MENDOZA.- Capítulo XIV

MENDOZA.- Capítulo XIV

Calipso
Calipso

June 10th, 2003, 4:23 pm #1

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.

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Mar (mex)
Mar (mex)

June 10th, 2003, 4:50 pm #2

Por que la felicidad reine en la casa de los Mendoza, y mas por que parecen que las cosas estan mejor que nunca y estan mas enamorados que antes y este Armandito si que es un bombom!! Me encanta , donde consigo un hombre asi??

Muchos besos

Mar
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Cata
Cata

June 10th, 2003, 4:51 pm #3

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
los dos tortolitos. Y me da la impresión que dentro de poco aumentan la familia. Y si a Margarita no le gusta que se fastidie. Muy bonita tu historia Calipso.

Muchos besitos.
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Luisa
Luisa

June 10th, 2003, 5:28 pm #4

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
Será de transición y todo lo que tu quieras, pero da gusto leer de vez en cuando capítulos sin sobresaltos.

Un beso
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Sara Guerrero
Sara Guerrero

June 10th, 2003, 7:58 pm #5

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
la va a contratar la Seguridad Social para terminar con la falta de médicos, ja,ja,ja. Pero bromas aparte, lo importante es que poniendo solución a estos problemas está tomando posiciones en esa Hacienda, haciendoles a todos ver cual es su lugar.
Besos.
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Marisa
Marisa

June 10th, 2003, 9:21 pm #6

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
me encantan así, Betty tan buenaza como siempre, veremos como le sienta a Su Magestad lo quieren hacer para ayudar a los trabajadores.
Besos
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eternidad
eternidad

June 10th, 2003, 9:57 pm #7

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
es un toque muy original ese que le has dado. Lo haces más real y más cercano. A mi me gusta. Espero que lo solucionen pronto y lo veamos. Un besito, cielo.
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marg
marg

June 10th, 2003, 10:09 pm #8

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
yo tambien creo que este capitulo era necesario para que Betty fuera asentandose en el puesto que le corresponde por estar casada con Armando.Besos.
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isabel
isabel

June 10th, 2003, 11:37 pm #9

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
la parejita sigue juntita y muy tierna ays que lindos los dos.para nada ha sido sosa.
besosssssssss!!!!!!!!!!
isa
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Fanarg
Fanarg

June 11th, 2003, 5:04 am #10

Betty siente su aroma, al mismo tiempo que nota los labios de él posarse en su cuello. Se encoge de placer y se vuelve a besarle ella también.

- Así que cuando desperté, la señora se había volado!

- Me cortaste las alas, Armando! Sólo puedo dar vuelos cortos.- Y le vuelve a besar.

- Tú sí que me las cortaste, pero de raíz…





CAPÍTULO XIV.


- BETTY!!!

Llama la cantarina voz de Cris que viene con la merienda en la mano.

Se separan y ella contesta:

- Aquí estoy, Cris.

La niña echa a correr hasta los brazos de Betty, y Carlota que se había asomado, vuelve a entrar tranquila a la cocina.

- Hola, mi niña. Cómo estás?

- Bien. Con los abuelos.

- Toma! Es para ti! – Y la alcanza el paquete.

- Qué es? – Pregunta la pequeña asombrada.

- Es un regalo que te hemos traído. Ábrelo!

La niña deja la merienda sobre el plato que la alcanza Betty, y muy nerviosa, lo abre rasgando el papel.

Ellos dos disfrutan viendo la ilusión de Cris, que se queda con la boca abierta admirando la pequeña muñeca de trapo, con pelo de hilos de lana gruesa, vestido azul con florecitas blancas, zapatos rojos de tela, una simpática sonrisa, y el tamaño justo para que las manitas de la niña puedan asirla perfectamente.

La abraza, y al notarla tan blandita, la estrecha contra sí con el mayor amor.

Va hacia Betty y la planta un beso y un abrazo espontáneos en agradecimiento.

- Me alegra que te guste, pero yo sólo la elegí. Te la ha comprado Armando. Espera que te limpie bien para que no le llenes de “churretes” y le das las gracias también.

Después de limpiarla bien los labios y las manitas, pues recuerda las palabras de Armando cuando la expuso sus reservas para con esos “locos bajitos…”, la anima a ir hacia él.

- Vamos, dale un beso, que no muerde!

Y aunque parece que se lo dice a la niña, realmente a quien ella exhorta, es a él.

Armando se agacha, y en cuclillas acepta el beso y el abrazo de Cris.

Siente tal ternura, que también la besa y abraza porque le nace de muy dentro.

Betty ve la emoción en su cara, y se da cuenta de que ha sufrido una conmoción.



******************************************************



Va de caída la tarde cuando vuelven los padres de Armando, Camila y Álex.

Ellos dos están recostados en un sofá hablando.

Un brazo de Armando pasa sobre sus hombros y ella apoya la espalda en el pecho de él.

Percibe la mirada de desaprobación de su suegra. Acaso preferiría que siguiesen enojados?

Armando también ha notado el gesto de disgusto de su madre. Será que continúa obsesionada con Marcela? Pues ya se desengañará!

D. Roberto sirve un aperitivo para todos, y al rato Carlota viene anunciando la cena.

Todos se dirigen al comedor.

Armando y Camila se emparejan y bromean felices de volver a reunirse.

Álex se acerca a Betty y hablan animadamente, dándose a conocer mutuamente.

Luego la conversación va unificándose y todos intervienen.

Incluso Betty se esfuerza en participar por no resultar adusta, a pesar de sentirse intimidada por Dª Margarita.

Al término de la cena se alarga bastante la sobremesa, y Armando va conversando un poco con su padre.

Llega un momento en que levanta la voz y dice pomposamente:

- Señoras, señores, su compañía me resulta muy grata… pero estoy muerto de cansancio y de sueño. Buenas noches.

- Espera, que yo también me retiro. Que descansen! – Betty aprovecha y también se despide.

Y dándose la mano se marchan a su habitación.

Al entrar, la dice al oído:

- Y ahora, jugamos!

- Pero no estabas cansado?

- Nunca estoy demasiado cansado para jugar contigo, mi amor. No te provoca?

- Que sí, cansón! – Y le acaricia la mejilla al tiempo que le besa suavemente.

Cuando Armando sale del baño, trae gesto de contrariedad y se le pone más acusado al ver el sugerente camisón de su mujer.

- Betty, el último lo usamos ayer en el hotel. Estás en días de riesgo?

- No entiendo mucho…

- Bueno, iré a pedirle a Álex… - Y va hacia la puerta.

- No, pues!!! Y por qué no tomas un megáfono y te asomas a la terraza… Lo mismo le sobra uno a algún trabajador de la hacienda y te lo trae...!

Los dos rompen a reír.

- Anda, ven! Que hoy no hay peligro… - Confiesa.

- Pero no decías que…

- Algo sé, pero poco. Una amiga me explicó y voy a ir con ella a su ginecólogo para que me informe.

- Quiero que hablemos sobre ese tema, Betty.

- De acuerdo, pero ahora ven conmigo, amor.

Y extiende las manos, invitándole.

Él no se hace de rogar, y con los ojos brillantes y despidiendo chispitas, va hacia la cama.

Se acuesta junto a ella, pasa el brazo por la almohada, bajo su cuello, y la atrae hacia sí.

Los labios de Armando rozan sus mejillas y sus párpados cerrados.

Betty permanece muy quieta, todo da vueltas a su alrededor de puro gozo.

Siente como lentamente él desliza los tirantes del camisón por sus hombros, para que a continuación sus manos y su boca recorran palmo a palmo su cuerpo.

Los labios se posan cariñosos depositando tibios besos...

Bajo sus dedos, Betty percibe los huesos y músculos de los hombros de su marido, la suave piel de su espalda...

Se coloca sobre ella sin dejar de besarla y acariciarla, y un pequeño gemido escapa de la garganta de Betty.

Siente la presión de aquel cuerpo sobre el suyo, deliciosamente fuerte y ya familiar.

Se abandona a sus caricias... a aquel deseo que inunda todo su ser... y cuando él entra en ella, la encuentra dispuesta y suave.



******************************************************



Por la mañana bajan a desayunar y coinciden con los padres de Armando.

Hablan de la hacienda y cuando están terminando, entra Carlota.

- Está ahí fuera una mujer del poblado, y solicita hablar con la señora Mendoza.

Dª Margarita se levanta con cara de paciencia para ir a verla y...

- No, Dª Margarita. Ella ha preguntado por la señora Mendoza, joven.

La reina mira a Betty muy ofendida, pues aunque la molestaba tener que atender a la mujer, ella es la ÚNICA señora Mendoza de MENDOZA.

D. Roberto y Armando también la miran, y ella sorprendida como todos, se queda sin palabras.

- Quién es? – Pregunta D. Roberto.

- Es Soledad, la mujer de Julián. Dice que conversó con la señora la otra vez que vino, y que necesita volver a hablarle.

- Carlota, dile que tome asiento en el porche y que ahora mismo la recibe la señora. – Dice Armando.

- Sí, niño. – Y la cocinera se retira.

- Qué puede desear hablar conmigo? Yo no entiendo nada de la finca... – Pregunta mirando a todos perpleja.

- Escúchala y actúa como te parezca. Te sobra sentido común. – La aconseja Armando. -Luego me cuentas, o quieres que vaya contigo?

- No, en principio, no.

Va al porche donde encuentra a la mujer esperando. Ésta se levanta respetuosa al verla acercarse.

- Buenos días, Soledad!

- Buenos días, señora.

- Siéntese, por favor. – Ella también lo hace. – Dígame qué puedo hacer por usted.

- Señora, estoy arrepentida de haberme atrevido a venir a molestarla con mis problemas. Mejor me voy.

Y hace ademán de levantarse, pero Betty la sujeta del brazo y la impide levantarse.

- Ha desayunado? – La pregunta con una sonrisa.

Soledad niega con la cabeza.

- Espere un segundico!

Betty entra en casa y le dice a Carlota que saque café y algún dulce para la mujer.

Vuelve al porche, se sienta y dice sonriente:

- Y ahora me va a contar lo que sea que le ha traído acá!

- Verá señora, cuando vino con su marido al poblado, me pareció buena y cariñosa. Y por eso me he decidido a venir a hablarle cuando oí a Félix que usted había vuelto.

Betty asiente con la cabeza dándole ánimos. Y ella sigue.

- Tengo dos hijos pequeños, estoy embarazada de seis meses y tuve muchos problemas cuando nació el segundo. Casi me desangro, y ahora tengo miedo. Quizá sea peor… Me sentiría más segura si pudiese atenderme un médico.

- Quién asiste en los partos?

- Las mujeres. Unas nos ayudamos a otras, y si viene bien, pues basta, pero… cuando viene mal y hay problemas…

Entra Carlota con el desayuno para Soledad.

- Y cuando alguien se pone enfermo, qué hacen?

- Si no es muy importante lo resolvemos con remedios caseros, pero si es más serio, Félix nos lleva al hospital de San Felipe. Pero está lejos!

- No tienen un médico al que acudir en el poblado?

- No señora, en ninguno de los dos.

- Y cuántas personas son en total?

- Más de doscientos…

- Entonces, siempre habrá alguien que necesite atención médica! – Calcula Betty.

- Siempre, señora.

- Soledad, voy a hablar con mi marido. De usted y de los demás trabajadores de la hacienda, con respecto a este asunto. E intentaré resolverlo cuanto antes.

- Señora perdone, pero los Mendoza lo saben y no les preocupa! – Según lo dice, se arrepiente sonrojándose.

- Soledad, aunque sea Mendoza, mi marido es bueno y comprensivo. Hablaré con él.

Armando había salido y se quedó observando y escuchando desde la puerta, apoyado en la pared con los brazos cruzados.

Y estas palabras de su mujer le emocionan.

Soledad va a levantarse cuando nota que su hijo se mueve, y tomando una mano de Betty, la posa sobre su abultado vientre.

Betty sonríe y se enternece al sentir al niño…

Y Armando, al verla, se derrite de amor por ella.

- Tan pronto como sepa algo, te lo haré saber, Soledad. Sabes leer, sí?

- Sí, señora. Y muchas gracias.

Le ha conmovido el cariño con el que Betty ha atendido a esa mujer.

Se acerca y se sienta en la misma butaca que ocupó la campesina.

- Qué quería, Betty?

- Estoy impresionada, Armando. Tú sabes qué hacen los trabajadores cuando enferman o sus mujeres cuando se ponen de parto?

- Ni idea. Irán a un médico.

- Adónde?

- A San Felipe, supongo. Es el pueblo más próximo.

- Y cómo van? Andando? En caballerías? Les lleva Félix? Y cómo pagan?

- No sé, Betty. Nunca me lo he planteado!

Pues te lo voy a contar…

Armando se sorprende. Verdaderamente nunca se había preocupado y ahora se siente culpable por su despreocupación y desapego.

- Siento haberme portado como un negrero, qué puedo hacer ahora?

- Así de primeras, se me ocurre contratar algún médico de San Felipe, para que a días alternos pase consulta en alguna dependencia de la hacienda, y los trabajadores que lo necesiten, se acerquen a que les atienda. También deberá acudir cuando haya un parto o se produzca una urgencia. Y todo, por supuesto, por cuenta de los Mendoza!

Armando escucha muy serio en silencio, y cuando Betty termina, queda aún unos segundos callado y luego dice:

- Te parece que nos quedemos hasta el lunes y procuremos dejarlo resuelto?

Betty comprueba que tuvo razón al defenderle ante Soledad.

Se levanta y se sienta sobre él para abrazarle y besarle agradecida por su sensibilidad.




CPNTINUARÁ...



A petición unánime de mis selectísimas lectoras, sigue reinando el amor entre nuestros tortolitos preferidos...

He añadido un pequeño toque social, y es que nuestra Betty, va demostrando ser buena persona por donde pasa.

Espero que os guste aunque estemos de transición, pero si os resulta soso, lo decís. Admito críticas "constructivas".

Besazos para todas.
Creo que no les vendría nada mal un poco de acción, pero de la buena.
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