2.000 días sin ti.- Capítulo XIII

2.000 días sin ti.- Capítulo XIII

Calipso
Calipso

April 21st, 2006, 2:20 pm #1


- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
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marg
marg

April 21st, 2006, 3:58 pm #2

un poco más y lo deja esteril al pobre padre, pero me parece que esto ya no tiene vuelta a trás y seguro que no tardando mucho se reconcilian como es debido, ahora esta el problema de Mario, esperemos que con unos poquitos de celos de parte del tal Carlos le sirvan para decidirse a comprometerse con Camila que ya va siendo hora, seguro que despues de dar el paso tendra que pensar como fue tan tonto de no haberlo dado antes y de haber perdido tanto tiempo lejos de ella. Estupendo capi. Besos.
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Mar (mex)
Mar (mex)

April 21st, 2006, 4:18 pm #3

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





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Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





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La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





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Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





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Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




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Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
1.- De que Betty y Armando tengas esos progresos y mas cuando se sueltan algunas cosillas picosas como eso de los hermanitos, jajaja.. seguro casi que se le para el corazon a Betty.. y de Ana solo se puede decir que seguro se los recordara en breve.
2.- De Marito me imagino yo que con la inestimable ayudadita de su amigote Armando hara que algun plan funcione para conquistar a Camila y no dejar que ese filipichin de cuarta de Carlos, segun el claro!! se la robe...A ver que se los ocurre!!

Muchos besos

Mar
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

April 21st, 2006, 6:07 pm #4

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





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Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
por poco se nos desgracia, con el golpe que le ha dado la niña. A ver si Betty siente curiosidad, y quiere comprobar por ella misma, que no le han quedado secuelas del golpe. Besos
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ambarmurcia
ambarmurcia

April 21st, 2006, 7:14 pm #5

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





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Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





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Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




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Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
Me encanta que Betty sea la que se lo quiera llevar al "huerto" y que poco a poco lo vaya consiguiendo... ojojojoj

Mario lo único que necesita es decidirse, a ver si hablando con su amigo se da cuenta de que está haciendo el tonto y se lanza de una buena vez.

Me ha encantado el capi, gracias.

Besos. Amparo
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Gala
Gala

April 21st, 2006, 11:10 pm #6

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





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Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





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La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
Mario se apure porque lo dejan vestido y abandonado, en cuanto a nuestro niño será que lo habrán inutilizado? yo que Betty lo pruebo enseguida . Besotes.
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eternidad
eternidad

April 21st, 2006, 11:13 pm #7

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





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Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




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Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
lo que tiene que sufrir jejejejeje. Bien por Camila, ya era hora de que alguien le rompiera los esquemas a este tipo. Ahora solo espero que en esa hacienda se produzcan dos acercamientos muy muy deseados jejejejeje. Un besito.
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Cata
Cata

April 22nd, 2006, 7:06 am #8

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
sólo les falta un empujoncito... a ver quién o qué se lo dará...

Mario da penita, oj oj oj... Quizás le hace falta una ración de "celos" por parte del tal Carlos para ver si se decide a ir a por todas...

El capítulo una delicia, Calipso.

Besos.
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Joined: July 3rd, 2005, 7:14 pm

April 22nd, 2006, 8:12 pm #9

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
al marito en esas, jejeje, como es que no puede con Camila, jejeje??

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Fanarg
Fanarg

April 22nd, 2006, 8:59 pm #10

- Prometes no volver a atacarme tan alevosamente?

- Mmmm… quieres decir: “Nunca, jamás, en la vida?”

- Más o menos. –Armando sonríe levemente.

- Es que no puedo comprometerme a tan largo plazo. –Le centellean los ojos con malicia.- Qué tal si te portas mal y tengo que tomarme la revancha?

- Ya! Y podrías al menos, comportarte pacíficamente durante el regreso a casa?

- Eso sí, por supuesto. –Sonríe de oreja a oreja.

- En ese caso te perdonaré. –La contesta con dulzura.

“Ay, si mi Betty fuera así siempre…” Las campanas tocan a rebato dentro de su cabeza. “La amo, la deseo, quiero saborearla, hacerle el amor acá y ahora mismo…”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XIII.- Ayúdeme, tigre!




- Ahora sólo tenemos un caballo, así que te ayudo a subir y vuelves montada en él.

- Y tú?

- Yo iré al lado llevando las bridas.

- A pie? Ni modo!

- No estamos muy lejos…

- Pero es tu caballo. No puede llevarnos a los dos?

- Considerando que tú no pesas mucho…

- Entonces, vamos juntos. –Dice Betty con decisión y camina hasta el animal.

- A ver, súbete a ese tronco, mete el pie izquierdo en el estribo, agárrate a la perilla y toma impulso…

- Sé subir, Armando, y bajar también aunque utilice el método “tobogán”, como antes. Oj! Oj! Oj! Mantenerme firme en la silla es lo que me da más problema.

- Bueno, entonces yo te llevaré bien agarradita, sí?

- OK! –Dice sin remilgos y sube al tronco disponiéndose a montar.- Tranquilo, caballito…

Armando mantiene quieto al garañón, ella sube sin mucha dificultad y a continuación monta él.





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La vuelta a casa les sabe a poco. Betty va sentada delante de Armando sobre el lomo del caballo, y él la rodea con sus brazos compartiendo el calor de su cuerpo.

Ella está tan a gusto que se recuesta contra él exhalando un suspiro de satisfacción, y Armando sonríe feliz al saberla por fin bien dispuesta para con él.

Poco después llegan a las cuadras, él desmonta y ayuda a Betty a bajarse mientras Antonio acude apresurado.

- Señorita Beatriz, se ha hecho daño? La yegua acaba de llegar y me he dado un susto de muerte. No sé qué puede haber pasado, pues es muy tranquila.

- No ha sido culpa de ella. Yo, que no soy muy experta, resbalé y caí. Sólo estoy algo sucia.

- Algo? Si está de arriba… –Enmudece al ver a Armando.- Doctor! Usted también…?

- Un desafortunado resbalón, Antonio. Sin mayor importancia.

- Se ha caído del caballo, señor? –Pregunta incrédulo.

- Naturalmente que no! –Responde Armando muy ofendido.- Caerme yo? Qué ocurrencia!

Y clavando una mirada asesina en el mozo, le entrega las riendas del animal muy digno.

Antonio reconoce de inmediato la expresión de “no comment”, y tomando el caballo va con él hacia dentro sin más palabras.

Armando se da la vuelta con brusquedad, toma a Betty del brazo y emprenden el camino de la casa.

Al acercarse, ella señala la terraza con un movimiento de cabeza.

- Ahí está Camila con Ana. Creo que se ha fijado en nuestras ropas y nos está mirando igual que Antonio.

- Ajá!

- Fulmínale con una de esas terribles miradas tuyas. Una como la que le echaste a él. –Sugiere risueña.

- Imposible. Camila es inmune a mis miradas más frías y glaciales. –Dice cáustico.

- Qué lástima! –Bromea como si fingiese sentirlo.

Desde la terraza, Camila les observa descaradamente, y esa complicidad que ve entre ellos la llena de satisfacción.

Ella sabe, porque su hermano se lo ha confiado, que está locamente enamorado de la madre de su hija, y que sólo espera algún signo de que ella le acepta.

Así que verles sucios y cómplices le hace sospechar que ha habido algún tipo de actividad lúdica, y albergar esperanzas de un pronto entendimiento.

Para evitar los comentarios jocosos de su ingeniosa hermana, Armando conduce a Betty hacia una puerta lateral usada por los empleados del servicio, suben las escaleras y la acompaña a su habitación.

Ella abre la puerta, mira a ambos lados del pasillo, tira de la manga de Armando metiéndole dentro, y entonces se acerca a él, se alza de puntillas y pasándole las manos por detrás de la nuca une sus labios a los de él y le besa con inmensa ternura.

Comparten besos y abrazo largo tiempo, y luego echando mano de toda su fuerza de voluntad, baja los brazos y retrocede separándose.

- Y esto? –Pregunta Armando saboreando todavía.

- Es por no ser rencoroso.

- Si éste va a ser el pago… quizá merezca la pena ser capaz de perdonar…- Arquea una ceja recordándola su mayor defecto y sonríe con sorna.- Me gustas.- Luego baja la cabeza, la da un piquito, y soltándola sigue hacia su habitación tan contento.

“Bueno, tigre, nos ha costado pero parece que empieza a ablandarse la doctora. Ahora usted con cuidadito para no embarrarla y dar marcha atrás”.





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Después de comer todos se retiran para echarse una siestecita, aunque Betty apenas puede dar una cabezada en un sillón, porque la polvorilla de su hija se lo impide con su cháchara.

- Qué vamos a hacer esta tarde, mami?

- No sé, cielo, pero seguro que tu papá ha pensado algo.

- Yo quiero ver a los gatitos.

Betty recuerda avergonzada la cara del mozo de cuadra cuando les vio aparecer después del paseo, y sonríe dando largas.

- Podemos ir mañana antes de comer.

- Mami, por favooor, ya que no me dejáis llevarme ninguno a casa, vamos a verlos para que pueda jugar con ellos. –Se sienta en su regazo y la hace carantoñas.

- Ana, cuando veas a papá le preguntas, sí? –Dice al fin para que la deje tranquila un ratico.- Y ahora déjame descansar un poco.

- Key! Yo se lo digo. –Echa a andar hacia la puerta.

- Qué haces ahora? Será posible que no me puedo relajar un minuto? –Dice lastimosa.

- Voy a su habitación. A decírselo. –Contesta tan decidida.

- Él estará durmiendo ya que nadie se lo impide. –Responde irónica.- Ten piedad de tu mami y espera un poco…

- Falta mucho para que acabe este rollo de la siesta?

- Muy poquito. Anda, lee ahora ese libro tan bonito que te ha dado la abuela Margarita de cuando papá y la tía eran niños.

Ana pone cara de “ya que no queda otra…” va por el libro de cuentos, se tumba en la cama de su madre y… antes de cinco minutos está dormida como una marmota.

Betty la mira con cara de satisfacción, y se arrellana en su sillón para aprovechar el tiempo que queda.

Cuando Armando viene a buscarlas las encuentra dormidas. Ana aposentada en la gran cama, y Betty en el sillón, con los pies apoyados en un escabel.

Ha llamado a la puerta, pero al no obtener respuesta ha entrado por saber si estaban allá.

Va al otro sillón, se sienta, y se dedica a contemplarlas despreocupado, pero apenas unos minutos después Betty entreabre los ojos y le sorprende una mirada tierna.

Ni siquiera se asombra porque estaba soñando con él.

- Buenas tardes, dormilona. Vaya siestecica, ah?

- Siesta habrá sido la tuya, porque a mí esa “pájara pinta” no me ha dejado parar hasta hace media hora. Menos mal que al fin se durmió.

- Por poco tiempo. –Comenta Armando haciéndola una seña con los ojos.

Ana ha empezado a removerse al oír hablar a sus padres, y acto seguido se arrodilla en la cama.

- Papá, ya se acabó la siesta? –Está dispuesta a todo.

- Sí, muñeca, y he pensado que podemos ir los tres a remar al lago. Te provoca?

- No. Yo quiero ir a jugar con los gatitos.

- Pero…

No hay modo de convencerla así que rato después, una vez arreglados, echan a andar sendero adelante con Ana en medio de ellos, y colgada de una mano de cada uno.

Va columpiándose muy contenta, y ellos también disfrutan el tranquilo paseo porque la compañía que llevan en ese instante es la que más les agrada.

A ratos hablan, a ratos cantan alguna cancioncilla infantil, más de pronto… Ana con tanto salto y balanceo se resbala de una mano y gira de lado propinando tremenda patada a su padre en un lugar tan sensible que le hace doblarse de dolor.

- AH! –Se duele poniéndose en cuclillas y sentándose en una piedra.

Cierra los ojos, y cuando segundos después los abre, encuentra las caras de las dos pegadas a la suya con gran susto.

- Armando, te has mareado? –Pregunta Betty muy preocupada.

- No, pero cómo pega! –Se masajea discretamente, y al ver que la niña está asustada y a punto de llorar, se esfuerza por bromear.- Hija, no olvides nunca lo efectivo que es este tipo de defensa personal cuando seas mayor, y algún tinieblo se ponga cansón.

- Papi, yo no quería golpearte. Me escurrí…

- Ya, cielo, no te preocupes. Pero igual ya no tienes que temer por compartir tu herencia con futuros hermanos…

- Armando… –Betty le riñe con suavidad.- Esa broma…

- Hermanos? Voy a tener hermanitos? –Ella sólo ha captado esa palabra.

- Pues lo dudo. Al menos por una larga temporada creo que estaré fuera de combate. –Se levanta despacio con ayuda de Betty que le tiende la mano y resopla.- Fiuuu! Qué puntería!

Echan a andar lentamente detrás de Ana que ya está llegando a las caballerizas.

- Se te va pasando el dolor?

- Bueno, al menos puedo andar con cierta desenvoltura.

- Siento que te haya pasado eso… –Se muerde el labio.

- Me quieres hacer creer que te preocupa el estado de esa parte de mi anatomía? –Pregunta pícaro para mortificarla.

- No me gusta ver sufrir a nadie. –Responde colorada.

- Tranquila. –La dice sonriente.- Creo que todo sigue en su sitio y en perfectas condiciones cuando deje de latir por el mamporro.

Contemplan a Ana jugar con Diantre y sus hermanos durante un buen rato, hasta que empieza a anochecer. Entonces les toca convencerla de dejar a los gatitos con su mamá para que duerman, y regresan a casa.

Una vez allí, los adultos al completo juegan una partida de cartas, mientras la niña ve una película de dibujos en la televisión.





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Después de cenar Betty acuesta a su hija, y luego vuelve para quedarse de sobremesa con los demás y tomar el último tintico del día.

Rato después, uno tras otro alegan cansancio o sueño y se van retirando a sus dormitorios.

Pero Armando se va a la biblioteca, toma un libro y se acomoda en un gran butacón, mas no lee mucho tiempo porque a los pocos minutos suenan unos leves golpecitos en la puerta.

- Adelante. –Dice sin levantar la vista del libro.

Mario entra y se deja caer en el sillón de enfrente al de su amigo.

- Necesito hablar, hermano.

- Quiere desahogarse? Pues aquí me tiene. –Cierra el libro y se dispone a escuchar.

- No sé si es eso… o buscar consejo… o aclararme…

- Le escucho.

- Se trata de Camila.

- Ya imagino. –Se recuesta en el respaldo preparándose para una larga disquisición, y observa a Mario con interés.

- Anoche, cuando usted se fue a su habitación, ella vino al salón y…

- Y…?

- Jugó conmigo como el gato con el ratón, hermano. Me llevó al terreno que ella quería… y me hizo ver que la intereso igual que ella a mí.

- Mi hermana le ha dicho que le ama?

- Me lo ha dado a entender.

- Y usted a ella?

- Yo se lo negué, por cobardía desde luego, pero ella descubrió que no era cierto.

- Cómo así?

- Tigre, cómo pregunta eso? Pues mi cuerpo reaccionó sin pedirme permiso… y me dejó en evidencia avergonzándome ante ella.

Armando suelta una carcajada.

- Así que el pequeño Mario… Ja, ja, ja! Por su cuenta… Ja, ja, ja! Ay, Calderón, reconozca de una buena vez que está enamorado de mi hermana, y que la ama. No ve que todos le notamos que cuando Camila está presente, a usted se le pone una cara de tonto que le vende?

- Es que ella me ha dicho que ese tal Carlos de la plantación vecina, le ha insinuado que está dispuesto a declarársele de forma inminente. Parece ser que ya la dio un apasionado beso.

- Así que Carlos ataca de nuevo…

- Por qué dice “de nuevo”? –Pregunta Mario angustiado.

- Porque está enamorado de ella desde que eran unos chinos, pero Camila siempre le rechazó. A ver si va a ser verdad que el que la sigue, la consigue…

- Pero eso no puede suceder! Ayúdeme, tigre. –Mario suplica angustiado.



CONTINUARÁ…




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas.

Sin prisa pero sin pausa ellos dos van avanzando y parece que disfrutan el lento acercamiento, mas no os da penita el pobre Mario? Ya sé que es un cabezón, pero…

Besicos y hasta pronto.
Deberían pasar unos días solos, a ver si se deciden de una vez a dar el paso
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