isabel
isabel

January 15th, 2004, 12:06 am #11

Él imaginaba que por las tardes, daba un paseo o iba de tiendas con Marcela, y luego tempranico... a casita con mamá! Sí, sí... Su niña, más que casera... había resultado revoltosa!

Quedan los dos en silencio un momento reflexionando. Luego vuelve a hablar Mario.

- Quiere que las sigamos?

- NO! Ni modo! Si las seguimos y nos descubren... Caput!






Capítulo IV.- Argucia femenina?




Llega el día de la boda. Amanece una mañana espléndida y madre e hija desayunan sentadas plácidamente en la cocina.

- Bettica, cree que hago bien volviéndome a casar? Yo no voy a olvidar a Hermes, pero me siento tan sola... aunque ahora usted volvió, pero debe vivir sin tener que estar pendiente de sacar de paseo o divertir a su mamá...

- Mamá, pues claro que hace bien. Papá no querría verla siempre sola y encerrada en casa! Y además, Roberto es el mejor hombre que puede encontrar. No tenga preocupación. Acierta de pleno.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





La ceremonia resulta perfecta, y al terminar salen del brazo los novios sonriendo radiantes, sin ocultar su felicidad, y tras ellos los padrinos... Betty y Armando.

Ella apoya levemente la mano en el antebrazo de Armando, y él con la otra mano cubre la de Betty reteniéndola y acariciándola con delicadeza.

- Armando, tengamos la fiesta en paz, sí? – Le dice entre dientes pero sonriendo a la galería.

- Key! – Y le suelta la mano riendo con buen humor.


Después de la comida anuncian que va a empezar el baile, y los novios se dirigen al centro de la pista. Bailan un vals y luego invitan a bailar a los padrinos, de modo que don Roberto lo hace con Betty y doña Julia con Armando.

Al terminar la pieza, el padre va a buscar a su esposa, y ofrece a su hijo emparejarse con Betty, que sonríe a don Roberto, pero frunce el ceño mirando a Armando, y éste disfruta al notar la prevención que ella le tiene.

Baila correcto y no hace ningún intento de aprovecharse de la situación, así que ella consiente bailar con él varias piezas más.

- Por qué no juegas conmigo y me provocas, como haces cuando sales por ahí de rumba con nuestra querida Marcela? – La pregunta quedamente al oído.

Betty se separa lo justo y le mira alzando una ceja.

- Cómo así?

- Un pajarito me contó que te gusta insinuarte a papitos... y cuando se animan, les dejas con las ganas.

- Te informaron mal. Eso es sólo un chisme malintencionado. – Miente descaradamente.

- Pues qué decepción! Me hubiera gustado tanto jugar ese juego contigo... – Con sonrisa traviesa.

Betty piensa que también la gustaría, y no descarta hacerlo cuando ella lo decida.

Por otra parte ha comprobado lo que sabe de siempre: su corazón es fiel aliado de Armando, en contra de su propio cerebro. Es un traidor que aún late cuando le ve... y ahora que está entre sus brazos compartiendo su calor, sintiendo sus manos en la espalda y su aliento en la piel... acuden a su cabeza aquellas sensaciones y recuerdos que creía olvidados: esa calidez, esa ternura con que la acariciaba... sus labios rociándola de dulces besos... definitivamente su cuerpo le añora!

- Aaah...! – Se oye suspirar al tiempo que se estremece.

Horrorizada por haberse descubierto, apoya la frente en el hombro de él para que no la vea ruborizada.

Pero está segura que Armando lo ha intuido, pues la ha estrechado más.

Y así es. Confirma que Betty todavía siente por él... y él se muere por conseguir que vuelva a ser suya.

Deja de sonar la música, y viendo que su cuerpo tiene iniciativas propias, sin contar con la autorización de ella... pone tierra por medio y baila con los amigos de siempre: Nicolás, Daniel, Mario...

Armando se consuela observándola con una copa de champán en la mano, y no vuelve a bailar, a pesar de que alguna joven se lo propone.

Se excusa cordialmente, y cuando Betty le mira, levanta la copa brindando con ella.

Finalmente llega la hora de retirarse y la lleva a casa de los Pinzón. Se despiden en el coche parado ante la puerta.

- Betty, no me quedo tranquilo sabiendo que estás sola!

- No tengas ninguna preocupación, Armando, y gracias por traerme.

- Ven a casa. Sabes que sobran habitaciones y no estaremos solos, pues está Chelo.

- Esta es mi casa, y voy a estar perfectamente. Vete tranquilo.

- Pues mira que no me voy tranquilo. Déjame quedarme entonces...

- Ni más faltaba! Ahora mismo conecto la alarma y ya está!

- Me voy, Betty, pero no me gusta. Llámame por cualquier cosa que necesites y en menos de un minuto estoy aquí.

- Te lo prometo, y adiós! – Comienza a cerrar la puerta.

- Te recojo a las siete y media, pero no me voy hasta que cierres, y mañana buscaremos una solución que nos guste a los dos!





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Al día siguiente Armando sigue insistiendo, y dice que de ninguna manera va a consentir que se quede sola una noche más.

Betty comprende que tiene razón, pues aunque no lo confiesa, pasó algo de miedo hasta quedarse dormida.

- Está bien, Armando. Hablaré con Marcela y me quedaré a dormir en su casa hasta que vuelvan nuestros padres.

Él acepta a pesar de no ser su opción ideal, pero al menos no estará sola.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Los padres regresan un sábado, dos semanas después, y Betty ha ido temprano a su casa para empezar a empacar sus cosas.

Armando va con el carro a recogerla, abre la puerta con la llave que le dio doña Julia y sube la escalera.

Escucha hablar a Betty y presta atención, pues creía que estaba sola. Entonces oye la voz de Nicolás:

- Amiga, estará contenta. Va a ver cumplido uno de sus mayores deseos... vivir con Armando...

- Nicolás!

- No me va a negar que sigue loquita por sus huesos!

Armando sonríe en el rellano, satisfecho.

- Deja ya el tema, por favor. Estará a punto de llegar y...

Se calla al volverse y ver a Armando de pie en la puerta.

“Tierra trágame! Seguro que ha oído al imprudente de Nicolás, y ahora... con información confidencial! Lo que le faltaba a este donjuán de pacotilla...” Se dice Betty para sus adentros.

Armando la sonríe y disimula.

- Buenos días, Betty, Nicolás... Ya tienes preparado lo que te llevas?

- Sí. Prácticamente está todo. – Contesta guardando en la última bolsa un muñeco que él la regaló.

Le puso de nombre “Armani”, y Armando se alegra al ver que no sólo lo ha conservado, sino que además se lo lleva consigo.

- Voy bajando las maletas. – Dice.

- Espera y te ayudo a cargarlas en el coche. – Exclama Nicolás y bajan juntos varios bultos.

Poco después llegan ellos dos a casa de los Mendoza, y Betty corre a abrazar a su madre y a don Roberto. Hablan del viaje, de los lugares que han conocido y después, doña Julia la guía hasta su habitación, que resulta ser la siguiente a la de él.





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Armando la ha invitado varias veces a salir por la noche, pero ella siempre rehúsa.
Sólo van juntos a Ecomoda en el coche de él, y también regresan así cuando Betty no se va con Marcela o con Mario, que la convida alguna vez y salen a tomar una copa, o a cenar, o incluso a bailar...

Esas noches, la espera despierto en su habitación y deja la puerta abierta para verla pasar. “Por si tiene que partirle la cara a su hermano”, dizque.

- Buenas noches, Armando. – Le dice al pasar.

- Buenas noches, Betty. Lo pasaste rico?

- Sí, gracias.

- Te sientes a gusto con Mario?

- Claro. Es un viejo y buen amigo.

- Mejor que yo, verdad? – Pregunta dolido.

- … Distinto. – Dice después de pensar.

- Pero en él... sí confías.

- No creas. En eso vais a la par.

- Pues, entonces no lo entiendo! - Dice cargado de razón.

- El qué? – Pregunta Betty intrigada.

- A mí me rechazas todas las invitaciones y a Mario se las aceptas. Para salir con un hombre en el que no confías... SAL CONMIGO!!!

Betty se queda totalmente descolocada y no sabe qué responder al perfecto razonamiento de Armando.

- Verás... – Dice al fin. – Es que a la falta de confianza que me inspiras, hay que añadirle la mala experiencia que tuve contigo...

- Las personas cambian, Betty.

- Ya! Tú cambiaste de ser un empollón, a ser un conquistador sin corazón!

- Desde que nos volvimos a encontrar... ya me dirás qué puedes censurarme, y sin embargo, terca que terca, me niegas casi hasta el saludo.

Betty va a responder, pero él cierra la puerta visiblemente disgustado.

Entonces sigue hasta su cuarto pensativa, porque Armando tiene razón en que ella le desaira sin piedad. Pero es plenamente consciente… Se está vengando!


Transcurren unos días en que le ve bastante abatido, y ella escarmentada, duda si él estará dando esa imagen para ablandarla, o estará celoso de verdad. Pero, de momento no deja de salir con Calderón, por si acaso...





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





Una tarde, según llegan de la empresa, entran al salón para saludar a los padres y ven que don Roberto les contempla muy sonriente.

- Buenas tardes, hijos. Qué planes tienen para esta noche?

Ellos dos se miran sin entender.

- Ninguno, papá. Quedarme en casa. – Contesta Armando.

- Yo también.

- Pues, ved lo que hemos comprado para vosotros... – Y muestra en la mano dos localidades para el teatro. - “La tercera palabra”, de Alejandro Casona. Sabéis cuál es esa tercera palabra?

- No. – Contestan a dúo.

- Pues si queréis averiguarlo, la función empieza a las ocho de la tarde, así que estáis de afán! Vamos!

- Oh, sí hijos! Nosotros fuimos la semana pasada y nos gustó mucho. Disfrutaréis! – Les anima doña Julia.

- Sí, yo sé papá, Julia. Gracias, pero creo que Betty viene cansada de todo el día y no... – Se adelanta para evitar imponerla su compañía u obligarla a inventarse una excusa, ya que sabe que Betty no quiere nada con él.

- Oh, no Armando! No estoy cansada, y me provoca mucho ir... Gracias.

La mira pasmado.

- Aaah! Sí…?

El bello bobo se ratifica en su convicción: “Jamás entenderé a las mujeres! Cuando más seguro estoy de algo...”

- Sí, Armando. Por favor, vamos! – Suplica sonriéndole con morritos.

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.





ÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇÇ





- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.

Y se abrazan los dos conspiradores.




CONTINUARÁ…




Hola, m´hijas! Yo también quiero tenerle más tiempo sufriendo y mordiéndose los puños de celos, pero ya sabéis que los personajes muchas veces nos llevan hacia donde ellos quieren, y esta vez los que se me han revelado son los papás de los dos!

Yo voy a seguirme resistiendo, y haré lo que pueda para que Armando no lo tenga fácil.

En fin, besos y si os provoca… me dejáis vuestra opinión.
a armando le ha ha salido ayuda extra,nada mas y nada menos que su papa y doña julia,
veremos que tal lo aprovecha,
aunque no se,creo que betty tiene algo en mente,
para haber aceptado tan rapido sin poner pegas.
besoss¡¡¡¡¡¡¡¡
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Carla R
Carla R

January 15th, 2004, 1:17 am #12

Él imaginaba que por las tardes, daba un paseo o iba de tiendas con Marcela, y luego tempranico... a casita con mamá! Sí, sí... Su niña, más que casera... había resultado revoltosa!

Quedan los dos en silencio un momento reflexionando. Luego vuelve a hablar Mario.

- Quiere que las sigamos?

- NO! Ni modo! Si las seguimos y nos descubren... Caput!






Capítulo IV.- Argucia femenina?




Llega el día de la boda. Amanece una mañana espléndida y madre e hija desayunan sentadas plácidamente en la cocina.

- Bettica, cree que hago bien volviéndome a casar? Yo no voy a olvidar a Hermes, pero me siento tan sola... aunque ahora usted volvió, pero debe vivir sin tener que estar pendiente de sacar de paseo o divertir a su mamá...

- Mamá, pues claro que hace bien. Papá no querría verla siempre sola y encerrada en casa! Y además, Roberto es el mejor hombre que puede encontrar. No tenga preocupación. Acierta de pleno.





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La ceremonia resulta perfecta, y al terminar salen del brazo los novios sonriendo radiantes, sin ocultar su felicidad, y tras ellos los padrinos... Betty y Armando.

Ella apoya levemente la mano en el antebrazo de Armando, y él con la otra mano cubre la de Betty reteniéndola y acariciándola con delicadeza.

- Armando, tengamos la fiesta en paz, sí? – Le dice entre dientes pero sonriendo a la galería.

- Key! – Y le suelta la mano riendo con buen humor.


Después de la comida anuncian que va a empezar el baile, y los novios se dirigen al centro de la pista. Bailan un vals y luego invitan a bailar a los padrinos, de modo que don Roberto lo hace con Betty y doña Julia con Armando.

Al terminar la pieza, el padre va a buscar a su esposa, y ofrece a su hijo emparejarse con Betty, que sonríe a don Roberto, pero frunce el ceño mirando a Armando, y éste disfruta al notar la prevención que ella le tiene.

Baila correcto y no hace ningún intento de aprovecharse de la situación, así que ella consiente bailar con él varias piezas más.

- Por qué no juegas conmigo y me provocas, como haces cuando sales por ahí de rumba con nuestra querida Marcela? – La pregunta quedamente al oído.

Betty se separa lo justo y le mira alzando una ceja.

- Cómo así?

- Un pajarito me contó que te gusta insinuarte a papitos... y cuando se animan, les dejas con las ganas.

- Te informaron mal. Eso es sólo un chisme malintencionado. – Miente descaradamente.

- Pues qué decepción! Me hubiera gustado tanto jugar ese juego contigo... – Con sonrisa traviesa.

Betty piensa que también la gustaría, y no descarta hacerlo cuando ella lo decida.

Por otra parte ha comprobado lo que sabe de siempre: su corazón es fiel aliado de Armando, en contra de su propio cerebro. Es un traidor que aún late cuando le ve... y ahora que está entre sus brazos compartiendo su calor, sintiendo sus manos en la espalda y su aliento en la piel... acuden a su cabeza aquellas sensaciones y recuerdos que creía olvidados: esa calidez, esa ternura con que la acariciaba... sus labios rociándola de dulces besos... definitivamente su cuerpo le añora!

- Aaah...! – Se oye suspirar al tiempo que se estremece.

Horrorizada por haberse descubierto, apoya la frente en el hombro de él para que no la vea ruborizada.

Pero está segura que Armando lo ha intuido, pues la ha estrechado más.

Y así es. Confirma que Betty todavía siente por él... y él se muere por conseguir que vuelva a ser suya.

Deja de sonar la música, y viendo que su cuerpo tiene iniciativas propias, sin contar con la autorización de ella... pone tierra por medio y baila con los amigos de siempre: Nicolás, Daniel, Mario...

Armando se consuela observándola con una copa de champán en la mano, y no vuelve a bailar, a pesar de que alguna joven se lo propone.

Se excusa cordialmente, y cuando Betty le mira, levanta la copa brindando con ella.

Finalmente llega la hora de retirarse y la lleva a casa de los Pinzón. Se despiden en el coche parado ante la puerta.

- Betty, no me quedo tranquilo sabiendo que estás sola!

- No tengas ninguna preocupación, Armando, y gracias por traerme.

- Ven a casa. Sabes que sobran habitaciones y no estaremos solos, pues está Chelo.

- Esta es mi casa, y voy a estar perfectamente. Vete tranquilo.

- Pues mira que no me voy tranquilo. Déjame quedarme entonces...

- Ni más faltaba! Ahora mismo conecto la alarma y ya está!

- Me voy, Betty, pero no me gusta. Llámame por cualquier cosa que necesites y en menos de un minuto estoy aquí.

- Te lo prometo, y adiós! – Comienza a cerrar la puerta.

- Te recojo a las siete y media, pero no me voy hasta que cierres, y mañana buscaremos una solución que nos guste a los dos!





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Al día siguiente Armando sigue insistiendo, y dice que de ninguna manera va a consentir que se quede sola una noche más.

Betty comprende que tiene razón, pues aunque no lo confiesa, pasó algo de miedo hasta quedarse dormida.

- Está bien, Armando. Hablaré con Marcela y me quedaré a dormir en su casa hasta que vuelvan nuestros padres.

Él acepta a pesar de no ser su opción ideal, pero al menos no estará sola.





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Los padres regresan un sábado, dos semanas después, y Betty ha ido temprano a su casa para empezar a empacar sus cosas.

Armando va con el carro a recogerla, abre la puerta con la llave que le dio doña Julia y sube la escalera.

Escucha hablar a Betty y presta atención, pues creía que estaba sola. Entonces oye la voz de Nicolás:

- Amiga, estará contenta. Va a ver cumplido uno de sus mayores deseos... vivir con Armando...

- Nicolás!

- No me va a negar que sigue loquita por sus huesos!

Armando sonríe en el rellano, satisfecho.

- Deja ya el tema, por favor. Estará a punto de llegar y...

Se calla al volverse y ver a Armando de pie en la puerta.

“Tierra trágame! Seguro que ha oído al imprudente de Nicolás, y ahora... con información confidencial! Lo que le faltaba a este donjuán de pacotilla...” Se dice Betty para sus adentros.

Armando la sonríe y disimula.

- Buenos días, Betty, Nicolás... Ya tienes preparado lo que te llevas?

- Sí. Prácticamente está todo. – Contesta guardando en la última bolsa un muñeco que él la regaló.

Le puso de nombre “Armani”, y Armando se alegra al ver que no sólo lo ha conservado, sino que además se lo lleva consigo.

- Voy bajando las maletas. – Dice.

- Espera y te ayudo a cargarlas en el coche. – Exclama Nicolás y bajan juntos varios bultos.

Poco después llegan ellos dos a casa de los Mendoza, y Betty corre a abrazar a su madre y a don Roberto. Hablan del viaje, de los lugares que han conocido y después, doña Julia la guía hasta su habitación, que resulta ser la siguiente a la de él.





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Armando la ha invitado varias veces a salir por la noche, pero ella siempre rehúsa.
Sólo van juntos a Ecomoda en el coche de él, y también regresan así cuando Betty no se va con Marcela o con Mario, que la convida alguna vez y salen a tomar una copa, o a cenar, o incluso a bailar...

Esas noches, la espera despierto en su habitación y deja la puerta abierta para verla pasar. “Por si tiene que partirle la cara a su hermano”, dizque.

- Buenas noches, Armando. – Le dice al pasar.

- Buenas noches, Betty. Lo pasaste rico?

- Sí, gracias.

- Te sientes a gusto con Mario?

- Claro. Es un viejo y buen amigo.

- Mejor que yo, verdad? – Pregunta dolido.

- … Distinto. – Dice después de pensar.

- Pero en él... sí confías.

- No creas. En eso vais a la par.

- Pues, entonces no lo entiendo! - Dice cargado de razón.

- El qué? – Pregunta Betty intrigada.

- A mí me rechazas todas las invitaciones y a Mario se las aceptas. Para salir con un hombre en el que no confías... SAL CONMIGO!!!

Betty se queda totalmente descolocada y no sabe qué responder al perfecto razonamiento de Armando.

- Verás... – Dice al fin. – Es que a la falta de confianza que me inspiras, hay que añadirle la mala experiencia que tuve contigo...

- Las personas cambian, Betty.

- Ya! Tú cambiaste de ser un empollón, a ser un conquistador sin corazón!

- Desde que nos volvimos a encontrar... ya me dirás qué puedes censurarme, y sin embargo, terca que terca, me niegas casi hasta el saludo.

Betty va a responder, pero él cierra la puerta visiblemente disgustado.

Entonces sigue hasta su cuarto pensativa, porque Armando tiene razón en que ella le desaira sin piedad. Pero es plenamente consciente… Se está vengando!


Transcurren unos días en que le ve bastante abatido, y ella escarmentada, duda si él estará dando esa imagen para ablandarla, o estará celoso de verdad. Pero, de momento no deja de salir con Calderón, por si acaso...





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Una tarde, según llegan de la empresa, entran al salón para saludar a los padres y ven que don Roberto les contempla muy sonriente.

- Buenas tardes, hijos. Qué planes tienen para esta noche?

Ellos dos se miran sin entender.

- Ninguno, papá. Quedarme en casa. – Contesta Armando.

- Yo también.

- Pues, ved lo que hemos comprado para vosotros... – Y muestra en la mano dos localidades para el teatro. - “La tercera palabra”, de Alejandro Casona. Sabéis cuál es esa tercera palabra?

- No. – Contestan a dúo.

- Pues si queréis averiguarlo, la función empieza a las ocho de la tarde, así que estáis de afán! Vamos!

- Oh, sí hijos! Nosotros fuimos la semana pasada y nos gustó mucho. Disfrutaréis! – Les anima doña Julia.

- Sí, yo sé papá, Julia. Gracias, pero creo que Betty viene cansada de todo el día y no... – Se adelanta para evitar imponerla su compañía u obligarla a inventarse una excusa, ya que sabe que Betty no quiere nada con él.

- Oh, no Armando! No estoy cansada, y me provoca mucho ir... Gracias.

La mira pasmado.

- Aaah! Sí…?

El bello bobo se ratifica en su convicción: “Jamás entenderé a las mujeres! Cuando más seguro estoy de algo...”

- Sí, Armando. Por favor, vamos! – Suplica sonriéndole con morritos.

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.





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- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.

Y se abrazan los dos conspiradores.




CONTINUARÁ…




Hola, m´hijas! Yo también quiero tenerle más tiempo sufriendo y mordiéndose los puños de celos, pero ya sabéis que los personajes muchas veces nos llevan hacia donde ellos quieren, y esta vez los que se me han revelado son los papás de los dos!

Yo voy a seguirme resistiendo, y haré lo que pueda para que Armando no lo tenga fácil.

En fin, besos y si os provoca… me dejáis vuestra opinión.
unos padres asi , que te arreglen una cita con un triplepapito como Armando , en fin espero que les vaya bien y que Betty haga sufrir un poquito mas a Armando , pero solo un poquito un beso y chauuuu
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marg
marg

January 15th, 2004, 7:56 am #13

Él imaginaba que por las tardes, daba un paseo o iba de tiendas con Marcela, y luego tempranico... a casita con mamá! Sí, sí... Su niña, más que casera... había resultado revoltosa!

Quedan los dos en silencio un momento reflexionando. Luego vuelve a hablar Mario.

- Quiere que las sigamos?

- NO! Ni modo! Si las seguimos y nos descubren... Caput!






Capítulo IV.- Argucia femenina?




Llega el día de la boda. Amanece una mañana espléndida y madre e hija desayunan sentadas plácidamente en la cocina.

- Bettica, cree que hago bien volviéndome a casar? Yo no voy a olvidar a Hermes, pero me siento tan sola... aunque ahora usted volvió, pero debe vivir sin tener que estar pendiente de sacar de paseo o divertir a su mamá...

- Mamá, pues claro que hace bien. Papá no querría verla siempre sola y encerrada en casa! Y además, Roberto es el mejor hombre que puede encontrar. No tenga preocupación. Acierta de pleno.





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La ceremonia resulta perfecta, y al terminar salen del brazo los novios sonriendo radiantes, sin ocultar su felicidad, y tras ellos los padrinos... Betty y Armando.

Ella apoya levemente la mano en el antebrazo de Armando, y él con la otra mano cubre la de Betty reteniéndola y acariciándola con delicadeza.

- Armando, tengamos la fiesta en paz, sí? – Le dice entre dientes pero sonriendo a la galería.

- Key! – Y le suelta la mano riendo con buen humor.


Después de la comida anuncian que va a empezar el baile, y los novios se dirigen al centro de la pista. Bailan un vals y luego invitan a bailar a los padrinos, de modo que don Roberto lo hace con Betty y doña Julia con Armando.

Al terminar la pieza, el padre va a buscar a su esposa, y ofrece a su hijo emparejarse con Betty, que sonríe a don Roberto, pero frunce el ceño mirando a Armando, y éste disfruta al notar la prevención que ella le tiene.

Baila correcto y no hace ningún intento de aprovecharse de la situación, así que ella consiente bailar con él varias piezas más.

- Por qué no juegas conmigo y me provocas, como haces cuando sales por ahí de rumba con nuestra querida Marcela? – La pregunta quedamente al oído.

Betty se separa lo justo y le mira alzando una ceja.

- Cómo así?

- Un pajarito me contó que te gusta insinuarte a papitos... y cuando se animan, les dejas con las ganas.

- Te informaron mal. Eso es sólo un chisme malintencionado. – Miente descaradamente.

- Pues qué decepción! Me hubiera gustado tanto jugar ese juego contigo... – Con sonrisa traviesa.

Betty piensa que también la gustaría, y no descarta hacerlo cuando ella lo decida.

Por otra parte ha comprobado lo que sabe de siempre: su corazón es fiel aliado de Armando, en contra de su propio cerebro. Es un traidor que aún late cuando le ve... y ahora que está entre sus brazos compartiendo su calor, sintiendo sus manos en la espalda y su aliento en la piel... acuden a su cabeza aquellas sensaciones y recuerdos que creía olvidados: esa calidez, esa ternura con que la acariciaba... sus labios rociándola de dulces besos... definitivamente su cuerpo le añora!

- Aaah...! – Se oye suspirar al tiempo que se estremece.

Horrorizada por haberse descubierto, apoya la frente en el hombro de él para que no la vea ruborizada.

Pero está segura que Armando lo ha intuido, pues la ha estrechado más.

Y así es. Confirma que Betty todavía siente por él... y él se muere por conseguir que vuelva a ser suya.

Deja de sonar la música, y viendo que su cuerpo tiene iniciativas propias, sin contar con la autorización de ella... pone tierra por medio y baila con los amigos de siempre: Nicolás, Daniel, Mario...

Armando se consuela observándola con una copa de champán en la mano, y no vuelve a bailar, a pesar de que alguna joven se lo propone.

Se excusa cordialmente, y cuando Betty le mira, levanta la copa brindando con ella.

Finalmente llega la hora de retirarse y la lleva a casa de los Pinzón. Se despiden en el coche parado ante la puerta.

- Betty, no me quedo tranquilo sabiendo que estás sola!

- No tengas ninguna preocupación, Armando, y gracias por traerme.

- Ven a casa. Sabes que sobran habitaciones y no estaremos solos, pues está Chelo.

- Esta es mi casa, y voy a estar perfectamente. Vete tranquilo.

- Pues mira que no me voy tranquilo. Déjame quedarme entonces...

- Ni más faltaba! Ahora mismo conecto la alarma y ya está!

- Me voy, Betty, pero no me gusta. Llámame por cualquier cosa que necesites y en menos de un minuto estoy aquí.

- Te lo prometo, y adiós! – Comienza a cerrar la puerta.

- Te recojo a las siete y media, pero no me voy hasta que cierres, y mañana buscaremos una solución que nos guste a los dos!





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Al día siguiente Armando sigue insistiendo, y dice que de ninguna manera va a consentir que se quede sola una noche más.

Betty comprende que tiene razón, pues aunque no lo confiesa, pasó algo de miedo hasta quedarse dormida.

- Está bien, Armando. Hablaré con Marcela y me quedaré a dormir en su casa hasta que vuelvan nuestros padres.

Él acepta a pesar de no ser su opción ideal, pero al menos no estará sola.





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Los padres regresan un sábado, dos semanas después, y Betty ha ido temprano a su casa para empezar a empacar sus cosas.

Armando va con el carro a recogerla, abre la puerta con la llave que le dio doña Julia y sube la escalera.

Escucha hablar a Betty y presta atención, pues creía que estaba sola. Entonces oye la voz de Nicolás:

- Amiga, estará contenta. Va a ver cumplido uno de sus mayores deseos... vivir con Armando...

- Nicolás!

- No me va a negar que sigue loquita por sus huesos!

Armando sonríe en el rellano, satisfecho.

- Deja ya el tema, por favor. Estará a punto de llegar y...

Se calla al volverse y ver a Armando de pie en la puerta.

“Tierra trágame! Seguro que ha oído al imprudente de Nicolás, y ahora... con información confidencial! Lo que le faltaba a este donjuán de pacotilla...” Se dice Betty para sus adentros.

Armando la sonríe y disimula.

- Buenos días, Betty, Nicolás... Ya tienes preparado lo que te llevas?

- Sí. Prácticamente está todo. – Contesta guardando en la última bolsa un muñeco que él la regaló.

Le puso de nombre “Armani”, y Armando se alegra al ver que no sólo lo ha conservado, sino que además se lo lleva consigo.

- Voy bajando las maletas. – Dice.

- Espera y te ayudo a cargarlas en el coche. – Exclama Nicolás y bajan juntos varios bultos.

Poco después llegan ellos dos a casa de los Mendoza, y Betty corre a abrazar a su madre y a don Roberto. Hablan del viaje, de los lugares que han conocido y después, doña Julia la guía hasta su habitación, que resulta ser la siguiente a la de él.





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Armando la ha invitado varias veces a salir por la noche, pero ella siempre rehúsa.
Sólo van juntos a Ecomoda en el coche de él, y también regresan así cuando Betty no se va con Marcela o con Mario, que la convida alguna vez y salen a tomar una copa, o a cenar, o incluso a bailar...

Esas noches, la espera despierto en su habitación y deja la puerta abierta para verla pasar. “Por si tiene que partirle la cara a su hermano”, dizque.

- Buenas noches, Armando. – Le dice al pasar.

- Buenas noches, Betty. Lo pasaste rico?

- Sí, gracias.

- Te sientes a gusto con Mario?

- Claro. Es un viejo y buen amigo.

- Mejor que yo, verdad? – Pregunta dolido.

- … Distinto. – Dice después de pensar.

- Pero en él... sí confías.

- No creas. En eso vais a la par.

- Pues, entonces no lo entiendo! - Dice cargado de razón.

- El qué? – Pregunta Betty intrigada.

- A mí me rechazas todas las invitaciones y a Mario se las aceptas. Para salir con un hombre en el que no confías... SAL CONMIGO!!!

Betty se queda totalmente descolocada y no sabe qué responder al perfecto razonamiento de Armando.

- Verás... – Dice al fin. – Es que a la falta de confianza que me inspiras, hay que añadirle la mala experiencia que tuve contigo...

- Las personas cambian, Betty.

- Ya! Tú cambiaste de ser un empollón, a ser un conquistador sin corazón!

- Desde que nos volvimos a encontrar... ya me dirás qué puedes censurarme, y sin embargo, terca que terca, me niegas casi hasta el saludo.

Betty va a responder, pero él cierra la puerta visiblemente disgustado.

Entonces sigue hasta su cuarto pensativa, porque Armando tiene razón en que ella le desaira sin piedad. Pero es plenamente consciente… Se está vengando!


Transcurren unos días en que le ve bastante abatido, y ella escarmentada, duda si él estará dando esa imagen para ablandarla, o estará celoso de verdad. Pero, de momento no deja de salir con Calderón, por si acaso...





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Una tarde, según llegan de la empresa, entran al salón para saludar a los padres y ven que don Roberto les contempla muy sonriente.

- Buenas tardes, hijos. Qué planes tienen para esta noche?

Ellos dos se miran sin entender.

- Ninguno, papá. Quedarme en casa. – Contesta Armando.

- Yo también.

- Pues, ved lo que hemos comprado para vosotros... – Y muestra en la mano dos localidades para el teatro. - “La tercera palabra”, de Alejandro Casona. Sabéis cuál es esa tercera palabra?

- No. – Contestan a dúo.

- Pues si queréis averiguarlo, la función empieza a las ocho de la tarde, así que estáis de afán! Vamos!

- Oh, sí hijos! Nosotros fuimos la semana pasada y nos gustó mucho. Disfrutaréis! – Les anima doña Julia.

- Sí, yo sé papá, Julia. Gracias, pero creo que Betty viene cansada de todo el día y no... – Se adelanta para evitar imponerla su compañía u obligarla a inventarse una excusa, ya que sabe que Betty no quiere nada con él.

- Oh, no Armando! No estoy cansada, y me provoca mucho ir... Gracias.

La mira pasmado.

- Aaah! Sí…?

El bello bobo se ratifica en su convicción: “Jamás entenderé a las mujeres! Cuando más seguro estoy de algo...”

- Sí, Armando. Por favor, vamos! – Suplica sonriéndole con morritos.

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.





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- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.

Y se abrazan los dos conspiradores.




CONTINUARÁ…




Hola, m´hijas! Yo también quiero tenerle más tiempo sufriendo y mordiéndose los puños de celos, pero ya sabéis que los personajes muchas veces nos llevan hacia donde ellos quieren, y esta vez los que se me han revelado son los papás de los dos!

Yo voy a seguirme resistiendo, y haré lo que pueda para que Armando no lo tenga fácil.

En fin, besos y si os provoca… me dejáis vuestra opinión.
esta en lo cierto en cuanto a que no tienen más remedio que terminar entendiendose. Me gusto mucho. Besos.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

January 15th, 2004, 7:14 pm #14

Él imaginaba que por las tardes, daba un paseo o iba de tiendas con Marcela, y luego tempranico... a casita con mamá! Sí, sí... Su niña, más que casera... había resultado revoltosa!

Quedan los dos en silencio un momento reflexionando. Luego vuelve a hablar Mario.

- Quiere que las sigamos?

- NO! Ni modo! Si las seguimos y nos descubren... Caput!






Capítulo IV.- Argucia femenina?




Llega el día de la boda. Amanece una mañana espléndida y madre e hija desayunan sentadas plácidamente en la cocina.

- Bettica, cree que hago bien volviéndome a casar? Yo no voy a olvidar a Hermes, pero me siento tan sola... aunque ahora usted volvió, pero debe vivir sin tener que estar pendiente de sacar de paseo o divertir a su mamá...

- Mamá, pues claro que hace bien. Papá no querría verla siempre sola y encerrada en casa! Y además, Roberto es el mejor hombre que puede encontrar. No tenga preocupación. Acierta de pleno.





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La ceremonia resulta perfecta, y al terminar salen del brazo los novios sonriendo radiantes, sin ocultar su felicidad, y tras ellos los padrinos... Betty y Armando.

Ella apoya levemente la mano en el antebrazo de Armando, y él con la otra mano cubre la de Betty reteniéndola y acariciándola con delicadeza.

- Armando, tengamos la fiesta en paz, sí? – Le dice entre dientes pero sonriendo a la galería.

- Key! – Y le suelta la mano riendo con buen humor.


Después de la comida anuncian que va a empezar el baile, y los novios se dirigen al centro de la pista. Bailan un vals y luego invitan a bailar a los padrinos, de modo que don Roberto lo hace con Betty y doña Julia con Armando.

Al terminar la pieza, el padre va a buscar a su esposa, y ofrece a su hijo emparejarse con Betty, que sonríe a don Roberto, pero frunce el ceño mirando a Armando, y éste disfruta al notar la prevención que ella le tiene.

Baila correcto y no hace ningún intento de aprovecharse de la situación, así que ella consiente bailar con él varias piezas más.

- Por qué no juegas conmigo y me provocas, como haces cuando sales por ahí de rumba con nuestra querida Marcela? – La pregunta quedamente al oído.

Betty se separa lo justo y le mira alzando una ceja.

- Cómo así?

- Un pajarito me contó que te gusta insinuarte a papitos... y cuando se animan, les dejas con las ganas.

- Te informaron mal. Eso es sólo un chisme malintencionado. – Miente descaradamente.

- Pues qué decepción! Me hubiera gustado tanto jugar ese juego contigo... – Con sonrisa traviesa.

Betty piensa que también la gustaría, y no descarta hacerlo cuando ella lo decida.

Por otra parte ha comprobado lo que sabe de siempre: su corazón es fiel aliado de Armando, en contra de su propio cerebro. Es un traidor que aún late cuando le ve... y ahora que está entre sus brazos compartiendo su calor, sintiendo sus manos en la espalda y su aliento en la piel... acuden a su cabeza aquellas sensaciones y recuerdos que creía olvidados: esa calidez, esa ternura con que la acariciaba... sus labios rociándola de dulces besos... definitivamente su cuerpo le añora!

- Aaah...! – Se oye suspirar al tiempo que se estremece.

Horrorizada por haberse descubierto, apoya la frente en el hombro de él para que no la vea ruborizada.

Pero está segura que Armando lo ha intuido, pues la ha estrechado más.

Y así es. Confirma que Betty todavía siente por él... y él se muere por conseguir que vuelva a ser suya.

Deja de sonar la música, y viendo que su cuerpo tiene iniciativas propias, sin contar con la autorización de ella... pone tierra por medio y baila con los amigos de siempre: Nicolás, Daniel, Mario...

Armando se consuela observándola con una copa de champán en la mano, y no vuelve a bailar, a pesar de que alguna joven se lo propone.

Se excusa cordialmente, y cuando Betty le mira, levanta la copa brindando con ella.

Finalmente llega la hora de retirarse y la lleva a casa de los Pinzón. Se despiden en el coche parado ante la puerta.

- Betty, no me quedo tranquilo sabiendo que estás sola!

- No tengas ninguna preocupación, Armando, y gracias por traerme.

- Ven a casa. Sabes que sobran habitaciones y no estaremos solos, pues está Chelo.

- Esta es mi casa, y voy a estar perfectamente. Vete tranquilo.

- Pues mira que no me voy tranquilo. Déjame quedarme entonces...

- Ni más faltaba! Ahora mismo conecto la alarma y ya está!

- Me voy, Betty, pero no me gusta. Llámame por cualquier cosa que necesites y en menos de un minuto estoy aquí.

- Te lo prometo, y adiós! – Comienza a cerrar la puerta.

- Te recojo a las siete y media, pero no me voy hasta que cierres, y mañana buscaremos una solución que nos guste a los dos!





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Al día siguiente Armando sigue insistiendo, y dice que de ninguna manera va a consentir que se quede sola una noche más.

Betty comprende que tiene razón, pues aunque no lo confiesa, pasó algo de miedo hasta quedarse dormida.

- Está bien, Armando. Hablaré con Marcela y me quedaré a dormir en su casa hasta que vuelvan nuestros padres.

Él acepta a pesar de no ser su opción ideal, pero al menos no estará sola.





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Los padres regresan un sábado, dos semanas después, y Betty ha ido temprano a su casa para empezar a empacar sus cosas.

Armando va con el carro a recogerla, abre la puerta con la llave que le dio doña Julia y sube la escalera.

Escucha hablar a Betty y presta atención, pues creía que estaba sola. Entonces oye la voz de Nicolás:

- Amiga, estará contenta. Va a ver cumplido uno de sus mayores deseos... vivir con Armando...

- Nicolás!

- No me va a negar que sigue loquita por sus huesos!

Armando sonríe en el rellano, satisfecho.

- Deja ya el tema, por favor. Estará a punto de llegar y...

Se calla al volverse y ver a Armando de pie en la puerta.

“Tierra trágame! Seguro que ha oído al imprudente de Nicolás, y ahora... con información confidencial! Lo que le faltaba a este donjuán de pacotilla...” Se dice Betty para sus adentros.

Armando la sonríe y disimula.

- Buenos días, Betty, Nicolás... Ya tienes preparado lo que te llevas?

- Sí. Prácticamente está todo. – Contesta guardando en la última bolsa un muñeco que él la regaló.

Le puso de nombre “Armani”, y Armando se alegra al ver que no sólo lo ha conservado, sino que además se lo lleva consigo.

- Voy bajando las maletas. – Dice.

- Espera y te ayudo a cargarlas en el coche. – Exclama Nicolás y bajan juntos varios bultos.

Poco después llegan ellos dos a casa de los Mendoza, y Betty corre a abrazar a su madre y a don Roberto. Hablan del viaje, de los lugares que han conocido y después, doña Julia la guía hasta su habitación, que resulta ser la siguiente a la de él.





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Armando la ha invitado varias veces a salir por la noche, pero ella siempre rehúsa.
Sólo van juntos a Ecomoda en el coche de él, y también regresan así cuando Betty no se va con Marcela o con Mario, que la convida alguna vez y salen a tomar una copa, o a cenar, o incluso a bailar...

Esas noches, la espera despierto en su habitación y deja la puerta abierta para verla pasar. “Por si tiene que partirle la cara a su hermano”, dizque.

- Buenas noches, Armando. – Le dice al pasar.

- Buenas noches, Betty. Lo pasaste rico?

- Sí, gracias.

- Te sientes a gusto con Mario?

- Claro. Es un viejo y buen amigo.

- Mejor que yo, verdad? – Pregunta dolido.

- … Distinto. – Dice después de pensar.

- Pero en él... sí confías.

- No creas. En eso vais a la par.

- Pues, entonces no lo entiendo! - Dice cargado de razón.

- El qué? – Pregunta Betty intrigada.

- A mí me rechazas todas las invitaciones y a Mario se las aceptas. Para salir con un hombre en el que no confías... SAL CONMIGO!!!

Betty se queda totalmente descolocada y no sabe qué responder al perfecto razonamiento de Armando.

- Verás... – Dice al fin. – Es que a la falta de confianza que me inspiras, hay que añadirle la mala experiencia que tuve contigo...

- Las personas cambian, Betty.

- Ya! Tú cambiaste de ser un empollón, a ser un conquistador sin corazón!

- Desde que nos volvimos a encontrar... ya me dirás qué puedes censurarme, y sin embargo, terca que terca, me niegas casi hasta el saludo.

Betty va a responder, pero él cierra la puerta visiblemente disgustado.

Entonces sigue hasta su cuarto pensativa, porque Armando tiene razón en que ella le desaira sin piedad. Pero es plenamente consciente… Se está vengando!


Transcurren unos días en que le ve bastante abatido, y ella escarmentada, duda si él estará dando esa imagen para ablandarla, o estará celoso de verdad. Pero, de momento no deja de salir con Calderón, por si acaso...





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Una tarde, según llegan de la empresa, entran al salón para saludar a los padres y ven que don Roberto les contempla muy sonriente.

- Buenas tardes, hijos. Qué planes tienen para esta noche?

Ellos dos se miran sin entender.

- Ninguno, papá. Quedarme en casa. – Contesta Armando.

- Yo también.

- Pues, ved lo que hemos comprado para vosotros... – Y muestra en la mano dos localidades para el teatro. - “La tercera palabra”, de Alejandro Casona. Sabéis cuál es esa tercera palabra?

- No. – Contestan a dúo.

- Pues si queréis averiguarlo, la función empieza a las ocho de la tarde, así que estáis de afán! Vamos!

- Oh, sí hijos! Nosotros fuimos la semana pasada y nos gustó mucho. Disfrutaréis! – Les anima doña Julia.

- Sí, yo sé papá, Julia. Gracias, pero creo que Betty viene cansada de todo el día y no... – Se adelanta para evitar imponerla su compañía u obligarla a inventarse una excusa, ya que sabe que Betty no quiere nada con él.

- Oh, no Armando! No estoy cansada, y me provoca mucho ir... Gracias.

La mira pasmado.

- Aaah! Sí…?

El bello bobo se ratifica en su convicción: “Jamás entenderé a las mujeres! Cuando más seguro estoy de algo...”

- Sí, Armando. Por favor, vamos! – Suplica sonriéndole con morritos.

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.





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- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.

Y se abrazan los dos conspiradores.




CONTINUARÁ…




Hola, m´hijas! Yo también quiero tenerle más tiempo sufriendo y mordiéndose los puños de celos, pero ya sabéis que los personajes muchas veces nos llevan hacia donde ellos quieren, y esta vez los que se me han revelado son los papás de los dos!

Yo voy a seguirme resistiendo, y haré lo que pueda para que Armando no lo tenga fácil.

En fin, besos y si os provoca… me dejáis vuestra opinión.
Pero que competentes que han salido. A ver como termina la noche, esperamos que Betty, no ceda tan pronto y le de más caña a Armando, que se la merece por cabroncete. Besos
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Mar (mex)
Mar (mex)

January 15th, 2004, 10:05 pm #15

Él imaginaba que por las tardes, daba un paseo o iba de tiendas con Marcela, y luego tempranico... a casita con mamá! Sí, sí... Su niña, más que casera... había resultado revoltosa!

Quedan los dos en silencio un momento reflexionando. Luego vuelve a hablar Mario.

- Quiere que las sigamos?

- NO! Ni modo! Si las seguimos y nos descubren... Caput!






Capítulo IV.- Argucia femenina?




Llega el día de la boda. Amanece una mañana espléndida y madre e hija desayunan sentadas plácidamente en la cocina.

- Bettica, cree que hago bien volviéndome a casar? Yo no voy a olvidar a Hermes, pero me siento tan sola... aunque ahora usted volvió, pero debe vivir sin tener que estar pendiente de sacar de paseo o divertir a su mamá...

- Mamá, pues claro que hace bien. Papá no querría verla siempre sola y encerrada en casa! Y además, Roberto es el mejor hombre que puede encontrar. No tenga preocupación. Acierta de pleno.





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La ceremonia resulta perfecta, y al terminar salen del brazo los novios sonriendo radiantes, sin ocultar su felicidad, y tras ellos los padrinos... Betty y Armando.

Ella apoya levemente la mano en el antebrazo de Armando, y él con la otra mano cubre la de Betty reteniéndola y acariciándola con delicadeza.

- Armando, tengamos la fiesta en paz, sí? – Le dice entre dientes pero sonriendo a la galería.

- Key! – Y le suelta la mano riendo con buen humor.


Después de la comida anuncian que va a empezar el baile, y los novios se dirigen al centro de la pista. Bailan un vals y luego invitan a bailar a los padrinos, de modo que don Roberto lo hace con Betty y doña Julia con Armando.

Al terminar la pieza, el padre va a buscar a su esposa, y ofrece a su hijo emparejarse con Betty, que sonríe a don Roberto, pero frunce el ceño mirando a Armando, y éste disfruta al notar la prevención que ella le tiene.

Baila correcto y no hace ningún intento de aprovecharse de la situación, así que ella consiente bailar con él varias piezas más.

- Por qué no juegas conmigo y me provocas, como haces cuando sales por ahí de rumba con nuestra querida Marcela? – La pregunta quedamente al oído.

Betty se separa lo justo y le mira alzando una ceja.

- Cómo así?

- Un pajarito me contó que te gusta insinuarte a papitos... y cuando se animan, les dejas con las ganas.

- Te informaron mal. Eso es sólo un chisme malintencionado. – Miente descaradamente.

- Pues qué decepción! Me hubiera gustado tanto jugar ese juego contigo... – Con sonrisa traviesa.

Betty piensa que también la gustaría, y no descarta hacerlo cuando ella lo decida.

Por otra parte ha comprobado lo que sabe de siempre: su corazón es fiel aliado de Armando, en contra de su propio cerebro. Es un traidor que aún late cuando le ve... y ahora que está entre sus brazos compartiendo su calor, sintiendo sus manos en la espalda y su aliento en la piel... acuden a su cabeza aquellas sensaciones y recuerdos que creía olvidados: esa calidez, esa ternura con que la acariciaba... sus labios rociándola de dulces besos... definitivamente su cuerpo le añora!

- Aaah...! – Se oye suspirar al tiempo que se estremece.

Horrorizada por haberse descubierto, apoya la frente en el hombro de él para que no la vea ruborizada.

Pero está segura que Armando lo ha intuido, pues la ha estrechado más.

Y así es. Confirma que Betty todavía siente por él... y él se muere por conseguir que vuelva a ser suya.

Deja de sonar la música, y viendo que su cuerpo tiene iniciativas propias, sin contar con la autorización de ella... pone tierra por medio y baila con los amigos de siempre: Nicolás, Daniel, Mario...

Armando se consuela observándola con una copa de champán en la mano, y no vuelve a bailar, a pesar de que alguna joven se lo propone.

Se excusa cordialmente, y cuando Betty le mira, levanta la copa brindando con ella.

Finalmente llega la hora de retirarse y la lleva a casa de los Pinzón. Se despiden en el coche parado ante la puerta.

- Betty, no me quedo tranquilo sabiendo que estás sola!

- No tengas ninguna preocupación, Armando, y gracias por traerme.

- Ven a casa. Sabes que sobran habitaciones y no estaremos solos, pues está Chelo.

- Esta es mi casa, y voy a estar perfectamente. Vete tranquilo.

- Pues mira que no me voy tranquilo. Déjame quedarme entonces...

- Ni más faltaba! Ahora mismo conecto la alarma y ya está!

- Me voy, Betty, pero no me gusta. Llámame por cualquier cosa que necesites y en menos de un minuto estoy aquí.

- Te lo prometo, y adiós! – Comienza a cerrar la puerta.

- Te recojo a las siete y media, pero no me voy hasta que cierres, y mañana buscaremos una solución que nos guste a los dos!





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Al día siguiente Armando sigue insistiendo, y dice que de ninguna manera va a consentir que se quede sola una noche más.

Betty comprende que tiene razón, pues aunque no lo confiesa, pasó algo de miedo hasta quedarse dormida.

- Está bien, Armando. Hablaré con Marcela y me quedaré a dormir en su casa hasta que vuelvan nuestros padres.

Él acepta a pesar de no ser su opción ideal, pero al menos no estará sola.





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Los padres regresan un sábado, dos semanas después, y Betty ha ido temprano a su casa para empezar a empacar sus cosas.

Armando va con el carro a recogerla, abre la puerta con la llave que le dio doña Julia y sube la escalera.

Escucha hablar a Betty y presta atención, pues creía que estaba sola. Entonces oye la voz de Nicolás:

- Amiga, estará contenta. Va a ver cumplido uno de sus mayores deseos... vivir con Armando...

- Nicolás!

- No me va a negar que sigue loquita por sus huesos!

Armando sonríe en el rellano, satisfecho.

- Deja ya el tema, por favor. Estará a punto de llegar y...

Se calla al volverse y ver a Armando de pie en la puerta.

“Tierra trágame! Seguro que ha oído al imprudente de Nicolás, y ahora... con información confidencial! Lo que le faltaba a este donjuán de pacotilla...” Se dice Betty para sus adentros.

Armando la sonríe y disimula.

- Buenos días, Betty, Nicolás... Ya tienes preparado lo que te llevas?

- Sí. Prácticamente está todo. – Contesta guardando en la última bolsa un muñeco que él la regaló.

Le puso de nombre “Armani”, y Armando se alegra al ver que no sólo lo ha conservado, sino que además se lo lleva consigo.

- Voy bajando las maletas. – Dice.

- Espera y te ayudo a cargarlas en el coche. – Exclama Nicolás y bajan juntos varios bultos.

Poco después llegan ellos dos a casa de los Mendoza, y Betty corre a abrazar a su madre y a don Roberto. Hablan del viaje, de los lugares que han conocido y después, doña Julia la guía hasta su habitación, que resulta ser la siguiente a la de él.





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Armando la ha invitado varias veces a salir por la noche, pero ella siempre rehúsa.
Sólo van juntos a Ecomoda en el coche de él, y también regresan así cuando Betty no se va con Marcela o con Mario, que la convida alguna vez y salen a tomar una copa, o a cenar, o incluso a bailar...

Esas noches, la espera despierto en su habitación y deja la puerta abierta para verla pasar. “Por si tiene que partirle la cara a su hermano”, dizque.

- Buenas noches, Armando. – Le dice al pasar.

- Buenas noches, Betty. Lo pasaste rico?

- Sí, gracias.

- Te sientes a gusto con Mario?

- Claro. Es un viejo y buen amigo.

- Mejor que yo, verdad? – Pregunta dolido.

- … Distinto. – Dice después de pensar.

- Pero en él... sí confías.

- No creas. En eso vais a la par.

- Pues, entonces no lo entiendo! - Dice cargado de razón.

- El qué? – Pregunta Betty intrigada.

- A mí me rechazas todas las invitaciones y a Mario se las aceptas. Para salir con un hombre en el que no confías... SAL CONMIGO!!!

Betty se queda totalmente descolocada y no sabe qué responder al perfecto razonamiento de Armando.

- Verás... – Dice al fin. – Es que a la falta de confianza que me inspiras, hay que añadirle la mala experiencia que tuve contigo...

- Las personas cambian, Betty.

- Ya! Tú cambiaste de ser un empollón, a ser un conquistador sin corazón!

- Desde que nos volvimos a encontrar... ya me dirás qué puedes censurarme, y sin embargo, terca que terca, me niegas casi hasta el saludo.

Betty va a responder, pero él cierra la puerta visiblemente disgustado.

Entonces sigue hasta su cuarto pensativa, porque Armando tiene razón en que ella le desaira sin piedad. Pero es plenamente consciente… Se está vengando!


Transcurren unos días en que le ve bastante abatido, y ella escarmentada, duda si él estará dando esa imagen para ablandarla, o estará celoso de verdad. Pero, de momento no deja de salir con Calderón, por si acaso...





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Una tarde, según llegan de la empresa, entran al salón para saludar a los padres y ven que don Roberto les contempla muy sonriente.

- Buenas tardes, hijos. Qué planes tienen para esta noche?

Ellos dos se miran sin entender.

- Ninguno, papá. Quedarme en casa. – Contesta Armando.

- Yo también.

- Pues, ved lo que hemos comprado para vosotros... – Y muestra en la mano dos localidades para el teatro. - “La tercera palabra”, de Alejandro Casona. Sabéis cuál es esa tercera palabra?

- No. – Contestan a dúo.

- Pues si queréis averiguarlo, la función empieza a las ocho de la tarde, así que estáis de afán! Vamos!

- Oh, sí hijos! Nosotros fuimos la semana pasada y nos gustó mucho. Disfrutaréis! – Les anima doña Julia.

- Sí, yo sé papá, Julia. Gracias, pero creo que Betty viene cansada de todo el día y no... – Se adelanta para evitar imponerla su compañía u obligarla a inventarse una excusa, ya que sabe que Betty no quiere nada con él.

- Oh, no Armando! No estoy cansada, y me provoca mucho ir... Gracias.

La mira pasmado.

- Aaah! Sí…?

El bello bobo se ratifica en su convicción: “Jamás entenderé a las mujeres! Cuando más seguro estoy de algo...”

- Sí, Armando. Por favor, vamos! – Suplica sonriéndole con morritos.

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.





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- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.

Y se abrazan los dos conspiradores.




CONTINUARÁ…




Hola, m´hijas! Yo también quiero tenerle más tiempo sufriendo y mordiéndose los puños de celos, pero ya sabéis que los personajes muchas veces nos llevan hacia donde ellos quieren, y esta vez los que se me han revelado son los papás de los dos!

Yo voy a seguirme resistiendo, y haré lo que pueda para que Armando no lo tenga fácil.

En fin, besos y si os provoca… me dejáis vuestra opinión.
Fuera de orbita.. mijita.. que sorpreson despues de tres semanitas fuera de vacaciones entro y el primer sorpreson es una historia nueva tuya y que historia mija!! vaya con el muchachito precoz!! ni modo corrompio a Betty tan chiquita y ahora que ha pasado tanto jeje!! estos papitos tan bellos es que asi da gustor verles!! Espero que les funcione su plan..
Mil disculpas por no poder haber leido tu historia antes.. pero ya te contare que onda con mis vacaciones...

Muchos besos y te deseo lo mejor en este nuevo año!!

Mar
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KARMEN
KARMEN

January 16th, 2004, 8:44 pm #16

Él imaginaba que por las tardes, daba un paseo o iba de tiendas con Marcela, y luego tempranico... a casita con mamá! Sí, sí... Su niña, más que casera... había resultado revoltosa!

Quedan los dos en silencio un momento reflexionando. Luego vuelve a hablar Mario.

- Quiere que las sigamos?

- NO! Ni modo! Si las seguimos y nos descubren... Caput!






Capítulo IV.- Argucia femenina?




Llega el día de la boda. Amanece una mañana espléndida y madre e hija desayunan sentadas plácidamente en la cocina.

- Bettica, cree que hago bien volviéndome a casar? Yo no voy a olvidar a Hermes, pero me siento tan sola... aunque ahora usted volvió, pero debe vivir sin tener que estar pendiente de sacar de paseo o divertir a su mamá...

- Mamá, pues claro que hace bien. Papá no querría verla siempre sola y encerrada en casa! Y además, Roberto es el mejor hombre que puede encontrar. No tenga preocupación. Acierta de pleno.





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La ceremonia resulta perfecta, y al terminar salen del brazo los novios sonriendo radiantes, sin ocultar su felicidad, y tras ellos los padrinos... Betty y Armando.

Ella apoya levemente la mano en el antebrazo de Armando, y él con la otra mano cubre la de Betty reteniéndola y acariciándola con delicadeza.

- Armando, tengamos la fiesta en paz, sí? – Le dice entre dientes pero sonriendo a la galería.

- Key! – Y le suelta la mano riendo con buen humor.


Después de la comida anuncian que va a empezar el baile, y los novios se dirigen al centro de la pista. Bailan un vals y luego invitan a bailar a los padrinos, de modo que don Roberto lo hace con Betty y doña Julia con Armando.

Al terminar la pieza, el padre va a buscar a su esposa, y ofrece a su hijo emparejarse con Betty, que sonríe a don Roberto, pero frunce el ceño mirando a Armando, y éste disfruta al notar la prevención que ella le tiene.

Baila correcto y no hace ningún intento de aprovecharse de la situación, así que ella consiente bailar con él varias piezas más.

- Por qué no juegas conmigo y me provocas, como haces cuando sales por ahí de rumba con nuestra querida Marcela? – La pregunta quedamente al oído.

Betty se separa lo justo y le mira alzando una ceja.

- Cómo así?

- Un pajarito me contó que te gusta insinuarte a papitos... y cuando se animan, les dejas con las ganas.

- Te informaron mal. Eso es sólo un chisme malintencionado. – Miente descaradamente.

- Pues qué decepción! Me hubiera gustado tanto jugar ese juego contigo... – Con sonrisa traviesa.

Betty piensa que también la gustaría, y no descarta hacerlo cuando ella lo decida.

Por otra parte ha comprobado lo que sabe de siempre: su corazón es fiel aliado de Armando, en contra de su propio cerebro. Es un traidor que aún late cuando le ve... y ahora que está entre sus brazos compartiendo su calor, sintiendo sus manos en la espalda y su aliento en la piel... acuden a su cabeza aquellas sensaciones y recuerdos que creía olvidados: esa calidez, esa ternura con que la acariciaba... sus labios rociándola de dulces besos... definitivamente su cuerpo le añora!

- Aaah...! – Se oye suspirar al tiempo que se estremece.

Horrorizada por haberse descubierto, apoya la frente en el hombro de él para que no la vea ruborizada.

Pero está segura que Armando lo ha intuido, pues la ha estrechado más.

Y así es. Confirma que Betty todavía siente por él... y él se muere por conseguir que vuelva a ser suya.

Deja de sonar la música, y viendo que su cuerpo tiene iniciativas propias, sin contar con la autorización de ella... pone tierra por medio y baila con los amigos de siempre: Nicolás, Daniel, Mario...

Armando se consuela observándola con una copa de champán en la mano, y no vuelve a bailar, a pesar de que alguna joven se lo propone.

Se excusa cordialmente, y cuando Betty le mira, levanta la copa brindando con ella.

Finalmente llega la hora de retirarse y la lleva a casa de los Pinzón. Se despiden en el coche parado ante la puerta.

- Betty, no me quedo tranquilo sabiendo que estás sola!

- No tengas ninguna preocupación, Armando, y gracias por traerme.

- Ven a casa. Sabes que sobran habitaciones y no estaremos solos, pues está Chelo.

- Esta es mi casa, y voy a estar perfectamente. Vete tranquilo.

- Pues mira que no me voy tranquilo. Déjame quedarme entonces...

- Ni más faltaba! Ahora mismo conecto la alarma y ya está!

- Me voy, Betty, pero no me gusta. Llámame por cualquier cosa que necesites y en menos de un minuto estoy aquí.

- Te lo prometo, y adiós! – Comienza a cerrar la puerta.

- Te recojo a las siete y media, pero no me voy hasta que cierres, y mañana buscaremos una solución que nos guste a los dos!





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Al día siguiente Armando sigue insistiendo, y dice que de ninguna manera va a consentir que se quede sola una noche más.

Betty comprende que tiene razón, pues aunque no lo confiesa, pasó algo de miedo hasta quedarse dormida.

- Está bien, Armando. Hablaré con Marcela y me quedaré a dormir en su casa hasta que vuelvan nuestros padres.

Él acepta a pesar de no ser su opción ideal, pero al menos no estará sola.





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Los padres regresan un sábado, dos semanas después, y Betty ha ido temprano a su casa para empezar a empacar sus cosas.

Armando va con el carro a recogerla, abre la puerta con la llave que le dio doña Julia y sube la escalera.

Escucha hablar a Betty y presta atención, pues creía que estaba sola. Entonces oye la voz de Nicolás:

- Amiga, estará contenta. Va a ver cumplido uno de sus mayores deseos... vivir con Armando...

- Nicolás!

- No me va a negar que sigue loquita por sus huesos!

Armando sonríe en el rellano, satisfecho.

- Deja ya el tema, por favor. Estará a punto de llegar y...

Se calla al volverse y ver a Armando de pie en la puerta.

“Tierra trágame! Seguro que ha oído al imprudente de Nicolás, y ahora... con información confidencial! Lo que le faltaba a este donjuán de pacotilla...” Se dice Betty para sus adentros.

Armando la sonríe y disimula.

- Buenos días, Betty, Nicolás... Ya tienes preparado lo que te llevas?

- Sí. Prácticamente está todo. – Contesta guardando en la última bolsa un muñeco que él la regaló.

Le puso de nombre “Armani”, y Armando se alegra al ver que no sólo lo ha conservado, sino que además se lo lleva consigo.

- Voy bajando las maletas. – Dice.

- Espera y te ayudo a cargarlas en el coche. – Exclama Nicolás y bajan juntos varios bultos.

Poco después llegan ellos dos a casa de los Mendoza, y Betty corre a abrazar a su madre y a don Roberto. Hablan del viaje, de los lugares que han conocido y después, doña Julia la guía hasta su habitación, que resulta ser la siguiente a la de él.





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Armando la ha invitado varias veces a salir por la noche, pero ella siempre rehúsa.
Sólo van juntos a Ecomoda en el coche de él, y también regresan así cuando Betty no se va con Marcela o con Mario, que la convida alguna vez y salen a tomar una copa, o a cenar, o incluso a bailar...

Esas noches, la espera despierto en su habitación y deja la puerta abierta para verla pasar. “Por si tiene que partirle la cara a su hermano”, dizque.

- Buenas noches, Armando. – Le dice al pasar.

- Buenas noches, Betty. Lo pasaste rico?

- Sí, gracias.

- Te sientes a gusto con Mario?

- Claro. Es un viejo y buen amigo.

- Mejor que yo, verdad? – Pregunta dolido.

- … Distinto. – Dice después de pensar.

- Pero en él... sí confías.

- No creas. En eso vais a la par.

- Pues, entonces no lo entiendo! - Dice cargado de razón.

- El qué? – Pregunta Betty intrigada.

- A mí me rechazas todas las invitaciones y a Mario se las aceptas. Para salir con un hombre en el que no confías... SAL CONMIGO!!!

Betty se queda totalmente descolocada y no sabe qué responder al perfecto razonamiento de Armando.

- Verás... – Dice al fin. – Es que a la falta de confianza que me inspiras, hay que añadirle la mala experiencia que tuve contigo...

- Las personas cambian, Betty.

- Ya! Tú cambiaste de ser un empollón, a ser un conquistador sin corazón!

- Desde que nos volvimos a encontrar... ya me dirás qué puedes censurarme, y sin embargo, terca que terca, me niegas casi hasta el saludo.

Betty va a responder, pero él cierra la puerta visiblemente disgustado.

Entonces sigue hasta su cuarto pensativa, porque Armando tiene razón en que ella le desaira sin piedad. Pero es plenamente consciente… Se está vengando!


Transcurren unos días en que le ve bastante abatido, y ella escarmentada, duda si él estará dando esa imagen para ablandarla, o estará celoso de verdad. Pero, de momento no deja de salir con Calderón, por si acaso...





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Una tarde, según llegan de la empresa, entran al salón para saludar a los padres y ven que don Roberto les contempla muy sonriente.

- Buenas tardes, hijos. Qué planes tienen para esta noche?

Ellos dos se miran sin entender.

- Ninguno, papá. Quedarme en casa. – Contesta Armando.

- Yo también.

- Pues, ved lo que hemos comprado para vosotros... – Y muestra en la mano dos localidades para el teatro. - “La tercera palabra”, de Alejandro Casona. Sabéis cuál es esa tercera palabra?

- No. – Contestan a dúo.

- Pues si queréis averiguarlo, la función empieza a las ocho de la tarde, así que estáis de afán! Vamos!

- Oh, sí hijos! Nosotros fuimos la semana pasada y nos gustó mucho. Disfrutaréis! – Les anima doña Julia.

- Sí, yo sé papá, Julia. Gracias, pero creo que Betty viene cansada de todo el día y no... – Se adelanta para evitar imponerla su compañía u obligarla a inventarse una excusa, ya que sabe que Betty no quiere nada con él.

- Oh, no Armando! No estoy cansada, y me provoca mucho ir... Gracias.

La mira pasmado.

- Aaah! Sí…?

El bello bobo se ratifica en su convicción: “Jamás entenderé a las mujeres! Cuando más seguro estoy de algo...”

- Sí, Armando. Por favor, vamos! – Suplica sonriéndole con morritos.

- Key... Como quieras... – Asiente alelado por la sorpresa de que admita ir con él y le esté sonriendo… mimosa? a ÉL??? Será alguna argucia femenina de esas que hacen a veces para descolocarnos? Se pregunta receloso.

- Id prontico. Más vale que os sobre tiempo... – Aconseja doña Julia.

Se arreglan rápidos, y se van para que el denso tráfico de la tarde no les juegue una mala pasada.





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- Roberto, me alegro mucho de haberte sugerido esto. Cuando me contaste la conversación que les oíste la otra noche... me dolió verles tan alejados.

- No te preocupes, Julia. Estos hijos nuestros están condenados a entenderse.

Y se abrazan los dos conspiradores.




CONTINUARÁ…




Hola, m´hijas! Yo también quiero tenerle más tiempo sufriendo y mordiéndose los puños de celos, pero ya sabéis que los personajes muchas veces nos llevan hacia donde ellos quieren, y esta vez los que se me han revelado son los papás de los dos!

Yo voy a seguirme resistiendo, y haré lo que pueda para que Armando no lo tenga fácil.

En fin, besos y si os provoca… me dejáis vuestra opinión.
mira lo peor que hizo Armando fue no serle sincero a Betty... dicen que la distancia hace el olvido.... es cierto pero al menos que le hubiera dicho... "adios, se acabo" pero mira que despedirse a la francesa ( que no se por que se dice asi)...eso es lo que realmente me parece que estuvo mal.

Asi que yo de Betty intentaria jugar con el un poquito mas... como al gato y el raton, ya sabes el gato le da un zarpazo al raton y luego lo suelta para que corra pero solo un ratito mas hasta el otro zarpazo....( Betty seria aqui la gatica y Armando el raton...claro)

Y ahora tu haz lo que quieras que esto es hablar por hablar por que luego van nuestros personajes y hacen lo que ellos quieren y nos tiran por tierra todas las estrategias.

Muchos besicos

pd- ya se que es tarde pero asuntos de fuerza mayor me impidieron leerte antes... ( trabajo que habia que entregar y exponer en clase ayer jueves)

Mas besicos por el retraso.
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