capitulo 88

lucia
lucia

February 3rd, 2004, 3:37 pm #1


Gabriel mira a Luciana con cara de degenerado.
Gabriel: ¿Qué te parece si nos vamos a un lugar más tranquilo?
Luciana: ¿Usted está loco o qué? Ni sueñe que me va a llevar a ninguna parte.
Gabriel: No te hagas la difícil que bien sé que te mueres de ganas.
Luciana: ¡Váyase que no quiero que me vean con usted!
Gabriel: Pues antes no te importaba...
Luciana: Pero ahora sí. Soy una mujer casada y amo a mi marido.
Gabriel: ¿Qué vas a estar enamorada de un escuincle que seguro que ni siquiera sabe cumplirte como corresponde? Lo que pasa es que eres una cualquiera y necesitabas un idiota que le diera su apellido a tu hijo... Como ni tú misma debes saber quien es el padre...
Luciana intenta volver a pegarle pero él no se deja.
Gabriel: ¡A mí ninguna escuincla babosa me va a pegar!
Luciana: ¡Y a mí ningún viejo verde me va a tratar de la forma en que lo hace usted!
Gabriel: Te trato de la forma que se trata a las zorras, de la forma en que te mereces.
Luciana: ¡Ya no me siga molestando o seré yo misma la que hable con Rafael.
Gabriel: Hazlo cuando quieras... A mi hijo le va a encantar saber que fuiste mi amante y que yo puedo ser el padre del niño que él cree que es su hijo. Lo único que vas a ganar es que te deje a ti y a tu escuincle que sería un bastardo.
Luciana: Pues sí, yo lo perdería pero usted también. No creo que a Rafael le haga mucha gracia saber que su padre se aprovechó del dolor de su novia para seducirla.
Gabriel: Tú perderías más que yo.
Luciana: Los dos saldríamos perdiendo... usted elige. Yo no pienso soportar sus cosas así que ya lárguese y no vuelva a buscarme.
Gabriel: Mira, niñita, en eso tienes razón. No voy a hablar con Rafael, al menos por ahora. Pero no pienso rendirme. Tú vas a volver a ser mía.
Luciana: Sí, siga soñando. Usted nunca más va a volver a tocarme.
Gabriel la mira con furia y se va, diciéndose que seguramente muy pronto volverá a caer.

Daniela está en su oficina en la empresa. Está preocupada por Aitor porque aunque llegaron juntos, no lo ha visto en toda la mañana. De pronto él llega muy feliz y la besa.
Daniela: ¿Dónde te habías metido? ¿Y por qué tan contento?
Aitor: Fui a ver al detective que va a buscar a mi hijo.
Daniela trata de disimular sus nervios: ¿Y qué te dijo?
Aitor: Pues parece que encontrar al niño será más sencillo de lo que pensamos.
Daniela: ¿Tú crees?
Aitor: Sí, yo creí que sería más difícil porque como casi no sé nada de él... Pero el detective me explicó que si él está aún en el pueblo lo encontraremos fácilmente porque no puede haber por allí muchos niños de esa edad.
Daniela: ¿Y si ya no está allí?
Aitor: También lo encontraríamos. Al menos podríamos obtener más datos para la búsqueda, como su nombre, su fecha exacta de nacimiento, y tal vez el nombre de la persona que lo tiene.
Daniela: ¿Entonces cuanto tiempo crees que se tarden en encontrarlo?
Aitor: Yo creo que una semana o dos, como mucho.
Daniela: ¿Tan pronto? ¿Estás seguro?
Aitor: ¿Pero qué pasa, mi amor? No pareces muy feliz.
Daniela: ¿Por qué dices eso?
Aitor: No sé, parece como si no quisieras que encontrara a mi hijo. ¿es que no quieres que yo sea feliz?
Daniela: ¿Cómo crees que no voy a querer que seas feliz? Sólo que...
Aitor: ¿Sólo que qué?
Daniela: Nada, no me hagas caso.
Daniela lo besa con desesperación y lo empuja hacia el escritorio y se le tira encima. Luego intenta sacarle la camisa pero él la detiene.
Aitor: Mi amor... ¿aquí?
Daniela: Sí ¿Por qué no? Nadie vendrá a molestarnos.
Aitor: ¿No puedes esperar a que lleguemos a la casa?
Daniela: No, te necesito ahora.
Ella vuelve a besarlo y él no puede resistirse y se deja hacer encantado.

Luciana regresa de la escuela y se sorprende al ver sus maletas en su recámara. Busca a Rafael para preguntarle.
Luciana: ¿Qué pasa? Nos vamos de viaje y no me avisaste nada?
Rafael: No nos vamos de viaje. Nos mudamos.
Luciana: ¿A dónde? Quedamos en que nos quedaríamos aquí hasta que ahorráramos para comprarnos una casita.
Rafael: Pues cambié de idea. Nos vamos a la casa de mi padre hoy mismo.
Luciana: ¿Pero por qué? Si aquí estamos muy bien.
Rafael: ¿Bien? Tú estarás bien, porque yo no puedo estar bien viviendo bajo el mismo techo que el depravado de la tal Leopoldina.
Luciana: Pues yo no pienso ir a la casa de tu padre.
Rafael: ¡Y yo no pienso quedarme aquí!
Luciana: ¿Qué tienes miedo? ¿Qué el tal Leopoldino te termine gustando?
Rafael: No digas babosadas y fíjate si no me olvidé de guardar ninguna de tus cosas.
Luciana abre la maleta y, para sorpresa de Rafael, empieza a sacar toda su ropa y volver a acomodarla en el armario.
Rafael: ¿Qué estás haciendo?
Luciana: Te dije que yo de esta casa no me iba.
Rafael: ¡Pues te vienes conmigo porque yo soy tu marido y tienes que aceptar mis decisiones!
Luciana: ¡Eres mi marido pero no mi dueño! No puedes imponerme ir a vivir a un lugar que no me gusta.
Rafael: ¿Pero que tiene de malo mi casa?
Luciana: No quiero ir allí.
Rafael: Dime aunque sea por qué no quieres.
Luciana: Porque no, no quiero. ¡No me obligues a hacer algo que no quiero!
Rafael: ¡Ya estuvo bien de caprichos! ¡No quiero que mi esposa sea una niña malcriada! Te he soportado todo, pero mi paciencia tiene un límite.
Luciana empieza a llorar: Te juro que no es un capricho, Rafael, de veras, tengo motivos para no querer ir a tu casa.
Rafael: ¡Pues dímelos y si me parecen razonables podríamos llegar a discutir si nos vamos o no!
Luciana: No puedo decírtelo, pero por favor no me lleves allí.
Rafael: ¿Ya ves? Eres una berrinchuda, no soportas que alguien te lleve la contraria pero esta vez no voy a darte el gusto, no vas a salirte con la tuya. Nos vamos porque nos vamos.
A Luciana le molesta mucho la actitud de su esposo, así que se seca las lágrimas y le dice muy enojada:
--¡Pues entonces adiós! Vete lo más pronto que puedas.
Rafael: ¡Pero tú te vienes conmigo!
Luciana: Yo no pienso mover un sólo pie de mi casa así que si a ti ni te gusta estar aquí puedes irte cuando quieras.
Rafael: Está bien, si eso es lo que quieres, adiós. Me iré esta misma tarde.
Los dos hacen como que no les importa, pero por dentro se están muriendo de dolor, aunque ninguno quiere reconocerlo.

Aitor y Daniela se arreglan la ropa luego de haber hecho el amor. Él sonríe feliz por lo que cree que fue un arrebato de pasión de su esposa, le encanta que ella sea así porque lo hace sentirse deseado. En cambio Daniela sólo piensa en una cosa:
--Tengo que embarazarme lo más pronto posible... Si Aitor sabrá la verdad tan pronto yo tendré que estar ya esperando un hijo suyo en ese momento para que él no me deje... Ese bebé hará que el me perdone por no haberle dicho nada de su otro hijo... Sólo así podré estar segura de que lo tendré a mi lado para siempre -se dice atormentada.

Rafael está a punto de irse de la casa de Luciana. Él creía que ella a último momento iba a arrepentirse y se iba a ir con él, pero como eso no ha sucedido él va a buscarla a su recámara.
Luciana: ¿Qué quieres? ¿Todavía no te has ido?
Rafael: Venía a pedirte por última vez que vinieras conmigo.
Luciana: Ya te he dicho que yo no voy a ir a esa casa por nada del mundo.
Rafael: Pues está bien, no voy a pedirte por favor. Si tú ya no quieres estar conmigo, pues ni modo.
Luciana: Sabes que no es contigo... no quiero ir a esa casa, eso es todo. Además a mí no me interesa estar con un hombre que pretende que sus órdenes se cumplan sin discusión. Si hubiera sabido que eras así no me hubiera casado contigo.
Rafael: ¿Sabes qué? A mí no me interesa estar con una niña caprichosa que cree que todo el mundo debe hacer lo que a ella se le pegue la gana. Creí que el matrimonio y tu embarazo te harían madurar un poco pero veo que me equivoqué. Adiós y no me busques hasta que te des cuenta de que estás equivocada.
Luciana: ¡Entonces no volveremos a vernos!
Rafael: ¡Si tú lo quieres así, así será! ¡Adiós!
En cuanto él cruza la puerta, Luciana comienza a llorar, segura de que ya perdió al amor de su vida.

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Rocío
Rocío

February 3rd, 2004, 11:02 pm #2

¿Cómo va a estar toda la vida soportando a Gabriel? ¡Este estaría más contento que unas castañuelas!
¡Ya veremos que pasará mañana!
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