ESPEJISMOS.- Capítulo VIII

Calipso
Calipso

January 28th, 2004, 4:32 pm #1


- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
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Joined: February 26th, 2003, 3:26 pm

January 28th, 2004, 4:48 pm #2

No sé yo, no sé yo... No veo el asunto fácil porque el pobre hombre ha creado fama y todo se vuelve en su contra.

Le va a tocar a Betty recuperarlo, ¿o no?

Besicos
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mari
mari

January 28th, 2004, 5:09 pm #3

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




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Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




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Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
prontito pues no tiene!! es que Armando es un poco cazurro y ella es demasiado desconfiada, tal vez ella también necesite salir por ahí con otros hombres,a ver si de ese modo él madura y ella pues se centra de una vez!!

besicos!!
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sofia y encarni
sofia y encarni

January 28th, 2004, 6:16 pm #4

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




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Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
parece que no, poruqe por el camino que va armando lo unico que va a conseguir es que betty haga igual para darle celos, esto es un circulo vicioso entre los dos!! jejejeje, a ver cuanto aguantan asi...
besitossss y nos encantó el capi!!!
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Almendra
Almendra

January 28th, 2004, 7:13 pm #5

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
hayy... no se arreglan para nada... y sabes Betty me cae gordo!!!! como puede ser tan tontona!!!!...
espero el proximo
besos
Almendra.
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Mar (mex)
Mar (mex)

January 28th, 2004, 7:21 pm #6

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
Mal en peor, la verdad es que no veo mejoria de nada, por una parte noto una mala actitud de ella, primero porque se supone que si le da una nueva oportunidad (esta segunda) es borron y cuenta nueva, no puede estarlo señalando de acuerdo a los errores del pasado, y segundo que Armando en lugar de ponerse a la tarea de mostrarle que ha cambiado lo hace a la inversa.. se porta como un bebito.. y nada de nada, debe demostrarle el que ha madurado y eso no se hace de un dia a otro.. los dos son unos bobos , muy grandes!!

Muchos besos

Mar
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eternidad
eternidad

January 28th, 2004, 7:53 pm #7

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
lo de estos dos no tiene visos de arreglarse ni con intervención cuasidivina de Santa Rita. No, ni en broma. Estos dos lo llevan mal, mal. Espero que pronto se den cuenta de lo estúpidos que son y descubran que su amor es lo más importnate. Veremos que sucede. Un beso.
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Cata
Cata

January 28th, 2004, 9:19 pm #8

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




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Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
más bien parece que la cosa va a peor. Betty ya sabemos que es un rato terca, pero es que las "excusas" que da él son para no perdonarlo.

Como no pase algo muy fuerte que dé un giro a esa relación, me temo que la reconciliación se va a demorar.

Como siempre me tienes bien enganchada a tu historia.

Muchos besitos, Calipso.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

January 28th, 2004, 9:35 pm #9

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




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Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




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Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




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Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




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Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




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Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
El de estos dos, entre que ella es más terca que una mula y que él parece que no termina de madurar, porque las excusas que le da y la táctica de convertirse en el ligón del año, le van a hacer mucha pupa a su relación. Encima lo de convivir juntos, es otro follón, a lo mejor le da a alguno la ventolera de largarse de la casa. Bueno ya veremos que pasa. Besos
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Sara G.
Sara G.

January 28th, 2004, 10:25 pm #10

- Dame una oportunidad...

- Ya has tenido dos!

- DOS? – Pregunta muy sorprendido.

- Sí. La primera fue cuando acabaste la carrera. Se te olvidó?

- Pero, Betty. Aquello pasó cuando éramos unos chiquillos, y yo no supe reaccionar.

- Es que toda la vida vas a andar de chiquillada en chiquillada. Y yo no estoy dispuesta a compartir mi vida con un adolescente imberbe que nunca madura. Yo entonces sí era una chiquilla, pero ya sabía a quien amaba… A Armando Mendoza Sáenz! Sólo por eso ocurrió lo que ocurrió…






Capítulo VIII.- Para tu alivio y mi infortunio…




- Ya estabas enamorada de mí? – Sorprendido.

- Ni recuerdo desde cuando. – Confiesa Betty.

- Y cuando volvimos a encontrarnos... seguías amándome?

- Sí.

- Y ahora?

- Ya no, Armando. No más! Me desengañé de conseguir tu amor. – Miente como una bellaca. - No es leal, ni duradero...




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Una vez en casa, van a sus habitaciones para asearse y ponerse ropa más cómoda.

Armando se queda allá, taciturno, pensando: “Ahora sí que la embarré... definitivamente. Seguí las bromas de Calderón... la descarada de Claudia demostró lo que siempre hemos sabido... que no tiene vergüenza... y yo me presté al juego como un adolescente irreflexivo e imbécil!”

Betty, sin embargo, baja al salón para charlar con su madre, y no hacerla sospechar que está disgustada.

Se traga su desencanto, pone buena cara y conversa de asuntos intrascendentes hasta que les avisan para cenar.

- Chelo, llame a Armando, por favor. No ha bajado desde que llegó.

- Ahora mismo, don Roberto.

Minutos después Armando baja las escaleras y busca sus ojos, pero Betty mira hacia otro lado conscientemente.

- Perdonadme. Me descuidé!

- Nada, hijo. No te preocupes. – Le disculpa doña Julia. – Vamos al comedor!

Armando le ofrece el brazo y entran seguidos de Betty y don Roberto.

Se sienta cada uno en su lugar y llega el peor momento, pues están situados uno frente a otro.

Betty se esfuerza en participar activamente en la conversación para que no se note la tirantez que hay entre ellos, y esquiva su persistente mirada hablando y volviendo continuamente la cabeza de don Roberto a su madre, y viceversa.

Armando, sin embargo, guarda silencio y no la quita la vista de encima, cada vez más irritado por la locuacidad y la indiferencia que ella le demuestra, y está absolutamente seguro de que ambas son falsas.

- Hijo, te ocurre algo? Estás muy callado y tienes una expresión tan sombría...

- Estoy bien, papá. No tengas cuidado.

- Hay algún problema con Ecomoda?

- No. La empresa marcha perfectamente.

- Entonces, Armando? Se te ve preocupado... – Tercia doña Julia.


- De verdad, no pasa nada. Sólo estoy dando vueltas a un asunto... – La mira intensamente.

Betty concentra la atención en su plato y come con interés, obviándole.

Doña Julia que es muy perspicaz, empieza a sospechar que el “asunto” es entre ellos dos y se dedica a observarles el resto de la cena, confirmándolo.

Pasan al salón a tomar café, y después los padres se van con unos amigos a un teatro.

La madre no se va a gusto, porque no la provoca dejarles solos con esa actitud que les ha visto, pero...




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Tan pronto como los padres salen de casa, Betty quita la sonrisa que había instalado en su cara y sube escaleras arriba para encerrarse en su dormitorio, pero Armando que está alerta, asciende los peldaños de dos en dos alcanzándola.

- Betty! – La sujeta un brazo.

- Suéltame! – Sacude el brazo liberándose.

- Escucha!

- Armando, no insistas! Te he dicho bien claro que se acabó.

- Por favor... – Suplica.

- Déjame en paz! No estoy de humor para discutir!

- Tengo que explicarte. Qué te cuesta escucharme? Oír mi versión?

- Está bien! Habla! – Cede para que la deje de una buena vez.

- Aquí no. Entremos a mi cuarto. – Sugiere él.

- Ah, no! – Echa a andar de nuevo.

Y nuevamente la detiene tomándola un brazo.

- Armando... – Con tono de advertencia.

- Entra, escúchame y no te impediré que te vayas cuando termine.

- Seguro?

- Te lo juro, Betty.

Pasa, avanza hasta la puerta de la terraza y se apoya en ella.

- Claudia es una fresca, pero sólo se trataba de una broma, un juego… No más! Estábamos en público!

- Podías habértela separado.

- Iba a hacerlo discretamente, Betty. Si en público rehúso bruscamente esa broma de mal gusto, pero broma al fin, daría imagen de medio hombre! Los hombres no podemos rechazar fácilmente a una mujer sin razones bien serias, porque sale malparada su hombría.

Le mira de arriba abajo.

- A ver si entiendo. Si una mujer… en público… y en broma… te acosa… tú te dejarías violar, incluso con una sonrisa, para que nadie piense que eres colega de Hugo! Pues mira, ahora que sé lo que puedo esperar de ti, te aseguro que no me interesa.

Él comienza a hablar, justificarse, acercarse...

- Armando, no!

- Mi amor, no es así…

- Me voy!

- Cielo... – La abraza y empieza a besarla.

Betty, al comprender que no puede ganar, simula rendirse. Poco a poco la va acercando a la cama, se deja caer encima con ella abrazada, y sigue con el ritual de seducción convencido de que está funcionando.

Afloja el abrazo y comienza a intentar liberarla de la ropa, Betty le siente muy, muy, muy incandescente y...

- Bueno, Armando, pues ahora sigue tú solito, porque yo ya te avisé que no me provoca nada estar contigo.

Se incorpora y se va dejándole con la boca abierta y cierta cosa demostrando que “todo lo que sube... baja.”

- BETTY! – Masculla dando un puñetazo en la almohada.




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Durante el desayuno la mira resentido entornando los ojos, y ella, divertida al recordar la escaramuza nocturna, evita cruzar la vista con él.

Va a pedir al chófer que la acerque a Ecomoda, cuando aparece don Roberto dispuesto a desayunar para que le lleven ellos a un banco, porque el conductor está con fiebre. Así que no la queda otra que ir con él.

Cuando quedan solos en el coche, un silencio tenso se instala entre ellos hasta que...

- Cómo fuiste capaz...? – La pregunta resentido.

- Me hiciste entrar con intenciones ocultas! Fue defensa propia. – Alega tan llena de razón.

- Pero es que tú nunca escuchas? Te formas una idea… y esa ya es inamovible! – Ve que no hay manera de convencerla. – Sólo me importas tú!

La mira de vez en cuando mientras conduce, pero Betty vuelve la cabeza hacia la calle y así la deja.




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Coinciden en el garaje con Mario, y mientras suben en el ascensor dice Armando rabioso:

- Hermano, a ver si me encuentras en el oráculo una gacelita rica, rica, para esta noche.

Calderón les mira alternativamente a uno y otro, pero Betty está hierática como una esfinge.

- Cómo así? – Le pregunta extrañado.

- Y me da igual cómo sea! Al fin y a la postre... todas son iguales! – La mira desafiante.

- Tigre... no estarán mal por lo de ayer del show-room con Claudia? Es una descarada, pero sólo fue una broma sin malicia... – Vuelve a mirar a Betty.

- Déjalo, Mario. Ser monógamo ha resultado tremendo error. El mayor que he cometido en mi vida!

Salen del elevador y tira un beso a una modelo que se cruza con ellos.

Definitivamente se ha desmadrado.

Betty se aleja apresurada hacia la intimidad de su despacho, y Mario cada vez más sorprendido recrimina a Armando.

- Pero qué ocurre? Por qué te portas así con Betty? Ella no lo merece.

- Sabré yo lo que se merece! Ven a presidencia. – Una vez dentro sigue desahogándose. – La he sido total y absolutamente fiel, y desconfía de mí permanentemente... Puesto que me condena y rechaza sin motivo, a partir de ahora la voy a dar razones!




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Ella intenta trabajar, pero no consigue concentrarse. Se dice que debería estar satisfecha por haberse librado de semejante bribón, pero se echa a llorar y no sale de la empresa ni para comer.

A la hora de salir, Armando encarga a Sofía que la avise.

- Betty, don Armando la espera para ir a casa.

- Pues, por favor, dígale que iré en taxi, así que no hace falta que me espere.

La secretaria transmite el mensaje y él va a buscarla.

Entra sin llamar y dice brusco:

- Apaga el ordenador y vámonos.

- No iré contigo, Armando. – Contesta aguantando los nervios.

- Julia me va a preguntar por ti, y no la voy a responder que te deje en la empresa y vuelves en taxi, así que te llevo a casa y luego haces lo que quieras.

No puede más y rompe a llorar.

- Betty, por qué lo haces tan difícil? – La pregunta sentándose en la silla de enfrente.

- No admito compartirte! – Le contesta furiosa.

- No me compartes, ni me has compartido! Carajo!

- Mentira! Ayer en el show-room, hoy al salir del elevador en mi propia cara, las del oráculo... y todas las que no sé!

- No te he sido infiel. Has malinterpretado lo que eran simples bromas como lo de ayer; o una reacción de revancha como la de esta mañana del oráculo, y el beso que tiré a la que nos cruzamos. Me crees?

- NO!

- En ese caso, y convencido de que nunca me creerás... “para tu alivio y mi infortunio... renuncio a ti.” Vamos a casa. – Se levanta y echa a andar.

Betty cree morir al escucharle... pero la maldita terquedad…




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Pactan ir y venir juntos a la empresa, pero sin hablarse. Como dos extraños.

Él sale de rumba a diario con Mario, Daniel y Nicolás.

Con frecuencia recibe llamadas de mujeres en el teléfono de casa y en el celular, las atiende amable y sonriente, pero las conversaciones son cortas.

En Ecomoda le ven mariposear de flor en flor con todas las modelos con más descaro que nunca, e incluso se empieza a oír que tiene una amante.

Pero a pesar de todo, cada día su humor empeora y resurge la hiena...





CONTINUARÁ…



Cómo está el patio, ah?

Se veía venir, porque él necesita demostrar que es muy hombre en toda ocasión… y ella tan desconfiada…

En fin, m´hijas, nos toca tener paciencia. Creéis que esto tiene pinta de arreglarse prontico?

Besos.
ambos tienen que poner de su parte: Betty teniendo menos desconfianza ante situaciones como la de Claudia, y Armando también debe cambiar no dejándose tentar tan facilmente con el único pretexto de que es un hombre.
Besos.
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