Lika
Lika

February 4th, 2004, 10:46 pm #11

Armando está muy inquieto por su ausencia, tanto que anula su salida “cinegética”.

- Julia, estos días Betty no estaba bien. No la habrá pasado algo?

- Seguro que no. Estate tranquilo, hijo.

Pasea de extremo a extremo del salón como un tigre enjaulado, y continuamente se asoma a las ventanas al menor ruido. La llama un par de veces, pero ella no le contesta.

- Pues yo estoy muy preocupado y voy a salir a buscarla! Si no la encuentro... iré a la policía...







Capítulo X.- Mamá… necesito que seas mi cómplice.




Doña Julia le ve tan angustiado que se compadece de él.

- Armando, Betty está en la casa Pinzón. Se fue dizque a pensar... pero no me gusta que pase la noche allá sola.

Ve el cielo abierto. Sonríe y dice:

- Gracias por apiadarse de mí, Julia. Usted sabe que yo la quiero por encima de todo...

Ella asiente con la cabeza, y él vuelve a hablar, mientras don Roberto asiste a la escena en silencio.

- Voy con ella. Si la convenzo vendremos, pero si no, la acompañaré.

Armando llega a la casa y abre con la llave que le ha dado doña Julia, cierra la puerta y recorre varias estancias llamándola.

Al llegar al estudio de don Hermes la ve sentada en el escritorio, con unos folios delante y un bolígrafo en la mano, con el que juguetea.

- Qué haces aquí, Armando?

- He venido a buscarte. Por qué no me has contestado? – La pregunta amable.

- Estoy en mi santuario y... no eres bienvenido.

Hace como si no la hubiera oído.

- Tu mamá no quiere que pases la noche aquí sola, así que o vuelves conmigo... o me tendré que quedar yo. Elige.

- Dada la alternativa, volveré. – Contesta después de mantenerle la mirada un tiempo.

- Qué has hecho aquí toda la tarde?

- Buscar la salida de un laberinto. – Contesta misteriosa.

- Tienes algún problema de salud, Betty?

- No te voy a comentar nada de mi vida.

- Dime sólo si estás bien de salud. No seas terca! – Insiste Armando.

- Estoy perfectamente. – Responde seca.

- OK! Vamos a casa.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Cuando al día siguiente Betty se levanta, y con fuertes arcadas vomita hasta la primera papilla que tomó en su vida... su madre que la oye, entra en la habitación y la acompaña hasta que pasa el mal rato.

- Bettyca, debemos ir a un ginecólogo y seguramente te mandará algo para aliviar estas náuseas...

- Tienes razón, mamá. Pídeme cita e iré. Y esta tarde cuando vuelva de la empresa tenemos que hablar en privado...

- Quieres quedar en algún lugar y merendamos? – Propone la madre.

- En el café “La placita”, sí?

- Perfecto, m´hija. A las seis y media.

- Key! – Y baja rápida a la cocina.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




La jornada de trabajo transcurre con normalidad, y al terminar avisa a Armando que se va en un taxi porque ha quedado con su madre.

Entra en la cafetería y ve a su mamá que la hace una seña con la mano desde una mesita del fondo. Va hacia ella, se dan un beso y se sienta enfrente.

- Qué tal pasó el día, mamita?

- Bien. Te voy a explicar la posible solución que encontré al problema. – Está deseando contarle su idea.

- Qué desean tomar? – Pregunta la camarera.

- Dos cafés con leche, una ración de tarta de manzana y otra de chocolate! – Dispara Betty con ganas de que la dejen seguir con el tema que la interesa.

- M´hija... qué prisas!

- Ay, mamá, perdona! Como siempre pides tarta de manzana... pensé... Acaso hoy preferías otra tarta? Mira que voy a cambiarla...

- No, no. Tranquila, que está bien. Es que me ha sorprendido lo acelerada que estás. Anda sigue...

- Mamá... necesito que seas mi cómplice!

- Qué deseas que haga? – Pregunta doña Julia interesada.

- Podrías simular que eres tú la que va a ser madre... – Dispara y de pronto la abandona el valor.

- M´hijita... y quién se va a creer que yo pueda estar embarazada...? – Con ojos como platos.

- No tienes aún el periodo?

- Sí, pero...

- Y estás casada! – Razona.

- No sé qué diría Roberto, Betty, pero me atrevo a apostar que no le gustaría.

- El bebé es de tu hija y de SU hijo...

- Suponiendo que acepte, sólo servirá para poco tiempo, pues en unos meses se te empezará a notar y... qué haremos entonces?

- Irnos a la hacienda. Diremos que el médico te recomienda reposo y aire puro, y yo como buena hija... te acompañaré para cuidarte y no me separaré de ti.

- Lo tienes muy meditado... – Asegura impresionada doña Julia.

- Me pasé la tarde de ayer encerrada en nuestra casa, en el estudio de papá, pensando. Y al fin se me ocurrió esta posible solución...

Guardan silencio mientras la camarera deja sus meriendas sobre la mesita delante de ellas. Cuando se aleja, Betty continúa.

- Si Roberto accede, esto será un ESPEJISMO para todo el mundo, pues solamente percibirán una ilusión...

- Bettyca… sé tu opinión, pero… Armando ha de saberlo, tiene derecho a saber que va a ser padre. No estás siendo justa con él!

- Mamá, ser padre no es SÓLO poner una semilla!

- Armando ha cambiado, mamita. Apenas sale, te mira con adoración, está muy juiciosito…

- A ver, mamá. Tú eres mi madre o la de Armando?

- La tuya, m´hija. La tuya… - Y doña Julia se calla al ver que no hay manera de hacer cambiar de opinión a Betty.

Don Roberto se aviene después que su esposa le insiste hasta que acepta, pero no está convencido.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Llevan adelante el plan, y doña Julia comunica a familiares y amigos que va a ser mamá de nuevo.

Armando cuando se entera pone cara alucinada, luego sonríe de oreja a oreja y les dice contentillo:

- Serán picarones...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Todo va perfectamente porque Betty apenas aumenta de volumen, y sigue rehuyendo a Armando y autoconvenciéndose de que ella sólo fue un capricho más.
“Fue culpa mía porque yo le conocía. Me arriesgué y perdí...”

Sin embargo, él cada vez sale menos, y está más hogareño y apacible. Da la impresión de que se le ha ido pasando el enfado por su rechazo.

La verdad es que después de Betty, no le llena ni le satisface ninguna, así que decide esperar a ver si consigue convencerla algún día de que es digno de confianza.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A la presentación de la nueva colección acuden los cuatro juntos y muy elegantes.

Se acercan a saludar a Cata, y hablan con ella hasta que empiezan a llegar los invitados. Entonces los padres van a sus asientos y Betty también echa a andar, pero Armando la toma por el codo:

- Por favor, quédate conmigo y sé mi pareja como anfitriona. Ayúdame a dar la bienvenida y atender a nuestros clientes...

- Armando, yo no...

- Nadie mejor que tú. Por favor... – Suplica.

- Está bien! – Acepta y le acompaña.

La noche transcurre perfecta y Cata se dirige al atril para anunciar el comienzo del desfile.

Armando toma a Betty de la cintura atrayéndola a él para ir hacia la pasarela, cuando una larga y negra melena casi la da en la cara, impulsada por la dueña, que se abraza a Armando sin la menor discreción ni timidez.

Se ha abalanzado sobre él tan rápida que no han llegado a reconocerla.

- Oiga, señorita! – Protesta Armando.

- Cómo señorita? Te has olvidado de mí?

- Alejandra! Cómo así?

- Ya ves! Estaba en Bogotá e iba a llamarte para vernos, pero al saber que hoy presentabais la nueva colección... me hice con una invitación y acá estoy! Dispuesta a dar qué escribir y fotografiar a los reporteros de las revistas del corazón con nuestras aventuras nocturnas... – Declara sugerente mientras sigue pegada a él.

Armando, consciente de que tiene a Betty al lado, quiere cortar la indiscreta verborrea de la caraqueña.

- Alejandra, voy a presentarte a... – La ve alejarse y sentarse junto a Marcela percibiendo dolor en sus ojos. Aprieta los puños con rabia por haber perdido otra ocasión. – Siéntate por ahí, debo presentar la colección!

Pero ella se sienta en el lugar que debió ocupar Betty, y a partir de que Armando termina de hablar y va a su asiento, le monopoliza, le abduce, y se pega a él como un sello.

Después del desfile, Betty no aguanta más y con la excusa de estar cansada, avisa a su madre para que no se preocupe y se va a su refugio.

- Bettyca, Armando no la da pie. Es ella!

- Digo yo que si él quisiera, sabría librarse de ella! Y además, para tomarse esas libertades, él la habrá dado confianzas anteriormente, ah?

Doña Julia baja la cabeza asintiendo.

- Chao, mamá!

Poco después, Armando la echa en falta y la busca con la mirada por todo el salón.

Se decide y la llama al móvil, pero Betty no contesta. Así que se acerca a Marcela.

- Llámala! Hace rato que no la veo y a mí no me contesta. Estoy preocupado.

Ella lo hace pero...

- Lo tiene desconectado, Armando. Que esperas después de la exhibición que has hecho con la señorita Zing toda la velada?

- Yo no he hecho ninguna exhibición, Marcela. Ella ha estado un poco pegajosa, pero no ha hecho nada malo!

- Nada excepto acapararte y sobarte toda la noche... – Puntualiza Marcela.

- Cómo así? Respeta! – Contesta furioso. – Si la ves, dile que la estoy buscando.

Se disculpa decidido con Alejandra y la compensa presentándole a Mario. Ella acepta el cambio algo contrariada, pero allá les deja a los dos.

Sigue buscándola sin éxito, pregunta a los padres y le dicen que se ha ido.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como puede, se escapa y va a casa, se asoma a su habitación y comprueba con angustia que no está.

De momento se queda bloqueado y no sabe qué hacer, pero de pronto recuerda dónde va ella cuando quiere estar sola: a su santuario...

Toma la llave y se encamina allá.

Va rezando interiormente mientras camina: “Que esté ahí, por favor...”

Recorre varias habitaciones hasta que la encuentra dormida en su propia cama, hecha un ovillo y abrazada al muñeco que él la regaló hace tiempo.

Se da cuenta que Betty ha pasado antes por la otra casa para recoger el juguete, y lo interpreta acertadamente al pensar que le añora y necesita.

Da gracias al cielo por encontrarla y porque está a salvo. Después se acuesta junto a ella, la pasa un brazo por la cintura y se duerme tranquilo.

A mitad de la noche, Betty se sobresalta al tomar conciencia de estar acompañada y se incorpora.

- Tranquila, cielo, soy yo. – Murmura Armando.

- Quién? – Aún insegura.

- Quién más te diría: “Tranquila, cielo, soy yo”? – Responde sin abrir los ojos.

- Armando?

- No, pues! Oye, con cuántos hombres has compartido cama tú? – Pregunta muy seguro de la respuesta.

- A ti te lo voy a decir... Ni más faltaba!

- Duérmete... Todavía es temprano. – Contesta sonriendo amodorrado.

Pero Betty está totalmente despierta.

- Cuánto llevas aquí?

- Desde medianoche... – Con los ojos cerrados.

- Tan pronto? Y qué hiciste con tu admiradora?

- Alejandra? – No le va a quedar otra que despertarse si quiere ser coherente y cuidadoso con las respuestas, pues está pisando hielo quebradizo...





CONTINUARÁ…


Hola, m´hijas!

Yo sé… yo sé… Unas decís que a ver si madura Armando, y otras que Betty está muy terca, y yo estoy más de acuerdo con las segundas que con las primeras, porque la verdad es que el bello bobo… no está muy alborotado, mientras que “su” Betty, le niega hasta el agua!

Qué le voy a hacer si en esta historia es ella la que me ha salido díscola? Yo intento que vayan por el caminito, pero ellos no me hacen ni puñetero caso.

Una incomprendida es lo que soy!

Ah, quería preguntaros algo: Creéis que el plan de Betty para ocultar su embarazo dará resultado?

Besos.
seguro que resulta el loco plan de la cabezota de Betty, que ganas de sufrir cuando no tiene nada que temer, pero no, la niña le gusta sufrir, creo que es un poco mazoquitas.
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mari
mari

February 4th, 2004, 11:26 pm #12

Armando está muy inquieto por su ausencia, tanto que anula su salida “cinegética”.

- Julia, estos días Betty no estaba bien. No la habrá pasado algo?

- Seguro que no. Estate tranquilo, hijo.

Pasea de extremo a extremo del salón como un tigre enjaulado, y continuamente se asoma a las ventanas al menor ruido. La llama un par de veces, pero ella no le contesta.

- Pues yo estoy muy preocupado y voy a salir a buscarla! Si no la encuentro... iré a la policía...







Capítulo X.- Mamá… necesito que seas mi cómplice.




Doña Julia le ve tan angustiado que se compadece de él.

- Armando, Betty está en la casa Pinzón. Se fue dizque a pensar... pero no me gusta que pase la noche allá sola.

Ve el cielo abierto. Sonríe y dice:

- Gracias por apiadarse de mí, Julia. Usted sabe que yo la quiero por encima de todo...

Ella asiente con la cabeza, y él vuelve a hablar, mientras don Roberto asiste a la escena en silencio.

- Voy con ella. Si la convenzo vendremos, pero si no, la acompañaré.

Armando llega a la casa y abre con la llave que le ha dado doña Julia, cierra la puerta y recorre varias estancias llamándola.

Al llegar al estudio de don Hermes la ve sentada en el escritorio, con unos folios delante y un bolígrafo en la mano, con el que juguetea.

- Qué haces aquí, Armando?

- He venido a buscarte. Por qué no me has contestado? – La pregunta amable.

- Estoy en mi santuario y... no eres bienvenido.

Hace como si no la hubiera oído.

- Tu mamá no quiere que pases la noche aquí sola, así que o vuelves conmigo... o me tendré que quedar yo. Elige.

- Dada la alternativa, volveré. – Contesta después de mantenerle la mirada un tiempo.

- Qué has hecho aquí toda la tarde?

- Buscar la salida de un laberinto. – Contesta misteriosa.

- Tienes algún problema de salud, Betty?

- No te voy a comentar nada de mi vida.

- Dime sólo si estás bien de salud. No seas terca! – Insiste Armando.

- Estoy perfectamente. – Responde seca.

- OK! Vamos a casa.




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Cuando al día siguiente Betty se levanta, y con fuertes arcadas vomita hasta la primera papilla que tomó en su vida... su madre que la oye, entra en la habitación y la acompaña hasta que pasa el mal rato.

- Bettyca, debemos ir a un ginecólogo y seguramente te mandará algo para aliviar estas náuseas...

- Tienes razón, mamá. Pídeme cita e iré. Y esta tarde cuando vuelva de la empresa tenemos que hablar en privado...

- Quieres quedar en algún lugar y merendamos? – Propone la madre.

- En el café “La placita”, sí?

- Perfecto, m´hija. A las seis y media.

- Key! – Y baja rápida a la cocina.




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La jornada de trabajo transcurre con normalidad, y al terminar avisa a Armando que se va en un taxi porque ha quedado con su madre.

Entra en la cafetería y ve a su mamá que la hace una seña con la mano desde una mesita del fondo. Va hacia ella, se dan un beso y se sienta enfrente.

- Qué tal pasó el día, mamita?

- Bien. Te voy a explicar la posible solución que encontré al problema. – Está deseando contarle su idea.

- Qué desean tomar? – Pregunta la camarera.

- Dos cafés con leche, una ración de tarta de manzana y otra de chocolate! – Dispara Betty con ganas de que la dejen seguir con el tema que la interesa.

- M´hija... qué prisas!

- Ay, mamá, perdona! Como siempre pides tarta de manzana... pensé... Acaso hoy preferías otra tarta? Mira que voy a cambiarla...

- No, no. Tranquila, que está bien. Es que me ha sorprendido lo acelerada que estás. Anda sigue...

- Mamá... necesito que seas mi cómplice!

- Qué deseas que haga? – Pregunta doña Julia interesada.

- Podrías simular que eres tú la que va a ser madre... – Dispara y de pronto la abandona el valor.

- M´hijita... y quién se va a creer que yo pueda estar embarazada...? – Con ojos como platos.

- No tienes aún el periodo?

- Sí, pero...

- Y estás casada! – Razona.

- No sé qué diría Roberto, Betty, pero me atrevo a apostar que no le gustaría.

- El bebé es de tu hija y de SU hijo...

- Suponiendo que acepte, sólo servirá para poco tiempo, pues en unos meses se te empezará a notar y... qué haremos entonces?

- Irnos a la hacienda. Diremos que el médico te recomienda reposo y aire puro, y yo como buena hija... te acompañaré para cuidarte y no me separaré de ti.

- Lo tienes muy meditado... – Asegura impresionada doña Julia.

- Me pasé la tarde de ayer encerrada en nuestra casa, en el estudio de papá, pensando. Y al fin se me ocurrió esta posible solución...

Guardan silencio mientras la camarera deja sus meriendas sobre la mesita delante de ellas. Cuando se aleja, Betty continúa.

- Si Roberto accede, esto será un ESPEJISMO para todo el mundo, pues solamente percibirán una ilusión...

- Bettyca… sé tu opinión, pero… Armando ha de saberlo, tiene derecho a saber que va a ser padre. No estás siendo justa con él!

- Mamá, ser padre no es SÓLO poner una semilla!

- Armando ha cambiado, mamita. Apenas sale, te mira con adoración, está muy juiciosito…

- A ver, mamá. Tú eres mi madre o la de Armando?

- La tuya, m´hija. La tuya… - Y doña Julia se calla al ver que no hay manera de hacer cambiar de opinión a Betty.

Don Roberto se aviene después que su esposa le insiste hasta que acepta, pero no está convencido.





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Llevan adelante el plan, y doña Julia comunica a familiares y amigos que va a ser mamá de nuevo.

Armando cuando se entera pone cara alucinada, luego sonríe de oreja a oreja y les dice contentillo:

- Serán picarones...





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Todo va perfectamente porque Betty apenas aumenta de volumen, y sigue rehuyendo a Armando y autoconvenciéndose de que ella sólo fue un capricho más.
“Fue culpa mía porque yo le conocía. Me arriesgué y perdí...”

Sin embargo, él cada vez sale menos, y está más hogareño y apacible. Da la impresión de que se le ha ido pasando el enfado por su rechazo.

La verdad es que después de Betty, no le llena ni le satisface ninguna, así que decide esperar a ver si consigue convencerla algún día de que es digno de confianza.





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A la presentación de la nueva colección acuden los cuatro juntos y muy elegantes.

Se acercan a saludar a Cata, y hablan con ella hasta que empiezan a llegar los invitados. Entonces los padres van a sus asientos y Betty también echa a andar, pero Armando la toma por el codo:

- Por favor, quédate conmigo y sé mi pareja como anfitriona. Ayúdame a dar la bienvenida y atender a nuestros clientes...

- Armando, yo no...

- Nadie mejor que tú. Por favor... – Suplica.

- Está bien! – Acepta y le acompaña.

La noche transcurre perfecta y Cata se dirige al atril para anunciar el comienzo del desfile.

Armando toma a Betty de la cintura atrayéndola a él para ir hacia la pasarela, cuando una larga y negra melena casi la da en la cara, impulsada por la dueña, que se abraza a Armando sin la menor discreción ni timidez.

Se ha abalanzado sobre él tan rápida que no han llegado a reconocerla.

- Oiga, señorita! – Protesta Armando.

- Cómo señorita? Te has olvidado de mí?

- Alejandra! Cómo así?

- Ya ves! Estaba en Bogotá e iba a llamarte para vernos, pero al saber que hoy presentabais la nueva colección... me hice con una invitación y acá estoy! Dispuesta a dar qué escribir y fotografiar a los reporteros de las revistas del corazón con nuestras aventuras nocturnas... – Declara sugerente mientras sigue pegada a él.

Armando, consciente de que tiene a Betty al lado, quiere cortar la indiscreta verborrea de la caraqueña.

- Alejandra, voy a presentarte a... – La ve alejarse y sentarse junto a Marcela percibiendo dolor en sus ojos. Aprieta los puños con rabia por haber perdido otra ocasión. – Siéntate por ahí, debo presentar la colección!

Pero ella se sienta en el lugar que debió ocupar Betty, y a partir de que Armando termina de hablar y va a su asiento, le monopoliza, le abduce, y se pega a él como un sello.

Después del desfile, Betty no aguanta más y con la excusa de estar cansada, avisa a su madre para que no se preocupe y se va a su refugio.

- Bettyca, Armando no la da pie. Es ella!

- Digo yo que si él quisiera, sabría librarse de ella! Y además, para tomarse esas libertades, él la habrá dado confianzas anteriormente, ah?

Doña Julia baja la cabeza asintiendo.

- Chao, mamá!

Poco después, Armando la echa en falta y la busca con la mirada por todo el salón.

Se decide y la llama al móvil, pero Betty no contesta. Así que se acerca a Marcela.

- Llámala! Hace rato que no la veo y a mí no me contesta. Estoy preocupado.

Ella lo hace pero...

- Lo tiene desconectado, Armando. Que esperas después de la exhibición que has hecho con la señorita Zing toda la velada?

- Yo no he hecho ninguna exhibición, Marcela. Ella ha estado un poco pegajosa, pero no ha hecho nada malo!

- Nada excepto acapararte y sobarte toda la noche... – Puntualiza Marcela.

- Cómo así? Respeta! – Contesta furioso. – Si la ves, dile que la estoy buscando.

Se disculpa decidido con Alejandra y la compensa presentándole a Mario. Ella acepta el cambio algo contrariada, pero allá les deja a los dos.

Sigue buscándola sin éxito, pregunta a los padres y le dicen que se ha ido.




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Tan pronto como puede, se escapa y va a casa, se asoma a su habitación y comprueba con angustia que no está.

De momento se queda bloqueado y no sabe qué hacer, pero de pronto recuerda dónde va ella cuando quiere estar sola: a su santuario...

Toma la llave y se encamina allá.

Va rezando interiormente mientras camina: “Que esté ahí, por favor...”

Recorre varias habitaciones hasta que la encuentra dormida en su propia cama, hecha un ovillo y abrazada al muñeco que él la regaló hace tiempo.

Se da cuenta que Betty ha pasado antes por la otra casa para recoger el juguete, y lo interpreta acertadamente al pensar que le añora y necesita.

Da gracias al cielo por encontrarla y porque está a salvo. Después se acuesta junto a ella, la pasa un brazo por la cintura y se duerme tranquilo.

A mitad de la noche, Betty se sobresalta al tomar conciencia de estar acompañada y se incorpora.

- Tranquila, cielo, soy yo. – Murmura Armando.

- Quién? – Aún insegura.

- Quién más te diría: “Tranquila, cielo, soy yo”? – Responde sin abrir los ojos.

- Armando?

- No, pues! Oye, con cuántos hombres has compartido cama tú? – Pregunta muy seguro de la respuesta.

- A ti te lo voy a decir... Ni más faltaba!

- Duérmete... Todavía es temprano. – Contesta sonriendo amodorrado.

Pero Betty está totalmente despierta.

- Cuánto llevas aquí?

- Desde medianoche... – Con los ojos cerrados.

- Tan pronto? Y qué hiciste con tu admiradora?

- Alejandra? – No le va a quedar otra que despertarse si quiere ser coherente y cuidadoso con las respuestas, pues está pisando hielo quebradizo...





CONTINUARÁ…


Hola, m´hijas!

Yo sé… yo sé… Unas decís que a ver si madura Armando, y otras que Betty está muy terca, y yo estoy más de acuerdo con las segundas que con las primeras, porque la verdad es que el bello bobo… no está muy alborotado, mientras que “su” Betty, le niega hasta el agua!

Qué le voy a hacer si en esta historia es ella la que me ha salido díscola? Yo intento que vayan por el caminito, pero ellos no me hacen ni puñetero caso.

Una incomprendida es lo que soy!

Ah, quería preguntaros algo: Creéis que el plan de Betty para ocultar su embarazo dará resultado?

Besos.
no va a dar resultado, porque si es asi y Armando no se enterá hasta que sea demasiado tarde se va a enfadar y con razón y haber que hacen después con eso! sin Duda Betty esta de lo más terca, espero que recapacite y se comporte como dios manda, porque la que esta dando señales de inmadurez esta vez es ella!!
me ha encantado el capítulo!!

besos!!!!!!
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isabel
isabel

February 5th, 2004, 12:26 am #13

Armando está muy inquieto por su ausencia, tanto que anula su salida “cinegética”.

- Julia, estos días Betty no estaba bien. No la habrá pasado algo?

- Seguro que no. Estate tranquilo, hijo.

Pasea de extremo a extremo del salón como un tigre enjaulado, y continuamente se asoma a las ventanas al menor ruido. La llama un par de veces, pero ella no le contesta.

- Pues yo estoy muy preocupado y voy a salir a buscarla! Si no la encuentro... iré a la policía...







Capítulo X.- Mamá… necesito que seas mi cómplice.




Doña Julia le ve tan angustiado que se compadece de él.

- Armando, Betty está en la casa Pinzón. Se fue dizque a pensar... pero no me gusta que pase la noche allá sola.

Ve el cielo abierto. Sonríe y dice:

- Gracias por apiadarse de mí, Julia. Usted sabe que yo la quiero por encima de todo...

Ella asiente con la cabeza, y él vuelve a hablar, mientras don Roberto asiste a la escena en silencio.

- Voy con ella. Si la convenzo vendremos, pero si no, la acompañaré.

Armando llega a la casa y abre con la llave que le ha dado doña Julia, cierra la puerta y recorre varias estancias llamándola.

Al llegar al estudio de don Hermes la ve sentada en el escritorio, con unos folios delante y un bolígrafo en la mano, con el que juguetea.

- Qué haces aquí, Armando?

- He venido a buscarte. Por qué no me has contestado? – La pregunta amable.

- Estoy en mi santuario y... no eres bienvenido.

Hace como si no la hubiera oído.

- Tu mamá no quiere que pases la noche aquí sola, así que o vuelves conmigo... o me tendré que quedar yo. Elige.

- Dada la alternativa, volveré. – Contesta después de mantenerle la mirada un tiempo.

- Qué has hecho aquí toda la tarde?

- Buscar la salida de un laberinto. – Contesta misteriosa.

- Tienes algún problema de salud, Betty?

- No te voy a comentar nada de mi vida.

- Dime sólo si estás bien de salud. No seas terca! – Insiste Armando.

- Estoy perfectamente. – Responde seca.

- OK! Vamos a casa.




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Cuando al día siguiente Betty se levanta, y con fuertes arcadas vomita hasta la primera papilla que tomó en su vida... su madre que la oye, entra en la habitación y la acompaña hasta que pasa el mal rato.

- Bettyca, debemos ir a un ginecólogo y seguramente te mandará algo para aliviar estas náuseas...

- Tienes razón, mamá. Pídeme cita e iré. Y esta tarde cuando vuelva de la empresa tenemos que hablar en privado...

- Quieres quedar en algún lugar y merendamos? – Propone la madre.

- En el café “La placita”, sí?

- Perfecto, m´hija. A las seis y media.

- Key! – Y baja rápida a la cocina.




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La jornada de trabajo transcurre con normalidad, y al terminar avisa a Armando que se va en un taxi porque ha quedado con su madre.

Entra en la cafetería y ve a su mamá que la hace una seña con la mano desde una mesita del fondo. Va hacia ella, se dan un beso y se sienta enfrente.

- Qué tal pasó el día, mamita?

- Bien. Te voy a explicar la posible solución que encontré al problema. – Está deseando contarle su idea.

- Qué desean tomar? – Pregunta la camarera.

- Dos cafés con leche, una ración de tarta de manzana y otra de chocolate! – Dispara Betty con ganas de que la dejen seguir con el tema que la interesa.

- M´hija... qué prisas!

- Ay, mamá, perdona! Como siempre pides tarta de manzana... pensé... Acaso hoy preferías otra tarta? Mira que voy a cambiarla...

- No, no. Tranquila, que está bien. Es que me ha sorprendido lo acelerada que estás. Anda sigue...

- Mamá... necesito que seas mi cómplice!

- Qué deseas que haga? – Pregunta doña Julia interesada.

- Podrías simular que eres tú la que va a ser madre... – Dispara y de pronto la abandona el valor.

- M´hijita... y quién se va a creer que yo pueda estar embarazada...? – Con ojos como platos.

- No tienes aún el periodo?

- Sí, pero...

- Y estás casada! – Razona.

- No sé qué diría Roberto, Betty, pero me atrevo a apostar que no le gustaría.

- El bebé es de tu hija y de SU hijo...

- Suponiendo que acepte, sólo servirá para poco tiempo, pues en unos meses se te empezará a notar y... qué haremos entonces?

- Irnos a la hacienda. Diremos que el médico te recomienda reposo y aire puro, y yo como buena hija... te acompañaré para cuidarte y no me separaré de ti.

- Lo tienes muy meditado... – Asegura impresionada doña Julia.

- Me pasé la tarde de ayer encerrada en nuestra casa, en el estudio de papá, pensando. Y al fin se me ocurrió esta posible solución...

Guardan silencio mientras la camarera deja sus meriendas sobre la mesita delante de ellas. Cuando se aleja, Betty continúa.

- Si Roberto accede, esto será un ESPEJISMO para todo el mundo, pues solamente percibirán una ilusión...

- Bettyca… sé tu opinión, pero… Armando ha de saberlo, tiene derecho a saber que va a ser padre. No estás siendo justa con él!

- Mamá, ser padre no es SÓLO poner una semilla!

- Armando ha cambiado, mamita. Apenas sale, te mira con adoración, está muy juiciosito…

- A ver, mamá. Tú eres mi madre o la de Armando?

- La tuya, m´hija. La tuya… - Y doña Julia se calla al ver que no hay manera de hacer cambiar de opinión a Betty.

Don Roberto se aviene después que su esposa le insiste hasta que acepta, pero no está convencido.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Llevan adelante el plan, y doña Julia comunica a familiares y amigos que va a ser mamá de nuevo.

Armando cuando se entera pone cara alucinada, luego sonríe de oreja a oreja y les dice contentillo:

- Serán picarones...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Todo va perfectamente porque Betty apenas aumenta de volumen, y sigue rehuyendo a Armando y autoconvenciéndose de que ella sólo fue un capricho más.
“Fue culpa mía porque yo le conocía. Me arriesgué y perdí...”

Sin embargo, él cada vez sale menos, y está más hogareño y apacible. Da la impresión de que se le ha ido pasando el enfado por su rechazo.

La verdad es que después de Betty, no le llena ni le satisface ninguna, así que decide esperar a ver si consigue convencerla algún día de que es digno de confianza.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A la presentación de la nueva colección acuden los cuatro juntos y muy elegantes.

Se acercan a saludar a Cata, y hablan con ella hasta que empiezan a llegar los invitados. Entonces los padres van a sus asientos y Betty también echa a andar, pero Armando la toma por el codo:

- Por favor, quédate conmigo y sé mi pareja como anfitriona. Ayúdame a dar la bienvenida y atender a nuestros clientes...

- Armando, yo no...

- Nadie mejor que tú. Por favor... – Suplica.

- Está bien! – Acepta y le acompaña.

La noche transcurre perfecta y Cata se dirige al atril para anunciar el comienzo del desfile.

Armando toma a Betty de la cintura atrayéndola a él para ir hacia la pasarela, cuando una larga y negra melena casi la da en la cara, impulsada por la dueña, que se abraza a Armando sin la menor discreción ni timidez.

Se ha abalanzado sobre él tan rápida que no han llegado a reconocerla.

- Oiga, señorita! – Protesta Armando.

- Cómo señorita? Te has olvidado de mí?

- Alejandra! Cómo así?

- Ya ves! Estaba en Bogotá e iba a llamarte para vernos, pero al saber que hoy presentabais la nueva colección... me hice con una invitación y acá estoy! Dispuesta a dar qué escribir y fotografiar a los reporteros de las revistas del corazón con nuestras aventuras nocturnas... – Declara sugerente mientras sigue pegada a él.

Armando, consciente de que tiene a Betty al lado, quiere cortar la indiscreta verborrea de la caraqueña.

- Alejandra, voy a presentarte a... – La ve alejarse y sentarse junto a Marcela percibiendo dolor en sus ojos. Aprieta los puños con rabia por haber perdido otra ocasión. – Siéntate por ahí, debo presentar la colección!

Pero ella se sienta en el lugar que debió ocupar Betty, y a partir de que Armando termina de hablar y va a su asiento, le monopoliza, le abduce, y se pega a él como un sello.

Después del desfile, Betty no aguanta más y con la excusa de estar cansada, avisa a su madre para que no se preocupe y se va a su refugio.

- Bettyca, Armando no la da pie. Es ella!

- Digo yo que si él quisiera, sabría librarse de ella! Y además, para tomarse esas libertades, él la habrá dado confianzas anteriormente, ah?

Doña Julia baja la cabeza asintiendo.

- Chao, mamá!

Poco después, Armando la echa en falta y la busca con la mirada por todo el salón.

Se decide y la llama al móvil, pero Betty no contesta. Así que se acerca a Marcela.

- Llámala! Hace rato que no la veo y a mí no me contesta. Estoy preocupado.

Ella lo hace pero...

- Lo tiene desconectado, Armando. Que esperas después de la exhibición que has hecho con la señorita Zing toda la velada?

- Yo no he hecho ninguna exhibición, Marcela. Ella ha estado un poco pegajosa, pero no ha hecho nada malo!

- Nada excepto acapararte y sobarte toda la noche... – Puntualiza Marcela.

- Cómo así? Respeta! – Contesta furioso. – Si la ves, dile que la estoy buscando.

Se disculpa decidido con Alejandra y la compensa presentándole a Mario. Ella acepta el cambio algo contrariada, pero allá les deja a los dos.

Sigue buscándola sin éxito, pregunta a los padres y le dicen que se ha ido.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como puede, se escapa y va a casa, se asoma a su habitación y comprueba con angustia que no está.

De momento se queda bloqueado y no sabe qué hacer, pero de pronto recuerda dónde va ella cuando quiere estar sola: a su santuario...

Toma la llave y se encamina allá.

Va rezando interiormente mientras camina: “Que esté ahí, por favor...”

Recorre varias habitaciones hasta que la encuentra dormida en su propia cama, hecha un ovillo y abrazada al muñeco que él la regaló hace tiempo.

Se da cuenta que Betty ha pasado antes por la otra casa para recoger el juguete, y lo interpreta acertadamente al pensar que le añora y necesita.

Da gracias al cielo por encontrarla y porque está a salvo. Después se acuesta junto a ella, la pasa un brazo por la cintura y se duerme tranquilo.

A mitad de la noche, Betty se sobresalta al tomar conciencia de estar acompañada y se incorpora.

- Tranquila, cielo, soy yo. – Murmura Armando.

- Quién? – Aún insegura.

- Quién más te diría: “Tranquila, cielo, soy yo”? – Responde sin abrir los ojos.

- Armando?

- No, pues! Oye, con cuántos hombres has compartido cama tú? – Pregunta muy seguro de la respuesta.

- A ti te lo voy a decir... Ni más faltaba!

- Duérmete... Todavía es temprano. – Contesta sonriendo amodorrado.

Pero Betty está totalmente despierta.

- Cuánto llevas aquí?

- Desde medianoche... – Con los ojos cerrados.

- Tan pronto? Y qué hiciste con tu admiradora?

- Alejandra? – No le va a quedar otra que despertarse si quiere ser coherente y cuidadoso con las respuestas, pues está pisando hielo quebradizo...





CONTINUARÁ…


Hola, m´hijas!

Yo sé… yo sé… Unas decís que a ver si madura Armando, y otras que Betty está muy terca, y yo estoy más de acuerdo con las segundas que con las primeras, porque la verdad es que el bello bobo… no está muy alborotado, mientras que “su” Betty, le niega hasta el agua!

Qué le voy a hacer si en esta historia es ella la que me ha salido díscola? Yo intento que vayan por el caminito, pero ellos no me hacen ni puñetero caso.

Una incomprendida es lo que soy!

Ah, quería preguntaros algo: Creéis que el plan de Betty para ocultar su embarazo dará resultado?

Besos.
es que si el plan le sale bien,le va traer consecuencias despues, cuando, tanto armando, como todos se enteren de la verdad,por que ahi el, si tendra razon para enfadarse con ella,por ocultarle que va a ser papa.

por que sera tan terca con lo juiciosito que anda el bello bobo.

besos¡¡¡¡¡¡¡¡
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Carla R
Carla R

February 5th, 2004, 12:41 am #14

Armando está muy inquieto por su ausencia, tanto que anula su salida “cinegética”.

- Julia, estos días Betty no estaba bien. No la habrá pasado algo?

- Seguro que no. Estate tranquilo, hijo.

Pasea de extremo a extremo del salón como un tigre enjaulado, y continuamente se asoma a las ventanas al menor ruido. La llama un par de veces, pero ella no le contesta.

- Pues yo estoy muy preocupado y voy a salir a buscarla! Si no la encuentro... iré a la policía...







Capítulo X.- Mamá… necesito que seas mi cómplice.




Doña Julia le ve tan angustiado que se compadece de él.

- Armando, Betty está en la casa Pinzón. Se fue dizque a pensar... pero no me gusta que pase la noche allá sola.

Ve el cielo abierto. Sonríe y dice:

- Gracias por apiadarse de mí, Julia. Usted sabe que yo la quiero por encima de todo...

Ella asiente con la cabeza, y él vuelve a hablar, mientras don Roberto asiste a la escena en silencio.

- Voy con ella. Si la convenzo vendremos, pero si no, la acompañaré.

Armando llega a la casa y abre con la llave que le ha dado doña Julia, cierra la puerta y recorre varias estancias llamándola.

Al llegar al estudio de don Hermes la ve sentada en el escritorio, con unos folios delante y un bolígrafo en la mano, con el que juguetea.

- Qué haces aquí, Armando?

- He venido a buscarte. Por qué no me has contestado? – La pregunta amable.

- Estoy en mi santuario y... no eres bienvenido.

Hace como si no la hubiera oído.

- Tu mamá no quiere que pases la noche aquí sola, así que o vuelves conmigo... o me tendré que quedar yo. Elige.

- Dada la alternativa, volveré. – Contesta después de mantenerle la mirada un tiempo.

- Qué has hecho aquí toda la tarde?

- Buscar la salida de un laberinto. – Contesta misteriosa.

- Tienes algún problema de salud, Betty?

- No te voy a comentar nada de mi vida.

- Dime sólo si estás bien de salud. No seas terca! – Insiste Armando.

- Estoy perfectamente. – Responde seca.

- OK! Vamos a casa.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Cuando al día siguiente Betty se levanta, y con fuertes arcadas vomita hasta la primera papilla que tomó en su vida... su madre que la oye, entra en la habitación y la acompaña hasta que pasa el mal rato.

- Bettyca, debemos ir a un ginecólogo y seguramente te mandará algo para aliviar estas náuseas...

- Tienes razón, mamá. Pídeme cita e iré. Y esta tarde cuando vuelva de la empresa tenemos que hablar en privado...

- Quieres quedar en algún lugar y merendamos? – Propone la madre.

- En el café “La placita”, sí?

- Perfecto, m´hija. A las seis y media.

- Key! – Y baja rápida a la cocina.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




La jornada de trabajo transcurre con normalidad, y al terminar avisa a Armando que se va en un taxi porque ha quedado con su madre.

Entra en la cafetería y ve a su mamá que la hace una seña con la mano desde una mesita del fondo. Va hacia ella, se dan un beso y se sienta enfrente.

- Qué tal pasó el día, mamita?

- Bien. Te voy a explicar la posible solución que encontré al problema. – Está deseando contarle su idea.

- Qué desean tomar? – Pregunta la camarera.

- Dos cafés con leche, una ración de tarta de manzana y otra de chocolate! – Dispara Betty con ganas de que la dejen seguir con el tema que la interesa.

- M´hija... qué prisas!

- Ay, mamá, perdona! Como siempre pides tarta de manzana... pensé... Acaso hoy preferías otra tarta? Mira que voy a cambiarla...

- No, no. Tranquila, que está bien. Es que me ha sorprendido lo acelerada que estás. Anda sigue...

- Mamá... necesito que seas mi cómplice!

- Qué deseas que haga? – Pregunta doña Julia interesada.

- Podrías simular que eres tú la que va a ser madre... – Dispara y de pronto la abandona el valor.

- M´hijita... y quién se va a creer que yo pueda estar embarazada...? – Con ojos como platos.

- No tienes aún el periodo?

- Sí, pero...

- Y estás casada! – Razona.

- No sé qué diría Roberto, Betty, pero me atrevo a apostar que no le gustaría.

- El bebé es de tu hija y de SU hijo...

- Suponiendo que acepte, sólo servirá para poco tiempo, pues en unos meses se te empezará a notar y... qué haremos entonces?

- Irnos a la hacienda. Diremos que el médico te recomienda reposo y aire puro, y yo como buena hija... te acompañaré para cuidarte y no me separaré de ti.

- Lo tienes muy meditado... – Asegura impresionada doña Julia.

- Me pasé la tarde de ayer encerrada en nuestra casa, en el estudio de papá, pensando. Y al fin se me ocurrió esta posible solución...

Guardan silencio mientras la camarera deja sus meriendas sobre la mesita delante de ellas. Cuando se aleja, Betty continúa.

- Si Roberto accede, esto será un ESPEJISMO para todo el mundo, pues solamente percibirán una ilusión...

- Bettyca… sé tu opinión, pero… Armando ha de saberlo, tiene derecho a saber que va a ser padre. No estás siendo justa con él!

- Mamá, ser padre no es SÓLO poner una semilla!

- Armando ha cambiado, mamita. Apenas sale, te mira con adoración, está muy juiciosito…

- A ver, mamá. Tú eres mi madre o la de Armando?

- La tuya, m´hija. La tuya… - Y doña Julia se calla al ver que no hay manera de hacer cambiar de opinión a Betty.

Don Roberto se aviene después que su esposa le insiste hasta que acepta, pero no está convencido.





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Llevan adelante el plan, y doña Julia comunica a familiares y amigos que va a ser mamá de nuevo.

Armando cuando se entera pone cara alucinada, luego sonríe de oreja a oreja y les dice contentillo:

- Serán picarones...





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Todo va perfectamente porque Betty apenas aumenta de volumen, y sigue rehuyendo a Armando y autoconvenciéndose de que ella sólo fue un capricho más.
“Fue culpa mía porque yo le conocía. Me arriesgué y perdí...”

Sin embargo, él cada vez sale menos, y está más hogareño y apacible. Da la impresión de que se le ha ido pasando el enfado por su rechazo.

La verdad es que después de Betty, no le llena ni le satisface ninguna, así que decide esperar a ver si consigue convencerla algún día de que es digno de confianza.





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A la presentación de la nueva colección acuden los cuatro juntos y muy elegantes.

Se acercan a saludar a Cata, y hablan con ella hasta que empiezan a llegar los invitados. Entonces los padres van a sus asientos y Betty también echa a andar, pero Armando la toma por el codo:

- Por favor, quédate conmigo y sé mi pareja como anfitriona. Ayúdame a dar la bienvenida y atender a nuestros clientes...

- Armando, yo no...

- Nadie mejor que tú. Por favor... – Suplica.

- Está bien! – Acepta y le acompaña.

La noche transcurre perfecta y Cata se dirige al atril para anunciar el comienzo del desfile.

Armando toma a Betty de la cintura atrayéndola a él para ir hacia la pasarela, cuando una larga y negra melena casi la da en la cara, impulsada por la dueña, que se abraza a Armando sin la menor discreción ni timidez.

Se ha abalanzado sobre él tan rápida que no han llegado a reconocerla.

- Oiga, señorita! – Protesta Armando.

- Cómo señorita? Te has olvidado de mí?

- Alejandra! Cómo así?

- Ya ves! Estaba en Bogotá e iba a llamarte para vernos, pero al saber que hoy presentabais la nueva colección... me hice con una invitación y acá estoy! Dispuesta a dar qué escribir y fotografiar a los reporteros de las revistas del corazón con nuestras aventuras nocturnas... – Declara sugerente mientras sigue pegada a él.

Armando, consciente de que tiene a Betty al lado, quiere cortar la indiscreta verborrea de la caraqueña.

- Alejandra, voy a presentarte a... – La ve alejarse y sentarse junto a Marcela percibiendo dolor en sus ojos. Aprieta los puños con rabia por haber perdido otra ocasión. – Siéntate por ahí, debo presentar la colección!

Pero ella se sienta en el lugar que debió ocupar Betty, y a partir de que Armando termina de hablar y va a su asiento, le monopoliza, le abduce, y se pega a él como un sello.

Después del desfile, Betty no aguanta más y con la excusa de estar cansada, avisa a su madre para que no se preocupe y se va a su refugio.

- Bettyca, Armando no la da pie. Es ella!

- Digo yo que si él quisiera, sabría librarse de ella! Y además, para tomarse esas libertades, él la habrá dado confianzas anteriormente, ah?

Doña Julia baja la cabeza asintiendo.

- Chao, mamá!

Poco después, Armando la echa en falta y la busca con la mirada por todo el salón.

Se decide y la llama al móvil, pero Betty no contesta. Así que se acerca a Marcela.

- Llámala! Hace rato que no la veo y a mí no me contesta. Estoy preocupado.

Ella lo hace pero...

- Lo tiene desconectado, Armando. Que esperas después de la exhibición que has hecho con la señorita Zing toda la velada?

- Yo no he hecho ninguna exhibición, Marcela. Ella ha estado un poco pegajosa, pero no ha hecho nada malo!

- Nada excepto acapararte y sobarte toda la noche... – Puntualiza Marcela.

- Cómo así? Respeta! – Contesta furioso. – Si la ves, dile que la estoy buscando.

Se disculpa decidido con Alejandra y la compensa presentándole a Mario. Ella acepta el cambio algo contrariada, pero allá les deja a los dos.

Sigue buscándola sin éxito, pregunta a los padres y le dicen que se ha ido.




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Tan pronto como puede, se escapa y va a casa, se asoma a su habitación y comprueba con angustia que no está.

De momento se queda bloqueado y no sabe qué hacer, pero de pronto recuerda dónde va ella cuando quiere estar sola: a su santuario...

Toma la llave y se encamina allá.

Va rezando interiormente mientras camina: “Que esté ahí, por favor...”

Recorre varias habitaciones hasta que la encuentra dormida en su propia cama, hecha un ovillo y abrazada al muñeco que él la regaló hace tiempo.

Se da cuenta que Betty ha pasado antes por la otra casa para recoger el juguete, y lo interpreta acertadamente al pensar que le añora y necesita.

Da gracias al cielo por encontrarla y porque está a salvo. Después se acuesta junto a ella, la pasa un brazo por la cintura y se duerme tranquilo.

A mitad de la noche, Betty se sobresalta al tomar conciencia de estar acompañada y se incorpora.

- Tranquila, cielo, soy yo. – Murmura Armando.

- Quién? – Aún insegura.

- Quién más te diría: “Tranquila, cielo, soy yo”? – Responde sin abrir los ojos.

- Armando?

- No, pues! Oye, con cuántos hombres has compartido cama tú? – Pregunta muy seguro de la respuesta.

- A ti te lo voy a decir... Ni más faltaba!

- Duérmete... Todavía es temprano. – Contesta sonriendo amodorrado.

Pero Betty está totalmente despierta.

- Cuánto llevas aquí?

- Desde medianoche... – Con los ojos cerrados.

- Tan pronto? Y qué hiciste con tu admiradora?

- Alejandra? – No le va a quedar otra que despertarse si quiere ser coherente y cuidadoso con las respuestas, pues está pisando hielo quebradizo...





CONTINUARÁ…


Hola, m´hijas!

Yo sé… yo sé… Unas decís que a ver si madura Armando, y otras que Betty está muy terca, y yo estoy más de acuerdo con las segundas que con las primeras, porque la verdad es que el bello bobo… no está muy alborotado, mientras que “su” Betty, le niega hasta el agua!

Qué le voy a hacer si en esta historia es ella la que me ha salido díscola? Yo intento que vayan por el caminito, pero ellos no me hacen ni puñetero caso.

Una incomprendida es lo que soy!

Ah, quería preguntaros algo: Creéis que el plan de Betty para ocultar su embarazo dará resultado?

Besos.
ese plan es muy peligroso para Betty , porque engañara a muchas personas y cuando nazca el niño que le dira , la verdad , Betty esta actuando impulsivamente y si el plan da resultado la que va a terminar mal es ella , entre semejante mentira un besito y chauu
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marg
marg

February 5th, 2004, 2:10 pm #15

Armando está muy inquieto por su ausencia, tanto que anula su salida “cinegética”.

- Julia, estos días Betty no estaba bien. No la habrá pasado algo?

- Seguro que no. Estate tranquilo, hijo.

Pasea de extremo a extremo del salón como un tigre enjaulado, y continuamente se asoma a las ventanas al menor ruido. La llama un par de veces, pero ella no le contesta.

- Pues yo estoy muy preocupado y voy a salir a buscarla! Si no la encuentro... iré a la policía...







Capítulo X.- Mamá… necesito que seas mi cómplice.




Doña Julia le ve tan angustiado que se compadece de él.

- Armando, Betty está en la casa Pinzón. Se fue dizque a pensar... pero no me gusta que pase la noche allá sola.

Ve el cielo abierto. Sonríe y dice:

- Gracias por apiadarse de mí, Julia. Usted sabe que yo la quiero por encima de todo...

Ella asiente con la cabeza, y él vuelve a hablar, mientras don Roberto asiste a la escena en silencio.

- Voy con ella. Si la convenzo vendremos, pero si no, la acompañaré.

Armando llega a la casa y abre con la llave que le ha dado doña Julia, cierra la puerta y recorre varias estancias llamándola.

Al llegar al estudio de don Hermes la ve sentada en el escritorio, con unos folios delante y un bolígrafo en la mano, con el que juguetea.

- Qué haces aquí, Armando?

- He venido a buscarte. Por qué no me has contestado? – La pregunta amable.

- Estoy en mi santuario y... no eres bienvenido.

Hace como si no la hubiera oído.

- Tu mamá no quiere que pases la noche aquí sola, así que o vuelves conmigo... o me tendré que quedar yo. Elige.

- Dada la alternativa, volveré. – Contesta después de mantenerle la mirada un tiempo.

- Qué has hecho aquí toda la tarde?

- Buscar la salida de un laberinto. – Contesta misteriosa.

- Tienes algún problema de salud, Betty?

- No te voy a comentar nada de mi vida.

- Dime sólo si estás bien de salud. No seas terca! – Insiste Armando.

- Estoy perfectamente. – Responde seca.

- OK! Vamos a casa.




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Cuando al día siguiente Betty se levanta, y con fuertes arcadas vomita hasta la primera papilla que tomó en su vida... su madre que la oye, entra en la habitación y la acompaña hasta que pasa el mal rato.

- Bettyca, debemos ir a un ginecólogo y seguramente te mandará algo para aliviar estas náuseas...

- Tienes razón, mamá. Pídeme cita e iré. Y esta tarde cuando vuelva de la empresa tenemos que hablar en privado...

- Quieres quedar en algún lugar y merendamos? – Propone la madre.

- En el café “La placita”, sí?

- Perfecto, m´hija. A las seis y media.

- Key! – Y baja rápida a la cocina.




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La jornada de trabajo transcurre con normalidad, y al terminar avisa a Armando que se va en un taxi porque ha quedado con su madre.

Entra en la cafetería y ve a su mamá que la hace una seña con la mano desde una mesita del fondo. Va hacia ella, se dan un beso y se sienta enfrente.

- Qué tal pasó el día, mamita?

- Bien. Te voy a explicar la posible solución que encontré al problema. – Está deseando contarle su idea.

- Qué desean tomar? – Pregunta la camarera.

- Dos cafés con leche, una ración de tarta de manzana y otra de chocolate! – Dispara Betty con ganas de que la dejen seguir con el tema que la interesa.

- M´hija... qué prisas!

- Ay, mamá, perdona! Como siempre pides tarta de manzana... pensé... Acaso hoy preferías otra tarta? Mira que voy a cambiarla...

- No, no. Tranquila, que está bien. Es que me ha sorprendido lo acelerada que estás. Anda sigue...

- Mamá... necesito que seas mi cómplice!

- Qué deseas que haga? – Pregunta doña Julia interesada.

- Podrías simular que eres tú la que va a ser madre... – Dispara y de pronto la abandona el valor.

- M´hijita... y quién se va a creer que yo pueda estar embarazada...? – Con ojos como platos.

- No tienes aún el periodo?

- Sí, pero...

- Y estás casada! – Razona.

- No sé qué diría Roberto, Betty, pero me atrevo a apostar que no le gustaría.

- El bebé es de tu hija y de SU hijo...

- Suponiendo que acepte, sólo servirá para poco tiempo, pues en unos meses se te empezará a notar y... qué haremos entonces?

- Irnos a la hacienda. Diremos que el médico te recomienda reposo y aire puro, y yo como buena hija... te acompañaré para cuidarte y no me separaré de ti.

- Lo tienes muy meditado... – Asegura impresionada doña Julia.

- Me pasé la tarde de ayer encerrada en nuestra casa, en el estudio de papá, pensando. Y al fin se me ocurrió esta posible solución...

Guardan silencio mientras la camarera deja sus meriendas sobre la mesita delante de ellas. Cuando se aleja, Betty continúa.

- Si Roberto accede, esto será un ESPEJISMO para todo el mundo, pues solamente percibirán una ilusión...

- Bettyca… sé tu opinión, pero… Armando ha de saberlo, tiene derecho a saber que va a ser padre. No estás siendo justa con él!

- Mamá, ser padre no es SÓLO poner una semilla!

- Armando ha cambiado, mamita. Apenas sale, te mira con adoración, está muy juiciosito…

- A ver, mamá. Tú eres mi madre o la de Armando?

- La tuya, m´hija. La tuya… - Y doña Julia se calla al ver que no hay manera de hacer cambiar de opinión a Betty.

Don Roberto se aviene después que su esposa le insiste hasta que acepta, pero no está convencido.





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Llevan adelante el plan, y doña Julia comunica a familiares y amigos que va a ser mamá de nuevo.

Armando cuando se entera pone cara alucinada, luego sonríe de oreja a oreja y les dice contentillo:

- Serán picarones...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Todo va perfectamente porque Betty apenas aumenta de volumen, y sigue rehuyendo a Armando y autoconvenciéndose de que ella sólo fue un capricho más.
“Fue culpa mía porque yo le conocía. Me arriesgué y perdí...”

Sin embargo, él cada vez sale menos, y está más hogareño y apacible. Da la impresión de que se le ha ido pasando el enfado por su rechazo.

La verdad es que después de Betty, no le llena ni le satisface ninguna, así que decide esperar a ver si consigue convencerla algún día de que es digno de confianza.





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A la presentación de la nueva colección acuden los cuatro juntos y muy elegantes.

Se acercan a saludar a Cata, y hablan con ella hasta que empiezan a llegar los invitados. Entonces los padres van a sus asientos y Betty también echa a andar, pero Armando la toma por el codo:

- Por favor, quédate conmigo y sé mi pareja como anfitriona. Ayúdame a dar la bienvenida y atender a nuestros clientes...

- Armando, yo no...

- Nadie mejor que tú. Por favor... – Suplica.

- Está bien! – Acepta y le acompaña.

La noche transcurre perfecta y Cata se dirige al atril para anunciar el comienzo del desfile.

Armando toma a Betty de la cintura atrayéndola a él para ir hacia la pasarela, cuando una larga y negra melena casi la da en la cara, impulsada por la dueña, que se abraza a Armando sin la menor discreción ni timidez.

Se ha abalanzado sobre él tan rápida que no han llegado a reconocerla.

- Oiga, señorita! – Protesta Armando.

- Cómo señorita? Te has olvidado de mí?

- Alejandra! Cómo así?

- Ya ves! Estaba en Bogotá e iba a llamarte para vernos, pero al saber que hoy presentabais la nueva colección... me hice con una invitación y acá estoy! Dispuesta a dar qué escribir y fotografiar a los reporteros de las revistas del corazón con nuestras aventuras nocturnas... – Declara sugerente mientras sigue pegada a él.

Armando, consciente de que tiene a Betty al lado, quiere cortar la indiscreta verborrea de la caraqueña.

- Alejandra, voy a presentarte a... – La ve alejarse y sentarse junto a Marcela percibiendo dolor en sus ojos. Aprieta los puños con rabia por haber perdido otra ocasión. – Siéntate por ahí, debo presentar la colección!

Pero ella se sienta en el lugar que debió ocupar Betty, y a partir de que Armando termina de hablar y va a su asiento, le monopoliza, le abduce, y se pega a él como un sello.

Después del desfile, Betty no aguanta más y con la excusa de estar cansada, avisa a su madre para que no se preocupe y se va a su refugio.

- Bettyca, Armando no la da pie. Es ella!

- Digo yo que si él quisiera, sabría librarse de ella! Y además, para tomarse esas libertades, él la habrá dado confianzas anteriormente, ah?

Doña Julia baja la cabeza asintiendo.

- Chao, mamá!

Poco después, Armando la echa en falta y la busca con la mirada por todo el salón.

Se decide y la llama al móvil, pero Betty no contesta. Así que se acerca a Marcela.

- Llámala! Hace rato que no la veo y a mí no me contesta. Estoy preocupado.

Ella lo hace pero...

- Lo tiene desconectado, Armando. Que esperas después de la exhibición que has hecho con la señorita Zing toda la velada?

- Yo no he hecho ninguna exhibición, Marcela. Ella ha estado un poco pegajosa, pero no ha hecho nada malo!

- Nada excepto acapararte y sobarte toda la noche... – Puntualiza Marcela.

- Cómo así? Respeta! – Contesta furioso. – Si la ves, dile que la estoy buscando.

Se disculpa decidido con Alejandra y la compensa presentándole a Mario. Ella acepta el cambio algo contrariada, pero allá les deja a los dos.

Sigue buscándola sin éxito, pregunta a los padres y le dicen que se ha ido.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como puede, se escapa y va a casa, se asoma a su habitación y comprueba con angustia que no está.

De momento se queda bloqueado y no sabe qué hacer, pero de pronto recuerda dónde va ella cuando quiere estar sola: a su santuario...

Toma la llave y se encamina allá.

Va rezando interiormente mientras camina: “Que esté ahí, por favor...”

Recorre varias habitaciones hasta que la encuentra dormida en su propia cama, hecha un ovillo y abrazada al muñeco que él la regaló hace tiempo.

Se da cuenta que Betty ha pasado antes por la otra casa para recoger el juguete, y lo interpreta acertadamente al pensar que le añora y necesita.

Da gracias al cielo por encontrarla y porque está a salvo. Después se acuesta junto a ella, la pasa un brazo por la cintura y se duerme tranquilo.

A mitad de la noche, Betty se sobresalta al tomar conciencia de estar acompañada y se incorpora.

- Tranquila, cielo, soy yo. – Murmura Armando.

- Quién? – Aún insegura.

- Quién más te diría: “Tranquila, cielo, soy yo”? – Responde sin abrir los ojos.

- Armando?

- No, pues! Oye, con cuántos hombres has compartido cama tú? – Pregunta muy seguro de la respuesta.

- A ti te lo voy a decir... Ni más faltaba!

- Duérmete... Todavía es temprano. – Contesta sonriendo amodorrado.

Pero Betty está totalmente despierta.

- Cuánto llevas aquí?

- Desde medianoche... – Con los ojos cerrados.

- Tan pronto? Y qué hiciste con tu admiradora?

- Alejandra? – No le va a quedar otra que despertarse si quiere ser coherente y cuidadoso con las respuestas, pues está pisando hielo quebradizo...





CONTINUARÁ…


Hola, m´hijas!

Yo sé… yo sé… Unas decís que a ver si madura Armando, y otras que Betty está muy terca, y yo estoy más de acuerdo con las segundas que con las primeras, porque la verdad es que el bello bobo… no está muy alborotado, mientras que “su” Betty, le niega hasta el agua!

Qué le voy a hacer si en esta historia es ella la que me ha salido díscola? Yo intento que vayan por el caminito, pero ellos no me hacen ni puñetero caso.

Una incomprendida es lo que soy!

Ah, quería preguntaros algo: Creéis que el plan de Betty para ocultar su embarazo dará resultado?

Besos.
a pesar de la explicación que le pueda dar Armando me parece que ella seguira pensando mal, y no estaria mal que fuera de verdad que su madre de verdad estuviera embarazada, haber que hacia entonces con su embarazo sin tener a quien endosarselo.Yo creo que deberia darle alguna confianza a Armando y creerle de vez en cuando, pues en el mundo de la moda en que se desemvuelve es normal que más de una vez tenga que lidiar con pesadas como la Alejandra. Besos.
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Gala
Gala

February 5th, 2004, 8:29 pm #16

Armando está muy inquieto por su ausencia, tanto que anula su salida “cinegética”.

- Julia, estos días Betty no estaba bien. No la habrá pasado algo?

- Seguro que no. Estate tranquilo, hijo.

Pasea de extremo a extremo del salón como un tigre enjaulado, y continuamente se asoma a las ventanas al menor ruido. La llama un par de veces, pero ella no le contesta.

- Pues yo estoy muy preocupado y voy a salir a buscarla! Si no la encuentro... iré a la policía...







Capítulo X.- Mamá… necesito que seas mi cómplice.




Doña Julia le ve tan angustiado que se compadece de él.

- Armando, Betty está en la casa Pinzón. Se fue dizque a pensar... pero no me gusta que pase la noche allá sola.

Ve el cielo abierto. Sonríe y dice:

- Gracias por apiadarse de mí, Julia. Usted sabe que yo la quiero por encima de todo...

Ella asiente con la cabeza, y él vuelve a hablar, mientras don Roberto asiste a la escena en silencio.

- Voy con ella. Si la convenzo vendremos, pero si no, la acompañaré.

Armando llega a la casa y abre con la llave que le ha dado doña Julia, cierra la puerta y recorre varias estancias llamándola.

Al llegar al estudio de don Hermes la ve sentada en el escritorio, con unos folios delante y un bolígrafo en la mano, con el que juguetea.

- Qué haces aquí, Armando?

- He venido a buscarte. Por qué no me has contestado? – La pregunta amable.

- Estoy en mi santuario y... no eres bienvenido.

Hace como si no la hubiera oído.

- Tu mamá no quiere que pases la noche aquí sola, así que o vuelves conmigo... o me tendré que quedar yo. Elige.

- Dada la alternativa, volveré. – Contesta después de mantenerle la mirada un tiempo.

- Qué has hecho aquí toda la tarde?

- Buscar la salida de un laberinto. – Contesta misteriosa.

- Tienes algún problema de salud, Betty?

- No te voy a comentar nada de mi vida.

- Dime sólo si estás bien de salud. No seas terca! – Insiste Armando.

- Estoy perfectamente. – Responde seca.

- OK! Vamos a casa.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Cuando al día siguiente Betty se levanta, y con fuertes arcadas vomita hasta la primera papilla que tomó en su vida... su madre que la oye, entra en la habitación y la acompaña hasta que pasa el mal rato.

- Bettyca, debemos ir a un ginecólogo y seguramente te mandará algo para aliviar estas náuseas...

- Tienes razón, mamá. Pídeme cita e iré. Y esta tarde cuando vuelva de la empresa tenemos que hablar en privado...

- Quieres quedar en algún lugar y merendamos? – Propone la madre.

- En el café “La placita”, sí?

- Perfecto, m´hija. A las seis y media.

- Key! – Y baja rápida a la cocina.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




La jornada de trabajo transcurre con normalidad, y al terminar avisa a Armando que se va en un taxi porque ha quedado con su madre.

Entra en la cafetería y ve a su mamá que la hace una seña con la mano desde una mesita del fondo. Va hacia ella, se dan un beso y se sienta enfrente.

- Qué tal pasó el día, mamita?

- Bien. Te voy a explicar la posible solución que encontré al problema. – Está deseando contarle su idea.

- Qué desean tomar? – Pregunta la camarera.

- Dos cafés con leche, una ración de tarta de manzana y otra de chocolate! – Dispara Betty con ganas de que la dejen seguir con el tema que la interesa.

- M´hija... qué prisas!

- Ay, mamá, perdona! Como siempre pides tarta de manzana... pensé... Acaso hoy preferías otra tarta? Mira que voy a cambiarla...

- No, no. Tranquila, que está bien. Es que me ha sorprendido lo acelerada que estás. Anda sigue...

- Mamá... necesito que seas mi cómplice!

- Qué deseas que haga? – Pregunta doña Julia interesada.

- Podrías simular que eres tú la que va a ser madre... – Dispara y de pronto la abandona el valor.

- M´hijita... y quién se va a creer que yo pueda estar embarazada...? – Con ojos como platos.

- No tienes aún el periodo?

- Sí, pero...

- Y estás casada! – Razona.

- No sé qué diría Roberto, Betty, pero me atrevo a apostar que no le gustaría.

- El bebé es de tu hija y de SU hijo...

- Suponiendo que acepte, sólo servirá para poco tiempo, pues en unos meses se te empezará a notar y... qué haremos entonces?

- Irnos a la hacienda. Diremos que el médico te recomienda reposo y aire puro, y yo como buena hija... te acompañaré para cuidarte y no me separaré de ti.

- Lo tienes muy meditado... – Asegura impresionada doña Julia.

- Me pasé la tarde de ayer encerrada en nuestra casa, en el estudio de papá, pensando. Y al fin se me ocurrió esta posible solución...

Guardan silencio mientras la camarera deja sus meriendas sobre la mesita delante de ellas. Cuando se aleja, Betty continúa.

- Si Roberto accede, esto será un ESPEJISMO para todo el mundo, pues solamente percibirán una ilusión...

- Bettyca… sé tu opinión, pero… Armando ha de saberlo, tiene derecho a saber que va a ser padre. No estás siendo justa con él!

- Mamá, ser padre no es SÓLO poner una semilla!

- Armando ha cambiado, mamita. Apenas sale, te mira con adoración, está muy juiciosito…

- A ver, mamá. Tú eres mi madre o la de Armando?

- La tuya, m´hija. La tuya… - Y doña Julia se calla al ver que no hay manera de hacer cambiar de opinión a Betty.

Don Roberto se aviene después que su esposa le insiste hasta que acepta, pero no está convencido.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Llevan adelante el plan, y doña Julia comunica a familiares y amigos que va a ser mamá de nuevo.

Armando cuando se entera pone cara alucinada, luego sonríe de oreja a oreja y les dice contentillo:

- Serán picarones...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Todo va perfectamente porque Betty apenas aumenta de volumen, y sigue rehuyendo a Armando y autoconvenciéndose de que ella sólo fue un capricho más.
“Fue culpa mía porque yo le conocía. Me arriesgué y perdí...”

Sin embargo, él cada vez sale menos, y está más hogareño y apacible. Da la impresión de que se le ha ido pasando el enfado por su rechazo.

La verdad es que después de Betty, no le llena ni le satisface ninguna, así que decide esperar a ver si consigue convencerla algún día de que es digno de confianza.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A la presentación de la nueva colección acuden los cuatro juntos y muy elegantes.

Se acercan a saludar a Cata, y hablan con ella hasta que empiezan a llegar los invitados. Entonces los padres van a sus asientos y Betty también echa a andar, pero Armando la toma por el codo:

- Por favor, quédate conmigo y sé mi pareja como anfitriona. Ayúdame a dar la bienvenida y atender a nuestros clientes...

- Armando, yo no...

- Nadie mejor que tú. Por favor... – Suplica.

- Está bien! – Acepta y le acompaña.

La noche transcurre perfecta y Cata se dirige al atril para anunciar el comienzo del desfile.

Armando toma a Betty de la cintura atrayéndola a él para ir hacia la pasarela, cuando una larga y negra melena casi la da en la cara, impulsada por la dueña, que se abraza a Armando sin la menor discreción ni timidez.

Se ha abalanzado sobre él tan rápida que no han llegado a reconocerla.

- Oiga, señorita! – Protesta Armando.

- Cómo señorita? Te has olvidado de mí?

- Alejandra! Cómo así?

- Ya ves! Estaba en Bogotá e iba a llamarte para vernos, pero al saber que hoy presentabais la nueva colección... me hice con una invitación y acá estoy! Dispuesta a dar qué escribir y fotografiar a los reporteros de las revistas del corazón con nuestras aventuras nocturnas... – Declara sugerente mientras sigue pegada a él.

Armando, consciente de que tiene a Betty al lado, quiere cortar la indiscreta verborrea de la caraqueña.

- Alejandra, voy a presentarte a... – La ve alejarse y sentarse junto a Marcela percibiendo dolor en sus ojos. Aprieta los puños con rabia por haber perdido otra ocasión. – Siéntate por ahí, debo presentar la colección!

Pero ella se sienta en el lugar que debió ocupar Betty, y a partir de que Armando termina de hablar y va a su asiento, le monopoliza, le abduce, y se pega a él como un sello.

Después del desfile, Betty no aguanta más y con la excusa de estar cansada, avisa a su madre para que no se preocupe y se va a su refugio.

- Bettyca, Armando no la da pie. Es ella!

- Digo yo que si él quisiera, sabría librarse de ella! Y además, para tomarse esas libertades, él la habrá dado confianzas anteriormente, ah?

Doña Julia baja la cabeza asintiendo.

- Chao, mamá!

Poco después, Armando la echa en falta y la busca con la mirada por todo el salón.

Se decide y la llama al móvil, pero Betty no contesta. Así que se acerca a Marcela.

- Llámala! Hace rato que no la veo y a mí no me contesta. Estoy preocupado.

Ella lo hace pero...

- Lo tiene desconectado, Armando. Que esperas después de la exhibición que has hecho con la señorita Zing toda la velada?

- Yo no he hecho ninguna exhibición, Marcela. Ella ha estado un poco pegajosa, pero no ha hecho nada malo!

- Nada excepto acapararte y sobarte toda la noche... – Puntualiza Marcela.

- Cómo así? Respeta! – Contesta furioso. – Si la ves, dile que la estoy buscando.

Se disculpa decidido con Alejandra y la compensa presentándole a Mario. Ella acepta el cambio algo contrariada, pero allá les deja a los dos.

Sigue buscándola sin éxito, pregunta a los padres y le dicen que se ha ido.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como puede, se escapa y va a casa, se asoma a su habitación y comprueba con angustia que no está.

De momento se queda bloqueado y no sabe qué hacer, pero de pronto recuerda dónde va ella cuando quiere estar sola: a su santuario...

Toma la llave y se encamina allá.

Va rezando interiormente mientras camina: “Que esté ahí, por favor...”

Recorre varias habitaciones hasta que la encuentra dormida en su propia cama, hecha un ovillo y abrazada al muñeco que él la regaló hace tiempo.

Se da cuenta que Betty ha pasado antes por la otra casa para recoger el juguete, y lo interpreta acertadamente al pensar que le añora y necesita.

Da gracias al cielo por encontrarla y porque está a salvo. Después se acuesta junto a ella, la pasa un brazo por la cintura y se duerme tranquilo.

A mitad de la noche, Betty se sobresalta al tomar conciencia de estar acompañada y se incorpora.

- Tranquila, cielo, soy yo. – Murmura Armando.

- Quién? – Aún insegura.

- Quién más te diría: “Tranquila, cielo, soy yo”? – Responde sin abrir los ojos.

- Armando?

- No, pues! Oye, con cuántos hombres has compartido cama tú? – Pregunta muy seguro de la respuesta.

- A ti te lo voy a decir... Ni más faltaba!

- Duérmete... Todavía es temprano. – Contesta sonriendo amodorrado.

Pero Betty está totalmente despierta.

- Cuánto llevas aquí?

- Desde medianoche... – Con los ojos cerrados.

- Tan pronto? Y qué hiciste con tu admiradora?

- Alejandra? – No le va a quedar otra que despertarse si quiere ser coherente y cuidadoso con las respuestas, pues está pisando hielo quebradizo...





CONTINUARÁ…


Hola, m´hijas!

Yo sé… yo sé… Unas decís que a ver si madura Armando, y otras que Betty está muy terca, y yo estoy más de acuerdo con las segundas que con las primeras, porque la verdad es que el bello bobo… no está muy alborotado, mientras que “su” Betty, le niega hasta el agua!

Qué le voy a hacer si en esta historia es ella la que me ha salido díscola? Yo intento que vayan por el caminito, pero ellos no me hacen ni puñetero caso.

Una incomprendida es lo que soy!

Ah, quería preguntaros algo: Creéis que el plan de Betty para ocultar su embarazo dará resultado?

Besos.
leer lo que tenia atrasado de esta historia y me gusta mucho , pero no crees que el pobre Armando la esta pagando muy duro? espero que la descubra pronto ... Besotes .
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KARMEN
KARMEN

February 5th, 2004, 11:16 pm #17

Armando está muy inquieto por su ausencia, tanto que anula su salida “cinegética”.

- Julia, estos días Betty no estaba bien. No la habrá pasado algo?

- Seguro que no. Estate tranquilo, hijo.

Pasea de extremo a extremo del salón como un tigre enjaulado, y continuamente se asoma a las ventanas al menor ruido. La llama un par de veces, pero ella no le contesta.

- Pues yo estoy muy preocupado y voy a salir a buscarla! Si no la encuentro... iré a la policía...







Capítulo X.- Mamá… necesito que seas mi cómplice.




Doña Julia le ve tan angustiado que se compadece de él.

- Armando, Betty está en la casa Pinzón. Se fue dizque a pensar... pero no me gusta que pase la noche allá sola.

Ve el cielo abierto. Sonríe y dice:

- Gracias por apiadarse de mí, Julia. Usted sabe que yo la quiero por encima de todo...

Ella asiente con la cabeza, y él vuelve a hablar, mientras don Roberto asiste a la escena en silencio.

- Voy con ella. Si la convenzo vendremos, pero si no, la acompañaré.

Armando llega a la casa y abre con la llave que le ha dado doña Julia, cierra la puerta y recorre varias estancias llamándola.

Al llegar al estudio de don Hermes la ve sentada en el escritorio, con unos folios delante y un bolígrafo en la mano, con el que juguetea.

- Qué haces aquí, Armando?

- He venido a buscarte. Por qué no me has contestado? – La pregunta amable.

- Estoy en mi santuario y... no eres bienvenido.

Hace como si no la hubiera oído.

- Tu mamá no quiere que pases la noche aquí sola, así que o vuelves conmigo... o me tendré que quedar yo. Elige.

- Dada la alternativa, volveré. – Contesta después de mantenerle la mirada un tiempo.

- Qué has hecho aquí toda la tarde?

- Buscar la salida de un laberinto. – Contesta misteriosa.

- Tienes algún problema de salud, Betty?

- No te voy a comentar nada de mi vida.

- Dime sólo si estás bien de salud. No seas terca! – Insiste Armando.

- Estoy perfectamente. – Responde seca.

- OK! Vamos a casa.




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Cuando al día siguiente Betty se levanta, y con fuertes arcadas vomita hasta la primera papilla que tomó en su vida... su madre que la oye, entra en la habitación y la acompaña hasta que pasa el mal rato.

- Bettyca, debemos ir a un ginecólogo y seguramente te mandará algo para aliviar estas náuseas...

- Tienes razón, mamá. Pídeme cita e iré. Y esta tarde cuando vuelva de la empresa tenemos que hablar en privado...

- Quieres quedar en algún lugar y merendamos? – Propone la madre.

- En el café “La placita”, sí?

- Perfecto, m´hija. A las seis y media.

- Key! – Y baja rápida a la cocina.




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La jornada de trabajo transcurre con normalidad, y al terminar avisa a Armando que se va en un taxi porque ha quedado con su madre.

Entra en la cafetería y ve a su mamá que la hace una seña con la mano desde una mesita del fondo. Va hacia ella, se dan un beso y se sienta enfrente.

- Qué tal pasó el día, mamita?

- Bien. Te voy a explicar la posible solución que encontré al problema. – Está deseando contarle su idea.

- Qué desean tomar? – Pregunta la camarera.

- Dos cafés con leche, una ración de tarta de manzana y otra de chocolate! – Dispara Betty con ganas de que la dejen seguir con el tema que la interesa.

- M´hija... qué prisas!

- Ay, mamá, perdona! Como siempre pides tarta de manzana... pensé... Acaso hoy preferías otra tarta? Mira que voy a cambiarla...

- No, no. Tranquila, que está bien. Es que me ha sorprendido lo acelerada que estás. Anda sigue...

- Mamá... necesito que seas mi cómplice!

- Qué deseas que haga? – Pregunta doña Julia interesada.

- Podrías simular que eres tú la que va a ser madre... – Dispara y de pronto la abandona el valor.

- M´hijita... y quién se va a creer que yo pueda estar embarazada...? – Con ojos como platos.

- No tienes aún el periodo?

- Sí, pero...

- Y estás casada! – Razona.

- No sé qué diría Roberto, Betty, pero me atrevo a apostar que no le gustaría.

- El bebé es de tu hija y de SU hijo...

- Suponiendo que acepte, sólo servirá para poco tiempo, pues en unos meses se te empezará a notar y... qué haremos entonces?

- Irnos a la hacienda. Diremos que el médico te recomienda reposo y aire puro, y yo como buena hija... te acompañaré para cuidarte y no me separaré de ti.

- Lo tienes muy meditado... – Asegura impresionada doña Julia.

- Me pasé la tarde de ayer encerrada en nuestra casa, en el estudio de papá, pensando. Y al fin se me ocurrió esta posible solución...

Guardan silencio mientras la camarera deja sus meriendas sobre la mesita delante de ellas. Cuando se aleja, Betty continúa.

- Si Roberto accede, esto será un ESPEJISMO para todo el mundo, pues solamente percibirán una ilusión...

- Bettyca… sé tu opinión, pero… Armando ha de saberlo, tiene derecho a saber que va a ser padre. No estás siendo justa con él!

- Mamá, ser padre no es SÓLO poner una semilla!

- Armando ha cambiado, mamita. Apenas sale, te mira con adoración, está muy juiciosito…

- A ver, mamá. Tú eres mi madre o la de Armando?

- La tuya, m´hija. La tuya… - Y doña Julia se calla al ver que no hay manera de hacer cambiar de opinión a Betty.

Don Roberto se aviene después que su esposa le insiste hasta que acepta, pero no está convencido.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Llevan adelante el plan, y doña Julia comunica a familiares y amigos que va a ser mamá de nuevo.

Armando cuando se entera pone cara alucinada, luego sonríe de oreja a oreja y les dice contentillo:

- Serán picarones...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Todo va perfectamente porque Betty apenas aumenta de volumen, y sigue rehuyendo a Armando y autoconvenciéndose de que ella sólo fue un capricho más.
“Fue culpa mía porque yo le conocía. Me arriesgué y perdí...”

Sin embargo, él cada vez sale menos, y está más hogareño y apacible. Da la impresión de que se le ha ido pasando el enfado por su rechazo.

La verdad es que después de Betty, no le llena ni le satisface ninguna, así que decide esperar a ver si consigue convencerla algún día de que es digno de confianza.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A la presentación de la nueva colección acuden los cuatro juntos y muy elegantes.

Se acercan a saludar a Cata, y hablan con ella hasta que empiezan a llegar los invitados. Entonces los padres van a sus asientos y Betty también echa a andar, pero Armando la toma por el codo:

- Por favor, quédate conmigo y sé mi pareja como anfitriona. Ayúdame a dar la bienvenida y atender a nuestros clientes...

- Armando, yo no...

- Nadie mejor que tú. Por favor... – Suplica.

- Está bien! – Acepta y le acompaña.

La noche transcurre perfecta y Cata se dirige al atril para anunciar el comienzo del desfile.

Armando toma a Betty de la cintura atrayéndola a él para ir hacia la pasarela, cuando una larga y negra melena casi la da en la cara, impulsada por la dueña, que se abraza a Armando sin la menor discreción ni timidez.

Se ha abalanzado sobre él tan rápida que no han llegado a reconocerla.

- Oiga, señorita! – Protesta Armando.

- Cómo señorita? Te has olvidado de mí?

- Alejandra! Cómo así?

- Ya ves! Estaba en Bogotá e iba a llamarte para vernos, pero al saber que hoy presentabais la nueva colección... me hice con una invitación y acá estoy! Dispuesta a dar qué escribir y fotografiar a los reporteros de las revistas del corazón con nuestras aventuras nocturnas... – Declara sugerente mientras sigue pegada a él.

Armando, consciente de que tiene a Betty al lado, quiere cortar la indiscreta verborrea de la caraqueña.

- Alejandra, voy a presentarte a... – La ve alejarse y sentarse junto a Marcela percibiendo dolor en sus ojos. Aprieta los puños con rabia por haber perdido otra ocasión. – Siéntate por ahí, debo presentar la colección!

Pero ella se sienta en el lugar que debió ocupar Betty, y a partir de que Armando termina de hablar y va a su asiento, le monopoliza, le abduce, y se pega a él como un sello.

Después del desfile, Betty no aguanta más y con la excusa de estar cansada, avisa a su madre para que no se preocupe y se va a su refugio.

- Bettyca, Armando no la da pie. Es ella!

- Digo yo que si él quisiera, sabría librarse de ella! Y además, para tomarse esas libertades, él la habrá dado confianzas anteriormente, ah?

Doña Julia baja la cabeza asintiendo.

- Chao, mamá!

Poco después, Armando la echa en falta y la busca con la mirada por todo el salón.

Se decide y la llama al móvil, pero Betty no contesta. Así que se acerca a Marcela.

- Llámala! Hace rato que no la veo y a mí no me contesta. Estoy preocupado.

Ella lo hace pero...

- Lo tiene desconectado, Armando. Que esperas después de la exhibición que has hecho con la señorita Zing toda la velada?

- Yo no he hecho ninguna exhibición, Marcela. Ella ha estado un poco pegajosa, pero no ha hecho nada malo!

- Nada excepto acapararte y sobarte toda la noche... – Puntualiza Marcela.

- Cómo así? Respeta! – Contesta furioso. – Si la ves, dile que la estoy buscando.

Se disculpa decidido con Alejandra y la compensa presentándole a Mario. Ella acepta el cambio algo contrariada, pero allá les deja a los dos.

Sigue buscándola sin éxito, pregunta a los padres y le dicen que se ha ido.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como puede, se escapa y va a casa, se asoma a su habitación y comprueba con angustia que no está.

De momento se queda bloqueado y no sabe qué hacer, pero de pronto recuerda dónde va ella cuando quiere estar sola: a su santuario...

Toma la llave y se encamina allá.

Va rezando interiormente mientras camina: “Que esté ahí, por favor...”

Recorre varias habitaciones hasta que la encuentra dormida en su propia cama, hecha un ovillo y abrazada al muñeco que él la regaló hace tiempo.

Se da cuenta que Betty ha pasado antes por la otra casa para recoger el juguete, y lo interpreta acertadamente al pensar que le añora y necesita.

Da gracias al cielo por encontrarla y porque está a salvo. Después se acuesta junto a ella, la pasa un brazo por la cintura y se duerme tranquilo.

A mitad de la noche, Betty se sobresalta al tomar conciencia de estar acompañada y se incorpora.

- Tranquila, cielo, soy yo. – Murmura Armando.

- Quién? – Aún insegura.

- Quién más te diría: “Tranquila, cielo, soy yo”? – Responde sin abrir los ojos.

- Armando?

- No, pues! Oye, con cuántos hombres has compartido cama tú? – Pregunta muy seguro de la respuesta.

- A ti te lo voy a decir... Ni más faltaba!

- Duérmete... Todavía es temprano. – Contesta sonriendo amodorrado.

Pero Betty está totalmente despierta.

- Cuánto llevas aquí?

- Desde medianoche... – Con los ojos cerrados.

- Tan pronto? Y qué hiciste con tu admiradora?

- Alejandra? – No le va a quedar otra que despertarse si quiere ser coherente y cuidadoso con las respuestas, pues está pisando hielo quebradizo...





CONTINUARÁ…


Hola, m´hijas!

Yo sé… yo sé… Unas decís que a ver si madura Armando, y otras que Betty está muy terca, y yo estoy más de acuerdo con las segundas que con las primeras, porque la verdad es que el bello bobo… no está muy alborotado, mientras que “su” Betty, le niega hasta el agua!

Qué le voy a hacer si en esta historia es ella la que me ha salido díscola? Yo intento que vayan por el caminito, pero ellos no me hacen ni puñetero caso.

Una incomprendida es lo que soy!

Ah, quería preguntaros algo: Creéis que el plan de Betty para ocultar su embarazo dará resultado?

Besos.
De las que piensan que Betty es demasiado terca, y que se mereceria un buen castigo, y es que realmente Armando decidiera olvidarse de ella ( es solo un ataque de coraje.... no me hagas mucho caso).

En cuanto al plan, me parece absurdo y descabellado, bien esta que ella no quiera hacerse cargo del niño y lo ceda a su mama y a don Roberto (o acaso no se ha dado cuenta que haciendo lo pasar por hijo de julia, el bebe solo seria su hermano), pero no tiene derecho a negarle la paternidad a Armando.

Bueno esta Betty me pone de los nervios, asi que espero que recapacite, hable tranquilamente con Armando y arreglen algo.

Muchos besicos.
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