Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XXIII

Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XXIII

Calipso
Calipso

June 24th, 2011, 1:59 pm #1




- Cómo se llama el tipo?

- Miguel Vargas.

- No me suena de nada. -Frunce el ceño intentando recordar.- Y dice que quiere hablar con Betty y conmigo?

- Sí, doctor.

Armando descuelga el teléfono, marca la extensión de Betty y le pregunta a bocajarro:

- A ti te suena de algo un tal Miguel Vargas?





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Capítulo XXIII.- Por qué me preguntas eso ahora?



Casi se le cae el teléfono de la mano a causa de la impresión tan fuerte que recibe. El nombre le ha impactado intensamente.

Pasan unos segundos antes de que se obligue a respirar de nuevo. Inspira profundamente, se aclara la garganta y contesta en voz baja con la mano del auricular todavía temblando.

- Sí, Armando. Ese hombre es el padre de Gonzalo. Por qué me preguntas eso ahora?

Armando también recibe una impresión y responde envarado.

- Porque está en la entrada y ha dicho a Wilson que debe hablar con nosotros.

Betty siente un fuerte escalofrío que le recorre la columna vertebral. Y miedo. Mucho miedo.

- Ahora? Abajo? Hablar con nosotros?

- Sí. Vamos a verle y averiguaremos qué quiere. Prefiero no recibirle en la empresa.

- Está bien, voy.

Cuelga el auricular, respira hondo varias veces y sale al lobby con el corazón a mil.

Ahí coincide con Armando que sale de presidencia, y juntos se dirigen al ascensor.

Una vez dentro, a solas, él la abraza y tranquiliza ya que la ve muy nerviosa.

- Betty, no temas nada que estamos juntos, y juntos vamos a afrontar cualquier asunto que plantee.

- Tú también sospechas que esto no presagia nada bueno, verdad?

- No soy tan pesimista, pero sí estoy intrigado. -Contesta evasivo, y cambia el abrazo por tomarle de la mano porque han llegado a la planta baja.

Betty traga saliva y se deja conducir hasta la puerta, pero esta vez Armando no le cede el paso y sale él primero.

- Wilson, acá estamos.

- Doctor, ese señor insiste en hablar con ustedes. Según él no puede esperar.

Los dos miran al tiempo al individuo que espera unos metros más allá, delante del primer escaparate.

Entonces ven a un joven que parece un espectro, y se quedan pasmados porque no le esperaban así. Realmente parece enfermo.

Betty incluso duda sobre la identidad del hombre y piensa que el vigilante se ha equivocado de nombre ya que no consigue reconocerle.

Lleva el escaso pelo muy corto, su rostro parece el de un cadáver, tiene los ojos hundidos, y la piel del color del cemento.

No tiene ni idea de por qué está allí ese tipo, ni quién es, ni qué quiere de ellos.

- Quién es usted? -Pregunta Betty.

El hombre contesta en voz baja, acercándose y mirándola con ojos entornados, y Armando da un paso protector interponiéndose entre los dos.

- Soy Miguel. No me reconoce, Betty? Yo a usted tampoco si no me hubieran avisado. Los dos hemos cambiado mucho. Ja, ja! -Ríe con cinismo.

- Miguel... -Musita en un murmullo y los recuerdos se agolpan en su interior.

Por un momento piensa estar viviendo una alucinación, pero sólo es un fantasma del pasado.

- Efectivamente.

- Qué hace aquí? -Le pregunta con voz entrecortada.

Armando le mira cejijunto. Para él sólo había sido un nombre, y de repente tiene cara.

- Regresé al barrio y me dijeron todo sobre usted, que tuvo un hijo mío, que se volvió guapa y que se casó con un tipo rico.

- Nunca he ocultado nada. -Le responde seca.- Qué quiere?

- Conocer a mi hijo. -Y añade con maldad sabiendo que causa dolor.- Decirle quien soy... pasar buenos ratos con él... llevarle a jugar a los billares con Román y los otros compadres...

Betty pone cara tan dura como el granito, y Armando la observa listo para intervenir.

- Eso no va a ser posible. -Dice con firmeza.

- Ja, ja!

La falsa carcajada le provoca un nuevo acceso de tos, y esto hace que su cuerpo parezca translúcido, y tan ligero como si estuviera a punto de desaparecer arrastrado por el viento.

- Olvídese de él.

- Es mi hijo y tengo derechos. Cualquier juez me los reconocerá.

Viendo que las intenciones del tipo son únicamente sacarles dinero, y el cariz que está tomando la conversación, Armando toma la iniciativa.

- Esto no es para hablarlo en la calle. Vamos a tomar un tinto a esa cafetería. -Señala hacia la esquina.

La voz de Armando suena con autoridad y ninguno de los otros dos objeta nada. Van en silencio, se acomodan en una mesa apartada y piden sendos cafés.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Ninguno vuelve a abrir la boca hasta que el camarero se va tras servirles, y entonces es Armando quien se dirige al extraño.

- Vamos a ver, señor...

- Vargas. -Responde el otro seco.

- Señor Vargas, vamos al grano y díganos claramente qué desea.

Miguel ve que han llegado al punto que él esperaba y empieza apelando al corazón.

- Bueno... yo acabo de saber que tengo un hijo y siento... lo que sin duda debe ser amor de padre. -Dice con falsedad, y luego insiste en lo que ya dijo en la calle.- Deseo conocerle y decirle quién soy por si necesita algo...

- Ya. -Contesta Armando seco y sarcástico.- Y en el caso de que necesite algo... seguro que podrá usted ofrecérselo?

Los ojos del otro se achican y le miran con odio, pero no responde.

- No quiero que le conozca. Ha vivido casi seis años sin usted y debe seguir así toda la vida. -Interviene Betty.

- En ese caso no me va a quedar otra que ir a un juzgado para reclamar mis derechos como padre.

- No pretenda hacernos creer que le interesa un niño al que no ha visto en la vida y del que acaba de enterarse de su existencia. -Dice Betty bajito.

Miguel se encoge de hombros y sonríe con sonrisa pérfida.

Armando y Betty se miran entendiéndose. El niño no le importa absolutamente nada, pero les está chantajeando, de modo que será capaz de perjudicar a su hijo sin el menor remordimiento si no compran su silencio con una buena cantidad de dinero.

- Y qué si me interesa o no? -Vuelve a hablar Miguel y les amenaza abiertamente.- El chino es mío y si ustedes no aceptan mis condiciones puedo causarles muchos problemas porque el muchachito tendrá que pasar temporadas conmigo.

- Señor Vargas. -Dice Armando al que se le está acabando la paciencia.- Ponga las cartas sobre la mesa de una buena vez. Qué quiere a cambio de olvidarse del niño para siempre?

Se dibuja una malvada sonrisa en la cara de Miguel.

- Veo que ya van entendiendo. Pues, compadre, qué voy a querer? Lo que mueve el mundo: plata. Eso quiero, dinero para no volver a vivir en la miseria nunca.

- Bueno, al fin descubre su jugada. -Armando mordaz.- Y de qué cantidad estamos hablando?

- Pues, vea señor... -Le imita y se acomoda en la silla.

- Mendoza. -Responde Armando con cara de pocos amigos.

- Señor Mendoza, estoy pensando que si les pido la compensación económica por olvidarme de mi hijo en una sola entrega, igual me lo gasto sin enterarme porque soy un poco manirroto y tengo que pedirles más veces. -Sonríe con mezquindad.- Y una cantidad tan importante...

Chasquea la lengua.

Betty y Armando se miran asombrados por la astucia que demuestra el tipejo.

- Así que será mejor que me hagan un giro mensual por correos. De ese modo, si se me gasta pronto la plata, sé que tendré más a final de mes.

Armando no se inmuta y se muestra estoico ante la desfachatez del otro.

- Insisto, qué cantidad mensual tiene pensada?

Miguel dice muchos miles de pesos, y Armando está a punto de aceptar cuando Betty le toca levemente un brazo.

- Miguel, mi marido y yo debemos hablar antes de acordar nada con usted.

- Y de qué tienen que hablar? -Pregunta bruscamente alzando la voz, aunque no lo suficiente para ser oído ya que están un poco apartados.

- Todo esto nos ha tomado por sorpresa y tenemos que hablar a solas del asunto. -Alega Betty con firmeza.

- No me vayan a salir con trucos y artimañas porque les subo el dinero que he pedido. -Les señala con el dedo índice.- Quedan avisados.

Se levanta dispuesto a irse y Betty le pregunta:

- Cómo podemos ponernos en contacto con usted para responderle cuando hayamos decidido?

- No es necesario. Nos vemos mañana a las siete de la tarde en la plaza del barrio. Junto a la fuente.

Le contemplan salir de la cafetería y alejarse. Después habla Betty.

- Armando, has visto qué aspecto tiene?

- Sí. Parece que está muy mal. Sabes si andaba metido en la droga?

- Entonces, no. Seguro. Era un chulito de barrio alto, guapo, fuerte, sano...

- Pues creo que en algún momento entre entonces y hoy ha entrado en ese horrible mundo. -Termina con voz apagada.

- No digas eso. -Asustada.

- Es que se le ve muy mal, Betty, muy mal.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Dan el último sorbo a sus cafés y regresan a la empresa. Entran los dos a presidencia, Betty se sienta en el sofá y pregunta:

- Armando, estás dispuesto a dejarte chantajear?

- No queda otra. Date cuenta que si acude a un juzgado para reclamar sus derechos de padre, se los van a reconocer y nos va a tocar compartir el niño con él los fines de semana y las vacaciones. Tú quieres eso?

- Naturalmente que no, pero ningún juez le concederá la menor responsabilidad sobre Gonzalo porque no tiene nada. Ni siquiera trabajo. Tú crees que alguien entregaría un niño a un indigente?

- No lo sé, mi amor. No creo, pero no podemos correr ningún riesgo, y él es su padre. -Armando se queda pensando.- No tiene nada? Vivirá en algún lado...

- De día en la calle, y por la noche, antiguamente, dormía en casa de una tía que tiene en el barrio y que ya era anciana hace seis años. Supongo que ahora volverá a dormir allí.

Armando deja de dar vueltas por el despacho y se sienta en el sofá junto a ella.

- Ha pedido mucho. Ofrezcámosle la mitad. -Propone Betty con aplomo.

- Y si se pone cabezón y no acepta la mitad?

- Pues negociaremos con él. Sabe que ha pedido demasiado, y él mismo se extrañará si aceptamos sin más. Además pensará que somos un pozo sin fondo y exigirá más cada mes.

- Es arriesgado. -Contesta él temeroso.- Betty, yo quiero mucho a Gonzalo, pero es tu hijo. Seguro que no quieres pagar lo que pide para que desista de reclamar sus derechos de padre?

Betty le mira con lágrimas en los ojos y mucha rabia en su interior.

- Mira, Armando, yo no sé cuál es la razón por la que estoy segura de que no va a tener a mi niño, pero lo sé. Será quizá una premonición... pero a ese respecto estoy tranquila. En cambio, lo que me enfurece es que yo llevo toda la vida luchando y esforzándome. Antes, cuando estudiaba y ahora con el trabajo diario, ganándome todo a pulso porque nunca me han regalado nada. Y él... él que jamás ha hecho otra cosa que holgazanear y burlarse de las buenas personas como hizo conmigo, ahora pretende vivir a cuerpo de rey a nuestra costa en virtud de un cruel y abyecto chantaje. No, no y no!

Armando le echa un brazo sobre los hombros, la estrecha contra él y la besa el pelo y la mejilla.

- Te entiendo, mi amor. Sé que has trabajado sin descanso toda tu vida, que Miguel te provocó mucho sufrimiento y que además ahora ha vuelto y pretende hurgar en la herida, pero yo no quiero que os dañe a ti ni al niño, así que voy a llamar a Santamaría y le contaré lo que intenta ese individuo.

- Buena idea! -Exclama sorprendida y satisfecha.- Armando, gracias por tomarte este asunto como propio.

- Es que es propio. Somos una familia y os quiero mucho a los dos. Por eso estoy dispuesto a darle lo que pida sin regatear.

Betty se vuelve a él y le abraza con ternura.

- Te amo. Eres, después de mi madre, la mejor persona que he conocido en mi vida, y tengo mucha suerte de ser tu esposa. -Le besa.

- El afortunado soy yo. Voy a hacer esa llamada para que Santamaría me diga lo que está legislado y el riesgo que correríamos. Luego decidiremos cómo actuar.

Vuelven a besarse y Betty se va a su despacho.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Cuando se ve sola pierde parte de su aplomo al recordar la penosa figura de Miguel y su amenaza, y hace un gran esfuerzo para mantenerse fuerte y no desmoronarse.

Armando llama al abogado de inmediato y habla largamente con él contándole el encuentro con el padre de Gonzalo de principio a fin.

- Estamos muy preocupados. Si ese tipo consiguiese arrebatarle el niño a Betty, aunque sólo fuese compartirlo... no quiero ni pensarlo!

- Tranquilícense. Vea, Armando, yo ahora mismo voy a consultar la ley y la jurisprudencia por si hubiese algún antecedente que un juez pudiera tener en cuenta, y tan pronto como sepa algo les llamo.

- Gracias, espero sus noticias. Hasta pronto.

- Adiós.



CONTINUARÁ...




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Miguel ha puesto sus cartas sobre la mesa, pero Betty está muy dura. Acierta al resistirse a pagarle? Un beso.
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fernyuki
fernyuki

June 24th, 2011, 3:39 pm #2

que no le den ni un peso a ese indigente, mal oliente, drogadicto aprovechado,
a prision debe ir
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Yetbri
Yetbri

June 24th, 2011, 3:52 pm #3



- Cómo se llama el tipo?

- Miguel Vargas.

- No me suena de nada. -Frunce el ceño intentando recordar.- Y dice que quiere hablar con Betty y conmigo?

- Sí, doctor.

Armando descuelga el teléfono, marca la extensión de Betty y le pregunta a bocajarro:

- A ti te suena de algo un tal Miguel Vargas?





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Capítulo XXIII.- Por qué me preguntas eso ahora?



Casi se le cae el teléfono de la mano a causa de la impresión tan fuerte que recibe. El nombre le ha impactado intensamente.

Pasan unos segundos antes de que se obligue a respirar de nuevo. Inspira profundamente, se aclara la garganta y contesta en voz baja con la mano del auricular todavía temblando.

- Sí, Armando. Ese hombre es el padre de Gonzalo. Por qué me preguntas eso ahora?

Armando también recibe una impresión y responde envarado.

- Porque está en la entrada y ha dicho a Wilson que debe hablar con nosotros.

Betty siente un fuerte escalofrío que le recorre la columna vertebral. Y miedo. Mucho miedo.

- Ahora? Abajo? Hablar con nosotros?

- Sí. Vamos a verle y averiguaremos qué quiere. Prefiero no recibirle en la empresa.

- Está bien, voy.

Cuelga el auricular, respira hondo varias veces y sale al lobby con el corazón a mil.

Ahí coincide con Armando que sale de presidencia, y juntos se dirigen al ascensor.

Una vez dentro, a solas, él la abraza y tranquiliza ya que la ve muy nerviosa.

- Betty, no temas nada que estamos juntos, y juntos vamos a afrontar cualquier asunto que plantee.

- Tú también sospechas que esto no presagia nada bueno, verdad?

- No soy tan pesimista, pero sí estoy intrigado. -Contesta evasivo, y cambia el abrazo por tomarle de la mano porque han llegado a la planta baja.

Betty traga saliva y se deja conducir hasta la puerta, pero esta vez Armando no le cede el paso y sale él primero.

- Wilson, acá estamos.

- Doctor, ese señor insiste en hablar con ustedes. Según él no puede esperar.

Los dos miran al tiempo al individuo que espera unos metros más allá, delante del primer escaparate.

Entonces ven a un joven que parece un espectro, y se quedan pasmados porque no le esperaban así. Realmente parece enfermo.

Betty incluso duda sobre la identidad del hombre y piensa que el vigilante se ha equivocado de nombre ya que no consigue reconocerle.

Lleva el escaso pelo muy corto, su rostro parece el de un cadáver, tiene los ojos hundidos, y la piel del color del cemento.

No tiene ni idea de por qué está allí ese tipo, ni quién es, ni qué quiere de ellos.

- Quién es usted? -Pregunta Betty.

El hombre contesta en voz baja, acercándose y mirándola con ojos entornados, y Armando da un paso protector interponiéndose entre los dos.

- Soy Miguel. No me reconoce, Betty? Yo a usted tampoco si no me hubieran avisado. Los dos hemos cambiado mucho. Ja, ja! -Ríe con cinismo.

- Miguel... -Musita en un murmullo y los recuerdos se agolpan en su interior.

Por un momento piensa estar viviendo una alucinación, pero sólo es un fantasma del pasado.

- Efectivamente.

- Qué hace aquí? -Le pregunta con voz entrecortada.

Armando le mira cejijunto. Para él sólo había sido un nombre, y de repente tiene cara.

- Regresé al barrio y me dijeron todo sobre usted, que tuvo un hijo mío, que se volvió guapa y que se casó con un tipo rico.

- Nunca he ocultado nada. -Le responde seca.- Qué quiere?

- Conocer a mi hijo. -Y añade con maldad sabiendo que causa dolor.- Decirle quien soy... pasar buenos ratos con él... llevarle a jugar a los billares con Román y los otros compadres...

Betty pone cara tan dura como el granito, y Armando la observa listo para intervenir.

- Eso no va a ser posible. -Dice con firmeza.

- Ja, ja!

La falsa carcajada le provoca un nuevo acceso de tos, y esto hace que su cuerpo parezca translúcido, y tan ligero como si estuviera a punto de desaparecer arrastrado por el viento.

- Olvídese de él.

- Es mi hijo y tengo derechos. Cualquier juez me los reconocerá.

Viendo que las intenciones del tipo son únicamente sacarles dinero, y el cariz que está tomando la conversación, Armando toma la iniciativa.

- Esto no es para hablarlo en la calle. Vamos a tomar un tinto a esa cafetería. -Señala hacia la esquina.

La voz de Armando suena con autoridad y ninguno de los otros dos objeta nada. Van en silencio, se acomodan en una mesa apartada y piden sendos cafés.





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Ninguno vuelve a abrir la boca hasta que el camarero se va tras servirles, y entonces es Armando quien se dirige al extraño.

- Vamos a ver, señor...

- Vargas. -Responde el otro seco.

- Señor Vargas, vamos al grano y díganos claramente qué desea.

Miguel ve que han llegado al punto que él esperaba y empieza apelando al corazón.

- Bueno... yo acabo de saber que tengo un hijo y siento... lo que sin duda debe ser amor de padre. -Dice con falsedad, y luego insiste en lo que ya dijo en la calle.- Deseo conocerle y decirle quién soy por si necesita algo...

- Ya. -Contesta Armando seco y sarcástico.- Y en el caso de que necesite algo... seguro que podrá usted ofrecérselo?

Los ojos del otro se achican y le miran con odio, pero no responde.

- No quiero que le conozca. Ha vivido casi seis años sin usted y debe seguir así toda la vida. -Interviene Betty.

- En ese caso no me va a quedar otra que ir a un juzgado para reclamar mis derechos como padre.

- No pretenda hacernos creer que le interesa un niño al que no ha visto en la vida y del que acaba de enterarse de su existencia. -Dice Betty bajito.

Miguel se encoge de hombros y sonríe con sonrisa pérfida.

Armando y Betty se miran entendiéndose. El niño no le importa absolutamente nada, pero les está chantajeando, de modo que será capaz de perjudicar a su hijo sin el menor remordimiento si no compran su silencio con una buena cantidad de dinero.

- Y qué si me interesa o no? -Vuelve a hablar Miguel y les amenaza abiertamente.- El chino es mío y si ustedes no aceptan mis condiciones puedo causarles muchos problemas porque el muchachito tendrá que pasar temporadas conmigo.

- Señor Vargas. -Dice Armando al que se le está acabando la paciencia.- Ponga las cartas sobre la mesa de una buena vez. Qué quiere a cambio de olvidarse del niño para siempre?

Se dibuja una malvada sonrisa en la cara de Miguel.

- Veo que ya van entendiendo. Pues, compadre, qué voy a querer? Lo que mueve el mundo: plata. Eso quiero, dinero para no volver a vivir en la miseria nunca.

- Bueno, al fin descubre su jugada. -Armando mordaz.- Y de qué cantidad estamos hablando?

- Pues, vea señor... -Le imita y se acomoda en la silla.

- Mendoza. -Responde Armando con cara de pocos amigos.

- Señor Mendoza, estoy pensando que si les pido la compensación económica por olvidarme de mi hijo en una sola entrega, igual me lo gasto sin enterarme porque soy un poco manirroto y tengo que pedirles más veces. -Sonríe con mezquindad.- Y una cantidad tan importante...

Chasquea la lengua.

Betty y Armando se miran asombrados por la astucia que demuestra el tipejo.

- Así que será mejor que me hagan un giro mensual por correos. De ese modo, si se me gasta pronto la plata, sé que tendré más a final de mes.

Armando no se inmuta y se muestra estoico ante la desfachatez del otro.

- Insisto, qué cantidad mensual tiene pensada?

Miguel dice muchos miles de pesos, y Armando está a punto de aceptar cuando Betty le toca levemente un brazo.

- Miguel, mi marido y yo debemos hablar antes de acordar nada con usted.

- Y de qué tienen que hablar? -Pregunta bruscamente alzando la voz, aunque no lo suficiente para ser oído ya que están un poco apartados.

- Todo esto nos ha tomado por sorpresa y tenemos que hablar a solas del asunto. -Alega Betty con firmeza.

- No me vayan a salir con trucos y artimañas porque les subo el dinero que he pedido. -Les señala con el dedo índice.- Quedan avisados.

Se levanta dispuesto a irse y Betty le pregunta:

- Cómo podemos ponernos en contacto con usted para responderle cuando hayamos decidido?

- No es necesario. Nos vemos mañana a las siete de la tarde en la plaza del barrio. Junto a la fuente.

Le contemplan salir de la cafetería y alejarse. Después habla Betty.

- Armando, has visto qué aspecto tiene?

- Sí. Parece que está muy mal. Sabes si andaba metido en la droga?

- Entonces, no. Seguro. Era un chulito de barrio alto, guapo, fuerte, sano...

- Pues creo que en algún momento entre entonces y hoy ha entrado en ese horrible mundo. -Termina con voz apagada.

- No digas eso. -Asustada.

- Es que se le ve muy mal, Betty, muy mal.





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Dan el último sorbo a sus cafés y regresan a la empresa. Entran los dos a presidencia, Betty se sienta en el sofá y pregunta:

- Armando, estás dispuesto a dejarte chantajear?

- No queda otra. Date cuenta que si acude a un juzgado para reclamar sus derechos de padre, se los van a reconocer y nos va a tocar compartir el niño con él los fines de semana y las vacaciones. Tú quieres eso?

- Naturalmente que no, pero ningún juez le concederá la menor responsabilidad sobre Gonzalo porque no tiene nada. Ni siquiera trabajo. Tú crees que alguien entregaría un niño a un indigente?

- No lo sé, mi amor. No creo, pero no podemos correr ningún riesgo, y él es su padre. -Armando se queda pensando.- No tiene nada? Vivirá en algún lado...

- De día en la calle, y por la noche, antiguamente, dormía en casa de una tía que tiene en el barrio y que ya era anciana hace seis años. Supongo que ahora volverá a dormir allí.

Armando deja de dar vueltas por el despacho y se sienta en el sofá junto a ella.

- Ha pedido mucho. Ofrezcámosle la mitad. -Propone Betty con aplomo.

- Y si se pone cabezón y no acepta la mitad?

- Pues negociaremos con él. Sabe que ha pedido demasiado, y él mismo se extrañará si aceptamos sin más. Además pensará que somos un pozo sin fondo y exigirá más cada mes.

- Es arriesgado. -Contesta él temeroso.- Betty, yo quiero mucho a Gonzalo, pero es tu hijo. Seguro que no quieres pagar lo que pide para que desista de reclamar sus derechos de padre?

Betty le mira con lágrimas en los ojos y mucha rabia en su interior.

- Mira, Armando, yo no sé cuál es la razón por la que estoy segura de que no va a tener a mi niño, pero lo sé. Será quizá una premonición... pero a ese respecto estoy tranquila. En cambio, lo que me enfurece es que yo llevo toda la vida luchando y esforzándome. Antes, cuando estudiaba y ahora con el trabajo diario, ganándome todo a pulso porque nunca me han regalado nada. Y él... él que jamás ha hecho otra cosa que holgazanear y burlarse de las buenas personas como hizo conmigo, ahora pretende vivir a cuerpo de rey a nuestra costa en virtud de un cruel y abyecto chantaje. No, no y no!

Armando le echa un brazo sobre los hombros, la estrecha contra él y la besa el pelo y la mejilla.

- Te entiendo, mi amor. Sé que has trabajado sin descanso toda tu vida, que Miguel te provocó mucho sufrimiento y que además ahora ha vuelto y pretende hurgar en la herida, pero yo no quiero que os dañe a ti ni al niño, así que voy a llamar a Santamaría y le contaré lo que intenta ese individuo.

- Buena idea! -Exclama sorprendida y satisfecha.- Armando, gracias por tomarte este asunto como propio.

- Es que es propio. Somos una familia y os quiero mucho a los dos. Por eso estoy dispuesto a darle lo que pida sin regatear.

Betty se vuelve a él y le abraza con ternura.

- Te amo. Eres, después de mi madre, la mejor persona que he conocido en mi vida, y tengo mucha suerte de ser tu esposa. -Le besa.

- El afortunado soy yo. Voy a hacer esa llamada para que Santamaría me diga lo que está legislado y el riesgo que correríamos. Luego decidiremos cómo actuar.

Vuelven a besarse y Betty se va a su despacho.





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Cuando se ve sola pierde parte de su aplomo al recordar la penosa figura de Miguel y su amenaza, y hace un gran esfuerzo para mantenerse fuerte y no desmoronarse.

Armando llama al abogado de inmediato y habla largamente con él contándole el encuentro con el padre de Gonzalo de principio a fin.

- Estamos muy preocupados. Si ese tipo consiguiese arrebatarle el niño a Betty, aunque sólo fuese compartirlo... no quiero ni pensarlo!

- Tranquilícense. Vea, Armando, yo ahora mismo voy a consultar la ley y la jurisprudencia por si hubiese algún antecedente que un juez pudiera tener en cuenta, y tan pronto como sepa algo les llamo.

- Gracias, espero sus noticias. Hasta pronto.

- Adiós.



CONTINUARÁ...




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Miguel ha puesto sus cartas sobre la mesa, pero Betty está muy dura. Acierta al resistirse a pagarle? Un beso.
yo pienso que el no puede hacer nada ya que como lo dijeron no trabaja y es un vago ademas es drogadicto, por esa parte no puede suceder nada ahora que si se lo roba ahi si ya es otra cosa pero espero que lo demanden por chartajearlos y que vuelvan a la felicidad que ya tenian
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VIRY
VIRY

June 24th, 2011, 10:15 pm #4



- Cómo se llama el tipo?

- Miguel Vargas.

- No me suena de nada. -Frunce el ceño intentando recordar.- Y dice que quiere hablar con Betty y conmigo?

- Sí, doctor.

Armando descuelga el teléfono, marca la extensión de Betty y le pregunta a bocajarro:

- A ti te suena de algo un tal Miguel Vargas?





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Capítulo XXIII.- Por qué me preguntas eso ahora?



Casi se le cae el teléfono de la mano a causa de la impresión tan fuerte que recibe. El nombre le ha impactado intensamente.

Pasan unos segundos antes de que se obligue a respirar de nuevo. Inspira profundamente, se aclara la garganta y contesta en voz baja con la mano del auricular todavía temblando.

- Sí, Armando. Ese hombre es el padre de Gonzalo. Por qué me preguntas eso ahora?

Armando también recibe una impresión y responde envarado.

- Porque está en la entrada y ha dicho a Wilson que debe hablar con nosotros.

Betty siente un fuerte escalofrío que le recorre la columna vertebral. Y miedo. Mucho miedo.

- Ahora? Abajo? Hablar con nosotros?

- Sí. Vamos a verle y averiguaremos qué quiere. Prefiero no recibirle en la empresa.

- Está bien, voy.

Cuelga el auricular, respira hondo varias veces y sale al lobby con el corazón a mil.

Ahí coincide con Armando que sale de presidencia, y juntos se dirigen al ascensor.

Una vez dentro, a solas, él la abraza y tranquiliza ya que la ve muy nerviosa.

- Betty, no temas nada que estamos juntos, y juntos vamos a afrontar cualquier asunto que plantee.

- Tú también sospechas que esto no presagia nada bueno, verdad?

- No soy tan pesimista, pero sí estoy intrigado. -Contesta evasivo, y cambia el abrazo por tomarle de la mano porque han llegado a la planta baja.

Betty traga saliva y se deja conducir hasta la puerta, pero esta vez Armando no le cede el paso y sale él primero.

- Wilson, acá estamos.

- Doctor, ese señor insiste en hablar con ustedes. Según él no puede esperar.

Los dos miran al tiempo al individuo que espera unos metros más allá, delante del primer escaparate.

Entonces ven a un joven que parece un espectro, y se quedan pasmados porque no le esperaban así. Realmente parece enfermo.

Betty incluso duda sobre la identidad del hombre y piensa que el vigilante se ha equivocado de nombre ya que no consigue reconocerle.

Lleva el escaso pelo muy corto, su rostro parece el de un cadáver, tiene los ojos hundidos, y la piel del color del cemento.

No tiene ni idea de por qué está allí ese tipo, ni quién es, ni qué quiere de ellos.

- Quién es usted? -Pregunta Betty.

El hombre contesta en voz baja, acercándose y mirándola con ojos entornados, y Armando da un paso protector interponiéndose entre los dos.

- Soy Miguel. No me reconoce, Betty? Yo a usted tampoco si no me hubieran avisado. Los dos hemos cambiado mucho. Ja, ja! -Ríe con cinismo.

- Miguel... -Musita en un murmullo y los recuerdos se agolpan en su interior.

Por un momento piensa estar viviendo una alucinación, pero sólo es un fantasma del pasado.

- Efectivamente.

- Qué hace aquí? -Le pregunta con voz entrecortada.

Armando le mira cejijunto. Para él sólo había sido un nombre, y de repente tiene cara.

- Regresé al barrio y me dijeron todo sobre usted, que tuvo un hijo mío, que se volvió guapa y que se casó con un tipo rico.

- Nunca he ocultado nada. -Le responde seca.- Qué quiere?

- Conocer a mi hijo. -Y añade con maldad sabiendo que causa dolor.- Decirle quien soy... pasar buenos ratos con él... llevarle a jugar a los billares con Román y los otros compadres...

Betty pone cara tan dura como el granito, y Armando la observa listo para intervenir.

- Eso no va a ser posible. -Dice con firmeza.

- Ja, ja!

La falsa carcajada le provoca un nuevo acceso de tos, y esto hace que su cuerpo parezca translúcido, y tan ligero como si estuviera a punto de desaparecer arrastrado por el viento.

- Olvídese de él.

- Es mi hijo y tengo derechos. Cualquier juez me los reconocerá.

Viendo que las intenciones del tipo son únicamente sacarles dinero, y el cariz que está tomando la conversación, Armando toma la iniciativa.

- Esto no es para hablarlo en la calle. Vamos a tomar un tinto a esa cafetería. -Señala hacia la esquina.

La voz de Armando suena con autoridad y ninguno de los otros dos objeta nada. Van en silencio, se acomodan en una mesa apartada y piden sendos cafés.





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Ninguno vuelve a abrir la boca hasta que el camarero se va tras servirles, y entonces es Armando quien se dirige al extraño.

- Vamos a ver, señor...

- Vargas. -Responde el otro seco.

- Señor Vargas, vamos al grano y díganos claramente qué desea.

Miguel ve que han llegado al punto que él esperaba y empieza apelando al corazón.

- Bueno... yo acabo de saber que tengo un hijo y siento... lo que sin duda debe ser amor de padre. -Dice con falsedad, y luego insiste en lo que ya dijo en la calle.- Deseo conocerle y decirle quién soy por si necesita algo...

- Ya. -Contesta Armando seco y sarcástico.- Y en el caso de que necesite algo... seguro que podrá usted ofrecérselo?

Los ojos del otro se achican y le miran con odio, pero no responde.

- No quiero que le conozca. Ha vivido casi seis años sin usted y debe seguir así toda la vida. -Interviene Betty.

- En ese caso no me va a quedar otra que ir a un juzgado para reclamar mis derechos como padre.

- No pretenda hacernos creer que le interesa un niño al que no ha visto en la vida y del que acaba de enterarse de su existencia. -Dice Betty bajito.

Miguel se encoge de hombros y sonríe con sonrisa pérfida.

Armando y Betty se miran entendiéndose. El niño no le importa absolutamente nada, pero les está chantajeando, de modo que será capaz de perjudicar a su hijo sin el menor remordimiento si no compran su silencio con una buena cantidad de dinero.

- Y qué si me interesa o no? -Vuelve a hablar Miguel y les amenaza abiertamente.- El chino es mío y si ustedes no aceptan mis condiciones puedo causarles muchos problemas porque el muchachito tendrá que pasar temporadas conmigo.

- Señor Vargas. -Dice Armando al que se le está acabando la paciencia.- Ponga las cartas sobre la mesa de una buena vez. Qué quiere a cambio de olvidarse del niño para siempre?

Se dibuja una malvada sonrisa en la cara de Miguel.

- Veo que ya van entendiendo. Pues, compadre, qué voy a querer? Lo que mueve el mundo: plata. Eso quiero, dinero para no volver a vivir en la miseria nunca.

- Bueno, al fin descubre su jugada. -Armando mordaz.- Y de qué cantidad estamos hablando?

- Pues, vea señor... -Le imita y se acomoda en la silla.

- Mendoza. -Responde Armando con cara de pocos amigos.

- Señor Mendoza, estoy pensando que si les pido la compensación económica por olvidarme de mi hijo en una sola entrega, igual me lo gasto sin enterarme porque soy un poco manirroto y tengo que pedirles más veces. -Sonríe con mezquindad.- Y una cantidad tan importante...

Chasquea la lengua.

Betty y Armando se miran asombrados por la astucia que demuestra el tipejo.

- Así que será mejor que me hagan un giro mensual por correos. De ese modo, si se me gasta pronto la plata, sé que tendré más a final de mes.

Armando no se inmuta y se muestra estoico ante la desfachatez del otro.

- Insisto, qué cantidad mensual tiene pensada?

Miguel dice muchos miles de pesos, y Armando está a punto de aceptar cuando Betty le toca levemente un brazo.

- Miguel, mi marido y yo debemos hablar antes de acordar nada con usted.

- Y de qué tienen que hablar? -Pregunta bruscamente alzando la voz, aunque no lo suficiente para ser oído ya que están un poco apartados.

- Todo esto nos ha tomado por sorpresa y tenemos que hablar a solas del asunto. -Alega Betty con firmeza.

- No me vayan a salir con trucos y artimañas porque les subo el dinero que he pedido. -Les señala con el dedo índice.- Quedan avisados.

Se levanta dispuesto a irse y Betty le pregunta:

- Cómo podemos ponernos en contacto con usted para responderle cuando hayamos decidido?

- No es necesario. Nos vemos mañana a las siete de la tarde en la plaza del barrio. Junto a la fuente.

Le contemplan salir de la cafetería y alejarse. Después habla Betty.

- Armando, has visto qué aspecto tiene?

- Sí. Parece que está muy mal. Sabes si andaba metido en la droga?

- Entonces, no. Seguro. Era un chulito de barrio alto, guapo, fuerte, sano...

- Pues creo que en algún momento entre entonces y hoy ha entrado en ese horrible mundo. -Termina con voz apagada.

- No digas eso. -Asustada.

- Es que se le ve muy mal, Betty, muy mal.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Dan el último sorbo a sus cafés y regresan a la empresa. Entran los dos a presidencia, Betty se sienta en el sofá y pregunta:

- Armando, estás dispuesto a dejarte chantajear?

- No queda otra. Date cuenta que si acude a un juzgado para reclamar sus derechos de padre, se los van a reconocer y nos va a tocar compartir el niño con él los fines de semana y las vacaciones. Tú quieres eso?

- Naturalmente que no, pero ningún juez le concederá la menor responsabilidad sobre Gonzalo porque no tiene nada. Ni siquiera trabajo. Tú crees que alguien entregaría un niño a un indigente?

- No lo sé, mi amor. No creo, pero no podemos correr ningún riesgo, y él es su padre. -Armando se queda pensando.- No tiene nada? Vivirá en algún lado...

- De día en la calle, y por la noche, antiguamente, dormía en casa de una tía que tiene en el barrio y que ya era anciana hace seis años. Supongo que ahora volverá a dormir allí.

Armando deja de dar vueltas por el despacho y se sienta en el sofá junto a ella.

- Ha pedido mucho. Ofrezcámosle la mitad. -Propone Betty con aplomo.

- Y si se pone cabezón y no acepta la mitad?

- Pues negociaremos con él. Sabe que ha pedido demasiado, y él mismo se extrañará si aceptamos sin más. Además pensará que somos un pozo sin fondo y exigirá más cada mes.

- Es arriesgado. -Contesta él temeroso.- Betty, yo quiero mucho a Gonzalo, pero es tu hijo. Seguro que no quieres pagar lo que pide para que desista de reclamar sus derechos de padre?

Betty le mira con lágrimas en los ojos y mucha rabia en su interior.

- Mira, Armando, yo no sé cuál es la razón por la que estoy segura de que no va a tener a mi niño, pero lo sé. Será quizá una premonición... pero a ese respecto estoy tranquila. En cambio, lo que me enfurece es que yo llevo toda la vida luchando y esforzándome. Antes, cuando estudiaba y ahora con el trabajo diario, ganándome todo a pulso porque nunca me han regalado nada. Y él... él que jamás ha hecho otra cosa que holgazanear y burlarse de las buenas personas como hizo conmigo, ahora pretende vivir a cuerpo de rey a nuestra costa en virtud de un cruel y abyecto chantaje. No, no y no!

Armando le echa un brazo sobre los hombros, la estrecha contra él y la besa el pelo y la mejilla.

- Te entiendo, mi amor. Sé que has trabajado sin descanso toda tu vida, que Miguel te provocó mucho sufrimiento y que además ahora ha vuelto y pretende hurgar en la herida, pero yo no quiero que os dañe a ti ni al niño, así que voy a llamar a Santamaría y le contaré lo que intenta ese individuo.

- Buena idea! -Exclama sorprendida y satisfecha.- Armando, gracias por tomarte este asunto como propio.

- Es que es propio. Somos una familia y os quiero mucho a los dos. Por eso estoy dispuesto a darle lo que pida sin regatear.

Betty se vuelve a él y le abraza con ternura.

- Te amo. Eres, después de mi madre, la mejor persona que he conocido en mi vida, y tengo mucha suerte de ser tu esposa. -Le besa.

- El afortunado soy yo. Voy a hacer esa llamada para que Santamaría me diga lo que está legislado y el riesgo que correríamos. Luego decidiremos cómo actuar.

Vuelven a besarse y Betty se va a su despacho.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Cuando se ve sola pierde parte de su aplomo al recordar la penosa figura de Miguel y su amenaza, y hace un gran esfuerzo para mantenerse fuerte y no desmoronarse.

Armando llama al abogado de inmediato y habla largamente con él contándole el encuentro con el padre de Gonzalo de principio a fin.

- Estamos muy preocupados. Si ese tipo consiguiese arrebatarle el niño a Betty, aunque sólo fuese compartirlo... no quiero ni pensarlo!

- Tranquilícense. Vea, Armando, yo ahora mismo voy a consultar la ley y la jurisprudencia por si hubiese algún antecedente que un juez pudiera tener en cuenta, y tan pronto como sepa algo les llamo.

- Gracias, espero sus noticias. Hasta pronto.

- Adiós.



CONTINUARÁ...




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Miguel ha puesto sus cartas sobre la mesa, pero Betty está muy dura. Acierta al resistirse a pagarle? Un beso.
que pueda reclamar nada Miguel si Gonzalo esta registrado como hijo de Armando, ademas Miguel jamas ha visto por el niño y ademas de todo es un holgazan sin oficio ni beneficio y ademas drogadicto, la ley no se lo dejara.
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Fanarg
Fanarg

June 25th, 2011, 3:20 am #5



- Cómo se llama el tipo?

- Miguel Vargas.

- No me suena de nada. -Frunce el ceño intentando recordar.- Y dice que quiere hablar con Betty y conmigo?

- Sí, doctor.

Armando descuelga el teléfono, marca la extensión de Betty y le pregunta a bocajarro:

- A ti te suena de algo un tal Miguel Vargas?





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Capítulo XXIII.- Por qué me preguntas eso ahora?



Casi se le cae el teléfono de la mano a causa de la impresión tan fuerte que recibe. El nombre le ha impactado intensamente.

Pasan unos segundos antes de que se obligue a respirar de nuevo. Inspira profundamente, se aclara la garganta y contesta en voz baja con la mano del auricular todavía temblando.

- Sí, Armando. Ese hombre es el padre de Gonzalo. Por qué me preguntas eso ahora?

Armando también recibe una impresión y responde envarado.

- Porque está en la entrada y ha dicho a Wilson que debe hablar con nosotros.

Betty siente un fuerte escalofrío que le recorre la columna vertebral. Y miedo. Mucho miedo.

- Ahora? Abajo? Hablar con nosotros?

- Sí. Vamos a verle y averiguaremos qué quiere. Prefiero no recibirle en la empresa.

- Está bien, voy.

Cuelga el auricular, respira hondo varias veces y sale al lobby con el corazón a mil.

Ahí coincide con Armando que sale de presidencia, y juntos se dirigen al ascensor.

Una vez dentro, a solas, él la abraza y tranquiliza ya que la ve muy nerviosa.

- Betty, no temas nada que estamos juntos, y juntos vamos a afrontar cualquier asunto que plantee.

- Tú también sospechas que esto no presagia nada bueno, verdad?

- No soy tan pesimista, pero sí estoy intrigado. -Contesta evasivo, y cambia el abrazo por tomarle de la mano porque han llegado a la planta baja.

Betty traga saliva y se deja conducir hasta la puerta, pero esta vez Armando no le cede el paso y sale él primero.

- Wilson, acá estamos.

- Doctor, ese señor insiste en hablar con ustedes. Según él no puede esperar.

Los dos miran al tiempo al individuo que espera unos metros más allá, delante del primer escaparate.

Entonces ven a un joven que parece un espectro, y se quedan pasmados porque no le esperaban así. Realmente parece enfermo.

Betty incluso duda sobre la identidad del hombre y piensa que el vigilante se ha equivocado de nombre ya que no consigue reconocerle.

Lleva el escaso pelo muy corto, su rostro parece el de un cadáver, tiene los ojos hundidos, y la piel del color del cemento.

No tiene ni idea de por qué está allí ese tipo, ni quién es, ni qué quiere de ellos.

- Quién es usted? -Pregunta Betty.

El hombre contesta en voz baja, acercándose y mirándola con ojos entornados, y Armando da un paso protector interponiéndose entre los dos.

- Soy Miguel. No me reconoce, Betty? Yo a usted tampoco si no me hubieran avisado. Los dos hemos cambiado mucho. Ja, ja! -Ríe con cinismo.

- Miguel... -Musita en un murmullo y los recuerdos se agolpan en su interior.

Por un momento piensa estar viviendo una alucinación, pero sólo es un fantasma del pasado.

- Efectivamente.

- Qué hace aquí? -Le pregunta con voz entrecortada.

Armando le mira cejijunto. Para él sólo había sido un nombre, y de repente tiene cara.

- Regresé al barrio y me dijeron todo sobre usted, que tuvo un hijo mío, que se volvió guapa y que se casó con un tipo rico.

- Nunca he ocultado nada. -Le responde seca.- Qué quiere?

- Conocer a mi hijo. -Y añade con maldad sabiendo que causa dolor.- Decirle quien soy... pasar buenos ratos con él... llevarle a jugar a los billares con Román y los otros compadres...

Betty pone cara tan dura como el granito, y Armando la observa listo para intervenir.

- Eso no va a ser posible. -Dice con firmeza.

- Ja, ja!

La falsa carcajada le provoca un nuevo acceso de tos, y esto hace que su cuerpo parezca translúcido, y tan ligero como si estuviera a punto de desaparecer arrastrado por el viento.

- Olvídese de él.

- Es mi hijo y tengo derechos. Cualquier juez me los reconocerá.

Viendo que las intenciones del tipo son únicamente sacarles dinero, y el cariz que está tomando la conversación, Armando toma la iniciativa.

- Esto no es para hablarlo en la calle. Vamos a tomar un tinto a esa cafetería. -Señala hacia la esquina.

La voz de Armando suena con autoridad y ninguno de los otros dos objeta nada. Van en silencio, se acomodan en una mesa apartada y piden sendos cafés.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Ninguno vuelve a abrir la boca hasta que el camarero se va tras servirles, y entonces es Armando quien se dirige al extraño.

- Vamos a ver, señor...

- Vargas. -Responde el otro seco.

- Señor Vargas, vamos al grano y díganos claramente qué desea.

Miguel ve que han llegado al punto que él esperaba y empieza apelando al corazón.

- Bueno... yo acabo de saber que tengo un hijo y siento... lo que sin duda debe ser amor de padre. -Dice con falsedad, y luego insiste en lo que ya dijo en la calle.- Deseo conocerle y decirle quién soy por si necesita algo...

- Ya. -Contesta Armando seco y sarcástico.- Y en el caso de que necesite algo... seguro que podrá usted ofrecérselo?

Los ojos del otro se achican y le miran con odio, pero no responde.

- No quiero que le conozca. Ha vivido casi seis años sin usted y debe seguir así toda la vida. -Interviene Betty.

- En ese caso no me va a quedar otra que ir a un juzgado para reclamar mis derechos como padre.

- No pretenda hacernos creer que le interesa un niño al que no ha visto en la vida y del que acaba de enterarse de su existencia. -Dice Betty bajito.

Miguel se encoge de hombros y sonríe con sonrisa pérfida.

Armando y Betty se miran entendiéndose. El niño no le importa absolutamente nada, pero les está chantajeando, de modo que será capaz de perjudicar a su hijo sin el menor remordimiento si no compran su silencio con una buena cantidad de dinero.

- Y qué si me interesa o no? -Vuelve a hablar Miguel y les amenaza abiertamente.- El chino es mío y si ustedes no aceptan mis condiciones puedo causarles muchos problemas porque el muchachito tendrá que pasar temporadas conmigo.

- Señor Vargas. -Dice Armando al que se le está acabando la paciencia.- Ponga las cartas sobre la mesa de una buena vez. Qué quiere a cambio de olvidarse del niño para siempre?

Se dibuja una malvada sonrisa en la cara de Miguel.

- Veo que ya van entendiendo. Pues, compadre, qué voy a querer? Lo que mueve el mundo: plata. Eso quiero, dinero para no volver a vivir en la miseria nunca.

- Bueno, al fin descubre su jugada. -Armando mordaz.- Y de qué cantidad estamos hablando?

- Pues, vea señor... -Le imita y se acomoda en la silla.

- Mendoza. -Responde Armando con cara de pocos amigos.

- Señor Mendoza, estoy pensando que si les pido la compensación económica por olvidarme de mi hijo en una sola entrega, igual me lo gasto sin enterarme porque soy un poco manirroto y tengo que pedirles más veces. -Sonríe con mezquindad.- Y una cantidad tan importante...

Chasquea la lengua.

Betty y Armando se miran asombrados por la astucia que demuestra el tipejo.

- Así que será mejor que me hagan un giro mensual por correos. De ese modo, si se me gasta pronto la plata, sé que tendré más a final de mes.

Armando no se inmuta y se muestra estoico ante la desfachatez del otro.

- Insisto, qué cantidad mensual tiene pensada?

Miguel dice muchos miles de pesos, y Armando está a punto de aceptar cuando Betty le toca levemente un brazo.

- Miguel, mi marido y yo debemos hablar antes de acordar nada con usted.

- Y de qué tienen que hablar? -Pregunta bruscamente alzando la voz, aunque no lo suficiente para ser oído ya que están un poco apartados.

- Todo esto nos ha tomado por sorpresa y tenemos que hablar a solas del asunto. -Alega Betty con firmeza.

- No me vayan a salir con trucos y artimañas porque les subo el dinero que he pedido. -Les señala con el dedo índice.- Quedan avisados.

Se levanta dispuesto a irse y Betty le pregunta:

- Cómo podemos ponernos en contacto con usted para responderle cuando hayamos decidido?

- No es necesario. Nos vemos mañana a las siete de la tarde en la plaza del barrio. Junto a la fuente.

Le contemplan salir de la cafetería y alejarse. Después habla Betty.

- Armando, has visto qué aspecto tiene?

- Sí. Parece que está muy mal. Sabes si andaba metido en la droga?

- Entonces, no. Seguro. Era un chulito de barrio alto, guapo, fuerte, sano...

- Pues creo que en algún momento entre entonces y hoy ha entrado en ese horrible mundo. -Termina con voz apagada.

- No digas eso. -Asustada.

- Es que se le ve muy mal, Betty, muy mal.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Dan el último sorbo a sus cafés y regresan a la empresa. Entran los dos a presidencia, Betty se sienta en el sofá y pregunta:

- Armando, estás dispuesto a dejarte chantajear?

- No queda otra. Date cuenta que si acude a un juzgado para reclamar sus derechos de padre, se los van a reconocer y nos va a tocar compartir el niño con él los fines de semana y las vacaciones. Tú quieres eso?

- Naturalmente que no, pero ningún juez le concederá la menor responsabilidad sobre Gonzalo porque no tiene nada. Ni siquiera trabajo. Tú crees que alguien entregaría un niño a un indigente?

- No lo sé, mi amor. No creo, pero no podemos correr ningún riesgo, y él es su padre. -Armando se queda pensando.- No tiene nada? Vivirá en algún lado...

- De día en la calle, y por la noche, antiguamente, dormía en casa de una tía que tiene en el barrio y que ya era anciana hace seis años. Supongo que ahora volverá a dormir allí.

Armando deja de dar vueltas por el despacho y se sienta en el sofá junto a ella.

- Ha pedido mucho. Ofrezcámosle la mitad. -Propone Betty con aplomo.

- Y si se pone cabezón y no acepta la mitad?

- Pues negociaremos con él. Sabe que ha pedido demasiado, y él mismo se extrañará si aceptamos sin más. Además pensará que somos un pozo sin fondo y exigirá más cada mes.

- Es arriesgado. -Contesta él temeroso.- Betty, yo quiero mucho a Gonzalo, pero es tu hijo. Seguro que no quieres pagar lo que pide para que desista de reclamar sus derechos de padre?

Betty le mira con lágrimas en los ojos y mucha rabia en su interior.

- Mira, Armando, yo no sé cuál es la razón por la que estoy segura de que no va a tener a mi niño, pero lo sé. Será quizá una premonición... pero a ese respecto estoy tranquila. En cambio, lo que me enfurece es que yo llevo toda la vida luchando y esforzándome. Antes, cuando estudiaba y ahora con el trabajo diario, ganándome todo a pulso porque nunca me han regalado nada. Y él... él que jamás ha hecho otra cosa que holgazanear y burlarse de las buenas personas como hizo conmigo, ahora pretende vivir a cuerpo de rey a nuestra costa en virtud de un cruel y abyecto chantaje. No, no y no!

Armando le echa un brazo sobre los hombros, la estrecha contra él y la besa el pelo y la mejilla.

- Te entiendo, mi amor. Sé que has trabajado sin descanso toda tu vida, que Miguel te provocó mucho sufrimiento y que además ahora ha vuelto y pretende hurgar en la herida, pero yo no quiero que os dañe a ti ni al niño, así que voy a llamar a Santamaría y le contaré lo que intenta ese individuo.

- Buena idea! -Exclama sorprendida y satisfecha.- Armando, gracias por tomarte este asunto como propio.

- Es que es propio. Somos una familia y os quiero mucho a los dos. Por eso estoy dispuesto a darle lo que pida sin regatear.

Betty se vuelve a él y le abraza con ternura.

- Te amo. Eres, después de mi madre, la mejor persona que he conocido en mi vida, y tengo mucha suerte de ser tu esposa. -Le besa.

- El afortunado soy yo. Voy a hacer esa llamada para que Santamaría me diga lo que está legislado y el riesgo que correríamos. Luego decidiremos cómo actuar.

Vuelven a besarse y Betty se va a su despacho.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Cuando se ve sola pierde parte de su aplomo al recordar la penosa figura de Miguel y su amenaza, y hace un gran esfuerzo para mantenerse fuerte y no desmoronarse.

Armando llama al abogado de inmediato y habla largamente con él contándole el encuentro con el padre de Gonzalo de principio a fin.

- Estamos muy preocupados. Si ese tipo consiguiese arrebatarle el niño a Betty, aunque sólo fuese compartirlo... no quiero ni pensarlo!

- Tranquilícense. Vea, Armando, yo ahora mismo voy a consultar la ley y la jurisprudencia por si hubiese algún antecedente que un juez pudiera tener en cuenta, y tan pronto como sepa algo les llamo.

- Gracias, espero sus noticias. Hasta pronto.

- Adiós.



CONTINUARÁ...




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Miguel ha puesto sus cartas sobre la mesa, pero Betty está muy dura. Acierta al resistirse a pagarle? Un beso.
Cuando vayan a reunirse con Miguel.
No ceben darle ni un centavo. Ese tipo ni si quiera se interesa por Gonzalo, para que ahora vaya a llorarle al juez dándosea de "padre amoroso". Deberían denunciarlo por chantajista.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

June 27th, 2011, 9:36 pm #6



- Cómo se llama el tipo?

- Miguel Vargas.

- No me suena de nada. -Frunce el ceño intentando recordar.- Y dice que quiere hablar con Betty y conmigo?

- Sí, doctor.

Armando descuelga el teléfono, marca la extensión de Betty y le pregunta a bocajarro:

- A ti te suena de algo un tal Miguel Vargas?





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Capítulo XXIII.- Por qué me preguntas eso ahora?



Casi se le cae el teléfono de la mano a causa de la impresión tan fuerte que recibe. El nombre le ha impactado intensamente.

Pasan unos segundos antes de que se obligue a respirar de nuevo. Inspira profundamente, se aclara la garganta y contesta en voz baja con la mano del auricular todavía temblando.

- Sí, Armando. Ese hombre es el padre de Gonzalo. Por qué me preguntas eso ahora?

Armando también recibe una impresión y responde envarado.

- Porque está en la entrada y ha dicho a Wilson que debe hablar con nosotros.

Betty siente un fuerte escalofrío que le recorre la columna vertebral. Y miedo. Mucho miedo.

- Ahora? Abajo? Hablar con nosotros?

- Sí. Vamos a verle y averiguaremos qué quiere. Prefiero no recibirle en la empresa.

- Está bien, voy.

Cuelga el auricular, respira hondo varias veces y sale al lobby con el corazón a mil.

Ahí coincide con Armando que sale de presidencia, y juntos se dirigen al ascensor.

Una vez dentro, a solas, él la abraza y tranquiliza ya que la ve muy nerviosa.

- Betty, no temas nada que estamos juntos, y juntos vamos a afrontar cualquier asunto que plantee.

- Tú también sospechas que esto no presagia nada bueno, verdad?

- No soy tan pesimista, pero sí estoy intrigado. -Contesta evasivo, y cambia el abrazo por tomarle de la mano porque han llegado a la planta baja.

Betty traga saliva y se deja conducir hasta la puerta, pero esta vez Armando no le cede el paso y sale él primero.

- Wilson, acá estamos.

- Doctor, ese señor insiste en hablar con ustedes. Según él no puede esperar.

Los dos miran al tiempo al individuo que espera unos metros más allá, delante del primer escaparate.

Entonces ven a un joven que parece un espectro, y se quedan pasmados porque no le esperaban así. Realmente parece enfermo.

Betty incluso duda sobre la identidad del hombre y piensa que el vigilante se ha equivocado de nombre ya que no consigue reconocerle.

Lleva el escaso pelo muy corto, su rostro parece el de un cadáver, tiene los ojos hundidos, y la piel del color del cemento.

No tiene ni idea de por qué está allí ese tipo, ni quién es, ni qué quiere de ellos.

- Quién es usted? -Pregunta Betty.

El hombre contesta en voz baja, acercándose y mirándola con ojos entornados, y Armando da un paso protector interponiéndose entre los dos.

- Soy Miguel. No me reconoce, Betty? Yo a usted tampoco si no me hubieran avisado. Los dos hemos cambiado mucho. Ja, ja! -Ríe con cinismo.

- Miguel... -Musita en un murmullo y los recuerdos se agolpan en su interior.

Por un momento piensa estar viviendo una alucinación, pero sólo es un fantasma del pasado.

- Efectivamente.

- Qué hace aquí? -Le pregunta con voz entrecortada.

Armando le mira cejijunto. Para él sólo había sido un nombre, y de repente tiene cara.

- Regresé al barrio y me dijeron todo sobre usted, que tuvo un hijo mío, que se volvió guapa y que se casó con un tipo rico.

- Nunca he ocultado nada. -Le responde seca.- Qué quiere?

- Conocer a mi hijo. -Y añade con maldad sabiendo que causa dolor.- Decirle quien soy... pasar buenos ratos con él... llevarle a jugar a los billares con Román y los otros compadres...

Betty pone cara tan dura como el granito, y Armando la observa listo para intervenir.

- Eso no va a ser posible. -Dice con firmeza.

- Ja, ja!

La falsa carcajada le provoca un nuevo acceso de tos, y esto hace que su cuerpo parezca translúcido, y tan ligero como si estuviera a punto de desaparecer arrastrado por el viento.

- Olvídese de él.

- Es mi hijo y tengo derechos. Cualquier juez me los reconocerá.

Viendo que las intenciones del tipo son únicamente sacarles dinero, y el cariz que está tomando la conversación, Armando toma la iniciativa.

- Esto no es para hablarlo en la calle. Vamos a tomar un tinto a esa cafetería. -Señala hacia la esquina.

La voz de Armando suena con autoridad y ninguno de los otros dos objeta nada. Van en silencio, se acomodan en una mesa apartada y piden sendos cafés.





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Ninguno vuelve a abrir la boca hasta que el camarero se va tras servirles, y entonces es Armando quien se dirige al extraño.

- Vamos a ver, señor...

- Vargas. -Responde el otro seco.

- Señor Vargas, vamos al grano y díganos claramente qué desea.

Miguel ve que han llegado al punto que él esperaba y empieza apelando al corazón.

- Bueno... yo acabo de saber que tengo un hijo y siento... lo que sin duda debe ser amor de padre. -Dice con falsedad, y luego insiste en lo que ya dijo en la calle.- Deseo conocerle y decirle quién soy por si necesita algo...

- Ya. -Contesta Armando seco y sarcástico.- Y en el caso de que necesite algo... seguro que podrá usted ofrecérselo?

Los ojos del otro se achican y le miran con odio, pero no responde.

- No quiero que le conozca. Ha vivido casi seis años sin usted y debe seguir así toda la vida. -Interviene Betty.

- En ese caso no me va a quedar otra que ir a un juzgado para reclamar mis derechos como padre.

- No pretenda hacernos creer que le interesa un niño al que no ha visto en la vida y del que acaba de enterarse de su existencia. -Dice Betty bajito.

Miguel se encoge de hombros y sonríe con sonrisa pérfida.

Armando y Betty se miran entendiéndose. El niño no le importa absolutamente nada, pero les está chantajeando, de modo que será capaz de perjudicar a su hijo sin el menor remordimiento si no compran su silencio con una buena cantidad de dinero.

- Y qué si me interesa o no? -Vuelve a hablar Miguel y les amenaza abiertamente.- El chino es mío y si ustedes no aceptan mis condiciones puedo causarles muchos problemas porque el muchachito tendrá que pasar temporadas conmigo.

- Señor Vargas. -Dice Armando al que se le está acabando la paciencia.- Ponga las cartas sobre la mesa de una buena vez. Qué quiere a cambio de olvidarse del niño para siempre?

Se dibuja una malvada sonrisa en la cara de Miguel.

- Veo que ya van entendiendo. Pues, compadre, qué voy a querer? Lo que mueve el mundo: plata. Eso quiero, dinero para no volver a vivir en la miseria nunca.

- Bueno, al fin descubre su jugada. -Armando mordaz.- Y de qué cantidad estamos hablando?

- Pues, vea señor... -Le imita y se acomoda en la silla.

- Mendoza. -Responde Armando con cara de pocos amigos.

- Señor Mendoza, estoy pensando que si les pido la compensación económica por olvidarme de mi hijo en una sola entrega, igual me lo gasto sin enterarme porque soy un poco manirroto y tengo que pedirles más veces. -Sonríe con mezquindad.- Y una cantidad tan importante...

Chasquea la lengua.

Betty y Armando se miran asombrados por la astucia que demuestra el tipejo.

- Así que será mejor que me hagan un giro mensual por correos. De ese modo, si se me gasta pronto la plata, sé que tendré más a final de mes.

Armando no se inmuta y se muestra estoico ante la desfachatez del otro.

- Insisto, qué cantidad mensual tiene pensada?

Miguel dice muchos miles de pesos, y Armando está a punto de aceptar cuando Betty le toca levemente un brazo.

- Miguel, mi marido y yo debemos hablar antes de acordar nada con usted.

- Y de qué tienen que hablar? -Pregunta bruscamente alzando la voz, aunque no lo suficiente para ser oído ya que están un poco apartados.

- Todo esto nos ha tomado por sorpresa y tenemos que hablar a solas del asunto. -Alega Betty con firmeza.

- No me vayan a salir con trucos y artimañas porque les subo el dinero que he pedido. -Les señala con el dedo índice.- Quedan avisados.

Se levanta dispuesto a irse y Betty le pregunta:

- Cómo podemos ponernos en contacto con usted para responderle cuando hayamos decidido?

- No es necesario. Nos vemos mañana a las siete de la tarde en la plaza del barrio. Junto a la fuente.

Le contemplan salir de la cafetería y alejarse. Después habla Betty.

- Armando, has visto qué aspecto tiene?

- Sí. Parece que está muy mal. Sabes si andaba metido en la droga?

- Entonces, no. Seguro. Era un chulito de barrio alto, guapo, fuerte, sano...

- Pues creo que en algún momento entre entonces y hoy ha entrado en ese horrible mundo. -Termina con voz apagada.

- No digas eso. -Asustada.

- Es que se le ve muy mal, Betty, muy mal.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Dan el último sorbo a sus cafés y regresan a la empresa. Entran los dos a presidencia, Betty se sienta en el sofá y pregunta:

- Armando, estás dispuesto a dejarte chantajear?

- No queda otra. Date cuenta que si acude a un juzgado para reclamar sus derechos de padre, se los van a reconocer y nos va a tocar compartir el niño con él los fines de semana y las vacaciones. Tú quieres eso?

- Naturalmente que no, pero ningún juez le concederá la menor responsabilidad sobre Gonzalo porque no tiene nada. Ni siquiera trabajo. Tú crees que alguien entregaría un niño a un indigente?

- No lo sé, mi amor. No creo, pero no podemos correr ningún riesgo, y él es su padre. -Armando se queda pensando.- No tiene nada? Vivirá en algún lado...

- De día en la calle, y por la noche, antiguamente, dormía en casa de una tía que tiene en el barrio y que ya era anciana hace seis años. Supongo que ahora volverá a dormir allí.

Armando deja de dar vueltas por el despacho y se sienta en el sofá junto a ella.

- Ha pedido mucho. Ofrezcámosle la mitad. -Propone Betty con aplomo.

- Y si se pone cabezón y no acepta la mitad?

- Pues negociaremos con él. Sabe que ha pedido demasiado, y él mismo se extrañará si aceptamos sin más. Además pensará que somos un pozo sin fondo y exigirá más cada mes.

- Es arriesgado. -Contesta él temeroso.- Betty, yo quiero mucho a Gonzalo, pero es tu hijo. Seguro que no quieres pagar lo que pide para que desista de reclamar sus derechos de padre?

Betty le mira con lágrimas en los ojos y mucha rabia en su interior.

- Mira, Armando, yo no sé cuál es la razón por la que estoy segura de que no va a tener a mi niño, pero lo sé. Será quizá una premonición... pero a ese respecto estoy tranquila. En cambio, lo que me enfurece es que yo llevo toda la vida luchando y esforzándome. Antes, cuando estudiaba y ahora con el trabajo diario, ganándome todo a pulso porque nunca me han regalado nada. Y él... él que jamás ha hecho otra cosa que holgazanear y burlarse de las buenas personas como hizo conmigo, ahora pretende vivir a cuerpo de rey a nuestra costa en virtud de un cruel y abyecto chantaje. No, no y no!

Armando le echa un brazo sobre los hombros, la estrecha contra él y la besa el pelo y la mejilla.

- Te entiendo, mi amor. Sé que has trabajado sin descanso toda tu vida, que Miguel te provocó mucho sufrimiento y que además ahora ha vuelto y pretende hurgar en la herida, pero yo no quiero que os dañe a ti ni al niño, así que voy a llamar a Santamaría y le contaré lo que intenta ese individuo.

- Buena idea! -Exclama sorprendida y satisfecha.- Armando, gracias por tomarte este asunto como propio.

- Es que es propio. Somos una familia y os quiero mucho a los dos. Por eso estoy dispuesto a darle lo que pida sin regatear.

Betty se vuelve a él y le abraza con ternura.

- Te amo. Eres, después de mi madre, la mejor persona que he conocido en mi vida, y tengo mucha suerte de ser tu esposa. -Le besa.

- El afortunado soy yo. Voy a hacer esa llamada para que Santamaría me diga lo que está legislado y el riesgo que correríamos. Luego decidiremos cómo actuar.

Vuelven a besarse y Betty se va a su despacho.





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Cuando se ve sola pierde parte de su aplomo al recordar la penosa figura de Miguel y su amenaza, y hace un gran esfuerzo para mantenerse fuerte y no desmoronarse.

Armando llama al abogado de inmediato y habla largamente con él contándole el encuentro con el padre de Gonzalo de principio a fin.

- Estamos muy preocupados. Si ese tipo consiguiese arrebatarle el niño a Betty, aunque sólo fuese compartirlo... no quiero ni pensarlo!

- Tranquilícense. Vea, Armando, yo ahora mismo voy a consultar la ley y la jurisprudencia por si hubiese algún antecedente que un juez pudiera tener en cuenta, y tan pronto como sepa algo les llamo.

- Gracias, espero sus noticias. Hasta pronto.

- Adiós.



CONTINUARÁ...




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Miguel ha puesto sus cartas sobre la mesa, pero Betty está muy dura. Acierta al resistirse a pagarle? Un beso.
Si se pueden quitar pronto a este bichejo de en medio. Nos parece que lo mismo pasa a mejor vida, porque le faltan dos telediarios, y así hasta se libran de pagarle el chantaje.
La historia sigue muy, muy interesante. Besos
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