TE REGALO UNA HORA

TE REGALO UNA HORA

Joined: May 9th, 2006, 9:11 am

December 28th, 2007, 12:14 am #1

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

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December 28th, 2007, 12:16 am #2

Sipnosis

Michel Brown es un joven empresario, que con suerte y buen olfato ha conseguido transformar la pequeña empresa familiar de su padre en una importante industria textil en expansión.
Natasha Klauss es contable. Y durante unas vacaciones se enamora del lugar de Argentina al que fue a descansar. Así que por puro impulso decide quedarse allí. Solicita un puesto en la empresa de los Brown. Desde ese momento trabaja para elos.
Michel nunca se había fijado en Natasha, para él simplemente es su contable.
Natasha si ha mirado a Michel en más de una ocasión como algo más que un mero jefe, pero cree que nada puede ocurrir entre ellos.
Pero ahora solo falta que el destino decida si algo puede o no pasar entre ellos.

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December 28th, 2007, 12:18 am #3

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Prólogo

Febrero

Natasha caminaba a la orilla del mar, y la espuma de las olas acariciaban sus tobillos. Era su momento favorito del día, pensó, esos minutos antes de la puesta del sol y de la caída de la noche, tan rápida y casi mágica.
Las parpadeantes luces empezaban a aparecer entre la exuberante vegetación. Cuando llegaron allí, tres semanas antes, estaba agotada tanto por el vuelo cómo por las presiones y el estrés laboral, y pensó, deslumbrada, que había caído en el paraíso.
La casita era maravillosa y el paisaje de ensueño, tenían mucha suerte de haber encontrado un lugar tan alejado del los destinos típicos de turismo, lo que les había permitido a ella y a sus amigos disfrutar de mucha tranquilidad.
Pensó que sería realmente fantástico poder vivir allí siempre. El lugar la había cautivado. Ese pensamiento fue el principio de su nueva vida, aunque en ese momento ella no lo sabía.

Junio.
Por que a ella le tenía que pasar esto, precisamente ahora. En mas de una ocasión a lo largo de su vida a una mujer le sudaban las manos en presencia de un hombre como aquel, pero con los años ese tipo de cosas dejaban de ocurrirle a las mujeres adultas. A las mujeres como ella, que ya era lo suficiente mayorcita como para ponerse nerviosa por la presencia de un hombre, ya deberían dejar de sudarle las manos. Pero al parecer Natasha Klauss aún no había alcanzado ese punto.
En su caso, treinta y uno no eran los años suficientes. Tener un licenciatura en Económicas y un master en empresariales no era educación suficiente. Gastarse ciento setenta y dos pesos en un corte de pelo no era sofisticación suficiente. Haber recorrido los siete kilómetros que la separaban de la oficina en bicicleta esa mañana no era ejercicio suficiente.
Estaba sentada en el asiento del pasajero del BMW de Michel Brown, notando cómo la brisa de junio creaba el caos en su corte de pelo de ciento setenta y dos pesos, simulando que el estar sentada a su lado no ponía al rojo vivo cada célula de su cuerpo. Simulando tanta tranquilidad y tanta normalidad como su acelerado corazón le permitía.
Nunca se había sentido tan extraña. Nunca había estado tan perdida. Nunca había sido tan poco dueña de su cuerpo como lo era en esos momentos. Era embarazoso estar enamorada del jefe. Y aún más embarazoso convertirse en un cúmulo de inseguridades y ansiedades cuando sólo la separaba de él la palanca de cambios, y conducían en la noche estrellada, captando el aroma del océano, iluminados por media luna plateada. Pero lo peor era que cuando él pensaba en ella, sólo veía una imagen: “directiva de contabilidad”.






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December 28th, 2007, 12:19 am #4

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Capítulo Uno
Ese día habían estado instalándose en las nuevas oficinas administrativas de la empresa, dado que las antiguas habían quedado muy pequeñas para manejar la magnitud que había alcanzado el floreciente negocio de los Brown. Ahora ella iba de vuelta a su casa y era su jefe quien la llevaba en su impresionante y reluciente auto.
“De veras, Natasha, agradezco que te hayas quedado tarde”,decía él. “Quiero decir, siendo sábado y eso”.
“Cuanto antes nos instalemos en el nuevo edificio, antes podremos volver al trabajo” , incluso en esos momentos hablaba como una contable.
“Ya, sí,... ¿no tienes nada más interesante que hacer un sábado?... ¿nadie te está esperando para su cita?”.
Michel hablaba como un ligón de playa apenas reformado. También parecía uno, con su cabello rubio, aclarado por el sol y con sus impresionantes ojos azules. Tenía hombros anchos pero físico esbelto, el tipo de estructura que Natasha asociaba con los delfines, unos animalitos que le encantaban, o tiburones: eficaz, aerodinámica y fuerte.
En Febrero, había aceptado el trabajo en Diseños Brown por impulso, más bien, dado que no era impulsiva, porque diez minutos con Michel habían convertido su cerebro en gelatina. Eso debió darle una pista de lo que iba a terminar ocurriendo, pero en esos momentos ni se le cruzó por la cabeza tal posibilidad.
Entonces estaba de vacaciones en la costa Argentina, compartiendo una casita playera de alquiler con amigos. Al segundo día había visto un anuncio que solicitaba contable para Diseños Brown en el Semanal . Ya tenía un trabajo excelente en una gran empresa de contabilidad. Todos los días seguía la misma rutina: se ponía un traje chaqueta, pasaba media hora en el transporte público, analizaba datos, archivaba informes y volvía a casa. Estaba cansada de eso.
Por eso deseo permanecer eternamente en aquel maravilloso lugar; en allí con el calor veraniego, el aroma a aceite de coco, la constante brisa húmeda y los encantadores cafés y boutiques de ese encantador lugar, la habían cautivado.
Michel Brown le ofreció el trabajo de inmediato. Bien porque estaba atontada por la playa, o por un sentido de aventura que ignoraba poseer, o porque Michel tenía los ojos más azules que había visto nunca, ella aceptó.



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December 28th, 2007, 12:19 am #5

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Capitulo dos
“¿Te gusta tu nuevo despacho” , preguntó él, sacando a Natasha de sus ensoñamientos.
“Sí , la verdad es que me encanta”.
El día anterior Michel había pedido voluntarios para el sábado ir a las nuevas oficinas para convertirlas en algo agradable para todos. Y Natasha se había ofrecido voluntaria.
Se convenció así misma con los diversos argumentos que se le ocurrieron para ofrecerse voluntaria. No era por su deseo de verlo un día más esa semana. No era por que quería estar cerca suya.
Era simplemente por que no tenía nada especial que hacer ese sábado. Aparte de pasear a su perra, Molly, hacer la colada y la compra, no tenía planes. Esa mañana había ido al nuevo edificio de la empresa en bicicleta y habría vuelto igual si Michel no hubiera decidido que era demasiado tarde y peligroso.
Cuando finalmente acabaron de adecentar el lugar se felicitaron unos a otros por su trabajo y salieron del edificio. Michel había visto a Natasha quitando el candado a la bicicleta y al casco.
“Eh, no deberías volver en bicicleta a estas horas, es peligroso”.
“No es tan tarde”, argumentó ella sin darle mucha importancia a la caída de la noche
“Es de noche”.
“Ya lo sé, tengo reflectores” señaló los reflectores de las ruedas y el faro. “No pasará nada”.
“Deja que te acerque a casa. Pondré la bicicleta en el asiento de atrás”. Se ofreció él.
Sin saber muy bien por que ella aceptó, así que ahora se encontraba sentada en le asiento del conductor de auto de Michel, mientras este la llevaba hasta su casa.
Lo observó de reojo mientras conducía. No hacía mucho esfuerzo por conversar, era mejor así, no le apetecía hablar de trabajo un sábado por la noche, sentada al lado de un hombre de ensueño.
Natasha contuvo la insipiente mueca que amenazaba con reflejarse en su rostro. No querer hablar de trabajo no tenía que ver con el día y la hora. Era porque estaba sola con Michel en su coche. Era la primera vez que Michel la veía fuera de horario de trabajo, la primera vez que la veía vestida como cualquier otra mujer.
Aunque probablemente ni se había fijado, pensó para si misma con un poco de pesar.
“Dios, estoy agotado”, farfulló él bostezando.
“No hacía falta que me trajeras a casa” dijo Natasha.
“Me has hecho un gran favor quedándote hasta tan tarde. Te lo agradezco”. Cuando se acercaron al final de la calle previa a su domicilio él le preguntó con una sonrisa “Giro aquí, ¿no?”. Ella solamente asintió con la cabeza como respuesta.
Tenía hoyuelos, pensó Natasha, unos hoyuelos que lo hacían parecer un niño travieso. Unos hoyuelos que le parecían a Natasha terriblemente sensuales, nunca había admirado tanto los hoyuelos de un hombre, nunca hasta que conoció a Michel.
Natasha no entendía por qué estaba tan interesada en él. Era un hombre amistoso y amable, aunque demasiado impulsivo para su gusto. Un hombre que pensaba a lo grande, soñaba a lo grande y se reía de las inevitables calamidades que se producían al lanzar un negocio.
Natasha no solía correr riesgos y no le hacían ninguna gracia los desastres. Lo más impulsivo que había hecho en su vida era aceptar el trabajo de contable con Michel y dejar el de Bogotá.
“Ésa es mi casa”dijo, señalando la pequeña casita que había tenido la suerte de encontrar unos días antes de incorporarse a Diseños Brown.

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Joined: May 9th, 2006, 9:11 am

December 28th, 2007, 12:20 am #6

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Capitulo tres
Michel apagó el motor cuando llegaron a la puerta de su casa.
“Gracias” le dijo, abriendo la puerta. Él abrió la suya y, ella pensó que iba a acompañarla hasta la puerta, como si eso fuera una cita y esperase un beso de buenas noches. Pero no. Sólo pretendía sacar la bicicleta del coche. No sabía si estaba desilusionada o aliviada de que simplemente quisiese sacar la bicicleta de su auto.
“¿Dónde quieres que la ponga”
“Déjala ahí. Yo me ocuparé de ella”.
“No, dime dónde quieres que la lleve” insistió Michel. ¿Cómo resistir esa intensa mirada azul que esperaba su respuesta?. A pesar de que su cerebro le decía que le insistiese en obligarlo a dejar la bicicleta allí, fue consiente de lo que dijo solo cuando escucho las palabras que salían de su boca.
“A la parte de atrás”dijo ella. “Espera que saque el resto de las cosas”, se inclinó para recoger su mochila y el casco. ¿En que momento su cerebro pensaba una cosa y su lengua soltaba otra?. Ella lo que quería era que él se marchase y recuperar el control de sus acciones.
Se preguntó si debería ofrecerle algo de beber. No, claro que no, si le ofrecía lago seguro que permanecería mas tiempo allí. Aunque, por otro lado, teniendo en cuenta que se había desviado para llevarla a su casa, sería un buen gesto ofrecerle algo. En realidad es que no se sentía capaz de invitarlo a entrar en su casa, estaba demasiado nerviosa.
Michel y Natasha se dirigieron hacia la puerta de entrada de la vivienda.
“Tengo una perra”, le advirtió a Michel mientras subía los tres escalones de entrada. Miró hacia atrás y vio que Michel tenía el ceño fruncido.
Abrió la puerta mosquitera y se preparó para la exuberante bienvenida de Molly. La perra saltó sobre ella, ladrando y jadeando: un montón de pelo y patas con una lengua rosada. Natasha dejó el casco y la mochila en un sillón y levantó Molly en brazos, para que no se lanzase sobre Michel.
“Hola, bonita”, dijo, mientras apoyaba la bicicleta en la pared y estiró el brazo para rascar a Molly detrás de las orejas. La perra giró la cabeza para lamerle la mano.
“Se llama Molly”,dijo Natasha, con la perra en brazos. La perra alzó la cabeza para que Michel le rascara bajo la barbilla. Jadeaba con alegría y Natasha supuso que ella haría lo mismo si estuviera en su lugar.
Notó que se le encendían las mejillas al pensar en Michel acariciándola. Estaba tan cerca que captaba el aroma especiado de su champú; tan cerca que sentía el cálido calor que desprendía su cuerpo.
“Hola, Molly. ¿Cómo te va, chica?”
Natasha casi sintió su aliento acariciar su rostro. Cuando alzó la cabeza, lo sorprendió mirándola con fijeza, como si tuviera una mancha de tinta en la cara, o una segunda nariz.
“¿Qué?”inquirió ella ante la penetrante mirada de Michel.
“Nunca habría imaginado que tuvieras un perro”.
Adoptar a Molly había sido un impulso similar al que le llevó a aceptar la oferta de trabajo de Michel. Había visto su adorable rostro y su corazón se había derretido.
En ese momento Michel acariciaba suavemente su perra, que parecía estar en éxtasis y salivaba. Seguramente si ella fuese la que recibiese esas caricias estaría igual que su perra, totalmente rendida a él.
“Empieza a pesar demasiado”, murmuró Natasha, con Molly en trance, “Tengo que soltarla”.
“Espera, déjame ayudarte” , Michel colocó las manos debajo de Molly. Rozó su muñeca con los dedos y Natasha comprendió por qué la perra estaba tan extasiada. Michel tenía la mano grande y los dedos eran fuertes y suaves. Quiso cerrar los ojos e imaginar esos dedos acariciando su mejilla.
Masculló para sí. ¿Pero que estaba pensando ahora?. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos de su mente. Ella era una mujer inteligente que reservaba sus fantasías para cuando estaba sola. Michel nunca iba a acariciar su mejilla; iba a dejar la perra en el suelo, darle las buenas noches y, tal vez, agradecer de nuevo su ayuda.
En cuando Molly tocó el suelo, se estiró y empezó a oler sus zapatillas de deporte con entusiasmo.
“Bueno, supongo que debería ponerme en marcha”, dijo Michel tras un incómodo silencio.
“Gracias por traerme”.
“Gracias por ayudar hoy”.
“De nada”.
“Estoy intentando recordar algo” dijo él con vaguedad, arrugando la frente. «Hasta con el ceño fruncido estaba terriblemente sexy», pensó Natasha para sí
“¿Algo respecto al traslado? ¿O de cuentas?”, se odió por hablar como una contable, recordándole a Michel quién era y qué hacía. «¿Por qué? Por qué había vuelto a hablar como una contable ¿Por qué no podía hablar con una mujer sin más? »
“No, otra cosa”, Molly se sentó sobre su pie izquierdo. “Algo sobre esta noche. Tenía que ocurrir algo”.
«Tenías que rodearme con tus brazos, en vez de a Molly», empezó a pensar Natasha, «Tenías que mirarme a los ojos y decir que hasta hoy no te habías dado cuenta de lo sexy y encantadora que soy».
“Algo que tengo que hacer...”, después de un silencio en el cual parecía que pensaban seriamente en algo añadió: “El cambio de hora”, recordó él, dándose una palmadita en la frente. “ Hay que cambiar los relojes”.
“Es verdad”, asintió Natasha.
“¿Hay que adelantarla o retrasarla?”
“En primavera adelantarla, en otoño atrasarla”, recitó ella. “Tenemos que retrasar los relojes una hora. Hoy podemos dormir una hora más”.
“O quedarnos levantados una hora más es una hora que la vida nos regala, es como un plus que hay que disfrutar al máximo. Espero que aproveches bien esta noche tu hora”, dijo él con una sonrisa juguetona antes de marcharse. Ella volvió a ver sus hoyuelos. Era incapaz de no verlos; seguramente seguiría viéndolos cuando estuviera metida en la cama.
Natasha estaba segura de que si él se quedaba levantado una hora más esa noche, haría algo más interesante que tumbarse en la cama pensando en los hoyuelos de una persona que no estaba a su lado.

*Se que en realidad en Argentina no se produce el cambio horario de verano/invierno, pero me he tomado la libertad de incluir que se produce para esta FF*


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December 28th, 2007, 12:20 am #7

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Capitulo cuatro
Natasha se sentó al borde de la cama, miró la radio reloj despertador de la mesilla y se preguntó por esa hora. ¿Cómo pasaría Michel esa hora? Siendo el tipo de hombre que era, podía imaginarlo. Un hombre como Michel Brown no estaría deslizándose solo entre las sábanas un sábado por la noche. No estaba casado y en la oficina se rumoreaba que no tenía nada serio, pero Natasha imaginaba que no le sería difícil conseguir a quien le calentara la cama.
Abrió la cama y se deslizó entre las sábanas. Cuando iba a cambiar la hora del despertador, decidió no cambiar la hora. Quizá se quedaría despierta hasta las dos, luego la retrasaría y disfrutaría de su plus. Al día siguiente era domingo, podía levantarse a la hora que quisiera.
Apagó la luz. La habitación se quedó a oscuras, excepto por los números rojos del despertador. Natasha cerró los ojos y recordó el roce de la mano de Michel cuando le quitaba a Molly de los brazos. Recordó sus ojos brillantes, sus hoyuelos y su cuerpo largo y esbelto tan cerca del suyo. Se quedó dormida pensando en él.
La despertó un súbito silencio. Abrió los ojos y vio la hora en el reloj: las dos de la mañana. Una sombra pasó ante sus ojos, estiró un brazo y tocó un botón, cambiando la hora a la una. Había alguien en su dormitorio. Alguien había apagado la radio y ajustado el reloj. Alguien estaba de pie junto a su cama.
La sombra empezó a adquirir forma. Una sombra masculina, alta y delgada.
“¿Quién está ahí?”, musitó alzando la manta hasta la barbilla. “¿Qué quiere?”
“Soy tu regalo”, susurró una voz masculina, irreconocible, “Es tu hora y estoy aquí”.
Natasha tenía que estar soñando. Tenía que estarlo. Sino estaría muerta de miedo y no era así, por que no sentía miedo, nada de miedo.
Ése era su plus, no contaba en tiempo real. Le habían robado esa hora seis meses antes y ahora se la devolvían para que hiciese lo que quisiera con ella.
El dormitorio estaba demasiado oscuro para ver el rostro del intruso; sólo oía su respiración.
“¿Qué quieres?”. preguntó con voz entrecortada y a penas audible.
“ Solamente a ti”, respondió.
Esas palabras debían de haber hecho que ella gritase y corriera hacia la puerta. Sin embargo, la calmó, ofreciéndole una prueba más de que era un sueño. Sino fuera un sueño ella tendía miedo, y más tras esas palabras. Pero ella no sentía el más mínimo miedo.
Sólo se veía su silueta, no sus rasgos. Parecía estar desnudo de cintura para arriba; su torso era puro músculo esculpido. Tenía el pelo alborotado y le caía casi hasta los hombros.
Se preguntó cómo había entrado en la casa y por qué no había ladrado Molly. Entonces recordó que era un sueño. Que por eso Molly no lo había sentido, por que era solamente producto de su imaginación. Ella soñaba que estaba soñando y por eso le parecía real. Pero no importaba, era un sueño agradable, así que lo único que importaba era que estaba allí, y que era su hora. Y pensaba disfrutarla.
En su habitación había un hombre de pecho desnudo y con lo que parecían unos vaqueros ajustados en su dormitorio, a las dos de la mañana. O a la una. O en esa hora inexistente que había entremedias. A esa hora de plus que la vida le devolvía, después de arrebatársela seis meses antes.
En su habitación había un hombre. Y la quería a ella.



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Joined: May 9th, 2006, 9:11 am

December 28th, 2007, 12:21 am #8

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Capitulo cinco
Él se acercó a la cama. Ella no sintió miedo, no entendía por qué pero sabía que no le haría daño. O tal vez la carencia de miedo fuera por que él era su regalo y nada de eso estaba ocurriendo... pero nunca había tenido un sueño así. No sabía cómo seguiría ni cuál era su papel.
“No tengas miedo”, susurró él. Dio otro paso y apoyó una rodilla en la cama. El colchón se hundió y la gravedad lo acercó a él, rodando hacia él en la cama. Rozó su pierna y reconoció la textura de tela vaquera. Sonrió para si misma había acertado, lo que llevaba eran unos vaqueros.
En ese momento él se sentó en la cama. Natasha deseó que hablara para reconocerlo por su voz. Aunque en realidad sabía quién era, estaba segura que su sueño había conjurado a el hombre con el que llevaba soñando desde febrero. Sabía quién tenía el pelo así de largo, los hombros así de anchos. Si cerraba los ojos, podría visualizar sus hoyuelos, aunque no le viera el rostro.
Ese era su sueño, esa su hora, y la podía disfrutar. «No la desperdicies», le había aconsejado Michel.
Y ella iba a aprovecharla, pero no sabía cómo sacarle el máximo partido. Por que hasta ese momento nunca habían aparecido hombres semidesnudos en sus fantasías nocturnas.
“No tengas miedo”, le volvió a susurrar él. Ella casi se alegró de que siguiera siendo anónimo.
Entonces él le apartó el pelo de la mejilla y sintió las cálidas yemas de sus dedos en la piel; el calor penetró en su cuerpo y acarició su alma. Siguió acariciando su rostro, las cejas, la nariz, los labios. La barbilla hasta la sien, la oreja. Ella se preguntó si veía su rostro o la acariciaba como un ciego.
Llevó la otra mano hacia las sábanas que sujetaba como un escudo; las soltó y cayeron sobre su regazo. Le puso la mano en el hombro. Dibujó su hombro con el dedo, bajó hasta el codo y luego volvió a su cuello. Ella suspiró.
Ese sueño era fantástico. Todo un regalo.
Movió las piernas y se le aceleró el corazón. Quería que él volviera a acariciarle el cuello, el pelo, las orejas. Habría deseado controlar el sueño a su gusto.
Pensó que quizá sería mejor entregarse a él, sentir cómo la anticipación crecía en su interior, como el agua de una presa, una deliciosa presión que estallaría cuando llegase el momento adecuado. Se ordenó relajarse y disfrutar de cada segundo. Confiaría en que él siguiera causándole placer. Aunque no podía dirigir el sueño, era suyo, su regalo, y nada podía ir mal.
Se hundió en la almohada y él la siguió, con las manos en su cabello. Después, deslizó las manos al primer botón de la chaqueta del pijama. Lo abrió. Y el siguiente, y otro más. Natasha arqueó las caderas.
Él abrió el último botón y expuso sus senos. Despacio, muy despacio, subió las manos desde su cintura, hasta que sus pulgares se encontraron encima del ombligo. Era delgada, con poco pecho, pero sabía que eso no importaría en el sueño. El hombre sombra no hablaría ni criticaría. Seguiría subiendo hasta sus senos, acariciaría la blanda carne y pellizcaría sus pezones.
Natasha gimió, rompiendo el silencio de la habitación. Él se irguió en la cama y apretó sus senos. No lo oía respirar, ni moverse. Sólo lo sentía, y eso era más que suficiente.
Se inclinó hacia ella y posó los labios en su frente. Un beso suave pero increíblemente erótico. Sintió peso en sus caderas y arqueó los dedos de los pies. Le ofreció la boca pero él la ignoró. Besó sus párpados, el puente de su nariz, su pómulo y su sien. Después se desplazó a un sensible punto debajo de su oreja y a la base del cuello. Sus manos, entretanto, siguieron acariciando sus senos.
Ella empezó a jadear. Entreabrió los labios porque necesitaba oxígeno y él aplastó la boca contra la suya, introduciendo la lengua en su interior. La sensación fue tan intensa que su cuerpo se estremeció con deleite. Nunca había sentido algo igual. No se había creído capaz de soñar nada parecido.


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Joined: May 9th, 2006, 9:11 am

December 28th, 2007, 12:22 am #9

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Capitulo seis
El beso le dio el coraje suficiente para rodearlo con los brazos. Tenía la espalda caliente y suave. Sintió los músculos flexionarse bajo la piel, los sólidos huesos de sus hombros, su peso cuando se tendió a su lado.
Sus piernas deseaban las de él. Pateó la ropa de cama, pero él estaba encima y no pudo apartarla. Deseó protestar, pero él la besaba con demasiada intensidad. Los besos eran deliciosos. Su lengua poseía el interior de su boca, pero luego permitía que la de ella jugara con la suya. Daba y recibía. Estaba disfrutando tanto que casi gritó cuando él se apartó. Pero se mordió el labio y le dejó seguir con lo que estaba haciendo.
La estaba alzando lo suficiente para quitarle la chaqueta del pijama. Después volvió a apoyarla en la almohada y, por fin, liberó sus piernas de la ropa de cama que la aprisionaba. Tiró del pantalón del pijama con suavidad y se lo quitó.
Debería haber sentido vergüenza, desnuda ante un desconocido. Pero era un sueño y sus besos habían borrado sus inhibiciones. Si no había criticado sus senos, tampoco criticaría el resto de su cuerpo.
Pensaría que era bellísima. Esbelta, no delgada. Y que su pelo era sedoso y espeso, merecedor del carísimo corte de pelo que se había hecho. Pensaría que sus ojos eran color chocolate oscuro. Pensaría que era una mujer magnífica, la más sexy del mundo entero.
Las manos bajaron de sus caderas a sus muslos, rodillas, pantorrillas, pies. Le acarició las plantas de los pies, haciéndole cosquillas, pero ella se tragó la risa.
Llevó las manos a la cabeza de él y acarició su pelo. Era suave y exuberante, como deseaba que fuera el de ella. Se preguntó si el pelo de Michel sería así.
Esa noche sí. La brisa marina y la luna lo habían acondicionado mientras conducía su descapotable, y ella sentía el viento y la luna en cada mechón de pelo del desconocido.
Oyó el ruido de una cremallera al abrirse y el crujido de los vaqueros al caer al suelo. Sintió una punzada de pánico, pero luchó contra ella.
Le tocó el hombro. El se alzó ante ella, pura gracia y virilidad, calor y oscuridad. Acarició sus hombros, sintiendo sus músculos y tendones, intentando imaginar la sonrisa de Michel, sus hoyuelos.
El extraño se inclinó y besó sus senos, pasando de uno a otro, mordisqueando, lamiendo y succionando. La humedad de la lengua en su piel creaba oleadas de éxtasis en todo su ser. Suspiró de nuevo.
Él se apartó y siguió besando hacia abajo. Ombligo, caderas, y después entre las piernas. Se dijo que no podía estar soñando eso, porque nunca se había atrevido a pensarlo siquiera. Pero estaba ocurriendo, era su regalo. Todo su cuerpo se contrajo, como si quisiera atrapar la sensación, impedir que el placer desapareciera.
Alzó las caderas contra él y cerró los puños. Los dedos de él la encontraron, y después su lengua. Cerró los ojos con fuerza, creyendo que se le iba a parar el corazón. De repente, todo pareció estallar en su interior y se perdió en un intenso latido de calor.
Se obligó a abrir las manos y los ojos. Él seguía allí, arrodillado entre sus piernas. Besó su estómago.
Menudo sueño era ése. No quería despertar nunca. Se volvió hacia el despertador. No se veía ningún número encendido, quizá su hora aún no hubiese acabado.
La sombra se alzó ante ella, tomó una de sus manos, besó el pulgar y la guió hasta su erección. Sin soltarla, la ayudó a tocar, acariciar, aprender su forma. Ella se preguntó si se quedaría sin aire, como ella. Si sentiría lo que ella había sentido y deseó que fuera así.
Bajó la otra mano y tocó sus muslos, su abdomen su vello púbico. Escuchaba atentamente, esperando un gemido, alguna indicación del efecto que estaba teniendo en él. Había un efecto físico obvio, por supuesto, pero ella buscaba algo más que un mero reflejo biológico. Quería volverlo loco de pasión por ella.
Se alzó para besar su cuello. No era tan experta como él, pero lo hizo lo mejor que pudo, recordando cada escena de amor que había visto en el cine, cada novela romántica que había leído. Utilizó lengua, dientes y labios en su pecho, sabía salado y caliente, delicioso.
Entonces lo oyó, un gruñido lento y profundo; había conseguido la respuesta que anhelaba.
Él se tumbó de espaldas. La asombró que apoyara la cabeza en su almohada. Quizás encontraría un cabello suyo por la mañana, o captaría su aroma. Permitió que la situara sobre él, sujetando sus caderas, y la hiciera bajar lentamente hasta su miembro.
Nunca había sentido un placer tan dulce y fiero. Nunca el cuerpo de un hombre había encajado tan perfectamente en el suyo, penetrándola, deslizándose y tocando puntos sensibles cuya existencia desconocía.
Mantuvo una mano en sus caderas y deslizó la otra por su espalda, acariciando su columna vertebral hasta llegar a la nuca. Apretó con suavidad y ella sintió que un cálido escalofrío la recorría de arriba abajo. Él la penetró más y más, con fuerza, hasta que ella se perdió en un sinfín de convulsiones.
Se derrumbó sobre él, agotada y mareada de júbilo. Sintió el latido de su corazón en la mejilla y la explosión final cuando alcanzó el climax en su interior. Deseó haberlo saciado, contentado tanto como él a ella.
¿Sería posible que ella fuera el sueño de él? El hombre misterioso, cuya identidad sólo intuía, pudiera estar soñando con hacerle el amor a Natasha Klauss, la contable. Quizá el sueño real fuera que podía ser el tipo de mujer que hiciera feliz en la cama a un hombre como Michel Brown, que podía ser la mujer de sus sueños.
Pero eso ocurriría. Era el plus de ella. Dondequiera que estuviese Michel , a las dos de la mañana del día del cambio de hora, estaría recibiendo su propio plus, su propio sueño. Y no tendría nada que ver con ella.
Suspirando, se levantó del hombre. Deseó ver su rostro una vez, saber quién era su glorioso amante.
“¿Cuánto tiempo nos queda?”preguntó.
“Mira el reloj” susurró él.
Ella se volvió. Un resplandor rojo empezó a iluminar la pantalla y se convirtió en una cifra: 2:00.
Giró en redondo. Él había desaparecido.



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Joined: May 9th, 2006, 9:11 am

December 28th, 2007, 12:22 am #10

No es una historia original, sino que es una adaptación de una historia que yo leí hace un tiempo.

Así que parte de la historia esta muy unida a la historia original, en especial los primeros capítulos y algunas de las cosas que ocurren entre los personajes protagonistas, que son literalles de la obra original.

Además una FF Natasha&Michel que nada tiene que ver con ellos en la vida real.

Capitulo siete
No era su tipo. Se lo repetía a si misma varias veces al día. Era un hombre atractivo, atrevido y descarado que no se molestaba en cosas pequeñas. Seguro que tenía a muchas mujeres haciendo cola a su puerta. Ella era normalita, un genio de la matemáticas cuya vida profesional se centraba en lo pequeño y que nunca cometía errores.
Corrección, había cometido un único error en su vida: enamorarse de Michel Brown. Eso era un error fatal, no había duda. El peor de los errores, un error que no tenía ni idea de cómo iba a solucionar.
Estaba al tanto de los problemas de tener una relación con el jefe, pero no eran aplicables, porque Michel y ella nunca tendrían una aventura. Los tiburones no se cruzaban con pececitos. Los hombres llamados Michel, que eran propietarios de una empresa porque era más divertido que trabajar para otra persona, hombres con hombros anchos que una mujer ardía por acariciar, eran el tipo de hombres que no se emparejaban con chicas calladas y educadas, que disfrutaban tecleando números y cuadrando balances.
Natasha no iba a tener una aventura con Michel, así que la ética profesional era irrelevante.
Aunque sus sueños no le hiciesen el más mínimo caso. Aunque cada noche al acostarse dormiría pensando en esa hora extra. En que tal vez se volviese a repetir. Ella sabía de sobra distinguir el mundo real de sus fantasías. Y dejaría a Michel en el sitio que debía estar. En el mundo real. Se olvidaría de ese sueño. Y la mejor forma de olvidarlo era dejar de pensar en él.
Con estos pensamientos llegó Natasha a su despacho el lunes a primera hora de la mañana. Por suerte para ella, no vio a Michel durante las primeras horas del día, lo que favoreció que se reafirmase en su idea. Dejaría de tener el más mínimo pensamiento sobre él. Ella en realidad no estaba enamorad de él. Seguro que era un hombre con un montón de defectos. Cuando los fuese descubriendo, acabaría dándose cuenta que en realidad no estaba enamorada de Michel. Qué en realidad ella se había enamorado de una ilusión, por que Michel no existía, no era real.
Menudo fin de semana que había tenido, pensó Michel sentado en su despacho. Extraño por culpa del cambio de hora; del que por lo visto, no se había adaptado. Todo había parecido normal el sábado por la noche. Llegó a casa, abrió una cerveza, se tiró en el sofá y vio un partido de fútbol en la televisión. A las once de la noche atrasó los relojes, se duchó y se fue a la cama.
Pero no había dormido bien. A lo largo de la noche, se dormía para despertar de repente, con una erección; como si fuera un adolescente. Siguió durmiéndose y soñando... No recordaba lo que soñaba, pero debía ser algo muy erótico, porque se despertaba duro como una piedra. La tercera vez que ocurrió, salió de la cama y se dio otra ducha, para refrescarse. Volvió a acostarse despertó jadeando y excitado como un loco.
Tenso y malhumorado, se levantó demasiado temprano el domingo. Pasó el día desorientado, en casa, mirando con rabia la llovizna que no dejó de caer todo el día y pensando en comprar un perro. Como si necesitara un perro en su vida. Como si tener una empresa no fuera suficiente responsabilidad para un tipo que nunca había pensado en tenerla.
Allí estaba él , el lunes por la mañana, intentando concentrarse en los negocios. Pero debía reconocer que era totalmente imposible. No conseguía centrarse. Miraba a su hermano, Nicolás, sentado al otro lado de la mesa de su despacho. Lo veía mover los labios. Pero por más que lo intentaba no conseguía prestarle atención a lo que le estaba diciendo.
Nicolás se calló por unos instantes, percatándose que Michel no le estaba prestando la más mínima atención.
“Michel...” Viendo que seguía sin prestarle atención, Nicolás se levantó de su silla y se colocó justo delante de su hermano y empezó a mover la mano delante de sus ojos
“¿Eh...qué? ¿Decías?
“Michel, ¿ me estas prestando atención?”, le dijo Nicolás a la vez que volvía a sentarse en la silla, “¿Por causalidad has escuchado algo de lo que te he dicho?”
Michel miró a su hermano, en realidad no tenía mucha idea de que era lo que había estado diciéndole, pero estaba seguro de que se trataba de la exportación de sus telas hacía Europa, en concreto hacía España. Nicolás quería que sus diseñadores preferidos usasen sus telas para sus nuevas colecciones. Y estaba haciendo todo lo imposible para lograrlo.
“Mira, Nico, entiendo más o menos lo que me has estado exponiendo” , le aseguró Michel a su hermano. “Entiendo la gravedad de la situación. Iremos a España e intentaremos colocar tus diseños allí ¿de acuerdo?”, se levantó de su asiento, cogió un dossier y se lo entregó a Nico.
“Esto no es un juego , quiero que mis telas las usen los mejores diseñadores”, le argumentó mientras cogía el dossier que le tendía Michel.
“Lo sé, lo sé. No vamos a rendirnos. Iremos allí y conseguiremos que se interesen por tus telas, en sus próximas colecciones saldrá tu nombre”, se puso a la altura de su hermano, colocó la mano en el hombro de Nico y lo empujó hacia la puerta.”Ahí tienes todo el plan de trabajo, las salidas y las reuniones que tenemos concertadas previamente, estúdialo y mañana hablamos de nuevo ¿De acuerdo?”
“De acuerdo”
Cuando salió al vestíbulo acompañando a Nicolás. Michel vio a Natasha, que estaba junto a unas secretarias dándoles una documentación.
Michel casi dio un salto, sorprendido de verla. Natasha parecía... otra.


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