CARTA A LOS REYES MAGOS.- Capítulo XIII

CARTA A LOS REYES MAGOS.- Capítulo XIII

Calipso
Calipso

January 21st, 2005, 4:45 pm #1

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





###################################





Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





#################################





1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





##################################





Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





###################################################





2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





################################





Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
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Cata
Cata

January 21st, 2005, 5:27 pm #2

con lo impaciente e impulsivo que es Armando se presenta antes, y más sabiendo que se va a encontrar con una Betty enamorada... Y ella estará feliz también si él decide adelantar el viaje.

Te quedó precioso el capítulo. Me encantó que "lo pillaran infraganti".

Besitos, Calipso.
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Gala
Gala

January 21st, 2005, 6:13 pm #3

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





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Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





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1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





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Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





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2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





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Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
imagimo que nuestro niño no aguantará la demora y ... capaz que se aparece de noche en el cuarto de ella dulce y apasionado, aysss...
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mari
mari

January 21st, 2005, 7:07 pm #4

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





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Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





#################################





1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





##################################





Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





###################################################





2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





################################





Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
no le podía salir bien lo de la escalera jejej, mira que pillarlo el mismisimo Don Hermes, al menos el hombre se lo ha tomado bien y no le ha dado por matarlo, eso si, entre lo de la escalera y el aeropuerto este Armando esta desconocido, yo creo que ya esta en las islas y dudo que sea capaz de esperarse hasta el día cinco!! me equivoco?? aunque seguro que si!! ^^

besos!!!
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María quehubo?
María quehubo?

January 21st, 2005, 7:21 pm #5

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





###################################





Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





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1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





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Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





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2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





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Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
Dudo que espera, él siempre ha sido impaciente e impetuoso. Y total, ella ya sabe qué va a contestarle, por lo que no necesita más días para estar sola y pensar. ¿No crees?

Don Hermes está encantado con la relación, ¡hay que ver con el viejo! Claro, como son deseos ancestrales, que derivan de su papá... ¡Ays!

Besicos
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mcarmenb
mcarmenb

January 21st, 2005, 7:32 pm #6

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





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Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





#################################





1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





##################################





Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





###################################################





2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





################################





Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
de el, pero para hacerle un poco rabiar, que le mande una nota de que no puede ir por problemas para despistarla y luegop aparecer el dia 4 por la noche y tener dos dias al menos juntos.
un saludo
mcarmenb
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Sara G.
Sara G.

January 21st, 2005, 9:09 pm #7

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





###################################





Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





#################################





1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





##################################





Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





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2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





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Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
que Armando iba a salir de debajo del carrito del servicio de habitaciones. Seguro que Armando no se resiste a esperar al día 5 y le da una de sus sorpresitas.
Besotes.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

January 21st, 2005, 9:31 pm #8

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





###################################





Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





#################################





1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





##################################





Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





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2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





################################





Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
Se ha reformado, y si es así, por mucho que le cueste debe cumplir su palabra y esperar a que llegue el día 5 y ser paciente. Besitos
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Joined: September 12th, 2004, 7:36 pm

January 21st, 2005, 10:56 pm #9

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





###################################





Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





#################################





1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





##################################





Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





###################################################





2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





################################





Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
La escena no ha podido estar más simpática y este Hermes si que me gusta...gracias por el buen rato Calipso

Y creo que tal cual va esto Armando llevará la última orquídea en mano... jejejeje..
... la impaciencia no le va a dejar esperar y seguro que Betty va a estar encantada...

Besos. Amparo
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sofia y encarni
sofia y encarni

January 21st, 2005, 11:09 pm #10

- Esta escalera debe ser de tiempos prehistóricos... igual ya la usó Noé cuando el diluvio para subir al arca y... no sé cómo, pero terminó heredándola el abuelo Hermógenes...

Crash!

- Ay, Betty, lo que me veo obligado a hacer por haberla embarrado y provocar tu desconfianza. Te vas a quedar viuda antes del matrimonio...

Ella sigue escuchando, se acerca despacio, con sigilo a la ventana y ve aparecer un listón de madera que oscila peligrosamente muy cerca del alféizar.

- Cómo cruje y se balancea la condenada, carajo!
Alcanzando y sobrepasando la madera, aparece una cabeza que la confirma sus sospechas.





###################################





Capítulo XIII.- Armando “Montesco”.


- Armando... –Murmura y abre la ventana con rapidez.- Qué haces? Enloqueciste? Te puedes romper la cabeza!

- Yo sé, Betty. Yo sé. Dame la mano, que este artilugio es muy inestable.

- Ahora lo piensas? Eres un inconsciente, Armando Mendoza. No tienes perdón.

Una vez que le tiende las manos, él salta con agilidad y accede fácilmente al interior.

- Ay, Betty, no me hagas volver a hacer algo así nunca, ah? Es que esto no es lo mío.

“Qué cruz!” Piensa ella mirando hacia arriba.

- Será que puedes explicarme QUÉ te he obligado a hacer yo? Que yo sepa, subir hasta acá utilizando esta escalera tan vieja e insegura ha sido decisión tuya...

- Es que tengo que terminar de hablar contigo para convencerte de mi amor por ti y... pedirte que no te vayas. Ay, qué preciosa estás con ese camisón! Bueno, y sin él... quiero, quiero decir que siempre estás muy linda. –Se ha recuperado del mal rato pasado en la escalera de inmediato.- Ven a mis brazos y dame un besico.

Betty cierra inmediatamente la ventana para que el viento de la noche invernal no siga enfriando la habitación.

- Pues si eso te parece tan urgente, debiste llamar a la puerta.

- Tan fácil! Lo habría oído tu papá y no nos permitiría hablar a solas. Perdona, pero tú sabes lo cansón que es...

En ese instante se quedan petrificados al oír que se abre una puerta en el pasillo, y a continuación una voz.

- Julia, le digo que oí un ruido muy extraño. –Abre sin llamar.- Ve lo que la digo? Acá tiene un depredador de señoritas de familia...

- Armando? –Pregunta doña Julia incrédula.

- Nada menos que “El tigre de Bogotá...” porque así le dicen, ah? –Pregunta don Hermes sarcástico, y al ver a Armando mudo por la sorpresa, continúa.- Y vino con idea de devorarse una... no recuerdo como...

- Gacela, papá. –Le ayuda Betty.

- Vea, don Hermes, eso no es así! Pero si quiere me mata después, porque primero tengo que hablar con su hija. –La mira compungido.

- Beatriz Aurora, póngase una batita, y mejor si es de franela que usted se va a enfriar, y a Armandito se le van a salir los ojos de las órbitas. –Con sorna.

- Sí, papá.

- Y usted, joven, explíquenos a Julia y a mí cómo llegó acá.

- Con una destartalada, carcomida y centenaria escalera, a punto de darme tremenda trompada y romperme la crisma. Todo por hablar con Betty... –Contesta lastimero.

- Yo voy a la cocina a preparar unos tintos flojitos y con leche, por aquello de no alterar más aún los nervios, y todos se me bajan a la salita. –Ordena doña Julia que se ha hecho una idea bastante aproximada de la situación.

- Buena idea, Julia. Y ahora usted, Romeo Mendoza, ayúdeme a llevar la escalera a su lugar antes de que otro admirador de mi hija... o de la propiedad ajena, decida seguir su ejemplo.

- Sí, don Hermes. –Responde juiciosito.

Betty se ha tranquilizado al ver que su padre sólo está relativamente enojado, y sonríe con buen humor.

“Si Armando se ha expuesto a tanto, seguro que ya sabe lo que quiere...” Empieza a creer que no miente y baja tras ellos sonriente escuchándoles.

- Y cómo se las arregló para sacar la dichosa escalera del garaje?

- Es que la puerta estaba arrimada, pero sin cerrar, sólo empujé y...



La madre está en la cocina, el padre y el pretendiente han salido a guardar la “valiosa” escalera, y Betty espera sola e ilusionada en la salita.

Al cabo de unos minutos regresan los hombres.

- Don Hermes, tiene que deshacerse de esa antigüalla. –Recomienda Armando.

- Hace su servicio. –Se oye decir al padre.

- Pero tiene un peligro... Se puede resquebrajar en cualquier momento, y el que esté encima entonces...

- Pues, mire, Armando Montesco... cuídese de no ser usted el que esté subido cuando se rompa, no volviendo a utilizarla. –Aconseja entrando en la casa.

Betty se ríe con ganas al escuchar a su padre, aunque le encuentra desconocido.

- Don Hermes, déjese de alusiones shakespearianas, que mi intención al subir a la habitación de Betty no era inconfesable. Sólo era para hablar.

- Háganme sitio en la mesa para que pueda dejar la bandeja. –Pide doña Julia.- M´hija, sirva el café mientras voy a por el azúcar.

Todos se sientan y callan un par de minutos para saborear el tintico. Luego Armando toma la palabra y se dirige a los Pinzón.

- Doña Julia, don Hermes, estoy profundamente enamorado de Betty. Hace tiempo que siento así por ella, pero no reconocí el sentimiento porque era nuevo en mí. –Se explica sin el menor rubor.- Anoche en el baile le he declarado mi amor y pedido que se case conmigo, pero está indecisa porque lógicamente desconfía de mí. Me conoce de antiguo y... es razonable. –Hace un gesto de resignación.- Pero para mí ya terminaron las aventuras, las conquistas fáciles, la vida frívola...

- Ay, m´hijo, me alegra mucho que haya decidido llevar una vida ordenada.

- Sí, pero con Betty que si no... por eso debo hablar con ella antes de que se vaya, y convencerla de mi sinceridad.

Betty ha permanecido todo el tiempo callada escuchándole, y cada vez más perpleja al oírle desnudar su alma ante sus padres. Al fin dice:

- Mamá, papá... por favor, déjennos unos minutos solos.

- Sí, Bettyca. Vamos Hermes.

- Pero...

- Nada de “peros”. Dé las buenas noches y suba conmigo que ya es muy tarde.

- Está bien. Buenas noches y no se tarden. Y usted, Betty Capuleto, cierre la puerta cuando se vaya su galán. –Se rinde el padre.

- Tranquilo, papá, cerraré bien. –Le sonríe agradecida por cómo ha llevado todo.

- Buenas noches, doña Julia, don Hermes.



Cuando al fin se ven solos...

- Betty, verdad que todavía me quieres?

- Sí.

- Y por qué entonces te vas lejos varios días? Yo no sé si lo soportaré...

- El viaje ya está contratado, y aprovecharé para pensar en todo lo que me has dicho, sin apremio.

- Déjame acompañarte.

- No. Apenas son unos días y necesito estar sola. –Le razona.- Regreso el día seis por la tarde.

- Dónde vas? –Se acerca.

- Si te lo digo, me seguirás.

- Sí. –Reconoce.- Por lo menos me tomaré libre el lunes, día cinco, pues para entonces ya habrás pensado bastante y podríamos estar dos días tan junticos como tú quisieras. –La abraza.- Por favor, te necesito. El recuerdo de aquellos días maravillosos en el club de invierno... saber que la embarré... me está volviendo loco.

- Voy a las Islas del Rosario. Ven el día cinco si quieres, pero no te garantizo que ya tenga una respuesta.

- Gracias, cielo, y llévate este camisón, sí?

- Si te gusta tanto... te lo presto... –Con malicia.

- Me gusta, pero no para mí. En todo caso para quitártelo a ti. –La susurra al oído.- Te llevo al aeropuerto?

- No. Ya avisé a un taxi. Despidámonos ahora.

- OK, mi amor! –La estrecha.- Abrázame y dame besicos para que los recordemos durante tus jornadas de reflexión.





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1 de enero.

Betty lleva ya un rato en El Dorado cuando le ve entrar en la terminal arrastrando literalmente a Camila. Llegan ante ella que les observa con la boca abierta, y Armando con tono de súplica, dice:

- Cami...

Ésta, malhumorada y con gafas de sol por la falta de sueño, se queja a Betty.

- Me ha sacado de mi cama! A rastras!

- Vamos a lo que importa, Camila. –La recuerda.

- Betty... te presento a mi hermano Armando. –Pronuncia las palabras convenidas.

Él sonríe formal y con cara de niño bueno.

- En el fondo es un buen chico, y tiene que quererte mucho porque se ha atrevido a despertarme y sacarme de la cama para que os presente, y... podáis empezar de cero...

Armando asiente mirando a Betty risueño, y da una palmadita a su hermana en la espalda.

- Encantada de conocerte, Armando. –Dice Betty muy feliz, y le tiende una mano que él toma entre las suyas y se la besa.

- Infinitamente feliz de que nos hayan presentado, señorita... Beatriz, sí?

- Así es, pero los amigos me llaman Betty. –Le sigue el juego.

- Betty... sí. Es dulce y bonito como tú.

DIN, DON, DAN... Llamada para los pasajeros del vuelo...

- Me tengo que ir. Camila, un beso. –Luego se dirige a él.- Armando, ha sido un auténtico placer conocerte. Chao.

- Buen viaje y hasta pronto, Betty. –Se acerca y deja un suave beso en sus labios.

Y ella sube al avión absolutamente feliz.





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Ya cae la tarde cuando entra en su habitación siguiendo los pasos del botones, le da una propina y según cierra la puerta da una carrerita hasta la terraza.

Falta poco para que anochezca y no quiere perderse la puesta del sol sobre el mar.

Quizá esta vez vuelva a ver el rayo verde, el último que se ve al desaparecer el sol bajo la línea del horizonte.

Luego llama a sus padres, y también habla con Armando que la llama para interesarse por ella y por cómo ha hecho el viaje.

Finalmente toma una cena ligera que encarga al servicio de habitaciones, se acuesta, apaga la luz y escucha el vaivén de las olas que la acunan hasta quedarse dormida.

Sola... al fin sola para relajarse y reflexionar sin interferencias ni agobios. Aunque si es sincera consigo misma, lo cierto es que después de los últimos encuentros con Armando, está prácticamente decidida a darle el SÍ, pero se tomará su tiempo.

Y con esas buenas vibraciones se va adormeciendo.





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2 de enero.


Hace ya rato que despertó, pero remolonea en la cama pensando en Armando.

Son sentimientos dulces y placenteros, y por unos pocos segundos llega a sentir las manos de él acariciando su piel.

- Mmm... rico, rico...

Sigue vagueando y fantaseando, pero es interrumpida por una llamada en la puerta y una voz que anuncia:

- El desayuno, señorita Pinzón.

- Voy, voy! –Salta de la cama apresurada, se pone una bata, y abre.

Una sonriente camarera con una gran bandeja la saluda.

- Buenos días, permiso. –Y va hasta la mesita de la terraza donde deposita el apetitoso desayuno. Después se gira con expresión pícara y sale cerrando la puerta a sus espaldas.

Betty queda algo desconcertada por esa actitud tan poco formal, pero se encoge de hombros y va a la terraza diciendo:

- Bueno, la muchacha no parece muy profesional, pero no se puede negar que sabe elegir el mejor emplazamiento para comenzar el día.

Se sitúa ante la bandeja y entonces observa por primera vez las tres cajas colocadas estratégicamente entre la taza, el vaso de zumo, el plato con las tostadas...

Son tres bellísimas orquídeas, y no sabría decir cual le gusta más. Ahora comprende la sonrisa y la actitud cómplice de la camarera.

Regresa al interior con ellas, se las acerca una a una y aspira el delicado y especial aroma.

La fragancia llena la habitación: suave, seductora, misteriosa, con un húmedo matiz silvestre que la provoca sensaciones muy placenteras.

Se asoma y mira la bandeja buscando una nota, aunque ella sabe sin la menor duda quien las manda.

Efectivamente hay un sobre de canto apoyado en la jarrita del café y lee: “Betty”.

Lo abre rápidamente y saca la tarjeta.

“Buenos días, mi amor.
Te envío tres de las más hermosas flores del mundo, para recordarte que sólo faltan tres días para reunirnos de nuevo.
Te adora tu Armando.”


Sonríe con ternura murmurando:

- Yo también te adoro.

El día transcurre lentamente para ella que pasa la mañana en la playa, por la tarde da un largo paseo, y ni por un solo instante deja de tener a Armando presente en sus pensamientos.


CONTINUARÁ...





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Hola, chicas.

Ya veis que Betty se fue, y sola, pero... él irá unos días después. Yo creo que acierta al querer estar un tiempo tranquila después de la última semana tan agobiante, y además digo yo que se pillarán con más ganas.

Con respecto a las orquídeas, no tengo ni idea de si huelen o no, pero me apetecía que así fuera. Licencias del autor, las llaman. (je, je)

Una duda que me corroe es... esperará Armando al día cinco para ir a las islas?

Besos.
es mas seguro que ya esta alli, con lo loco q esta no cabe ni la menor duda, pero bueno contra antes venga mejor, mas tiempo estaran solitos,no?
besitosssssssssssss
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