A FUEGO LENTO.- Capítulo XVI

A FUEGO LENTO.- Capítulo XVI

Joined: January 5th, 2003, 7:12 pm

July 18th, 2008, 11:24 am #1



- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
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marg
marg

July 18th, 2008, 4:13 pm #2

menos mal, y seguro que poco a poco se van acercando más, pero me parece que de momento y hasta que quede todo lo del embargo solucionado no creo que puedan estar juntos, tal vez pueda ir Armando algún fin de semana a cartagenea para estar juntos cuando ella no pueda ir a Bogota por cuestión del Banco.
Esta estupenda la historia.
Besos,
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mcarmenb
mcarmenb

July 18th, 2008, 5:10 pm #3


- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





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Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





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Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





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Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




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Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





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Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





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Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





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A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
a cartagena, pero con ansia de volver a verlo, eso seguro, despues de como la trata y ver que se lleva muy bien con su madre.

un saludo

mcarmenb
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Bettyca
Bettyca

July 18th, 2008, 10:33 pm #4


- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
Gracias de nuevo amiga. Despues de 3 semanas de vacaciones fue lindo ponerme al dia con esta linda historia. Espero con ansias el proximo capitulo.

A proposito, sabian que estan televizando Yo Soy Betty La Fea de nuevo en RCN Colombia? Que lastima que no vivo alla. Me encantaria verla en vivo! Alguna vive en Colombia?
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Cami
Cami

July 19th, 2008, 12:40 am #5


- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





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Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





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Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




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Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





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Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





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Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
¡Por fa! Claro pero viendo lo terca que es la niña lo dudo mucho. Me encanta que Armando quiera demostrarle poco a poco que ha cambiado y que ella le vaya creyendo, aunque sea un poquito.

Espero que haya un "acercamiento" este fin de semana y que si no se queda en Bogotá le queden muchas ganas de volver.

Besos,

Cami.
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Joined: January 21st, 2004, 3:39 pm

July 19th, 2008, 5:21 am #6


- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





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Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
esto marcha muy pero que muy bien, me encanta este Armandito tan cariñoso y dulce, esperemos que la convenza de que la ama, aunque ella ya está cediendo un poquito.

Besos
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

July 19th, 2008, 10:41 pm #7


- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





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A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
Parece que la confianza en el "bello bobo" va a ir creciendo poco a poco, "a fuego lento" como bien se llama la historia... ¿niño o niña?, tenemos curiosidad, nos gusta como van las cosas. Besos
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Franceis
Franceis

July 19th, 2008, 11:25 pm #8


- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





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Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




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Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





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Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
not be able to convince her to stay. however, i believe that he is gonna follow her in cartagena. hey, won't you give a little "consuelo" to armando. i think he deserves it. 'coz for sure he needs a doze of love, hugs and kisses.
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Calipso
Calipso

July 20th, 2008, 3:56 pm #9

Parece que la confianza en el "bello bobo" va a ir creciendo poco a poco, "a fuego lento" como bien se llama la historia... ¿niño o niña?, tenemos curiosidad, nos gusta como van las cosas. Besos
Ellos tampoco saben todavía si "será una rosa o será un clavel". Besos.
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Cata
Cata

July 22nd, 2008, 4:22 am #10


- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XVI.- Betty, he hablado con Santamaría.



- Y cómo va a hacer ahora para conseguir trabajo en un lugar que no conoce? Recorrer la ciudad empresa a empresa?

- No es necesario porque ya tengo trabajo.

- Ya? Tan rápido? –Y añade con tono entre celoso y acusador.- Usted conoce a alguien en Cartagena.

- Ha sido por mediación de un amigo de doña Catalina.

- Doña Cat… Se refiere a Cata?

- Sí. –Está muy divertida con la desazón de él.

- A ver, explíqueme eso y dígame dónde es el trabajo y en qué consiste.

- Se lo voy a decir, pero tenga bien claro que no tengo ninguna obligación ya que usted no es mi padre.

- Soy el padre de su hijo y la quiero. Yo creo que eso es suficiente, doctora. –Frunce el entrecejo.

- No estoy muy convencida, pero bueno… -Sonríe para sus adentros.- …el amigo de doña Catalina llamó a un amigo suyo que necesitaba a alguien para que se ocupe de la contabilidad de dos hoteles de la misma cadena, y le habló de mí.

- Y la han aceptado así, sin más, por la recomendación de un amigo de una amiga que ni la conoce?

- Por eso y por la entrevista que he tenido esta mañana con el director.

- En domingo? Pues sí que están necesitados!

- Empiezo mañana a las nueve.

- Y dónde vivirá? El alquiler en la costa es muy caro.

- El hotel me proporciona un pequeño apartamento a mitad de precio por ser empleada, e igualmente me darán unos tickets para comer en el restaurante.

- Ya, ya veo que lo tiene todo muy bien organizado. –Apesadumbrado.- Pero, Betty, aunque no quiera verme a mí piense en su mamá, o en sus amigas y demás empleados de Ecomoda que pueden quedarse en la calle si la empresa no se recupera.

- Doctor, todo está encarrilado y usted sabe que en apenas unos meses Ecomoda alcanzará el endeudamiento cero y volverá a ser de los accionistas. Sólo tiene que dejar pasar el tiempo para que vuelva a ser suya. Y tranquilícense su amigo y usted que yo no quiero nada que no sea mío.

- Yo estoy muy tranquilo a ese respecto, y a Calderón que le den! –Se acerca a ella y dice suavemente bajando la voz.- Betty, también necesita acudir a consulta de un ginecólogo para hacerse revisiones y vigilar el embarazo.

- Esta semana buscaré uno aquí. –Contesta tranquila y añade conciliadora.- Y usted hable con el doctor Santamaría para saber si necesitan algún poder específico. En ese caso yo iré a un notario para hacerlo y se lo mandaré a Bogotá.

- No hay modo de convencerla, ya veo. –Bastante desmoralizado.

- No, doctor, vea que siempre guardé las distancias con usted. Sin confiarme nunca porque conocía muy bien los juegos que a usted le gustaba jugar con las mujeres… y una sola vez que bajé la guardia bien me la lió…

- Ay, Betty, yo le juro…

- Ya le he oído miles de veces que fue un “desgraciado accidente”, no lo repita. Pero la realidad es que existe una carta con cierta recomendación y yo estoy embarazada. Nunca jamás volveré a ponerme en situación de ser engañada.

- Créame al menos cuando le digo que lamento muchísimo haberle colocado en esta situación… y que no guarda relación con la carta.

- Haré un esfuerzo para otorgarle el beneficio de la duda. –Intenta tranquilizarle.- Por el momento es lo más que puedo decirle, doctor.

- Gracias, Betty, con eso tendré que darme por satisfecho por ahora, pues estoy seguro de que usted misma va a percibir que soy sincero. Ahora debo irme al aeropuerto ya que tengo que regresar a Bogotá hoy mismo. –La mira con amor y añade.- Y usted se me cuida, oye? Si no por mí, por usted misma y por nuestro hijo.

- Descuide, doctor, me cuidaré. –Nota que ese Armando la está ablandando.- Y esta misma semana acudiré a la consulta de un ginecólogo.

- OK! Puedo darle un beso de despedida? –Al verla envararse añade.- En la mejilla, naturalmente.

Betty se acerca a él, le apoya las manos en los hombros, y poniéndose de puntillas le da un leve beso en la cara.

Armando no puede contener la ternura que siente y la estrecha entre sus brazos con un abrazo cálido y protector que conmueve profundamente a Betty.

- Le juro que usted es la única mujer que hace latir mi corazón.

Baja la cabeza y une sus labios a los de ella que parecen necesitar también ese beso, y durante un tiempo indeterminado permanecen con las bocas y las almas unidas.

Luego Armando se separa un poco y le dice bajo, con voz ronca.

- Te amo, Beatriz Pinzón, y no voy a parar hasta que estés convencida de que digo la verdad y mis sentimientos son verdaderos y eternos. –Le pone la mano en el abdomen acariciando a su hijo y se separa dirigiéndose a la puerta.- Cuídense, sí?

Betty, aún conmocionada, sólo acierta a asentir con la cabeza.





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Empieza a trabajar en el hotel Semíramis que es donde tiene su despacho y está muy satisfecha del trabajo y del ambiente que la rodea.





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Mientras en la capital, Armando consulta al doctor Santamaría sobre la situación de la empresa al estar Betty a distancia.

- Qué le parece, Juan Manuel, voy a hablar con el doctor Becerra y le explico?

El otro reflexiona unos minutos con cara de preocupación. Luego dice despacio:

- Considero que es mejor no mover nada ni decir que Beatriz se ha ido, pues los préstamos están concedidos por ella, por la credibilidad que la doctora les ofrece.

- Entonces…

- Toca convencerla de que deberá venir periódicamente a Bogotá cuando se necesite su firma o tenga que personarse en el banco. Así creerán que ella sigue al frente de la empresa y podremos continuar sin que nos exijan pagarles los préstamos en plazos más breves, o incluso de inmediato.

- Sí, estoy seguro de que tiene razón. Hablaré con ella hoy mismo y se lo explicaré. Imagino que no habrá ningún problema pues ella está dispuesta a colaborarnos en cuanto necesitemos excepto en volver a Ecomoda.

- De acuerdo, Mendoza, ya me contará. Adiós.

- Le llamaré. Hasta mañana.




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Armando mira su reloj y decide no llamarla al trabajo. Espera a la tarde y cuando supone que estará de vuelta en su apartamento marca el número.

Ha estado pensando mucho cómo decírselo, incluso ha ensayado, pero cuando oye su voz se olvida de todo.

- Aló!

- Aló, Betty, cómo le va todo?

- Muy bien. Empecé el trabajo y hay que hacer mucho y variado, así que no tengo tiempo de aburrirme.

- Y usted qué tal está? –Con voz suave.

- Muy bien también. Ah! Y tengo cita con un ginecólogo para el jueves.

- Me alegro. Ya me contará que le dice.

- Sí, doctor, lo haré. –Y lo hará porque no puede negar que Armando está demostrando interés por su hijo.

- Gracias. Vea, también quiero comentarle que he hablado con Santamaría respecto a la situación en la que queda la empresa con usted lejos.

- Y qué le ha dicho?

- Que no conviene que el banco de Montreal se entere de eso, porque podrían exigirnos el pago inmediato de los plazos que quedan para completar de devolver el préstamo.

- Y eso por qué? –Pregunta extrañada.

- Porque sólo nos los concedieron por la credibilidad y confianza que usted les ofrece, y si ahora se enteran de que usted no está en Ecomoda les entrará el pánico y reclamarán la cancelación.

- Comprendo. Y qué aconseja que hagamos?

- Dice que hagamos como si todo siguiera igual, y que usted deberá personarse periódicamente en el banco conmigo, cuando se requieran las firmas para algún trámite.

- Pero yo soy empleada reciente en el hotel y no puedo pedir permisos con frecuencia.

- Por eso no se preocupe. Ya sabe que algunas veces nos ha recibido el doctor Becerra en sábado. Le pediremos que lo haga así las próximas veces. –De pronto pregunta.- Porque usted libra los sábados, sí?

- Sí.

- Perfecto. Así pasará acá algunos fines de semana con su mamá y conmigo.

Está tan juicioso y responsable que le resulta encantador y… desconocido.

“A ver si me estoy pasando de suspicaz con él…”

Le gusta la idea de tener excusa para ir de vez en cuando a Bogotá, de modo que pueda satisfacer las ganas que tiene de verle y de estar con él.

Y además también volverá a casa con su madre aunque sea por poco tiempo.

- Bueno, si tiene que ser así… -Finge resignación.





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Pasan varias semanas en las que habla a diario con su madre y con Armando, y no sabe cómo ni por qué empieza a obrarse el milagro de confiar ligeramente en él.





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Está muy contenta la tarde de ese viernes porque toma el avión para volar a la capital y les va a ver a los dos.

En El Dorado recibe la primera sorpresa pues allá está su mamá que la llena de besos y abrazos en cuanto se encuentran, pero no está Armando.

- Ay, m´hija, qué alegría me da verla después de un largo mes.

- Hola, mamá, yo también estoy feliz de estar acá, con usted. –Todavía rodeándola con los brazos.

- Y qué bien está! Tiene la carita más llena que cuando se fue, pero aún no se le nota la barriguita.

- No, todavía no.

- Y cómo lo lleva, mamita? Tiene molestias?

- Ninguna, mamá. Ya estoy de trece semanas y todo va perfectamente. Y cómo vino usted al aeropuerto? En taxi?

- No, Bettyca, el doctor me envió a casa al mensajero de Ecomoda para traerme a recibirla porque él no podía.

- Freddy?

- Sí, se quedó aguardando en el coche.

- Pues vamos, que tengo muchas ganas de llegar a casa.

Efectivamente Freddy las está esperando en el aparcamiento y les abre la puerta ceremoniosamente cuando las ve acercarse.

- Mi querida doctora, qué honor para mis ojos verla después de tanto tiempo! –Le hace una reverencia.

- Buenas tardes, qué tal están todos por la empresa?

- Bien, pero las muchachas se acuerdan mucho de usted y la nombran continuamente. Tenga. –Le da un sobre.- El doctor Mendoza me ha dado esto para usted porque tiene una cena muy importante con unos clientes y le va a ser imposible encontrar un ratico para llamarla a buena hora.

- Gracias.

Espera a llegar a casa y estar sola en su habitación para abrir la carta.

“Bienvenida a casa, mi amor. Qué tal estáis los dos?

No te puedes imaginar cuanto lamento no poder ir a recibirte, pero tengo que atender a unos nuevos clientes que nos han hecho un gran pedido, y Ecomoda no está en situación de hacer desplantes a los compradores de nuestras colecciones.

Mañana pasaré por tu casa a las nueve de la mañana para llevarte a la empresa y mostrarte como se van cumpliendo los planes de recuperación que tú programaste y yo sigo al pie de la letra.

Después iremos al Banco de Montreal donde nos espera el doctor Becerra para que le firmemos unos documentos.

Hasta mañana. Descansa bien y sueña conmigo. Te mando millones de besos ricos, ricos. Tu Armando.”


Se da cuenta de que la trata de tú y eso es muy significativo.

Después de darse una ducha y ponerse un pijama baja a cenar con su madre mientras charlan animadamente, pues doña Julia se ha hecho a la idea de ser abuela y, sin estar encantada por la soltería de su hija, está feliz de que venga en camino una nueva vida.





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A las nueve menos un minuto llaman al timbre y Betty que ya bajaba la escalera, abre la puerta.

- Buenos días, doctor.

- Buenos días, Betty, está muy guapa.

- Gracias. Pase, por favor.

Se miran en silencio.

- Don Armando… -Dice doña Julia viniendo de la cocina.- …le provoca desayunar con nosotras? Estoy preparando…

- Acepto su ofrecimiento sea lo que sea, porque estoy seguro de que me voy a chupar los dedos.

- Ay, m´hijo, qué exagerado!

- No podemos, mamá. Nos vamos porque tenemos cita en el banco y antes debemos pasar por Ecomoda.

- Sí, estamos de afán. –Confirma Armando renunciando al apetitoso desayuno.

- Pues váyanse ya que yo les espero acá con la comida preparada.

- Un beso, mamá.

- Hasta luego, doña Julia. –Besa la mano a la mujer.

Llegan hasta el coche y él abre la puerta de Betty para que entre, la recuerda que se ajuste el cinturón y la sonríe.

- Me siento muy feliz de tenerla a mi lado. –Dice contento al poner el motor en marcha y arrancar camino de la empresa.



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Betty ha vuelto a Bogotá aunque sólo para el fin de semana, pero algo es algo.

Ella se comprometió a colaborar en la recuperación de la empresa y… con esa buenísima excusa va a estar de nuevo con este Armando que está más tierno y cariñoso que un bizcocho.

Regresará Betty a Cartagena o el bello bobo la convencerá para que se quede?

Besos.
que la convenza, porque Armando se está portando muy bien y se lo merece.

La historia está muy linda, Calipso.

Besos.
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