María quehubo?
María quehubo?

February 22nd, 2004, 11:50 am #11

- Eso me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie, porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.






Capítulo XV.- Yo confieso, ellos se disculpan, tú… perdonas?




Por la mañana, después de hacer un reconocimiento al niño, el médico le da el alta, y les recomienda llevarlo a su doctor para informarle de la fiebre tan elevada, que le ha producido una simple amigdalitis.

Lo hacen, y el pediatra le pone un tratamiento para acabar con la infección.

Cuando llegan los tres a casa es casi la hora de comer, de modo que Betty deja al niño con la abuela para que le dé su comida, y va a asearse y cambiarse de ropa.

Al rato baja al comedor y ve que Armando ha hecho igual que ella y están todos sentados esperándola para empezar a servir.

- Perdón, siento haberme entretenido, pero he procurado darme prisa...

- Acabamos de sentarnos, Betty. No te preocupes. – La dice don Roberto.

Comen tranquilos hablando del niño y de lo recobrado que parece, la madre y los abuelos. Armando, en cambio permanece callado y hosco, pues se siente agraviado y no le provoca nada estar en su compañía.

Al terminar, los dos se echan una siesta en sus respectivas habitaciones, para descansar y recuperar sueño.

Esa noche cuando acuestan a Rob y se duerme, Armando es incapaz de callar por más tiempo.

- Por qué no me dijiste que estabas embarazada? Ni tampoco en todos estos meses... que Roberto es mi hijo?

- Porque lo supe unos pocos días después de romper contigo. Recuerdas aquel tiempo en que me levantaba muy revuelta y vomitaba casi todas las mañanas?

- Sí. Y que me hubieses botado era un impedimento para notificarme tu estado? No te entiendo, Betty. – Dice triste. – No pensarías que iba a desentenderme...

- No pensaba eso, pero tú me habías demostrado que te gustaban todas las mujeres, especialmente las más bonitas, y que tus sentimientos no eran profundos por ninguna. Incluso te echaste una amante!

- Sólo fue un espejismo para darte celos! – Contesta rápido.

- Y qué crees que debí hacer yo? Informarte que como ahorita estaba embarazada, te aceptaba con amante y todo?

- Entiendo que podías estar decepcionada conmigo, pero SÍ debiste decirme que iba a ser padre. – Reclama manso y dolido.

Betty se siente desarmada ante la sentida queja de él.

- Lo lamento, Armando. Estaba tan herida...

- Un embarazo dura nueve meses. En ningún momento de ese periodo sentiste piedad por mí? – Se calla y poco después continúa. – Te fuiste a la hacienda para hacer creer al mundo que era hijo de nuestros padres, verdad? Iba a verte... y viernes tras viernes me evitabas...

- Comprende que si no, hubieras descubierto el secreto.

- Y mi padre y Julia te colaboraron contra mí... Mi propio padre! – Sigue hablando abatido. – Está inscrito en el Registro Civil? – Pregunta súbitamente inquieto.

- Sí. Tu padre lo hizo.

- Y también lo inscribió como hijo suyo?

- No, Armando. Habló con un pariente vuestro que es funcionario público y trabaja allá. Le contó, y él le facilitó poder poner los nombres de los verdaderos padres y los apellidos correspondientes.

- Aleluya! Ya pensé que también en los papeles me habían arrebatado la paternidad del niño. Y quién eligió el nombre?

- Yo. Pero comprenderás que si iba a figurar como el segundo hijo de tu padre, no podía llamarse Armando...

Él se acuesta en su lado y guarda silencio.

- Lo lamento, Armando. Sabes que soy muy terca... – Murmura apenada, y enternecida por el malestar de él, le besa en la mejilla. – De verdad, siento habértelo ocultado. Podrás perdonarme?

- Buenas noches, Betty. – Medita unos segundos y añade. – Supongo que sí, pero tendrá que pasar tiempo...

Da por terminada la conversación, se vuelve hacia el exterior, apaga su lamparita y cierra los ojos.

Ella también se tiende en su lado y se queda mirándole la espalda. Siente muy dentro la tristeza de Armando, y otra vez es consciente de que ella también le ha causado sufrimientos a él.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Al día siguiente, don Roberto espera impaciente a que vuelvan de la empresa. Ha reunido valor y quiere disculparse con Armando.

Cuando le ve entrar dice:

- Hijo, vamos a la biblioteca un momento, por favor. Quiero hablar contigo.

- No hace falta, papá. – Sigue ofendido y va hacia las escaleras.

- Armando, por favor... necesito explicarte. – Le ruega.

- Está bien. Supongo que yo también preciso escuchar alguna disculpa, aunque sea una excusa, porque razón válida... no creo que tuvieseis ninguno.

Entran en la habitación, don Roberto se queda de pie, pues está muy angustiado, y Armando se sienta en el sillón más cercano y se deja resbalar hasta el fondo.

- Cuando quieras, papá. Soy todo oídos. – Dice algo insolente.

- No sabes cómo estoy de arrepentido, Armando! – Estalla el hombre. – Cuando Betty supo que estaba embarazada se llevó tremendo disgusto, y se negó en redondo a decirte nada porque habíais roto apenas unos días antes... y su dignidad mal entendida no la permitía hacerte reclamos.

- Eso ya lo sé. Pero, y tú? Háblame de ti. – Le habla bajo.

- Le dije a Julia que tú responderías, que podías haber sido descuidado, pero que eres responsable y no te desentenderías de tus obligaciones...

Armando asiente con los ojos cerrados, y su padre sigue explicando.

- Pero Julia la veía tan mal, tan afligida, que me pidió, me suplicó seguirla la corriente... y terminé accediendo. A disgusto, pero lo hice diciéndome a mí mismo que tan pronto como viese a Betty más relajada, te lo diría... Pero de pronto había pasado tanto tiempo, que no supe cómo explicarte por qué había tardado tanto... No me sirve de excusa, pero me encontré entre la espada y la pared... Lo único que hice bien fue conseguir inscribirle en el registro con sus verdaderos datos.

- Vale, papá. Ya no hay vuelta atrás y comprendo que fue una situación complicada también para ti. Déjalo!

- Actué muy mal, y lo sé desde el principio... Estoy muy arrepentido y avergonzado. Armando, hijo, te juro que siempre me sentiré en deuda contigo. Te pido perdón humildemente porque sé que no tengo justificación.

Armando se siente incómodo al ver a su padre tan humillado, confesando sus errores.

- Papá, necesito tiempo... a pesar de que yo ya lo había descubierto, oír vuestras explicaciones me ha resultado más impactante de lo que imaginaba. – Se pone en pie y camina por la biblioteca. - Me siento burlado por mi propia familia!

- Hijo... – Don Roberto le abraza. – Cómo me gustaría poder echar el tiempo hacia atrás!

Luego sale, y doña Julia que esperaba fuera, se asoma.

- Armando, puedo hablarte?

- Sí, Julia.


- Seré breve. Verás... sé que hice mal al insistir tanto a tu padre para que no te lo revelase. Él quería decírtelo desde el primer momento, mas le convencí para esperar a que Betty se calmase. Pero Betty estaba empecinada en que no te enterases, ya sabes lo terca que es... Y es mi hija! Qué iba a hacer sino apoyarla? Lo siento, Armando. Muchísimo...

Luego se da la vuelta y sale, dejándole allá con sus sentimientos y los lavados de conciencia de todos.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




El niño se recuperó perfectamente, y Betty decide que ya es tiempo de que tenga su propia habitación.

Ella lo ha ido retrasando porque era la coartada que les permitía seguir pasando las noches juntos, pero pronto cumplirá seis meses y debe tener su propio espacio.

Le preparan el dormitorio contiguo al de ella, porque se comunica por una puerta que dejará abierta para oírle si se despierta.

A partir de entonces, a ellos dos se les hace muy larga la noche, porque aún estando distanciados emocionalmente, gustan de estar cerca físicamente. Se notan extraños... tan solos...

Pero no les queda otra que afrontar su extraña relación. Ellos llevan mucho tiempo entre dos aguas...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Armando está trabajando concentrado en su despacho, cuando le llaman de producción para comunicarle que han tenido que avisar al servicio técnico, porque se ha estropeado una máquina.

- OK! Téngame al corriente de la reparación, y dígame cuando vuelve a estar en funcionamiento.

Al cabo de una hora ya están allí los mecánicos y se ponen inmediatamente a chequear el aparato, pero instantes después interrumpen su trabajo y llaman al jefe de producción. Habla el de más edad.

- Vea usted, hemos encontrado esta pieza... – La muestra en su mano. - ... fuera de su lugar y encajada en el mecanismo.

- Bueno, pues colóquenla en su lugar y vuelvan a ajustar los engranajes.

- Es que... es imposible que esta pieza se haya salido SOLA de su emplazamiento, y menos aún que haya ido a situarse donde estaba...

El jefe de producción empieza a comprender.

- Insinúa usted que la avería no ha sido fortuita?

- Justamente! – Asegura el técnico.

- Esperen entonces unos minutos porque debo comunicárselo al presidente.

Llama a Armando, le notifica el informe dado por los peritos y...

- Sánchez, voy inmediatamente. Que no se vayan!

Baja a la fábrica con Mario y les muestran la máquina con la pieza embutida donde estaba y el lugar en el que debería estar.

- Así que ustedes sostienen que esto no tiene más explicación que el sabotaje? –Les pregunta Armando.

- Eso es, doctor Mendoza. – Confirman.

- Pues escriba el informe con precisión, por favor, ya que debo presentarlo a la aseguradora y a la empresa de seguridad.

- Desde luego. No tenga cuidado.

- Está bien, señores. Adiós.

Armando y Mario vuelven a la planta ejecutiva callados y pensando. Ya en presidencia dice el primero:

- Mario, esto no había ocurrido jamás en Ecomoda!

- Quién podrá haberlo hecho?

- No sé, pero voy a llamar inmediatamente a los de seguridad y a ver qué responden. Garantizaron cuidar y vigilar las instalaciones de la empresa al 100%.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Por la tarde llega Leo, el ejecutivo que anda detrás de Betty.

Habla con Armando y Mario, se sorprende mucho y les asegura que van a investigar meticulosamente cómo pudo suceder, y que muy pronto les traerá un informe con todo lo que averigüen.

Se despide y sale al lobby con dirección a la oficina de Betty.

- Señorita, sería tan amable de preguntar a la doctora Pinzón si puede recibirme? - Le dice algo empalagoso a Sofía.

Ésta le mira y prefiere no usar el interfono por si Betty alega alguna excusa para no verle.

- Espere un segundico y voy a ver si la doctora puede hacer un hueco... - Llama a la puerta y entra.

- Betty, ahí tiene al tal Leo y parece que se la quiere devorar con tanto asedio.

- Buf! Qué hora es? – Mira a su muñeca. – Casi las seis... pues dígale que sí, porque éste se desengaña hoy!

Sofía sale y le franquea el paso. Él entra y la saluda con un beso en la mejilla.

- La invito a tomar algo por ahí. La provoca?

- Si le vale con un ratito... – Regatea Betty.

- Ya que no queda otra... me conformaré! – Se encoge de hombros.

Ella toma el teléfono y llama a Armando.

- Alló!

- No me esperes ahora, porque voy a salir con Leo a tomar algo, pero no regresaré tarde.

- Está bien. – Contesta fastidiado.

- Llevo el móvil conectado, por si...

- Yo sé, chao! – Y cuelga dando un golpe.

Fiuuu... cómo le ha sentado...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Va con el ejecutivo a un local agradable con música ambiental suave y charlan tranquilamente, sin prisas, y así... le explica que su corazón está ocupado.

- Por el doctor Mendoza, supongo...

- El mismo. – Betty asiente con la cabeza, sonriendo. – Y además estoy en deuda con él, porque he sido muy exigente y poco comprensiva.

Leo la arranca la promesa de ser buenos amigos y la lleva a casa.





CONTINUARÁ…



Buenas tardes, chicas.

No sé si este capi habrá sido del gusto de Armando, pues aunque todos han reconocido que se han portado con él como unos marranos… me imagino que eso no le sirve de consuelo.

Por otra parte, no sé vosotras, pero yo atisbo un cambio de actitud en nuestra impenitente desconfiada. Espero que despacio, las cosas empiecen a tomar su rumbo…

Dadme vuestras opiniones y muchos besos. Ah! Y divertíos que es Carnaval!
Hay que ver la que ha armado por ser tan tozuda, si es que... Estoy deseando leer el siguiente porque imagino que muchas cosas van a cambiar, ¿no? Al menos, ella parece dispuesta a reconocer frente al mundo que ama a Armando y él... no creo que tarde mucho en caer a sus pies, aunque para devolverle con la misma moneda debería aguantar un tiempo siendo el duro, jeje

Besicos Pilar
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sandra
sandra

February 22nd, 2004, 3:43 pm #12

- Eso me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie, porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.






Capítulo XV.- Yo confieso, ellos se disculpan, tú… perdonas?




Por la mañana, después de hacer un reconocimiento al niño, el médico le da el alta, y les recomienda llevarlo a su doctor para informarle de la fiebre tan elevada, que le ha producido una simple amigdalitis.

Lo hacen, y el pediatra le pone un tratamiento para acabar con la infección.

Cuando llegan los tres a casa es casi la hora de comer, de modo que Betty deja al niño con la abuela para que le dé su comida, y va a asearse y cambiarse de ropa.

Al rato baja al comedor y ve que Armando ha hecho igual que ella y están todos sentados esperándola para empezar a servir.

- Perdón, siento haberme entretenido, pero he procurado darme prisa...

- Acabamos de sentarnos, Betty. No te preocupes. – La dice don Roberto.

Comen tranquilos hablando del niño y de lo recobrado que parece, la madre y los abuelos. Armando, en cambio permanece callado y hosco, pues se siente agraviado y no le provoca nada estar en su compañía.

Al terminar, los dos se echan una siesta en sus respectivas habitaciones, para descansar y recuperar sueño.

Esa noche cuando acuestan a Rob y se duerme, Armando es incapaz de callar por más tiempo.

- Por qué no me dijiste que estabas embarazada? Ni tampoco en todos estos meses... que Roberto es mi hijo?

- Porque lo supe unos pocos días después de romper contigo. Recuerdas aquel tiempo en que me levantaba muy revuelta y vomitaba casi todas las mañanas?

- Sí. Y que me hubieses botado era un impedimento para notificarme tu estado? No te entiendo, Betty. – Dice triste. – No pensarías que iba a desentenderme...

- No pensaba eso, pero tú me habías demostrado que te gustaban todas las mujeres, especialmente las más bonitas, y que tus sentimientos no eran profundos por ninguna. Incluso te echaste una amante!

- Sólo fue un espejismo para darte celos! – Contesta rápido.

- Y qué crees que debí hacer yo? Informarte que como ahorita estaba embarazada, te aceptaba con amante y todo?

- Entiendo que podías estar decepcionada conmigo, pero SÍ debiste decirme que iba a ser padre. – Reclama manso y dolido.

Betty se siente desarmada ante la sentida queja de él.

- Lo lamento, Armando. Estaba tan herida...

- Un embarazo dura nueve meses. En ningún momento de ese periodo sentiste piedad por mí? – Se calla y poco después continúa. – Te fuiste a la hacienda para hacer creer al mundo que era hijo de nuestros padres, verdad? Iba a verte... y viernes tras viernes me evitabas...

- Comprende que si no, hubieras descubierto el secreto.

- Y mi padre y Julia te colaboraron contra mí... Mi propio padre! – Sigue hablando abatido. – Está inscrito en el Registro Civil? – Pregunta súbitamente inquieto.

- Sí. Tu padre lo hizo.

- Y también lo inscribió como hijo suyo?

- No, Armando. Habló con un pariente vuestro que es funcionario público y trabaja allá. Le contó, y él le facilitó poder poner los nombres de los verdaderos padres y los apellidos correspondientes.

- Aleluya! Ya pensé que también en los papeles me habían arrebatado la paternidad del niño. Y quién eligió el nombre?

- Yo. Pero comprenderás que si iba a figurar como el segundo hijo de tu padre, no podía llamarse Armando...

Él se acuesta en su lado y guarda silencio.

- Lo lamento, Armando. Sabes que soy muy terca... – Murmura apenada, y enternecida por el malestar de él, le besa en la mejilla. – De verdad, siento habértelo ocultado. Podrás perdonarme?

- Buenas noches, Betty. – Medita unos segundos y añade. – Supongo que sí, pero tendrá que pasar tiempo...

Da por terminada la conversación, se vuelve hacia el exterior, apaga su lamparita y cierra los ojos.

Ella también se tiende en su lado y se queda mirándole la espalda. Siente muy dentro la tristeza de Armando, y otra vez es consciente de que ella también le ha causado sufrimientos a él.



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Al día siguiente, don Roberto espera impaciente a que vuelvan de la empresa. Ha reunido valor y quiere disculparse con Armando.

Cuando le ve entrar dice:

- Hijo, vamos a la biblioteca un momento, por favor. Quiero hablar contigo.

- No hace falta, papá. – Sigue ofendido y va hacia las escaleras.

- Armando, por favor... necesito explicarte. – Le ruega.

- Está bien. Supongo que yo también preciso escuchar alguna disculpa, aunque sea una excusa, porque razón válida... no creo que tuvieseis ninguno.

Entran en la habitación, don Roberto se queda de pie, pues está muy angustiado, y Armando se sienta en el sillón más cercano y se deja resbalar hasta el fondo.

- Cuando quieras, papá. Soy todo oídos. – Dice algo insolente.

- No sabes cómo estoy de arrepentido, Armando! – Estalla el hombre. – Cuando Betty supo que estaba embarazada se llevó tremendo disgusto, y se negó en redondo a decirte nada porque habíais roto apenas unos días antes... y su dignidad mal entendida no la permitía hacerte reclamos.

- Eso ya lo sé. Pero, y tú? Háblame de ti. – Le habla bajo.

- Le dije a Julia que tú responderías, que podías haber sido descuidado, pero que eres responsable y no te desentenderías de tus obligaciones...

Armando asiente con los ojos cerrados, y su padre sigue explicando.

- Pero Julia la veía tan mal, tan afligida, que me pidió, me suplicó seguirla la corriente... y terminé accediendo. A disgusto, pero lo hice diciéndome a mí mismo que tan pronto como viese a Betty más relajada, te lo diría... Pero de pronto había pasado tanto tiempo, que no supe cómo explicarte por qué había tardado tanto... No me sirve de excusa, pero me encontré entre la espada y la pared... Lo único que hice bien fue conseguir inscribirle en el registro con sus verdaderos datos.

- Vale, papá. Ya no hay vuelta atrás y comprendo que fue una situación complicada también para ti. Déjalo!

- Actué muy mal, y lo sé desde el principio... Estoy muy arrepentido y avergonzado. Armando, hijo, te juro que siempre me sentiré en deuda contigo. Te pido perdón humildemente porque sé que no tengo justificación.

Armando se siente incómodo al ver a su padre tan humillado, confesando sus errores.

- Papá, necesito tiempo... a pesar de que yo ya lo había descubierto, oír vuestras explicaciones me ha resultado más impactante de lo que imaginaba. – Se pone en pie y camina por la biblioteca. - Me siento burlado por mi propia familia!

- Hijo... – Don Roberto le abraza. – Cómo me gustaría poder echar el tiempo hacia atrás!

Luego sale, y doña Julia que esperaba fuera, se asoma.

- Armando, puedo hablarte?

- Sí, Julia.


- Seré breve. Verás... sé que hice mal al insistir tanto a tu padre para que no te lo revelase. Él quería decírtelo desde el primer momento, mas le convencí para esperar a que Betty se calmase. Pero Betty estaba empecinada en que no te enterases, ya sabes lo terca que es... Y es mi hija! Qué iba a hacer sino apoyarla? Lo siento, Armando. Muchísimo...

Luego se da la vuelta y sale, dejándole allá con sus sentimientos y los lavados de conciencia de todos.




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El niño se recuperó perfectamente, y Betty decide que ya es tiempo de que tenga su propia habitación.

Ella lo ha ido retrasando porque era la coartada que les permitía seguir pasando las noches juntos, pero pronto cumplirá seis meses y debe tener su propio espacio.

Le preparan el dormitorio contiguo al de ella, porque se comunica por una puerta que dejará abierta para oírle si se despierta.

A partir de entonces, a ellos dos se les hace muy larga la noche, porque aún estando distanciados emocionalmente, gustan de estar cerca físicamente. Se notan extraños... tan solos...

Pero no les queda otra que afrontar su extraña relación. Ellos llevan mucho tiempo entre dos aguas...




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Armando está trabajando concentrado en su despacho, cuando le llaman de producción para comunicarle que han tenido que avisar al servicio técnico, porque se ha estropeado una máquina.

- OK! Téngame al corriente de la reparación, y dígame cuando vuelve a estar en funcionamiento.

Al cabo de una hora ya están allí los mecánicos y se ponen inmediatamente a chequear el aparato, pero instantes después interrumpen su trabajo y llaman al jefe de producción. Habla el de más edad.

- Vea usted, hemos encontrado esta pieza... – La muestra en su mano. - ... fuera de su lugar y encajada en el mecanismo.

- Bueno, pues colóquenla en su lugar y vuelvan a ajustar los engranajes.

- Es que... es imposible que esta pieza se haya salido SOLA de su emplazamiento, y menos aún que haya ido a situarse donde estaba...

El jefe de producción empieza a comprender.

- Insinúa usted que la avería no ha sido fortuita?

- Justamente! – Asegura el técnico.

- Esperen entonces unos minutos porque debo comunicárselo al presidente.

Llama a Armando, le notifica el informe dado por los peritos y...

- Sánchez, voy inmediatamente. Que no se vayan!

Baja a la fábrica con Mario y les muestran la máquina con la pieza embutida donde estaba y el lugar en el que debería estar.

- Así que ustedes sostienen que esto no tiene más explicación que el sabotaje? –Les pregunta Armando.

- Eso es, doctor Mendoza. – Confirman.

- Pues escriba el informe con precisión, por favor, ya que debo presentarlo a la aseguradora y a la empresa de seguridad.

- Desde luego. No tenga cuidado.

- Está bien, señores. Adiós.

Armando y Mario vuelven a la planta ejecutiva callados y pensando. Ya en presidencia dice el primero:

- Mario, esto no había ocurrido jamás en Ecomoda!

- Quién podrá haberlo hecho?

- No sé, pero voy a llamar inmediatamente a los de seguridad y a ver qué responden. Garantizaron cuidar y vigilar las instalaciones de la empresa al 100%.





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Por la tarde llega Leo, el ejecutivo que anda detrás de Betty.

Habla con Armando y Mario, se sorprende mucho y les asegura que van a investigar meticulosamente cómo pudo suceder, y que muy pronto les traerá un informe con todo lo que averigüen.

Se despide y sale al lobby con dirección a la oficina de Betty.

- Señorita, sería tan amable de preguntar a la doctora Pinzón si puede recibirme? - Le dice algo empalagoso a Sofía.

Ésta le mira y prefiere no usar el interfono por si Betty alega alguna excusa para no verle.

- Espere un segundico y voy a ver si la doctora puede hacer un hueco... - Llama a la puerta y entra.

- Betty, ahí tiene al tal Leo y parece que se la quiere devorar con tanto asedio.

- Buf! Qué hora es? – Mira a su muñeca. – Casi las seis... pues dígale que sí, porque éste se desengaña hoy!

Sofía sale y le franquea el paso. Él entra y la saluda con un beso en la mejilla.

- La invito a tomar algo por ahí. La provoca?

- Si le vale con un ratito... – Regatea Betty.

- Ya que no queda otra... me conformaré! – Se encoge de hombros.

Ella toma el teléfono y llama a Armando.

- Alló!

- No me esperes ahora, porque voy a salir con Leo a tomar algo, pero no regresaré tarde.

- Está bien. – Contesta fastidiado.

- Llevo el móvil conectado, por si...

- Yo sé, chao! – Y cuelga dando un golpe.

Fiuuu... cómo le ha sentado...





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Va con el ejecutivo a un local agradable con música ambiental suave y charlan tranquilamente, sin prisas, y así... le explica que su corazón está ocupado.

- Por el doctor Mendoza, supongo...

- El mismo. – Betty asiente con la cabeza, sonriendo. – Y además estoy en deuda con él, porque he sido muy exigente y poco comprensiva.

Leo la arranca la promesa de ser buenos amigos y la lleva a casa.





CONTINUARÁ…



Buenas tardes, chicas.

No sé si este capi habrá sido del gusto de Armando, pues aunque todos han reconocido que se han portado con él como unos marranos… me imagino que eso no le sirve de consuelo.

Por otra parte, no sé vosotras, pero yo atisbo un cambio de actitud en nuestra impenitente desconfiada. Espero que despacio, las cosas empiecen a tomar su rumbo…

Dadme vuestras opiniones y muchos besos. Ah! Y divertíos que es Carnaval!
que Armandito se haga el duro y se enfade por el engaño, aver si Betty sufre mas!!! ojojjo q mala...

BESOTES
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sofia y encarni
sofia y encarni

February 22nd, 2004, 8:16 pm #13

- Eso me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie, porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.






Capítulo XV.- Yo confieso, ellos se disculpan, tú… perdonas?




Por la mañana, después de hacer un reconocimiento al niño, el médico le da el alta, y les recomienda llevarlo a su doctor para informarle de la fiebre tan elevada, que le ha producido una simple amigdalitis.

Lo hacen, y el pediatra le pone un tratamiento para acabar con la infección.

Cuando llegan los tres a casa es casi la hora de comer, de modo que Betty deja al niño con la abuela para que le dé su comida, y va a asearse y cambiarse de ropa.

Al rato baja al comedor y ve que Armando ha hecho igual que ella y están todos sentados esperándola para empezar a servir.

- Perdón, siento haberme entretenido, pero he procurado darme prisa...

- Acabamos de sentarnos, Betty. No te preocupes. – La dice don Roberto.

Comen tranquilos hablando del niño y de lo recobrado que parece, la madre y los abuelos. Armando, en cambio permanece callado y hosco, pues se siente agraviado y no le provoca nada estar en su compañía.

Al terminar, los dos se echan una siesta en sus respectivas habitaciones, para descansar y recuperar sueño.

Esa noche cuando acuestan a Rob y se duerme, Armando es incapaz de callar por más tiempo.

- Por qué no me dijiste que estabas embarazada? Ni tampoco en todos estos meses... que Roberto es mi hijo?

- Porque lo supe unos pocos días después de romper contigo. Recuerdas aquel tiempo en que me levantaba muy revuelta y vomitaba casi todas las mañanas?

- Sí. Y que me hubieses botado era un impedimento para notificarme tu estado? No te entiendo, Betty. – Dice triste. – No pensarías que iba a desentenderme...

- No pensaba eso, pero tú me habías demostrado que te gustaban todas las mujeres, especialmente las más bonitas, y que tus sentimientos no eran profundos por ninguna. Incluso te echaste una amante!

- Sólo fue un espejismo para darte celos! – Contesta rápido.

- Y qué crees que debí hacer yo? Informarte que como ahorita estaba embarazada, te aceptaba con amante y todo?

- Entiendo que podías estar decepcionada conmigo, pero SÍ debiste decirme que iba a ser padre. – Reclama manso y dolido.

Betty se siente desarmada ante la sentida queja de él.

- Lo lamento, Armando. Estaba tan herida...

- Un embarazo dura nueve meses. En ningún momento de ese periodo sentiste piedad por mí? – Se calla y poco después continúa. – Te fuiste a la hacienda para hacer creer al mundo que era hijo de nuestros padres, verdad? Iba a verte... y viernes tras viernes me evitabas...

- Comprende que si no, hubieras descubierto el secreto.

- Y mi padre y Julia te colaboraron contra mí... Mi propio padre! – Sigue hablando abatido. – Está inscrito en el Registro Civil? – Pregunta súbitamente inquieto.

- Sí. Tu padre lo hizo.

- Y también lo inscribió como hijo suyo?

- No, Armando. Habló con un pariente vuestro que es funcionario público y trabaja allá. Le contó, y él le facilitó poder poner los nombres de los verdaderos padres y los apellidos correspondientes.

- Aleluya! Ya pensé que también en los papeles me habían arrebatado la paternidad del niño. Y quién eligió el nombre?

- Yo. Pero comprenderás que si iba a figurar como el segundo hijo de tu padre, no podía llamarse Armando...

Él se acuesta en su lado y guarda silencio.

- Lo lamento, Armando. Sabes que soy muy terca... – Murmura apenada, y enternecida por el malestar de él, le besa en la mejilla. – De verdad, siento habértelo ocultado. Podrás perdonarme?

- Buenas noches, Betty. – Medita unos segundos y añade. – Supongo que sí, pero tendrá que pasar tiempo...

Da por terminada la conversación, se vuelve hacia el exterior, apaga su lamparita y cierra los ojos.

Ella también se tiende en su lado y se queda mirándole la espalda. Siente muy dentro la tristeza de Armando, y otra vez es consciente de que ella también le ha causado sufrimientos a él.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Al día siguiente, don Roberto espera impaciente a que vuelvan de la empresa. Ha reunido valor y quiere disculparse con Armando.

Cuando le ve entrar dice:

- Hijo, vamos a la biblioteca un momento, por favor. Quiero hablar contigo.

- No hace falta, papá. – Sigue ofendido y va hacia las escaleras.

- Armando, por favor... necesito explicarte. – Le ruega.

- Está bien. Supongo que yo también preciso escuchar alguna disculpa, aunque sea una excusa, porque razón válida... no creo que tuvieseis ninguno.

Entran en la habitación, don Roberto se queda de pie, pues está muy angustiado, y Armando se sienta en el sillón más cercano y se deja resbalar hasta el fondo.

- Cuando quieras, papá. Soy todo oídos. – Dice algo insolente.

- No sabes cómo estoy de arrepentido, Armando! – Estalla el hombre. – Cuando Betty supo que estaba embarazada se llevó tremendo disgusto, y se negó en redondo a decirte nada porque habíais roto apenas unos días antes... y su dignidad mal entendida no la permitía hacerte reclamos.

- Eso ya lo sé. Pero, y tú? Háblame de ti. – Le habla bajo.

- Le dije a Julia que tú responderías, que podías haber sido descuidado, pero que eres responsable y no te desentenderías de tus obligaciones...

Armando asiente con los ojos cerrados, y su padre sigue explicando.

- Pero Julia la veía tan mal, tan afligida, que me pidió, me suplicó seguirla la corriente... y terminé accediendo. A disgusto, pero lo hice diciéndome a mí mismo que tan pronto como viese a Betty más relajada, te lo diría... Pero de pronto había pasado tanto tiempo, que no supe cómo explicarte por qué había tardado tanto... No me sirve de excusa, pero me encontré entre la espada y la pared... Lo único que hice bien fue conseguir inscribirle en el registro con sus verdaderos datos.

- Vale, papá. Ya no hay vuelta atrás y comprendo que fue una situación complicada también para ti. Déjalo!

- Actué muy mal, y lo sé desde el principio... Estoy muy arrepentido y avergonzado. Armando, hijo, te juro que siempre me sentiré en deuda contigo. Te pido perdón humildemente porque sé que no tengo justificación.

Armando se siente incómodo al ver a su padre tan humillado, confesando sus errores.

- Papá, necesito tiempo... a pesar de que yo ya lo había descubierto, oír vuestras explicaciones me ha resultado más impactante de lo que imaginaba. – Se pone en pie y camina por la biblioteca. - Me siento burlado por mi propia familia!

- Hijo... – Don Roberto le abraza. – Cómo me gustaría poder echar el tiempo hacia atrás!

Luego sale, y doña Julia que esperaba fuera, se asoma.

- Armando, puedo hablarte?

- Sí, Julia.


- Seré breve. Verás... sé que hice mal al insistir tanto a tu padre para que no te lo revelase. Él quería decírtelo desde el primer momento, mas le convencí para esperar a que Betty se calmase. Pero Betty estaba empecinada en que no te enterases, ya sabes lo terca que es... Y es mi hija! Qué iba a hacer sino apoyarla? Lo siento, Armando. Muchísimo...

Luego se da la vuelta y sale, dejándole allá con sus sentimientos y los lavados de conciencia de todos.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




El niño se recuperó perfectamente, y Betty decide que ya es tiempo de que tenga su propia habitación.

Ella lo ha ido retrasando porque era la coartada que les permitía seguir pasando las noches juntos, pero pronto cumplirá seis meses y debe tener su propio espacio.

Le preparan el dormitorio contiguo al de ella, porque se comunica por una puerta que dejará abierta para oírle si se despierta.

A partir de entonces, a ellos dos se les hace muy larga la noche, porque aún estando distanciados emocionalmente, gustan de estar cerca físicamente. Se notan extraños... tan solos...

Pero no les queda otra que afrontar su extraña relación. Ellos llevan mucho tiempo entre dos aguas...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Armando está trabajando concentrado en su despacho, cuando le llaman de producción para comunicarle que han tenido que avisar al servicio técnico, porque se ha estropeado una máquina.

- OK! Téngame al corriente de la reparación, y dígame cuando vuelve a estar en funcionamiento.

Al cabo de una hora ya están allí los mecánicos y se ponen inmediatamente a chequear el aparato, pero instantes después interrumpen su trabajo y llaman al jefe de producción. Habla el de más edad.

- Vea usted, hemos encontrado esta pieza... – La muestra en su mano. - ... fuera de su lugar y encajada en el mecanismo.

- Bueno, pues colóquenla en su lugar y vuelvan a ajustar los engranajes.

- Es que... es imposible que esta pieza se haya salido SOLA de su emplazamiento, y menos aún que haya ido a situarse donde estaba...

El jefe de producción empieza a comprender.

- Insinúa usted que la avería no ha sido fortuita?

- Justamente! – Asegura el técnico.

- Esperen entonces unos minutos porque debo comunicárselo al presidente.

Llama a Armando, le notifica el informe dado por los peritos y...

- Sánchez, voy inmediatamente. Que no se vayan!

Baja a la fábrica con Mario y les muestran la máquina con la pieza embutida donde estaba y el lugar en el que debería estar.

- Así que ustedes sostienen que esto no tiene más explicación que el sabotaje? –Les pregunta Armando.

- Eso es, doctor Mendoza. – Confirman.

- Pues escriba el informe con precisión, por favor, ya que debo presentarlo a la aseguradora y a la empresa de seguridad.

- Desde luego. No tenga cuidado.

- Está bien, señores. Adiós.

Armando y Mario vuelven a la planta ejecutiva callados y pensando. Ya en presidencia dice el primero:

- Mario, esto no había ocurrido jamás en Ecomoda!

- Quién podrá haberlo hecho?

- No sé, pero voy a llamar inmediatamente a los de seguridad y a ver qué responden. Garantizaron cuidar y vigilar las instalaciones de la empresa al 100%.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Por la tarde llega Leo, el ejecutivo que anda detrás de Betty.

Habla con Armando y Mario, se sorprende mucho y les asegura que van a investigar meticulosamente cómo pudo suceder, y que muy pronto les traerá un informe con todo lo que averigüen.

Se despide y sale al lobby con dirección a la oficina de Betty.

- Señorita, sería tan amable de preguntar a la doctora Pinzón si puede recibirme? - Le dice algo empalagoso a Sofía.

Ésta le mira y prefiere no usar el interfono por si Betty alega alguna excusa para no verle.

- Espere un segundico y voy a ver si la doctora puede hacer un hueco... - Llama a la puerta y entra.

- Betty, ahí tiene al tal Leo y parece que se la quiere devorar con tanto asedio.

- Buf! Qué hora es? – Mira a su muñeca. – Casi las seis... pues dígale que sí, porque éste se desengaña hoy!

Sofía sale y le franquea el paso. Él entra y la saluda con un beso en la mejilla.

- La invito a tomar algo por ahí. La provoca?

- Si le vale con un ratito... – Regatea Betty.

- Ya que no queda otra... me conformaré! – Se encoge de hombros.

Ella toma el teléfono y llama a Armando.

- Alló!

- No me esperes ahora, porque voy a salir con Leo a tomar algo, pero no regresaré tarde.

- Está bien. – Contesta fastidiado.

- Llevo el móvil conectado, por si...

- Yo sé, chao! – Y cuelga dando un golpe.

Fiuuu... cómo le ha sentado...





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Va con el ejecutivo a un local agradable con música ambiental suave y charlan tranquilamente, sin prisas, y así... le explica que su corazón está ocupado.

- Por el doctor Mendoza, supongo...

- El mismo. – Betty asiente con la cabeza, sonriendo. – Y además estoy en deuda con él, porque he sido muy exigente y poco comprensiva.

Leo la arranca la promesa de ser buenos amigos y la lleva a casa.





CONTINUARÁ…



Buenas tardes, chicas.

No sé si este capi habrá sido del gusto de Armando, pues aunque todos han reconocido que se han portado con él como unos marranos… me imagino que eso no le sirve de consuelo.

Por otra parte, no sé vosotras, pero yo atisbo un cambio de actitud en nuestra impenitente desconfiada. Espero que despacio, las cosas empiecen a tomar su rumbo…

Dadme vuestras opiniones y muchos besos. Ah! Y divertíos que es Carnaval!
de actitud con armando y eso es un gran avance, sobre todo por todo lo que pasó con el niño en el hospital y como no el haberle ocultado su paternidad, pero aunque ahora betty se esté dando cuenta de las cosas, armando la va a hacer sufrir un poquito, aunque por ahroa lo haga ella con leo, betty debería decirle que es un amigo y no mas para que el pobre no sufra mas de lo que está sufriendo!!
muchos besitossssssssssss

PD: Calipso muchas gracias por tus muestras de apoyo en lo referente a mi sobrino de verdad!!!! sofia
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Cata
Cata

February 23rd, 2004, 8:22 am #14

- Eso me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie, porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.






Capítulo XV.- Yo confieso, ellos se disculpan, tú… perdonas?




Por la mañana, después de hacer un reconocimiento al niño, el médico le da el alta, y les recomienda llevarlo a su doctor para informarle de la fiebre tan elevada, que le ha producido una simple amigdalitis.

Lo hacen, y el pediatra le pone un tratamiento para acabar con la infección.

Cuando llegan los tres a casa es casi la hora de comer, de modo que Betty deja al niño con la abuela para que le dé su comida, y va a asearse y cambiarse de ropa.

Al rato baja al comedor y ve que Armando ha hecho igual que ella y están todos sentados esperándola para empezar a servir.

- Perdón, siento haberme entretenido, pero he procurado darme prisa...

- Acabamos de sentarnos, Betty. No te preocupes. – La dice don Roberto.

Comen tranquilos hablando del niño y de lo recobrado que parece, la madre y los abuelos. Armando, en cambio permanece callado y hosco, pues se siente agraviado y no le provoca nada estar en su compañía.

Al terminar, los dos se echan una siesta en sus respectivas habitaciones, para descansar y recuperar sueño.

Esa noche cuando acuestan a Rob y se duerme, Armando es incapaz de callar por más tiempo.

- Por qué no me dijiste que estabas embarazada? Ni tampoco en todos estos meses... que Roberto es mi hijo?

- Porque lo supe unos pocos días después de romper contigo. Recuerdas aquel tiempo en que me levantaba muy revuelta y vomitaba casi todas las mañanas?

- Sí. Y que me hubieses botado era un impedimento para notificarme tu estado? No te entiendo, Betty. – Dice triste. – No pensarías que iba a desentenderme...

- No pensaba eso, pero tú me habías demostrado que te gustaban todas las mujeres, especialmente las más bonitas, y que tus sentimientos no eran profundos por ninguna. Incluso te echaste una amante!

- Sólo fue un espejismo para darte celos! – Contesta rápido.

- Y qué crees que debí hacer yo? Informarte que como ahorita estaba embarazada, te aceptaba con amante y todo?

- Entiendo que podías estar decepcionada conmigo, pero SÍ debiste decirme que iba a ser padre. – Reclama manso y dolido.

Betty se siente desarmada ante la sentida queja de él.

- Lo lamento, Armando. Estaba tan herida...

- Un embarazo dura nueve meses. En ningún momento de ese periodo sentiste piedad por mí? – Se calla y poco después continúa. – Te fuiste a la hacienda para hacer creer al mundo que era hijo de nuestros padres, verdad? Iba a verte... y viernes tras viernes me evitabas...

- Comprende que si no, hubieras descubierto el secreto.

- Y mi padre y Julia te colaboraron contra mí... Mi propio padre! – Sigue hablando abatido. – Está inscrito en el Registro Civil? – Pregunta súbitamente inquieto.

- Sí. Tu padre lo hizo.

- Y también lo inscribió como hijo suyo?

- No, Armando. Habló con un pariente vuestro que es funcionario público y trabaja allá. Le contó, y él le facilitó poder poner los nombres de los verdaderos padres y los apellidos correspondientes.

- Aleluya! Ya pensé que también en los papeles me habían arrebatado la paternidad del niño. Y quién eligió el nombre?

- Yo. Pero comprenderás que si iba a figurar como el segundo hijo de tu padre, no podía llamarse Armando...

Él se acuesta en su lado y guarda silencio.

- Lo lamento, Armando. Sabes que soy muy terca... – Murmura apenada, y enternecida por el malestar de él, le besa en la mejilla. – De verdad, siento habértelo ocultado. Podrás perdonarme?

- Buenas noches, Betty. – Medita unos segundos y añade. – Supongo que sí, pero tendrá que pasar tiempo...

Da por terminada la conversación, se vuelve hacia el exterior, apaga su lamparita y cierra los ojos.

Ella también se tiende en su lado y se queda mirándole la espalda. Siente muy dentro la tristeza de Armando, y otra vez es consciente de que ella también le ha causado sufrimientos a él.



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Al día siguiente, don Roberto espera impaciente a que vuelvan de la empresa. Ha reunido valor y quiere disculparse con Armando.

Cuando le ve entrar dice:

- Hijo, vamos a la biblioteca un momento, por favor. Quiero hablar contigo.

- No hace falta, papá. – Sigue ofendido y va hacia las escaleras.

- Armando, por favor... necesito explicarte. – Le ruega.

- Está bien. Supongo que yo también preciso escuchar alguna disculpa, aunque sea una excusa, porque razón válida... no creo que tuvieseis ninguno.

Entran en la habitación, don Roberto se queda de pie, pues está muy angustiado, y Armando se sienta en el sillón más cercano y se deja resbalar hasta el fondo.

- Cuando quieras, papá. Soy todo oídos. – Dice algo insolente.

- No sabes cómo estoy de arrepentido, Armando! – Estalla el hombre. – Cuando Betty supo que estaba embarazada se llevó tremendo disgusto, y se negó en redondo a decirte nada porque habíais roto apenas unos días antes... y su dignidad mal entendida no la permitía hacerte reclamos.

- Eso ya lo sé. Pero, y tú? Háblame de ti. – Le habla bajo.

- Le dije a Julia que tú responderías, que podías haber sido descuidado, pero que eres responsable y no te desentenderías de tus obligaciones...

Armando asiente con los ojos cerrados, y su padre sigue explicando.

- Pero Julia la veía tan mal, tan afligida, que me pidió, me suplicó seguirla la corriente... y terminé accediendo. A disgusto, pero lo hice diciéndome a mí mismo que tan pronto como viese a Betty más relajada, te lo diría... Pero de pronto había pasado tanto tiempo, que no supe cómo explicarte por qué había tardado tanto... No me sirve de excusa, pero me encontré entre la espada y la pared... Lo único que hice bien fue conseguir inscribirle en el registro con sus verdaderos datos.

- Vale, papá. Ya no hay vuelta atrás y comprendo que fue una situación complicada también para ti. Déjalo!

- Actué muy mal, y lo sé desde el principio... Estoy muy arrepentido y avergonzado. Armando, hijo, te juro que siempre me sentiré en deuda contigo. Te pido perdón humildemente porque sé que no tengo justificación.

Armando se siente incómodo al ver a su padre tan humillado, confesando sus errores.

- Papá, necesito tiempo... a pesar de que yo ya lo había descubierto, oír vuestras explicaciones me ha resultado más impactante de lo que imaginaba. – Se pone en pie y camina por la biblioteca. - Me siento burlado por mi propia familia!

- Hijo... – Don Roberto le abraza. – Cómo me gustaría poder echar el tiempo hacia atrás!

Luego sale, y doña Julia que esperaba fuera, se asoma.

- Armando, puedo hablarte?

- Sí, Julia.


- Seré breve. Verás... sé que hice mal al insistir tanto a tu padre para que no te lo revelase. Él quería decírtelo desde el primer momento, mas le convencí para esperar a que Betty se calmase. Pero Betty estaba empecinada en que no te enterases, ya sabes lo terca que es... Y es mi hija! Qué iba a hacer sino apoyarla? Lo siento, Armando. Muchísimo...

Luego se da la vuelta y sale, dejándole allá con sus sentimientos y los lavados de conciencia de todos.




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El niño se recuperó perfectamente, y Betty decide que ya es tiempo de que tenga su propia habitación.

Ella lo ha ido retrasando porque era la coartada que les permitía seguir pasando las noches juntos, pero pronto cumplirá seis meses y debe tener su propio espacio.

Le preparan el dormitorio contiguo al de ella, porque se comunica por una puerta que dejará abierta para oírle si se despierta.

A partir de entonces, a ellos dos se les hace muy larga la noche, porque aún estando distanciados emocionalmente, gustan de estar cerca físicamente. Se notan extraños... tan solos...

Pero no les queda otra que afrontar su extraña relación. Ellos llevan mucho tiempo entre dos aguas...




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Armando está trabajando concentrado en su despacho, cuando le llaman de producción para comunicarle que han tenido que avisar al servicio técnico, porque se ha estropeado una máquina.

- OK! Téngame al corriente de la reparación, y dígame cuando vuelve a estar en funcionamiento.

Al cabo de una hora ya están allí los mecánicos y se ponen inmediatamente a chequear el aparato, pero instantes después interrumpen su trabajo y llaman al jefe de producción. Habla el de más edad.

- Vea usted, hemos encontrado esta pieza... – La muestra en su mano. - ... fuera de su lugar y encajada en el mecanismo.

- Bueno, pues colóquenla en su lugar y vuelvan a ajustar los engranajes.

- Es que... es imposible que esta pieza se haya salido SOLA de su emplazamiento, y menos aún que haya ido a situarse donde estaba...

El jefe de producción empieza a comprender.

- Insinúa usted que la avería no ha sido fortuita?

- Justamente! – Asegura el técnico.

- Esperen entonces unos minutos porque debo comunicárselo al presidente.

Llama a Armando, le notifica el informe dado por los peritos y...

- Sánchez, voy inmediatamente. Que no se vayan!

Baja a la fábrica con Mario y les muestran la máquina con la pieza embutida donde estaba y el lugar en el que debería estar.

- Así que ustedes sostienen que esto no tiene más explicación que el sabotaje? –Les pregunta Armando.

- Eso es, doctor Mendoza. – Confirman.

- Pues escriba el informe con precisión, por favor, ya que debo presentarlo a la aseguradora y a la empresa de seguridad.

- Desde luego. No tenga cuidado.

- Está bien, señores. Adiós.

Armando y Mario vuelven a la planta ejecutiva callados y pensando. Ya en presidencia dice el primero:

- Mario, esto no había ocurrido jamás en Ecomoda!

- Quién podrá haberlo hecho?

- No sé, pero voy a llamar inmediatamente a los de seguridad y a ver qué responden. Garantizaron cuidar y vigilar las instalaciones de la empresa al 100%.





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Por la tarde llega Leo, el ejecutivo que anda detrás de Betty.

Habla con Armando y Mario, se sorprende mucho y les asegura que van a investigar meticulosamente cómo pudo suceder, y que muy pronto les traerá un informe con todo lo que averigüen.

Se despide y sale al lobby con dirección a la oficina de Betty.

- Señorita, sería tan amable de preguntar a la doctora Pinzón si puede recibirme? - Le dice algo empalagoso a Sofía.

Ésta le mira y prefiere no usar el interfono por si Betty alega alguna excusa para no verle.

- Espere un segundico y voy a ver si la doctora puede hacer un hueco... - Llama a la puerta y entra.

- Betty, ahí tiene al tal Leo y parece que se la quiere devorar con tanto asedio.

- Buf! Qué hora es? – Mira a su muñeca. – Casi las seis... pues dígale que sí, porque éste se desengaña hoy!

Sofía sale y le franquea el paso. Él entra y la saluda con un beso en la mejilla.

- La invito a tomar algo por ahí. La provoca?

- Si le vale con un ratito... – Regatea Betty.

- Ya que no queda otra... me conformaré! – Se encoge de hombros.

Ella toma el teléfono y llama a Armando.

- Alló!

- No me esperes ahora, porque voy a salir con Leo a tomar algo, pero no regresaré tarde.

- Está bien. – Contesta fastidiado.

- Llevo el móvil conectado, por si...

- Yo sé, chao! – Y cuelga dando un golpe.

Fiuuu... cómo le ha sentado...





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Va con el ejecutivo a un local agradable con música ambiental suave y charlan tranquilamente, sin prisas, y así... le explica que su corazón está ocupado.

- Por el doctor Mendoza, supongo...

- El mismo. – Betty asiente con la cabeza, sonriendo. – Y además estoy en deuda con él, porque he sido muy exigente y poco comprensiva.

Leo la arranca la promesa de ser buenos amigos y la lleva a casa.





CONTINUARÁ…



Buenas tardes, chicas.

No sé si este capi habrá sido del gusto de Armando, pues aunque todos han reconocido que se han portado con él como unos marranos… me imagino que eso no le sirve de consuelo.

Por otra parte, no sé vosotras, pero yo atisbo un cambio de actitud en nuestra impenitente desconfiada. Espero que despacio, las cosas empiecen a tomar su rumbo…

Dadme vuestras opiniones y muchos besos. Ah! Y divertíos que es Carnaval!
de que Armando recibiera disculpas de todos. Es que para mí tan culpable como Betty fueron Roberto y Julia por consentir y ser cómplices del engaño. Ellos tenían que haberse negado a eso.

A ver cómo le explica Betty lo de la salida con el tal Leo porque a todas luces a Armando le ha sentado como un tiro.

Besitos Calipso.
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