TERCIOPELO AZUL.- Capítulo XXVIII

TERCIOPELO AZUL.- Capítulo XXVIII

Joined: January 5th, 2003, 7:12 pm

July 19th, 2004, 2:40 pm #1


- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





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El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
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mcarmenb
mcarmenb

July 19th, 2004, 3:01 pm #2

para hacer sentir al abuelo una peste.
saludos
mcarmenb
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mari
mari

July 19th, 2004, 4:34 pm #3

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





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Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





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El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





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Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





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En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





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El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





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Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





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Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





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Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



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Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
la cabeza de Hermes, joe con el viejo de los demonios, espeor que lo pague caro, porque lo que ha hecho no tiene perdon, si más no, espero que Betty jamás lo perdone por muy padre suyo que sea!! me he enfadao mija, si pillo al viejo lo descoyunto!!

besos!!
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belanuri
belanuri

July 19th, 2004, 5:42 pm #4

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





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Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





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El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





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Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





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En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
creo que la nieta va a ser la única que le pueda ablandar el durísimo corazón al viejo cascarrabias.

Menos mal que armando escucha a su padre y por ahora está comportándose muy bien.

Qué pasará ahora???????????
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REGINA
REGINA

July 19th, 2004, 6:07 pm #5

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





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El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





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Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





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Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





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Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



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Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
ese viejo podrido merece una lección, primero por ambicioso, luego por manejador, rencoroso, mala leche y otras lindezas que me inspira su papel en esta historia, pero bueno lo dejo a tu correcto criterio de persona y escritora, pero no los hagas sufrir mucho, me da penita por Laura, ahora que tenia a su familia junta...
Besos
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

July 19th, 2004, 6:32 pm #6

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





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Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





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El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





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Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





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En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





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Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



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Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
Que el viejo, tenga su justo castigo, en lo que más le duele, que según dice él, es su hija, aunque nosotras pensamos que si de verdad le doliera no la trataría como lo hace.
Ojalá que Armando la encuentre pronto, porque Betty se nos va a morir de pena, además la pobre niña otra vez a sufrir las consecuencias de ver a su familia separada. Mija, confíamos en tí, y en que soluciones esto pronto. Besos
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eternidad
eternidad

July 19th, 2004, 6:44 pm #7

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





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Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
ese es un paso importante. Espero que pronto pueda reencontrarse con su mujer a pesar del pesado de su suegro. A ver como consigues quitar esa incógnita maldita de la ecuación, mija...mándale a Siberia,sigo diciendo que es lo mejor. Muchos besos.Ciao.
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marg
marg

July 19th, 2004, 7:47 pm #8

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





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El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





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Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





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En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





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El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





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Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





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Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





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Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



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Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
pues ella ha dado ordenes en el hotel de que no den información a nadie y menos si es de Colombia,desde luego su padre no ha sido nada disimulado y si cree que ha engañado a alguien va arreglado.Seguro que esta separación no tardara mucho en dejar de serlo, veremos que va hará D. Hermes entonces, y me imagino que Betty si quedo embarazada en el último intento, quizas eso sirva para hacer ver las cosas a su padre de otra manera. Esta historia esta cada vez más interesante,Besos.
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Sara G.
Sara G.

July 19th, 2004, 8:50 pm #9

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





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Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





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El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





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Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





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En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





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El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





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Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





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Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





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Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



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Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
Lejos de valoraciones personales, lo cierto es que Armando dio un gran paso con este descubrimiento. Le toca saber qué hace Betty en Madrid, pues por lo visto Hermes no va a dar su brazo a torcer y no va a contar ni mú.
Besos.
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sofia y encarni
sofia y encarni

July 19th, 2004, 9:43 pm #10

- Papá, y mami? Cuándo viene? - Pregunta Laura.

- Estará comprando cosas bonitas, y no se da cuenta de la hora… - Dice a la niña para tranquilizarla, pero él ya lleva un buen rato mirando al reloj, extrañado por la tardanza.

- Llámala y hablamos con ella, sí?

- OK! La llamamos. - Armando marca el número y espera. - Está desconectado, Laura. Toca esperar. Quieres que vayamos a ver lo que podemos preparar de cena? - Propone a su hija para distraerla.

- Sí. Hoy hacemos la cena tú y yo.

Pasa una hora más y Betty sobrevuela el mar Caribe.





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Capítulo XXVIII.- Don Hermes, dígame si sabe algo de ella.



Armando está desesperado porque no sabe qué hacer. Intenta mantener la calma para no alarmar más a la niña, pero él está asustadísimo.

Sube al dormitorio y revisa el armario y los cajones que usa Betty, pero en todos hay ropa.

No sabe si echarse a la calle a buscarla a pesar de no saber dónde, pero como tiene a su hija a su cargo… O llamar a la policía, o preguntar a su madre. Eso es!

Elige la última opción y toma el auricular.

- Aló? Residencia Mendoza.

- Mercedes, páseme a mi madre rápido, por favor.

- Ahora mismo, don Armando.

La mucama avisa a doña Margarita y ésta contesta inmediatamente.

- Hijo, sucede algo?

- Sí, mamá. Bueno, no sé! El caso es que Betty aún no ha llegado a casa. - Dice angustiado.

- Cómo así? Y la niña?

- Laura está aquí, pero Betty no vino conmigo porque dijo que tenía que comprar algo, mas pasa el tiempo, no llega, y yo ya no sé qué hacer…

- Ahora mismo vamos. La has llamado al celular?

- Claro, pero lo tiene desconectado. Voy a acostar a Laura, y al menos ella se ahorrará el mal rato. Chao.

Poco después la niña está dormida, y él vuelve a entrar a su habitación buscando algún signo… algo que le oriente y entonces ve un sobre encima de su almohada.

Le da un vuelco el corazón, se sienta en la cama porque le fallan las rodillas, toma la carta con mano temblorosa, y abre el sobre que sólo tiene doblada hacia dentro la solapa.

Lee en voz baja:

“ …Te amo, Armando, y sólo razones muy poderosas me obligan a irme de tu lado… Dejo a Laura contigo para que comprendas hasta donde llega mi amor… que renuncio a los dos para que estéis juntos y os cuidéis y consoléis uno a otro. Si las circunstancias que me exigen este sacrificio cambian algún día, volveré. Mientras tanto, no me olvidéis, por favor…”

En ese instante se oye el timbre y baja a abrir.

- Mamá, se ha ido! Pero ha sido presionada por algo. - Exclama sin entender.

- Pero, qué puede haberla forzado? - Pregunta doña Margarita.

- Más bien, “quién”? - Apunta don Roberto que ya se huele algo.

- QUIÉN? Cómo así? - Pregunta ella a su marido.

- Don Hermes… - Murmura Armando. - Mamá, quédate aquí con Laura. Yo me voy al barrio de Palermo. Papá, acompáñame para que no haga una barbaridad con ese viejo tirano rencoroso. Igual ha coaccionado a Betty para que se vaya a vivir allá!

- No, Armando. A estas horas no vamos a ir a casa de Hermes, y menos en ese plan. Llámale si quieres y veremos. - Le aconseja el padre.

- Está bien. - Acepta fastidiado y llama.

Está a punto de colgar cuando descuelgan al otro lado.

- Aló? Qué tan importante hay que hablar a estas horas? - Dice el gruñón de su suegro.

- Don Hermes, soy Armando Mendoza y quiero preguntarle si sabe dónde está Betty.

- Mi hija le dejó? Pues qué quiere que le diga? Me alegra que al final ella haya tenido algo de cordura y se haya convencido de que usted no la merece. - Miente el viejo zorro.

- Déjese de cantaletas y dígame si sabe algo de ella!

- No, doctor Mendoza! No sé nada, y espero que no la haya hecho usted una nueva traición, porque si ha vuelto a hacerla sufrir… prepárese! - Finge con el mayor cinismo.

Armando cuelga enfadado y el suegro sonríe ácidamente.





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El avión está por la mitad del océano.

Betty mantiene los párpados cerrados, y seca frecuentemente las lágrimas que escapan de sus ojos y ruedan por las mejillas.





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En Bogotá, los Mendoza siguen reunidos.

- Armando, está claro que Betty no ha sufrido un accidente, ni un secuestro, sino que se ha ido por voluntad propia. Forzada por unas circunstancias que desconocemos, pero por lo que parece, muy poderosas. Si no, no os hubiese dejado a ninguno de los dos, y menos aún a Laura. - Razona don Roberto.

- Eso es cierto, hijo. Tu padre tiene razón. Betty dice que te ha dejado a la niña para que te acompañe porque confía en ti, te ama y desea que comprendas que su marcha no ha sido voluntaria. - Refuerza la madre.

Armando escucha inconsolable moviendo la cabeza.

- Quizá ha tenido que protegerte… - Insinúa don Roberto recordando aquella conversación con don Hermes en el despacho de Betty, después del accidente de Armando.

- Protegerme? Por qué? De qué? O de quién? - Entorna los ojos al plantear la última pregunta. - De mi suegro? Todo me conduce a él… es el único empeñado en separarnos, y en dirigir la vida de Betty a su antojo…

- Pero no. No sería capaz de obligar a su hija a marchar sola y lejos de él. Con lo sobreprotector que es… no me cuadra, hijo.

- Pues a mí sí me encaja. - Interviene doña Margarita. - Es muy dominante y está en contra de que se hayan reconciliado. A mí no me extrañaría.

Armando asiente al oír a su madre, pero calla.

- En cualquier caso, ahora no podemos hacer más. Vamos a acostarnos, y aunque no durmamos, algo descansará el cuerpo.

- Bien. Quedaos en el cuarto de invitados y mañana… mañana veré qué puedo hacer. Yo seguiré llamando al celular de Betty.

Se acuestan los tres pero no consiguen dormir. Sólo dan alguna cabezada por el agotamiento.





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Mientras tanto, Betty se sumerge en un ligero duermevela y cuando vuelve a abrir los ojos, ve que el horizonte empieza a clarear hacia el morro del avión.

Cuántos kilómetros la separan de sus dos amores! Abre el colgante que pende de su cuello, besa la foto y lo mantiene apretado en la mano.

De nuevo las lágrimas fluyen copiosas, y bajo el aparato empiezan a despertar las Islas Canarias.





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En Bogotá, Armando no deja de mirar el reloj de la mesilla y el tiempo no corre. Ha pasado malas noches en su vida, pero ninguna como ésta. Y tan larga!

Ya ha decidido que él mismo irá al aeropuerto, y preguntará en todos los despachos de billetes si Beatriz Pinzón Solano ha viajado o tiene previsto hacerlo con esa compañía.

Si no consigue que se lo revelen, o si no encuentran su nombre, tendrá que contratar los servicios de un profesional, el mejor, para que la busque.

Pero está seguro de que Hermes Pinzón tiene mucha responsabilidad en esta injustificada huida. Incluso en el inverosímil caso de que no lo haya provocado… al menos sabe dónde está Betty, o no se hubiera quedado tan tranquilo cuando le llamó hace unas horas…





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El avión aterriza suavemente en el aeropuerto de Barajas, Betty recoge su parco equipaje de la cinta transportadora, y sale de la terminal.

Un taxi la lleva a su hotel en pleno centro de Madrid y se instala en su habitación. Poco después nivela el grifo de la bañera y se prepara un relajante baño.

“Llámeme cuando llegue”. Oye la recomendación de su padre, pero no la va a obedecer para demostrarle que ella ya sí se manda sola.

Además ha dado orden en recepción para que no den ningún tipo de información de ella, ni la pasen ninguna llamada, sobre todo de Colombia.





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Amanece en Santa Fe de Bogotá y Armando ya está en pie. Se ducha, se viste, y va a tomarse un vaso de leche cuando entra su padre en la cocina.

- No vayas solo a casa de Hermes, no sea que pierdas la paciencia…

- Ahora voy al aeropuerto, papá. Pero no tengas cuidado, que cuando vaya a ir te avisaré. Prefiero ir contigo porque ese hombre me exaspera.



Recorre los mostradores de las distintas líneas aéreas americanas sin ningún resultado.

A pesar de que ha hecho uso de sus “armas de hombre” y su encanto personal para ganarse a las señoritas que atienden al público, y todas han buscado el nombre de Betty con deseos de colaborarle, el esfuerzo ha sido infructuoso.

Está desolado y a punto de regresar a casa cuando ve un anuncio. Un póster de las Rías Baixas en el stand de una compañía española. Se acerca esperanzado.

- Buenos días, señor. Desea volar con Iberia?

- Pues, según… Vea, necesito saber si una persona ha viajado ayer o va a hacerlo hoy con ustedes. Sería posible? - Marca hoyuelos y pone carita triste.

Y ella, sensible como tantas a Armando, revisa con gusto las listas de pasajeros del día anterior, y cuando ya él está perdiendo la confianza…

- Beatriz Pinzón Solano! Aquí aparece, señor, en el vuelo de las ocho de la tarde de ayer!

- Gracias al cielo! Pero el hecho de que figure en esa lista indica que compró el pasaje o que además tomó el avión?

- Este listado es el de las personas que embarcaron. Esta señora aterrizó hace pocas horas en España.

- Gracias, señorita. Le aseguro que cuando tenga que viajar, siempre que sea posible, lo haré con esta compañía en agradecimiento a su amabilidad.

Da un fuerte apretón de manos a la empleada, y llama a su casa para comunicárselo a sus padres.

- Papá, ayer se fue a España. Me gustaría irme, pero una vez allá... cómo localizarla?
- No, Armando. No seas impulsivo. Ven y pensaremos despacio qué es lo mejor.

- OK! Seguro que tienes razón.

- A qué hora llega Teresa?

- A las siete y media. Por qué?

- Por adecuarnos al horario de la niña. Tu madre va a ir a casa para cambiarse de ropa y traerme a mí ropa interior, una camisa y un traje.

- De acuerdo. Yo voy a acercarme ahora a Ecomoda para ver si hay algún asunto urgente y regreso a casa. Tú mientras, ve pensando si conoces a alguien en España a quien pedir que nos colabore para encontrarla, o si de pronto visitamos a su padre y... le pido educadamente que me cuente.

- No te alteres, Armando. Pasa por la empresa, y ven. Ah! Y no tomes ninguna decisión sin hablar conmigo, sí?

Don Roberto que conoce a su hijo, teme que pueda hacer algo que luego lamente, así que intenta calmarle y convencerle de que cuente con él para todo.

- Está bien, papá. Dentro de un par de horas estoy en casa. Dile a Teresa que arregle a Laura y la lleve al colegio como todos los días. Quiero que la niña siga con su vida normal. Lo más rutinaria posible a ver si mientras tanto...





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Betty pasa el primer día en su habitación.

Conecta el televisor para que el silencio y el vacío no se hagan tan enormes... pide algo ligero para comer al servicio de habitaciones... mira por la ventana a la gente que pasea por la amplia y concurrida avenida ajena e indiferente a su dolor... se enjuga lágrimas continuamente... y al atardecer se queda dormida sobre la cama.





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Armando ha ido a la empresa, ha firmado las cartas y documentos que la secretaria le ha presentado, y luego ha regresado a casa después de hablar con Mario y decirle que le avise si es necesario.



CONTINUARÁ...



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Hola, m´hijas.

Los dos están tristes, se sienten desdichados, y no es para menos!

Pero Armando ya ha conseguido averiguar dónde fue Betty. No olvidemos que el más largo de los viajes, empieza con un paso. Y él ya lo ha dado.

Vamos a perder ahora la esperanza? Yo, ni modo! Y vosotras?

Besos y hasta pronto.
menudo viejomas detestable, esperamos q cuando betty vuelva lo ignore, por muy padre suyto q sea ha demostradfo lo egoista q es al separarla de su familia, desde luego q ese hombre no esta bien.
besitoss
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