Los tigretones de Bogotá.- Capítulo V

Los tigretones de Bogotá.- Capítulo V

Calipso
Calipso

September 17th, 2003, 2:28 pm #1


- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
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Cata
Cata

September 17th, 2003, 2:46 pm #2

Ni lo dudes. Pero creo que tú también, "picarona". Ya me parecía bueno lo del apartamento de al lado y ahora encima se comunican por una puerta. Lo dicho ¿no queda una habitación libre? Es que la pobre Betty tan sola en ese apartamento tan grande da como penita.... ¿se nota mucho la intención?

Muchos besitos, Calipso.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

September 17th, 2003, 2:59 pm #3

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
y ¿para que hace falta un botón?, con dejar la puerta abierta de par en par. La innombrable como siempre, dando la lata, y que trabajito le cuesta comprender las cosas, esperemos que no moleste mucho. Besos
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mari
mari

September 17th, 2003, 3:14 pm #4

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
y porque no abierta directamente?? es mejor que tanto colorcillo no?? ojojoj!! mija me has alegrado el dá hoy que estoy malita, ayyss!!!!


muchos besos!!!
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ALMENDRA...
ALMENDRA...

September 17th, 2003, 3:58 pm #5

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
jajajajjaja... pues verde... osea, hay que ser muy betty para dejarlo en rojo... jajajaja...
Besos
Almendra
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marg
marg

September 17th, 2003, 6:18 pm #6

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
que tampoco hay que dar tantas facilidades, si no todo el encanto se pierde, creo que el boton deberia estar en rojo unos dias y despues ya se veria.Besos.
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Sara G.
Sara G.

September 17th, 2003, 6:30 pm #7

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
eso está muy bien, juntitos a la compra y cada uno en su apartamento con semáforo incluido en la puerta. Sólo les falta que se den una oportunidad, sobre todo ahora que Armando despachó a Marcela.
Besos.
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eternidad
eternidad

September 17th, 2003, 7:01 pm #8

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
pues mira...yo...depende del día. Si tengo ganas de "vecindad" lo dejo verde que te quiero verde, pero si estoy en esos dias odiosos en los que no deseo ver a nadie y menos a mi misma...le pongo en rojo y con carteles de neón para que se entere. Un besito, cielo. Espero que Betty siga el consejo
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Mar (mex)
Mar (mex)

September 17th, 2003, 8:52 pm #9

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



******************************************************



Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



******************************************************



Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



******************************************************



Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



******************************************************



A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



******************************************************



Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
Lo ha transtornado mas de lo que suponia. Ahora no solo esquiva a Marcela sino que tambien le ha terminado y a mi me puede decir lo que quiera pero estoy segura que mucha de la parte es por Betty y por lo que esta empezando a sentir por ella!!

Muchos besos

Mar
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KARMEN
KARMEN

September 17th, 2003, 9:03 pm #10

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.





Capítulo V.- La vie en rose.



Armando sale al descansillo de la escalera y entra en su apartamento mostrándola cual es la puerta.

Betty cierra y recorre su nuevo domicilio algo pensativa.

Cree que Armando tiene intenciones más que evidentes para haberle proporcionado este apartamento tan espléndido, y a un precio tan razonable.

“Permaneceré alerta y no le permitiré que se pase de dónde yo quiera...” Piensa relamiéndose como el gato que juega con el ratón.

Lo que no sabe, es que Armando no es precisamente un ratón... con el que puedan jugar las gatitas novatas como ella…

Empieza a colgar y a colocar la ropa en el armario, y luego curiosea el piso.

No necesita algo tan grande, pero tampoco lo va a rechazar por eso.



******************************************************



A las nueve en punto, Betty toca el timbre y abre la puerta un sonriente Armando en vaqueros y polo, que quita el hipo.

- Bienvenida, Betty. Pasa, por favor.

- Gracias. – Entra con timidez.

Caminan hacia la mesa perfectamente preparada, hasta con velitas! Tan romántico, él...

Sirve dos copas de vino, la ofrece una y brindan.

- Por una buena vecindad. – Se adelanta Betty.

- Perfecto! Por una gran vecindad.

Beben un sorbo y dice Armando:

- Tengo que ir a la cocina. Puedes venir o quedarte acá. Como prefieras.

Betty le acompaña y ayuda a llevar la comida a la mesa.

Armando resulta un cocinero bastante aceptable, y cenan hablando amistosamente.

Luego devuelven la vajilla a la cocina, y allá la dejan para que la recoja por la mañana la mucama.

Se acomodan en dos sillones y exhorta Armando:

- Dime ahora lo que sea de Gutiérrez.

- Es muy desagradable, pero comprendo que debo decirlo para terminar con esta situación que vendrá repitiéndose con frecuencia. Así no podrá seguir aprovechándose de pobres chicas que necesitan el trabajo para sobrevivir.

- Insinúas que intentó propasarse contigo? – Pregunta enfurecido. – Te acosó?

- Bueno, no estaba interesado en cobrar el favor en ese momento, más bien exigía la promesa de devolvérselo en el futuro...

- GUSANO REPUGNANTE!!! Mañana le llamaré a presidencia para darle un ultimátum!

El teléfono suena de vez en cuando, pero Armando, suponiendo quien es, deja que salte el contestador.

- Me resulta incómodo. – Confiesa Betty.

- Y a mí ver que se cree mi dueña! – Y acaba dejándolo descolgado.

Pone música muy suavecita, y tomándola de la mano la lleva hasta el sofá.

- Y ahora la señorita me va a hablar de ese novio suyo...

- No hay nada que hablar. Llevamos saliendo un tiempo. Punto.

No quiere dar ningún tipo de explicación a Armando, sobre su relación con Michel, y menos va a decirle que le ha dejado, porque quien invade sus sueños cada noche y sus pensamientos cada día... es ÉL.

- Es muy importante para ti?

- Es buena persona...

Armando se acerca despacio, la besa ligeramente el cuello y siente como ella se estremece.

- Te hace sentir lo que yo? – La susurra al oído.

- No preguntes. “La curiosidad mató al gato.” – Le dice también en el oído.

- Bésame, Betty.

- Un besito... y me voy a dormir.

- Vale! – Contesta pícaro.

- SOLA! – Dice con firmeza pero sonriendo.

Se dan un pequeño beso y luego Betty reúne todas sus fuerzas para separarse de él y echa a caminar hacia la puerta.

- Espera! No es necesario salir al descansillo para ir a tu piso. Hay una puerta de comunicación con un sistema de señales.

Betty levanta una ceja y escucha con atención.

- Ves esa puerta, junto a la de entrada? Por ella se puede pasar de una vivienda a otra. Cami y yo teníamos una contraseña... Mira, al cerrar, si aprietas este botón aparece un punto verde, y eso quiere decir “entrada libre”. Pero si oprimes otra vez el botón, se pone rojo y eso significa: “si entras te corto el cuello”. Entiendes?

- Alto y claro. No olvides lo que quiere decir el punto rojo. Por tu propio bien!

Después cruza la puerta y pulsa dos veces el botón.

Armando sonríe al ver aparecer el punto rojo, y encantado de la vida, va hacia su habitación.



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Los dos han dormido y descansado. A las siete en punto Armando pulsa el botón para abrir y la llama desde la misma puerta.

- Betty!

Ella aparece con un pijama amarillo de tirantes y pantalón corto, mirándole ceñuda.

- Olvidó lo del color rojo?

- No. Tengo los pies en mi apartamento, y sólo te llamo para que vengas a desayunar. Creo que tu despensa estará vacía.

- Disculpa, Armando. Es que no tengo muy buen despertar…

- Cuando estés preparada, ven a la cocina. Puedes seguir el aroma del café para encontrarla.



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Van juntos a Ecomoda en el carro, pero Betty insiste en que la deje apearse en la marquesina del bus, pues no quiere provocar chismes ni habladurías.

Ya lleva un buen rato trabajando en su oficina, cuando tocan en la puerta y entra Sofía.

- Doctora Pinzón, sólo nos conocemos de un día, pero me parece una buena persona y quiero decirle algo… - Se la nota un poco azorada.

- Siéntese, Sofía, y dígame!

- Verá. Es que la he visto apearse del carro del doctor Mendoza… y como es nueva en Ecomoda y en Bogotá… creo que debo advertirla… - Resopla.

- Siga, por favor.

- D. Armando es buena persona, tiene buen fondo… pero es seductor, juerguista, inconstante, neurótico, gritón y sobre todo… permanentemente infiel a su eterna novia, Dª Marcela. – Hace una pausa. - Ella le perdona una vez tras otra, cuando él termina una aventura y vuelve al redil. Y lo hace esperando que él se decida a casarse y fije fecha para el matrimonio... Si le digo esto es para que sepa con quien se la juega, y que sus atenciones no son como para confiarse… No por chismoseo! Todos aquí conocemos su debilidad por las modelos, y que esas conquistas no le duran ni una semana…

- Gracias, Sofía. Se lo agradezco y estaré alerta. Me ha visto alguien más?

- No.

- Pues, por favor, no lo comente. Sí?

- No se preocupe, doctora. – Y se va.



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Simultáneamente, Armando ha hecho acudir a su despacho al Jefe de Personal.

Le interroga demostrándole que está al corriente de sus manejos, y le hostiga hasta que lo admite y firma una confesión que Armando guarda en la caja fuerte.

- Fíjese bien en lo que le digo, Gutiérrez, y no lo olvide, ni cometa el error de considerarlo un farol... Si alguna vez vuelvo a tener la menor sospecha de que ha vuelto a intentar... sólo intentar... algo tan odioso, le despediré de manera fulminante, y sin opción a recibir indemnización!!!

Gutiérrez escucha toda la amonestación de Armando con la cabeza baja, y jura solemnemente que jamás volverá a repetir tan infame acción.



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A la una, vuelve Sofía para informarla que se van a comer todas las del cuartel y la propone ir con ellas.

- De acuerdo, Sofía. Dónde vamos?

- A “El Corrientazo”. Apúrese!

Salen al lobby, la presenta a todas las amigas que faltaban por conocer, y se van juntas.



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Marcela ha tenido trabajo fuera de Ecomoda toda la mañana, y cuando llega por la tarde va a presidencia como un obús.

Empuja la puerta que rebota con estrépito, Armando pega un salto y la mira furioso.

- Será que puedes decirme a qué viene esa entrada en mi despacho?

- Será que puedes darme una respuesta convincente a por qué te fuiste ayer sin despedirte?

- Simplemente me fui.

- Y por qué desconectaste el celular?

- Porque se me dio la regalada gana, Marcela. – Continúa hablando bajo, haciendo demostración de paciencia.

- Y por qué estuvo comunicando durante horas el teléfono de tu apartamento?

- Porque conmigo mismo y con mis cosas, hago lo que YO quiero, y no tengo que dar explicaciones a nadie. CARAJO!

Se ha ido alterando según Marcela insistía en exigirle respuestas.

- Soy tu prometida! Y sé que lo hiciste porque te volaste con alguna bandida de esas que te gustan tanto!

- Pues… si ya sabes tan bien lo que me gusta… tú misma puedes sacar conclusiones!

- Cuál? Que yo no te gusto?

- Exactamente, Marcela. – Bajando la voz. – Y que estoy harto de esta relación asfixiante.

- Habla claro, Armando. No quiero malentendidos ni malas interpretaciones!

- Marcela, no te amo. Rompo el compromiso, y cancelo ese matrimonio que mi madre y tú me estabais preparando. No quiero que vuelvas a hacerme el menor reclamo. Y ahora, por favor, sal y cierra la puerta, pero suavecico, sí?

Las del cuartel llegaban detrás de Marcela, y han oído toda la discusión sin la menor interferencia, pues la puerta ha permanecido abierta todo el rato.

Todas vuelan a sus escritorios cuando prevén que va a salir la eterna prometida.

Betty, recuperándose del estupor por todo lo escuchado sin la menor intención, va hacia su despacho, y al llegar a la altura de presidencia coincide con una furibunda Marcela Valencia que sale, y sólo sus buenos reflejos la ayudan a evitar el choque, saltando hacia atrás.

- Beatriz, no estorbe!

La escupe las palabras y sigue hacia su oficina.

Betty se asoma con precaución y ve a Armando sentado en su sillón, con la cabeza apoyada en el reposacabezas y los ojos cerrados.

Mantiene las manos cerradas y los nudillos se ven blancos de apretar crispado sendas pelotitas antiestrés.

Avanza en silencio y se sienta frente a él.

Minutos después, Armando abre los ojos y la encuentra allá, mirándole serena aunque un poco triste.

- Betty, esta vieja acaba conmigo…

- Tendrían que hablar…

- Ya hemos hablado TODO! La he dicho que hemos terminado. Para siempre!

- Bueno, pues ya está. Tranquilízate.

- Pero será que lo ha entendido? No sé. Es bien persistente…

Hay un instante de silencio. Luego Betty vuelve a hablar.

- Vine a decirte que luego no me esperes. Yo me iré sola.

- Dónde? – Extrañado.

- A hacer la compra. Recuerdas que tengo la despensa vacía?

- Eso no es problema. Yo te acompaño y cargamos todo en el carro.

- No te importa?

- Al contrario. Prefiero distraerme y olvidar a cierta persona.

- Pues a las seis paso por acá.




CONTINUARÁ...


Hola, picaronas!

Ya veo! Ya! Que todas querríais compartir apartamento con Betty, pero NO por ayudarla con la renta, no , no...

Por echarle buenas miradas y lo que caiga al bello bobo... Oj! Oj! Oj!

A ver, os hago una pregunta intrascendente... Cómo dejaríais vosotras el botón de la bendita puertecica? Rojo? O verde...?

Espero vuestras SINCERAS respuestas. Je! Je!

Besos.
PERO NO EL BOTON DE LA PUERTA SINO EL PROXIMO CAPITULO DEBERIA SER ROJO, ROJO PASION......PERO TU VERAS POR QUE MARCELITA LO MISMO NO SE HA ENTERADO AUN ( Y MIRA QUE ARMANDO HA SIDO CLARO ) Y SE PLANTA EN EL DEPARTAMENTO DE ARMANDO Y TENEMOS CAPITULO ROJO......PERO ROJO SANGRE......


BESICOS.
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