CAPITULO 106

Joined: January 1st, 1970, 12:00 am

July 22nd, 2003, 8:40 am #1

Capítulo 106
SALVADOR ENCUENTRA EL DIARIO DE JADE


*Esperanza pide a su tío que le lea un cuento muy raro que encontró, el hombre lo toma y se da cuenta que no es precisamente un cuento lo que la niña le ha dado *

Salvador regresa a la casa lleno de felicidad y se sorprende mucho al ver en la sala a Esperanza llorando desesperada y a Laura y Mariana tratando de consolarla.
Salvador, preocupado: ¿Qué pasa aquí? ¿Qué tiene la niña?
Mariana le pide a Laura que se lleve a la niña a su recámara.
Salvador: ¡Dime! ¿Qué le pasa a la niña, por qué lloraba así?
Mariana, furiosa: Llora porque le duele saber que su padre es un asesino.
Salvador: ¿De qué estás hablando? ¿Te volviste loca? ¿Por qué dices eso de mi hermano?
Mariana: ¡Porque es la verdad! ¡Patricio es un asesino! Se lo acaban de llevar detenido, acusado de haber asesinado a Sergi.
Salvador: ¿¿Qué??
Mariana: Así como lo oyes, él lo mató.
Salvador: No, eso no puede ser, ¡no puede ser! ¡Patricio no sería capaz de matar a nadie!
Mariana: ¡Pues lo hizo!
Salvador, muy alterado: ¡Me estás mintiendo! ¡Nada de lo que dices es cierto!
Mariana: Cálmate, no grites. Claro que no te estoy mintiendo, yo misma lo vi, tenía un arma en la mano y Sergi estaba a su lado lleno de sangre...
No puede seguir hablando porque comienza a llorar. Salvador, a pesar de estar sorprendido e incrédulo de lo que ella acaba de decirle, se acerca y la abraza.
Mariana: ¡Fue horrible! Si no lo hubiera visto yo tampoco lo hubiera creído... Lo peor de todo es que Esperanza también lo vio... Por eso está así.
Salvador: ¿Dónde está ahora Patricio?
Mariana: Ya te dije, lo detuvieron.
Salvador no le dice nada más y sale corriendo.

Jade está en la habitación de Sergi revolviendo todo para encontrar su diario. Mientras tanto, habla con el espejo de la recámara.
Jade: ¿No viste dónde lo dejó?
(...)
Jade: Es que no lo encuentro por ningún lado y sé que tiene que estar en esta recámara ¿dónde más podría haberlo dejado?
(...)
Jade: ¿Crees que él tuviera algún cómplice y le haya pedido que se lo escondiera? No, me parece que no. Además él no era tan inteligente, seguro que el muy tonto dejó mi diario aquí en esta misma habitación.
Sigue buscando en todas partes. Cuando ya no queda ningún lugar más en donde buscar, se mira al espejo con expresión defraudada.
Jade: No era tan estúpido como sospechaba. El diario no está aquí.
(...)
Jade: No, Esmeralda, no. Tiene que estar en algún lugar de la casa, es obvio que pretendía usarlo en mi contra y para eso necesitaba tenerlo cerca... ¿pero dónde pudo haberlo dejado?

Laura acuesta a Esperanza y se queda con ella hasta que la niña finalmente se duerme. Laura quiere bajar para estar con Mariana, pero al pasar por la recámara de su hijo, que había dejado cerrada para que el pequeño Víctor no se enterara de lo que estaba pasando, oye que el niño la llama.
Víctor: Hace rato que te llamo... ¿Por qué dejaste la puerta cerrada?
Laura: ¿Necesitas algo?
Víctor: ¿Qué le pasa a Esperanza? Desde aquí la oí llorar.
Laura: No le pasa nada, no te preocupes.
Víctor: ¿Entonces por qué lloraba?
Laura: Porque se cayó... Pero ya está bien, ya está durmiendo y tú debes hacer lo mismo porque ya es tarde.
Víctor: ¿No va a venir mi papá a darme un beso?
A Laura se le llenan los ojos de lágrimas y le dice que no.
Víctor: ¿Por qué no?
Laura: Tu papá está de viaje, por eso no puede venir.
Víctor: Que extraño... Siempre que se va de viaje se despide de mí y esta vez no lo hizo ¿está enojado conmigo?
Laura: Claro que no, solamente tenía mucha prisa y por eso no se despidió.
Laura no puede contener las lágrimas.
Víctor: No llores, mamá, ya verás que va a regresar muy pronto...
Laura lo abraza con ternura y le dice que lo quiere mucho.

Salvador llega a la delegación y un policía lo lleva a la celda de Patricio, que a pesar de su dolor por ser acusado injustamente y de que nadie le crea, se alegra al ver a Salvador.
Patricio, desesperado: Hermano, por favor ayúdame, no soporto estar aquí, tú tienes que hacer algo para que me dejen salir ¿verdad que vas a hacerlo?
Salvador: Qué más quisiera yo, pero no puedo.
Patricio: Haz algo, ofrece pagar una fianza, pero sácame de aquí.
Salvador: Estuve preguntando y me dijeron y no tienes derecho a fianza, pero me imagino que tu mamá ya te consiguió un abogado para que te defienda.
Patricio mira a Salvador con desesperación.
Salvador: Quiero que me digas una cosa... ¿Fuiste tú quien...
Salvador no se atreva a continuar.
Patricio, lleno de dolor: ¿Tú tampoco me crees? ¿También tú piensas que soy un asesino? Creí que me conocías mejor, que sabías que yo no podría hacer nunca algo así.
Salvador se arrepiente de haber pensado eso de su hermano y dice:
--Tienes razón no debí dudar de ti ni un segundo, pero es que todo...
Patricio: Sí, lo sé, todo me acusa, pero yo no lo hice, yo nunca lo hubiera matado. Sergi era un imbécil y un desgraciado, pero ante todo era una persona y no me atrevería jamás a quitarle la vida a alguien, aunque fuera el peor de los hombres, como lo era Sergi.
Salvador: Lo sé y te creo.
Patricio se alegra de poder contar con la confianza de su hermano. Salvador no puede evitar sentirse culpable al pensar que mientras él gozaba su hermano era detenido.
Patricio: ¿Y a ti qué te pasa? Tienes cara rara. ¿Me estás ocultando algo?
Salvador se pone muy nervioso, se siente descubierto. Le da vergüenza decir la verdad y niega que le ocurra algo. Patricio no insiste.


*Patricio se siente acorralado ya que no tiene
como probar su inocencia para salir libre*

Mariana, que va hacia la recámara de su hija a ver si la niña ya se durmió, se encuentra a Laura tirada en uno de los pasillos de la casa, inconsciente. Mariana se preocupa mucho y comienza a gritar, pero su hermana vuelve en sí y le pide que no grite para que nadie venga.
Mariana: Esto no puede seguir así... Hoy mismo te llevo con un médico para que nos diga que es lo que tienes.
Laura: Tranquilízate, no es necesario hacer tanto escándalo, no me pasa nada.
Mariana: No es normal que te sientas mal y te desmayes. ¿De verdad estás segura de que no estás embarazada?
Laura: No tiene sentido que me lo siga negando... Sí, me parece que estoy embarazada, es más, estoy casi segura pero...
Mariana: ¿Pero qué? Vas a tener un hijo, deberías sentirte feliz.
Laura mira a Mariana muy angustiada.
Mariana: No me digas que no quieres a tu bebé...
Laura: Claro que lo quiero, es mi hijo, pero tú sabes como están las cosas entre Marcos y yo. Ahora él ni siquiera vive aquí, se fue porque ya no quiere verme, ya se cansó de mí, de mis desprecios. Todo es mi culpa.
Laura llora y Mariana la abraza.

Salvador intenta darle ánimos a Patricio, pero él está desecho.
Salvador: Vas a salir de aquí, si eres inocente nadie podrá comprobar lo contrario.
Patricio: Yo lo veo muy difícil.
Salvador: Es que si tú no lo mataste alguien más debió hacerlo, sólo tenemos que descubrir quien fue.
Patricio: ¿Y crees que es tan fácil?
Salvador: Yo no dije que fuera fácil, sólo que alguien tuvo que matarlo y yo creo que podremos dar con el verdadero culpable.
Patricio: Es cierto, no se me había ocurrido pensar en eso. Tuvo que haber sido alguien de la casa, ¿pero quién?
Salvador: No lo sé...
Patricio: Bueno, además de mí, sólo había una persona que podría tener motivos para matarlo...
Salvador: No estarás pensando en Mariana ¿verdad?
Patricio: ¿Por qué no?
Salvador: No, yo la conozco, ella no es una asesina, sé que no sería capaz de matar a nadie como también sé que tú no lo harías.
Patricio: También pensaste que ella no sería capaz de traicionarme y ya ves como lo hizo...
Salvador no sabe que decirle.

Mariana sigue hablando con Laura y tratando de consolarla.
Mariana: Sé que lo amas y lo extrañas ¿por qué no lo reconoces y lo llamas para pedirle que regrese? O aunque sea para contarle de tu embarazo, seguro que él vendrá en cuanto lo llames.
Laura: No sé donde está.
Mariana: Esa no es excusa, ahora mismo llamamos a Leticia y le decimos que le pida a Álvaro el teléfono de Marcos.
Laura: No quiero decirle a Marcos nada del bebé.
Mariana: ¿Pero por qué?
Laura: Porque Marcos no va a creer que el niño sea suyo. Va a pensar que es de Xevi.
Mariana: ¿Xevi y tú...?
Laura: No, pero Marcos cree que sí.
Mariana: Pues este es el momento de aclarar todo. Todavía están a tiempo de hacerlo, Laura, no quiero que te pase como a mí... Intenta recuperarlo ahora que puedes hacerlo, no esperes a que sea demasiado tarde...
Las hermanas dejan de hablar al oír gritos desesperados. Ambas corren a ver que pasa y ven a Ester llorando y a Malena preguntándole que le pasa. Laura se enoja al verla.
Laura, a Malena: ¿Por qué la dejaste entrar? -a Ester- ¿No te he dicho que no quiero volver a verte por aquí?
Malena: Señora, yo...
Ester la interrumpe y sin dejar de llorar dice:
--¡Sólo vine para que me digan que no es cierto lo que se dice en el pueblo! -a Mariana- ¡Dime que no es verdad, que Sergi no está muerto!
Mariana: Lo siento mucho pero así es. Sergi murió.
Laura: ¡Si eso era todo lo que querías saber ya vete!
Ester la ignora y le dice a Mariana:
--¿Y también es verdad que fue Patricio quién lo mató?
Mariana, llena de dolor: Pues sí, también es verdad.
Ester: ¡¡Todo fue tu culpa!! Maldita seas, Mariana, Sergi está muerto por tu culpa.
Laura: ¡Estás loca! ¿Por qué no te callas y te largas?
Mariana: Ya Laura, déjala -a Ester- Te entiendo y de veras lo siento por ti, pero esto no ha sido culpa mía.
Ester: Sí, todo es tu culpa. Si nunca hubieras aparecido en la vida de Sergi él se hubiera enamorado de mí y ahora no estaría muerto. Esto va a pesar sobre tu conciencia para siempre, Mariana, porque en el fondo tú bien sabes que fuiste la causante de esta tragedia y que mi hijito se quedará sin padre por tu culpa.
Laura: ¡Déjate de decir tonterías! ¡Vete de aquí ahora mismo!
Ester se va, pero antes mira a Mariana llena de odio.
Laura: No le hagas caso, está loca.
Mariana: Tiene razón, ella tiene razón. Yo soy culpable de que Patricio haya matado a Sergi, es todo culpa mía...
Mariana llora mientras Laura la abraza e intenta consolarla.

Salvador regresa a la casa y pasa por la recámara de Esperanza. Encuentra a la niña despierta y con los ojos enrojecidos de tanto llorar.
Salvador: ¿Qué pasa? ¿Por qué no duermes?
Esperanza: Tuve un sueño muy feo y no me puedo volver a dormir.
Salvador: ¿Quieres que me quede contigo hasta que te duermas?
Esperanza asiente.
Salvador: ¿Te gustaría que te leyera un cuento?
Esperanza le dice que sí y se levanta a buscar uno.
Esperanza: Mira este, es muy raro. No tiene ningún dibujo y hasta ahora nunca lo había visto...
Salvador toma lo que la niña le da y se da cuenta de que no es ningún libro de cuentos. Al abrirlo, se sorprende muchísimo al darse cuenta de lo que es...


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