ESPEJISMOS.- Capítulo XIV

Calipso
Calipso

February 18th, 2004, 2:33 pm #1

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






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En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
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ALMENDRA
ALMENDRA

February 18th, 2004, 2:51 pm #2

SABES, A BETTY LA DETESTO!.. MIRA MEJOR QUE SE VAYA CON LEO Y QUE DEJE A ARMANDITO Y A SU HIJO TRANQUILOS!... ES QUE ELLA YA NO ES TONTA... ES BRUTA!...JAJAJAAJ...
BESOS
ALMENDRA
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Beitapie
Beitapie

February 18th, 2004, 2:53 pm #3

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






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En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
Espero que pronto puedan hablar y aclarar todo. Ya te lo dije en otro mensaje, por mucho que Betty desconfiara de Armando, él tenía todo el derecho a saber que iba a ser padre, las diferencias entre ellos se hubieran solventado de otra manera, creo. Pero bueno.. nunca es tarde si la dicha es buena.

Me ha gustado mucho, espero que cuelgues el próximo prontito..

Besos
Beitapie
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sofia y encarni
sofia y encarni

February 18th, 2004, 3:27 pm #4

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






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En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
poruqe la pobre o está pasando mal y aunque hizo lo que hizo, errar es de humanos y armando debe comprenderla. a ver que ocurre cuando salgan del hospital y hablen!!
besitossssssssssssss

menos mal que rob se puso bien, para una vezq ue sale la pobre....
chaooo
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belanuri
belanuri

February 18th, 2004, 4:07 pm #5

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
mira que tener un susto con el peque para que estos hablen. ¿si no se hubiera puesto malo, qué???

Hay que comprender a betty, la bola es tan grande que no sabe como salir de ella.

Espero que la razones que le de betty lo tranquilicen y convenza.

Muchos besos
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Adriana
Adriana

February 18th, 2004, 5:22 pm #6

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
esta bien se lo daremos, pero es que un hijo es algo muy important... Pero tienes razón en casi todas las historias es al reves. Es ella la qu ele toca tener paciencia y ser compresiva.
Muchos besos
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

February 18th, 2004, 5:36 pm #7

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
...cuando tengan esa conversación que está pendiente. Esperamos que se solucionen las cosas, y empiecen a ser una familia normal. Besos
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mari
mari

February 18th, 2004, 7:25 pm #8

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






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En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
se le da a todo el mundo, así que esperemos que Betty sepa hacerse perdonar, porque lo que ha hecho y ya se que soy de ideas fijas esta muy pero que muy mal!!

besos!!!

me ha gustado mucho el capítulo y menos mal que lo del nene no es nada grave ayysss!!!!
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Cata
Cata

February 18th, 2004, 7:35 pm #9

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






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En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
Somos bastante más indulgentes con Armando que con Betty (cuando "meten la pata"). ¿Por qué será? ¿Será porque la consideramos más inteligente y sensata y esperamos que actúe en consecuencia mientras que del "bello bobo" esperamos comportamientos más inmaduros? ¿O es que en el fondo sentimos especial "debilidad" por él?

Yo también estoy dispuesta a darle un voto de confianza a nuestra Betty pero sin dejar de pensar que se equivocó totalmente organizando toda esa farsa para que él no se enterara.

Y creo que él la va a perdonar. ¡Si se está portando como un santo varón en todos los sentidos!

Me reí mucho imaginando la cara de los amigos cuando se enteraron en el hospital quienes eran los papás del niño.

Besitos, Calipso.
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KARMEN
KARMEN

February 18th, 2004, 9:04 pm #10

- Marcela es tu amiga, Betty. No intentes liarme en medio de vuestras cuitas.

- Pero tú eres el presidente!

- Eso no significa que yo pueda decir a nadie lo que debe votar! – La hace un guiño y entra a presidencia quitándose de en medio divertido.

Betty se enfurece, y da un puntapié en el suelo como cuando era niña liberando la rabia que siente. De pronto es consciente de que Armando está bastante displicente con ella los últimos tiempos.

Y si se ha hartado de esperar que le confiese que Rob es su hijo...? O de que pasen las semanas, y no le dé la respuesta que él espera a su proposición de matrimonio?






Capítulo XIV.- Sólo puede entrar la madre…



Llega la presentación de la nueva colección, atienden a sus invitados recibiéndoles en la entrada y les agasajan ofreciéndoles un cóctel para entretenerles mientras empieza el desfile.

Asisten por primera vez dos ejecutivos de la compañía de seguridad con la que han contratado servicios hace poco, y uno de ellos que ya en las reuniones anteriores había mostrado gran interés por Betty, ahora parece deslumbrado por ella y revolotea a su alrededor toda la velada.

De primeras, Betty se siente incómoda por el interés que la demuestra, pero conversa con él y le mantiene a una distancia prudencial con diplomacia.

Armando permanece pendiente de ella, pero al ver que se desenvuelve satisfactoriamente, no interviene aunque mira al individuo con animadversión en varias ocasiones.






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En los días siguientes el tipo la llama por teléfono repetidas veces, y finalmente, una tarde acude a buscarla a Ecomoda a la hora de salir y la invita a tomar una copa con él.

Betty acepta con la intención de estar sólo un ratico, y va a presidencia para avisar a Armando.

- No me esperes porque voy a salir con Leo.

La mira ceñudo pero no la aconseja ni la reclama. Baja la vista a sus papeles y sigue trabajando mordiéndose la lengua y apretando los puños...





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Betty se ha entretenido un poco, pero no regresa tarde, pues sólo le acepta un jugo de moras y luego alega tener cosas que hacer en casa.

La deja allá sobre las ocho de la tarde y ella va a su habitación, la que continúan compartiendo porque él no quiere irse y ella gusta de su compañía, así que... ahí siguen.

Se sorprende al entrar porque le encuentra paseando con Rob en brazos, así que le lanza toda una andanada de preguntas.

- No consigues que se duerma? Está llorando? Le molesta algún diente?

Se acerca sonriendo dulcemente a pesar de que la mirada de él la intimida un poco, y piensa que estará celoso.

- Tiene fiebre, Betty. Fiebre alta! – Suena a reproche.

Ella no pierde tiempo en responder. Besa la frente del niño y entra al baño para prepararle su bañerita con agua tibia, mientras Armando la contempla actuar con la eficiencia acostumbrada.

Pero a pesar del remojón y de las compresas que le han puesto, apenas consiguen bajarle la temperatura.

- Betty, avisa a nuestros padres que hay que llevarle a urgencias.

- Sí. Será lo mejor, y también se lo diré a Chelo.

Van los cuatro y permanecen en la sala de espera mientras los pediatras están con el niño.

Don Roberto y doña Julia están sentados juntos tomados de la mano, Betty hundida en un sillón, enjuga con un pañuelo las lágrimas de preocupación, y sobre todo de culpabilidad por no haber estado en casa cuando su hijo enfermó. Además recuerda cómo la ha mirado él, tan duro...

Armando de pie ante una ventana, mira sin ver las luces de la ciudad y observa el reflejo de Betty en el cristal. Desea ofrecerla consuelo y apoyo, estrecharla en sus brazos... pues la ve tan desvalida... pero está muy enojado. Betty ha demorado tanto decirle lo de su paternidad, que ha dado lugar a que se produzca esta situación y ahí sigue él… de hermano!

Inesperadamente aparecen por el pasillo del hospital Marcela, y el trío de amigos.

- Julia, cómo está el niño? – Pregunta Daniel.

- No sabemos aún. Está dentro con los médicos.

- Cómo os habéis enterado? – Les interroga don Roberto.

- Es que llamé a Betty, y Chelo me contó, así que avisé a todos. – Explica Marcela.

- Y aquí estamos... – Agrega Nicolás.

- Para acompañaros hasta que os devuelvan a Rob. – Concluye Daniel.

Mario permanece callado junto a Armando al que conforta poniéndole una mano sobre el hombro.





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Por fin sale un médico para informar que el niño está respondiendo al tratamiento y ha empezado a bajarle la fiebre.

- Podemos verle? – Pregunta Betty esperanzada.

- Sólo puede entrar la madre.

Betty y doña Julia se miran en silencio. La segunda hace ademán de levantarse, pero Betty la dice con voz rota:

- Mamá, voy a entrar yo. Comprendes?

La abuela asiente y baja la cabeza, pero Armando se acerca al médico y le pregunta:

- Cree que perjudicará al niño que su padre entre a verle? – Con sorna.

- No. – Responde lacónico el pediatra.

- En ese caso, yo también quiero entrar.

Todos guardan silencio, Betty asiente comprendiendo que es lo justo, y sus amigos le miran intrigados.

- Repito, sólo puede entrar la madre, pero como soy comprensivo... - Sonríe bonachón. – Dejaré también al padre.

- Gracias, yo quiero estar con él… – Se explica, y tomando a Betty de la mano, dice... – Somos nosotros.

Entran siguiendo al médico y dejando a los amigos desconcertados, mirando a doña Julia y don Roberto con la boca abierta, a la espera de una aclaración.

- Cómo así? – Pregunta Mario.

- Así que volvieron a... enamorarse. – Dice Daniel muy discreto.

- Demonio con el cabezón! – Se oye a Nicolás. – Marcela, tú no dices nada?

- Marcela, Camila, Chelo y nosotros dos somos los únicos que lo sabíamos. – Aclara doña Julia.

- Bueno, Betty se lo contó a sus amigas, pero Armando se podía haber confiado a nosotros... – Agrega Mario.

- Es que él no lo sabía, también pensaba que era de Julia y mío. Yo nunca debí consentirlo… No sabéis lo arrepentido que estoy! – Explica don Roberto. – Armando empezó a sospecharlo hace muy poco.

Y todos quedan callados asimilando la noticia.

Rob tan pronto ve a su mamá, la echa los bracitos haciendo pucheros a punto de llorar, y Betty va hacia él y pregunta:

- Puedo?

- Sí. Pero no le abrace para no darle calor. – Aconseja el médico.

- Key! Le dejo sueltecito.

El niño queda feliz sentado en el regazo de ella, mientras que los dos respiran aliviados al verle más despejado y comprobar que ya sólo tiene uno o dos grados de más.

Aparece una enfermera y les informa.

- Va a quedar ingresado en observación para vigilar su evolución, y ver como pasa la noche.

- Pero podremos estar con él? – Cuestiona Armando.

- Sólo una persona.

- Qué obsesión! Es un niño, y lo normal es que permitan quedarse a los padres! Quiero estar con mi mujer y mi hijo, y no voy a estorbar ni a entorpecer su trabajo.

- Señor Mendoza, consultaré con el doctor y ya le digo.

La enfermera sale y él se acerca a Betty y toma al niño en brazos.

- Son normas del hospital, Armando, pero si tú quieres estar con él y no nos lo permiten a los dos... yo me voy a casa... – Le ofrece.

- Ni modo, Betty! En ese caso me quedaré en la sala de espera. – Y la estrecha los hombros.

Entra el médico sonriente y le dice:

- Está bien, señor Mendoza. Le autorizo a quedarse.

- Gracias. Voy a informar a la familia y vuelvo. – Devuelve al niño a Betty y sale jovial al pasillo.

- Señora, no se quejará de su marido, tan familiar y hogareño...

- No lo hago, doctor! – “Si tú supieras...” Piensa. Y besa a su hijo que la sonríe con ojitos todavía brillantes por la fiebre.

Llega a la sala de espera y les explica que le ha bajado bastante la temperatura y que le van a dejar toda la noche en observación, permitiéndoles quedarse a los dos..

Así que ya más aliviados, los abuelos y los amigos deciden irse a casa.





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Armando vuelve con ellos y se sienta junto a Betty en el sofá-cama.

Permanecen un rato en silencio recuperando el sosiego, pues saber que Rob mejora ha actuado sobre ellos como un bálsamo.

Poco después les traen un biberón para alimentar al niño y al tiempo administrarle un medicamento. Rob lo toma con apetito y luego se adormece en brazos de su madre que le besa frecuentemente la frente.

- Dámele, que le voy a acostar en la cuna para no darle calor.

Betty se lo entrega y él le deposita con cuidado y se queda mirándole. Oye un sollozo callado a sus espaldas, y al volverse la ve llorando.

- Tranquila, qué pasa? – La pregunta mientras se sienta a su lado y la atrae.

- Qué susto he pasado! Si llego a saber que estaba malito, no hubiera salido...

- Ya lo sé, mujer.

- Cuando te vi con él en brazos, tan caliente... – Llora de nuevo.

- Llora si lo necesitas... desahógate! – Y la aprieta contra sí palmeando suavemente su hombro.

- Si le hubiese pasado algo... – Dice entre hipidos. – Nunca me habría perdonado no estar a su lado!

- No sigas mortificándote. Rob estaba con su padre y sus abuelos. Ni desatendido, ni abandonado.

- Pero...

- Pero, nada! Betty tú has salido unas horas y ha coincidido que ha enfermado entonces. No le des más vueltas!

Finalmente la vence el sueño y el cansancio, y queda sentada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Armando. Él permanece quieto velando el sueño de los dos seres que más ama, pero pensando que tiene una conversación pendiente con ella y que no puede seguir aparcada sine die.

Betty despierta una hora después. Abre los ojos, recuerda dónde está y se incorpora sobresaltada.

- Buena madre estoy hecha! Mira que dormirme...

- Es natural. Al verle mejorado, tus nervios se han relajado. – Le quita importancia.

- Cómo está?

- Bastante bien. Descansa tranquilo y respira suavemente.

- Duerme tú, que ahora velo yo. – Le ofrece apacible.

- No tengo sueño, Betty.

- Armando… cuándo te enteraste... cómo supiste... que Rob es tu hijo?

- De eso tenemos que hablar tú y yo, pero... no sé si éste es el momento adecuado...

- Vamos, contesta al menos a mi pregunta.

- Sabes que yo estaba bastante extrañado de la exagerada atención que dedicabas a nuestro “hermano”... Pues una noche que volvía tarde, al pasar delante de tu puerta le oí llorar. Aún no sé por qué fui a la galería y te vi atenderle con todo tu amor. A partir de esa noche fui todas a tu puerta, porque me hechizaba verte con el niño... y en otra ocasión le hablaste de su papá mientras le dabas de mamar... Entonces comprendí todo! Rob era tuyo y mío... Me sentí feliz por ello, me empecé a quedar en casa para ayudarte con él, y a partir de aquella vez que te dormiste con él en brazos, ya ves que no he vuelto a separarme de vosotros...

- Armando... siento habértelo ocultado, pero aunque deseaba decírtelo… cada día me resultaba más difícil. Creo que debemos hablar pronto...

- Supongo que sí, pero me lo explicarás en casa, donde no pueda interrumpirnos nadie porque me interesan mucho tus razones... ya que no dudo que serán MUY poderosas... – Pronostica con sarcasmo y manteniéndola la mirada.

Betty no responde y se levanta para ver al niño.

La noche transcurre lentamente mientras ellos vigilan la temperatura de Rob en la habitación en semipenumbra, dan cortas cabezadas por turnos, o salen a buscar un tintico a la máquina.





CONTINUARÁ…



Pero bueno, m´hijas… cómo estáis de enfadadas con Betty! Pobrecilla, al fin y al cabo, para una vez que se pone tontorrona… la ponéis a bajar de un burro!

Cuántas veces se nos pone insufrible el bello bobo y aunque nos metemos con él, le damos una oportunidad? Todas, a que sí?

Pues yo creo que Betty también se merece una. Es humana, y por lo tanto resulta natural que cometa errores, y sobre todo tan relacionados con su propia personalidad: inseguridad y testarudez.

Pido un voto de confianza para nuestra querida feíta. Se lo dais?

Besos, y espero que os haya gustado el capi.
Lo cierto es que Betty me tiene algo cansada con tanta tonteria, a ver ahora que le cuenta a Armando y como le esplica sus inseguridades.....y sobre todo si se decidira de una vez a amarle y dejarse amar.... bueno pues nada le daremos una oportunidad a Betty.

muchos besicos.
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