YOUTHFUL HATSUKOI

YOUTHFUL HATSUKOI

Naty Chan♥
Principiante
Registrado: 05 May 2012, 02:06

08 Oct 2017, 23:43 #1

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de la autora Shungiku Nakamura, los personajes nuevos sí son míos. Gracias por leer este humilde trabajo.
Resumen: 
Han pasado los años y los editores de Marukawa Shoten han criado y visto crecer a sus hijos, aunque quizás no puedan acompañarlos en sus decepciones y en el transcurso de su primer enamoramiento. 
Notas del Fanfic:
¡Hola! 
A veces yo escribo, y muchas otras veces dejo mis fan fics tirados, así que con el tiempo muchísimas personas se han decepcionado y me han dejado de lado, pero he aprendido que debo seguir mi ritmo, valorar lo que hago, y aprender de los errores, así que de terca, aquí me tienen.
Este es mi fan fic más largo hasta ahora, a veces me cuesta muchísimo seguirlo, otras, raras veces, me siento iluminada. Esta historia la he empezado en el 2013, y aquí empiezo a publicarla, desde el primer capítulo y reeditada, desde hoy. 
Espero y lo disfruten, y tanto si es así como no, que dejen un comentario para hacerme crecer, y hacerme saber sus críticas y comentarios. 
¡Gracias, allí se los dejo! 
Mi link donde podrán encontrarme: https://www.facebook.com/LadyTrifecta/?ref=br_rs
 
 
Capítulo 1: Reencuentro
Notas del capítulo: Este fan fic (y no me canso de repetirlo), va dedicado para Laura Puente, una de mis mejores amigas, y modelo a seguir.
Gracias por todo, aunque no leas esto. 
 
 
Él quiso quedarse un minuto más. Él desea poder cambiar de lugar con él y anhela con todas las fuerzas de su joven alma tan siquiera una segunda y última oportunidad para remendar sus errores. Una oportunidad para verlo, para abrazarlo y gritarle cuánto lo ama. Porque nunca quiso lastimarlo y jamás se imaginó que las consecuencias de sus actos terminarían de aquella manera. Más que nunca deseó no ser el joven estúpido, incrédulo, inocente y enamoradizo que era porque aquel sentimiento llevó a la persona más importante de su vida hacia la fatalidad. Deseó más que ninguna otra cosa, y por sobre todas las demás, recuperarlo, aunque ello significase perderlo para siempre. Aunque el único lugar que conservare en su vida fuera la de su mejor amigo.
 
 
—¡Haru chan! ¡Por aquí! —saludándolo con una mano en alto, lo llamó el joven de cabellos rubios y ojos almendrados de entre la multitud de personas conglomeradas fuera de las puertas de abordaje, donde cada uno esperaba ansioso a sus seres queridos, mientras otros se despedían en medio de las lágrimas y mil emociones revueltas que dejaban atrás—. Déjame ayudarte.
Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su angelical rostro en cuanto logró divisar a su amigo.
—¡Kaaai! —Literalmente lo echó boca para arriba, quedando el acechado debajo de su atacante, pese al detalle de que la víctima lo sobrepasaba por veinte centímetros y el castaño recién llegado pesara menos. Al final pudo más la emoción del recién llegado.
—¡Ouch!
—Ha pasado bastante tiempo —La evidente alegría lo superó y se dejó evidenciar en el tono de su voz.
—Sí, pequeño, pero ¿sabes? Me gustaría poder respirar.
—¡Hey! ¡No soy pequeño! ¡Acabo de cumplir veinte años ayer! Y crecí un poco más —protestó con un dulce puchero dejando notar las finas y hermosas facciones de su rostro y deslumbrando, sin saberlo, a su oyente.
—Eh, sí. Fui el primero en saludarte, ¿lo recuerdas? Ah, el segundo, luego de Onodera chichi. Ahora, ¿puedo respirar? —El castaño deshizo su efusivo abrazo.
 
—¡Mira Amy! ¡Kyaaa! ¡Son novios! ¡Y ni siquiera se averguenzan de demostrar su amor en público! ¡Son tan lindos! —Una chica completamente desconocida tomaba fotos a diestra y siniestra desde su iPhone 4, y otra chica se acercó a la que estaba delante de nosotros, uniéndosele en su celebración con chillidos y ojos de fan girl.
 
—¡No somos novios! —Al muchacho de ojos esmeraldas se le subieron todos los tipos de tono rojo a su pálido y fino rostro— Lo siento... yo... yo...
—Chicas, ¿podrían darnos un poco de privacidad? No lo veo desde hace cuatro años y realmente deseo poder recibirlo como se debe. No se imaginan cuánto lo he extrañado —La voz completamente seductora del rubio salió sin mucho esfuerzo, dejando ver el brillo de sus ojos almendrados. Formaban un perfecto cuadro, aun sin moverse ninguno de los dos del suelo del aeropuerto.
—¿Eh? —Fue entonces cuando Kai lo tomó de la mejilla, cubriendo su rostro y besándolo del otro lado, haciendo parecer de perfil que lo besaba directamente en los labios. 
—¡Nyaaa! —Las fujoshis gritaron de emoción.
 —Jane, mejor démosles privacidad, ¿no te parece? —dijo la más sensata.
—Sí, sí. Aah... —suspiró— Qué lindos. Oh, espérame —Unas cuantas fotos más y luego, con un leve pesar, se retiraron “disimuladamente” de la escena flotando en sus nubes, ilusionadas.
—¡Kai! —Se separó de él, poniéndose de pie rápidamente y trastabillando por el apuro.
—¿Qué? Si fue un beso inocente entre primos, en la mejilla nada más.
—¡Estás loco! ¡Y borra esa sonrisa! Tsk —rechistó aparentemente molesto— Si fuéramos primos de verdad.
Kai solo rió.
—Eres tan lindo.
—¡Ya deja de jugar! —El rubor en su rostro era divino—. Vamos, te ayudo a levantarte.
—No estoy jugando —Terminó de decir en cuanto lo ayudó a ponerse de pie y este se encontró momentáneamente con su rostro a escasos centímetros, incomodándolo por unos segundos fugaces en que clavaron sus miradas una en la del otro. Uno rendidamente enamorado, el otro completamente ajeno al sentimiento provocado en su amigo.
—Esto...
—¿Nos vamos? —‹‹Es mejor así››, Se intentó convencer por milésima vez.
—Sí. Eh, acabo de notar que mis padres no han venido a buscarme.
—Haru... —Estaba reuniendo las fuerzas necesarias para poder decírselo.
—¿Eh? ¿Qué pasa?
 
How can I decide what’s right
when you’re clouding up my mind
I can’t win your losing fight all the time
How can I ever own what’s mine
when you’re always taking sides
 
—Kai, está sonando tu celular —‹‹Decode de Paramore. No has cambiado de tono ni de gustos, Kai››
—Ah, sí. Discúlpame —Estaba tan nervioso que no le había prestado atención al número y solo contestó.
—¿Hola?
—Hola... —Miró instintivamente a Haru. Suspiró sin querer y se dio media vuelta.
 
—¿Qué pasó?
 
—Es Ritsu chichi —Durante un momento el rubio se mantuvo con el semblante serio, dedicándose solo a escuchar lo que le decían del otro lado.
 
—Ya veo —Terminó por decir luego de un rato—. Por favor, mantenme al tanto. Si puedes ve a casa para recogerme un cambio de ropa, ¿va? Sucede que pasaré directo allí y de seguro me quedaré a dormir.
 
—Claro —Una breve pausa—. Hey, ¿estás con él?
 
El silencio le respondió.
 
—Ya veo. Cómo  me gustaría verlo. De seguro él no querrá verme, ¿no?
 
—No hay noticias.
 
—Entiendo —El sincero sentir desde el otro lado del teléfono se hizo más que evidente, y hasta doloroso. Se trataba de su hermano después de todo, y esos sí que son para toda la vida.
 
—Nos vemos —Fue todo lo que dijo y sin ninguna otra contestación del otro lado más que una corta despedida, ambos colgaron.
 
—Era Sora, ¿verdad? —El castaño bajó automáticamente su rostro compungido. El rastro de su dolor era tan palpable que por más que intentara guardar su pesar, los sentimientos se desbordaban a través de su delicada voz—. ¿Cómo...? —Nuevamente levantó la mirada hacia su amigo— ¿Cómo está? Espero que bien —Su sonrisa fingida fue la que verdaderamente tocó un punto dentro de Kai.
—Él... —‹‹Si tan solo supieras›› pensó el rubio, pero prefirió callar. No sería el que creara cizaña entre su mejor amigo y su hermano, pese a su propio corazón roto por el desamor provocado— ...él está bien. Aunque te ha extrañado también. Ustedes nunca pudieron resolver el problema que surgió en aquel entonces, ¿verdad?
—¿Eh? Kai, ¿tú sabías?
—Haru, han pasado cuatro años desde que no se hablan. Te has ido sin despedirte de él. Créeme que no fui el último en enterarme.
—Eso... bueno, era de esperarse.
—Perdóname.
—¿Eh? ¿Por qué?  
—Creo te he recordado algo muy doloroso. Perdiste a un buen amigo en él, después de todo —‹‹Haru, ¿en serio sigues creyendo que nadie se ha enterado de tus sentimientos por él? Sigues siendo tan inocente e incrédulo como siempre. No quiero verte más en este estado››— Deberías hablar con él, no sé, intenten solucionar sus problemas —‹‹Hazlo porque...››
—Yo... no sé si pueda hacer eso —El rubio tomó de sus manos para luego abrazarlo en un agradable y necesario confort. Él solo quería lo mejor para el castaño.
—Tú puedes, si es lo que quieres. Yo solo quiero verte feliz —‹‹Porque te amo, aunque nunca pueda decírtelo››.
—Gracias. Kai, eres muy importante para mí. Eres mi mejor amigo —Los chicos deshicieron casi sin querer el abrazo y se sonrieron. Uno con una tranquilidad hallada, ahora la sonrisa forzada era de aquel que poseía un amor no correspondido desde su niñez.
—Vamos. Los chicos te están esperando.
—Adivinaré, ¿una fiesta sorpresa de bienvenida? —Kai sonrió.
—Finge sorpresa.
—Lo haré —Entonces lo recordó— Oye, Kai, estabas a punto de decirme algo sobre mi papá antes de contestar el celular.
—Eso... —Realmente lo colocaba en una situación difícil, pero finalmente este momento había llegado. Sabía que aquello no sería fácil para Haru y cada vez que este estuviera mal él también lo estaría. Sin embargo le correspondía a él conservar las fuerzas para poder sostener a Haru, quien por fuera podría aparentar ser muy fuerte, pero era el más débil de todos.
 
 
—Exageras Takano-san —Esa costumbre suya de llamarlo por su apellido no se había perdido a través de los años, aunque en algunas ocasiones, como en la intimidad, lograse poder desinhibirse un poco más. Cada detalle suyo, cada característica suya, hasta su carácter difícil y los mil defectos que pudiese tener eran el conjunto de toda su persona. Persona que era, en su totalidad, objeto de su devoción.
—Ritsu, u obedeces o te castigaré de formas que ni te imaginas —El castaño sabía de sobra la seriedad en las amenazas de su esposo.
—No te atreverías —No tenía las fuerzas que se requerían para regañarlo apropiadamente. En cuanto intentó levantarse y puso los dos pies en el suelo, sintió un fuerte mareo y de no ser porque su esposo que lo sostuvo de inmediato, habría caído de bruces.
—Sabes que sí. Llamaré al médico. No estás nada bien —Con sumo cuidado y una tierna delicadeza recostó al castaño en la cama—. Y de aquí no te vas hasta que te autoricen y estés completamente bien.
—Pero yo...
—No cambias tu testarudez por nada del mundo, eh, Onodera —El dueño de esa voz cruzó en esos instantes la puerta de su habitación, y venía acompañado de un hombre de aproximadamente cuarenta años aparentados, ojos almendrados y cabello castaño rubio. La verdad era que ya había pasado los cincuenta pero nadie apostaría a ello debido a su conservada figura y atractiva e imponente presencia— Hazle caso a Masamune.
—Yokozawa-san, Kirishima-san. Gracias por regresar.
—Y todavía con formalidades —Se rió ligeramente de él— Déjate de tonterías. Ya hace bastante que nos llamas por nuestros nombres.
—Es cierto, es que fueron tantos años que ya se me hizo una vieja costumbre. No deberían haber venido. Ayer ya se quedaron todo el día. Deberían ir a descansar.
—No te preocupes por nosotros, Ritsu. Mi lindo osito estaba tan preocupado por ti que también nos quedamos por la noche e intercambiamos un solo turno con Masamune, cuando cayó dormido. Fue solo por media hora. El tonto no quería apartarse de ti ni siquiera por un segundo. Ya sabes, en caso de asesinos seriales o asteroides.
—¡¿A quién llamas osito, imbécil?! Deja de molestarme, es muy temprano para eso.
—Con que solo te gusta por las noches, eh, travieso. ¡Ouch! ¿Por qué el codazo?
—Para que aprendas a comportarte.
—Yokozawa, Zen, muchas gracias en verdad. No sabríamos qué hacer sin su apoyo —Esta vez fue Takafumi quien habló.
—Tssk. No seas exagerado, no tienes por qué agradecer. Para algo tienen que servir los amigos. Ah, los demás acaban de irse. Como estabas dormido, decidieron no molestarte.
—Todos han estado con nosotros. Masamune tiene razón. Significa mucho para nosotros su presencia —Su sonrisa se mantenía sincera, aunque débil y cansada. Resulta impresionante cómo los más terribles pesares pueden aligerar su peso si puedes soportarlos con las personas que te aman y saben demostrártelo—. ¿Y Sora? ¿No estaba con ustedes? —La cara de Yokozawa se descompuso por un instante pero se recompuso rápidamente para no hacerse notar, sin embargo fue el otro quien respondió.
—Le dije que se fuera a descansar. Se fue hace como una hora. De seguro regresará a la tarde.
—Ya veo —Se sentía una atmósfera un poco distinta. Para apaciguar aquel incómodo silencio, Takafumi se acercó hasta Ritsu del otro lado de la cama, sentándose en un sillón cercano.
—Hey, ¿cómo te sientes? —No le importó demostrar un poco de blandura, sobre todo para con él, quien luego de Masamune y quizás hasta mucho más que él, se había convertido en un amigo muy cercano, tanto que se podría decir que eran como hermanos.
—Cansado. Me mata este lugar, tan solo quiero irme a casa.
—Estarás bien, pero deja de ser caprichoso. Primero está tu bienestar. No estarás aquí para siempre.
—Lo sé —suspiró profundamente—. Pero justo tenía que ser hoy —Pillando la intención en sus palabras, Takano, Kirishima y él se miraron entre sí.
—¿Qué...? —Ritsu comenzó a especular tardíamente  en el momento exacto en que alguien entraba a la habitación.
—¡Papá! —Con un poco más de cuidado delo que lo había hecho anteriormente con su amigo, un castaño ansioso había entrado como alma que traía el Diablo y abrazó a Ritsu con esa firmeza que se había hecho más fuerte durante los cuatro años de su ausencia.
—¿Haru? ¿Qué...? Pensé que regresabas hasta en la noche. ¡Takano Masamune! —Si lo llamaba de esa peculiar manera solo podría significar una cosa.
—¡Yo no fui! ¿Por qué te enojas ahora conmigo?
—No te enojes con papá. Fue Kai el que me dijo —Acto seguido, el mencionado entró a la habitación con las manos entrecruzadas entre sí en señal de perdón.
—Misericordia —imploró—. Gracias por cubrirme, eh, Haru. Con amigos como tú no necesito de enemigos.
—A mí no me culpen de su perfecta habilidad de permanecer con la boca cerrada heredada de su padre, eh —advirtió con sarcasmo Yokozawa.
—¡Takafumi!
—¡Papá! —protestaron al mismo tiempo los dos rubios, sintiéndose atacados sin motivo alguno.
—No te preocupes Kai. Está bien.
—Pero si era yo... —susurró el pelinegro sentado a su lado, con fingida pose de indignación.
—Haru, perdóname por no haberte ido a buscar del aeropuerto. ¡Takano! ¡Debiste haber ido!
—¡Yo no lo sabía! ¡Me enteré hace unos minutos nada más!
—Papá, ya no te preocupes por esas cosas —Haru tomó con cariño sus manos luego de haber limpiado unas inevitables lágrimas de alegría que caían por sus mejillas. Ritsu no podía dejar de sonreír tras volver a ver a su hijo después de todo el tiempo en que pasaron separados— ¿Cómo estás? ¿Qué pasó? Kai no quiso decirme nada.
—Nosotros los dejamos a solas para que hablen, mientras hablo con estos dos —añadió prudentemente Takafumi—. Estaremos en la cafetería, por cualquier cosa —Luego de él salieron siguiéndole sus dos amores. Los dos como niños que acababan de recibir un regaño y estuvieran a punto de ser castigados.
 
Una piadosa mentira es aquella “mentira blanca” para no dañar a nuestros seres queridos. Ahora, ¿quién dice qué es lo correcto y qué no? Y sobre todo, ¿cómo podemos medir cuáles son las penas que les dolerá menos a aquellos que amamos? Lo único que queremos es protegerlos. Pero por querer protegerlos terminamos dañándolos aún más.
 
 
Continuará...

Notas finales:
Gracias por leer esta historia.

Adelanto del próximo capítulo:
Vacío, era el sentimiento más cercano y la manera de describir su mirada esmeralda, la cual se hallaba perdida en la nada, varada en un lugar de donde no sabía cómo llegó ni cómo podría salir.
—Ritsu, por favor…mi amor...háblame —Masamune lo estrechó entre sus brazos con el más delicado de los cuidados, el más profundo amor que se pudiese sentir y el más inmenso pesar en su corazón junto con la culpa que lo consumía por no haberle podido evitar aquel tipo de dolor lacerante del cual jamás podría conseguir que quedara una cicatriz siquiera, porque sencillamente era una herida que no se podría cerrar jamás.
 
 
Última edición por Naty Chan♥ el 09 Oct 2017, 01:29, editado 1 vez en total.
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Naty Chan♥
Principiante
Registrado: 05 May 2012, 02:06

09 Oct 2017, 00:00 #2

Capítulo 2: Te amo y siempre te amaré
Música del capítulo:
Snow Patrol - Chasing Cars
 
Espero de todo corazón no decepcionarles. Y muchas gracias, de verdad, por darle una oportunidad a esta historia. 
¡Nos vemos!
 
Nota: 
Recuerden que las líneas en cursiva son flashbacks. Y los que están asi: 
‹‹...››
Son pensamientos.
 
Ficha de los nombres de los personajes, padres e hijos:
Kirishima Zen & Yokozawa Takafumi:
1. Kirishima Kai -21 años-
2. Kirishima Sora -20 años-
Hatori Yoshiyuki & Yoshino Chiaki:
1. Hatori Daisuke - 22 años-
2. Hatori Aoshi -17 años-
Mino Kanade & Yanase Yuu:
1. Mino Yue - 18 años-
2. Mino Yuki - 17 años -
Yukina Kou & Kisa Shouta
1. Yukina Shin -18 años-
2. Yukina Taiki -17 años-


—¿Anemia?
—Sí. 
—Pero, ¿es grave? ¿Desde cuándo?
—No, Haru —El mayor tomó el rostro de su muchacho entre sus manos intentando apaciguar su naciente intranquilidad— Tranquilo. No es grave. Solo debo cuidarme en las comidas. No es mucho problema, pero ya sabes cómo es tu padre que no me deja ni a sol ni a sombra —Masamune los miró uno a otro respectivamente y acomodó a Ritsu de tal manera que quedara apoyado sobre su pecho, abrazándolo desde atrás, protectoramente.
—Solo hago mi deber —besó su frente apartando un poco sus cabellos.
—Hmmm, está bien. Confiaré en ambos —Nunca había sido muy sensible a las emociones ajenas, pero esta vez definitivamente sentía que había algo más que sus padres le estaban ocultando. Quizás fuera un presentimiento erróneo, pero presentimiento al fin y al cabo.
—¿Ya viste a Sora?
—Papá, yo...
—Es cierto —intervino el pelinegro— Ustedes dos llevan todo este tiempo sin comunicarse, ¿no es así?
—Sí.
—¿Aun hoy? —preguntó Ritsu.
—Aun hoy —Ritsu y Takano se miraron entre sí con un semblante de notable preocupación mientras el menor desviaba convenientemente la mirada por unos breves segundos.
—Haru —Este le devolvió la mirada a su padre al sentir sus manos sobre las suyas, mostrando verdadera empatía y un cariño tan sincero como profundo, trasmitiendo esa calidez abrazadora que solo te puede entregar un amor incondicional como lo es el de un padre hacia su hijo— No te forzaremos a que nos cuentes qué ha pasado en ese entonces como para haberte ido de aquella manera tan brusca y repentina de un momento a otro aceptando la beca a Inglaterra para terminar tus estudios, cuando en un principio no lo ibas a aceptar por nada en el mundo. Solo queremos que sepas que siempre, sin importar qué, vas a ser nuestro hijo, y nosotros siempre seremos tus padres. Estamos aquí para ti, y lo único que queremos es que seas feliz. No tenemos idea de qué haya pasado entre Sora y tú como para que de la noche a la mañana hayan terminado una amistad de toda la vida, solo quiero que te preguntes si valió la pena. Tengo la certeza de que todos los años que crecieron juntos no fueron una mentira así como todo el cariño que se tienen, ¿o me equivoco?
Haru echó un profundo suspiro.
—No, papá. No te equivocas.
—Ustedes se aman —El corazón del muchacho saltó desbocado al verse inesperadamente descubierto. Aunque no entendiera del todo lo que pasara ni el porqué del repentino comentario, en todo momento solo había una cosa presente en él desde el día en que se dio cuenta de sus verdaderos sentimientos por su amigo de infancia—. Son como hermanos. Son familia Haru, y esos lazos son para toda la vida. No lo olvides —Tan rápido como el soplo del viento, la breve llamarada que se había encendido en su palpitante y ansioso corazón se fugó así como había llegado. Claro. Amigos. Hermanos.
Familia. Para todos, era así como los veían, ¿en qué remoto mundo paralelo se le podría haber ocurrido que Sora pensaría de manera distinta a la de sus padres?
Si tan solo lo hubiera buscado, si Sora lo hubiese buscado de alguna manera para exigirle las explicaciones de su partida, tal vez tendría una ligera luz de esperanza. Una persona que te amara haría eso, lucharía por ti sin importar qué. Pero no, como todo el buen “hermano” que era, había respetado su decisión y jamás, en estos cuatro años que había durado su ausencia, ni antes, durante los dieciséis años de su vida que compartieron como vecinos y amigos, como “familia”, nunca le había mostrado indicio alguno de que sus sentimientos por él difirieran en lo más mínimo de aquel sentimiento tan cruel de fraternidad.
Cuánto hubiera preferido nunca haberlo conocido que haberlo conocido, quererlo y haberlo tenido en su vida sin ser suyo de verdad, sin poder amarlo como moría por hacerlo.
—Lo sé —Finalmente respondió. De nuevo aparecía aquella sonrisa débil y forzada que había sido su fiel amiga para no molestar ni preocupar a nadie— ¿Saben? Siempre los he admirado. Conociendo su historia y por todo lo que han tenido que atravesar para estar juntos, para cuidarnos a mi hermano y a mí. Sé muy bien que no la han tenido fácil, y me dirán que es su deber como padres pero, ¿cuántos padres hay en el mundo que lo entreguen todo por sus hijos? Ustedes siempre me dicen que he sido y soy un milagro en sus vidas, pero la verdad es que ustedes son el milagro en la mía. Más que a nada ni a nadie, ustedes son lo más importante en mi vida, como estoy seguro lo son también para Takeshi. Los amo —Ritsu se conmovió al escuchar los más sinceros sentimientos de su hijo y lo estrechó entre sus brazos con la voz atorada en la garganta. Eran demasiadas cosas pasando en pocos días. Sin embargo se tenían como familia y mientras estuvieran juntos, ningún obstáculo ni conflicto sería lo suficientemente fuerte como para derrumbarlos.
—Lo que quiere decir tu padre es que te amamos —dijo Masamune. Su sonrisa no expresaba en lo más mínimo el infinito placer de su corazón por la alegría que le otorgaban sus amores.
—Lo sé, papá, lo sé —Por unos momentos, en ese día, se olvidó de las penas de su corazón al saberse y sentirse amado de aquella manera. Por primera vez, en mucho tiempo, en su rostro se dibujó una sonrisa plena, sin huellas de dolor—. Oigan, a propósito de cursilerías familiares —aportó en son de broma— ¿Dónde se metió el ingrato de su primogénito?


Anemia hemolítica (*1) había sido el diagnóstico, ¿la causa? Les dijeron que fue el accidente automovilístico que sufrieron un año atrás debido a un conductor ebrio que había cruzado el semáforo rojo. Nada que no ocurriera normalmente en un fin de semana. Era solo un accidente de tránsito más debido a la imprudencia de un conductor que tal parece no le tenía el más mínimo respeto a la vida, ni a la suya, ni mucho menos a la de los demás.
Takano sufrió heridas superficiales que no pasaron a mayor preocupación, pero fue Ritsu quien se llevó la peor parte, pues el otro auto había impactado contra el lado del copiloto.
Esa noche peleó incontables veces por su vida. En medio de la desesperación y angustia, su esposo no lo había abandonado un solo instante siquiera, acompañado de Takafumi y Zen quienes fueron, sin dudarlo, su pilar esa noche. Takeshi se hallaba de viaje en Corea por su trabajo. A Haru era impensable comunicárselo, estando en un lugar tan lejos y a punto de terminar sus estudios. Masamune no quería ni tenía cabeza para desordenar de manera tan alarmante y triste la vida de sus hijos sobre todo cuando nada había por hacer.
Vacío, era el sentimiento más cercano y la manera de describir su mirada esmeralda, la cual se hallaba perdida en la nada, varada en un lugar de donde no sabía cómo llegó ni cómo podría salir.
—Ritsu, por favor...mi amor...háblame —Masamune lo estrechó entre sus brazos con el más delicado de los cuidados, el más profundo amor que se pudiese sentir y el más inmenso pesar en su corazón junto con la culpa que lo consumía por no haberle podido evitar aquel tipo de dolor lacerante del cual jamás podría conseguir que quedara una cicatriz siquiera, porque sencillamente era una herida que no se podría cerrar jamás.
La existencia de un pequeño angelito que acabó antes de que pudiera empezar, antes de que ninguno de sus padres pudiera haberle entregado una palabra de amor o una caricia aunque fuera desde el vientre donde crecía.
Lo triste no era decirle adiós, sino nunca haberle podido dar una parte de todo su amor como el que se lo habían dado cada segundo a Takeshi y luego a Haru desde que supieron que estaban de camino a este mundo. Un pequeño pedazo de cielo que Dios les había regalado, una parte de Ritsu, una parte de Masamune. Su amor hecho vida. Esta vez el cielo decidió que esa pequeña parte de ellos regresara al cielo, mucho antes de tiempo. No era justo, pero nadie les había garantizado que la vida lo fuera.
Por primera vez ambos se abrazaron a llorar juntos toda una noche, sin reparos, sin peros. Luego de asimilar lo ocurrido, luego de que cada uno entendiera que podían llorar en los brazos de quien lo ama. Solo el uno con el otro podían compartir ese dolor tan íntimo, tan suyo y de nadie más. Aunque su corazón siguiera llorando por todos los años siguientes, ambos debían aferrarse al otro y seguir adelante. Seguir adelante muchas veces no es sinónimo de superar. Ellos no podrían superar nunca la pérdida de su bebé. Era indispensable el seguir adelante, en este caso sinónimo de luchar y sobrevivir. Es lo que forma parte de vivir.
—¿De verdad teníamos que hacer eso?
—Takano-san, tú lo viste, no podría jamás darle una noticia a mi hijo para verlo sufrir, no puedo, no soy capaz. Además no es como si le hubiéramos mentido del todo, o como si algo cambiara si se lo dijéramos más que entristecer su frágil corazón. Prefiero mil veces mentirle y verlo tranquilo, que decirle una verdad que lo único que lograría es lastimarlo, ¿qué haríamos entonces para aminorar su pena?
—Ritsu, sabes que esto no debería ser de esta manera.
—Pero lo es. Sabes, estoy bien a pesar de todo. Takeshi y Haru son maravillosos, y son todos los hijos que necesitamos —dijo acongojado y con la mirada oculta entre sus mechones castaños. Masamune, quien entonces había estado rondando de un lado al otro de la habitación intentando convencerse de que era mejor para sus hijos ocultarles ciertas cosas, pues no podía dejar de pensar que una mentira es una mentira después de todo, se acercó a su esposo hasta quedar sentado en frente de él, en la misma cama. Levantó con una mano su rostro y depositó un casto beso sobre sus tiernos labios, para luego limpiar aquellas lágrimas traicioneras que habían escapado de su prisión color esmeralda.
—Superaremos estos juntos. Te lo prometo. Te amo Ritsu y siempre te amaré.
—También te amo. Gracias. Gracias por no irte —Takano lo abrazó con sumo cuidado acunándolo entre sus brazos como si ese lugar fuera una fortaleza impenetrable contra todos los males del mundo y absolutamente nada ni nadie pudiese atravesarla. Era el lugar más seguro en el mundo de Ritsu.
—Pequeño tonto. Jamás lo haría.
 
Si de por sí era extremadamente difícil soportar la pérdida de un hijo del que apenas se habían enterado de su existencia para cuando ya no estaba más en este mundo, lo era mucho más el siquiera imaginarse una vida sin él, sin la profundidad de sus ojos esmeralda refugiándolo y abrazándolo siempre en un confortador silencio donde reposaba su paz y tranquilidad. Si era necesario para que la luz de sus ojos no se extinguiera, la razón de su existir, iba a mantenerse fuerte por él e iba a luchar cada día, hora, minuto y segundo sin desfallecer para mantenerlo con vida, para mantenerlo a su lado. Iba a ser una batalla dura, pero de esas ya habían tenido bastantes, solo era una más. Volverían a salir con bien, más fuertes y más enamorados luego de estas turbulencias. Se tienen el uno al otro, es lo que necesitan, no hace falta nada más.




—Siento que están hablando de mí —Se tocó la oreja izquierda, completamente enrojecida, un moreno de unos veintidós años y ojos esmeralda, mientras luchaba por romper menos globos de los que inflaba.
—De seguro una de tus muchas novias, está planeando secuestrarte y violarte de mil maneras posibles —Takeshi rodó los ojos ante las palabras de su amigo.
—Dai, no digas esas cosas ni de broma.
—¿Cuáles chicas? —Se acercó a la “íntima” conversación entre amigos un joven de cabellos rubios relucientes y ojos de un azul tenuemente claro, heredados de su abuela. Rodeando con sus brazos el cuello del acusado en pleno juicio y besando sus labios con marcada posesividad.
—Jajaja, ¡pillado! Ahora serás castigado por tu suegro, ya me imagino cuando se entere.
—Cuando se entere, ¿de qué?
—¡Dai! Como eres —echó un profundo respiro, resignado— Tai, amor, lo prometo, no he hecho absolutamente nada como para que te enojes —Se excusó como podía, en verdad nervioso, conociendo los celos excesivos de su novio.
—Lo sé. Soy único para ti. Que esas zorras se queden con las ganas y se mueran de envidia porque eres mío. Y tú, Hatori Daisuke deja de levantar calumnias contra mi amado y bien portado novio.
—Uy, uy qué genio, jajaja —El aludido y Takeshi se miraron entre sí, incrédulos— ¿Taiki, que ya has empezado a tomar antes de empezar la fiesta? —El pobre no podía aguantar ni un trago sin que se le subiera de inmediato a la cabeza y nublara sus sentidos, que incluso consciente eran un poco efusivos y demandantes. Cabía resaltar que al menos era más divertido y extrovertido este lado suyo que el normal, así que pensaron que era lo mejor, al menos en esta situación.
—Solo un vaso de cóctel, ¿qué? ¿Me vas a castigar mamá?
 
Las risas no tardaron en llegar.
—Claro que no, tranquilo. Eso debería hacerlo Shouta oji-san o en todo caso tu idolatrado Takeshi. Eh, vaya que eres impaciente —El mencionado no paraba de besar al “pobre” de Takeshi, en los labios, en el cuello. El atacado no podía o más bien no tenía muchas ganas de quitárselo de encima, aunque estuvieran todos los chicos presentes. Si repentinamente sus suegros salían de la cocina por supuesto no le creerían que era él el que estaba siendo vilmente atacado por su hijo menor.
—Tai, cariño, ¿no quieres recostarte un poco?
—Eres un pervertido, eh, Takano Takeshi —Taiki le susurró al oído entre risas burlonas.
—¿Eh? ¡Ah, no, no, quise decir eso! No es lo que piensas —Los dedos de Taiki se colaron por debajo de su camisa, aprovechando el espacio que dejaban los botones que no se habían colocado en su lugar.
—Hey, tranquilo, no he dicho que no me gusta.
—Ven, recuéstate aquí —Lo acomodó en el sofá pese a sus quejas, y a que aún no lo había soltado del todo, en realidad casi nada pues se aferraba a su cuello con verdadero ahínco mientras su fiel amigo solo observaba carcajeándose de la risa hasta que cinco minutos después el chico rubio se quedó profundamente dormido en medio de la sala. Se peguntó si era mejor dejarlo allí que llevarlo a su habitación pero no tardó mucho para confirmar su teoría de que muy probablemente sería un grave error llevarlo en ese estado a su habitación.
—Muchachos, ¿quieren algún bocadillo?
—Uff, por fin. Quiero decir, claro que sí Kou oji-san. Muchas gracias —respondió Daisuke adelantándose a tomar la bandeja que traía Yukina en sus manos para devorar los bocadillos sin más, y de paso mantener su boca cerrada.
—¿Y los demás?
—Fueron al mini súper a traer la torta. Sora creo está en el baño.
—¿Qué le pasó? —inquirió viendo a su hijo dormido en medio de la sala.
—Está muy agotado. Creo que no durmió en toda la noche, eh, por el proyecto —Takeshi se adelantó en responder.
—Hmmm, ya veo —La seriedad en el semblante del mayor decía que no se tragaba del todo aquella historia, ya sea por falta de pruebas o porque simplemente era excesivamente posesivo con su hijo tanto como con su esposo pese a que Takeshi y Taiki llevaban saliendo ya tres años. Al decir verdad el pequeño detalle de que entonces su hijo tuviera quince años y se llevaran cuatro años de diferencia pudieran ser las razones suficientes— Entonces no debería de esforzarse tanto, ¿no? Voy a llevarlo a descansar.
—Puedo llevarlo yo.
—Ah, no te preocupes, yo lo hago perfectamente —Kou se mantuvo firme en esto. Esta vez con una sonrisa brillante de un lado a otro de su rostro. Takeshi prefirió no averiguar si era o no una sonrisa sincera, o una de advertencia, por su propia salud.
—Es-está bien.
 
—Kou, ¿cuántas veces te he dicho que no sonrías de manera escalofriante si no quieres terminar por dejar a tu hijo sin novio? —agregó oportunamente un hombre desde la cocina.
—Pero Kisa-san, no he hecho nada.
—Eso es lo que siempre crees tú —suspiró, dándose por vencido finalmente y, una vez terminado los labores de la cocina para los preparativos de la fiesta, decidió a ayudar a los chicos que apenas si pudieron inflar diez globos en tres horas.


—¡Sorpresa! —gritaron al unísono a verlos entrar por la entrada principal tirándoles confeti encima.
—Oh, qué sorpresa chicos —exclamó con una sincera sonrisa mientras se sacudía el confeti de encima, y trataba de no tragar nada.
—Siquiera deberías mejorar tus dotes de actuación —Fue Shin el que ofreció su comentario.
—¡Bienvenido! Y, ¡feliz Cumpleaños! —Esta vez fue el muchacho delgado de ojos grises y transparentes quien fue directo a tirársele encima encerrándolo en un entrañable abrazo—. Te he extrañado tanto.
—Y yo a ustedes, gracias Yuki.
—Él está aquí, así que prepárate mentalmente —susurró a su oído para que nadie más lo escuchara.
—¿Eh? —¿podría ser que...? Siempre supuso que Yuki y Aoshi sospechaban de la verdad oculta en su corazón, pero sus amigos jamás se lo habían dicho ni directa ni indirectamente. Tal parece que sus suposiciones estaban cercanas a formar parte de la realidad mucho más de lo que se imaginaba. Aquella advertencia podía deberse única y exclusivamente a una persona, y esa era Sora. Sora, Sora, Sora, cuánto costaba siquiera pensar en su nombre. Definitivamente no estaba preparado mentalmente, ni siquiera físicamente por lo que su cuerpo le comunicaba desde el momento en que extrañamente sus piernas comenzaron a temblar, pero, ¿acaso lo estaría algún día? Probablemente nunca.
—Bienvenido —Aoshi se acercó y lo abrazó con sentida nostalgia— Ha pasado un tiempo, eh.
—Así es, tenemos que ponernos al día —De la misma manera se acercaron a darle la bienvenida una vez más Shin, y luego Yue. Ni siquiera hizo falta preguntar por Taiki. Era de suponer que ya se había tomado los primeros tragos y se le había subido por lo que en ese mismo instante estaría dulcemente refugiado en los cálidos brazos de Morfeo.
—¿Y no piensas saludarme a mí? O quizás, es que te has vuelto un tanto engreído, enano.
—¡Nii-san! —Lo abrazó de inmediato— No has cambiado nada, eso me alegra.
—Y tú... Hmmm, déjame ver —deshaciendo el abrazo, le echó una ojeada completa de arriba abajo y viceversa, examinándolo minuciosamente, checando los posibles cambios— no —agregó en tono sorprendido—. ¡Te encogiste aún más!
—¡Claro que no! —Sus cachetes se inflaron formando un dulce puchero— ¡Crecí once centímetros completos, para que veas! —Fue entonces de esta manera como comenzó una serie de quejas y protestas por su parte y, de la otra, bromas que no se hicieron esperar haciendo referencia a su estatura normal, claro que lo hacían mayormente solo para molestarlo y ver sus divertidas reacciones. Si no están para burlarse de uno en cuanto no te han visto por mucho tiempo, ¿para qué servirían los amigos?
Luego se iniciaron las anécdotas tan esperadas; entre ellas, la gran mayoría vergonzosas, durante el tiempo que vivió en Londres, donde había ido a la misma universidad donde había estado su padre en su adolescencia.
Pasó alrededor de una hora entre historias y risas, pero no todo estaba predispuesto para ser una reunión perfecta de reencuentro con sus amigos de toda la vida durante aquella tarde. Dicen que en el momento menos pensado te llegan aquellas noticias que jamás te habías imaginado, que también llegan encuentros que difieren por completo en la realidad a como los esperabas, dejándote a la deriva de incontables emociones que te envuelven en una vertiginosa y peligrosa corriente perdiendo todo el control de ti mismo, provocando estrepitosas e irremediables caídas.
—Bienvenido, Haru.
—Hey, Sora.


—Tai...Tai. Vamos, despierta, Taiki, cariño —Al notar que no respondía a sus intentos, lo dejó por unos segundos para observarlo descansar. Se veía tan hermoso y sereno, todo lo contrario a su temperamento, con sus cabellos rubios alborotados de una manera linda—. Te ves tan tierno —Sonrió con dulzura sintiendo una cálida opresión sobre su corazón, un sentimiento que cada día tan solo crecía más y más reconfortándolo cada segundo, desde el momento en que supo que su enamorado corazón tenía dueño y este lo amaba tanto como él.
‹‹No puedo resistirme››.
 
Se acercó hasta los labios de su bello durmiente para besarlo suavemente y, luego de eso, se dirigió a su oreja izquierda descubierta, besándolo por doquier y mordiendo su lóbulo, provocando que su novio despertara e incluso se le erizara la piel.
—Hmmm... —Aún medio somnoliento no pudo contener unas cuantas risas. Aun respondía instintivamente a las caricias que le eran proporcionadas mientras llevaba una mano a sus labios para limpiar la saliva que caía—. Detente. Sabes que tengo cosquillas... —En su intento de desperezo, aun recostado en la cama, estiró sus brazos rodeando el cuello del pelinegro y acercándolo para buscar ansioso el contacto con sus dulces labios—. ¿Qué crees que haces?
—Despertando a mi lindo novio. No veo que te quejes mucho.
—Pues la verdad es que si me quejo. Quiero más —exigió y los pequeños besos continuaron su camino—. Ouch.
—¿Te duele la cabeza?
—No... Sí.
—Toma —Le pasó un vaso de agua junto a una pastilla que estaban convenientemente sobre el buró al lado de la cama— Para la resaca.
—Yo no tengo... Oh, no, mierda —Cayó en la cuenta de algo— ¿y Haru?, ¿dónde está?, ¿vino?, ¿ya se fue?, ¿y los demás? —apresuró una tras otra las preguntas en su ansiedad.
—Ya se fueron, mi amor —Los dedos gentiles jugaban entre sus cabellos mientras depositaba un beso en la punta de su nariz.
—Soy un reverendo idiota —Inclinó la cabeza con evidente pesar. Por una tontería se había perdido la bienvenida de su amigo de infancia. Su mejor amigo— ¿Cómo pude perderme su regreso? Es decir, todos lo vieron, y yo tanto que deseaba que volviera. Mi cuñado favorito  — “Es el único que tienes” pensó su oyente— ¡Arrrg! —Se alborotó un poco más los ya desordenados cabellos en demostración de su frustración naciente.
—Hey, no digas eso. No eres ningún idiota, no insultes a mi novio —Takeshi alzó su rostro entre las leves caricias a sus mejillas, y Taiki se dejó hacer.
—Y tú tienes la culpa.
—¿Perdón? 
—No debiste haberme dejado tomar ni un solo trago.
—Ajá, como ni siquiera tus papás pueden lograr impedirte hacer lo que quieras, repentinamente yo tengo la fórmula secreta para que cumplas todas mis órdenes y hacerte cambiar de opinión.
—Es que... —De pronto, mágicamente, todas sus quejas fueron olvidadas en el interior de su boca, la cual ahora estaba ocupada por la lengua de Takeshi, removiéndose ansiosa y gustosa por cada rincón de su refugio, saboreando con placer cada pequeño recoveco arrebatándole a Taiki hasta la última pizca de juicio, si es que hubiera todavía un poco de ella.
—Hey, hey, no acaben el postre delante de los hambrientos, chicos. Dejen algo para mañana. El Apocalipsis Zombie no ha llegado aún.
—¡Haru! —El rubio saltó literalmente de la cama y corrió hacia su amigo para tirársele encima, como ciertas personas ya lo habían hecho esa tarde.
—Y así fue como el postre me dejó a mí —bromeó a medias Takeshi, mirándolos a ambos con una media sonrisa y una expresión de cachorro abandonado, mientras Taiki le sacaba la lengua.
—¿Qué esperabas? Los novios vienen y van. Los amigos son para toda la vida —agregó el rubio, aunque bien supieran él y Takeshi que ya desde hace tiempo no conciben la vida el uno sin el otro.
—Okay, ok, ya entendí —Haru intervino— Como ya no me necesitan ni me requieren por aquí, ya me voy. Solo me quedé para despedirme de Taiki.
—Eres malo. Te gusta verme sufrir, admítelo. Ya sabías que Haru seguía aquí —continuó el rubio con su perorata y con sus cachetes inflados en señal de puchero. El otro enarcó sus cejas, mirándolo entre divertido y entretenido con la escena.
—Yo también te amo, eh —En cuanto este buscó los labios de su caprichoso y peculiar novio, el aludido lo rechazó colocando sus mejillas de lado para que no encontrara su boca en un vano intento de berrinche, por lo que el rechazado tuvo que rodearlo con un brazo toda la cintura para aferrarlo y atraerlo hasta estrecharlo contra sí, y tomar su rostro con la mano libre para robarle un beso prolongado a sus suaves labios, sin recibir reclamos de ningún tipo durante y luego del acto.
—Eres un sinvergüenza sin escrúpulos, ¿lo sabías?
—Claro, fue lo que te enamoró de mí —respondió socarronamente para luego volver a despedirse de ambos chicos y depositando un beso, esta vez uno corto, sobre los labios de aquel que lo traía de cabeza para abajo, encantadoramente.

—¿Estás seguro de que funcionará?
—Por centésima vigésima octava vez: ¡que sí!, estoy seguro. Que me caiga un rayo encima si no, así como mi nombre es Takano Haru y, valga el que te lo recuerde, somos hermanos. Con esto podrás conquistarlo y te dará por fin el sí.
—No sé —Takeshi dejó escapar un suspiro lamentable alborotándose de paso los cabellos, dejando en evidencia su ansiedad y nerviosismo—. Mejor no hago nada.
—¿Estás loco?, ¿y tirar todo nuestro esfuerzo, por cierto más mío que tuyo, sudor, dinero y tiempo a la basura? ¡Por sobre mi cadáver! Óyeme muy bien, Takano Takeshi, no por el pequeño detalle de ser hermanos tendré compasión por ti. Irás a esa bendita convención y para ello te pondrás el bendito cosplay que nos llevó meses hacer. Llegarás, buscarás a Taiki y le confesarás de una maldita vez tus sentimientos y él te aceptará porque está tan enamorado de ti como lo estás tú. Caso cerrado, ¿entendiste?
—Sí Señor —Menos mal que el reclutado era el mayor de ellos, hablando pronto e irónicamente.
—Por fin. Qué estrés —concluyó Haru, tras algún que otro resoplido de cansancio.
Desde que eran niños pasaban el mayor tiempo en la editorial debido al trabajo de sus padres. Una vez que pasaron la época de jugar con cuanto juguete encontrasen y peluches que hubieran por doquier en el departamento rosa, la nueva y apasionante actividad que descubrieron se hallaba en la inmensa y variada cantidad de historias de aventura, acción y diversión que traían consigo impregnadas las hojas y tinta de los mangas producidos en el departamento Shonen donde trabaja Kirishima-san, el padre de Sora y Kai. Una vez que se terminaron de devorar cuanto manga cayera en sus manos; y como aún no tenían la oportunidad de pasear libremente por el departamento de literatura donde trabaja Ritsu ojis-an a causa de las estrictas normas en aquel ambiente pesado y excesivamente serio, decidieron optar por continuar con los demás departamentos de mangas con el fin de saciar su sed de nuevas y atractivas historias que los pudiera entretener y hacer volar su imaginación a niveles insospechados. Su nueva fascinación fueron los mangas Shoujo.
 
 
—¡No!, ¿tan mala suerte tengo que tener?
—¿Qué sucede, Taiki-chan? —preguntó curioso un niño de ocho años, de cabellos castaños y de orbes esmeraldas, a su compañero de juegos y lecturas en medio de aquella oficina con el suelo repleto de mangas de diversos géneros y algunos libros de cuentos, un espacio que sus padres habían conseguido solo para ellos.
—Ai Yazawa no continuará con Nana —Se quejó con la mayor decepción del mundo en el tono de su voz—. ¡El Shoujo más vendido de la historia en la editorial de Shūeisha! Y me vengo a enterar justo ahora, que ya me he visto el anime y terminado de leer el manga hasta donde había quedado —La vocecita del pequeño denotaba verdadera frustración junto con una resentida y reprimida pena que luchaba por no demostrar pero que sus orbes azules no podían ocultar.
—Eso pasa últimamente con muchos mangakas, no sé para que comienzan con una historia si luego no la desean continuar. Uno debe hacerse cargo de sus decisiones y las responsabilidades que conlleva, ¿no? —declaró el pequeño Haru, con firme y tierna convicción—. Pero mira, no te pongas triste, encontré una historia muy interesante, también tiene anime pero el manga no ha concluido, pero no debes preocuparte, el mangaka lo continúa hasta hoy en día, aunque hay muy pocas traducciones al japonés. Los últimos números han salido en mandarín, pero eso no es problema para nosotros, ya que lo estamos estudiando y así sirve que practicamos el idioma mientras hacemos algo que nos gusta, ¿qué te parece?
—Hmmm, a ver, ¿de qué trata? —En un intento de olvidar su pena, empezó a tomarle un serio interés a las palabras de su amigo.
—Su nombre es Uragiri wa boku no namae wo shitteru, y... —Fue relatándole la historia de un joven huérfano que tenía habilidades especiales y quien tenía una especie de guardián que lo protegía a sol y a sombra y que además tenía sentimientos muy especiales hacia él.
—Oh, ¿puedo ver? Se oye muy interesante.
Con el tiempo los mangas terminaron por convertirse para Haru en un hobbie más, una manera de pasar el tiempo. Pero, muy al contrario, Taiki, luego de terminar con las historias de shoujo gracias a la extensa colección de su padre quien le había confesado que en su juventud trabajaba en una librería promocionando los mangas de aquel género, continuó buscando obras de Shonen Ai y así, poco a poco, fue como llegó al tan criticado género del Yaoi, el cual para él terminó en convertirse una de sus más grandes pasiones, claro está, aparte de actualizarse y estar al día con el tema del anime en general y los mangas de diversas temáticas. Haru, en cambio, cuando Ritsu pudo empezar a llevarlo con él a su trabajo, aprendió rápidamente a acomodarse entre tantos libros de literatura, descubriendo su amor por las letras en general. Las novelas se convirtieron en su más grande afición.
 
Un chico de entonces quince años de edad asistía a su décima quinta convención de anime anual en el Kuma Park. La razón de que haya asistido desde corta edad se debía a sus padres. Su personaje era basado en las ovas de Fuju No Semi(*2). Él interpretaba a Akizuki Keiichirou, y su cosplay se adecuaba perfectamente a él: llevaba una peluca corta de color negro y el color azul natural de sus orbes hacían que resaltara su imagen notablemente, llevando sobre el hakama de un azul oscuro la chaqueta hecha a mano, con ayuda de Haru, denominada kataginu, al estilo de los samuráis del año 1862.
—Demonios, ¿dónde te has metido Haru? Ya llevo aquí tres horas y en seguida se realizarán las presentaciones de los cosplayers. ¿Vendrás?
—Perdón, es que tengo que ayudar a papá en la editorial y como es fin de ciclo, ya sabes, ha estado trabajando nuevamente en un proyecto con Usagui-san y aunque ha estado al día, pues los del departamento de ventas han pedido que adelanten el trabajo del próximo mes. Si vieras a papá y a Usami sensei, uff, están hechos una furia.
—Pero, Haru...
—Lo siento, de veras que lo siento muchísimo Tai. Perdóname, prometo recompensártelo el próximo año.
‹‹¡Haru! ¡Llama a la imprenta ahora mismo y pide ese plazo de veinticuatro horas!›› se escucharon los gritos desesperados de Ritsu desde el fondo, lo que hizo que acallara sus protestas inútiles en medio de un profundo suspiro de forzada resignación.
—Ya ni qué. Esfuérzate.
—Gracias, y en serio, perdóname.
—Está bien. Ya no te preocupes. Trabajo es trabajo y no puedes dejar solo a Ritsu chichi.
—Gracias por comprender, y Tai, una cosa más.
—¿Sí? 
—Aprovecha la oportunidad, y no me agradezcas.
—¿Eh?, ¿de qué hablas? —terminó la oración cuando la llamada ya se había colgado.
—¿Me colgó?, pero, ¿qué se cree? Ya verá, me vengaré —Terminó por guardar su móvil—. Ahora cómo se supone haré la presentación. Supongo que no habrá tal...
Su teléfono móvil empezó a vibrar sacándolo de sus lamentaciones. ‹‹¿Será que a Haru se le olvidó decirme algo? o quizás se haya arrepentido. Sí claro, ¿eh?›› se fijó en el nombre de la llamada entrante, y contestó.
—¿Takeshi? —Su repentina llamada lo había dejado fuera de órbita. ‹‹Realmente extraño›› pensó—. Si llamas para avisarme que Haru me dejará plantado, ya lo sé.
—Hey, hey, qué tono, ¿qué pasó?
—¿No sabes que Haru se quedó trabajando con Ritsu chichi? Con amigos como esos...
—No. No sabía —Se produjo un incómodo silencio.
—¿Ah?, ¿entonces?
—¿Dónde estás?
—En el baño, pero ¿por qué...? Fui yo el que te preguntó en primer lugar.
—Ve el escenario.
—¿Eh? —Aquella petición no tenía ni pies ni cabeza—. ¿Para qué? No entiendo nada, Takeshi —dijo con voz cansina—. Si esto es una broma, te juro, no estoy de humor.
—Solo ve, confía en mí.
—Está bien, supongo —Tras pensarlo cinco segundos, el muchacho acató la orden, ¿qué tenía que perder? Nada. Luego de corroborar lo que pasaba, se iría de casa de inmediato, o eso es lo que tenía planeado. Una recorrida no le vendría mal, después de todo ya estaba allí.
—¿Takeshi?, ¿estás allí? —En espera de alguna lógica y razonable explicación no había colgado la llamada, aun durante esos quince minutos que le tomó llegar hasta el escenario debido a la concurrida gente con sus mismos gustos; no le importaba nada ser un marginado social mientras pudiera hacer lo que realmente amaba y pudiera compartir sus gustos con personas iguales a él, quienes le pedían que se sacara una foto durante el camino, desde niños pequeños hasta algunas personas adultas, orgullosos de sus pasatiempos y completamente desinteresados por el qué dirán de los demás.
—Más cerca de lo que crees.
—Pero, ¿qué...? —En cuanto volteó, sus ojos se abrieron desmesuradamente al no poder creer lo que allí estaba. Takeshi se encontraba ahí, recostado contra la pared, a un costado del escenario, vestido con un hakama negro y un kataginu encima con colores que combinaban con su larga cabellera peluca pelirroja representando a nada más ni nada menos que Kusaka Touma, el amante secreto de Akizuki (y su verdadero amor) sonriéndole, esperándole, para ser en esta historia también el primero que confesara sus sentimientos.
—¿Serías mi novio, Taiki?
 
Continuará…
Notas Finales:
 1) Anemia hemolítica: La anemia es una afección en la cual el cuerpo no tiene suficientes glóbulos rojos sanos. Los glóbulos rojos proporcionan el oxígeno a los tejidos del cuerpo.

Normalmente, los glóbulos rojos duran aproximadamente unos 120 días en el cuerpo. En la anemia hemolítica, los glóbulos rojos en la sangre se destruyen antes de lo normal.
Causas
La médula ósea es mayormente responsable de producir nuevos glóbulos rojos. La médula ósea es el tejido blando en el centro de los huesos que ayuda a formar todas las células sanguíneas.
La anemia hemolítica se presenta cuando la médula ósea no está produciendo suficientes glóbulos rojos para reemplazar a los que se están destruyendo.
Hay muchas causas posibles de la anemia hemolítica. Los glóbulos rojos pueden ser destruidos debido a:
  • Un problema autoinmunitario en el cual el sistema inmunitario equivocadamente ve a sus propios glóbulos rojos como sustancias extrañas y las destruye.
  • Anomalías genéticas dentro de los glóbulos (como la anemia falciforme, talasemia y deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa).
  • Exposición a ciertos químicos, fármacos y toxinas.
  • Infecciones.
  • Coágulos de sangre en pequeños vasos sanguíneos. (EN EL CASO DE RITSU FUE POR ESTA CAUSA, DEBIDO AL ACCIDENTE QUE TUVO).
  • Transfusión de sangre de un donante con un tipo de sangre que no es compatible con el suyo.
2) Fuyu no Semi: ova, de temática Shonen ai narrada en la época del Japón Imperial a principios del período Meiji. Es la historia de dos amantes que, pese a estar de lados opuestos en la política de aquel tiempo, consiguen amarse en secreto, incluso hasta la muerte.
 
Adelanto del próximo capítulo:
—Yuki, ¿qué tan doloroso es enamorarse? —Mino Yuki, aquel muchacho de cabellos castaños claros y ojos escarlata era uno de los muchachos que no le prestaba siquiera la más mínima atención a la película, con la mirada fija al otro lado de la sala, completamente sumergido en una vorágine de sentimientos conocidos para él, pero ocultos para todos los demás, incluso para aquel quien los recibía y quien no era consciente del sufrimiento que estaba provocando en él.
—¿Por qué lo dices? —Aun cuando su concentración estaba dedicada a una sola persona, sabía bien que debía mantener las apariencias incluso cuando eso significara esconder su corazón rasgado a causa de un amor no correspondido.
—Con tan solo verlos lo puedes notar, su amor es tan grande como la distancia entre sus corazones.
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