Bajo un manto de estrellas

Aquí es donde todos los Exploradores se reúnen, donde se encuentran los hangares para sus preciadas naves, y donde se desarrolla toda su labor en tierra. Además, desde aquí lanzan sus misiones a otros mundos.

Moderator: Feler

Bajo un manto de estrellas

Rory
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Rory
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Joined: Jun 25 2007, 09:11 AM

Oct 15 2017, 04:18 PM #1

Viene de aquí

El sabor salado de las lágrimas ya había alcanzado sus labios cuando unas pisadas suaves la alertaron de que alguien se acercaba. Las manos caerían para revelar su rostro y sus pestañas se alzarían, húmedas y brillantes, para encontrar que Aria era depositada frente a ella. No habría palabras ni gestos, ni tan siquiera un intercambio de miradas. El Liberian se marcharía en busca de los suyos, dejando tras de si una exploradora muda. Movimiento. Sus ojos lo percibirían al instante y, al hacerlo, su aliento se helaría en sus pulmones. La esperanza parpadearía con timidez, dudando el corazón de lo que veían sus ojos.

Nunca una mueca de disgusto le había parecido tan hermosa.

Y cuando Aria se movió para abrazarla, maltrecha pero viva, se encontraría a medio camino con la efusiva respuesta de Rory. Los brazos de la adolescente se cerrarían a su alrededor sin compasión, aflojándose solo si su amiga encontraba aliento para quejarse. La humedad de unas nuevas lágrimas se derramaría sobre el pecho de la rubia, acompañadas de sonidos amortiguados. La alegría y el alivio la llenaron. No hubo culpa por sentirlas. El dolor seguiría ahí. Nunca dejaría de acompañarla. No era blanco o negro, luz o oscuridad, tristeza o alegría. Su corazón albergaba espacio para ambas. Podían alegrarse de estar vivas y llorar, aun así, por lo que habían perdido. La vida en estado puro.

Aria encontraría su respuesta cuando, tras levantarse juntas, la mano de Rory se cerrase con firmeza sobre la suya, entrelazándose. Aquella era su elección. Sus padres siempre estarían ahí, dispuestos a consolarla. Tenía suerte de tenerlos, una que sus amigos no compartían. No era una niña que quisiera llorar en brazos de su madre por lo injusto del mundo. No era así como la habían educado, no era así como quería ser. Y no era la única que había perdido aquel día, ni la única con los ojos anegados en lágrimas. Su amiga no necesitaba decir nada más para poder contar con ella. Juntas eran más fuertes. Y, aunque el trago fuese igual de amargo, no estarían solas.

Otro movimiento, más suave esta vez, llegaría para dar fuerza a aquel pensamiento. Y mientras Aria se giraba hacia al peliblanco, Rory le dedicaría una sonrisa a Sombrilla. No era la sonrisa que una vez había sido. No era exactamente alegre y había una tristeza inherente en su rostro. Pero el cariño en los ojos de la exploradora hablaba por si mismo y, haciendo un esfuerzo, sus labios se curvaron un poco más. Estaban vivas. Estaban juntas. Ninguna estaría sola, ni dejaría que la otra lo estuviese. Sintió como la amistad la arropaba, como aquella verdad solida y pura la reconfortaba en sus momentos más oscuros.

-Mañana. Es una promesa. - contestó, levantando el meñique. Y, por un segundo, Sombrilla habría jurado ver como una chispa se iluminaba en los ojos grises de su joven amiga. Un reflejo de lo que había sido. De lo que, quizás, podría volver a ser. La niña no volvería, no había marcha atrás, pero la alegría... Para ella siempre había esperanza.

El momento terminaría. Sombrilla sería reclamada por el deber y Rory... Rory se giraría en dirección al cuartel sin soltar la mano de Aria. Nadie limpiaría sus lágrimas, cuyos cercos quedarían olvidados en sus mejillas ahora que sus ojos se habían secado. Gemelos a los de Aria. Gemelos a los que Reddo, cuando las alcanzase, luciría sin vergüenza en sus mejillas. Era una señal del dolor compartido. Mas, no queriendo que fuese eso lo que les mantuviese unidos, la mano libre de Rory se tendería de nuevo ante él acompañada de una sonrisa. El chico no podía saberlo, solo intuirlo, pero ante él tenía alguien que ya lo consideraba un amigo. Alguien que le había aceptado desde el momento en que había luchado a su lado por vez primera. Alguien que, si lo permitía, se aseguraría de que no volviese a estar solo.
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Aria
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Aria
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Joined: Jun 18 2007, 06:51 PM

Oct 18 2017, 08:07 AM #2

Me encontré a mi misma dejando caer miradas furtivas hacia las manos de ambas entrelazadas. No era molestia ni incomodidad, si no sorpresa. No podía evitarlo; cada gesto cercano, cada muestra de cariño causaba cierto desasosiego en mi, como si lo hubiera recibido por error, sin terminar de merecerlo del todo.

Ahogué un suspiro justo en el momento en el que vi a Reddo. Pura casualidad, pero también un poco de suerte. Él no era el destinatario de ese suspiro, que iba dirigido simplemente al universo. De hecho, ni siquiera lo reconocí en primera instancia, arrebujado en una sábana para escapar del frío creciente de la noche, seguramente.

No podía saberlo con seguridad, pues pese a notar el viento lamiendo suavemente mi rostro, el resto de mi cuerpo estaba cobijado en una tecnoarmadura que regulaba automáticamente la temperatura. Tendría que consultar la temperatura en la interfaz de mi muñeca, pero Rory la había tomado para si. Mejor así, de todas formas, ¿qué más daba? Entendía que mi cerebro procuraba perderse por derroteros extraños, pero eso no era razón para seguirle en su pequeña locura.

Y así, lo que quedaba de los Exploradores avanzó por la calle, los tres esgrimiendo las lágrimas sin demasiado pudor. No parecía serio, estaba convencida de que el resto de organizaciones eran mucho más profesionales, y yo había pretendido que los Exploradores lo fueran, pero las cosas nunca salían como una quería y no tenía porque ser malo.

No tardamos demasiado en llegar hasta el Cuartel. Con las dos naves a salvo en la azotea del ayuntamiento, no había demasiado que comprobar y con solo avanzar por la sala común y llegar hasta las cristaleras pude observar que todo estaba en orden, sin saber que, no hacía demasiado, cráteres cubrían todo el patio.

Ahora, sin embargo, había algo de extraño allí. Un bulto (o una acumulación de bultos bien apilados) en mitad de la pista. Libre de la reconfortante presa de Rory desde que había entrado en el edificio, caminé a paso ligero hacia el elemento extraño que no tardé en reconocer como piezas Gumi. Aún así, tenían algo de extraño. Su color acerado, envejecido, y de hecho parecieran estar... ¿funcionando? Como si engranajes se movieran en su interior, ronroneando.

Eran tres en total, el que parecía un arma, un motor, y un tercero que no acababa de identificar. Habría que examinarlo con más detenimiento para entender su función. No era el momento ni el lugar, pero tampoco podían dejarlos allí en medio, por lo que insté a Reddo y a Rory a que tomaran cada uno una de las piezas, tomando yo la última de ellas, para guardarla a buen recaudo en el interior de los garajes. No eran pesados, aunque sí desconcertantes. ¿De dónde habían salido?

- Parece que tenemos trabajo para mañana. Pero por ahora, me gustaría que fuéramos a la azotea. Una especie de picnic bajo las estrellas, y sobre el hormigón, supongo. Creo que hay comida en la nevera. ¿Os hace? - dije, olvidándome de rangos, y protocolos. Quería decirles algo acerca de los Exploradores, e iba a hacerlo, pero no entendía la necesidad de hablar como líder en un momento así.
[+] spoiler
Los Exploradores reciben el conjunto de Gumi ASIM. Sus efectos serán descritos al día siguiente, cuando se decidan a probarlos.

En cuanto al picnic, si aceptáis la idea, podéis saquear libremente el frigorífico. Tened en cuenta que, cómo mínimo, Aria se habrá encargado de rellenarlo en los días anteriores al Fin del Mundo, por lo que por su parte no habrá nada saludable (chocolatinas, helado, etc). Así pues, por lo que a mi respecta podéis interpretar un poco con total libertad. Aría llevará un par de mantas
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Reddokuraudo
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Reddokuraudo
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Joined: Mar 4 2014, 10:22 PM

Oct 23 2017, 11:18 PM #3

Conforme el trío se alejaba de la plaza frente al ayuntamiento, las tenues y escasas voces que se alzaban frente a los pesares, sollozos y susurros se iban deshaciendo, dejando paso exclusivamente a las pisadas de sus botas contra los guijarros de la calle. Un silencio sepulcral, pensó, casi como si Bastión Hueco estuviese guardando respeto a los caídos, estaba seguro de que dicho silencio acompañaría los amargos pensamientos de todos sus habitantes aquel día, cómo se debía sentir alguien que veía su hogar destrozado después de estar en una falsa inopia durante horas.

El paisaje seguía siendo hermoso, sin duda, tristemente hermoso. A sus costados se podrían ver algunos desperfectos, los ataques se habían realizado en zonas concretas de la ciudad, por lo que en general, tampoco podría catalogarse de catástrofe, aunque los costes humanos y administrativos serían altos.

Sentía que a partir de entonces tendría que pensar más en sí mismo y menos en todo cuanto le rodeaba, aquello podía traerle problemas en el futuro, aunque no dudó un instante en lanzarse contra sus enemigos, no sabía si fue por estupidez, rabia o simplemente una inconsciente sed de sangre. Aquellas negativas emociones se evaporaron rápidamente cuando, en el camino, un tacto cálido se adhirió a su mano derecha, dubitativo, desvió con brevedad su mirada hacia Rory, le sonreía mientras lloraba, él no le había dado importancia, pero las lágrimas seguirían cayendo unos instantes más antes de limpiarse los ojos con el dorso de la mano.

Mantuvo su mente en blanco durante el breve camino que les quedaba por recorrer hasta el cuartel, desde que llegó a aquel mundo, nunca hubiese imaginado que volvería a sentir la sensación de ser aceptado por los demás.

Cuando llegaron finalmente al cuartel, pudo observar las extrañas herramientas que se habían apilado en la pista, dadas las indicaciones de Aria, tomó el que estaba más a mano, dejando la mano de su compañera para tomar un artilugio colorido compuesto por extrañas protuberancias. Quizás pudiese preguntarle a Aria sobre su funcionamiento, pero no era el momento, lo dejó junto al resto de objetos en el garaje.

-Por cierto...-Dijo por primera vez cuando Aria les ofreció el picnic, hacía tiempo que no abría la boca aquel día, se paró antes de cruzar la puerta.-Subiré a darme una ducha y a cambiarme, podéis subir sin mí, iré enseguida.

Lo cierto era que había corrido entre el fuego, desgarrado el cadáver de un demonio y aplastado entre varios trozos de piedra gigantescos, su aspecto era cuanto menos "humano", pero también necesitaba unos instantes a solas para no derrumbarse. Recorrer ahora el cuartel, el que había proclamado su nuevo hogar, con su ahora oscura y vacía atmósfera le producía una tristeza que nunca creyó que pudiese sentir.

Se encaminó con parsimonia hacia su cuarto, por su mente pasarían imágenes de tan solo unos días atrás, cuando llegó hasta aquel lugar para poder dormir en un lugar que no fuese la calle... No podía seguir pensando, las horas que restaban de aquel día debían ser invertidas en su descanso mental. Tomó una muda limpia junto a una camiseta de manga larga blanca que llevaría con unos pantalones militares negros, se dejaría las botas. Antes de encaminarse hacia el cuarto de baño, dejó a Shūsui apoyada en el lateral del armario, su acero necesitaba descansar casi tanto o más que él. Había sido un día largo, la ducha fue de lo más agradecida para limpiar de impurezas su cuerpo y calmar su ánimo, lo único que pensó fue en quitarse la mayor parte del polvo, el hollín y la sangre que se habían acumulado a lo largo del día en su cuerpo.

Cinco minutos después, salió de la ducha y limpió el plato, que estaba recubierto por una flotante y leve capa de tonos marrones y negruzcos. Secado su cuerpo, pasó media docena de veces la toalla por su pelo y se vistió con endereza, el agua del baño había fundido sus lágrimas. Disfrutaría cada instante posible de aquella noche pues, a partir del día siguiente, tendría que afrontar una nueva realidad y una nueva vida que le esperaría.

Apremió sus pasos una vez vestido para alcanzar a sus compañeras en la azotea, no sin antes hacer una parada en la cocina, de donde cogería una botella de litro de cerveza y un envase acartonado con pasta instantánea en su interior, se demoró otro par de minutos para calentarlo. Finalmente, tomó con cada mano sus provisiones y se dirigió hacia la azotea. Recordó que en la misma, tras una de las salidas de los conductos de aire, se encontraba su macuto junto al carcaj de planos que había recolectado con Olympia en la casa de la Zona Hueca.

Dejó su alimento sobre la cornisa de la azotea y dejó sus bártulos junto a la salida para que no se le olvidasen al bajar. Volvió hacia el borde y se mantuvo de pie frente a sus compañeras, pensativo. Tomó la botella de cerveza y la abrió con decisión, llevándola a sus labios para dar un largo trago que se extendería hasta terminar con un tercio del líquido, al acabar, soltó un largo y descansado suspiro, alzó el recipiente hacia el cielo nebuloso y dijo:

-Por los exploradores.
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Rory
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Rory
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Joined: Jun 25 2007, 09:11 AM

Oct 26 2017, 04:41 PM #4

Caminar por las calles, iluminadas ahora por unas farolas mucho más funcionales, en compañía de sus compañeros ejercería el efecto de bálsamo sobre el malherido estado de ánimo de la adolescente. La calidez de sus manos lograría alejar un poco las emociones que seguían ahí, en el abismo, aguardándola. Su personalidad quería tirar hacia delante, ser la misma de siempre, pero la realidad... La realidad era abrumadora. Y dolorosa. Dejarla atrás no era una opción. No era posible, ni adecuado. Por una vez, por primera vez, lo adecuado no podía tomarse a la ligera. Por eso su sonrisa, que había logrado alzarse para mostrarse ante Reddo, se había apagado de nuevo al echar la vista al frente. Demasiado esfuerzo. Demasiado pronto.

Su mirada atenta no perdió detalle de los cambios que alguien, o algo, había hecho desde la última vez que había recorrido aquel camino. Parecía que había pasado una eternidad y solo habían sido unas cuantas horas. Todo había cambiado y, quizás por ello, parecía adecuado que Bastion también lo hubiese hecho. La ciudad mostraba una limpieza de cara acelerada. El bache sobre el que había saltado a diario, justo frente al taller de su madre, ya no estaba. Las pintadas en la pared del callejón anterior, tampoco. Todo parecía... a estrenar. Y eso significaba, pensó con cierto alivio, incluso antes de verlo, que el cuartel estaría bien.

Y lo estaba. Estaba perfecto. Una voz en su interior, extraña y molesta, le susurró que aquello no estaba bien. Que debería haber un recuerdo allí de lo ocurrido, una marca de lo que se había vivido en aquella explanada. Su conciencia, que durante tanto tiempo había sido ignorada, luchaba por abrirse paso. Por hablar de correcto e incorrecto, de adecuado o inadecuado. Mas solo una parte de sus opiniones sería escuchada. Lo demás... seguiría como hasta ahora. Gritos al vacío. Ruido de fondo. No quedándole otra que seguir observando como la adolescente se lanzaba a las aventuras como pollo sin cabeza. Pues había cosas que simplemente no podían cambiar.

Lo único que impidió que corriese hacia las piezas no fue la voz en su cabeza sino la mano de Reddo, aun agarrada a la suya. Así que se acercarían juntos y solo cuando él se soltase, no queriendo ser ella la que rompiese el contacto, se agacharía para mirar una de las piezas de cerca. La tocaría, incluso le daría unos golpes y el ronroneo la fascinaría. Con una emoción creciente, la alzaría preguntándose en silencio si pertenecerían al robot que habían enfrentado. El mismo que al final se había revelado independiente a su piloto. Había tenido vida propia, tal y como parecían tenerla aquellas piezas. Absorta, la voz de su amiga la haría levantar la cabeza, sentada ya en el suelo junto a la pieza motor, como una niña con un juguete nuevo. Separarse de ella podía no ser su idea favorita pero ni aun así rechistó, siguiéndoles hasta el garaje.

-Claro - respondería con un tono de voz que casi sonó alegre y que al menos tenía cierta energía.

Ni las palabras de Reddo, ni la voz de su cabeza, lograrían que abandonase a Aria por el baño más necesitado de su vida. Quizás no fuese lo más correcto ir por ahí hecha una piltrafa, llena de mugre, de sangre y de... lo que fuera que le cayese encima tras la explosión de aquel demonio, pero la otra opción sonaba igual de mala. Incluso separarse de ella, cuando la otra se dirigió a por unas mantas, puso en duda un extraño y desconocido sentido de la protección, su mente aun intentando lidiar con la pérdida y lo que eso significaba para ambas. Mas, con un suspiro, se drigiría a cumplir su parte.

Llegaría a la azotea poco después, con los brazos llenos de todo lo que un corazón roto necesitaría (y se pudiese comprar): cantidades ingentes de azúcar. Se dejaría caer en el suelo, disponiendo todos los dulces tesoros a su alrededor. Les dedicaría una pequeña sonrisa a ambos conforme se le fuesen uniendo, con una chocolatina a medias en la mano y ni un ápice de culpa en el cuerpo por no haberles esperado. Lo raro, para cualquiera que la conociese, sería el silencio. Totalmente antinatural en ella. Aun así, cuando Reddo alzase la botella al cielo, ella no podría evitar contestar con suavidad:

-Por los que hemos perdido - la frase le sonó algo desalentadora, aun siendo necesaria, así que alzaría la vista para añadir unas palabras más -Y por la victoria.
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Aria
Con derecho a Apodo
Aria
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Joined: Jun 18 2007, 06:51 PM

Nov 5 2017, 03:04 PM #5

Ajena a las ideas que rondaban la cabeza de Rory, decidí que mis pintas eran lamentables y que, pese a que podía aguantar semejante grado de inmundicia maloliente en entes ajenos a mi propia persona, no podía hacerlo en mi misma. Por suerte, bajo el traje tecnológico que acabó amontonado con el resto de ropa contra una esquina de la habitación, no había mucho más que sudor.

No me llevó más de cinco minutos salir por la puerta con un jersey de manga larga y cuello vuelto gris que me llegaba casi hasta medio muslo y unos pantalones ajustados negros. Luto, me dije al verme reflejada en el espejo de paso hacia la salida. Los cabellos, aún húmedos, se erizaban y se movían tímidamente al son de mis pasos mientras me dirigía hacia la azotea con un par de mantas grandes en ristre.

Fui la última en llegar a la azotea, pero no tardé en deducir que hacía pocos segundos que Reddo había llegado, y que Rory llevaría algunos minutos, a juzgar por los dulces dispuestos y empezados. Tendí una de las mantas sobre el suelo, junto a la joven,y me senté en el centro de la misma, instando a Rory a sentarse a mi derecha, con su trasero lejos del duro hormigón. Reddo podría ver que había dejado sitio de sobras a mi otro lado.

La otra manta serviría para arrebujarme bajo ella, llegado el momento. Ahora, con las piernas extendidas frente a mi y los brazos apoyados sobre la manta, escuché los brindis y no pude evitar sentirme triste. Tomé una chocolatina, blandiéndola frente a mi, y me uní al llamamiento.

- Por el futuro. - declaré, firme, antes de arrancar media chocolatina de un bocado. ¿Qué más nos quedaba, si no? Y, basándonos en el futuro, no había descanso si queríamos que fuera un bueno.

Así que, allí, bajo la luz de las estrellas, en una fresca noche de verano, junto al resto de los Exploradores, rodeados de pecados culinarios, de lágrimas, y de cierta sensación de camaradería, volví a hablar, esta vez como jefa.

- Dicen que Belial destruyó varios planetas antes de llegar aquí. Además, me avisaron de que esto no ha hecho más que empezar. Al morir Ella, la cosa se ha puesto mucho peor con los Sincorazón. Ahora mismo estamos ciegos. Necesitamos saber si nuestras rutas actuales son seguras, si ha destruido a alguno de nuestros aliados, si los Sincorazón se concentran en algún lugar específico... Y ese es nuestro trabajo. - dije, mirando directamente hasta el espectáculo celeste - Mañana, cuando hayamos probado los nuevos Gumi, montaremos los que le sean útiles al Último Giro y saldréis ahí fuera en él. Si todo va bien, será un viaje largo. Os daré instrucciones claras mañana. Yo me encargaré de poner todo en orden con el alcalde e intentaré reclutar más gente y conseguir más fondos. Hasta entonces... supongo que se puede decir que estáis de permiso, así que vamos a pasárnoslo bien, ¿no? - dije, sonriendo levemente y dando cuenta de la otra mitad de la chocolatina.
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Reddokuraudo
Con derecho a Apodo
Reddokuraudo
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Joined: Mar 4 2014, 10:22 PM

Nov 29 2017, 09:58 PM #6

De nuevo, Reddokuraudo observó el hermoso tapiz recientemente dibujado sobre la bóveda celeste le hizo olvidar sus problemas, si es que había alguno real en aquel instante, dudó de si aquello era una recompensa o el presagio de algo nuevo, algo que estaba por venir, algo de dudosa polaridad. No estaba para creer en sorpresas, lo último que hubiese pensado al levantarse aquel día hubiese sido que tendría que afrontar aquel terrible campo de batalla, desde la azotea pudo ver el hangar reconstruido, el mismo lugar que hacía unas horas había creído que sería su tumba, un aliviado pero amargo escalofrío recorrió su espalda.

Con la palma de su mano, sostuvo la cornisa del bloque que rodeaba la azotea y se impulsó sobre la misma, quedándose sentado frente a sus compañeras, a pesar de que se sentía integrado en los exploradores, o lo que quedaba de ellos, prefería dejarles su espacio.

Tomó el recipiente de cartón y lo abrió con los dedos, dejando que la pequeña nube de vapor formada por la comida ascendiese, dejando ver un puñado de macarrones con queso fundido y algo de carne en su interior. Sopló en el interior antes de tomar con un tenedor de plástico, que acompañaba al recipiente, el primer y delicioso bocado que había probado en aquel día que parecía eterno.

-Aria... ¿crees que puede haber algo peor que Bellial ahí fuera?.-Con su comida aún en la mano, Reddo dejó que el viento meciese su pelo azabache mientras observaba al cielo, desde que había llegado al cuartel había deseado con explorar el exterior, pero no estaba seguro de si aquello era una buena noticia.-¿Qué va a pasar ahora con los exploradores? Qué somos exactamente, obviaré el hecho de que tomarás las riendas claro... No es que desconfíe de Rory o de mí para el viaje, no deja de ser peligroso, pero...-Preguntas descompasadas y conclusiones precipitadas cayendo en cascada desde sus labios, no estaba nervioso, solo desorientado, un sentimiento de seguridad de desconocida procedencia lo embargó.-Pero podéis contar conmigo.

Sus labios dibujaron una leve sonrisa, había expresado sus inquietudes, quizás sus tantas experiencias cercanas a la muerte le habían hecho apreciar lo poco que tenía. Después de todo, Aria tenía razón, la noche les pertenecía, al menos aquella, lo que durase, era su regalo, lo menos que podían recibir a cambio de la pérdida.

-Yo ya he empezado a divertirme, incluso estaba pensando en irme al pub, quizás haya más ambiente del que se espera para el final de una batalla como ésta.-Dijo, dejando a un lado el cartón a medio comer para dar otro trago a la cerveza que acompañaba su cena, volvió a mirar al cielo, debían hacer justicia a aquel hombre caído.
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