ENCUENTROS en alguna fase.- Capítulo I

ENCUENTROS en alguna fase.- Capítulo I

Joined: January 5th, 2003, 7:12 pm

September 6th, 2006, 2:57 pm #1


ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
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Yohana
Yohana

September 6th, 2006, 3:24 pm #2

Me gusta que sea Armando el dolido, siempre es a él a quien le toca suplicar y suplicar, ya es tiempo que sea Betty la que haga algo por recuperalo. Me encatana la historia sigan pronto... BESOS
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eternidad
eternidad

September 6th, 2006, 5:19 pm #3

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





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Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





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Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





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Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





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Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





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Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




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Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
aunque esta historia plantea más dolor y desgracias que alegria, pero esperemos que la venganza de Armando no sea tal, y vuelvan a amarse como siempre. Muchos besitos y bienvenida de nuevo...
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Cata
Cata

September 6th, 2006, 5:20 pm #4

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





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Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




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Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
Qué alegría me ha dado encontrarme con tu nueva historia... Me tienes muy intrigada por saber "en qué fase" se van a encontrar... Pero la cuestión es que se encuentren.

Un beso, guapa y aquí me tienes esperando la continuación.
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Joined: April 22nd, 2006, 3:46 pm

September 6th, 2006, 6:33 pm #5

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





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Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





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Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




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Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
el capi espero que su agonia sea corta.

Besos

Mariall
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

September 6th, 2006, 7:39 pm #6

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





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Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





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Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





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Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




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Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
Que estes de vuelta. Nos ha gustado este primer capítulo, con ese Armando tan resentido. A ver que pasa ahora. Besos
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regina
regina

September 6th, 2006, 8:25 pm #7

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





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Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
lo preguntas en serio o es solo falsa modestia?
Pues que sepas que estoy encantada y con historia nueva, o si estoy feliz.
Besotes y duerme todas las siestas si estas son tan inspiradoras.
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mcarmenb
mcarmenb

September 6th, 2006, 8:43 pm #8

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
de tenerte de vuelta, y feliz de tener otra historia que leer.
un saludo
mcarmenb
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Dea
Dea

September 7th, 2006, 1:33 am #9

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
Estoy curiosa para saber como Armando piensa vengarse de Betty, aunque no crea que el lo va a lograr.
Dea
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Joined: May 23rd, 2006, 2:33 am

September 7th, 2006, 3:24 am #10

ENCUENTROS en alguna fase.





Capítulo I.- Sufre igual que usted, mamita.




Marcela, influida por doña Margarita ha acudido al despacho de presidencia y le ha desvelado detalles muy íntimos de su relación con Armando que ella desconocía, que ni siquiera hubiera llegado a sospechar jamás... y por un breve instante ha dudado y se ha planteado salir corriendo tras él.

Pero le es más cómodo enrocarse en la ya habitual cobardía de los últimos tiempos y no arriesgar... desconfiar... negar la posibilidad de que Armando haya reaccionado y esté diciendo la verdad...

Así que se queda sentada en el despacho lamiéndose las viejas heridas y permite que él se exilie.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Armando ya se ha despedido de los empleados y sale del aparcamiento conduciendo su deportivo con dirección a su apartamento.

Rato después camina por el salón como un león enjaulado y al fin dice:

- Me doy por vencido. Se acabó. –Marca un número en su móvil.

- Aló!

- Aló, Camila.

- Armando, pasa algo?

- Necesito hablar contigo.

- Me estás asustando. Qué ha ocurrido? –Pregunta alarmada.

- Pasa que la odio! –Explota él.

- A quién? –Camila está totalmente desconcertada, porque jamás ha conocido a su hermano en ese estado. Nunca ha “odiado” a una mujer porque ninguna ha hecho mella en su corazón. Será que ahora...

- Al principio fui un canalla con ella, pero después le he pedido perdón mil veces... le he declarado mi amor cien mil... y nada. Ni me cree, ni me perdona.

- Armando, vente con nosotros una temporada. Hablamos, te tranquilizas y... te olvidas de ella.

- Será inútil porque no podré olvidarla, y además no quiero hacerlo porque sólo deseo odiarla y vengarme.

- Veo que estás muy dolido y resentido. Vamos, no te lo pienses y ven con nosotros a Suiza. Enrique se alegrará, Robertito estará encantado de ver a su tío, y yo estoy deseando abrazarte y que me cuentes todo.

- Bueno, es posible que tengas razón y lo mejor que pueda hacer es poner distancia con ella.

- No lo dudes. Te espero muy pronto.

- OK! En cuanto tenga el pasaje te aviso de cuando voy.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Betty se aplica a trabajar muy duro todos los días, dizque para recuperar Ecomoda cuanto antes, pero también y sobre todo para evitar pensar en él.

Bastante tiene con las noches de llanto y de no pegar ojo hasta el amanecer.

“Sé que posiblemente he labrado yo sola mi desgracia al no confiar en él y no darle... –Se corrige.- ...darnos una segunda oportunidad, pero yo tengo mucha dignidad, no como su antigua prometida...”
“Sí, mucha dignidad que no entibia siquiera los harapos de corazón que te han quedado”.
–Contesta una vocecita desde su interior.
“Pues, seguro que estoy mejor así!” Se dice la muy ingenua acallando la voz para conformarse con lo que está viviendo. La etapa más desdichada de su existencia.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Dos meses después del día en que le vio por última vez, Ecomoda alcanza el endeudamiento “0”, y Betty llama a don Roberto pidiéndole que acuda.

- Buenos días, señor Mendoza. Siento si le he causado algún trastorno al pedirle que viniera, pero es necesario que hable con usted.

- Ha surgido algún imprevisto?

- No. Lo que sucede es que Ecomoda ya está recuperada y a salvo de los acreedores, de modo que yo quiero hacerle entrega de la empresa ya.

- Muy bien, Beatriz! Me alegra mucho que hayamos salido del bache tan pronto superando esa tremenda crisis. Naturalmente yo sé que eso ha sido posible gracias a su capacidad y esfuerzo. Eso nadie puede dudarlo, pero... qué prisa hay para devolvérnosla?

- Es que ese fue el acuerdo. Yo ostentaría la presidencia mientras mi presencia fuese necesaria como aval para los bancos. En ese instante la pondría en manos de los accionistas y yo desaparecería de sus vidas para siempre.

- Entonces... si la junta de accionistas le pidiese que continuase su brillante gestión...?

- No aceptaría, don Roberto. –Dice afable pero con firmeza.

- Está bien, Beatriz. Comprendo que usted tiene sus razones y no voy a insistirle más. Por favor, llame a Gutiérrez y páseme el teléfono.

- Ahora mismo.

Lo hace y le entrega el auricular.

- Gutiérrez? Al habla Roberto Mendoza.

- Sí, don Roberto, para qué soy bueno? –Contesta servil como siempre.

- Vea, la doctora Pinzón ha terminado su trabajo con nosotros y debe prepararle su liquidación.

- No es necesario, don Roberto. –Ella se levanta de un salto.

- Naturalmente que lo es, Beatriz. –Contesta tapando con la mano el teléfono.

- Ay, qué pena con usted...

- Es lo justo. –Concluye y vuelve a dirigirse al jefe de personal.- Sigue ahí, Gutiérrez?

- Sí, señor. Debo preparar la liquidación de la doctora Pinzón.

- Exactamente, y quiero que esté perfecta. Sin escatimarle nada y con una compensación por su admirable dedicación.

- Sí, don Roberto. –Hace una mueca porque le parece exagerado, pero no se atreve a decir nada en contra.

- Y quiero que me la presente a mí antes de hacerla efectiva.

- Sí, doctor. La tendrá preparada en menos de treinta minutos.

- Bien. Le espero en presidencia. –Cuelga y se vuelve a Betty.- A ver, Beatriz, póngame al día de todos los asuntos.

Y despacio Betty le va informando del estado actual de todos los departamentos de la empresa.

Ya están terminando cuando se oyen unos golpecitos en la puerta.

- Siga. –Dice Betty.

- Con permiso. –Asoma Gutiérrez y entra hasta llegar a la mesa entregando unos papeles al mayor de los Mendoza.

Don Roberto toma los documentos, los estudia sin prisa y da su aprobación.

- Prepare el cheque y tráigalo con todo lo que tenga que firmar la doctora en cuanto esté dispuesto.

Poco después ya están terminados los trámites que la desvinculan de Ecomoda, así que se despide de don Roberto y con su cheque en el bolsillo sale al lobby.

- Aura Mª, yo me voy, y ahora no puedo entretenerme porque se queda el doctor en el despacho, pero me avisa cuando les viene bien a todas y nos vemos una tarde para charlar, sí?

- OK! Déme un beso y descuide, que tan pronto hable con el cuartel, la llamo.

Se besan, y las otras que las ven se huelen algo, así que hacen intención de acercarse, pero en ese instante aparece Marcela y todas regresan a su mesa frustradas.

- Chao, Aura Mª. –Dice bajito.- Nos hablamos.

- Chao, amiga.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Sale a la calle con sentimientos encontrados. Por un lado de alivio por no tener que volver a ver a Marcela, Daniel, Hugo, Calderón... y por el otro tristeza por romper el último vínculo que le quedaba con Armando.

No ha vuelto a saber nada de él. Sólo que se fue de Colombia, y quiera o no quiera tiene que reconocer que le extraña mucho. Más cada día.

Ella creía que poco a poco le olvidaría pero sigue con el corazón en carne viva. Tanto como el primer día.

Y pensando en Armando toma la buseta y se va a casa.

- M´hija, le sucede algo? –Doña Julia se alarma al verla llegar a esas horas.

- No, mamá, es que Ecomoda ya está recuperada y le he pasado el relevo a don Roberto. La responsabilidad que yo había contraído ha terminado, y a partir de ahora es asunto de ellos.

- Y ahora qué hará, mamita? Encontrar empleo es tan difícil como antes...

- Bueno, yo creo que tengo “un as en la manga”, y ahora mismo llamaré para ver si eso es real o una ilusión.

Busca el número de teléfono de Cata y lo marca.

- Aló? –Contesta una telefonista.

- Señorita, deseo hablar con doña Catalina Ángel.

- De parte de quién?

- De su amiga Beatriz Pinzón.

- Espere un momento, por favor.

Apenas unos segundos más tarde se oye al otro extremo de la línea la alegre voz de Cata.

- Betty?

- Buenos días, doña Catalina.

- Buenos días, pero qué es de su vida? Me necesita?

- Pues, vea, he acabado mi trabajo en Ecomoda, y la llamo para saludarla y saber si aún está interesada en mí para trabajar en su agencia de relaciones públicas.

- Claro que sí, Betty. Ni más faltaba! Cuento con usted, y si la viene bien venga por aquí mañana sobre las diez y concretamos.

- Perfecto, doña Catalina. Ahí estaré.


Y a partir del momento en que cuelga el auricular, madre e hija aprovechan que don Hermes se fue con Parrita a la empresa para informarse de cómo va el asunto de sus liquidaciones, y las dos mujeres pasan el resto del día charlando sobre el pasado más reciente.

Naturalmente llega el tema estrella: Armando.

- Bettyca, usted sigue mal, y seguro que el doctor también.

- Sí, estoy mal, pero peor estaría si hubiera creído sus mentiras. Y en cuanto a él… no creo que sufra nada por mi causa, en todo caso por su maltrecho ego ya que ha sido la única vez que le han rechazado.

- Pues, sabe? Yo presumo de conocer a las personas, y estoy segura de que no me mintió aquella noche que estaba usted con el francés ese de Cartagena en el Almirante...

- Padilla, mamá. Bueno, yo sí que le conozco y sé que es tremendo manipulador y embaucador.

- Está sufriendo igual que usted, mamita. Lo sé. –Insiste doña Julia.

- Sufriendo don Armando? Vea, mamá. Aún suponiendo, que ya es suponer, que en algún momento me hubiera querido un poco... a estas alturas ya me habrá olvidado y estará consolándose con cualquier modelito de esas que le gustan tanto. –Afirma con rotundidad y doliéndose por dentro.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Pero Armando que sigue en Suiza sí está pasándolo mal, porque a pesar de la ayuda de Camila no consigue quitársela de la cabeza.

Continúa rabioso por su rechazo y no se ha buscado ninguna otra para reemplazarla. No está de humor.

Ha pensado hacerlo alguna vez como venganza, y por comprobar el viejo dicho de: “La mancha de la mora, con otra verde se quita”.

Pero su mora resultó indeleble y nunca se borrará la marca, así que conserva profundos surcos en su corazón, mas aún así recuerda que hace apenas unos días le dijo a Camila desesperado y atormentado por no poder olvidarla: “Si vuelvo a cruzármela le mostraré todo el desprecio que siento por ella”.



CONTINUARÁ…




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Buenas tardes, chicas.

Ya estoy de vuelta, y aquí os dejo lo que ha dado como fruto la hora de la siesta del pasado mes de agosto. Espero que os resulte interesante.

Besos para todas.
La historia pinta muy interesante y como que habrá muchas chispas. Espero ansiosa el próximo.

Besos,

Vero
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