—Dean… —dice en voz baja. Y luego, la boca de Holly está inesperadamente en su polla y Dean casi se desmaya. Sam rompe el contacto visual para mirar a Holly, viéndola chupar la polla de Dean sin pestañear. El disco ha terminado y ahora la sala está silenciosa a excepción de los sonidos húmedos de una polla siendo chupada. La lengua de Holly lamiendo plana y dulcemente en la parte inferior de la polla de Dean. Sam deja escapar un pequeño ruido petulante y se mueve aún más cerca, su rostro se hunde en el cuello de Dean, su aliento abrasador contra la piel ardiente de su hermano.
 
—Oh, Jesús —gruñe Dean, su voz rota, la cabeza dándole vueltas. Holly lo toma hasta su garganta y las caderas de Dean caen del sofá, y su brazo se extiende por puro instinto, envolviendo los hombros de Sam y acercándolo, cerca, más cerca. Sam inhala contra su cuello, un sonido que suena a saboreo, y Dean siente su boca moviéndose allí, la mancha caliente de su lengua y solo tiene tiempo de mover sus manos, deslizar una en el cabello de Sam y agarrarlo fuerte mientras hace lo mismo con Holly, empujándola hacia abajo sobre su polla mientras embiste, solo dos empujones superficiales y luego está explotando, jodidos fuegos artificiales en un sótano obsoleto en el norte de Indiana. Logra articular un suspiro, un susurro, un “lo siento” por nadie en particular y luego sale.
 
Sam se queda donde está, recostado contra su ardiente hermano, observando inmóvil a Holly, la ve mimando la polla de Dean hasta que está suave, hasta que está limpia de todo, hasta que está gastada, y solo entonces, ella la acomoda de nuevo en sus jeans, dejándolos desabrochados y sus ojos verdes se posan en Sam, súbita y verdaderamente consciente de su presencia. Él la mira desde debajo de sus pestañas, a salvo contra el cuerpo de Dean y ella se levanta un poco, lo suficiente para atrapar la boca de Sam, caliente e inesperada y el sabor de la reciente corrida se dispara a través de todos sus sentidos. Ella le da un sorbo gordo de lo que sea que tenga en su boca, lo que sea que tenga allí de Dean junto a su saliva, y eso debería ser absolutamente repugnante, pero Sam está alucinado con eso, es más consciente de todo el jodido universo de lo que lo ha sido en toda su vida, y todo se debe a que ahora sabe exactamente a que sabe Dean. Se traga su regalo y ella se retira, sus labios ya sin rastro del rojo labial, y le dedica una sonrisa pequeña, secreta.
 
Holly se desliza hacia el otro lado de la habitación para cambiar el disco y Sam se queda con Dean, con su sabor en la boca y perdido en su mundo, ya permanentemente alterado.
 
******
 
Sam sabe, antes de ni siquiera saber su nombre, que ella está fuera de su alcance. Está definitivamente en una liga menor, si acaso en algún equipo universitario. Ella ha ganado la puta Serie Mundial dos veces seguidas con el mejor equipo de la historia.
 
Y su nombre es Sunny.
 
Sunny.
 
Su cabello es de color dorado oscuro y cae en cascada con cientos de rizos elásticos hasta la mitad de su espalda. Tiene los ojos de Dean, el color exacto y hasta esas pestañas largas de muñeca. Está salpicada de pecas que inundan esa cálida piel de caramelo, es larga y ágil, y usa pantalones cortos que se ganan a pulso su nombre, y tiene las mejores tetas de octavo grado, hasta el momento. Ella escucha 7 Year Bitch y Bikini Kill en el césped después de la escuela y usa botas de combate.
 
Sam se enamoró de ella cuando la vio darle una paliza a un jugador de fútbol que pensó que tenia derecho de tocarle el trasero en el pasillo.
 
El octavo grado está dividido en dos pasillos diferentes, por lo que nunca la ve, excepto durante el almuerzo. Ella tiene un grupo de amigos, compuesto principalmente de chicas y también algunos chicos que usan mucho negro.
 
Sam se siente intimidado por ella.
 
Se sienta con algunos chicos que ha conocido, una especie de amigos, y solo la mira durante el almuerzo. Solo come su grasienta pizza y se la queda mirando.
 
Lleva tres días haciendo esto cuando ella mira hacia arriba y le atrapa con los ojos puestos en ella. Él mira hacia abajo de inmediato, su corazón golpeando en sus oídos, y de repente, está más interesado en la sórdida historia que uno de los chicos está contando sobre lo caliente que es su tía, más interesado de lo que nunca haya estado. Ve una sombra caer sobre su mesa y huele una especie de perfume dulce, y lo sabe. Oh Dios. Ella va a patearlo. Morirá bajo un par de Doc Martens púrpuras.
 
—Oye, tú.
 
Los chicos caen de inmediato en un silencio sepulcral, y Sam deja que sus ojos se cierren por solo un segundo para prepararse contra cualquier humillación que esté a punto de experimentar. Abre los ojos y mira hacia arriba y allí está ella, aún más hermosa y aterradora de cerca. Solo puede tragar saliva.
 
Ella levanta sus cejas, se cruza de brazo y ese gesto empuja sus tetas hacia arriba y, oh.
 
Sam se mueve en su asiento.
 
—¿Hay algún problema? —. Se podría decir que su voz es incluso fuerte, ligera pero poderosa.
 
Unos dedos chasquean frente a su cara y parpadea un par de veces antes de volver a enfocarse. Sus mejillas se tiñen de rosa y él evita mirarla mientras hunde sus hombros.
 
—N…no. No, lo siento.
—¿Por qué lo sientes? — Su tono es ilegible, y entonces Sam tiene que mirarla de nuevo, maldita sea. Su rostro se ha suavizado un poco y Sam siente el alivio que eso le brinda.
—Por…, por mirarte así. No fue intencionado. Lo siento.
—¿Por qué me estabas mirando?
 
Sam es consciente del silencio que reina ahora en la cafetería. No es que esté completamente tranquila, pero hay un silencio importante, al menos en su rincón del mundo. Un par de chicos están apiñados y super interesados en lo que sea que esté sucediendo en una Gameboy. Está bien. Puede aceptar esto con dignidad. Puede ser pisoteado por una chica, levantarse e ir a la enfermería y tal vez lloriquear un poco para que le den permiso para poder irse a casa temprano y morir en la paz y la tranquilidad de la habitación que comparte con Dean. Está totalmente bien. Es un Winchester. Sufrir silenciosamente es lo suyo.
 
—Porque…, eres la chica más linda que he visto. Y Cody Trammell apenas puede caminar desde que lo pateaste, y me gustan tus botas.
 
No tiene ni idea de como acaba de decir toda esa mierda, cada jodida palabra. Es todo cierto, por supuesto, pero… ¡cállate, Winchester! Simplemente, está aliviado de no haber dicho accidentalmente “tetas” en lugar de “botas”.
 
Ella está absolutamente en silencio y Sam se estremece y se atreve a mirarla de nuevo, esperando ver la parte inferior de dicha bota bajando sobre su cara. Lo que encuentra en su lugar, es el rosado más bonito que se extiende debajo de las docenas de pecas en sus mejillas y una sonrisa que hace todo lo posible por esconderse en su boca. Se siente confundido e incluso, de alguna manera, más asustado.
 
—Ven a buscarme después de la escuela. Podemos ir al parque y pasar el rato. Estaré en la entrada lateral, al lado de la sala del coro.
 
Sam solo puede abrir y cerrar la boca, de una manera totalmente inocente y cálida, con el corazón ahora en la garganta y sin saber que decirle, hasta que ella le da una autentica sonrisa y luego se da la vuelta para marcharse. Se pone de pie, su bandeja del almuerzo chochando contra la mesa de fórmica.
 
—¡Espera! Soy…, Soy Sam. Sam Winchester.
 
Ella se detiene y se vuelve para mirarlo, sonriendo con la boca abierta. Lo hace una vez más y eso le hace sonrojarse de pies a cabeza.
 
—Se quien eres, Sam Winchester. Soy Sunny Rogers.
 
No le lleva mucho tiempo a la cafetería el volver a su caos habitual. Sunny regresa con sus amigas, riendo y sonriendo, sus ojos se encuentran con los de Sam de vez en cuando y Sam, eufórico más allá de lo que nunca pudiera imaginar, solo puede sonreír.
 
—Al fin.
 
La cabeza de Sam se mueve bruscamente hacia la izquierda cuando escucha la palabra y allí está ella, deslizándose del banco y poniéndose de pie. Sunny es un poco más alta que él y se obliga a ponerse derecho con las manos metidas obstinadamente en los bolsillos de su sudadera con capucha.
 
—Oye, lo siento. Estaba tratando de obtener un crédito extra en Álgebra.
—¿Por qué necesitas ese crédito extra? —. Ahora ella está a su lado, con los dedos atrapados en las correas de su mochila, cubiertas de palabras escritas en blanco y con un loco montón de llaveros colgando de los cierres de la cremallera. Ella lleva una camiseta publicitaria de un grupo del que nunca ha oído hablar y que parece que ha sido destrozada por un gato enorme. Puede ver una camiseta sin mangas, gris oscuro, debajo de algunos de los desgarros del algodón desgastado y eso hace que su ritmo cardiaco se acelere. Se da cuenta de que ha estado callado durante demasiado tiempo otra vez y levanta la vista para mirarla a los ojos, avergonzado por su sonrisa de complicidad.
 
—Yo, eh… Yo no.., supongo que… Solo quiero asegurarme de mantener una buena nota.
—Mmm —. Sunny acepta su respuesta y no se burla de él, ni discute. Ella simplemente golpea su hombro con el suyo y comienzan a caminar, así como así. Como si solo fuera otro día normal, como si esto fuera algo totalmente normal entre ellos. Sam apenas puede sentir sus piernas.
 
—¿Bugles o Doritos?
 
Sunny está sosteniendo dos bolsas, su mirada es tan intensa que Sam toma esto como una pregunta importante, una pregunta de vida o muerte. Se balancea de un pie a otro en el pasillo de los aperitivos de la estación de servicio, justo al otro lado de la escuela. Responde con precaución.
 
—… ¿Bugles?
 
Sunny lo mira y Sam suelta una carcajada, aliviado. Ella devuelve los Doritos al estante y le entrega la bolsa ganadora a Sam.
 
—Puedes hacer uñas de bruja con los Bugles. Es algo muy importante —. Ella asiente sabiamente y Sam muerde el interior de su mejilla para evitar decirle que la última bruja que vio era una ama de casa con una aburrida manicura francesa.
 
—Vaya, vaya, mira quien está comprando comida basura. Aquí no hay manzanas, Sammy.
 
Antes de poder darse la vuelta, Sam siente el brazo de Dean sobre sus hombros, siente su calor justo contra él y se congela, con los ojos abiertos como platos. Parpadea hacia Sunny que está mirando a Dean, realmente mirando a Dean, viendo lo hermoso que es y seguramente ahora, en pleno proceso de enamoramiento.
 
Sam conoce cada paso de ese camino, de como enamorarse de Dean.
 
—Hey, Dean —murmura, empujándose más cerca cuando Dean aprieta su brazo alrededor de él. Mira hacia él y ve la estúpida y perfecta nariz de Dean, y su estúpida, estúpida jodida boca que se curva en una sonrisa, y esos ojos que odia tanto mirando a Sunny. Más bien, mirando a Sunny, con esa forma con la que Dean mira a las chicas calientes. La forma en que Dean nunca mira a Sam.
 
—¿Quién es tu novia? —. La voz de Dean es más profunda, casi ronroneando. Sunny enrojece bajo la atención de Dean Jodido Winchester, llegando al punto de agachar la cabeza y torcer los dedos de los pies hacia dentro, mirando a Dean desde debajo de sus pestañas. Sam odia su vida.
 
—Soy Sunny. ¿Quién eres tú?
 
—Oh, estoy herido. ¿Sammy no te ha hablado de mí? —. Dean quita su brazo de encima de Sam, que casi cae cuando pierde la calidez de Dean, que ahora tira de su manga para enfrentarlo, sus ojos brillando llenos de malicia y orgullo. —¿Qué pasa? ¿Estás avergonzado de mí, chico?
 
—N..no. No, yo solo… —. Sam está mirando al suelo, tan abajo que jura que puede ver debajo de sus propios zapatos.
 
—Soy su hermano. Su hermano de diecisiete años. Dean. Hola. —. Le ofrece su mano y la acerca un poco más mientras la sacude, su sonrisa es absolutamente felina. Sam se lo imagina, repentina y espontáneamente, su hermano/vida y su enamorada/potencial novia, liándose el uno con la otra e ignorando por completo a Sam; simplemente caminando juntos, con los brazos enlazados, teniendo bonitos bebes rubios y con pecas, con amor por el rock and roll y por las botas, y que patearan culos sin complejos.
 
Ignorando el hecho de que Sunny tiene solo trece años y que ni siquiera Dean se rebajaría tano. Lo cual duele, porque tiene trece años y…
 
—… hace eso todo el tiempo. Lo juro. Holaaaa. Tierra llamando a Sammy, repito, Tierra llamando a Sammy —. Los gruesos dedos de Dean chasquean frente a su cara y parpadea, regresando al aquí y el ahora, donde Sunny y Dean lo miran con sonrisas molestamente similares.
 
—Lo siento. Lo siento. No dormí mucho anoche. Supongo que estoy cansado —. Es una mentira en su mayor parte, pero se le cae de la lengua con bastante facilidad. Sunny se desinfla visiblemente mientras tanta de mantener la sonrisa en su lugar.
 
—Oh…, bueno. ¿Podemos quedar en otro momento, si quieres?
—¡No, yo! Estoy… Estaré bien, lo prometo. Yo solo…
 
—Simplemente tiene que comer algo y estará como nuevo, ¿verdad? —. Dean interviene como siempre, pero esta vez, es realmente útil. Le da a Sam una sonrisa seria, la máscara cayendo y Sam puede ver a su hermano allí, debajo de todo.
 
—Sí. Voy a coger uno de esos burritos de microondas y estaré bien —. Sam señala hacia el frente de la tienda y se encuentra con los ojos de Sunny, y trata de convencerla de que esta diciendo la verdad. —Lo prometo.
 
—Oh, amigo, no la hagas quedarse atrapada contigo después de haber comido uno de esos burritos. No sería muy romántico, Sammy.
 
Los ojos de Sam están abiertos como platos cuando mira a Dean, con una expresión horrorizada en su rostro.
 
—¡Dean!
 
Dean lo mira, dándole una fuerte palmada en la espalda. —Ok, mi trabajo aquí ya está hecho. Voy a estar con Holly hasta tarde, ¿vale? No me esperes —. Mueve las cejas apreciativamente y Sam no puede evitar el dolor sordo que siente acurrucándose en su pecho. Le devuelve a Dean una leve sonrisa antes de apartar la mirada de él.
 
—Está bien.
 
—Fue un placer conocerte, Sunny —. Sam puede “oír” los ojos de Dean recorriendo el cuerpo de Sunny una y otra vez, y la risa halagada de Sunny que casi hace que Sam se lance. Dean está a medio camino de la puerta cuando se gira hacia ellos, chasqueado los dedos como si acabara de recordar algo.
 
—Oigan, ustedes dos. Hol y yo íbamos a pedir una pizza y ver The Shining en casa mañana por la noche. Va a ser divertido. ¿Queréis venir?
 
—Jesús, Dean —murmura Sam en voz baja, sinceramente con ganas de que la tierra se lo trague.
 
Como no, Dean ha conseguido pedirle una cita a la novia de Sam antes que él. Y, por supuesto, la primera cita real de Sam será gracias a su hermano y con su hermano. Y también con la sexualmente activa, novia de su hermano. Solo pensar en Holly le trae a la mente el sabor exacto de Dean en su lengua, y la cara de Dean cuando disparaba su carga en la jodidamente caliente Holly.
 
—Oh.
 
Parpadea.
 
Ambos lo están mirando de nuevo y Sam casi puede disimular esta vez, solo a medias porque su polla se está endureciendo en sus jeans.
 
—Entonces, ¿qué piensas, Sam? Parece que suena divertido —. El tono de Sunny hace obvio que esta no es la primera vez que le pregunta en el lapso te tiempo desde que Dean hizo la propuesta.
 
Los ojos de Sam están puestos en Dean, buscando el motivo o la trampa. Todo lo que ve es interés, una combatividad que Sam, sinceramente, quiere lamer de su boca, pero es una propuesta lo suficientemente inocente. Mira a Sunny entonces, haciendo su mejor esfuerzo para parecerse a un chico norma que no se esfuerza por prestar toda su atención a una hermosa chica y a su hermano, cuya propia existencia devasta por completo el sentido común de Sam.
 
—Por supuesto. Suena impresionante.
 
La sonrisa de Dean hace que toda la jodida estación de servicio parezca más brillante y Sam se encuentra queriendo suplicarle a Dean que no se vaya.
 
—Impresionante —dice Dean haciéndose eco de sus propias palabras y dándole a Sam un guiño, de los que hacen que las bragas se caigan, antes de levantar la cabeza en un gesto de despedida y marcharse, tirando con fuerza de la cuerda invisible que le une a Sam.
 
Mira a Sunny por el rabillo del ojo mientras agarra una bolsa de Combos con sabor a pizza y, de repente, se pregunta que demonios está haciendo, por que alguna vez pensó que quería salir con esta chica, por que alguna vez intentó fingir que había alguien más.
 
—¿Vas a buscar tu burrito? Iré a coger unas bebidas y nos encontramos en la caja, ¿de acuerdo?
 
Sunny es preciosa. Podía patearle el culo y sus tetas eran realmente agradables, y no había corrido detrás de Dean cuando se fue. La sonrisa que Sam le da cuando la enfrenta es auténtica, aunque no llena. —Por supuesto.
 
Terminan justo al lado del arroyo que atraviesa el parque. Sunny está descalza y los pies hundidos en la pequeña corriente de agua que se desliza sobre el bonito dorado de su piel. Sam está haciendo pequeñas estrellas de origami con el papel de un cuaderno, colocándolas en una pequeña pila sobre una roca junto a su pie. Ahora están callados, después de haber comido, después de la pequeña charla que tuvieron en el camino hasta aquí, y sus estados de ánimo se tranquilizaron mutuamente. Es un silencio pacífico, reflexivo, calmado de una manera que Sam nunca, nunca antes, había sentido con una chica.
 
—Entonces, eres nuevo aquí, ¿eh?
 
Sam levanta la vista y ve que ella no lo está mirando, que no está mirando nada. Sus ojos están cerrados y su rostro está inclinado para recibir el calor del sol de la tarde. Sam, agradece de repente a sus padres por ponerle un nombre tan apropiado.
 
—Sí. Acabo de mudarme aquí, hace aproximadamente un mes.
 
Ella da un zumbido de reconocimiento y se calla nuevamente por un momento.
 
—¿Desde dónde te mudaste?
 
Sam tiene que pensarse realmente la respuesta. ¿Dónde estaban la última vez? Arriba, en Minnesota, rastreando un Wendigo. Sí.
 
—Ely, Minnesota. Cerca de la frontera con Canadá.
—Oh —. Ella lo mira, sus cejas levantadas con sorpresa. —La familia de mi madre es de Duluth. No tienes acento de Minnesota en absoluto.
—Oh, no soy de Minnesota —responde rápidamente con una sonrisa mientras aprieta los lados del pequeño hexágono de papel en su mano, manipulándolo suavemente hasta que se hincha formando una pequeña estrella. Lo agrega a la pila.
 
—¿De dónde eres entonces?
 
Sam odia esa pregunta. Mucho. Tiene que responderla cada vez que muda, a donde quiera que vaya. Él es de ningún sitio y a la vez de todas partes. Él no es nadie, así que no hay una buena respuesta para esto. Excepto la más fácil, la más dolorosa.
 
—Kansas.
 
Sunny sonríe con eso, obviamente aprobándolo. —Un chico del medo oeste. Encantador.
 
Sam niega con la cabeza, una pequeña sonrisa en sus labios mientras se encoge de hombros. Comienza a doblar cuidadosamente otra tira de papel. —Yeah, supongo. Sin embargo, he pasado la mayor parte de mi vida moviéndome.
 
Siente que ella lo mira y luego se tensa un poco bajo el escrutinio. Se pregunta donde estará Dean, que estará haciendo.
 
—¿Por qué?
 
Otra pregunta que odia mucho.
 
—Por el trabajo de mi padre. Siempre nos tiene en el camino.
—¿A qué se dedica?
—Ventas.
 
Sunny, al parecer, es muy intuitiva, porque no lo presiona, no pide que desarrolle un poco más esas respuestas raquíticas. Solo asiente y cierra los ojos otra vez, moviéndose ahora hasta recostarse en la hierba, con los pies quietos dentro del agua. Hace mucho tiempo que se quitó su sobre camisa, dejándola en la parte superior del tanque. Sam puede ver el abultamiento de sus pechos prominentes ahora que está acostada. La mira intensamente, preguntándose como se sentirán, si son tan suaves como parecen, como encajarían en sus manos. Si sus pezones son del mismo color que su boca rosa oscura. Ella suspira y Sam casi lloriquea por la forma en que haca que sus pechos suban y bajen drásticamente.
 
—Entonces, has viajado por todas partes, ¿eh? —. Su tono es diferente, más suave, menos cauteloso. Anhelante. Eso es lo que es.
—Sí —. Sam es lo opuesto, es melancólico. Sin alas*. ¿Es eso una palabra? Debería serlo. —Bastante.
*En el original “Wistless”, por eso lo cuenta como una sola palabra.
 
—¿En cuántos estados has estado?
—¿En todos? En la mayoría. Como el Capitán Planeta, ya sabes. De Alaska a Hawai, supongo —. Otra estrella se añade a la pila.
—Quiero ir a todos lados… —. Suena feroz, ahora, apasionada. Con la mano apoyada en su estómago y Sam solo la mira, la escucha hablar. —Quiero salir de esta jodida ciudad. Solo irme. Ahora mismo. Irme y no decirle ni una mierda a nadie. Solo irme y nunca volver.
 
Sam reflexiona sobre eso, simplemente enrollando una de las tiras de papel alrededor de su dedo hasta que se convierte en una espiral apretada. —¿Eres de aquí?
 
—Sí —. Se ríe, solo un leve aliento escapando por su nariz y no es nada divertido. —Sí, nacida y criada aquí. Lo más lejos que he estado ha sido en Pittsburgh. Nunca he estado en Florida. Nunca he visto el océano. ¿Puedes creerlo? He estado viva por casi catorce años. Catorce años y nunca he visto el maldito océano.
 
Sus ojos están abiertos y se encuentran con los suyos, y él, le regala una sonrisa.
 
—Simplemente es un montón de agua —dice.
—Cállate —. Se ríe, volteándose para recostarse boca abajo y levantando las piernas del agua, dejando que sus pies se enreden donde las balancea en el aire, sin importarle el agua que cae a través de sus dedos húmedos sobre su espalda. —Lo digo en serio. Es decir, solo piénsalo. Has visto todos los estados, has estado en todas partes y tenemos la misma edad. Yo he vivido aquí desde que nací. Todos me conocen. ¡Todos! No puedo ir a la tienda de comestibles sin toparme con alguien. No puedo escabullirme porque mi madre puede enterarse de todo, porque todos conocen mi aspecto. ¿Sabes cuantas veces he estado aquí, aquí mismo? ¿Poniendo mis pies en esa agua?
 
Sam traga saliva. Todo lo que ella dijo, todo eso, eso es todo lo que siempre quiso. Es lo que le ha parecido el cielo desde que tuvo la edad suficiente para darse cuenta de que nadie más creció en el asiento trasero de un Chevy.
 
—Te irás algún día —dice en voz baja. Sam abandona el trozo de papel y comienza a alinear las estrellas que ha hecho, dejando que la punta de una toque la siguiente y la siguiente y la siguiente. —Te irás y todo lo que recuerdes sobre esto te parecerá un sueño. La añoranza te comerá por dentro, solo querrás verlo una vez más. Y cuando ya no estés aquí, te parecerá que era perfecto. Y cuando vuelvas a verlo, solo querrás llora o algo así porque es más perfecto de lo que recordabas. Estarás en casa y ningún otro lugar podrá reemplazar eso.
 
Ella lo mira sin decir una palabra. Se siente como un idiota, pero tiene demasiado miedo, es demasiado terco para mirar hacia arriba, para hacer una broma y romper la tensión, como haría Dean. Pone las estrellas en un círculo, con una en el centro, y cuando finalmente levanta la visa, ella está allí a su lado, oliendo a luz del sol y a patatas fritas.
 
—No tienes ningún lugar donde te sientas así. ¿O sí?
 
Se lame los labios y mira un pequeño grupo de pecas sobre su hombro izquierdo que se parece a Casiopea. Un lugar, no. Ni siquiera Lawrence, aunque todavía lo llama casa, a pesar de que no sabe como es, ni una sola casa o calle. Pero una persona, sí. Mil veces sí. Es como se siente todos los días cuando Dean lo deja en la escuela, como se siente cada vez que Dean está a más de una delgada pared de distancia. Pero ese es su secreto, y ni todas las chicas bonitas del mundo, pueden obligarlo a renunciar a él.
 
Finalmente, vuelve a mirarla a los ojos y sacude la cabeza como respuesta. Y sabe, sin lugar a duda, que ella quiere que la bese. Bajó las pestañas y miró fijamente su boca de flores rosadas, y se deslizó hacia su derecha, justo como Dean le enseño a hacerlo sin siquiera darse cuenta. Cuando su lengua toca la suya, se obliga a sacar de su cabeza todo pensamiento sobre Dean, y se concentra en derretirse en esa chica, una lamida de su lengua cada vez.
 
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saphi.rott
Woman In White
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 15 2018, 10:27 AM #14

 
—Sammy, ¿vas a dejar de acicalarte de una vez y a hacer el favor de apurarte? Las chicas llegarán en cualquier momento y siento decirlo, amigo. Lo tuyo no tiene arreglo. Simplemente no vas a conseguir nada.
 
Sam salta al oír el puñetazo de Dean, golpeando la puerta del baño, y frunce el ceño con lo que le dice.
 
—¡No me estoy acicalando! Me estoy poniendo un poco de desodorante y saldré enseguida. Por Dios, solo dame un maldito minuto, ¿de acuerdo?
 
La verdad es que Sam está sosteniendo la navaja de afeitar de Dean y está contemplando la idea de llevársela a la cara; excepto que ha estado mirando al espejo por mas de cinco minutos y todavía no ha visto un pelo lo suficientemente largo como para afeitarse. Suspira y arroja la maquinilla al lavabo, mirando su reflejo en el espejo con ojos críticos.
 
Hablando de eso, odia sus ojos. Nunca saben de que color quieren ser y tienen una forma extraña. Como, realmente raros. Y sus mejillas son demasiad gordas y su boca no está muy llena, o al menos no tan llena como la de Dean. (Nadie, ni siquiera las chicas más preciosas que Dean haya podido traer, jamás han tenido una boca como la de Dean. Nunca.) Su pelo está despuntado en el lado que había amanecido esa mañana pegado a la almohada, por lo que deja correr un poco de agua, palmeando con sus dedos húmedos por la parte superior de su cabeza, sin lograr realmente gran cosa, pero haciendo que su cabello se moje y pese, manteniéndose en su lugar.
 
Gime y se golpea un par de veces más antes de darse por vencido. Abre el destartalado botiquín y saca la pequeña botella de colonia de Dean. Se queda muy quieto, escuchando los sonidos de Dean moviéndose en el salón antes de rociarse tan suavemente como puede con la colonia, justo en su cuello como le ha visto hacer a Dean. Lo tapa rápidamente y lo devuelve a su lugar, para luego, estudiarse en el espejo otra vez. Todavía se ve igual. Sin embargo, huele bien.
 
—Sammy, hombre. ¿Te estás masturbando? En serio, porque…
 
—¡Dean! — La voz de Sam es un chillido agudo y está rojo como un tomate cuando abre la puerta y mira a su hermano que está apoyado contra el marco de la puerta, el antebrazo apoyado en la madera, una sonrisa en la cara. Estúpido.
 
—Lo estabas, ¿verdad?
—No. No, no lo estaba. Solo me veo como una mierda y mi pelo es todo estúpido y no tengo una camisa limpia, y…
—Hey, hey, hey, espera. Espera, mírame.
 
Sam se detiene, allí donde estaba comenzando una tormenta perfecta, y se da la vuelta para mirar a Dean, con los ojos fijos en el amuleto apoyado en su pecho y no en su rostro. Dean suelta una pequeña bocanada de aire y Sam puede sentirlo revolotear en su cabello.
 
—Sammy —. Es un tono paciente y comprensivo. Es el perfecto para hacer que los ojos de Sam se crucen con los de Dean, que son de color verde, verde verde y todo lo que recibe es más verde. Evita sus ojos casi de inmediato, sintiéndose ridículamente inferior.
 
—Amigo, te ves bien. Y tu cabello es… —. Sam mira a Dean justo a tiempo para ver pasar la expresión más dulce por su rostro, para verle levantar una mano y deslizar sus dedos por el cabello de Sam, tratando de domarlo. Él ríe, es suave e inofensivo. —No vale con mojarlos solo por una parte, idiota.
 
Sam sonríe, agachando la cabeza y dejando que Dean trabaje. Se acerca un poco más para disfrutar de él el mayor tiempo posible, para animar a Dean a seguir haciendo lo que está haciendo.
 
—Toda mi ropa está sucia. No he lavado nada esta semana y…
—Puse una lavadora tuya anoche. Revisa tus cajones. Vamos —. La mano de Dean deja su pelo y Sam casi suspira, pero sigue a Dean obedientemente a su habitación como el cachorro que es. Dean abre el cajón superior de Sam y rebusca, sacando una camiseta blanca que es muy ajustada para Sam, especialmente desde que creció esa pulgada extra en el otoño pasado.
 
—Dean, no puedo usar esa camisa. Es muy estrecha para mí —. Se acerca a la cómoda y comienza a buscar en el cajón la vieja camisa Velvet Underground de su padre.
 
—Tío, es exactamente por eso que debes ponértela. ¿No sabes nada de chicas? Vamos, quítate esto —. Dean alcanza el dobladillo de la camisa de Sam y tira de él, haciendo que Sam se sonroje de inmediato. Se inclina para quitársela él mismo, sin ni siquiera dejarse entretener por el pensamiento de Dean quitándole la camisa.
 
Mira a su hermano, sintiéndose escuálido y como un niño a su lado, Dean, que está completamente desarrollado y sólidamente construido y simplemente, perfecto. Dean es jodidamente perfecto. Mira hacia abajo, a su propio pecho delgado y lo rodea con sus brazos para esconderlo de Dean. Su hermano resopla, sabiendo exactamente lo que está haciendo Sam, y le hace apartar las manos.
 
—No es nada que no haya visto antes. Vamos, arriba —. Hace un gesto con la cabeza y Sam levanta los brazos justo cuando Dean le mete la camiseta por la cabeza. Desliza sus brazos a través de los agujeros de las mangas y tira de la camiseta lo más que puede, pero aún deja una tira de piel destellando cada vez que se mueve, mostrando la parte superior de sus calzoncillos por encima de la cintura floja de sus pantalones vaqueros.
 
Levanta la vista, con la boca abierta para quejarse, pero los ojos de Dean están recorriendo su cuerpo, las manos amplias y cálidas mientras se deslizan sobre su pecho para alisar la camisa. A Sam solo se le ocurre que esto podría ser extraño, que la mayoría de los hermanos de su edad probablemente no se ayuden a vestirse. La idea hace que su corazón se voltee, le pone la piel de gallina en sus brazos y sus pezones se endurecen un poco, completamente visibles a través del algodón trágicamente delgado.
 
—Sí —. La voz de Dean retumba, sus ojos permanecieron en el pecho de Sam por una fracción de segundo más antes de encontrarse con los de Sam nuevamente, dándole un guiño perverso. —Te ves como uno de esos chicos en las revistas para chicas adolescentes. Te va a comer vivo.
 
—Eso es asqueroso —protesta Sam débilmente, alcanzando una vez más a arreglar su cabello. Está pillado con el hecho de que Dean piensa que se ve bien, en que sus ojos están puestos en él y solo en él y en que esto no va a durar mucho más esta noche. Tan pronto como Holly esté aquí, se acabará. Se encuentra con los ojos de Dean y sabe que él puede leerlo como un libro abierto, puede decir que Sam está agradecido por los elogios, que quiere más, que siempre quiere más de lo que Dean le da.
 
Dean inspira, inclinándose para oler el cuello de Sam, sus manos se posan en sus hombros. —Llevas mi colonia.
 
Sam cierra los ojos porque Dean lo está oliendo y su voz es tan baja, tan gruñona, que tiene que agarrarse al dobladillo de su camisa para evitar poner las manos en las caderas de Dean, para acercarlo más. —Huele bien. Las chicas aman esas cosas, hombre. Ella lo hará.
 
Dean da un paso atrás y le sonríe, dando una sacudida casi incrédula de su cabeza.
 
—¿Voy a tener que darte la charla sobre sexo? Bebés, condones, clítoris y…
—Oh Dios mío, Dean —. Sam se aparta entonces de él, todo su cuerpo se enrojece y prácticamente huye del sonido de la voz de Dean, de su alegre risa. Golpean la puerta antes de que Sam pueda decir o hacer nada, y casi se siente aliviado de que al menos una de las chicas esté aquí ahora. Seguramente Dean no hablará sobre sexo cuando estén aquí.
 
Dean corre desde detrás de Sam, directamente hacia la puerta, y Sam gime, saliendo demasiado tarde de sus pensamientos. Por favor, que no sea Sunny, por favor que no sea Sunny, por favor que no sea…
 
—¡Sunny! Oye. Vaya, luces magnífica. Maldita sea, chica —. El característico silbido de apreciación de Dean revolotea en los oídos de Sam y se precipita hacia la puerta, desesperado por salvar a Sunny, o a si mismo, no lo sabe. Se detiene de repente porque… Guau. Dean tiene toda la razón.
 
—…Hola —. Se para junto a su hermano, ambos observando el corte bajo de la modesta blusa de Sunny, sus pequeñas mangas y la interminable longitud de sus piernas vestidas con unos shorts tan obscenamente pequeños y apretados que parecía que no llevara nada sobre su piel. Ella encuentra nerviosamente los ojos de Sam, dándole una sonrisa que solo se ve interrumpida por algunas tímidas miradas a Dean.
 
Sam se echa hacia atrás y prácticamente tiene que empujar a Dean para apartarlo, haciendo un gesto para que Sunny entre. —Tú… Te ves realmente preciosa. Me alegro de que estés aquí.
 
Dean hace un falso sonido de amordazamiento y Sam le da un fuerte pisotón, callándolo, al menos, por un segundo.
 
Sunny levanta la mirada hacia Sam, que nota como esa intensidad provoca un temblor bajo sus pies. Ella se toma su tiempo para mirarlo, su grueso labio inferior atrapado entre sus dientes cuando cruzan de nuevo las miradas.
 
—Te ves bien, Sam. Me gusta —. Sunny se sonroja y Sam esta a punto de echarse a bailar. —Realmente bien, me gusta.
—Gracias.
 
Ambos miran a Dean al mismo tiempo y lo encuentran simplemente sonriéndoles, mirándolos sin vergüenza.
 
—Dean… —. Se queja Sam en voz baja, con un suave suspiro justo cuando Dean se acerca y lo envuelve con su brazo, sonriendo, con la boca presionando la oreja de Sam.
—Lo está pidiendo a gritos, Sammy. Quiere esas manos tuyas sobre ella.
 
Sam cierra los ojos, luchando con sus instintos para acercarse más a Dean, trepar a su cuerpo y escuchar esas palabras sucias susurradas contra su piel. Empuja a Dean, dándole un codazo no demasiado suave en las costillas. Dean se ríe y se aleja, a punto de decir algo que probablemente arruinará a Sam de por vida, pero hay unos nuevos golpes en la puerta, definitivamente, tiene que ser Holly esta vez.
 
Dean le lanza a Sam una mirada cargada y desconocida en el camino hacia la puerta, y Sam solo puede mirarlo, perdido y deseoso, sintiéndose absolutamente extraño en su propio cuerpo.
 
—Aquí está mi chica —. Dean prácticamente ronronea cuando Holly entra y no pierde el tiempo, solo deja caer su bolso y salta al cuerpo de Dean, sin sobresaltarse cuando este la empuja contra la puerta para cerrarla. Se pega a su boca, besando todo ese lápiz labial de color rojo cereza mientras extiende sus manos sobre su culo, pasándolas por debajo de su diminuta falda, lo cual, Sam y Sunny están mirando absortos, sin parpadear.
 
Dean empuja las caderas entre sus piernas y ella grita, con los brazos apretados alrededor de su cuello. —Fóllame, baby. Dios, ven y fóllame. Lo necesito.
 
—Dean —. La voz de Sam es tan suave que apenas la oye él mismo, pero está suplicando, suplicándole a Dean que por favor se detenga, o que nunca lo haga, que le muestre exactamente que tan profundo jode, que le quite las manos de encima a esa chica y solo… Solo…
 
Dean lo escucha, oh milagro de milagro. Lo escucha por encima del sonido de Holly jadeando contra su boca. Termina el beso, manteniendo su boca contra la de Holly, sus labios ya resbaladizos e hinchados. —Tenemos compañía, cariño. Esta noche somos nosotros y los niños.
 
Holly se apoya contra la pared, sin aliento y casi con cara de drogada, sus ojos aterrizan en Sam, que le ofrece una sonrisa débil, sin ni siquiera ser capaz de levantar la mano para saludar. Se siente enfermo; y joven; y como si cada simple cosa estuviera mal, aunque no fuera así realmente. Así es como se supone que son las cosas. Esto es lo que Dean merece, lo que Dean quiere. Y Sam puede estar bien con eso. Puede. De verdad.
 
—Hola Holly —. Obliga a su voz para que suene neutra, tan madura como pueda. Es totalmente normal ver a su hermano hacer eso. Pasa todo el tiempo. No hace que su corazón se escape por su garganta y lo prenda fuego. Nop.
 
—Sammy —. Se limpia la boca cuando Dean la devuelve al suelo. Ella es una cabeza más baja que Dean, realmente, es poquita cosa, lo cual es algo deseable en una chica, supone Sam. Ella se le acerca y se inclina para besar la comisura de su boca, una de sus pequeñas y suaves manos se cerraron alrededor de sus bíceps. —Te ves increíble.
 
—Esta es, uhm. Esta es Sunny. Ella es…, nosotros, uhm…
—Soy la novia de Sam. Hola —. La sonrisa de Sunny es brillante, dulce y sutilmente posesiva. Ofrece su mano a Holly, y Sam y Dean solo pueden mirarlas mientras toman sus manos y se saludan. Y santa mierda. Puta, santa mierda.
 
Sam tiene una novia.
 
—Jesucristo, Sam —. Holly aparta los ojos de Sunny y mira directamente a Sam, levantando las cejas. —Lo siento, pero… —. Mira hacia Sunny como si no pudiera evitarlo. —Chica, eres la cosa más hermosa que he visto en mi vida. Me refiero a, jamás.
 
—Gracias —. La postura de Sunny cambia, un poco más relajada, un poco tímida. Se ríe por lo bajo y su sonrisa se suaviza, y Sam nota que todavía están cogidas de la mano. Se las arregla para mirar a Dean luce como si le acabaran de contar el secreto de la vida. Dean cierra los ojos ante Sam y sus cejas se disparan haca arriba. La expresión es obvia… Amigo. Nuestras novias están coqueteando y esto es mejor que cualquier peli porno.
 
—¿Tienes solo trece? ¿De verdad?
—Sí, yo, uhmm. Supongo que soy alta para mi edad. Sunny se mete el pelo detrás de la oreja, pero vuelve a caer hacia delante, todo rizos sin fin; y Sam se siente mareado de repente. Su novia.
 
—Sí. Debe ser eso —. Los ojos de Holly viajan muy obviamente hacia los pechos de Sunny y levanta la vista desde debajo de sus pestañas, su sonrisa casi perversa. —Bueno, Sunny. Si sigues soltera cuando llegues a la escuela secundaria el próximo año, llámame, ¿de acuerdo?
 
—Pervertida, cállate —. Dean está rojo como una remolacha, pero su voz es liviana. Se inclina y besa a Holly, todo lengua, dulcemente invasiva. Sam quiere golpearlo. —Bueno, Sam pidió pizza y alitas, estarán aquí en poco tiempo. ¿Aún quieres ver The Shining, baby?
 
—Tal vez. Traje algunas películas más, tal vez podemos votar —. Se acerca al sofá y se hunde en él como si viviera allí y eso pone a Sam nervioso. Él se lleva las manos a los bolsillos y le ofrece a Sunny una sonrisa nerviosa, alentada cuando la sonrisa que ella le devuelve es real. La sigue para sentarse en el sofá junto a Holly y se inclina para ver las películas que trajo.
 
Dean toma las cintas, frunciendo el ceño un poco mientras lee los títulos. “Canguros en apuros”, “Pretty Woman”, “Dirty D… —. La mira bruscamente.
 
—Chicos. Yo no veo películas de chicas. Estas son todas películas de chicas.
—Está bien, primero que nada, no actúes como un gilipollas sexista. Se que no lo eres. Y segundo, ¡estas son películas de calidad! Son algunas de mis favoritas.
—Me gusta “Canguros en apuros” —sugiere Sunny en voz baja.
 
Holly se ilumina, girando radiante hacia Sunny y luego hacia Dean. —¿Ves? No me hagas sentarme en su regazo toda la noche porque lo haré.
 
Sam se tapa la boca con la mano para ocultar su sonrisa. Esta chica tiene calado a Dean.
 
—Oh, ¿crees que eso me importaría? Te dejaría sentarte en cualquier parte de ella que quisieras. Mientras pueda mirar —. Dean le hace un guiño a Sam, que se remueve en el sofá, inclinándose hacia atrás para mantenerse lo más alejado posible.
 
Holly pone los ojos en blanco y empuja a Dean hasta que se desliza del brazo del sofá donde está apoyado. —Las chicas no tienen sexo entre ellas solo para que los chicos las miren, ya sabes. Al igual que los hombres no tienen sexo para que las chicas los miren.
 
Sam puede sentir el comentario como subrayado, en negrita y dirigido a Sam Winchester. Siente que está atrapado en su peor pesadilla.
 
La burla de Dean parece un poco insegura. —Pff. Las chicas no quieren ver a chicos teniendo sexo.
 
La declaración es seguida por el silencio, un silencio que obviamente hace sentir a Dean terriblemente incómodo.
 
—… ¿Verdad?
 
Holly y Sunny intercambian una mirada y ambas miran de vuelta a Dean, quien se aleja unos pasos de ellas.
 
—Whoa. Whoa. Whoa. ¿En serio? ¿A las chicas les gusta ver a los chicos metiendo sus pollas en los culos de otros?
 
Holly se encoge de hombros, sin hacer caso al dramatismo de Dean. —Creo que es caliente. Como realmente, realmente caliente.
 
—Como… ¿Anal completo? Como… ¿Pollas hasta el fondo, bolas contra bolas, caras desaliñadas, rozaduras de barba y gruñidos? ¿En serio?
 
Sunny parece fuera de su elemento y se mira las manos, mordiéndose el esmalte de uñas de color rosa. Sam está listo para salir por piernas y Holly se queda sola para contestar a Dean, cosa que no parece importarle.
 
—Demonios, sí. ¿Por qué no?
 
Ella no se inmuta ante la mirada de Dean, todo ojos abiertos, entonces, él se tambalea un poco, perdiendo la confianza. Se siente en la mesa de café frente a ella, y decididamente, no mira a Sam. Sam nunca, nunca, escuchará a Dean hablar sobre sexo gay. Jamás.
 
—No sé. Simplemente no pensé que a las chicas les gustara pensar en eso.
—Los chicos se ponen mirando chicas. ¿Cuál es la diferencia?
—Los chicos somos unos cerdos. Como…, completos animales.
—Bien. Algunas chicas también somos animales. Tú sabes que yo soy muy animal —. Su sonrisa es un reto y Dean sonríe de vuelta, y Sam se pregunta si tal vez Dean se casará con esta chica algún día.
 
Otro golpe en la puerta y Sam se está poniendo de pie, casi tropezando con las largas piernas de Dean, y cuando Dean levanta sus manos para estabilizarle, Sam casi maldice. —¡Estoy bien! Estoy…
 
Se libera del agarre de Dean y coge el dinero de la encimera, medio escuchando a Dean y Holly decirse cosas sucias. Prácticamente le arroja el dinero a la pobre chica de la pizzería, para poder correr y salvar a Sunny de ver a dos desconocidos compartiendo juegos preliminares frente a ella.
 
Sam agarra un rollo de toallas de papel y cuatro latas de refresco de uva y lo deposita todo en la mesa de café. Todos agarran una rebanada de pizza, comiendo en silencio durante unos minutos mientras suenan las noticias a bajo volumen en el televisor.
 
—Traje “Rebelde sin causa” también —dice Holly entre bocados. Sunny se ilumina y salta un poco en el sofá, más animada de lo que Sam la haya visto jamás.
—¡Sí! ¡Rebelde! ¡Sí!
 
Dean sonríe a Sunny, lamiendo su pulgar para limpiarlo de grasa. —Te gusta James Dean, ¿eh?
 
Holly y Sunny solo miran a Dean.
 
—Sabes que esta es la ciudad natal de James Dean, ¿verdad?
 
Dean hace una pausa a medio masticar, arqueando las cejas.
 
—¿Cómo? ¿Aquí? ¿Fairmount?
—¡Sí! Oh Dios mío, nene, ¿realmente no lo sabías? Creció aquí. Está enterrado aquí. ¡¿Nunca has visitado su tumba?! —. Holly está tan emocionada que prácticamente está vibrando. Se inclina hacia delante y besa suavemente a Dean en la boca, frotando las puntas de sus adorables senos. —Tal vez podamos ir este fin de semana. No puedo creer que no lo supieras.
 
Sam y Sunny continúan comiendo, mirando a los otros dos por el rabillo del ojo. Sam se desgarra por dentro e intenta morderse la lengua. Sunny toma cartas en el asunto y se levanta, sacando la cinta de su caja y poniéndola en el reproductor de video.


Bueno, espero que os esté gustando. Solo deciros que he creado un nuevo grupo en Facebook sobre el Wincest y el J2 por si queréis pasaros a echarle un vistazo. Se llama Todo Wincest & J2.  https://www.facebook.com/groups/1926781867632809/
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saphi.rott
Woman In White
saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 17 2018, 08:39 PM #15

—Eres mi James Dean. ¿Sabes? Tan jodidamente sexy. Justo como él —. Holly deja su pizza en la mesa de centro y se sube al regazo de Dean, sentándose a horcajadas sobre él e inclinándose para besarlo con fuerza, arqueándose en sus manos que se extienden sobre su trasero otra vez, como antes.
 
—Chicos, la película está comenzando —. Sam sabe que está mascullando, pero también está a unos cinco segundos de un ataque de pánico o simplemente de llorar, así que no se le puede culpar. Ya está medio duro en sus jeans y ni siquiera ha mirado a su ahora novia, porque su hermano está casi completamente empalmado y Sam puede ver el contorno de la polla de Dean cada vez que las caderas de Holly retroceden, antes de arrastrarse de nuevo. Y Sam, literalmente, no lo sabe. No sabe como va a sobrevivir a esta noche.
 
Extiende la mano, con los dedos ligeramente temblorosos, rozando el antebrazo de Dean. —Dean…
 
Dean se congela, se detiene como si hubieran pulsado la pausa. Mira a Sam, parpadeando como si se acabara de dar cuenta de que estaba allí. —Lo siento. Lo siento, Sammy, nos portaremos bien. Lo siento.
 
Empuja a Holly hasta que ella está a su lado otra vez, bajando su falda lo más posible y alcanzando después las alas calientes y el queso azul. Le ofrece a Sam la sonrisa de disculpa más grande que jamás haya logrado y Sam, simplemente se sienta, con las manos apretadas alrededor de su servilleta, obligando con fuerza a sus ojos para que se centren en la pantalla del televisor.
 
A mitad de la película, Holly se retuerce en el regazo de Dean otra vez, esta vez mirando hacia la televisión y con la privacidad adicional de la manta que Dean arrastró fuera de su cama.
 
Sam los mira por el rabillo del ojo y ve la boca de Dean, suave y exuberante, besando a lo largo de la pálida línea del cuello de Holly, sus dedos acariciando su pelo rojo, apartándolo para poder acceder a más piel. Sus ojos están en la pantalla, pero sus mejillas están un poco enrojecidas y Sam sabe, porque conoce a su hermano, que Dean no está viendo nada de lo que está ocurriendo en la película.
 
Holly toma una respiración profunda, casi silenciosa, pero Sam la nota. La mira arquearse contra él, observa como el contorno de sus piernas se extiende un poco y puede ver el brazo de Dean allí donde está tapado, puede verlo moviéndose donde está apretado contra el pecho de Holly, puede ver el indicio de donde está su mano entre sus piernas, la forma en que está enterrándose y moviéndose.
 
El corazón de Sam late con fuerza y está tan tenso que en realidad salta cuando siente que la mano de Sunny se desliza sobre su pecho. Aparta los ojos de Dean y de Holly y mira a su novia, con las pupilas llenas de vergüenza, excitación y celos. Su sonrisa lo calma un poco, y también su mano que se desliza a lo largo de una de sus mejillas.
 
—Hola —susurra, sus brillantes ojos se deslizan hacia su boca. Sam se lame los labios instintivamente y solo tiene tiempo para cerrar los ojos cuando Sunny lo besa. Incluso se sonroja mientras desliza su lengua en su interior, lamiendo el cielo de su boca y gimiendo, tan suavemente cuando ella comienza a succionarle la lengua.
 
Se congela cuando siente que Dean se mueve a su lado, a su espalda en realidad, el bíceps de Dean rozando a lo largo de la espalda de Sam mientras Dean se recoloca y Holly se desliza más abajo en el sofá, con los pies apoyados en el suelo ahora.
 
—Ten, moja mis dedos. Los vas a tener en tú culo, bebé —. La voz de Dean es como grava y terciopelo, tan cerca de la oreja de Sam. Y Sam jadea ante sus palabras, por cuan fácilmente su pervertida mente puede hacer que parezca que están dirigidas a él. Sam empuja sus caderas hacia Sunny, libre de culpa por su hermano y por como la voz de whisky de Dean lo afecta.
 
—Sam —. Sunny suspira sobre su boca, una de sus largas piernas cubriendo el regazo de Sam. Ella presiona el interior de su muslo justo sobre su entrepierna y empuja con interés. Toma sus manos y las guía, deslizándolas por su estómago, debajo de su camiseta, sin dejar que se detengan hasta que están cubriendo su sujetador. Sam rompe el beso para poder mirar sus manos, sin aliento por la forma en que se siente sus pechos. Los aprieta y ella gime, un dulce sonido retumbante que domina a la voz de Natalie Wood en el televisor y a los sollozos heridos de Holly donde, sin duda, Dean estira su culo alrededor de sus gruesos dedos.
 
—Sam, quítale la camisa… Y su sujetador. Tengo que verlos. ¿Por favor? —. Holly está prácticamente gimoteando las palabras a Sam, y antes de que él pueda responder, Dean gime y cambia de posición, haciendo que Sam prácticamente se recline sobre su brazo. Sam se relaja lentamente, sin poder ponerse demasiado cómodo porque el brazo de Dean sigue moviéndose, movimientos apretados y diminutos donde está acariciando a Holly.
 
Sunny no espera a que Sam se mueva, simplemente se quita la camiseta, mirando a Sam mientras los ojos de este se quedan pegados a su escote.
 
—Sammy, quítale el sujetador. No hagas que ella lo haga. Vamos, chico —. Sam obedece porque es Dean, porque él es Sam. Pone a Sunny más cerca, en su regazo, el calor entre sus piernas colocándose justo sobre su dolorida polla. Alarga la mano detrás de ella y juguetea con el broche, su lengua atrapada entre los dientes mientras trata de encontrarle sentido a ciegas.
 
Sunny se acerca y guía las manos de Sam hacia el lugar correcto, mostrándole como deslizar el gancho del ojal y va más rápido después de eso. Deshace el último y todo se afloja, se lo quita del cuerpo, dejándola desnuda de la cintura para arriba. Sam se reclina completamente contra Dean y solo la mira, la boca haciéndosele agua.
 
—Puedes tocarlos —le susurra, estirando sus manos otra vez, levantándolas para ahuecar sus pechos otra vez, y Sam siente que su polla gotea, una gota gruesa de precome, cuando sus pezones se endurecen contra sus palmas. Traga saliva, le arde la cara cuando comienza a apretarlos, cuando se acostumbra al peso de ellos en sus manos y lo jodidamente suaves que son y, al mismo tiempo, tan firmes.
 
—Joder, sí, Sammy. Ese es mi chico. Se sienten bien, ¿eh? —. La piel de gallina vuela sobre el cuerpo de Sam ante el pequeño gruñido de aprobación de Dean. Cierra sus manos hasta que solo toca sus pezones y los aprieta un poco solo para ver que pasa. Sunny jadea, su cabeza cae hacia delante mientras ella se balancea sobre él.
 
—Tú chico lo está haciendo bien, Dean. La está haciendo sentirse muy bien, ¿no es así? —. La voz de Holly es tan suave, justo en la oreja de Dean, donde ella lo está besando, en la parte de atrás de su mandíbula. Dean gime, y el brazo que roza la espalda de Sam se sacude con fuerza, con los dedos, obviamente, metiéndose más profundamente en Holly, lo que hace que ella gima, tensa.
 
—Sí —. Dean se retuerce y Sam tiembla.
 
—Dile que tiene que hacer ahora, bebé. Dile a tu dulce niño que hacer. Enséñale.
 
Sam quiere golpear a Holly en la cara y también quiere besarla. Quiere darle el mundo. Lo que ella está haciendo por él… Ella sabe, y está haciendo esto por él. Las lágrimas arden en los ojos de Sam, famélicas, lágrimas hambrientas. Mira el magnífico cuerpo de Sunny encima de él y espera a la voz de su hermano mayor.
 
—Pon una en tu boca, Sammy. Ponle la boca encima y chúpalo. No seas demasiado suave. Ella puede aguantarlo.
 
Sunny se acerca, alineando su pezón contra la boca de Sam y Sam siente la mano de Holly empujando su cabello desde la nuca hacia arriba, siente que ella lo acaricia mientras Dean respira con fuerza justo detrás de él. Sam separa sus labios y dibuja el pezón con su lengua, lo chupa directamente en su boca y es tan fácil, es casi groseramente natural, la forma en que está chupando su teta.
 
Ella grita y se acerca, con los brazos alrededor de la cabeza de Sam para mantenerlo donde está y siente que el brazo de Holly le roza la cabeza y sus ojos se abren cuando Sunny grita de nuevo. Holly está retorciendo y pellizcando el descuidado pecho de Sunny, trabajándolo hasta que esta rosado y tierno, y todo, todo eso, hace que Sam chupe aún más.
 
—Apuesto a que está muy duro, ¿no es así, Sun? Apuesto a que está a punto de correrse bajo sus jeans. Apuesto a que duele, ¿verdad, Sammy? ¿Necesitas que ella te cuide? ¿Qué saque tu polla, chico grande? —. Holly es jodidamente sucia, como…, una línea erótica, un video de porno duro. Pero está funcionando para él, para todos ellos, obviamente.
 
—Jesús cogiendo a Cristo —gruñe Dean— Mierda.
—Sí —gime Sam, malditos gemidos— Sí. Por favor.
 
Sunny retrocede, poniendo algo de espacio entre sus cuerpos y ella se inclina, empujando su camisa un poco para poder alcanzar el botón sus jeans. Lo abre y desliza la cremallera hacia abajo, y él levanta las caderas para poder empujarlos un poco hacia abajo. Tan solo ese poquito de espacio se siente tan bien, alivia el dolor extremo de estar tan duro y tan apretado.
La mano de Holly presiona contra el pecho de Sam, empujándolo para que se incline aún más contra Dean, hasta que prácticamente está recostado sobre él. Dean se gira un poco para que Sam esté apoyado en su pecho, y los ojos de Sam se cierran para poder oler a su hermano, para poder escuchar sus suaves y jadeantes respiraciones, escuchar sus hábiles dedos trabajando el culo de Holly, y su coño.
 
Sunny busca en sus calzoncillos y lo saca, y tanto ella como Holly emiten pequeños zumbidos, pequeños y dulces sonidos felices que hacen todo tipo de cosas buenas al ego de Sam.
 
—Uhmm, esa es una buena polla, es grande. Como la de su hermano. Tenéis buenos genes, chicos —. Holly besa la mejilla de Sam y Dean hace un sonido, un sonido de advertencia, uno posesivo.
 
—No lo toques, Holly. No lo hagas.
 
—Oh, no lo haré. No es mío, sé que no es mío —. El tono apagado en la voz de Holly, es un poco extraño. Siente los labios de ella contra su oreja, y su voz es tan silenciosa, tan suave, que Sam apenas puede oírla.
 
—Eres su bebé. Lo sabes, ¿verdad? Incluso si él no lo sabe, cada pulgada de ti es suya. ¿No puedes sentirlo? ¿No te imaginas sus manos sobre ti, en la misma forma en que ahora están en mí? Sé que puedes. Dios, estoy segura de que puedes.
 
Las lágrimas arden en los ojos de Sam e inhala una respiración enorme y fuerte justo cuando Sunny rodea su polla con la mano y la acaricia, un poco demasiado suelta pero cogida, la mano de otra persona está sobre su polla. Muerde fuertemente su labio inferior para ahogar el sonido que quiere estallar en él. Se queda en su garganta, algo estrangulado y desesperado. De repente, Dean se va, se levanta del sofá y Holly está con él, justo contra él.
 
Sam abre los ojos mientras cae hacia atrás contra el sofá, en el cojín tibio donde hace un momento estaba el cuerpo de Dean. Se encuentra con los ojos de su hermano y nunca ha visto esa mirada en él, nunca. Ni cuando habla de mamá, ni cuando está conduciendo con las ventanillas bajadas escuchando AC/DC, ni cuando sabe que la chica con la que está coqueteando se va a entregar a él. Tampoco cuando es desollado por un monstruo sin rostro en el asiento trasero del Impala. Realmente, es todas esas cosas, reunidas en esta única expresión. Sus ojos brillantes con el conflicto y perforando la jodida alma de Sam.
 
Quiere alcanzar a Dean, rogarle que regrese, hacer que las chicas se vayan. Quiere contarle todo, hacer que Dean jodidamente le hable, realmente le hable, solo por esta vez, justo ahora. Quiere besarlo. Quiere ver cuanto de Dean puede albergar en su propio cuerpo hasta que los destruya a ambos. Quiere decirle a su hermano que está tan jodidamente enamorado de él que no sabe como superarlo. Que Sunny es simplemente un hermoso sustituto para este chico que le mira como si tuviera las manos alrededor de su garganta, como si tuviera el control total sobre cada respiración que toma.
 
Sunny encuentra el ritmo, su mano trabajando solo con la cabeza, lo suficientemente apretada como para frotar el manojo de nervios de la misma, Sam revive y grita, arqueándose sobre el sofá, con la mirada fija en Dean.
 
Dean aprieta los dientes, tensa su mandíbula y agarra a Holly con dedos hábiles alrededor de sus bíceps. —A mí cama. Ahora.
 
Sam solo puede mirar mientras Holly inicia el camino hacia el dormitorio, el que comparte con Dean a pesar de que hay otra habitación con solo una cama, una en la que su padre solo durmió tres veces. Ve el pesado balanceo de sus pechos y la pequeña porción de rojo entre sus piernas, y la hermosa espalda desnuda de Dean cuando la empuja sobre la cama.
 
—¿Sam? —. Los ojos de Sam se disparan y Sunny lo mira fijamente, con una expresión vacilante en su cara, sus cejas unidas en confusión y tal vez un poco herida. Su mano ha abandonado su pene y él se inclina para reemplazarla porque, tal vez, él también sea un animal.
 
—Tú… Todavía quieres esto, ¿verdad? ¿Quieres que lo haga? —. Ella mira hacia abajo, hacia donde su mano está agarrando su propia polla, la cabeza del mismo color rosa intenso que su boca, toda brillante, resbaladiza y dura como un maldito clavo de ataúd. Ella se humedece los labios y vuelve a mirarlo, como esperando su permiso.
 
—Sí. Sí, por supuesto. Claro —. No quiere disculparse porque no quiere admitir que hay algo por lo que disculparse. No está desesperado por mirar a su hermano que ahora está desnudo, o al menos, eso es lo que le dicen los sonidos de la ropa golpeando el suelo. No quiere ver lo que está sucediendo; no quiere ver donde, exactamente, la mano de Dean cae sobre el cuerpo de Holly cuando escucha esas palmadas y oye sus agudos gritos. —Solo estoy nervioso…
 
La cara de Sunny se suaviza entonces. Se inclina y besa su boca, suave y solo una vez, encontrando sus ojos mientras se desliza por su cuerpo. —Está bien. He hecho esto antes una vez. Yo lo haré, solo relájate, ¿de acuerdo?
 
—Está bien —susurra Sam. Gira la cabeza para mirar a Dean y Holly, cubriendo la mayor parte de su rostro con su antebrazo. Puede verlos ahora, en el segundo en que la boca de Sunny rodea la cabeza de su polla. La puerta de la habitación está abierta y están de perfil para él. Dean la tiene sobre la cama, sobre sus codos y rodillas, con el culo al aire. Sam oye el chasquido del condón cuando Dean lo coloca alrededor de su polla y, Dios. Mierda. La polla de Dean. Está demasiado lejos para ver cualquier detalle real, pero está ahí, justo allí, tan increíblemente duro, moviéndose perezosamente, como si hiciera esto habitualmente. Que, bueno, lo hace…
 
—Voy a follarte el culo.
 
Aprieta algo en la palma de su mano y lo desliza sobre sus dedos, estirándose para meterlos en Holly, sin pausa. Ella se tensa y se inclina hacia delante, y Sam jadea cuando Sunny lo toma en su boca completamente.
 
—¿Bien, bebé? —. Sunny respira, caliente y ronca sobre la polla de Sam, que asiente bajo su brazo, aterrado de decir algo que rompa el hechizo de lo que está por venir.
 
Holly está tensa en la cama, su cuerpo es increíblemente hermoso, aunque tenga los hombros caídos y esté jadeando contra las sábanas. Dean la está follando con los dedos de su mano derecha abiertos y masturbándose ociosamente con la otra.
 
—Despacio. Despacio, Dean. Dios, ve despacio —gime Holly mientras se balancea sobre sus dedos, su propia mano desapareciendo entre sus piernas donde comienza a frotar lenta y firmemente. Dean no dice una sola palabra, su cara refleja una intensidad ilegible.
 
La succión húmeda en su polla es lo más hermoso que Sam ha sentido alguna vez. Intenta empujar, pero las manos de Sunny vuelan hacia sus caderas, manteniéndolo quieto. Toma una respiración profunda e intenta calmarse, mantener su cabeza aquí. Le están chupando la polla y está a punto de ver a Dean follándole el culo a una chica. Y esto no es un maldito sueño. Esto no es un sueño porque todavía puede oler las alas calientes y la película sigue sonando obstinadamente en el televisor y hay un muelle que se clava en su espalda entre los cojines del sofá, y se siente ligeramente enfermo por todo esto.
 
Sam podría decir cuando Dean empezó a penetrar a Holly, porque el sonido que ella hizo era algo que Sam jamás había escuchado antes. Se arrastra por la cama, tratando de alejarse de él, pero la mano de Dean se agarra a su cadera de una forma que esta seguro que dejara marcas, obligándola a abrirse para él, a tomarlo. Sam deja escapar un chorro de presemen en la boca de Sunny y siente su propio culo apretado, jodidamente anhelante. Él tomaría cada centímetro, lo tomaría sin importar lo duro que fuera o cuanto tiempo necesitaría Dean para dárselo todo. Lo tomaría sin condón, dejándolo entrar dentro de él. Sería lo mejor que Dean haya podido nunca tener. Encontraría la manera de convertirse en el sueño de Dean.
 
—Relájate, cariño. Solo relájate, como la última vez. Shhh… —. Dean está enterrado hasta la mitad ahora y sus manos frotan su espalda, deslizándose hacia abajo para acariciar sus tetas antes de que una de sus manos se deslice entre sus piernas. Ella extiende los muslos un poco más para darle espacio y cuando gime, Sam sabe que Dean tiene sus dedos en ella.
 
Joder, sí, las manos de Dean, las enormes manos de Dean. Y Sam desearía tener dos agujeros allí también para Dean. Desea poder tener su pene y su mano dentro de él. Dios, encontraría la manera. Encontraría la forma de relajarse los suficiente como para que Dean pudiera meter dos dedos junto a su polla. Podría hacerlo. Dios, haría todo lo que Dean quisiera. Cualquier cosa.
 
El sonido que Dean hace cuando se hunde en el culo de Holly hace que Sam levante sus caderas, ahogando a Sunny. Toca parte superior de su cabeza, acariciando sus suaves rizos y se disculpa. —Lo siento. Dios, Sunny, lo siento.
 
Ella se levanta dejando su polla, jadeando mientras mantiene una mano envuelta alrededor de su base. Mira hacia la habitación, justo cuando Dean comienza a follar a Holly, cuando él pone las manos en sus caderas, justo encima de su culo y comienza a embestirla.
 
—Dean. Dean, Dios, bebé, no tan duro. Bebé, por favor —. Holly se vuelve hacia él, su mano roza las costillas de Dean mientras se gira sobre la cama, girando diagonalmente sobre la cama para que Sam tenga una vista de tres cuartos, para que pueda ver dónde Dean la está follando, un poco más lento ahora. Para que pueda ver donde sus bonitos y pequeños dedos se empujan dentro de su coño igualmente bonito y rosado, con dos dedos enterrados dentro mientras su pulgar trabaja furiosamente sobre su clítoris. Él puede ver el culo de Dean tensarse y relajarse mientras embiste dentro de ella. Puede ver la sombra oscura de su agujero cuando inclina su cuerpo sobre el de Holly, prácticamente recostándose sobre ella ahora, haciéndola sostener su peso mientras él cambia ángulos dentro de ella, dándole a Sam una mejor vista de todo.
 
Sunny comienza a masturbar a Sam, su polla lo suficientemente resbaladiza hace que se sienta muy, muy bien. Sam la mira y ve que ella también los está mirando, que se ha bajado los pantalones desabotonados y se acaricia con la boca abierta. Sam busca sus pechos de nuevo, dejándolos columpiarse en sus palmas y los frota, torciendo sus pezones lo suficiente como para hacer que jadee.
 
Dean gruñe en la otra habitación, un sonido desde lo más profundo del pecho y el colchón grita cuando los cuerpos de Dean y Holly colapsan en el a cama. Holly atrapada bajo el gran cuerpo de Dean, luciendo tan absolutamente pequeña debajo de él, tan frágil bajo su enorme volumen. Sam se folla la mano de Sunny ahora, con los pies apoyados en el sofá, las manos ancladas en sus tetas, los dedos entrelazados alrededor de sus pezones, simplemente tirando de ellos. Ahora, Holly está tendida sobre el colchón, con las piernas juntas y Dean está justo encima de ella, los cuerpos unidos, su vientre justo sobre la curva de su espalda. La está follando tan profundamente que ambos hacen significativos sonidos sobre eso; y Holly está temblando debajo de él, sollozando con cada estocada, el suave “por favor, por favor, por favor, bebé, por favor”, repitiéndose como un CD rallado.
 
—Tómalo, maldita sea, tómalo. Tan jodidamente sucio. Te encanta sentir mi polla en tu culo. Joder, te vas a correr con mi polla. Ahora mismo. Ahora —. La voz de Dean es anormalmente clara para Sam, clara como el cristal y tan íntima y áspera como la grava, y él está elevando y dejando caer su cuerpo sobre el de Holly, jodiéndola con todo su peso, y ella grita cuando llega, temblando sobre ese viejo colchón, colgando de la polla de Dean.
 
Sam se inclina para agarrar su propia polla, la mano de Sunny titubea mientras claramente empieza a correrse cuando Holly lo hace, sus pequeños jadeos sonando interminables, casi sorprendidos. Sam ni siquiera puede mirarla, no puede apartar la mirada del cuerpo de Dean, la larga e impresionante línea de la espalda de Dean, el movimiento fluido de sus músculos, el sudor goteando por su espina dorsal, cayendo de su cuerpo hacia el de Holly mientras se sostiene sobre ella, dejándose ir, follándola lo suficientemente fuerte como para que ella no pueda respirar. Finalmente emite un sonido, hermoso, con la boca abierta, un sonido vulnerable que hace que a Sam le duela, le hace querer tocarlo desesperadamente, acompañar a Dean a través de esto.
 
El ritmo de Dean se vuelve errático y la empuja casi brutalmente, llevándose hasta lo más profundo, enterrándose y quedándose allí, con todo su cuerpo tenso y temblando. Y Sam puede verlas, puede ver las pelotas de Dean apretarse, ver esa piel suave justo detrás de ellas contraerse tan pronto como comienza a llegar. Entonces, Sam se pierde, acaricia su polla tan rápido que se le acalambra el brazo y se corre, un chorro denso y doloroso que aterriza en su pecho, su cara y su boca abierta.
 
No se da cuenta de los sonidos que está haciendo hasta que vuelve en si, unos segundos después, esos sollozos, sonidos de animal herido, y acaricia su polla hasta que duele demasiado para tocarla. Puede escuchar a Dean allí, puede escuchar su “mierda, sí, oh mierda, sí”, y puede escuchar la voz de Holly, ronca y quebrada, pero puede captar algunas pocas cosas: “mirándote…”, “ama verte follándome” y, “también necesita esto”.
 
Las caderas de Dean siguen moviéndose con cansancio, solo presionando contra el suave y pequeño trasero de Holly, hasta que ya no puede moverse más. No es hasta que los oye besarse, con esos sonidos húmedos y perezosos, que él mira hacia otro lado, apartando sus ojos de Dean que está agotado, distendido y perezoso ahora. Sam lo quiere, quiere sentir la polla de Dean en su interior, quiere sentirlo ir suave. Quiere que esa voz lo ensordezca con gritos y gruñidos posesivos, y pequeños ronroneos hambrientos. Quiere que Dean lo sofoque, sentirlo tan pesado encima de él que no pueda respirar. Quiere oler su sudor y su venida, y su ardiente aliento caliente. Nunca ha deseado nada tano y nunca lo querrá de nadie más.
 
La boca de Sunny lo atrapa en un beso somnoliento y complacido, y Sam la besa con toda la energía que puede reunir. Ella murmura y suspira contra sus labios mientras lo acomoda en sus pantalones y alcanza su sujetador.
 
—Tengo que irme. Tenemos clases mañana y mamá me quiere en casa a las once.
 
Sam ni siquiera puede responder, está rendido, reventado. Dean está desnudo y enterrado dentro de otra persona a solo unos pasos de él y Sam no puede pensar en otra cosa. Cuando vuelve a mirar a Sunny, está vestida, con los zapatos puestos pero desatados. Se inclina hacia abajo para otro beso y echa un vistazo a los dos cuerpos inmóviles en la otra habitación. Le da a Sam una pequeña sonrisa.
 
—¿Te veo por la mañana?
 
Sam se vuelve a mirarla, sus ojos se encuentran brevemente. Parece un poco cautelosa, una pregunta pesada en sus ojos. Sam solo le sonríe y se estira en el sofá, luciendo completamente depravado y joven, y bosteza solo para parecer adorable. Ella resopla y patea su pie descalzo con su bota morada.
 
—Adiós, Sam.
—Adiós, Sunny —. Sonríe hasta que ella se va, hasta que la puerta se cierra y luego, se derrumba por completo. Alcanza la manta de Dean, que todavía huele a él, echándosela por encima, enterrándose por completo debajo de ella, dando la espalda a la puerta de la habitación abierta. Hay lágrimas empapando la manta, pero Sam las ignora.
 
***
 
Se mueve cuando siente que la manta desaparece por encima de su cabeza, exponiéndolo al aire fresco de la casa y a Holly, que está de pie junto a él, todavía desnuda y tan pálida en contraste con la casi oscuridad de la habitación. No sonríe y Sam tampoco lo hace, la manta cae mientras ella se empuja, haciéndose un hueco en el sofá. Sam mira hacia la puerta de la habitación y la encuentra cerrada.
 
Se sobresalta cuando su mano acaricia su mejilla y la mira, sintiéndose completamente a su merced, obediente. Ahora se mueve, tendiéndose a su lado en el sofá, estirándose sobre su estómago, con su culo pálido contra su regazo.
 
—¿Quieres ver lo que me hizo?
 
Sam la mira, alarmado e incrédulo. Es demasiado bueno, demasiado perfecto. Se siente como un sueño, o quizás como una trampa. Aún así, asiente con la cabeza, un pequeño movimiento y ella, finalmente sonríe. Presiona sus rodillas un poco en el sofá y empuja su trasero más cerca de su rostro, estirando uno de sus brazos hacia atrás para separar una de sus nalgas.
 
—Oh —suspira Sam, su mano subiendo suavemente hasta que descansa sobre la otra nalga, dejando al descubierto su entrada, justo ante sus ojos que ahora ya se han ajustado a la luz. Está de un color rojo rabioso, hinchado y de apariencia suave. Sam se lame los labios reflexivamente y levanta la vista desde debajo de su flequillo. Ella lo está mirando, su cara apoyada contra una almohada.
 
—Eso… ¿Duele?
—Mh-hmm. Duele como el infierno. Por eso no puedo dormir. Está tan dolorido, y por dentro también.
 
—Sí —. Sam suspira, un sonido nostálgico y soñador. Inconscientemente, pasa su pulgar muy suavemente sobre su entrada y ella sisea, tensándose en su regazo. Aparta la mano con los ojos muy abiertos, su boca ya preparada para disculparse.
 
—Está bien —susurra, llevando ambas manos hacia atrás ahora para mantenerse completamente abierta. Desde este ángulo, Sam también puede ver la hendidura de su coño, desnudo y brillante, seguramente por la fuerza con la que se había corrido antes, adivina Sam. La mira otra vez a los ojos y es una mirada inquisitiva, a pesar de que realmente no sabe lo que la está preguntando.
 
—¿Quieres lamerlo? ¿Probar donde él ha estado?
 
Sam asiente tan rápido y con tanta fuerza que se marea. Ambos se mueven en el sofá hasta que prácticamente está de rodillas otra vez, con el culo en el aire y Sam, está casi boca abajo, con la cara contra ella. Él separa las nalgas con sus propias manos y ella utiliza una de las suyas, que ahora han quedado libres, para acariciarle el pelo. Tira de él hacia delante hasta que su cara se empuja contra ella, y él deja que su lengua se deslice, ya prácticamente babeando mientras le lame el culo, con la lengua plana y húmeda contra él.
 
Ella gime, un sonido bajo y dolorido que entierra en la almohada. Su mano se aprieta en su cabello mientras lo empuja aún más cerca y él repite el movimiento, se siente animado y jodidamente excitado. Empuja su lengua, después de unas pocas lamidas, presionando todas las pequeñas arrugas hinchadas con la punta resbaladiza de su lengua, deslizándose apenas dentro de ella, y ella jadea, de forma aguda y necesitada. Dean ha estado ahí, ahí mismo. Puede probar el látex del condón y el sabor extraño del lubricante, pero hay algo salado debajo de eso, algo terroso y Sam finge, con todas sus fuerzas, que es el sabor de los dedos de Dean, el sabor de su piel.
 
—¿Puedes saborearlo? ¿Sientes el sabor de esa polla que deseas tanto? Oh, mierda —. Ella es tan increíblemente sucia, una puta vidente sexual, y Sam está tan duro otra vez que está a punto de llorar. Se hunde profundamente en el sofá mientras empuja su lengua dentro de ella y envuelve sus labios alrededor de su entrada y chupa. Ella lo está manteniendo en el sitio con esa mano enredada en su pelo, con la otra, está trabajando en su clítoris de nuevo, mientras monta su cara y él, simplemente la deja hacer. La jodida novia de Dean montando su lengua mientras él alivia el dolor dejado por la polla de su hermano. Se mete la mano en los pantalones y se masturba con fuerza, sabe que se vendrá pronto y está totalmente en paz con eso.
 
El agujero de Holly se estremece alrededor de su boca, se tensa y tiembla como una cosa malditamente viva, y Sam se mueve hacia delante, pasando los dedos por la rendija de Holly que está tan mojada que es obsceno. Ella extiende sus piernas tanto que una de ellas se cae del sofá.
 
—Dios, sí. Mete tus dedos. Mete tus jodidos dedos dentro de mí ahora mismo —. Se estira sobre sus piernas y empuja la mano de Sam en la forma correcta, sus dedos índice y corazón extendidos, guiándolos ella misma, alimentándose de ellos, y Sam solo puede gemir alrededor de su culo donde todavía la está lamiendo.
 
—Mantenlos un poco curvados, eso es. Solo, fóllame justo así. Oh, Dios mío.
 
Ella sostiene su muñeca, ahora que está en la posición correcta y tira de ella con fuerza, enseñándole lo duro y profundo que necesita que la folle. Él obedece porque ella es una diosa, ella es lo mejor que le ha pasado a su pene. Holly se retuerce en su mano, moviéndose hasta que siente algo esponjoso en su interior, algo resbaladizo e hinchado, y está un poco asustado, pero la forma en que su cuerpo tiembla debe significar que está haciendo algo bien.
 
—Justo ahí. Dios, sí, maldita sea, buen chico. Curva esos dedos y fóllame justo ahí, tan duro como puedas.
 
A Sam el brazo lo está matando, pero no se detiene, siguiendo sus ordenes al pie de la letra, la folla con los dedos justo en ese lugar, su boca descoordinada en su culo, simplemente lamiendo, chupando y mordiendo. Puede sentirla acariciando su clítoris y se aprieta con tanta fuerza alrededor de sus dedos que casi le duele, hasta que parece que simplemente no hay suficiente espacio para ellos y él los saca, y ella rocía lo que parece agua sobre él, empapando su camisa blanca, y él jadea, levantándose solo para mirarla, en estado de shock.
 
Está convulsionando en el sofá, parece como si estuviera llorando y estira la mano hacia Sam, empujando sus jeans, empujando su ropa interior y agarrando su polla; y Sam tiene que morderse el labio interior hasta sacar sangre para evitar correrse.
 
—¿Te lastimé? Holly, te lastimé, yo…
 
—Jodidos Winchester. Lo juro por Dios, sois unos jodidos ángeles. Dios, enviados desde el cielo para hacerme gozar —. Ella pasa sus piernas alrededor de la cintura de Sam, presionando su polla contra su coño, simplemente dejando que se frote contra sus labios suaves que están completamente empapados. Él empuja débilmente y entierra la cara en su cuello y gime contra su piel. Siente el brutal roce de su clítoris contra su polla, donde están básicamente frotándose, atrapado entre su coño y sus muslos suaves.
 
Ella envuelve sus brazos alrededor de su cuello, moviéndose sobre él, no dicen nada durante un largo tiempo, solo se frotan el uno contra el otro, aliento jadeante y sonidos resbaladizos entre ellos. Ella presiona su boca contra la oreja de Sam, chupándole el lóbulo.
 
—Él se siente tan grande cuando está dentro. Dios, te llenaría tan bien. Estarías demasiado apretado al principio para tomarlo entero, pero él te entrenaría con su polla. Haría que lo tomaras siempre que te quisiera. Se follaría tu pequeño culo apretado y tú garganta cada vez que lo necesitara. ¿No es así?
 
Ella se lame los dedos y él casi salta del sofá cuando siente que giran alrededor de su entrada, húmedos y completamente extraños. Fuerza el primer nudillo dentro de él y se pone tan tenso, acurrucado contra ella y casi comenzando a rogar en ese mismo momento.
 
—Oh, Dios mío, estás tan apretado. Cual una preciosa pequeña virgen, lista para su pene. ¿Hmm? ¿Dejarías que te follara? ¿Si él viniera aquí ahora mismo y nos viera, si te viera? ¿Si viera cuanto le necesitas? ¿Te abrirías de piernas y le dejarías que te follara? ¿Le dejarías hundirse en ti? ¿Serías su bebé en este momento? ¿Lo harías, Sammy?
 
—Sí —. Llora tan fuerte que duele y ella solo está descubriendo lo más hondo de su ser, cada cosa que tiene que enterrar profundamente incluso cuando está solo y tiene su mano sobre su polla y las imágenes vienen espontáneamente a su mente. Estas cosas, estas hermosas y preciosas cosas que ella dice, las está dando vida. Aquí mismo, con Dean en la habitación contigua. Todas son verdad, cada maldita palabra.  
 
Ella cabalga sobre la longitud de su polla, sentándose a horcajadas sobre él ahora, frotándose donde ella está plana contra su estómago. Su mano está entre ellos, ese dedo que se curva dentro de su culo y es solo eso, solo la insinuación de eso, de cómo Dean se sentiría; todas esas palabras dichas por ella respirando y moviéndose como sombras en el aire a su alrededor y Sam se viene salpicando su estómago y ella cae contra él, frotándose duro, cabalgando su propio orgasmo, con los muslos temblando y apretados contra sus costillas. Ella sigue trabajando implacablemente ese dedo en su interior, ordeñándolo hasta la última gota, revoloteando y aferrándose a él hasta que cae de espaldas contra el sofá, absolutamente deshuesado y agotado, las lágrimas cayendo por un lado de su rostro.
 
Ella baja de su orgasmo mucho más despacio, pero está sobre él cuando lo hace, con él, apartándole el pelo de la cara y besándole las mejillas, las lágrimas que resbalan por allí.
 
Permanecen quietos, juntos, hasta que ambos respiran de forma pareja y pausada, y Sam no puede creer que esté debajo de la novia de su hermano, que acaba de tener relaciones sexuales con ella justo después de que Dean lo hiciera. Desliza una mano por su espalda y aprieta su culo, la punta de su dedo índice jugando en su agujero. Ella gruñe, alejándose del contacto y gruñendo un poco más cuando él la ignora, cuando empuja su dedo entero dentro de ella de todos modos, solo para estar exactamente donde estaba Dean, imitando el dedo que todavía está sintiendo en su interior.
 
—Ambos sois insaciables. Perfectos el uno para el otro —. Ella le sonríe cansadamente, estudiando su rostro antes de besar la comisura de su boca. Él se atreve a mirarla a los ojos, dejándole ver lo que sea que ocultan los suyos. Ella le aparta el pelo de la cara, sus uñas acariciando su cuero cabelludo.
 
—¿No crees que soy un monstruo? —. Sam está hablando lo suficientemente alto para que ella le escuche. Dean no puede escuchar esto, nunca.
 
—Mmm. No, en absoluto. Quiero decir… —sonríe—No todos están enamorados de su hermano, pero… No es algo nuevo o malo. No importa lo que te digan, ¿de acuerdo? —. Lo mira severamente, sin decir nada mas hasta que él asiente, incluso aunque en realidad no lo haga en serio.
 
—No te culpo. Estoy medio enamorada de él y no lo he tenido toda mi vida como tú. No puedo imaginar como te sientes. Él es asombroso, es la persona mas bella y más inteligente que he conocido. Te folla como una bestia y te abraza después, y es tan gracioso, y dulce, y…
 
Se detiene, sus ojos llenos de disculpas.
 
—Bueno. Tu ya sabes eso de todas formas. Él me ha contado un poco sobre vosotros, sobre tu familia, como tenéis que moveros todo el tiempo. Como ha pasado la mayor parte de su vida cuidándote y lo que significas para él. Te protege y te cuida. ¿Cómo se supone que no debes estar enamorado de él? Tú, dulce cosita.
 
Besa su boca, esta vez de forma lenta y dulce, su dedo todavía está hurgando en su cuerpo, frotándose contra algo en su interior que le hace sentir una extraña urgencia a pesar de que está agotado. Ella tararea cuando encuentra ese lugar y sigue frotando allí, como si pudiera ser feliz sin hacer otra cosa más que esta nunca más. Siente un calor acumulándose en su estómago y su polla se sacude, cansada e imposible.
 
—Esa es tu próstata, bebé. El punto G para los chicos a los que les gusta que les follen su culo apretado, como tú —. Lo besa de nuevo y esta vez, él empuja su lengua en su boca, separando sus piernas un poco para que pueda meter el dedo aún más profundo, por favor. —Solo dile a Dean que te abrace en su regazo y te folle, hacia tu ombligo. Lo encontrará y te hará ver las estrellas.
 
—Él nunca lo hará —. Sam estrangula un gemido mientras se mueve contra su dedo —Nunca hará eso. Él no es… No sabe… Nunca puede saberlo.
 
—Solo dale tiempo. Solo dale un par de años hasta que pueda verte como alguien que no es solo su pequeño niño. Cuando seas más alto y él no pueda resistirte más. Porque eso es todo lo que está haciendo en este momento. Solo se está resistiendo a ti. Créeme.
 
—¿Qué te hace decir eso? —. Está jadeando otra vez, demasiado cansado para endurecerse de nuevo pero, de todos modos, siente que algo se acumula en él, como esperando a ver si su polla se involucra o no. Gime cuando ella empuja con otro dedo en su interior, estrecho y apretado, un poco seco, pellizca, pero se siente bien, tan raro, enorme y bueno. Ella vuelve a curvar sus dedos contra lo que aparentemente es su próstata y se arquea perezosamente, necesitando salir del sofá.
 
—Porque me estaba follando una vez y comencé a hablar de ti, de tus lindos ojos, de tu boca y tu pequeño y apretado cuerpo, y de cómo quería probar tu culo, y me folló tan duro que casi me rompe la pelvis, lo juro por Dios. Se corrió tan fuerte que casi perdió el conocimiento.
 
Él se muerde ambos labios en su boca, follándose sin pudor contra sus dedos, sus palabras mareándolo por completo. —Necesito… Yo solo… Yo… No puedo.
 
—Espera. Shhh, espera, te tengo. Justo como lo hiciste por mí. Te ordeñaré como tú lo hiciste, chico bonito. Como Dean lo hará. Quédate quieto —. Se acacha entre sus piernas, empujándolas lejos, saca los dedos y los desliza hacia su propio interior, empapándolos con sus propios jugos y empujándolos de nuevo dentro de Sam, mucho más fácilmente, frotando su próstata con fuerza, sin bromas, centrada como un láser, insistente. Él jadea e intenta alejarse de su mano.
 
—Voy a… Me siento como… Oh Dios mío. Más dentro ¿Puedes profundizar? Yo solo…
 
Ella frota la piel justo detrás de sus pelotas, acariciando igual que lo hace en su interior, esforzándose por alcanzar su interior tan profundamente como pueda. Ambos miran mientras ella lo folla, silenciosa y jadeante, y se siente tan raro…, como si no estuviera en su propio cuerpo, como si estuviera en el cuerpo de una chica y lo usaran, finalmente lo usaran como debe ser. Siente el calor que se extiende ahora a través de su cuerpo, dirigiéndose hacia sus bolas y su polla, y muerde su propia mano, hundiendo profundamente sus dientes porque, de lo contrario, va a gritar.
 
Ambos se quedan boquiabiertos cuando comienza a gotear por su gastada polla, cuando se filtra gota a gota hasta formar un charco casi claro en su crispado estómago. Siente que está ardiendo por todas partes, el epicentro candente situado entre sus piernas. Se siente tan bien que duele, y no puede hacer nada más que aceptarlo, que tratar de respirar a través de él.
 
—Eso es. Joder. Eso a sido tan caliente. Eres un pasivo natural, bebé. El pequeño niño de Dean. Dios, sí, lo eres, mírate. Entregándote tan bien.
 
Sam se retuerce en su mano, gimiendo cuando comienza a doler tanto que no puede soportarlo. Se inclina parta tocar su brazo, no lo suficientemente fuerte como para apartarla, pero sí para que ella capte el mensaje. Ella aún mantiene sus dedos dentro de él, pero los deja quietos, inclinándose para acercarse a su cara, su sonrisa justo contra sus labios antes de besarlo. La responde lo mejor que puede, tan débil que ni siquiera puede mantener los ojos abiertos.
 
Casi llora cuando ella toca su polla, cuando ella empuja su ropa interior de nuevo sobre su cuerpo. Siente su lengua arrastrándose sobre su estómago, limpiando el desastre que acaba de hacer. Lo besa de nuevo y se saborea él mismo, tragando todo lo que le está dando.
 
—Gracias —susurra, apenas despierto, pero aún puede sentir su mano en su pelo otra vez.
 
Está fuera de combate antes de que ella siquiera responda.
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saphi.rott
Woman In White
saphi.rott
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Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 21 2018, 06:13 PM #16

Se despierta en una sala iluminada y con el sonido de algo cayendo en la habitación, y con Dean gritando —¡Joder! —con un ladrido enojado. Sam vuela, inmediatamente alerta, como el buen hijo de su padre que es. Se levanta y tropieza en el camino al dormitorio, aún con los ojos nublados.
 
—¿Dean? Dean, ¿estás bien?
 
Dean aparece en la puerta, vistiendo nada más que unos jeans desabrochados y apenas colgando de sus caderas, el amuleto descansando en su pecho y absolutamente nada más. Sam se detiene en seco, totalmente despierto de repente, pero está demasiado cansado para lidiar con esto tan temprano. Solo mira a Dean, dejando que sus ojos se deslicen de arriba abajo por su cuerpo como una lamida. Puede ver la tenue sombra del vello oscuro asomándose desde el borde abierto de sus vaqueros y no puede evitar pasarse la lengua por los labios. Dirige sus ojos a los de Dean y casi salta cuando se da cuenta de que Dean lo está mirando directamente.
 
Sus miradas se mantienen por, posiblemente, demasiado tiempo, definitivamente demasiado tiempo, el suficiente como para que dos hermanos se den cuenta de lo que ha sucedido la noche anterior. Sam es el primero en romper el contacto, agachando la cabeza con timidez o vergüenza, no sabe muy bien cual de las dos, está demasiado cansado para preocuparse. Se da la vuelta y se dirige al baño, dejando la puerta abierta mientras humedece una toallita y la pasa sobre su rostro y su pecho, arrugando un poco la nariz al ver como caen los restos secos de su venida. Realmente, el sexo es bastante asqueroso.
 
Dean está en la puerta, revoloteando torpemente. —Entonces, ehmm...
 
Sam comienza a cepillarse los dientes con fuerza, haciendo que le sangren las encías, totalmente entregado a esa tarea. Mira hacia el espejo, encontrándose con los ojos de Dean que rápidamente mira hacia otro lado, pasándose una mano por el pelo. Todavía tiene sus malditos pantalones desabrochados.
 
—Anoche fue, eh… —. Se aclara la garganta y Sam escupe en el fregadero, enjuagándose la boca después. Mira la espuma rosa deslizándose por el desagüe, se pasa la lengua por los dientes y agarra el desodorante que comparten, pasándolo por sus axilas. Dean todavía está allí.
 
—Estoy…, ehmm. Siento todo eso, Sammy. Yo solo… A veces Holly, simplemente se deja llevar y yo me dejo llevar con ella.
 
Sam hace un sonido evasivo mientras se cepilla el pelo, tratando de domarlo y fracasando hasta que lo deja, frustrado. Dean interviene, moja sus dedos en el lavabo y los pasa por el cabello de Sam, con calma, fijando las gruesas ondas hasta convertirlas en algo ligeramente presentable. Sam le mira a través de sus pestañas y luego directamente hacia abajo, a sus jeans abiertos, obteniendo la codiciada vista del vello justo por encima de su polla, del bulto apenas atrapado en el gastado dril de algodón. Cruza los brazos sobre el pecho y cierra los ojos.
 
—¿Estás enojado conmigo?
 
Dean suena tan suave, tan preocupado que Sam vuelve a abrir los ojos y le mira. Esa mirada entre ellos que Sam solía tener. Dean un poco roto y vulnerable en ese momento, tan temprano, y Sam exactamente de la misma manera. Las manos de Dean todavía están en su cabello, pero ahora están acariciándolo, calmándolo. Sam no podría estar enojado con él, incluso si quisiera.
 
—No estoy enojado, Dean. Pasó y ya —. Se traga la verdad, cuánto lo disfrutó, cuanto aprecia la vívida película que ha atesorado en su cabeza, de Dean, de la manera en que estaba, con el cuerpo apretado y sudoroso, y los músculos moviéndose como líquido bajo su hermosa piel mientras golpeaba en un cuerpo suave y cálido, como si hubiera nacido para hacerlo. —Está bien.
 
—Es justo eso —. Dean exhala ruidosamente por la nariz y salta sobre la encimera, con las piernas abiertas e invitando. —Holly está algo mal. Tiene un tío que… —. Se queda en silencio, esperando que Sam retome el hilo y lo entienda. Cuando Sam solo lo mira, parpadea un par de veces y espera, Dean suspira y baja de donde está sentado.
 
—Él la tocó. ¿Ya sabes? Cuando era pequeña. A ella y a su hermano, el gemelo. Le recuerdas, ¿verdad?
 
Sam asiente y se queda callado, siente una pesadez en la boca del estómago, se siente un poco enfermo. Siente el alcance de todo eso y en que medida tiene algo que ver con él y ya no quiere escuchar más.
 
Sigue a Dean a su habitación y lo observa mientras se viste, mientras se sube los pantalones y se pone una camiseta sobre la cabeza. Se sienta en la cama, esperando. Dean se quita la camiseta otra vez y se la tira a Sam que se la pone sin decir una palabra, sintiendo el rastro del calor del cuerpo de Dean en ella. No está limpia y huele a Dean y Sam quiere revolcarse en ella.
 
—Él, uh… Les hizo hacer cosas entre ellos. Les hizo cosas a los dos. A ella y a su hermano.
 
Dean se ha puesto otra camiseta y ahora se esta poniendo sus botas. Sam tantea por el suelo buscando sus convers y mantiene la cabeza baja, sin mirar a Dean.
 
—Bueno, aún están… Aún son un poco… Es extraño, hombre. Es como jodido. Y ella quiere tener sexo constantemente. Como, constantemente. Me saca de clase y todo; y me hace hacer algunas mierdas extrañas. A ella le gusta, uh… —. Las mejillas de Dean se sonrojan y aparta la vista de la repentina y penetrante mirada de Sam.
 
—Como lo hicimos anoche. Y le gusta realmente duro, le gusta decirme que no pero que yo continúe, sin importar cuanto ella me pelee. Cosas como esas. Quiero decir, es bueno, como realmente, realmente bueno. Mierda. No sé por qué te estoy diciendo esto.
 
—Está bien —ofrece Sam en voz baja. Está totalmente retraído en si mismo, mirándose las manos.
 
—Es solo… Es raro, por lo de su hermano. Y ella es una especie de exhibicionista, ¿sabes? Anoche tuvo un orgasmo realmente intenso, y luego no podía dejar de hablar sobre eso, sobre que vosotros estabais mirando.
 
La cara de Dean está más roja de lo que Sam haya visto en su vida. Mira a Dean moverse en la cama y se da cuenta de que está un poco molesto, solo hablando de esto. Saber eso le consuela de alguna manera, saber que no es el único jodido aquí. Incluso aunque realmente no sepa exactamente que significa “exhibicionista”.
 
—Yo solo… Es por eso por lo que no quería que ella te tocara. Demonios, tal vez sea por eso por lo que te estoy contando esto. No quiero que nadie te toque así —. Dean mira a Sam y la expresión de su rostro es feroz y protectora mientras agarra la sábana desordenada bajo su mano. Sam solo espera, solo deja que Dean se sienta satisfecho y deja que la deliciosa sensación de toda esa sobreprotección se apodere de él. Se siente cálido y contento aquí, bajo la mirada de Dean, en medio de toda su atención.
 
Nunca le contará a Dean que todo es en vano, que Holly llegó a él sin importar cuanto Dean no quisiera que lo hiciera. Que ella fue la primera en toneladas de cosas y que ahora siente que la violó y que fue violado de vuelta. Está contaminado ahora, todo lo está, incluso sus palabras, la parte más reconfortante de todas, todas están arruinadas. No puede tomar en serio las palabras de una chica rota. No sobre eso, no sobre Dean. No importa cuanto quisiera creerla.
 
Está jodido y está mirando a su hermano como si quisiera que Dean lo besara, y realmente lo quiere, y no puede seguir aquí. Salta de la cama, de la mirada sofocada de Dean donde quiere construir una fortaleza y vivir para siempre allí. Agarra su mochila y se la coloca sobre el hombro.
 
—Tengo que ir a la escuela.
 
—Sí. Sí, Sammy, lo siento —. Dean niega con la cabeza, saliendo del lugar oscuro y cálido en el que estaba, justo donde quiere mantener a Sam oculto del mundo. Busca su billetera en el bolsillo trasero y la abre, sacando un billete de diez y entregándoselo. —Dinero para el almuerzo. Haremos las cuentas para la cena esta noche, ¿ok?
 
Sam se mete el billete en el bolsillo trasero y se quita el pelo de la cara, sin querer mirar a Dean a los ojos, o simplemente mendigará por quedarse en casa, por quedarse aquí con Dean, pedirle que hagan pellas en la escuela y que jueguen, escondidos debajo de las sábanas sucias que huelen a sexo, y Sam quiere conocer cada pelo del cuerpo de Dean, recorrerlo con su boca antes de caer la noche. Eso es lo que quiere. Solo asiente, asiente y mira a Dean y luego se escabulle por la puerta.
 
Dean toma su propia mochila, patéticamente ligera porque, bueno, Dean no lleva libros. Corre detrás de Sam, una mano grande calentando en el pequeño hombro de Sam, que le devuelve la mirada, con los ojos llenos de por favor, quedémonos en casa, por favor, déjame ser tu Holly ahora, por favor bésame.
 
—¿Subes?
 
—No, no lo haré —. Sam mira hacia el cielo, a las nubes que se mueven sobre su cabeza. Aún no llueve, pero podría comenzar antes de que pueda llegar a la escuela. —Iré caminando.
 
Dean lo mira con los ojos entrecerrados, con la cara visiblemente abatida.
 
—¿Estás seguro? Oye, ¿tienes tu teléfono?
 
—Sí, Dean —. Sam comienza a caminar por la acera, negando con la cabeza mientras lo hace. —No soy un niño pequeño.
 
Sam siente que Dean se detiene ante eso, siente la ola de tristeza que emana de él, pero no se da la vuelta para mirarlo.
 
******
 
 
10:46 a.m.
 
Dean ya está pensando en dejar la escuela, y ni siquiera está en la segunda hora. Está en inglés, escuchado a su maestra hablar sobre los jodidos puritanos y el Pilgrim’s Progress o alguna mierda, realmente, ¿a quién le importa? Esos estúpidos tipos blancos, puritanos, que pensaban que la intervención divina solo estaba de su parte, que todo lo demás era obra del diablo. Si realmente supieran…
 
Su móvil vibra tan fuerte en la mochila, apoyada en el suelo a su lado, que casi le hace emitir un sonido sobresaltado. Jesucristo. Odia esa maldita cosa, odia tener que acordarse de cargarlo, pero cuando lo necesita, siempre está agradecido de oírlo. Como en este momento, cuando su padre probablemente llama para decirle a Dean que está de regreso, o que lo necesita para que le ayude en alguna cacería.
 
Sale disparado de la silla y ya está a medio camino de la puerta antes de abrir la boca.
 
—Yo… Jenkins. Tengo que contestar, hombre.
 
Su maestra, de trágico peinado y balbuceo permanente lo fulmina con la mirada y Dean solo le ofrece su sonrisa más hermosa. A la mujer no le gusta, pero Dean siempre se ha dado el lujo de que no le importe una mierda si le gusta a alguien o no. Todos son temporales de todos modos.
 
Cuando está solo en el pasillo, hurga en su bolsa, mirando hacia la pantalla de su tosco teléfono móvil, sorprendido cuando ve el nombre de Sam y no el de su padre. Siente un escalofrío correr por su cuerpo, su corazón se acelera de inmediato. Algo está mal, Algo está definitivamente mal.
 
Aprieta con el dedo el botón de aceptar la llamada y se apoya en las taquillas, metiéndose el dedo en la otra oreja para asegurarse de escuchar a Sam.
 
—¿Sammy?
—Dean —. La voz de Sam es muy suave, apenas un aliento. ¿Está llamando desde clase? Que cojones…
—Sam, estoy aquí. ¿Qué está pasando? ¿Dónde estás, por qué no estás en clase?
—Lo estoy. Dean, creo que hay alguien aquí. En la escuela. Alguien tiene un arma y han estado disparando a la gente. He… Lo escuché matar a varias personas.
 
El conjunto de los hombros de Dean cambia de inmediato Sus ojos se entrecierran y su mandíbula se aprieta, sin importarle dejar abandonada su mochila, comienza a correr hacia la salida.
 
—Sammy, háblame. ¿Estás bien? ¿Estás herido?
—Estoy bien. Estoy…, estoy en un baño, con Sunny. Nos estamos escondiendo en uno de los aseos.
 
—Sam, escúchame. Quiero que colguéis las mochilas de la percha y que os subáis encima del asiento del inodoro, ¿de acuerdo? Agáchate y no dejes que ninguna parte de ti sea visible desde fuera. Deja el teléfono descolgado para que pueda hablar contigo. No digas una palabra más, quiero que presiones un botón una vez para sí y dos para no. ¿Me entiendes?
 
Pasa un segundo y luego Dean oye el tono de una tecla siendo presionada. Irrumpe en el exterior donde ya hay un gran alboroto de gente, donde ya se sabe que algo está pasando. Ve a algunas personas reunidas en las aceras, escucha sus voces elevadas en una creciente histeria. Todos miran hacia la escuela de secundaria, al otro lado de la calle, subiendo una sola cuadra. Aligera el paso, su aliento saliendo en eficientes exhalaciones ensayadas.
 
—¿Estás herido?
 
Casi se derrumba en el suelo con el alivio de escuchar los dos botones presionados. Sabe que debería preguntar por Sunny, pero es Sam lo que le importa ahora. No puede pensar en nada ni en nadie más.
 
—Está bien, Sam. ¿Estás en el se…
—Dean… —. Sam suena asustado de una manera que Dean nunca había escuchado antes, su voz convertida en solo un pequeño aliento. Dean se detiene justo donde está, sobre la acera, con el corazón en la garganta
 
—Sam. ¿Qué pasa? Sammy, por favor, amigo, no me jodas en este momento. ¿Estás bien? Es…
—Es él —. Un trago espeso se desliza por su garganta seca y Sam respira suave pero rápido. Dean se siente impotente, las lágrimas le arden en los ojos, pero se obliga a correr otra vez. Solo una cuadra más para llegar a la escuela de secundaria. Solo una más.
—Está fuera. Puedo escucharlo fuera del baño.
 
Hay un silencio cargado y luego Dean oye un pop débil a través del altavoz del teléfono. Se detiene de nuevo, sintiendo que, honestamente, podría derrumbarse aquí.
 
Oye el crujido de una puerta abriéndose y luego el sonido asustado de lo que solo puede ser Sunny. Oye a Sam haciendo pequeños sonidos que pretenden tranquilizarla, minúsculos, minúsculos sonidos cuyo significado Dean conoce perfectamente, Sam tiene tanto miedo como ella.
 
—Ya casi he llegado, Sammy. Te voy a sacar de ahí, lo prometo. Estoy aquí, no digas nada hermanito, ¿de acuerdo? Solo cállate y…
 
Hay otro disparo, uno ensordecedor y Dean se detiene en el césped de la escuela, justo al lado de los escalones de la entrada. —¡Sam!
 
Todo inunda su mente, despiadada y cruelmente: la imagen de Sam, tan pequeño y dolorosamente hermoso y brillante, su pequeño niño, tirado en las baldosas sucias de un baño igual de sucio, muerto. Muerto, como si fuera cualquiera. Como si no fuera lo más importante en todo el universo.
 
Dean se ahoga en un sollozo, se esfuerza todo lo que puede para evitar que las lágrimas caigan de sus ojos ardientes. Es Dean Winchester, es el hijo de John y tiene que superar esto. Solo apúrate con el trabajo que tienes entre manos y supera esto. Mantén a Sam a salvo.
 
No oye nada más, solo un montón de sonidos apagados, así que aparta el teléfono de su oreja y sube corriendo los escalones de la escuela, ignorando los gritos del oficial detrás de él, al que acaba de empujar cuando trataba de detenerle. Puede escuchar más sirenas en la distancia, todo ese sonido mezclándose en un caos total. Empuja las puertas delanteras, entrando a través de ellas, corriendo mientras trata de echar mano a su conocimiento, limitado, de la escuela. Las clases de octavo grado están todas en el segundo piso, y debe haber al menos dos baños allí.
 
La escuela está mortalmente silenciosa, excepto por la locura de la zona exterior. Dean escucha con sus oídos de cazador y con cada segundo del entrenamiento de Marine que le dio su padre, tratando de detectar cualquier movimiento, cualquier indicio de donde pueda estar el tirador.
 
Se mantiene cerca de la pared mientras se abre paso a través del vestíbulo principal, hacia las oficinas. Puede ver movimiento allí, mujeres escondidas bajo los escritorios y puertas que apenas se abren antes de volver a cerrarse. Puede ver donde las balas han hecho añicos el vidrio, puede ver un pie sobresaliendo de uno de los escritorios de la secretaría. Ignora todo eso, se da la vuelta y continúa.
 
Avanza por un pasillo y luego otro, antes de encontrar las escaleras que conducen al segundo piso. Las toma tan silenciosamente como le es posible, sabiendo que se dirige directamente hacia el tipo y que no tiene una sola arma encima, tan solo el cuchillo que siempre lleva metido en la parte posterior de su bota.
 
Los pasillos son como un pueblo fantasma, inquietantemente silenciosos y vigilantes. Pasa frente a la puerta de un aula y oye un gemido, un grito ahogado. Se agacha, manteniéndose oculto a todo el que pudiera mirar desde las ventanas situadas en las puertas. Casi se tropieza con una mochila abandonada frente a una fila de taquillas, libros tirados y una caja de maquillaje para niñas. Puede ver otro cuerpo en el otro extremo del pasillo, cabello largo y oscuro, suéter rosa y sangre a su alrededor.
 
Se vuelve a poner el teléfono en la oreja y puede escuchar a Sunny llorando muy cerca del altavoz. —¿Sam? Sam, joder, habla conmigo. ¿Qué baño, hombre? Solo dime cual.
 
—El…, el de la parte de atrás del edificio. Al lado de las salas de arte.
 
Dean se arranca el teléfono de la oreja cuando repentinamente, oye un ruido de pasos. Se aparta de la dirección que parecen tomar y se oculta en una esquina, justo fuera de la vista de la escalera. Lo ve, pelo largo y oscuro, chaqueta negra. Dean ve el destello de una Glock de 9 mm en una mano. Oye un clic y luego el sonido de un cargador vacío chocando con el azulejo. Los pasos pesados de unas botas bajan por los escalones, alejándose de él, y Dean retoma su marcha por el pasillo otra vez.
 
—Estoy yendo hacia ti. El tipo bajó las escaleras. Estoy casi ahí, Sammy.
 
No cuelga, no puede romper su conexión con Sam, incluso si tuviera un arma contra su cabeza. Ve el símbolo universal de los baños y se impulsa aún más fuerte, le duelen las piernas por el ritmo de la carrera, el pánico y la tensión de sus músculos. Sostiene el teléfono en su mano y abre la puerta del baño de los chicos, asomando la cabeza.
 
—¿Sammy?
 
Hay un movimiento inmediato, una lucha y un revuelo nervioso, Dean ve la Converse sucia de Sam golpear el azulejo en el aseo del medio. Deja caer su teléfono y llega a la puerta antes de que se abra y Dios, ahí está, ahí está su dulce muchacho. Agarra a Sam por la camisa y lo atrae contra él, envolviendo los brazos a su alrededor y acurrucándose sobre él, con la cara apoyada en la parte superior de la cabeza de Sam.
 
Mira a Sunny por el rabillo del ojo y puede decir que está bien, asustada, pero bien, así que no piensa en ella ni un segundo más.
 
—Bebé —. No pretendía decir eso, nunca pensó dejarlo salir del estrecho cofre escondido en su mente, pero es que está a punto de desmoronarse aquí mismo. Un hombre, un ser humano casi lastima a su hermano, podría haber matado a su hermano. No es un ghoul, no es un hombre lobo, no es un wendigo. Una persona. En todas las preocupaciones que podían robarle las horas de sueño, en todas esas horas pasadas en el auto con su padre y con Sam, en la habitación de un motel solo… Nunca, Dean nunca lo había pensado. Que un tipo sin conciencia y con un arma podría alejar a Sam de él. Es demasiado. Es más, de lo que puede comprender. —Sammy.
 
Empuja a Sam de vuelta a la puerta abierta del aseo, donde todavía está colgadas las mochilas, escuchándolas chocar estrepitosamente contra la pared, y Sam gime, pero Dean solo tiene una jodida necesidad de protegerlo, de cubrirlo y mantenerlo en donde nadie más pueda verlo. Nunca más. Nunca, nunca, va a dejar que esto ocurra de nuevo.
 
Sam está temblando contra él cuando se pone de puntillas y le abraza por el cuello. Está temblando como una hoja y Dean solo se presiona más fuerte contra él, tan fuerte que apenas puede respirar, y está prácticamente doblado por la mitad, solo para presionar su cara lo mas cerca posible de la de Sam. Presiona su frente contra la de él, lo suficientemente fuerte como para que duela.
 
—¿Estás bien?
 
Sam asiente con un movimiento casi frenético. Las manos de Dean hacen su viaje habitual sobre el cuerpo de Sam, manos presionando, grandes y pesadas, en los lugares mas tiernos de Sam, solo asegurándose. Puede sentir los ojos de Sunny sobre él, sobre ellos. Siente su confusión y su necesidad de decir algo, pero no le importa. Simplemente, no le importa.
 
—Él… Disparó aquí dentro. Impactó en el aseo donde estábamos y rebotó, y… —. Sunny está prácticamente histérica, con los brazos alrededor de si misma y Dean la mira en ese momento, repentinamente interesado en lo que tiene que decir.
 
—¿Y? ¿Y qué…?
 
Mira alrededor del aseo, intentando ubicar el agujero de la bala y…, Y si ha llegado justo hasta allí, tendría que…
 
Mira a Sam, sus pupilas cada vez más horrorizadas. Sam solo sacude la cabeza, las lágrimas cayendo por sus mejillas, pero aún consigue encontrar su voz.
 
—Dean, de verdad. Solo me rozó. Dean —. Sam solo puede relajarse contra la pared del aseo, resignado a la forma en que Dean lo está manipulando, rasgándole la camisa tan cautelosamente como puede.
 
—¿Dónde, Sammy? Enséñamelo.
 
Sam levanta una de sus mangas que Dean ahora nota que está ensangrentada. Allí, en su delgado bíceps, hay un desastre lleno de sangre. Los ojos de Dean se ensanchan y se acerca nuevamente a él, sus manos van al brazo de Sam tan cuidadosamente como pueden. Se acerca, tratando de ver a través de toda la sangre.
 
—¿Ves? Solo me rozó. Tal vez un par de puntos. Dean. Dean, escúchame —. Las manos de Sam se posan en las mejillas de su hermano y solo entonces, Dean aparta sus ojos de esa herida, de ese lugar donde Sam está herido, donde Dean no pudo alcanzarlo a tiempo. Donde ese jodido monstruo lastimó a su hermanito.
 
—Solo quiero salir de aquí, ¿vale? Solo quiero irme a casa contigo.
 
Sus ojos están fijos los unos en los otros, las manos de Sam sobre sus mejillas y Dean podría desmayarse por esa oleada descabellada de emoción. Quiere volar el mundo entero y encerrar a Sam en un refugio antibombas con él por el resto de sus vidas. Quiere empujar y juntar sus cuerpos hasta que el suyo se abra y Sam, simplemente se hunda en él, exactamente entre sus costillas, acurrucado contra su corazón. Quiere estirar a Sam aquí mismo y deslizar sus manos sobre él, para inspeccionar cada pulgada de este chico que le pertenece, solo para estar seguro. Solo para estar seguro.
 
—Dean —susurra Sam, sus pulgares acariciando las manzanas que son las mejillas de Dean. Su hermano vuelve en si, concentrándose en los ojos llorosos de Sam. Y entonces lo oye, realmente lo oye. —Por favor.
 
—Sí. Sí, Sammy. De acuerdo —. Finalmente se aparta de él, dándole una pulgada de espacio y Sam inhala, rápido y aliviado, como si no hubiera podido respirar en absoluto teniendo a Dean tan cerca. Dean se quita la chaqueta y cubre con ella los hombros de Sam, ayudándole a pasar los brazos. Tira de la chaqueta, cerrándola, y casi llora por lo grande que se ve en Sam. Es tan pequeño… Es muy joven y es tan pequeño que no importa lo inteligente que sea. Todavía es lo suficientemente joven como para necesitarle, y Dean, nunca lo ha sentido más intensamente que en ese mismo momento.
 
Ahora, la conmoción fuera es mayor, las puertas se abren y el ruido de la policía pululando por el lugar lo llena todo, gritando “despejado” y los números que Dean sabe que significan cuantos cuerpos han encontrado. Y sabe que algo está mal en él, que hay algo roto en su interior porque no le importa tanto como debería. Porque lo único que le importa es que Sam está vivo, entero y justo aquí, y nunca lo dejará ir nuevamente. Nunca más.
 
—Sam —. Sunny tira de la mano de Sam, hipando de tanto como está llorando, y Dean sabe que debería estar consolándola, que probablemente nunca había escuchado un arma si no había sido en una película, a diferencia de Sam y él; que es muy pequeña y que probablemente nunca se sintió realmente amenazada y esto la va a joder bastante. Pero Dean sigue mirando a Sam, le aparta el sudoroso cabello de la cara y lo observa volver su atención hacia su novia. ¿Cómo es que Sam tiene una novia?
 
—Todo irá bien. Shh, estamos bien. Sun, lo superamos, ¿de acuerdo? —. Sam se vuelve hacia ella, sujeta sus mejillas y la besa con más habilidad de la que Dean sabía que tenía. Él mantiene su mano, posesiva y constante, en la parte posterior de la cabeza de Sam.
 
—Sam, no me dejes. Por favor, no me dejes. Estoy asustada. Dean… —. Ella lo mira, suplicándole. —¿Puedo irme a casa con vosotros? ¿Por favor?
 
Dean mira entre ellos, echando un vistazo a la expresión de Sam, que está realmente conmocionado, apenas manteniendo el tipo por ella, por los dos, esperando que Dean se decida.
 
—Tus padres estarán preocupados por ti. Necesitaran saber que estás bien. Sabes que tienes que ir a casa y que te vean. Es posible que tengas que hablar con la policía y…
—¿Vosotros no vais a hacerlo? Sam, ¡has recibido un disparo! Tienes que hablar con la policía. ¡Tienes que ir al hospital! Tú…
 
—Me ocuparé de él. Te lo prometo, te llamará más tarde. Vamos, ¿ok? Solo ve —. Dean mantiene su voz tranquila, tan calmada como puede, pero se esta impacientando. Todavía están en el baño y cada vez hay más ruido, y si alguien trata de interponerse entre él y Sam, simplemente podría perder la cabeza.
 
Sunny finalmente asiente, limpiándose los ojos con las mangas de su sudadera. Salieron, mirando en silencio a la gente, los llantos y las voces atemorizadas llenándolo todo. Dean acomoda a Sam contra él, protegiéndolo de tantos ojos como pueda, y Sam simplemente lo deja hacer. Sunny los mira un par de veces, pero se va, caminando lentamente hacia un grupo de niños que se abrazan, rodeados de oficiales.
 
—Vamos, Sammy. Vamos a llevarte a casa —. Dean acerca a su hermano, apoyando la cabeza en su hombro. Caminan lentamente pero no importa, nadie se fija en el chico con una chaqueta que casi se lo traga, ni en el chico mayor que se envuelve alrededor de él, con la boca en su oreja, susurrándole aliento cuando nadie más puede oírlos. Bajan las escaleras y ya están fuera, pasados por alto por casi todos, porque hay demasiadas cosas que hacer, demasiadas por las que preocuparse.
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CNQ80Q3
Human
Registrado: Mar 3 2018, 12:27 PM

Abr 23 2018, 07:09 PM #17

Wow, esto se está poniendo muy intenso!
Sigue con la traducción Saphi.
Es muy buena.
Y gracias por el curro que te estás pegando. 
Me parece que no se te valora como mereces.
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saphi.rott
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saphi.rott
Woman In White
Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 24 2018, 08:45 PM #18

CNQ80Q3 escribió: Wow, esto se está poniendo muy intenso!
Sigue con la traducción Saphi.
Es muy buena.
Y gracias por el curro que te estás pegando. 
Me parece que no se te valora como mereces.
Muchísimas gracias!
Me alegro de que te este gustando y gracias por tus likes y tus comentarios. La verdad es que si no estuvieras ya me habría planteado dejar de subir aquí. Es un poco descorazonador. En fin... vamos a por el siguiente. 
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saphi.rott
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saphi.rott
Woman In White
Registrado: Jun 27 2015, 03:36 PM

Abr 24 2018, 08:49 PM #19

El camino de regreso a casa es corto y silencioso. Dean tiene su mano extendida sobre el asiento, los dedos agarrando el muslo de Sam tan suavemente como puede. Sam no mira por la ventana, no mira a Dean, solo mantiene la chaqueta ajustada alrededor de su cuerpo y mira sus piernas, y a la mano de Dean.
 
Dean estaciona el coche en el camino de la entrada y apaga el motor para apresurarse hacia el lado del pasajero. Abre la puerta y entrecierra los ojos hacia Sam, que lo mira por debajo de su cabello, demasiado largo, con una sonrisa.
 
—¿Qué…, vas a llevarme en brazos, Dean?
 
—No eres lo suficientemente grande como para que no pueda hacerlo —murmura Dean en un susurro. Se agacha al lado del auto y tira del muslo de Sam para hacerlo girar en el asiento, cuando están uno frente al otro, lo empuja hacia él. Sam solo lo mira, extrañamente obediente. Dean alcanza los brazos de su hermano, teniendo cuidado con el que está herido mientras los acerca a su propio cuello. Agarra los muslos de Sam y lo levanta sobre su cuerpo, las piernas de su hermano se cierran sobre él, tal y como solían hacerlo cuando era más joven.
 
—Aún tan pequeño —suspira Dean para si mismo mientras se pone de pie, Sam se siente tan ligero en sus brazos, con la barbilla apoyada en su hombro y los brazos alrededor de su cuello.
 
—No, no lo soy —susurra, justo contra la oreja de Dean, y por alguna razón, eso envía una corriente de escalofríos por todo el cuerpo de su hermano. Recuerda a Sam la noche anterior, tan solo la noche anterior, aunque parece que fue hace años. Recuerda su boca en el duro pezón de Sunny y una de las tímidas manos de ella en su polla. Sam prácticamente tuvo sexo la noche anterior y todavía es lo suficientemente pequeño como para que lo cargue así, como si no pesara nada. Es trágico y doloroso, y hace que Dean se sienta cálido con algo en lo que se niega a pensar.
 
Cuando entran en la casa, cierra la puerta detrás de ellos, echando incluso el cerrojo. Sam todavía tiembla muy débilmente, por lo que Dean abandona su idea de comprobar todas las cerraduras de la casa y lo lleva a la habitación que está a oscuras, excepto por la luz que pasa entre las persianas, que hace la estancia cálida y familiar para este momento. Como un hogar.
 
—No —dice Sam rápidamente, justo cuando Dean le baja sobre su cama. —No, quiero…, quiero en tu cama.
 
—Ok, lo que quieras. Vamos allá —. Dean acuna la cabeza de Sam mientras lo baja. Se queda agachado sobre él, solo mirándolo bajo la tenue luz. Sam le mira de vuelta, las lágrimas caen olvidadas de sus ojos. Dean se sienta a su lado en la pequeña cama, dejando que la parte posterior de sus nudillos se arrastre sobre una de las húmedas mejillas de Sam.
 
—¿Estás bien?
 
Sam asiente, pero eso solo lo hace llorar de nuevo. Alza la mano y tira de la camiseta de Dean, todavía lleva su pesada chaqueta. Dan obedece, inclinándose hacia él y moviéndose para recostarse a su lado. La mano de Sam se aplana y solo se frota contra el pecho de Dean, haciendo círculos pequeños e irregulares. Sus dedos caen sobre el amuleto cada pocos pases, y cada una de esas veces Dean siente escalofríos. Cubre la mano de Sam con la suya, sin tratar de detenerlo, solo asegurándose de que Sam sepa que está aquí, que no irá a ningún lado nunca más.
 
—Necesito arreglar ese corte en tu brazo, Sammy. No creo que necesites puntos, solo un par de tiras de aproximación y agua oxigenada. ¿Está bien?
 
Solo obtiene otro asentimiento. Entonces, Dean se pone a ello, intenta levantarlo tirando de la chaqueta y Sam se tensa, con los brazos quietos, impidiendo que pueda quitársela. Dean levanta las cejas, confundido.
 
—No puedo llegar a la herida hasta que te quites todo esto, chico. Supongo que lo sabes.
 
Las manos de Sam están cerradas alrededor de los bordes de la chaqueta, manteniéndola cerrada, dejándosela puesta. Se mantiene así por un momento, debatiendo en silencio. Finalmente suspira y relaja sus manos, dejando que la chaqueta se abra de nuevo. Se incorpora lo suficiente como para dejar que Dean lo ayude y se la quita una vez que está desabrochada. La mantiene sobre su regazo, sin estar aún listo para dejarla ir.
 
—Yo solo…, solo quiero sostenerla por un momento.
 
Dean siente que su corazón se hincha tanto que lastima todo su pecho. Se acerca más a Sam y siente como inhala, lo siente, jodidamente, como si le estuviera inhalando a él, y Dean siente una peligrosa posesividad disparándose a través de su cuerpo. Toma una respiración profunda, forzándolo todo, obligándose a calmarse. Le quita la camiseta a Sam y la arroja a un lado, sus ojos centrados en la herida de su brazo.
 
—Iré a buscar el kit, ¿está bien? ¿Quieres algo más?
 
Sam tiene la chaqueta acurrucada en sus brazos, como si fuera un oso de peluche, y mira a Dean, todavía con los ojos apagados y lejanos, tal y como habían estado desde que salieron de aquel baño. Sacude la cabeza, pero Dean coge un vaso de agua del fregadero antes de volver a entrar con un cuenco de agua tibia, un trapo y el botiquín de primeros auxilios que, en realidad, era solo una bolsa de lona que guardan en la habitación apenas utilizada de su padre. También trae un paquete de mantequilla de cacahuete y galletas saladas colgando de los dientes.
 
Le da a Sam el agua y el tazón y deja caer el petate a los pies de la cama para ponerse, inmediatamente, a rebuscar en él. Saca la bolsa de vendajes, la cinta médica y un tubo casi vacío de Neosporin. Saca una pastilla de una bolsita aparte y se la entrega a Sam.
 
—Come un par de galletas antes de tomar esto, amigo. Te destrozará el estómago de lo contrario —. Comienza a limpiar la herida mientras Sam come las galletas, un brazo todavía alrededor de la chaqueta. Dean trabaja tan eficientemente como una enfermera de la sala de emergencias, limpiando y secando la herida, que es un poquito peor de lo que originalmente pensó, pero al menos, casi no sangra. Le aplica el Neosporin y usa cuatro puntos de mariposa antes de envolverla ligeramente con gasa. Sam no hace ningún ruido durante todo el proceso, solo come sus galletas, se traga su píldora y ahora, solo mira a Dean en silencio, observándolo trabajar.
 
Dean deja todas las cosas a un lado, pone el petate en el piso y entonces, son solo Sam y él otra vez. Sam ya está un poco ido, una sonrisa ligeramente drogada se muestra a través de las lágrimas. Dean acaricia su cabello como siempre lo hace, dejando que sus dedos se pierdan en ese increíble y tan suave espesor, muchísimo mejor que cualquier otro pelo que haya podido tocar alguna vez. Sam prácticamente ronronea y se acerca un poco más a Dean, lo que hace que este, prácticamente se ría. Por supuesto, Sam se vuelve muy afectuoso con los opiáceos. Tiene sentido.
 
—¿Te sientes bien, Sammy?
 
—Siempre te sientes bien, Dean. Siempre te sientes tan bien —. El brazo de su hermano está tan cerca de su rostro que Sam hociquea en el y Dean, solo se acerca más y ahora, hay muy poco espacio entre ellos.
 
—¿Crees que podrías dormir?
 
—Me encantan tus manos. Simplemente, las quiero mucho —. Sam toma la otra mano de Dean, la que no está en su cabello, se la acerca a la cara y pasa los dedos sobre ella, sobre su palma ancha, sus dedos gruesos y sus uñas redondeadas. —Siempre me mantienen a salvo. Siempre me protegen y me salvan. Tienes manos tan grandes, Dean. Siento que podrían estar sobre mí, haciendo todo eso a la vez.
 
Dean solo puede ver como Sam toma su mano y la presiona contra su pecho desnudo. Sus dedos se contraen allí, pero los mantiene quietos, solo deja que Sam haga lo que quiera. Siente una sacudida a través de él, deslizándose por su columna y encogiendo su estómago cuando siente el pezón de Sam endureciéndose bajo las yemas de sus dedos. No discute, no le dice a Sam que él es una mierda protegiéndolo, manteniéndolo a salvo. Que después de todo no estuvo allí para evitar el desastre, para ocuparse de todo. Pero no más. Nunca más.
 
—Estás colocado, Sammy. Y gracioso…, anda, vamos —. Guía a Sam para que se acueste y Sam le sigue voluntariamente, volteándose sobre su estómago con la chaqueta metida debajo de él. Dean solo lo mira, mira esa espalda expuesta a él y pasa una mano desde los omóplatos hasta la parte baja de su espalda para luego volver a subir.
 
Sam se queda callado, pero la piel erizada vuela arriba y abajo de su cuerpo con cada pasada de la mano de Dean, y las mejillas de Dean comienzan a arder cuando Sam empieza a arquear su espalda. Se aclara la garganta suavemente y comienza a pasar la punta de un dedo sobre su piel, dejándola girar, girando y dibujando; justo como solían hacer cuando eran pequeños, acurrucados juntos en la cama, uno de ellos girado de lado para que el otro pudiera dibujar en su espalda, este lo adivinaba y luego cambiaban. Lo hacían durante horas, atrapados en la seguridad de su cama, con los ronquidos de su padre sonando suavemente de fondo.
 
—Adivina de que se trata —murmura Dean, su voz es tranquila, áspera, sonando más parecida a la de su padre que nunca.
 
Sam hace un sonido muy parecido a un gemido y reposiciona su cabeza sobre la almohada para poder enfrentar a Dean. Su cara está relajada, sin dolor, pero sus pestañas aún están húmedas. Su boca es un pequeño arco, precioso y rosado que sonríe muy débilmente.
 
—Un Monster Truck.
 
Ambos dejaron escapar un pequeño soplido divertido y Dean niega con la cabeza.
 
—No.
 
Dibuja de nuevo, más lentamente esta vez, extendiéndose desde debajo de los omóplatos de Sam hasta la parte superior de sus vaqueros. Sam se estira y se deleita bajo el tacto, como un gato mimado.
 
—Mmm. Una chica.
—¿Qué chica?
 
Dean hace un show, dibujando tetas más grandes con anchos y grandes pezones, y pasa la mano por la espina dorsal de Sam para hacer cosquillas entre sus piernas imaginarias. Sam se estremece.
 
—Pamela Anderson.
—¡Premio!
 
Frota la espalda de Sam, borrándola como si fuera una pizarra, antes de volver a empezar. Sam está callado, concentrándose, pensando. Resopla después de un minuto y niega con la cabeza. —Tío. ¿Otra chica?
 
—No.
—¿Un chico?
—Mmm.
 
Dean repasa nuevamente el largo cabello y el gran pecho, y el cuerpo de Sam tiembla de risa.
 
—¿Fabio?
 
Ambos resoplan y se ríen, incluso cuando la mano de Dean está borrando a Fabio de la espalda de Sam.
 
—Siempre has sido muy bueno en esto.
—Siempre has sido predecible.
 
Dean pasa su dedo sobre la espalda de Sam otra vez, pero es una palabra esta vez. La repasa una y otra vez, para que Sam no se pueda equivocar. Seguro. Seguro. Seguro, seguro, seguro.
 
Sam hace un sonido suave y Dean, fluye sobre Sam, sabe que lo entendió. Dean puede ver las lágrimas resbalar por la cara de Sam nuevamente, a pesar de que sus ojos están cerrados.
 
—Sammy —suspira. Tira de su propia camiseta, sacándosela por la cabeza, moviéndose después para tumbarse al lado de Sam en la cama, pero Sam está encogido sobre si mismo, con las piernas metidas debajo de su cuerpo, la espalda todavía expuesta. Dean solo lo mira y se siente impotente. Aprendió muchas cosas de su padre, pero ¿lidiar con esto? Con un puto tiroteo en la escuela y con su hermanito sintiéndose asustado, ¿realmente asustado? Esto es completamente extraño para Dean. Una autentica pesadilla.
 
Se levanta, se quita los pantalones y encuentra un par de bóxer en el suelo, después de ponérselos, se arrastra de vuelta a la cama y se niega a pensar demasiado mientras cubre el cuerpo de Sam, con el pecho apoyado contra su espalda. Sam se afloja un poco entonces, deja que Dean lo estire para que sus brazos y piernas no queden apretados debajo de él. Dean se ajusta directamente en el profundo arco de la espalda de Sam. Entrelaza sus manos y luego envuelve los cuatro brazos alrededor del cuerpo de Sam, abrazándolo fuertemente. Su boca descansa justo en la nuca de su hermano, suave y anhelante justo allí. Sam está agotado y drogado, y el terror se le escapa en oleadas. Al poco tiempo está sollozando suavemente en la chaqueta de Dean, que está besando su cuello, con los brazos tan apretados alrededor de Sam que están temblando.
 
—Sunny y yo nos saltamos la clase. Ella quería que fuéramos al baño y nos besáramos y así lo hicimos. Estábamos en uno de los aseos y escuchamos un pop. Parecía una de esas viejas pistolas del cine. No como un arma real. Supongo que estaba demasiado lejos. Entonces escuchamos más. Como…, probablemente una docena, tal vez más. Y a la gente gritando, puertas cerrándose. Escuché a alguien diciendo, “por favor”. “Por favor, por favor, por favor, no lo hagas”. Y mas disparos. Dean, hubo tantos disparos…
 
—Y yo quería salir, pero no podía. Sunny estaba tan asustada que casi se desmaya. Ella solo temblaba y lloraba y estaba siendo muy ruidosa, y yo estaba tratando de calmarla. No podía dejarla. No pude ir a salvar a todas esas personas. Pude haberlos salvado.
 
—Sam, él tenía un arma. No podías hacerlo. No habría sido una pelea justa.
 
—Sí, pero Dean. Papá nos entrenó en eso un millón de veces, en como ganar cualquier pelea. Podría haberlo hecho. Hacer algo, simplemente algo. Pero no lo hice. Él…, simplemente, no era un fantasma ¿sabes? O una bruja o algo así. Era…, solo un tipo, y eso era aún más aterrador. ¿Ya sabes? No era solo un ser malvado porque eso es lo que es, por su naturaleza. Era un tipo que mataba a niños.
 
—Está bien tener miedo. Está bien que tengas miedo. Lo sabes, ¿verdad?
—Solo te necesitaba —dijo Sam en una suave ráfaga de palabras, tan suave que Dean apenas lo escuchó. —Estaba atrapado en un baño y no estabas allí conmigo, no estabas cerca y solo, te necesitaba tanto. Y…, lamento haberte llamado, ponerte en peligro al hacerte venir a la escuela en medio de todo eso. Solo te necesitaba. Demasiado.
 
Dean los mueve entonces, gira a Sam y tira de los brazos y las piernas de este a su alrededor, acomodándose contra él, arrastrando la manta sobre sus cuerpos para que Sam se sienta protegido. Oculto.
 
—Siempre quiero protegerte. Salvarte…, ¿ok? No importa de qué. No importa la edad que tengas o lo grande que seas. Siempre serás mi hermanito y no hay nada que desee más que tu seguridad. Así que me alegra que me hayas llamado. ¿Imagínate que me acabo enterando después? ¿Qué haría? ¿Qué hubiera hecho para llegar a ti? Jesús, Sammy.
 
Se encuentra con los ojos de Sam, con ambas manos en su cabeza, manteniéndolo allí mismo, con los ojos conectados.
 
—Haría cualquier cosa por llegar a ti. Cualquier cosa. Tú eres…, eres mío, ¿de acuerdo? Y es mi trabajo mantenerte a salvo.
 
Sam solo lo mira con ojos pesados y adormilados, esas largas pestañas cada vez más cerca de las mejillas de Sam. Dean se inclina hacia delante y besa la punta de su nariz, luego levanta la cabeza y besa su frente, justo entre sus ojos. Entonces, se detiene y los ojos de Sam se cierran por completo.
 
Dean lo abraza, frotando lentamente su espalda, evitando con cuidado el tocar su brazo herido.
 
—Te tengo, hermanito. Solo duerme. Te tengo.
 
Dean siente como Sam se duerme, siente su cuerpo relajarse, incluso el suave aliento que derrama contra su oreja lo hace. Besa su hombro desnudo, solo dos veces, justo encima de la gasa. Sam está vivo y está aquí con él. Es todo lo que importa. Lo sabe, pero no puede evitar pensar, justo antes de caer dormido en arrinconar al tirador sin rostro, atraparlo en una habitación y dispararle en cada una de sus extremidades antes de, finalmente, apuntarle a la cabeza; dejándole saber, justo antes de matarle, que todo esto es solo por haber puesto en peligro a Sam.
 
Sostiene a Sam tan fuerte que puede sentir los latidos de su corazón contra su propia caja torácica. No son ni la una de la tarde y los dos están dormidos, muertos para el mundo.
 
*****
 
La puerta de la calle se cierra de golpe a última hora de la tarde y Dean se despierta sobresaltado. Está fuera de la cama y a medio camino de la puerta cuando ve a su padre de pie en la puerta de su habitación, iluminado por la luz del sol, con una sombra de barba de dos días en la cara. Se ve destrozado, furioso y asustado. Dean, por un simple e incoherente momento, está aterrorizado.
 
—… ¿Papá?
—¿Dónde está? ¿Dónde está? Lo vi en las noticias. Lo vi en las putas noticias, y…
 
Finalmente, Sam se mueve en la cama, gimiendo como siempre lo hace cuando se despierta de repente. Se da la vuelta y ve a su padre, y lo mira con los ojos entrecerrados.
 
—¿Papá? ¿Qué estás haciendo en casa?
—Sammy.
 
Dean observa como su padre, su superhéroe en forma de padre, el hombre que puede hacer las cosas más difíciles y dolorosas sin que su gesto varíe un ápice, vacila. Su padre cae de rodillas junto a la cama y toma la cara de Sam, justo sobre sus mejillas aún calientes por el sueño. Entonces, todo golpea a Dean, es consciente de como lo ha debido vivir su padre. Es consciente de que debió ver las noticias sobre el tiroteo donde fuera que estuviese, que debió pensar que Sam podría estar herido, tal vez incluso muerto. Y su teléfono estaba… joder. En esa escuela, en algún lugar perdido en ese baño, y el de Sam también.
 
Dean retrocede un paso, sus hombros se curvan hacia dentro, mira a su padre abrazar a Sam e intenta armarse de valor para aceptar la culpa de esto.
 
—Papá, estoy…, estoy bien. Dean me encontró. Vino a la escuela y me encontró. Me salvo, papá. Estoy…
—Estás herido —. Su padre coge el brazo desnudo de Sam con una ternura que Dean no ha visto nunca, justo por debajo de la gasa. Dirige sus ojos hacia Dean y él se estremece solo con esa mirada: mortal, fría. Furiosa. —Está herido.
—Él…, uhmm. El hombre, él… Él disparó en el baño donde yo estaba. Rebotó y… Pero… Pero estoy bien, Dean me curó. Estoy bien, papá. De verdad.
 
Su padre sigue mirando a Dean y Dean, siendo el cobarde que es, no puede mirar a los ojos de su padre. Está mirando el brazo de Sam, su pequeño brazo. Necesita controlar la herida, tal vez cambiar la gasa. Podría…
 
Su padre está frente a él de repente, acosándolo. Dean se encoge de nuevo, pero intenta afrontarlo en la medida de lo posible. Se endereza, echa los hombros hacia atrás y se obliga a enfrentar los ojos de su padre.
 
—Fuera, Dean. Ahora.
 
—Sí, señor —asiente Dean. No puede mirar a Sammy, no puede afrontar ninguna de las expresiones que pudiera mostrar su rostro en este momento. Simplemente agacha la cabeza y sale de la habitación, sin detenerse hasta que está en el patio trasero, ese pequeño espacio delimitado por una cerca de alambre. Hay un par de sillas, algunas botellas de cerveza vacías, cenizas que escapan por algunas juntas y que ensucian el pequeño cuadrado de cemento que forma el “patio” donde ahora está parado. Hay dos árboles y una vieja cuerda de tender la ropa y es, en secreto, el lugar favorito de Dean en el mundo.
 
Su padre cierra la puerta corredera de vidrio detrás de él y camina hasta el borde del cemento, sin pisar la hierba. Echa un vistazo al patio y Dean solo lo observa y espera, observa como los hombros de su padre se elevan y luego caen mientras respira profundamente para tratar de calmarse, pero cuando se da la vuelta, no parece estar más tranquilo.
 
—¿Cuándo exactamente ibas a tomar un descanso de tu apretada agenda para llamarme y decirme que mi hijo menor estuvo involucrado en un tiroteo en la escuela, Dean?
 
—Papá, lo siento —se apresura a decir. Inspira profundamente, tratando de mantener la calma, de no parecer emocional, eso solo enoja más a su padre. —Todo sucedió muy rápido, y cuando lleve a Sammy a casa, él era un desastre…, simplemente, estaba destrozado, lo curé y traté de calmarlo y hacer que descansara. Y…, y lo hizo, y yo también me quedé dormido, eso es todo lo que sucedió. Y…, no debería haberme quedado dormido. Debería haberte llamado…
 
—Maldita sea, deberías haberlo hecho. ¿Tengo que averiguarlo por que Caleb lo vio en las noticias en un bar? ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba? Todo ese tiempo, cuando intento contactar contigo y te llamo y te llamo, a los dos, y no hay respuesta. Como si mis hijos simplemente no existieran. Desaparecidos. Se han ido. No hay nada. ¿Qué se suponía que debía pensar? ¿Huh? Incluso te detuviste a pensar que…
 
Su padre se aleja, se calla. Antes de volverse, Dean ve un destello en sus ojos, un destello de lágrimas. Su padre se lleva un puño grande y canoso a la boca y exhala temblorosamente contra él mientras esas lágrimas revolotean peligrosamente, amenazando con caer.
 
—Tengo que venir hasta aquí, todo el camino de vuelta desde Iowa, sin saber. Sin saber que iba a encontrarme, que estaba pasando. Si Sam…
 
Mira a Dean otra vez y esta vez, Dean salta, sorprendido por la intensidad de los ojos de su padre sobre él. El corazón le late tan fuerte en los oídos que apenas puede escuchar el rumor de la voz de su padre.
 
—La próxima vez que suceda algo así, cualquier cosa que pase, me llamas. No me importa la hora que sea. No me importa que más esté pasando. Llámame. Eres mis ojos y mis oídos cuando no estoy aquí. Dependo de ti, lo sabes. Tienes que ayudarme, hombre, porque no puedo estar en todas partes a la vez. Le pido a Dios poder estar aquí con vosotros, muchachos, pero yo… Yo solo…
 
—Lo siento, papá —. Dean sabe lo desesperado que suena y lo odia, pero no puede evitarlo, no importa cuanto quiera hacerlo. —Lamento decepcionarte. No volverá a suceder. No dejaré que vuelva a pasar, señor. Lo juro.
 
—Lo encontraste, lo sacaste de allí. Eso es lo que importa, y que está bien —. La mano grande de su padre palmea el hombro de Dean y se desliza hasta su cuello para ahuecar su mejilla. Su sonrisa es sombría, como lo son todas sus expresiones ahora. —Los dos estáis bien.
 
—Sí —logra susurrar Dean— Sí, estamos bien.
 
Su padre solo lo mira, una de esas lágrimas finalmente consigue escapar, toca la mejilla de Dean, el peso de la mano le pica en la cara, pero Dean se deleita en eso. —Mis hijos.
 
Su padre se aleja tan rápido como se había acercado, rompiendo el momento. Se seca la cara, los ojos. —Voy a ir a la ciudad a comprar aceite para el coche. Tenéis aproximadamente media hora para reunir vuestras cosas antes de que volvamos a la carretera.
 
Todo el color se desvanece en la cara de Dean. —¿Qué?
 
Su padre se da la vuelta para mirarlo, mostrando un poco de esa mezquindad, esa crueldad que su padre solo reserva para él, que se arrastra por los bordes de su rostro. —¿De repente te cuesta entender? Junta toda tu mierda. Nos vamos de aquí. ¿De verdad crees que os dejaré solos en una ciudad con un montón de psicópatas corriendo por ahí? Nos vamos. Ahora.
 
—¡Papá! ¡Solo era un tipo! Solo era un chico y…
—Y lo atraparon. Lo arrestaron. Pero ¿cómo se supone que debo dejarte aquí cuando sé que una mierda como esta puede suceder?
—¡Papá, esto podría pasar en cualquier lugar! ¡Podría suceder en cualquier ciudad de América! No puedes solo… Solo hacer que nos mudemos porque tienes miedo de un tipo...
 
Una larga zancada y su padre está allí de nuevo, en la cara de Dean, el sonido de sus dedos retumbando a través del oscurecido patio. Señala directamente a Dean, cercano y amenazante.
 
—Cuida tu tono conmigo, chico. Y no me digas lo que puedo y no puedo hacer. La última vez que lo revisé, seguía siendo el padre aquí. ¿Estoy en lo cierto?
 
Dean se encoge de nuevo, con los brazos cruzados sobre su pecho. Se siente expuesto aquí, solo en bóxer, de pie frente a su padre que está completamente vestido y lleno de justa ira. No suspira, pero está a punto de hacerlo.
 
—Sí señor.
 
—Bien —dice su padre, tan rápido que Dean piensa que no escucho su respuesta, seguro que no la necesitaba. Abre la puerta de cristal otra vez y entra en la casa, cogiendo las llaves del Impala que están en la encimera de la cocina. —Estaré de vuelta en treinta minutos. Deja tu mierda fuera y espérame.
 
La puerta de la calle se cierra de golpe y Dean se gira de inmediato hacia la habitación. Sam está allí, todavía aturdido por el sueño y el relajante muscular, hay lágrimas corriendo por su rostro.
 
—Dean —. Es solo una palabra, pero mata a Dean, lo divide en dos, casi lo pone de rodillas justo a los pies de Sam.
—Sammy, lo sé…
 
—No podemos irnos. No podemos. Holly está aquí. Sunny está aquí. ¡No podemos simplemente dejarlas! Tú… Tienes amigos aquí. Dean, conocemos gente. Ni siquiera podremos decirles adiós, después de lo que sucedió hoy. Nunca vamos a…
 
—Sam, por favor —gime Dean, lágrimas de cansancio inundan sus ojos. Pasa junto a Sam para entrar en el dormitorio y coger uno de los sacos militares de su padre, metiendo sin mirar toda ropa en el fondo. —Esto ya es lo suficientemente difícil. No hagas esto, no lo hagas más difícil de lo que ya es…
 
—¿No hacerlo más difícil para quién? ¡¿Más difícil para quién?! ¡Maldita sea, Dean, solo mírame! —. Sam está gritando ahora, su voz ronca por la emoción, agarra el brazo de Dean tan fuerte que Dean casi aúlla. Se da la vuelta para mirar a su hermanito y tiene que tragarse un gemido al encontrarse con esa expresión de su rostro. Esa mirada… Nunca, nunca quiso estar en el extremo receptor de esa mirada.
 
—¿Por qué le estás dejando hacer esto, Dean? ¿Por qué? ¿Por qué estás haciendo lo que dice? ¿Por qué siempre haces todo lo que te dice? Nunca te defiendes. Nunca haces nada. Simplemente, ¿por qué no haces nada? —. Sam se pone frente a él y lo empuja con todas sus fuerzas, empujándolo con tanta fuerza que Dean cae contra la cama, casi se cae al suelo.
 
Dean reacciona y vuelve a ponerse en pie, su pecho se tensa un poco por la forma en que Sam parpadea, la forma en que se encoge un poco cuando su cuerpo se cierra sobre él.
 
—¿Crees que me quiero ir, Sammy? ¿Huh? ¿Crees que quiero sacarte de aquí, crees que quiero ver como tienes que hacer nuevos amigos y ponerte nervioso con un nuevo grupo de personas? He rogado a Dios por no tener que sacarte de aquí. Deseo eso más que cualquier otra jodida cosa, que pudiéramos quedarnos aquí, podría conseguir un trabajo y comprarte algunas sábanas y unas jodidas estanterías y todos los libros que quisieras, y una computadora, y me gustaría… No sé, hombre, un jodido equipo estéreo con CD, y montones de malditas almohadas y películas, y podríamos ser nosotros, y podríamos ser jodidamente felices.
 
Toma un respiro por primera vez en lo que parecen siglos, sorprendido por como toda esa mierda se le escapa como un sollozo. Las lágrimas arden y se acumulan en sus ojos y su barbilla amenaza con ponerse a temblar, pero mira fijamente a los ojos de Sam y le ruega, malditamente le ruega que le crea.
 
La cara de Sam se derrumba ante eso, un sollozo tan fuerte que Dean sabe que tiene que doler.
 
—No me digas eso. No me digas mierdas como esa y después me dejes así. Sé que nunca lo tendré y eso solo hace que se sienta peor que cualquier otra cosa. Solo… Solo cállate, Dean. Por favor, cállate.
 
Empuja a Dean otra vez, pero esta vez ha perdido la fuerza. Dean lo abraza, obligándolo a permanecer donde está, forzándolo a un abrazo. Luchan uno contra otro, con el pecho desnudo, presionado y sudoroso, hasta que Sam finalmente se da por vencido, perdiendo todas las ganas de pelear. Se hunde en los brazos de Dean, así que su hermano, solo lo abraza más fuerte, lo sostiene. Sam llora patéticamente en su oído, las lágrimas empapando el hombro de Dean, pero Dean aguanta, solo deja que su propio corazón se rompa y sigue sosteniéndolo.
 
—Shhhhh. Sammy, shhh. Mi chico. Dios, mi dulce chico, Sammy —. Se curva alrededor de Sam, forzando al cuerpo de su hermano a permanecer dentro del profundo arco que forman sus brazos, empuja su rostro contra el calor del cuello de su pequeño hermano y solo respira, dándole a Sam su corazón en susurros. —Dios, ojalá pudiera darte todo. Ojalá pudiera arrancarle el corazón a todos los que te hieren y darte todo el jodido mundo. Me gustaría… Lo haría, Sammy, si eso te hiciera sentirte mejor.
 
Sam llora por todo eso, después de haber aguantado más de lo que había creído poder hacerlo. Dean solo lo deja, solo lo acuna y maldice el paso del tiempo, el regreso inminente de su padre. Sam se ablanda en sus brazos, exhausto, pero se aleja por sí mismo, su cara roja y húmeda, llena de lágrimas y mocos. Dean coge una camiseta del suelo y le limpia la cara, apartando el cabello de su frente. Sam lo mira a los ojos y Dean se sorprende por lo verdes que son.
 
—Voy a recoger las cosas en la sala de estar. Termina aquí.
 
Dean solo puede mirarle salir de la habitación yendo hacia la silenciosa sala para empacar las escasas pertenencias de un inevitablemente hogar temporal. Nunca estuvo destinado a ser para ellos, Dean sabe eso. Arroja más ropa en el petate y se pregunta cuando habrán hecho lo suficiente, cuando habrán dado lo suficiente como para ganarse el derecho de tener un hogar; para vivir sin tener que estar constantemente preparado para que la alfombra desaparezca bajo sus pies en cualquier momento.
 
Al menos para Sam. Siempre quiso algo diferente al menos para Sam.
 
—¿Está todo? — Su padre entrecierra los ojos a la luz del atardecer cuando Dean cierra el maletero del coche. Los tres se vuelven para mirar la casa, ahora oscura y silenciosa, una casa que ya se olvidó de ellos. Sam es el primero en apartar la vista, solo levanta su mochila y la tira al suelo en el asiento trasero, entrando sin decir una palabra más.
 
—Sí señor —. Dean no mira a su padre, no quiere ver ningún tipo de ceño de desaprobación por la “actitud inexplicable” de Sam. Apenas levanta la mirada a tiempo para atrapar las llaves que su padre le lanza, solo levanta las cejas inquisitivamente.
 
—Estoy exhausto. No he dormido en dos días. Nos llevas al menos hasta West Virginia y allí pasaremos la noche. Nos reuniremos con Caleb por la mañana, tengo que terminar el trabajo.
 
Dean mira a Sam que, a su vez, está mirando sus rodillas dentro del coche, sin decir una palabra. Dean sabe que su hermano había contado con que él estuviera en el asiento trasero con él, que tal vez, hubieran podido aguantar al menos hasta Ohio, antes de que su padre reclamara la presencia de su copiloto. A Dean también le hubiera gustado, le hubiera gustado tanto. Necesitaba sentir a Sam contra él de nuevo, solo para poder envolver su brazo alrededor de él y oler su cabello sucio, y sentirlo relajarse y quedarse dormido de nuevo. Solo para darle un poco más de comodidad, solo un poco más de tiempo.
 
Su padre cierra la puerta del asiento trasero y luego se sube en el asiento del acompañante exhalando un profundo suspiro, gruñendo mientras se sienta, relajándose al fin. Dean se queda solo, de pie en el camino de la entrada, los grillos cantando fuera, las luciérnagas centelleando a su alrededor, la noche recién empezando. Mira hacia la calle, a las casas cálidamente iluminadas a su alrededor, los sonidos de una noche de familias que acaban de llegar a casa, de gente que se ve por primera vez en todo el día. Esa noche que Sam y él también deberían haber tenido, tal vez, ahora nunca lo sabrá.
 
—¿Se te olvida algo, hijo? Ponte las pilas, vamos.
 
Dean mira a su padre, a Sam en el asiento trasero y finalmente, suspira. Echa un último vistazo a la casa antes de sacudirse, caminando hacia el lado del conductor. Arranca el coche y se retiran en silencio, con la radio apagada.
 
Enciende los faros y cruzan por North Vine, dirigiéndose a la autopista 26, siguiendo el camino que los sacará de Indiana. Puede sentir a Sam en el asiento trasero, sentir su tristeza como si fuera un ser vivo en el coche con ellos. Lo mira por el retrovisor y sus ojos se conectan por una fracción de segundo. Dean mira hacia abajo, aclarando su garganta suavemente, enciende la radio y gira el dial, buscando la emisora alternativa que sabe que le encanta a Sam. Se endereza en su asiento y se acomoda para una larga noche de conducción.
 
Está fuera de Fairmont cuando oye a Sam moverse en el asiento trasero, cuando siente los delgados brazos de Sam envolviendo su cuello, siente su cálido aliento en la oreja, su cara suave deslizándose sobre la suya propia. Sam solo se queda ahí, abrazando a Dean por detrás, el asiento entre ellos, pero nada más. Absolutamente nada más. Dean cubre los antebrazos cruzados de Sam con una mano y mantiene la otra segura sobre el volante. Se apoya contra él lo mejor que puede, inclinando su cabeza a un lado para que descanse contra la de Sam. Se quedan así, Sam finalmente se queda dormido, arrodillado en el suelo, el aliento saliendo en pequeñas bocanadas contra a oreja de Dean, los ojos de este fijos en el horizonte moribundo.
 
Fin
 
 
 Bueno, pues hasta aquí la primera parte de esta serie, "Invisible Boy". El viernes comenzaré a subir la segunda, "Two Headed Boy". 

Espero que os haya gustado, muchas gracias por leer y por vuestros comentarios. Creo que no hay muchos errores en la traducción, pero espero que sepáis disculpar los que se me hayan escapado. Es una historia muy larga y a veces, intentando avanzar, le echo más horas de las que debería y, a veces, ya la cabeza no da jjj. 

Os veo en el siguiente. Si este os ha gustado, el otro lo vais a adorar. 
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CNQ80Q3
Human
Registrado: Mar 3 2018, 12:27 PM

Abr 26 2018, 04:05 PM #20

saphi.rott escribió:

Sam se queda callado, pero la piel erizada vuela arriba y abajo de su cuerpo con cada pasada de la mano de Dean, y las mejillas de Dean comienzan a arder cuando Sam empieza a arquear su espalda. Se aclara la garganta suavemente y comienza a pasar la punta de un dedo sobre su piel, dejándola girar, girando y dibujando; justo como solían hacer cuando eran pequeños, acurrucados juntos en la cama, uno de ellos girado de lado para que el otro pudiera dibujar en su espalda, este lo adivinaba y luego cambiaban. Lo hacían durante horas, atrapados en la seguridad de su cama, con los ronquidos de su padre sonando suavemente de fondo.
 
—Adivina de que se trata —murmura Dean, su voz es tranquila, áspera, sonando más parecida a la de su padre que nunca.
 
Ayns, me los como!!! 3> 3>
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CNQ80Q3
Human
Registrado: Mar 3 2018, 12:27 PM

Abr 26 2018, 04:07 PM #21

saphi.rott escribió:
 
 Bueno, pues hasta aquí la primera parte de esta serie, "Invisible Boy". El viernes comenzaré a subir la segunda, "Two Headed Boy". 

Espero que os haya gustado, muchas gracias por leer y por vuestros comentarios. Creo que no hay muchos errores en la traducción, pero espero que sepáis disculpar los que se me hayan escapado. Es una historia muy larga y a veces, intentando avanzar, le echo más horas de las que debería y, a veces, ya la cabeza no da jjj. 

Os veo en el siguiente. Si este os ha gustado, el otro lo vais a adorar. 
Espero impaciente!
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