POR AMOR! - Capítulo XX

POR AMOR! - Capítulo XX

Calipso
Calipso

April 2nd, 2003, 5:06 pm #1

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



******************************************************



Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
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mari
mari

April 2nd, 2003, 5:24 pm #2

es que es increible, pues que se vaya pero me parece a mi que no le va a resultar tan fácil arreglar las cosas con él, es que se ha pasao dos o tres pueblos!!! ahora que sufra él que le toca!!!

muchos besos!!!!!!
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gemma
gemma

April 2nd, 2003, 5:31 pm #3

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



******************************************************



Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
esto esta q arde!!!!!!!!!
un armandobesoteeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee pa ti bichote
sigue pronto
y enderezalaaaaaaaaa, jajajjajajaja
MUUUAKKKKSSSS loca
gemmi()
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Luisa
Luisa

April 2nd, 2003, 5:34 pm #4

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



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Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
No importa que no sea como la imaginaste, porque está muy interesante.
Me encanta
Besitos
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Eternidad
Eternidad

April 2nd, 2003, 6:14 pm #5

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



******************************************************



Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
una cosa es que se muestre celoso y otra muy distinta es que se vaya...¿Qué pretende?. Porque yo aún no lo entiendo. Veremos a ver qué ocurre. Mientras te invito al estreno de la Flor de Bogotá ya tiene su primer capitulo. Un beso, Calipso.
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María quehubo?
María quehubo?

April 2nd, 2003, 7:56 pm #6

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



******************************************************



Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
Quiero decir que entre parejas hay riñas y malos entendidos. Es que no todo son caminos de rosas... Ah, lo que espero, al margen de si se va o no a Cartagena, es que la colección sea un éxito y que el hecho de adelantar las obras no suponga un gasto para Ecomoda porque, de nuevo, Betty saldría victoriosa y siempre es lo mismo.

Nos vemos pasado mañana! Un besico
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marisa
marisa

April 2nd, 2003, 8:18 pm #7

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



******************************************************



Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
este armando con lo cabezon que es, lo está liando cada vez más, veremos en que termina todo, un beso
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Sara Guerrero
Sara Guerrero

April 2nd, 2003, 8:57 pm #8

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



******************************************************



Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
Veremos si no le sale el tiro por la culata, este tiempo lejos de Betty (si es que se va finalmente), lo mismo Michel aprovecha y se viene de Cartagena a Bogotá, ja,ja,ja.
Besos.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

April 2nd, 2003, 9:39 pm #9

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


******************************************************


Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


******************************************************


Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



******************************************************



Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
...se le fue la olla, y ahora pagará las consecuencias. Claro que si nosotras fuéramos Betty, nos plantábamos en Cartagena con las dos niñas y de Ecomoda, que se encargue "el Cuartel", que pá eso está el fax y el e-mail. Besitos
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isabel
isabel

April 3rd, 2003, 12:47 am #10

Buenas tardes, chicas!
Lamento comunicaros que Armando se me ha desmandado, y por más que lo he intentado, no ha habido manera de hacerle recapacitar.
Pero, palabrita que esta vez es la última que le consiento salirse con la suya.



Comprende que no puede excusar su presencia con los venezolanos, y con tremendo fastidio deja a Betty sola con el franchute.

- Mi amor, me es imposible… - Y se lo dice todo con la mirada.

A continuación ofrece la mano a Michel, disculpándose.

- No sabe cómo lo lamento. - Y sale del despacho muy enfurecido.

Sólo Betty sabe cuánto siente Armando no poder acompañarles.




CAPÍTULO XX.



Él y Mario regresan de la comida con Alejandra y otro ejecutivo, satisfechos de haber resuelto los pequeños problemas que habían surgido.

Al entrar, pregunta a la recepcionista si ha vuelto su mujer, y ésta le dice que aún no ha llegado.

Decide quedarse allí a esperarla, pues ya no puede demorarse mucho.

Poco después para un taxi en la puerta, y ve bajar a Michel, que ofrece galante la mano a Betty para ayudarla a apearse.

Ella acepta y toma la mano. Una vez fuera intenta retirarla, pero Michel se la retiene.

Armando que está observando desde el interior, aprieta los puños y lanza juramentos.

Ella, cada vez más nerviosa, intenta aligerar la despedida y alejarse de él cuanto antes, pero Michel no tiene prisa y dilata el momento.

Por fin, con un suave pero firme tirón, consigue liberar su mano.

Michel comprende que ya no puede alargar más la despedida, y tomándola de los hombros la besa levemente en ambas mejillas.

Betty respira aliviada cuando él sube al taxi, y éste arranca y se aleja.

Mueve la cabeza de lado a lado. Espera que pase mucho tiempo antes de volver a verle.

Esta vez ha confirmado la sospecha que atisbó en Cartagena, pues Michel ha sido más explícito, y ella no va a consentir quedarse a solas con él nunca más.

Según se vuelve y encara la puerta de Ecomoda, se encuentra con los ojos de Armando que la taladran.

- Así que haciendo “manitas” con el francés!

- Armando, NO he hecho “manitas”.

- Y te has dejado abrazar!

- No tergiverses, Armando. Me ha puesto las manos en los hombros. NO me ha abrazado.

- Y también me negarás que te ha dado dos besos, que haya visto yo! A saber cuántos no he visto!

- Armando, no inventes. Dos al saludar y dos al despedirse. Y todos los has visto tú!

- Pues no quiero que bese a mi mujer! Que se busque una para él y que se desahogue. El besucón de los…

Entran al ascensor y Betty se acerca a él para besarle y tranquilizarle con unos mimos, pero Armando retrocede y:

- Betty, yo NUNCA había sentido celos, yo sabía que Marcela tenía algunas aventuras y nunca me importó, pero… no tolero que a ti te besen, rocen, o tan sólo que lo intenten! Y has mantenido tu mano en la suya innecesariamente, y hasta me ha dado la sensación de que no te disgustan sus atenciones.

- Pues para empezar te diré que nunca te fíes de tus sensaciones, porque te falsean la realidad. Y en segundo lugar, esta mañana me dijiste que no creías eso de mí.

- Pues ya ves! Después de vuestra despedida, tengo mis dudas!

- No me puedo creer que estés hablando en serio, Armando.

Se abren las puertas del ascensor y salen al lobby.

Cada uno va a su despacho hasta la hora de la reunión de los ejecutivos.


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Son las cuatro. Betty entra en la Sala de Juntas y se sienta en la cabecera de la mesa más próxima a presidencia.

Saluda a Gutiérrez que ya estaba allí y se ha levantado respetuoso cuando ella llegó.

Sucesivamente van apareciendo los demás ejecutivos: Marcela, Mario, Nicolás y Hugo.

Al ver que Armando no llega, Betty toma el inalámbrico y marca la extensión de Aura Mª.

- Por favor, dígale a Sandra que avise al doctor Mendoza, que le esperamos para empezar la reunión.

- Sí, Betty. Ahora mismo.

Al cabo de un minuto sale él por la puerta que comunica directamente con su oficina, y se sienta junto a su gran amigo.

A ella la sorprende, ya que abandonó esa costumbre hace mucho, y lleva años sentándose a su lado.

Le nota algo raro. La ha mirado extraño, desafiante, o así la ha parecido.

Así que se pone en guardia, porque intuye que planea algo.

Tratan los asuntos que tenían programados en el orden del día, y al llegar a “ruegos y preguntas”, Armando dice que tiene que hacer un ruego a la Junta Ejecutiva.

Ve que todos le escuchan expectantes y expone su idea.

Betty tiene toda su persona en alerta máxima.

- Voy al grano. Quiero empezar YA las obras de acondicionamiento del punto de ventas de Cartagena.

- Armando, quedamos en esperar hasta ver qué acogida tiene la colección! – Le recuerda Betty.

- Lo sé, pero quiero que esté preparado para poder aprovechar la temporada alta de turismo.

- Y si surge algún problema, la colección no se vende bien y nos vemos embarcados en esos gastos?

- Siempre que ustedes me han proporcionado materiales de primera calidad, mis diseños se han vendido solos. – Interviene Hugo. – Mi colección será un éxito, como siempre!

- Solicito que votemos el adelanto de las obras. – Insta Armando.

- Armando, espera! Sólo quedan tres semanas para el lanzamiento! – Le pide Betty.

Todos permanecen sumamente atentos, pues es la primera vez que les ven mostrar desacuerdo en público.

- No quiero esperar!!!

- Votemos entonces! – Exclama Marcela radiante.

Gutiérrez dirige el procedimiento habitual en las votaciones “a mano alzada”.

- Por favor, levanten la mano los que estén a favor de esperar.

Y sólo se alzan las manos de Betty y de Nicolás.

- Ahora deben votar los que prefieran acometer inmediatamente las obras.

Y levantan la mano Armando, Mario (apoyando a su “hermano”), Marcela (por fastidiar, pues cuándo se hagan las obras le resulta indiferente) y Hugo (porque no quiere que nadie cuestione el éxito seguro de sus creaciones).

- Y falto por votar yo, que lo hago en blanco.

- BIEN! Por clara mayoría se aprueba el comienzo inmediato de las obras. – Dice Armando satisfecho, con sonrisa torcida dedicada a Betty.

Ella se mantiene serena y en silencio. Pero él no ha terminado aún.

- Y además… - La mira provocador. – Me ofrezco voluntario para ir a encargarme personalmente de supervisar las obras y contratar a la empresa que las realice.

Marcela está pletórica, absolutamente feliz por primera vez en años. Sólo la falta tirar confeti.

- Armando, por favor. Ven conmigo a presidencia y hablamos un momento, sí? – Le ruega Betty.

- De acuerdo. – Y se levanta y la sigue arrogante.

- Volvemos en unos minutos. Discúlpennos! – Dice Betty a los demás.


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Entran al despacho e intenta hacerle recapacitar:

- Armando, me parece que te precipitas con lo de empezar ya las obras, mas lo ha aprobado la junta. – Se encoge de hombros. – Pero cómo se te ocurre ofrecerte para ir a encargarte tú de esas reformas? Durarán por lo menos dos meses! Nos vas a dejar solas todo ese tiempo?

- Puedo venir los fines de semana. – Contesta impasible.

- Me estás castigando por la visita de Michel, verdad? Pero tú SABES que no hay nada de nada! – De pronto, Betty se lleva la mano a la boca, horrorizada por lo que presiente. – Oh! Te has cansado de mí! Estás poniendo a Michel de pantalla! Y vas a dejarme!

Él reacciona rápido.

- Eso no es así, Betty! No te inventes historias, ni saques las cosas de quicio! Simplemente quiero poner en marcha esa tienda y ocuparme de ello.

- No es así de sencillo. Antes nunca habrías aceptado alejarte de nosotras tanto tiempo, ni siquiera una semana. Escondes una segunda intención, y esa es separarte de mí…

No le da opción a responder, pues abre la puerta y vuelve a la Sala de Juntas.

Se sienta y espera con todos a que aparezca Armando, que se demora en salir.

Está reflexionando si renunciar a encargarse de las obras, ya que nunca pensó que Betty iba a interpretar de ese modo su posición de fuerza, pero todos están al tanto y no puede doblegarse.

Quedaría como un calzonazos!

Entra hablando en voz alta, para todos.

- Bien. Está decidido. Tan pronto como tenga los planos con las reformas y los diseños de los decoradores, me iré a Cartagena!

Se le ha ido de las manos.

Sí pretendía mortificar a Betty, pero de ninguna manera quiso hacerla creer que no la quería.

Si esta misma mañana la había demostrado su amor…

Bueno, siente que ella piense que va a abandonarla, pero ya le aclarará que no es así, o mejor aún… ya podrá comprobarlo!



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Oyen tocar a la puerta, y al abrirse, ven asomar a Dª Margarita y D. Roberto.

Todos aprovechan para levantarse a saludarles y de paso, desaparecer.

Sólo ellos dos permanecen todavía sentados en sus sillones y evitando mirarse.

Betty se levanta para saludar a sus suegros.

Es cariñosa y educada con ellos, pero notan que hay tensión.

Se retira a su despacho con la excusa del trabajo.

Armando sigue sentado, taciturno.

- Hijo, cuál es el problema? – Pregunta D. Roberto.

- Vamos a empezar las obras de la nueva tienda, y yo me voy a ir para encargarme de que se hagan satisfactoriamente.

- Y Betty? Va a ir contigo? – Se interesa su madre.

- No. Ella se queda con las niñas.

- Y cuánto durará esa separación? – Vuelve a indagar Dª Margarita.

- Aproximadamente dos meses.

- Y tu mujer está conforme con que te vayas tanto tiempo? – Ahora es D. Roberto.

- No. – Y lo refuerza negando con la cabeza.

D. Roberto va a la puerta de presidencia. Llama, abre y habla a Betty, que se está secando los ojos.

- Hija, te importa que vengamos aquí para hablar contigo?

- Naturalmente que no.

D. Roberto se vuelve a los otros.

- Margarita, Armando, venid aquí, por favor!

Estos entran, Armando cierra la puerta y su padre toma la palabra.

- Armando, no eres tú quien tiene que ir!

- Sí, papá. Yo lo propuse y ahora no puedo desentenderme.

- Pero, hijo. No puedes dejar solas a Betty y a las niñas dos meses!. – Insta Dª Margarita.

- Os tienen a vosotros, si necesitan algo…

- Sí, Armando. Están tus padres y los míos para una emergencia, pero tú eres el que debes estar con tus hijas en casa, cada día. – No se incluye ella, pues no va a imponerle su presencia, si él ya no la ama.

- Vendré los fines de semana.

- Además, los puntos de venta, son competencia de Marcela… - Vuelve a hablar D. Roberto.

- Déjele, D. Roberto. Esta será la tercera vez que cuando le da la “pataleta”, pega un portazo y se va. Se cree que así se soluciona algo. Está enojado conmigo. Se está montando una película él solito, sin el menor motivo. Pero lo peor es que Camila y Bea van a sufrir nuestros desacuerdos…

Él no habla, pero la escucha atentamente y la mira con tristeza.


CONTINUARÁ...


Yo no quería... pero la historia se me ha ido así, y ahora me va a costar enderezarla! Pero PALABRA que la enderezo! Y la aderezo!
Besos y dejadme mensajitos, porfa...
este armando no traga al franchute y en cuanto lo ve,pierde el norte y claro ahora a pagar las consecuencias,si es que no piensa.
besossss¡¡¡¡¡¡
isa
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