ESPEJISMOS.- Capítulo V

Joined: January 5th, 2003, 7:12 pm

January 17th, 2004, 11:32 am #1


- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
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Cata
Cata

January 17th, 2004, 12:35 pm #2

no sé que habría pasado porque estaban muy "animaditos".

No creo que a Armando le guste nada que las chicas salgan solas de rumba. Pero a ellas seguro que eso no les va a importar mucho.

Parece que Armando tiene muy claros sus sentimientos, pero me parece bien que Betty "se haga la dura" un poco más.

Besitos, Calipso.
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sofia y encarni
sofia y encarni

January 17th, 2004, 1:29 pm #3

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



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Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



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Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



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Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
sufra!!! jejeje, por todo lo que le hizo pasar a betty, aunque el ya ha admitido que la ama es bueno hacerle sufrir un poquito..... a ver que pasa en esa rumba que se van a dar las tres,,
besitooss
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

January 17th, 2004, 1:32 pm #4

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




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A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
Porque pueden poner a Armando a cien, con sus rumbeos. Ya no solo deberá estar pendiente de su "hermanastra", sino también de su hermanita...¡pobre!, con lo machista y posesivo que se suele poner con las mujeres que le importan. Besos
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sandra
sandra

January 17th, 2004, 3:10 pm #5

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



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Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



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Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



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Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
uyuyuyuy que pokito a faltado... weno almenos ya han pasado a los besitos. aver la q montan con camila... q peligro!

BESOTES!
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AINARA
AINARA

January 17th, 2004, 4:17 pm #6

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



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Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
ESTO ESTA MUY MUY MUY MUY PERO QUE MUY INTERESANTE, ESPERO QUE NO TE TARDES MUCHO EN PONER EL SIGUIENTE QUE ME DA ALGO, Y LUEGO LA CULPABLE YA SABES QUIEN VA A SER, NO?????

UN BESO Y SE DESPUES DE LO DICHO SE DA POR SUPUESTO QUE ME HA ENCANTADO ESTE CAPI,NO??????

MUAC.
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Mar (mex)
Mar (mex)

January 17th, 2004, 4:26 pm #7

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



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Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



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Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
Calientita... la verdad es que si no llega Doña Julia quien sabe que pudo haber pasado.. que me imagino que hubiera sido de una gozada!! JEJE Ahora si Armando tendra que aplicarse y nada de nada comportarse como antes.. ahora me pregunto si sera cierto eso de quererla??

Muchos besos

Mar
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eternidad
eternidad

January 17th, 2004, 6:23 pm #8

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




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A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



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Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
hace unos dias era un hombre del que habia que desconfiar, un cerdo egoista...y ahora uqe la ve bonita de repente cambia...no, no me gusta nada, nada, etso. Veremos que pasa. Un besito.Yo que Betty no me fiaba todavia demasiado pronto cambió de sentimientos el bello bobo para mi gusto. Ciao
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mari
mari

January 17th, 2004, 8:47 pm #9

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ




A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



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Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



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Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



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Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
no se fie de Armando con la cara dura y desgrasiado como diría Patty que fue con ella en el pasado, ahora pero parece más centradito y seguro de su amor por ella a ver si es verdad!! y bueno, habrá que ver esa salida de tres las consecuencias que trae jajaj me ha encantado el capi!!

besos!!
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marg
marg

January 18th, 2004, 10:30 am #10

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa??? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.



- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.
Y se abrazan los dos conspiradores.






Capítulo V.- La tercera palabra.



La velada transcurre muy agradable, y ambos se esmeran en ser amables, de modo que disfrutan del teatro y de la cena posterior, pues don Roberto les había reservado mesa en un restaurante.

Se despiden en el pasillo, ante la habitación de Betty.

- Lo he pasado rico, Armando. Gracias.

- Gracias a ti, Betty, por haber aceptado ir conmigo y por tu adorable compañía. Ya viste cuales son los nombres de las tres cosas grandes que hacen temblar al hombre?

- Sí. – Responde tímida. - Dios, la Muerte, y… el AMOR.

- Esa tercera palabra es lo que yo siento por ti, pero no quieres creerme…

- Buenas noches, Armando. Hasta mañana. – Y abre su puerta para evitar que él se vaya a poner romántico.

- Que tengas bonitos sueños, princesa...

“Princesa! Me ha dicho princesa! Debo estar alerta, porque éste… quiere llevarme al huerto!” Piensa Betty.

Mientras ella cierra, y Armando se dirige a su cuarto, dos personajes se aprietan las manos tras su puerta, y se regocijan felices por el aparente éxito de su plan. Tremendos casamenteros!




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A partir de entonces, su relación es más fácil y grata.

Betty empieza a poner excusas a Mario, y sale con él más de tarde en tarde, yendo únicamente a tomar una copa y volviendo a casa a buena hora para cenar con la familia. Armando está más contento que unas pascuas al ver que su hermano va perdiendo terreno, pero no hace ningún comentario.

Optimista y confiando en su buena estrella, Armando compra entradas para ir al ballet “Cascanueces”, de Tchaikowski. Pero espera a decírselo al llegar a casa, delante de los padres, que se han revelado como incondicionales aliados, por si necesita ayuda para convencerla.

- Te provoca, Betty? – Pregunta esperanzado mientras la sonríe travieso.

- Está bien... – Aparenta ser condescendiente, pero para nada iba a negarse.

- Gracias! – Él se da un beso en el dedo índice y lo posa en la nariz de Betty.
A continuación sube a cambiarse de ropa frotándose las manos.


La ve disfrutar enormemente con la música que es una de sus favoritas, y en un momento de audacia... la toma la mano. Betty le mira, sonríe, y se suelta.

No lo vuelve a intentar, pero al despedirse en el pasillo de casa, la atrapa una mano y se la besa con rapidez.

- Gracias! – Y se retira veloz.

Ella entra a su dormitorio y se dice: “Betty, Betty... Te estás ablandando! Y es que hasta donde tú sabes… está portándose muy juiciosito. Pero, tendrás que ver cómo evoluciona esto...” Y se encoge de hombros entrando al baño.



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Es sábado y Betty necesita pensar, así que sale a pasear y se va a su casa.

Al cruzar el jardín toma nota mental para avisar al jardinero, pues da sensación de descuidado y no la agrada verlo así.

Llega a la casa y sube los cinco escalones que hay hasta el porche, evitando pisar la alfombra de hojas que se amontona en ellos, luego introduce la llave en la cerradura, la gira, y entra.

Contempla con añoranza las estancias que va recorriendo, pues a pesar de estar a gusto en casa de los Mendoza, no deja de ser un hogar ajeno para ella. Ésta, en cambio, es la suya.

Sube a su habitación, retira la funda que tapa una estantería y pasa delicadamente las yemas de los dedos por sus peluches, por los lomos de los libros, por los ositos de cerámica, porcelana y madera que ha ido reuniendo hasta formar una simpática colección.

Levanta un poco la persiana y se sienta delante de la ventana. Recuerda el pasado con sus padres, y sobre todo con Armando. Piensa en el presente con ÉL, y se pregunta si tendrán un futuro juntos. Está tan formal y maduro... No sabe si apostar por alcanzar una vida feliz con él y arriesgarse, o renunciar al riesgo… pues podría volver a perder y… no quiere sufrir!

En fin... se levanta indecisa, y sigue recorriendo la casa.

Cuando llega al trastero, descubre la bicicleta y de pronto la apetece dar unas vueltecitas. Han pasado años desde que no monta y hace ejercicio... Será verdad que uno nunca se olvida de montar en bici...? – Se pregunta.

Está a punto de echar la pierna y sentarse en el sillín porque parece estar en buen estado, cuando observa que los neumáticos están desinflados.



Mira alrededor buscando la bomba, los infla, y al fin sale a dar unas vueltas por el jardín. Piensa que si tiene algún tropiezo y cae... con un poco de suerte la humillación quedará en privado.

Ya lleva un rato montando, y cada vez se siente más segura.

Inopinadamente, un perro se cuela por un hueco de la valla, y comienza a perseguirla ladrando. Betty pedalea cada vez más deprisa, pero como ya lleva rato, y hace mucho tiempo que no practica, está bastante cansada.

Grita pidiendo socorro, aunque sin mucha confianza en que la oigan... y de pronto ve a Armando ante ella agachándose para coger una rama del suelo. Le sobrepasa y él queda frente al perro, que se detiene y le amenaza mostrándole los dientes.

Armando levanta el brazo blandiendo la rama y consigue atemorizarle, pero oye un ruido a su espalda, y se vuelve a tiempo de ver cómo Betty se choca contra un árbol y cae.

- Betty! Qué te has hecho? – Pregunta mirando alternativamente a ella y al perro.

- Nada importante. Son sólo unos arañazos... – Dice levantándose dolorida.

- Quédate detrás de mí, entonces.

Armando echa a andar con decisión hacia el animal, y el perro al verle tan resuelto, baja las orejas y el rabo, se da media vuelta con rapidez y desaparece por el hueco de la valla tal como entró.

Armando se dirige entonces hacia Betty para examinarla el brazo, cuando ella presa de los nervios, se le abraza y aferra fuertemente.

- Qué susto he pasado!

Se aprieta más contra él, y naturalmente Armando no rehúye el contacto y la rodea con sus brazos, dándola palmaditas en la espalda.

- Ya pasó, mi amor. Tu caballero andante llegó a tiempo de salvarte de ese dragón, que te atacaba bajo la forma de “bestia salvaje”. – Sonríe estrechándola suavemente. La besa el pelo y añade. - Hay que curar esos rasguños, cielo.

Betty se da cuenta de que está entre sus brazos y se suelta despacico.

- Qué pena contigo! Debo cerrar bien la casa…


- OK! Primero vamos a desinfectar el rasponazo, luego te quedas tranquilita, me indicas, y cierro todo.

- Y cómo es que viniste acá? – Le pregunta intrigada.

- Es que salí a hacer footing, y cuando iba de regreso a casa oí tus llamadas de auxilio...

- Ese horrible perro empezó a perseguirme muy furioso, y cada vez más deprisa... Cuando apareciste... estaba a punto de alcanzarme. Gracias. – Le aprieta una mano.

- De nada. Cómo crees? La suerte es que pasaba cerca y te escuché.

Guardan la bicicleta en el trastero, y Betty le indica.

- Hay que bajar la persiana de mi cuarto y cerrar bien la puerta de la casa.

- Espérame acá, ahora mismo lo hago y bajo contigo.

Luego los dos regresan caminando juntos a casa, y bastante contentos de haberse sentido tan próximos, aunque sólo haya sido por unos minutos.



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Ecomoda y ellos continúan bastante bien, así que cuando Armando ve un anuncio de la Compañía Lírica Española que está realizando una gira por Hispanoamérica, se informa de cuando actuarán en Bogotá y compra cuatro entradas, dos para que sus padres vayan a una representación y dos para ellos asistir a otra, pues prefiere ir solo con Betty.

Esta vez ella no pone ninguna excusa y va muy confiada, porque él está muy juiciosito.

En el entreacto de la zarzuela salen a tomar un refresco y se encuentran con unos conocidos de Armando. Les presenta a Betty y charlan amigablemente un rato, hasta que oyen la música que anuncia la reanudación de la obra.

Se despiden para volver a sus asientos y uno les dice:

- Espero que la próxima vez que nos veamos, nos den la noticia de que ya son novios...

- Cómo así? – Pregunta Armando sorprendido.

- Porque se les nota a los dos en cómo se miran y admiran! Ja, ja, ja...

- Aunque ya comprendo que si conoce tu fama... no será fácil convencerla. – Añade la joven.

Betty abre los ojos asombrada de la perspicacia de la otra pareja que ríe abiertamente.

- Suerte a los dos, y chao! – Se despiden al fin y se alejan.

Armando se encoge de hombros, la ofrece el brazo y se encaminan a sus asientos para asistir al segundo acto.

Al término de la función, Armando la toma de la mano, se la besa y la mantiene en la suya hasta subir al coche.

Cuando llegan a casa y aparcan en el garaje, él intenta volver a tomarla de la mano, pero Betty reacciona nerviosa.

- Armando! Deja de acosarme!

- Desde cuando besarte la mano es acosarte? – Pregunta sorprendido.

- Siento que continuamente me observas...

- Estoy loco por ti... – Confiesa despacio, mirándola a los ojos.

- Durará poco, no te preocupes. Sólo es locura transitoria, hasta que consigas embaucarme... – Intenta resistirse, pero no sabe si a él o a sí misma.

Han llegado al pasillo, ella avanza hasta su habitación y entra. Pero Armando, que la seguía enfurruñado, se cuela tras ella y cierra.

- Sal! – Le ordena susurrando para evitar que les oigan.

- Tú me amas. Reconócelo!

- No siento nada. – Le encara retadora.

Siguen cuchicheando. Armando la abraza reteniéndola pegada a él y la dice:

- No quieres admitirlo porque estás hecha una cobarde...

- Presuntuoso! No me haces sentir NADA.

- Bésame pues, y me lo demuestras.

- Suéltame! No quiero que me toques.

- Pues hace tiempo, bien que te gustaba... – La recuerda mimoso.

- Entonces yo era inocente y confiada.

Armando baja la cabeza y la besa, primero a la fuerza y luego ella comienza a responder.

Al abrir los ojos ve caer una lágrima.

- Qué pasa, cielo? – La pregunta en el oído, y luego besa la mejilla enjugando esa lágrima.

- Es que... no creo en ti.

- Bueeeno, ya llegará. Te estoy molestando? Quieres que pare?

- Es que no sé! – Realmente no sabe si él será sincero o si sólo querrá divertirse, pero sí sabe cuanto le ama ella. No se sorprende al notar como su cuerpo se aprieta contra él.

-Sigo pues? – Con voz ronca.

- Por favor...

Siguen abrazados besándose, hasta que unos minutos después oyen un toque en la puerta, y ésta se abre a continuación impulsada por doña Julia.

- Oh, perdón!

Se disculpa y sale de inmediato, pero se queda esperando a Armando en el pasillo, hasta que le ve salir y se acerca a él.

- M´hijo, no la hagas sufrir de nuevo. No juegues con ella... – Le pide repentinamente intranquila, por si la intervención de ella y don Roberto pudiera resultar perjudicial para Betty.


- Dª Julia, estoy enamorado de Betty de verdad, pero no confía en mí y necesito convencerla de mi sinceridad.

- Seguro?

- Completamente.

- Si es así… Hasta mañana, Armando. Que duermas bien.

- Igualmente.

Y cada uno se encamina a su dormitorio.



ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ



Unas semanas después Camila llama a casa para decir que viene de vacaciones, y Betty al entrar a la empresa por la mañana, se aleja de él apresurada.

- Chao, Armando!

- Será que me dices dónde es el fuego? – Pregunta intrigado.

- Tengo que hablar con Marcela!

Toca con los nudillos en la puerta y entra sin esperar respuesta.

- Marce, sabes qué?

- No... Explícate!

- Pasado mañana viene Cami!

- Fantástico! – Exclama levantándose. – Cuánto va a quedarse?

- Dizque un mes. – Responde Betty.

- De nuevo juntas las tres! Parece increíble, verdad? – Las dos se quedan un momento en silencio recordando. Betty vuelve a la realidad y confirma:

- Sí, Marcela, parece increíble... Voy a trabajar y luego hablamos, porque tenemos que organizarnos y salir de rumba nosotras solitas! – Guiña un ojo a su amiga.




CONTINUARÁ…



Hola, chicas.

Disculpad las dudas de Betty, pero está muy confundida. Por un lado su memoria la trae malos recuerdos, pero por otra, su corazón vuela detrás de Armando… Y en medio de este lío, está ella.

Pero se lo va a tomar con tranquilidad, y además creo que las niñas se nos van a escapar… Veremos que opina el bello bobo.

Gracias por vuestras opiniones y sugerencias. Las tengo en cuenta. Besos.
esperemos que a Armando no le de un patatus cuando se entere que van a salir las tres solas.Besos.
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