Los tigretones de Bogotá.- Capítulo IV

Los tigretones de Bogotá.- Capítulo IV

Calipso
Calipso

September 14th, 2003, 11:22 am #1

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
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belanuri
belanuri

September 14th, 2003, 12:22 pm #2

a marcelita le va a dar un infarto cuando se entere que betty es la vecina de armandin.
Genial
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Sara G.
Sara G.

September 14th, 2003, 12:44 pm #3

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
todo hecho nada más llegar a Bogotá, tiene trabajo y le ofrecen un hermoso departamento, ¡qué suerte!
Armando lo tiene crudo con Marcela, está más asfixiante que nunca.
Me encanta tu historia, por falta de tiempo no he podido empezar hasta hoy a leerla, así que me leí los cuatro capis del tirón. Espero seguir llevando la historia al día.
Besos.
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sara
sara

September 14th, 2003, 1:42 pm #4

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
La relación entre Armando y Betty va marchando. Y ahora que van a ser vecinos y compañeros de trabajo, supongo que más aún. Aunque Michel y sobre todo Marcela siguen estando ahí.

Muchos besos, Calipso

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eternidad
eternidad

September 14th, 2003, 3:52 pm #5

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
yo solo necesito una habitación amplia para mi gran colección de libros y mi PC. NO importa el acceso a cocina y baño. Lo que si quiero es derecho al uso del vecino...si se presta, claro!!! . Un besote, cielo.
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AINARA
AINARA

September 14th, 2003, 4:30 pm #6

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
NI PREGUNTARLO, POR SUPUESTO QUE ME APUNTO, PERO YA!!!!!

UN BESAZO, Y ME HA ENCANTADO EL CAPI
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Cata
Cata

September 14th, 2003, 5:31 pm #7

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
yo me apunto. Claro que con Betty allá no creo que tenga muchas oportunidades. Me estoy riendo de la "gracia" que le va hacer a Marcela ver que Betty es vecina de Armando. Y seguro que a él se le acabará el azúcar, o la sal... muy a menudo.

Me gusta tu historia.

Muchos besitos, Calipso.
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ALMENDRA...
ALMENDRA...

September 14th, 2003, 5:53 pm #8

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
yo me apunto feliz de la vida... que daría por vivir sin mis papis... jajajajaj... que joden todo el día, pero yo creo que igual extrañaria y sobre todo por lo regalona que soy, aunque bueno quiero Libertad!!! jajajajaj... Esto va con buen rumbo... solo espero que Marcelita no moleste más de la cuenta...
Besos
Almendra
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Mar (mex)
Mar (mex)

September 14th, 2003, 7:11 pm #9

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
YO me apunto please si??? No seas malita aunque tenga que dormir en el piso!!
Pongo mi catre y me vale!!
Yo en cualquier rinconcito alcanzo!! Bueno si que Armando es rapidito, chico!! pero se las piensa de todas , todas!! A mi que esta Betty se esta dando cuenta de que Armandito le quiere acorralar, pero se que ella por los sabios consejos de Don Hermes sabra darse su lugar!!

Muchos besos

Mar
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KARMEN
KARMEN

September 14th, 2003, 8:43 pm #10

Poco después sale con sus papás camino del aeropuerto.

- Bettica, m´hija. Cuidese mucho y llámenos cuando llegue. – La recomienda su mamá.

- Hija… recuerde que el diablo es puerco…

- Les quiero mucho! – Dice Betty abrazándoles.

Se despiden los tres muy emocionados, y Betty se dirige a la puerta que han dicho por los altavoces.




Capítulo IV: Instalándose.


Hora y media después aterriza en El Dorado. Recoge su bolsa de viaje y sale.

Se extraña al no ver a Armando, pues aunque él no la ha dicho que fuera a venir, ella se había hecho ilusiones.

De pronto ve un cartel con su nombre, se acerca y se da a conocer.

- Yo soy Beatriz Pinzón.

- Encantado, doctora. A sus pies! Perdone, pero disculpe… El doctor Mendoza no pudo venir a recibirla y me mandó a mí en su lugar. Pero yo creo… como que no le desmerezco ni un tantico. Míreme! No estoy hecho también todo un papazote? – Y se gira para que Betty le contemple y admire.

- Todo un papito, señor… - Riéndose de la desenvoltura del recadero.

- Contreras, bella dama. Freddy Stewart Contreras, a sus órdenes para toda la vida. Con permiso de D. Armando… naturalmente! – La mira con cara de cordero degollado.

- Y qué órdenes tiene, señor Contreras?

- Freddy, llámeme Freddy, sí?

- Freddy.

- Llevarla a Ecomoda. Sígame, por favor, hasta el carro de D. Armando. Pero si está cansada me lo dice, porque a mí no me disgustaría cargar con tan linda princesa en brazos…

- Le sigo, le sigo. – Se apresura a contestar Betty.

Y divertida, empieza a tener sus dudas sobre la salud mental del sujeto.

De dónde habrá salido semejante espécimen? Se pregunta Betty.

Recuerda las recomendaciones de su papá y empieza a plantearse si este tipo tan raro, será de confianza, pero si le ha mandado Armando...



******************************************************



Llegan a Ecomoda y aparca ante la puerta.

En ese momento vuelven de comer Marcela y la peliteñida, que al ver el carro de Armando, se quedan esperando a verle salir.

Cuál no será su sorpresa al ver a Freddy que vuela a abrir la portezuela contraria.

Marcela reconoce a Betty al instante. Entra velozmente, toma el ascensor y va como una tromba al despacho de Armando.

- Será que puedes explicarme que hace Freddy y esa amiga de Cata en tu carro? – Le espeta avanzando hacia él.

- Ah! Ya ha llegado? – Se le ve complacido, pero inmediatamente reacciona. – Mira, Marcela. Con mi carro puedo hacer lo que se me dé la gana, así que no te voy a dar la menor explicación.

- Armando Mendoza, no habrás echado el ojo a esa joven!

- Ni más faltaba, Marcela! Cómo así? – Simula enojo. – Ve a hacer tu trabajo, y déjame a mí con el mío, anda.

Marcela se va con la mosca detrás de la oreja. Y el mosqueo aumenta al cruzarse en el lobby con Betty, acompañada por Freddy.

Oye a éste decirle a Patricia:

- Avise al doctor Mendoza que ya llegó la doctora Pinzón.

Pattypat la mira de arriba abajo, perdonándola la vida. La evalúa ladeando la cabeza y jugando con un mechón de su larga melena, que se enrolla en un dedo.

Betty espera pacientemente el veredicto, y parece que al fin consigue su aprobación.

Sólo entonces, Patricia pulsa el interfono.

- Armando, está acá la doctora Pinzón que desea verte, pero no tiene cita...

- Hágala entrar!

Marcela sigue observando desde la puerta de su despacho hasta que Betty entra en presidencia.

Conociendo como conoce a “su” prometido, se le encienden todas las luces de alarma. Va a tener que atarle corto y vigilar su comportamiento con esa jovencita.

Mientras, Armando recibe a Betty muy formal.

- Beatriz, bienvenida a Ecomoda y a Bogotá.

- Gracias, Armando.

Freddy interviene:

- Doctor, su auto está parqueado en la calle delante de la entrada, y el equipaje de la doctora está en el maletero. Tenga las llaves.

- Gracias, Freddy. Puede retirarse.

Cuando sale el mensajero, Armando pone el seguro a la puerta del pasillo, y seguidamente a la de la Sala de Juntas.

Después avanza hacia ella lento y sonriendo. Saboreando por anticipado.

Betty está nerviosa, le mira con los ojos brillantes y mordiéndose el labio.

Llega ante ella, con una mano la toma la barbilla y alza su cara hasta que quedan mirándose.

Entonces desciende y deposita en sus labios un beso tierno y dulce que ella corresponde tímidamente.

Se abrazan y permanecen así un rato en medio del despacho hasta que Betty ruega:

- Armando... no más...

- De acuerdo. Y luego… me vas a tener que contar muchas cosas de ese novio tuyo… No pienses que me he olvidado!

- Lueguito…

- Toma asiento. Voy a quitar los seguros a las puertas.

Permanecen un rato leyendo el contrato de trabajo de Betty, con todas las cláusulas, y después ella lo firma.

- Betty, voy a preguntarte algo. No contestes si no lo deseas, pero te agradecería que lo hicieras.

- Tú dirás.

- Entregaste personalmente la solicitud de empleo y la hoja de vida a Gutiérrez, o te las recogió otra persona?

- Cómo así? – Se imagina por qué la hace esa pregunta y rememora el desagradable momento.

- Por favor. – La ruega.

- Sí. Se lo entregué a él en propia mano.

- Y viste dónde lo colocó?

- Sobre la mesa de su despacho, con las demás. Qué sucede? – Pregunta intrigada.

- Tu nombre y el de otra joven no estaban en la lista de méritos... y él mantiene que se traspapeló! Sucedió algo con ese necio?

Betty se queda callada, pensando.

- Betty...?

- Prefiero contártelo luego, tranquilamente...

- Esta misma tarde?

- OK! – Betty asiente recordando.

- Ven conmigo. Te enseñaré tu despacho para que tomes posesión de tu espacio, y a tu secretaria, Sofía, para que os vayáis conociendo. Revisa los programas que hay instalados en el PC, y si necesitas algo, me lo dices.

- Está bien. No te preocupes.

- Empieza por revisar las cuentas, porque debe haber bastantes errores e irregularidades…

Intenta volver a besarla, pero Betty se le escapa, así que sonriendo por su perspicacia, la acompaña para presentarla a Sofía.



******************************************************



A la hora de salir, va a buscarla al despacho.

- Armando, ya encontré dónde vivir. He preguntado a Sofía, y ella me ha puesto en contacto con Mariana, Sandra y…

- Pero, cómo así? Si ya tengo un apartamento precioso reservado sólo para ti!

- No puedo pagar mucho. Tengo que hacer frente a todos mis gastos.

- Te aseguro que puedes pagarlo. Ven a verlo porque te va a gustar. – La anima.

- Lo veré, pero no te prometo nada. Voy a avisar a las muchachas, y quedo en contestarlas mañana.

- Recoge tus cosas y vámonos antes de que nos pille Marcela y empiece con la preguntadera. – La guiña un ojo.

Betty se le queda mirando.

- No pensarás que voy a jugar a las escondidas?

- Ya sabes cual es mi situación con ella. Qué voy a hacer sino huirla? Si mi madre y ella quieren ser familia… pues que se casen ellas, o que se adopten. Pero que no esperen que yo colabore! – Declara sincero.

- Y por qué no se lo dices?

- Porque no escuchan! Ya se lo he dicho a las dos. Pero, ni modo!

Betty se para junto a Sandra para decirle que mañana les da la respuesta.

Mientras, Armando llama al ascensor y desconecta el celular.

Llegan al garaje, él abre la puerta y según pasa, la da un beso en la mejilla.

Betty se sienta y estira la minifalda para bajarla, pero Armando ve sus maniobras al sentarse ante el volante y sonríe diciendo:

- No da más de sí? Tira, tira! Ja! Ja! No te apures, que no miraré. Pero es una pena, porque tienes las piernas bien bonitas. Además, no es de las exageradas. Has visto las faldas de Patricia y de Aura Mª?



******************************************************



Marcela se dirige al despacho de presidencia, para intentar liarle y llevárselo con ella.

Cuando va a entrar, Patricia que está recogiendo su mesa, la dice:

- Se te voló, Marce!

- QUÉ?

- Que te dejó botada. Se fue con la nueva.

- Será #&*%! Qué descaro! Es que ya ni siquiera disimula. Me pone los “cachos” delante de todos los empleados!

- Debías romper el compromiso y dejarle, Marce. – Aconseja Patricia con un flash de sensatez.

- Ni más faltaba! Para dejárselo en bandeja a todas las vagabundas de Bogotá! Voy a su apartamento y le esperaré. – Sin querer reconocer lo evidente.

- Déjale! No te merece! Yo, en cambio, te daré conversación para que olvides sus desplantes, si me invitas a cenar...

- Tal vez tengas razón! – Confiesa Marcela a punto de llorar. – Pero le llamaré...



******************************************************



Armando aparca en su plaza, saca del maletero el equipaje de Betty y la conduce al ascensor directo.

Se abren las puertas y entran a un apartamento muy luminoso y amplio, con tres habitaciones, salón, cocina, dos baños y una larga terraza a la que se puede acceder desde el salón y los dormitorios.

- Es precioso y está perfectamente equipado y amueblado. No es posible que esté al alcance de mis posibilidades económicas! Quién es el dueño? – Pregunta escamada.

- Mi hermana.

- Y qué interés tiene su hermana en que yo alquile su piso por debajo de la renta que podría conseguir?

- Yo la he dicho que eres amiga de Cata... que eres encantadora... y que no conviene que las casas estén sin habitar.

- Dónde vive su hermana?

- En Europa, con su marido y su hijo. Desde hace dos años, en este apartamento sólo entra la señora de la limpieza una vez a la semana.

- Quiero hablar con ella antes de decidir.

Armando se dirige al teléfono, marca el número y...

- Aló?

- Cami! Qué tal estáis?
Habla con ella un momento explicando la situación, y luego le pasa el auricular a Betty.

Ésta llega a un acuerdo con Camila y se despiden.

- Está bien. Me quedo.

- Fantástico! Instálate y te espero para cenar a las nueve, en el apartamento de al lado.

- Cómo?

- Mi apartamento es el contiguo...

Confiesa esperando que la reacción de Betty sea positiva.

- Es un granuja! Por qué no me lo dijo?

- Por si te asustabas de las distancias cortas...

- No me asustan las distancias cortas, doctor Mendoza, mas espero que no haya cometido el error de equivocarse al juzgarme...

- Ni más faltaba, Betty! Voy a preparar la cena. – Dice después de un corto silencio. – Te espero a las nueve, y la etiqueta es: de riguroso vaquero.



CONTINUARÁ...


Qu´hubo, chicas?

Ya tenemos a Betty instalada, y qué bien instalada!!!

Más de una querría vivir en el departamento de Camila... A que sí?

Pues, a chincharse!

Se me ocurre que ya que a Betty le sobran dos dormitorios, igual queréis realquilarle uno. Podéis iros apuntando ahí abajo las interesadas...

Besos.
UNO DE LOS CUARTOS DE BETTY......POR QUE ESTAN DEMASIADO LEJOS.....PERO ESO SI... ¿NO TENDRA ARMANDO NINGUNO LIBRE?......ESE SI ME VENDRIA PERFECTO.


EN CUANTO AL CAPITULO, VAYA PILLIN DON ARMANDO, MENUDO LUJO TENER A BETTY A SU LADO....CLARO QUE ¿QUE PASARA CUANDO MARCELA SE ENTERE?


BESICOS.
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