"Aquello que nos unió" Capítulo 10

"Aquello que nos unió" Capítulo 10

ruidoblanco86
ruidoblanco86

February 16th, 2011, 3:18 am #1

-Me dijo tu secretaria que querías verme-Franco ingresó al mismo tiempo que golpeaba la puerta.
-Sí, efectivamente. Se lo dije hace más de media hora...
-Tengo otras cuentas que sacar adelante. No estoy a tu entera disposición.
-Lo sé, para ti debe ser difícil manejar más de una cuenta al mismo tiempo. Lo tendré en cuenta.
-Estoy acostumbrado a trabajar en varias campañas al mismo tiempo. Los resultados son excelentes. Creo que tu comentario está bastante desubicado.
-No lo hice con intenciones de atacarte sino que lo dije para que supieras que entendí tus justificaciones
-No son justificaciones, lo expresé porque noté que me subestimaste con ese comentario tan desacertado.
-Por lo que veo estás muy sensible. No te preocupes, te entiendo.
-¡No me estoy justificando! Quiero que quede claro que si estás aquí no significa que deba subordinarme a ti. Soy tan o más importante que tú en esta empresa.
Franco estaba perdiendo los estribos, sin embargo, Sarita se mantenía muy tranquila, incluso sonreía. Esa sonrisa blanca y perfecta lo estaba enloqueciendo ¿Cómo podía estar tan aplomada y sosteniéndole la mirada? Años atrás ella era un cúmulo de nervios con solo escuchar su voz. Casi sin querer se descubrió observándola, estaba radiante. Parecía como si recién llegase a la oficina, su traje y su peinado estaban impecables y ese brillo en su mirada profunda lo alteraban demasiado. Pero era una alteración bastante especial, despertaban su furia y su enojo pero al mismo tiempo lo calmaban, lo subyugaban de a poco. En estos momentos, por más que quisiera no podía dejar de mirarla, de oírla hablar. Se estaba burlando de él y aún así algo en algún pequeño rincón de su ser quería escucharla, sentirla ¿Sería esa parte de su vida que le recordaba que alguna vez fue un jovencito que soñaba con volar alto? Nadie nunca lo escuchó tan absorta y tan encandilada como Sarita cuando él hablaba de sus sueños ¿Sería que él aún añoraba inconscientemente a la antigua Sarita, o mejor dicho, al antiguo Franco?
-Claro que eres importante, Franco. Todos y cada uno de los que trabajan en este lugar son importantes. Desde el portero hasta el más alto ejecutivo, pasando por el limpiavidrios. Pero dejémenos de chácharas. Para que veas que te considero a pesar de tu impuntualidad te diré para qué te buscaba.
Sarita sonrió más profundamente, se sentía bien consigo misma. La táctica de no reaccionar ante los ataques estaba dando resultados. No se equivocaba, una sonrisa hace milagros, deja sin armas al más iracundo de los contrincantes. De todas maneras ella no sonreía para ser amable, todo lo contrario, la intención era desarmar a Franco, dejarlo gritando solo, darle la razón como a los locos. Aunque ella quisiera negárselo, era una experta en Franco, esto la intranquilizó levemente ¿Por qué era capaz de seguir conociendo tan bien a ese hombre? ¿Acaso era porque éste seguía presente en su vida? Casi sin que ella pudiera evitarlo los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente. Ella quiso cerrar su corazón a esos recuerdos porque sabía que solo la lastimarían. A pesar de que con el tiempo aprendió a sepultar bajo siete llaves todo lo que Franco le hizo sentir en algún momento una sensación indescriptible de nostalgia pasó como una ráfaga por su cuerpo. Se recompuso en el acto porque por su bien aprendió a hacerlo a tiempo. No pudo evitar, no obstante, que una sensación de vacío comenzara a anidar en su pecho. Reaccionó tomando los papeles que tenía en la mesa. Lo mejor era abrumarse con trabajo, era lo que hacía desde hace seis o cinco años.
Desde la ventana de la oficina se veía como el verano dejaba paso al otoño.

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Anonymous
Anonymous

February 16th, 2011, 1:02 pm #2

que bien expresas escribiendo las sensaciones y sentimientos
Gracias x el capitulo
Besitos
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maria
maria

February 16th, 2011, 1:03 pm #3

Besitos...
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mensin
mensin

February 16th, 2011, 4:43 pm #4

-Me dijo tu secretaria que querías verme-Franco ingresó al mismo tiempo que golpeaba la puerta.
-Sí, efectivamente. Se lo dije hace más de media hora...
-Tengo otras cuentas que sacar adelante. No estoy a tu entera disposición.
-Lo sé, para ti debe ser difícil manejar más de una cuenta al mismo tiempo. Lo tendré en cuenta.
-Estoy acostumbrado a trabajar en varias campañas al mismo tiempo. Los resultados son excelentes. Creo que tu comentario está bastante desubicado.
-No lo hice con intenciones de atacarte sino que lo dije para que supieras que entendí tus justificaciones
-No son justificaciones, lo expresé porque noté que me subestimaste con ese comentario tan desacertado.
-Por lo que veo estás muy sensible. No te preocupes, te entiendo.
-¡No me estoy justificando! Quiero que quede claro que si estás aquí no significa que deba subordinarme a ti. Soy tan o más importante que tú en esta empresa.
Franco estaba perdiendo los estribos, sin embargo, Sarita se mantenía muy tranquila, incluso sonreía. Esa sonrisa blanca y perfecta lo estaba enloqueciendo ¿Cómo podía estar tan aplomada y sosteniéndole la mirada? Años atrás ella era un cúmulo de nervios con solo escuchar su voz. Casi sin querer se descubrió observándola, estaba radiante. Parecía como si recién llegase a la oficina, su traje y su peinado estaban impecables y ese brillo en su mirada profunda lo alteraban demasiado. Pero era una alteración bastante especial, despertaban su furia y su enojo pero al mismo tiempo lo calmaban, lo subyugaban de a poco. En estos momentos, por más que quisiera no podía dejar de mirarla, de oírla hablar. Se estaba burlando de él y aún así algo en algún pequeño rincón de su ser quería escucharla, sentirla ¿Sería esa parte de su vida que le recordaba que alguna vez fue un jovencito que soñaba con volar alto? Nadie nunca lo escuchó tan absorta y tan encandilada como Sarita cuando él hablaba de sus sueños ¿Sería que él aún añoraba inconscientemente a la antigua Sarita, o mejor dicho, al antiguo Franco?
-Claro que eres importante, Franco. Todos y cada uno de los que trabajan en este lugar son importantes. Desde el portero hasta el más alto ejecutivo, pasando por el limpiavidrios. Pero dejémenos de chácharas. Para que veas que te considero a pesar de tu impuntualidad te diré para qué te buscaba.
Sarita sonrió más profundamente, se sentía bien consigo misma. La táctica de no reaccionar ante los ataques estaba dando resultados. No se equivocaba, una sonrisa hace milagros, deja sin armas al más iracundo de los contrincantes. De todas maneras ella no sonreía para ser amable, todo lo contrario, la intención era desarmar a Franco, dejarlo gritando solo, darle la razón como a los locos. Aunque ella quisiera negárselo, era una experta en Franco, esto la intranquilizó levemente ¿Por qué era capaz de seguir conociendo tan bien a ese hombre? ¿Acaso era porque éste seguía presente en su vida? Casi sin que ella pudiera evitarlo los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente. Ella quiso cerrar su corazón a esos recuerdos porque sabía que solo la lastimarían. A pesar de que con el tiempo aprendió a sepultar bajo siete llaves todo lo que Franco le hizo sentir en algún momento una sensación indescriptible de nostalgia pasó como una ráfaga por su cuerpo. Se recompuso en el acto porque por su bien aprendió a hacerlo a tiempo. No pudo evitar, no obstante, que una sensación de vacío comenzara a anidar en su pecho. Reaccionó tomando los papeles que tenía en la mesa. Lo mejor era abrumarse con trabajo, era lo que hacía desde hace seis o cinco años.
Desde la ventana de la oficina se veía como el verano dejaba paso al otoño.
2º ROUND y ganando Sara, pero es un poco corto imagino que no ha sido el final continuara...., claro que no se como podra reaccionar Franco, este es algo desconocido para mi, no asi Sarita. Gracias por el cambio, ya te dire si me gusta, de momento me encanta.
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@ndre@
@ndre@

February 16th, 2011, 7:06 pm #5

-Me dijo tu secretaria que querías verme-Franco ingresó al mismo tiempo que golpeaba la puerta.
-Sí, efectivamente. Se lo dije hace más de media hora...
-Tengo otras cuentas que sacar adelante. No estoy a tu entera disposición.
-Lo sé, para ti debe ser difícil manejar más de una cuenta al mismo tiempo. Lo tendré en cuenta.
-Estoy acostumbrado a trabajar en varias campañas al mismo tiempo. Los resultados son excelentes. Creo que tu comentario está bastante desubicado.
-No lo hice con intenciones de atacarte sino que lo dije para que supieras que entendí tus justificaciones
-No son justificaciones, lo expresé porque noté que me subestimaste con ese comentario tan desacertado.
-Por lo que veo estás muy sensible. No te preocupes, te entiendo.
-¡No me estoy justificando! Quiero que quede claro que si estás aquí no significa que deba subordinarme a ti. Soy tan o más importante que tú en esta empresa.
Franco estaba perdiendo los estribos, sin embargo, Sarita se mantenía muy tranquila, incluso sonreía. Esa sonrisa blanca y perfecta lo estaba enloqueciendo ¿Cómo podía estar tan aplomada y sosteniéndole la mirada? Años atrás ella era un cúmulo de nervios con solo escuchar su voz. Casi sin querer se descubrió observándola, estaba radiante. Parecía como si recién llegase a la oficina, su traje y su peinado estaban impecables y ese brillo en su mirada profunda lo alteraban demasiado. Pero era una alteración bastante especial, despertaban su furia y su enojo pero al mismo tiempo lo calmaban, lo subyugaban de a poco. En estos momentos, por más que quisiera no podía dejar de mirarla, de oírla hablar. Se estaba burlando de él y aún así algo en algún pequeño rincón de su ser quería escucharla, sentirla ¿Sería esa parte de su vida que le recordaba que alguna vez fue un jovencito que soñaba con volar alto? Nadie nunca lo escuchó tan absorta y tan encandilada como Sarita cuando él hablaba de sus sueños ¿Sería que él aún añoraba inconscientemente a la antigua Sarita, o mejor dicho, al antiguo Franco?
-Claro que eres importante, Franco. Todos y cada uno de los que trabajan en este lugar son importantes. Desde el portero hasta el más alto ejecutivo, pasando por el limpiavidrios. Pero dejémenos de chácharas. Para que veas que te considero a pesar de tu impuntualidad te diré para qué te buscaba.
Sarita sonrió más profundamente, se sentía bien consigo misma. La táctica de no reaccionar ante los ataques estaba dando resultados. No se equivocaba, una sonrisa hace milagros, deja sin armas al más iracundo de los contrincantes. De todas maneras ella no sonreía para ser amable, todo lo contrario, la intención era desarmar a Franco, dejarlo gritando solo, darle la razón como a los locos. Aunque ella quisiera negárselo, era una experta en Franco, esto la intranquilizó levemente ¿Por qué era capaz de seguir conociendo tan bien a ese hombre? ¿Acaso era porque éste seguía presente en su vida? Casi sin que ella pudiera evitarlo los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente. Ella quiso cerrar su corazón a esos recuerdos porque sabía que solo la lastimarían. A pesar de que con el tiempo aprendió a sepultar bajo siete llaves todo lo que Franco le hizo sentir en algún momento una sensación indescriptible de nostalgia pasó como una ráfaga por su cuerpo. Se recompuso en el acto porque por su bien aprendió a hacerlo a tiempo. No pudo evitar, no obstante, que una sensación de vacío comenzara a anidar en su pecho. Reaccionó tomando los papeles que tenía en la mesa. Lo mejor era abrumarse con trabajo, era lo que hacía desde hace seis o cinco años.
Desde la ventana de la oficina se veía como el verano dejaba paso al otoño.
De verdad me tiene intrigada la web, espero que la sigas pronto escribes precioso!!!!
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p
p

February 16th, 2011, 11:05 pm #6

-Me dijo tu secretaria que querías verme-Franco ingresó al mismo tiempo que golpeaba la puerta.
-Sí, efectivamente. Se lo dije hace más de media hora...
-Tengo otras cuentas que sacar adelante. No estoy a tu entera disposición.
-Lo sé, para ti debe ser difícil manejar más de una cuenta al mismo tiempo. Lo tendré en cuenta.
-Estoy acostumbrado a trabajar en varias campañas al mismo tiempo. Los resultados son excelentes. Creo que tu comentario está bastante desubicado.
-No lo hice con intenciones de atacarte sino que lo dije para que supieras que entendí tus justificaciones
-No son justificaciones, lo expresé porque noté que me subestimaste con ese comentario tan desacertado.
-Por lo que veo estás muy sensible. No te preocupes, te entiendo.
-¡No me estoy justificando! Quiero que quede claro que si estás aquí no significa que deba subordinarme a ti. Soy tan o más importante que tú en esta empresa.
Franco estaba perdiendo los estribos, sin embargo, Sarita se mantenía muy tranquila, incluso sonreía. Esa sonrisa blanca y perfecta lo estaba enloqueciendo ¿Cómo podía estar tan aplomada y sosteniéndole la mirada? Años atrás ella era un cúmulo de nervios con solo escuchar su voz. Casi sin querer se descubrió observándola, estaba radiante. Parecía como si recién llegase a la oficina, su traje y su peinado estaban impecables y ese brillo en su mirada profunda lo alteraban demasiado. Pero era una alteración bastante especial, despertaban su furia y su enojo pero al mismo tiempo lo calmaban, lo subyugaban de a poco. En estos momentos, por más que quisiera no podía dejar de mirarla, de oírla hablar. Se estaba burlando de él y aún así algo en algún pequeño rincón de su ser quería escucharla, sentirla ¿Sería esa parte de su vida que le recordaba que alguna vez fue un jovencito que soñaba con volar alto? Nadie nunca lo escuchó tan absorta y tan encandilada como Sarita cuando él hablaba de sus sueños ¿Sería que él aún añoraba inconscientemente a la antigua Sarita, o mejor dicho, al antiguo Franco?
-Claro que eres importante, Franco. Todos y cada uno de los que trabajan en este lugar son importantes. Desde el portero hasta el más alto ejecutivo, pasando por el limpiavidrios. Pero dejémenos de chácharas. Para que veas que te considero a pesar de tu impuntualidad te diré para qué te buscaba.
Sarita sonrió más profundamente, se sentía bien consigo misma. La táctica de no reaccionar ante los ataques estaba dando resultados. No se equivocaba, una sonrisa hace milagros, deja sin armas al más iracundo de los contrincantes. De todas maneras ella no sonreía para ser amable, todo lo contrario, la intención era desarmar a Franco, dejarlo gritando solo, darle la razón como a los locos. Aunque ella quisiera negárselo, era una experta en Franco, esto la intranquilizó levemente ¿Por qué era capaz de seguir conociendo tan bien a ese hombre? ¿Acaso era porque éste seguía presente en su vida? Casi sin que ella pudiera evitarlo los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente. Ella quiso cerrar su corazón a esos recuerdos porque sabía que solo la lastimarían. A pesar de que con el tiempo aprendió a sepultar bajo siete llaves todo lo que Franco le hizo sentir en algún momento una sensación indescriptible de nostalgia pasó como una ráfaga por su cuerpo. Se recompuso en el acto porque por su bien aprendió a hacerlo a tiempo. No pudo evitar, no obstante, que una sensación de vacío comenzara a anidar en su pecho. Reaccionó tomando los papeles que tenía en la mesa. Lo mejor era abrumarse con trabajo, era lo que hacía desde hace seis o cinco años.
Desde la ventana de la oficina se veía como el verano dejaba paso al otoño.
La verdad es que me estoy divirtiendo mucho con los últimos encuentros entre Franco y Sara, de momento Sara ya le ha ganado dos veces a ver como termina su reunión.

Gracias por el capítulo.
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