Los tigretones de Bogotá.- Capítulo IX

Los tigretones de Bogotá.- Capítulo IX

Calipso
Calipso

September 29th, 2003, 2:39 pm #1

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
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Cata
Cata

September 29th, 2003, 3:28 pm #2

que se lo ha ganado él solito (con la inestimable ayuda de Mario, claro). Claro que ahora con Karina Larson en acción me temo que se va a liar aún más la cosa.

Muchos besitos, Calipso.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

September 29th, 2003, 4:29 pm #3

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
...bien merecido, por gili. Así que el puede tontear por ahí, pero a Betty la quiere en casita, recogida y juiciosa. La verdad es que le está bien empleado, y ahora viene la Larson, que seguro va a terminar de fastidiarlo todo. Besos
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marg
marg

September 29th, 2003, 5:28 pm #4

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
y solo falta que la vea Betty en momentos comprometidos con él. Me gusto mucho el capitulo y espero no tardes. Besos.
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eternidad
eternidad

September 29th, 2003, 8:07 pm #5

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
eso le pasa por hacer el tonto con Calderón. Verás que sorpresa se va a llevar. Un beso.
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Sara G.
Sara G.

September 29th, 2003, 8:17 pm #6

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
y seguro que volverá a tener problemas con Betty, y es que el pobrecito enseguida cae en las redes de cualquier modelo.
Besos.
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KARMEN
KARMEN

September 29th, 2003, 8:20 pm #7

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
Hace bien en hacer su vida y divertirse y si Armando sufre..... pues se lo tiene bien merecido.... y ahora creo que no se arrepentira Betty de haberle hecho pasar una mala noche al bobo-achuchable... por que karina Larson le va ha poner en mas aprietos.... casi seguro.

besicos.
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Marisa
Marisa

September 29th, 2003, 8:22 pm #8

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
Karina seguro que Betty los sorprende juntos, no quiero ni pensarlo como se va a poner ella.
Besos.

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Mar (mex)
Mar (mex)

September 29th, 2003, 8:42 pm #9

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



******************************************************



Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



*****************************************************



Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



******************************************************



Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
Lo pase un poquito mal, pero que no se atonte Betty por que sino Karina puede meter sus garras ahi y le puede hacer unas malas pasadas a ella, mejor que lo piense bien y ya se reconcilie , antes que sea tarde!!

Muchos besos

Mar
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mari
mari

September 29th, 2003, 10:55 pm #10

Poco a poco van cesando los sollozos y su respiración se hace más profunda y rítmica. Entonces la besa el cuello, se levanta, la tapa y se retira a su apartamento.

- La embarré! No sé si alguna vez conseguiré que me perdone.

Dice hablando consigo mismo mientras se examina la mejilla y el labio en el espejo del baño.






Capítulo IX.- De falco et de parva vulpes.

(De un halcón y una pequeña z...ita.)



Cuando suena el despertador, Betty ya está despierta recordando la pelea de la noche anterior.

“No te entiendo, Armando Mendoza. No puedo imaginar qué pretendes: Sí… no… sí…

Se levanta, entra al baño a ducharse, se arregla y desayuna. Todo como una autómata.

Después baja a la calle y espera la llegada de un taxi, cuando para delante de ella el deportivo de Armando.

Ella da unos pasos, y él avanza el carro volviendo a parar delante de Betty.

Abre la puerta.

- Sube, por favor.

- No. Espero un taxi.

- Betty, hay huelga de taxis!

Se agacha y le mira a través de la ventanilla, incrédula.

Armando asiente al ver aparecer su cara.

Entonces, Betty abre totalmente la portezuela y se sienta diciendo:

- Gracias, pero no me hable, ni me mire!

- Como gustes.

Arranca el coche y van en silencio.

Ella está deseando verle la cara y el labio para saber si le queda alguna marca, pero ni loca va a demostrarle el menor interés!



******************************************************



Trabajan en la empresa todo el día a ritmo de jornada de lanzamiento, y llama poderosamente la atención la cara señalada de Armando.

- Y esas marcas en tu cara, Armando? – Pregunta Marcela.

- Me corté al afeitarme! – Responde seco.

Sigue andando hacia el despacho, pero le llama Calderón:

- Espere, hermano! Lea este fax que acabo de recibir… Huy! qué le pasó en la cara?

- Que me corté afeitándome, Calderón! A usted no le pasó nunca?

- Con la maquinilla eléctrica? Pues a mí… más me parecen “heridas de guerra…”: un arañazo y un mordisco. – Le dice Mario socarrón.

Armando mira a Betty con gesto asesino, y ella opta por alejarse hacia la seguridad de su oficina, pero ve acercarse a Hugo que dice a Armando:

- Vaya, vaya! So sátiro! Qué cochinada intentaría ayer… que la gatita se defendió!

Oye la voz de Armando a sus espaldas:

- BETTY!!!

- Sí, doctor? . – Le pregunta volteándose con voz inocente.

- Qué cree usted que son estas marcas? – Está seguro de recibir su apoyo.

Betty se acerca mucho a él, hace como que le examina la cara con atención, y luego emite su juicio:

- Doctor, no se lo tome a mal, pero a mí me parecen… - Posa su dedo índice sobre las magulladuras. – Éste, un arañazo, y éste… un mordisco.

Tendrá descaro la niña!!! Debería…

Sin embargo, en lugar de vengarse, lo que de verdad desea es abrazarla y comérsela a besos…

Pero el cínico de Mario, y sobre todo el imbécil de él mismo… han conseguido que eso sea totalmente imposible!

Escucha las carcajadas de los dos mientras se alejan.

- Ya ves, Armani. Es tan evidente la naturaleza de las señales, que no engañan ni a una niña inocente. – Añade Hugo.

Sigue mirándola furioso, pero ella le sonríe traviesa, y haciendo un mohín entra a su oficina.

- MALDITO CALDERÓN!



******************************************************



A las seis, Betty sale rápida y toma un bus para ir al salón de belleza.

Ha decidido que Armando Mendoza se va a arrepentir de haber jugado con ella, y de haberla botado.

Lo que no sabe es que Armando Mendoza está arrepentidísimo desde casi el primer momento.

Vuelve a casa con el tiempo más bien justo, pero como viene peinada y maquillada, sólo tiene que ducharse con precaución para no mojarse la cabeza, y luego vestirse.

Se seca cuidadosamente, se aplica una bodymilk y empieza con la ropa.

Es un vestido corto, sobre la rodilla que entalla sin ajustar demasiado, con escote recto y tirantes finitos en color gris plateado, con brillos que reflejan la luz.

El pasador del pelo, bolso, chal y zapatos, son también grises, pero unos tonos más oscuros.

Se adorna con pendientes, sortija y colgante de dos perlas: una blanca y otra negra, herencia de la abuela paterna: Herminia Galarza.

Está contemplándose en el espejo, cuando oye la voz de Armando.

- Betty, puedo pasar?

- Qué quiere, doctor? – Pregunta seca.

- Saber si te falta mucho. Es la hora de irnos.

Ella sale al pasillo y se deja ver.

Comprueba el efecto que produce en él. Se ha quedado sin respiración y le oye murmurar:

- Maldito Calderón!!!

- Usted puede salir cuando guste, pues ya ha terminado la huelga de taxis y yo llamo a uno.

- Ni más faltaba! De noche, así vestida, y pretendes ir sola? Vienes conmigo!

Comprende que él tiene razón y no discute.



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Van en el carro en silencio, cuando habla Armando.

- Betty, estás enojada conmigo y no te lo reprocho. Como sé que no vas a querer permanecer a mi lado… quiero prevenirte contra algunos clientes y proveedores que son auténticos depredadores. No te creas lo que te digan. Son expertos en perseguir chicas guapas, remamitas!

- No creo que tengas que preocuparte por mí. En primer lugar, porque no soy nada tuyo, y en segundo lugar, porque tú ya te ocupaste de enseñarme cómo actúan las rapaces: primero seducen, y después te botan… cuando han saciado sus instintos de caza… y ya se aburren.

Armando aprieta los párpados, y los puños en el volante, pero calla porque sabe que se lo merece.

Instantes después llegan ante el hotel y deben esperar al aparcacoches.

Betty se apea y echa a andar sin esperarle.

Cuando Armando consigue entregar las llaves al empleado, ella ya ha desaparecido por la puerta.

La busca con la mirada y la ve hablando con Cata. Se aproxima para saludar a la relaciones públicas y Betty se aleja.

Está seguro de que va a estar esquivándole toda la noche, y le tocará observarla y protegerla a distancia.

La velada transcurre con gran éxito, el desfile ha sido muy aplaudido y lo ha disfrutado, aunque ella se ha colocado lejos de él, pero como estaba al otro lado de la pasarela, ha podido contemplarla a su gusto.

Sus miradas se han cruzado varias veces y ella miró a otro lado, despectiva.

Después han empezado a producirse los contactos para formalizar entrevistas y firmar contratos, y está muy inquieto porque Betty ha estado toda la noche rodeada de admiradores, pero él ha permanecido alerta.

Ahora, sin embargo, no puede estar pendiente a causa de los clientes.

La busca insistentemente hasta que la ve… bailando, rodeada por los brazos de Arturo de la Calle! El que se llama a sí mismo: “H a l c ó n”, porque su pieza de caza favorita son las palomitas…

A partir de ese momento ya no es capaz de concentrarse en nada que no sea Betty. Está que se muere! Maldito Calderón!

Ella le mira discretamente y ve lo desasosegado que está. Piensa que Armando es como “el perro del hortelano: ni come la col, ni la deja comer…”

Oye que Arturo está hablando.

- Beatriz. Qué le parece si nos vamos por ahí a tomar un trago?

- Yo no aguanto muy bien el trago, pero le acepto algún tipo de café. – Se escucha decir a sí misma.

- Pues, en marcha!

La ofrece el brazo y caminan hacia la puerta, mientras les siguen varios pares de ojos.

Pero no los de Armando, que en ese preciso momento era atosigado por un cliente muy bueno, pero muy cansón…

Cuando consigue cerrar la negociación y quedar para la firma del contrato al día siguiente en Ecomoda… Betty ha desaparecido!

Como no haya ido al baño…

Pasa el tiempo, y pregunta a Cata.

- Betty salió hace rato del brazo del halcón.

- Cómo la has dejado, Cata?

- Armando, Betty es mayor de edad!

- Pero…

- Acaso crees que Betty correrá más peligro con Arturo, del que corrió contigo? – Se queda mirándole fijamente.

- No lo dudes, Cata. No lo dudes! Maldito Calderón! – Masculla.

Pero Cata le oye referirse a Mario y piensa que le ha entendido mal, así que le aclara:

- No salió con tu “hermano”, sino con Arturo de la Calle.

- Ya, Cata. Ya! Yo sé lo que me digo…



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Por fin se despiden los últimos invitados y sale disparado a por su carro.

Conduce temerariamente, pasa por varios locales… pero no les encuentra, así que bastante desesperado se va a casa y entra al apartamento de Betty.

La llama, la busca, y no está.

“Qué hago ahora? Después de mi comportamiento de los últimos días, no puedo celarla, ni hacerle reclamos! Me toca esperar, esperar que llegue pronto y bien. Esperar que, como ella dice, haya aprendido de mí para no confiar en ningún hombre…”

Mucho después se abre la puerta y la ve entrar.

Aparentemente todo está bien, viene perfectamente peinada y vestida.

- Buenas noches. Estás bien? – Controlando sus nervios.

- Perfectamente. Y usted, doctor? – Betty responde insolente.

- Mejor que nunca! – Molesto por el tono de ella. – Que descanses!

Y cada uno se retira a su habitación.



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Por la mañana, Betty vuelve a adelantarse y se va a Ecomoda en taxi.

Armando lleva bastante tiempo en presidencia revisando y firmando contratos, cuando Patricia le anuncia la visita de Karina Larson.

- Tiene cita? – Pregunta sorprendido.

- No, Armando. Pero dice que es muy importante.

- Dile que sólo puedo atenderla cinco minutos. Si le vale…

Entra la peliteñida precediendo al antiguo ligue de su jefe.

Armando permanece sentado en su sillón pensando cuales serán las intenciones de la modelo. No confía para nada en ella.

La estrecha la mano y señala los asientos de delante de su mesa.

- Buenos días, Armando. Qué bien te veo! – Baja la voz y añade. – Estás guapísimo...

Él sonríe entornando los ojos, receloso.

- Tú también te ves muy atractiva, Karina. Pero dime, qué deseas?

- Pues, verás. Sé que ayer hicisteis el lanzamiento, y que ha sido de gran éxito. Yo ahora estoy sin trabajo, y me gustaría que me permitieses ofrecerme a Hugo para modelar.

- Karina, la vez anterior me provocaste tremendo problema. Recuerdas?

- Recuerdo. Pero Marcela y tú ya no estáis juntos... Ahora eres un hombre libre.

Dice con voz melosa mientras rodea la mesa acercándose a él.

- Karina, vas a ser juiciosita?

- Ya lo soy, Armando...




CONTINUARÁ...



Como bien imagináis, los problemas no han hecho más que empezar...

Todas sabemos que Armando es muy influenciable por su "hermano", pero no es mal bicho.

Y nos gusta así: tontorrón, pero ACHUCHABLE!

Al final, tendrá que reaccionar (espero), si quiere que todas seamos felices. O no???

Besos y hasta pronto.

PD.- VULPES es una palabra latina que significa lo que todas os habéis imaginado, y va por Karina.
pos nada que a karina ya la podemos declinar ojojojoj!! será posible que Armando se meta en más lios con Betty?? a este paso lo deja marcado de por vida, pero ya le está bien empleado que sufra, la verdad es que tiene toda la razón al maldecir a Calderón, pero solo él es el dueño de sus actos!! así qeu apechugue!!

besos!!!
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