POR AMOR! - Capítulo XII

POR AMOR! - Capítulo XII

Calipso
Calipso

March 17th, 2003, 4:15 pm #1

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
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regina desesperada
regina desesperada

March 17th, 2003, 4:39 pm #2

hasta el día del padre, no bromees, que aquí en la Argentina se festeja en junio, fue un chiste verdad.
Guau que me muero.
Muy ejemplificador este Armandito, pero espero que se siga portando bien y la tonta de Betty, no lo pierda por necedad.
Muy linda tu historia.
Muchos besos.
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ilargi
ilargi

March 17th, 2003, 4:45 pm #3

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
reconciliacion????lo dudo!!!!me parece que esto empeorara las cosas y eso que estan mal,besos
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ernie
ernie

March 17th, 2003, 5:44 pm #4

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
por ser tan boba y no darse cuenta del bombón que tiene a su lado, que se derrite por ella y bebe los vientos por su amada.

En finx, te odio por hacer sufrir a Armando.

Besotes
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

March 17th, 2003, 6:19 pm #5

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
Parece Betty, la de los Picapiedra, por el atraso, será por métodos anticonceptivos. Si está tan dudosa, que utilice el de sus papás, que solo la tuvieron a ella, y es que conociendo a don Hermes, suponemos que doña Julia, tan primorosa ella y tan de su casa, le hacía a su marido los preservativos de croché (ganchillo), muy apretadito, jajajaja. Bueno, esperamos que la innombrable, no de mucho la lata, y que se busque un galán, para ella, que Armando está ocupado. Besos
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Eternidad
Eternidad

March 17th, 2003, 7:51 pm #6

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
fijo. La presencia de Marcelita no es buen augurio, no señor. Veremos a ver qué pasa. Un beso, cielo. Ciao.
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Sara
Sara

March 17th, 2003, 8:04 pm #7

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
me sorprendería mucho que la cosa no vaya a ir a peor. ¿por qué tendrá ella que haber desarrollado una sensiblidad especial para con Armando? Aish!, espero que no le vaya a decir a Armando nada que haga cambiar a Betty de opinión, ahora que estaba decidida a arreglar las cosas. BESOS
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María quehubo?
María quehubo?

March 17th, 2003, 8:45 pm #8

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
Oye, quién sabe (bueno tú sí) a lo mejor Marcela ha ido a su apartamento para hacerlo recapacitar. Aunque no sé, tan temprano... Le voy a dar un voto de confianza, más que nada porque hace dos años que no se mete en la vida de estos dos... ¡Qué flipá que soy!

Me parece fatal eso de que ya has leído el siguiente y te ha gustado. Encima de que lo tienes escrito y no lo posteas, nos lo recochineas. Tú también eres una boluda!

Un beso
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Sara Guerrero
Sara Guerrero

March 17th, 2003, 9:16 pm #9

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


******************************************************


Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


******************************************************


Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



******************************************************



Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



******************************************************



Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
demasiado lejos, creo que Armando ha sido demasiado paciente con ella, y total por una indecisión tan tonta como esa. En fin, esperemos que Marcelita haya venido a felicitar a Armando por el día del padre o algo así.
Besotes.
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marisa
marisa

March 17th, 2003, 9:59 pm #10

Hola, chicas! Cómo veis, Betty sabe mucho de economía y de otras cosas, pero de métodos anticonceptivos actuales ná de ná! Creo que la del Centro de planificación familiar no la resolvió sus dudas, y la pobre lo está pasando fatal, pero ya hay alguna forista que se ha ofrecido a darle consejillos.
Armando sólo la presiona para que se decida, con la intención de respetar lo que a ella la resulte más práctico, cómodo...


De pronto se angustia. Habrá estado bebiendo…? Habrá cumplido su amenaza…? Habrá ido a buscar fuera lo que ella…?

Mira con ansiedad hacia la puerta hasta que aparece… tan sereno y sobrio como se fue.

Éste no es el Armando Mendoza que ella conoce. Se le ha ido de las manos la situación.



CAPÍTULO XII.


- Buenas noches, Beatriz.

- Buenas noches. Estás bien?

- Sí. Ya he visto a las niñas y he tapado a Camila. – Hace una pausa. – Has resuelto algo?

- Estoy muy indecisa. Dame tiempo…

- Tienes todo el tiempo que quieras. Que descanses.

Y se da la vuelta encaminándose al cuarto de invitados.

Betty cada vez está más perpleja y tarda mucho en conciliar un sueño inquieto. Sin él, se siente desvalida.



******************************************************


Ya por la mañana, Betty va a entrar al baño, cuando él sale con una toalla a la cintura y otra en las manos, secándose el torso aún salpicado de gotitas.

- Buenos días, Beatriz. Dormiste bien?

- Pues, NO!

- Si te sirve de consuelo… yo tampoco…

Y continúa andando impasible, hacia el armario para elegir la ropa que se pondrá hoy.

Ella se apresura, pues va retrasada.

Antes de irse, pasa a ver a las niñas, que siguen durmiendo ajenas a todo.

Rosi ya ha llegado y Betty cruza con ella unas palabras y va al elevador, donde la espera Armando.


******************************************************


Apenas se ven durante el día, pues Armando y Mario tienen una cita para comer con unos clientes de la franquicia de Buenos Aires, y ella aprovecha para comer con las chicas.

Cuando regresan, Wilson la informa de que ha tenido la visita de un caballero francés, y que volverá más tarde.

- Será Michel! Le dijo su nombre?

- Sí, señora. Doné… o algo así…

- Doinell?

- Sí, eso: D-u-a-n-e-l! Justo.

- Está bien, Wilson. Cuando vuelva, invítele a subir.

Qué mal momento ha elegido Michel para venir a visitarla… Armando, siempre suspicaz con el “franchute”, como él dice despectivamente… y además la situación actual entre ellos, tan inestable… tan en la cuerda floja…

Y ella, sin tiempo para poder pararse a reflexionar… y Armando tan sereno y frío que la alarma, porque es la primera vez que la resulta imprevisible.

Ya lleva un rato trabajando cuando Aura Mª la anuncia a Michel.

Éste se ve como siempre: relajado, cariñoso, amable.

- Cómo está, Betty?

- Muy bien, Michel. Y usted?

- Bien también. He venido a Bogotá para tramitar unos documentos de los restaurantes, y no me quiero marchar sin pasar a verla.

- Y yo se lo agradezco. Su visita siempre es bien recibida, pues me agrada mucho su compañía.

- Cómo están sus hijas? Y Armando?

- Ellas preciosas, y él muy bien.

- Sigue siendo el mejor marido del mundo? – Pregunta con su espléndida sonrisa.

- Ni más faltaba! No le permito ser de otra manera.

- Tienen que venir a disfrutar unas vacaciones a Cartagena. Está preciosa. Y las niñas agradecerían ese clima benigno, tan diferente del de Bogotá.

- Tiene razón. Muchas veces lo hemos pensado. - Miente porque Armando tiene vetada esa ciudad a causa del francés. - Pero al final siempre surge algo y nos quedamos con las ganas.

Ya se están despidiendo, pues él debe irse al aeropuerto para tomar su vuelo, cuando se abre la puerta y entra Armando, que se queda paralizado por la sorpresa al contemplar al franchute ojiazul dando un beso a su mujer en cada mejilla.

Reacciona rápido aparentando naturalidad.

- Monsieur Doinell! Qué satisfacción verle por aquí!

Betty no le quita ojo. Sabe cómo estará Armando por dentro, pero nunca hasta ahora se ha molestado en simular alegría al ver a Michel. Y más aún después de haberles visto despedirse con un beso…

- Qué tal está, doctor Mendoza? He venido por unas horas a su ciudad y no he querido dejar de saludar a los amigos, pero no tengo más remedio que salir ya hacia el aeropuerto.

Y los dos echan a andar hacia el ascensor, mientras Betty les sigue.

Se despiden con un apretón de manos y Michel repite su invitación a pasar unas semanas de descanso en Cartagena.

Armando, falso él, le contesta que seguramente le visitarán antes de lo que cree.

Según se cierran las puertas del elevador, él se vuelve, la mira unos segundos directamente a los ojos, y sin decir palabra, se va a su oficina.

Betty se queda intranquila. Piensa que tal vez Armando piense que ella se ha ido a comer con su amigo…

Termina la jornada de trabajo y va a buscarle. Le espera mientras recoge y se marchan a casa.


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Betty se queda con Bea, porque está molesta con los primeros dientes, y lloriquea mimosa con frecuencia.

Y él se lleva a Camila al parque, como cada tarde, pero vuelven pronto.

La niña viene feliz con un pequeño cucurucho de helado, y la boquita, las manos y la ropa, embadurnadas de chocolate.

Betty fue por la cámara y le hizo unas fotos para inmortalizarla. Después dijo:

- Vaya, vaya, señorita. Ya veo que lo pasó bien rico. Vamos a la bañera enterica.

Y la toma en brazos, procurando que no la manche a ella.

Transcurre la tarde como de costumbre. Rosi se marcha, las niñas están dormidas, ellos cenan, van al salón, llega la hora de acostarse…

Betty está expectante, pues Armando no la ha dado ninguna pista sobre sus intenciones acerca de dónde piensa dormir, ni ha hecho la menor alusión a Michel, ni a lo que vio al entrar al despacho.

- Betty, has pensado ya?

- No he podido en todo el día. No he tenido un instante!

- Es cierto. Sobre todo después de comer estuviste muy entretenida. Buenas noches. – Concluye bajando mucho la voz.

Y de nuevo se dirige al cuarto de huéspedes.

Betty va a su dormitorio jurándose que mañana habrá encontrado la solución.

Y los dos vuelven a dormir poco y mal.


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Cuando se despierta ve que Armando entra y sale de la habitación.

Según se va despejando, observa con asombro que está sacando ropa del armario y se la lleva a su cuarto.

Se levanta, y todavía un poco adormilada, le sigue.

Cuál no será su sorpresa al ver una de las maletas de él sobre la cama y… a medio llenar.

- Dónde te vas? – Pregunta desconcertada.

- A mi apartamento. – Responde serio.

- Por qué?

- Porque no puedo estar tan cerca de ti y… tan lejos.

- Pero…

- Desde que acabaste la cuarentena me tienes loco con el “bueno… pero… es que…”, sin ganas, como haciéndome un favor… y así no me gusta! Y sigues dando largas para elegir un método anticonceptivo. Supongo que será porque ya no te gusta estar conmigo… ni me amas… Así que prefiero irme.

- Pero…

- Si no te importa, vendré a recogerte por las mañanas para ir a Ecomoda, pues no tengo ganas de dar explicaciones a nadie, y a traerte por las tardes para estar con las niñas y que ellas no noten cambios. Me iré cuando se duerman.

Nunca le ha visto mantener una discusión tan maduro y reposado. Desde luego parece que tiene todo muy meditado.

- Armando, déjame hablar y escúchame. No quiero que te vayas. Yo te amo! Las niñas y yo te necesitamos aquí, con nosotras! Y tampoco quiero que tú estés solo! – Cae en la cuenta. – Si quieres una respuesta, hablamos esta tarde y lo decidimos entre los dos…

- Ahora que has visto las orejas al lobo! Después de meses pidiéndote… Creías que el tonto enamorado de Armando iba a seguir aguantando y transigiendo, con todo lo que la brillante doctora Pinzón impusiera? Pues ya es demasiado tarde Beatriz!

- Yo no impongo…

- Sí, Beatriz. Tú eres en esta familia la que hace y deshace, la que decide y dispone, y yo soy el que a todo me avengo y me acomodo. En primer lugar porque me parecen coherentes tus juicios, y en segundo, porque lo que más deseo es verte feliz. Pero has tirado demasiado de la cuerda… y se ha roto!

Le mira incrédula. Nunca pensó que ella le hubiera causado esas pesadumbres.

Consigue decir con frialdad:

- Vete a la empresa. No me esperes o los dos llegaremos tarde.

Y Betty, aturdida, se retira al dormitorio.

Él no se queda tranquilo y le dice a Rosi antes de irse, que a la señora le duele la cabeza y que vaya a verla frecuentemente.



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Ella llegó a Ecomoda sobre las diez, y se fue directamente a su despacho.

Él lo supo por Sandra, a la que había dicho que le avisara, pues sabía que ya había salido de casa.

Los dos pasaron un día horrible.

Betty no quiso salir a comer, aunque él vino a buscarla.

Pidió un sándwich y un jugo de mora a la cafetería y se obligó a comerlo.

Por la tarde fueron a casa y salieron a pasear con las niñas.

Ellos no hablaban entre sí. Sólo Camila mantenía viva la conversación, no paraba de cotorrear y preguntarles al uno y a la otra.

Cuando las niñas quedaron acostadas, Armando cogió su maleta y su bolsa de trajes y se fue.

Al salir, recordó a Betty:

- Si necesitáis algo o sucede algo, cualquier cosa… me avisas.

- Ni lo sueñes! – Le responde cortante.

No quiere irse? Pues con todas las consecuencias!

Él comprendió que quien hablaba por boca de Betty era el orgullo y el despecho.

Lo lamentaba, pero tenía que hacerlo.

Estaba apostando muy fuerte. Si se quedaba seguiría siendo un pelele, manipulado toda la vida.

Y era necesario que ella le valorase y respetase.

Pasaron varios días y siguieron el plan elaborado por Armando: la recogía por la mañana y volvía con ella por la tarde, hasta que sus hijas se dormían.



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Marcela, siempre pendiente de Armando, tiene desarrollada una sensibilidad especial y capta que hay algún problema en la pareja.

Los padres de Armando también perciben algo, pero él les tranquiliza asegurando que sólo es una tormenta de verano.

Los de Betty no sospechan nada porque están visitando a las tías Pinzón.

Una mañana, Betty madrugó y se fue al apartamento para hablar con él.

Había que arreglarlo. Le amaba, deseaba y necesitaba cada día más.

En lo que dependiese de ella, no iba a permitir que el problema se enquistase, y sus hijas sufrieran por mantener ella su orgullo invicto.

Ya al entrar, le pareció oír hablar. Prestó atención y, efectivamente, se distinguía con claridad la voz de Armando y la de… Marcela?



CONTINUARÁ...


Hasta aquí hemos llegado por hoy, pero creéis que está cerca la reconciliación o se va a estropear más todavía...?
Os adelanto que yo he leído el próximo capi y he disfrutado con él. Sirve de pista?
Besos y hasta el Día del Padre.
cuanta indecision por parte de betty, y ahora la otra se va aprovechar de la situacion, yo veo una tormenta segura en ese apartamento, un beso
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