El atentado de Begoña segun la Historia de La Falange

El atentado de Begoña segun la Historia de La Falange

V- detalles históricos
V- detalles históricos

June 13th, 2010, 12:05 pm #1

SHEELACH ELLWOOD
Historia de la Falange Española


"En parte como rebelión contra la forma en que se había utilizado a la Falange representada por los voluntarios de la División Azul, un grupo de falangistas protagonizó un incidente acaecido en el País Vasco en el verano de 1942. El asunto, en el que estuvieron implicados varios voluntarios repatriados de la División Azul, tenía visos de provocar una gran crisis política. No obstante, el Generalísimo capeó el temporal con su habitual mezcla de hermetismo y autoritarismo. A todo lo largo de su evolución, la Falange presenta una notable incapacidad para aprender de su propia historia; la crisis de 1942 fue otra de las ocasiones en que el purismo falangista fue traicionado por el realismo falangista y donde se demostró que algunos de los líderes falangistas no habían aprendido nada de la suerte corrida por José Antonio Primo de Rivera, por Manuel Hedilla o por Salvador Merino.
El 16 de agosto de 1942 iba a celebrarse una misa solemne en la basílica de la Virgen de Begoña, cerca de Bilbao, por el alma de los soldados carlistas del tercio de Nuestra Señora de Begoña muertos en la guerra civil. Los carlistas ya habían organizado, el 25 de julio de 1942, una misa en la iglesia de San Vicente Mártir, de Abando (Bilbao), por el alma de «los Reyes de la Dinastía Legítima y todos los carlistas y requetés vizcaínos muertos en la cruzada». A la misa siguió una manifestación por las calles de Bilbao. Este acontecimiento, al igual que otras conmemoraciones similares en Moneada, Montserrat, Poblet y Valladolid, fue silenciado por la prensa. A la vista de su potencial magnitud y popularidad, en principio se consideró aconsejable anular la misa de Begoña. No obstante, no se procedió a su cancelación, y el jefe local de la Vieja Guardia de la Falange de Vizcaya, Maíz, preocupado por la probabilidad de una numerosa asistencia carlista, solicitó que se enviaran refuerzos falangistas de Valladolid, Santander y Vitoria.
El 15 de agosto de 1942 salió de la sede provincial del partido en Valladolid un automóvil oficial ocupado por el jefe provincial del SEU de Vizcaya, Eduardo Berástegui Guerenliain, y por el falangista Hernando Calleja García. Se dirigieron a San Sebastián, donde recogieron a su camarada de Falange Juan Domínguez Muñoz, siguiendo el grupo a Bilbao, donde pasaron la noche. Al día siguiente, acompañados por un segundo automóvil del partido, salieron hacia Begoña y, al llegar a la iglesia, esperaron a un lado, «prevaliéndose de las insignias y uniformes oficiales que ostentaban ... acompañados de otros tres "camaradas", bajo la protección de un grupo de guardias que en aquel lugar se encontraban». En el interior de la basílica ya se estaba celebrando la misa, presidida por el ministro del Ejército, Enrique Varela. Al salir los carlistas de la iglesia, una vez terminado el oficio, uno de los falangistas lanzó una pequeña bomba, que dio contra el pórtico pero no estalló. Luego se lanzó entre la multitud que había en el exterior una granada, la cual, aunque fue echada a un lado al caer, hirió a más de cien personas. Los presentes, en su mayoría carlistas, hubieran linchado a los falangistas, a no ser por la intervención de la policía, que protegió a Domínguez y sus camaradas de la furiosa multitud, los metió en los coches oficiales en que habían llegado y se los llevó, aparentemente detenidos.
Franco fue informado del incidente por el secretario del partido, Arrese, que se encontraba con el Caudillo en la residencia de verano de éste en Galicia. Franco concluyó que lo sucedido había sido la reacción de unos falangistas que casualmente se hallaban en el lugar ante los gritos subversivos y antifranquistas de los carlistas. Su inclinación inicial hacia la inacción era típica de su táctica de «esperar acontecimientos» y, a la vez, de su capacidad para controlar la situación, dejando que los posibles brotes de oposición se agotasen solos en escaramuzas entre sí. No obstante, en conversación personal con Franco el 24 de agosto, el general Varela negó esta versión, sosteniendo que el incidente había sido un atentado contra su vida. En los círculos oficiales, el asunto se silenció. En su edición del 19 de agosto, Arriba se limitó a señalar que el 16 de agosto, con asistencia de más de 5.000 personas, se celebró «una misa por los 136 caídos del Tercio de Nuestra Señora de Begoña. Presidieron el ministro del Ejército y el subsecretario de Gobernación». Ni siquiera había lugar a leer entre líneas en esta hermética información y sólo retrospectivamente puede darse alguna significación particular al discurso pronunciado por Franco en La Coruña el 25 de agosto de 1942 y al editorial de Arriba del día siguiente, en los que se pone un especial énfasis en la importancia de la unidad entre la Falange y el ejército. No obstante, ni los carlistas ni los falangistas estaban dispuestos a permitir que se enterrara la cuestión bajo la losa del silencio oficial. Los dos partidos lanzaron sendas octavillas enardecidas, cada uno denunciando al otro. Diez carlistas dimitieron de sus cargos en el Movimiento y, sin conocimiento de Franco,Varela y el ministro de la Gobernación Valentín Galarza, enviaron notas a todas las capitanías generales presentando el incidente como un ataque a la institución militar.
Franco podía esperar a que sus colaboradores mostrasen qué cartas políticas tenían en la mano, pero no era en absoluto hombre que tolerase ninguna forma de indisciplina dentro de sus filas, y menos cuando podía derivar hacia una crisis importante. Ya se había castigado de modo ejemplar a Hedilla y a Merino, y ahora se procedió de la misma manera contra los responsables del incidente de Begoña. La dureza del castigo impuesto a los falangistas, mientras se hacía caso omiso de la participación de los carlistas en el enfrentamiento, señala que, aun cuando hubiera sido absorbida en el Movimiento, Franco seguía reconociendo a la Falange una potencial capacidad de quebrar el delicado equilibrio del castillo de naipes que era su régimen. Juan Domínguez Muñoz y seis camaradas falangistas fueron llevados ante un consejo de guerra en Bilbao. Domínguez y Hernando Calleja fueron condenados a muerte. Jorge Hernández Bravo, Luis Lorenzo Salgado, Eduardo Berástegui Guerenliain, Virgilio Hernández Rivadulla y Eugenio Moretón Soriano recibieron penas de prisión. Debido a que Calleja era mutilado de guerra, su sentencia fue conmutada por la de cadena perpetua. Junto con los otros cinco encarcelados, fue posteriormente perdonado por un decreto firmado por Franco en 1945. No obstante, la sentencia contra Juan Domínguez fue ratificada.
94.-Cf. D. Ridruejo, Los cuadernos de Rusia, p. 13. Esteban Infantes, op. cit., p. 25, da la cifra de 17.406 voluntarios, aunque no queda claro si ésta incluye los reemplazos y no incluye los aviadores de la Escuadrilla Azul.
95.-Según el panfleto carlista El crimen de la Falange en Begoña, fechado el 17 de agosto de 1942, del que don Miguel Álvarez Bonald prestó amablemente un ejemplar a la autora. Cf. A. Marquina Barrio, «El atenta¬do de Begoña», en Historia 16, n.° 76 (agosto de 1982).
96.-Ibidem. La petición fue hecha por el vicesecretario del partido José Luna. No se sabe si Arrese, secretario general, estaba o no informado de estos movimientos.
97.-David Jato Miranda, entrevista de 7 de julio de 1977. Jato forma¬ba parte del grupo de voluntarios de la División Azul que regresaban y a quienes Domínguez trató de convencer para que lo acompañasen a Begoña.
98.-El crimen de la Falange en Begoña. No se citan ni el origen del segundo automóvil ni los nombres de sus ocupantes.
99.-Ibidem.
100.-Una lista inédita compilada por los carlistas que visitaron los hospitales donde eran asistidos los heridos y proporcionada a la autora por don Miguel Álvarez Bonald, da los nombres de 117 personas, de las que dos murieron posteriormente a consecuencia de las lesiones.
101.-Esta es la versión carlista. La versión falangista, según la conta¬ron a la autora los falangistas Perales y Jato, sostiene que los falangistas fueron detenidos cuando iban a denunciar a los carlistas a la policía.
102.- David Jato, entrevista de 7 de julio de 1977; L. López Rodó, La larga marcha hacia la monarquía, Noguer, Barcelona, 1977, pp. 29 y 503-505.
103.- La octavilla carlista ya ha sido mencionada. La réplica falangista al parecer estaba fechada el 18 de agosto de 1942 y fue redactada por un funcionario del SEU. La autora de estas líneas no ha conseguido encontrar ningún detalle de su texto.
104.- Boletín Oficial del Estado (26-XI-1945)."

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V- detalles históricos
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June 13th, 2010, 12:08 pm #2

(El Almirante Carrero - Carlos Fernandez)
"Se prepara el gran desfile de la Victoria en Madrid. En el curso del mismo, se va a imponer a Franco la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración militar española. Para su concesión se va a contar con un valiosísimo colaborador: el rey Alfonso XIII. Éste, en carta fechada en Roma el 9 de abril, ha escrito personalmente al Caudillo para felicitarle y le manifiesta claramente: «Mi General, creyéndome autorizado para ello, por haber sido jefe de la Real y Militar Orden de San Fernando, permítame le exprese cuan dichoso me consideraría si recogiendo el común sentir y justificado anhelo del glorioso Ejército de Tierra, Mar y Aire español y de todos los buenos españoles, viéramos sobre su pecho esa invicta y heroica condecoración, jamás tan bien otorgada al Caudillo que tan brillantemente salvó a España y la llevó a la victoria.» El día 13, el general Dávila firmaba el decreto de concesión y el 19, como preámbulo a un desfile de más de cien mil hombres, se la impone el bilaureado general Varela."


Claro que el 15 de Diciembre de 1938, aun sin acabar la guerra, el dictador ya habia dispuesto esto:
(El Almirante Carrero - Carlos Fernandez)
"El 15 de diciembre y tras el Consejo de Ministros, Franco tiene un gesto de agradecimiento para con el rey Alfonso XIII a quien tanto le debía. Así, le restituye «todos los derechos que en su carácter de ciudadano español y se declaran nulas cuantas leyes constituyentes le priven de la paz jurídica y demás disposiciones anteriores y posteriores por las que se le prive(ó) de su patrimonio»."
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June 13th, 2010, 12:14 pm #3

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"En parte como rebelión contra la forma en que se había utilizado a la Falange representada por los voluntarios de la División Azul, un grupo de falangistas protagonizó un incidente acaecido en el País Vasco en el verano de 1942. El asunto, en el que estuvieron implicados varios voluntarios repatriados de la División Azul, tenía visos de provocar una gran crisis política. No obstante, el Generalísimo capeó el temporal con su habitual mezcla de hermetismo y autoritarismo. A todo lo largo de su evolución, la Falange presenta una notable incapacidad para aprender de su propia historia; la crisis de 1942 fue otra de las ocasiones en que el purismo falangista fue traicionado por el realismo falangista y donde se demostró que algunos de los líderes falangistas no habían aprendido nada de la suerte corrida por José Antonio Primo de Rivera, por Manuel Hedilla o por Salvador Merino.
El 16 de agosto de 1942 iba a celebrarse una misa solemne en la basílica de la Virgen de Begoña, cerca de Bilbao, por el alma de los soldados carlistas del tercio de Nuestra Señora de Begoña muertos en la guerra civil. Los carlistas ya habían organizado, el 25 de julio de 1942, una misa en la iglesia de San Vicente Mártir, de Abando (Bilbao), por el alma de «los Reyes de la Dinastía Legítima y todos los carlistas y requetés vizcaínos muertos en la cruzada». A la misa siguió una manifestación por las calles de Bilbao. Este acontecimiento, al igual que otras conmemoraciones similares en Moneada, Montserrat, Poblet y Valladolid, fue silenciado por la prensa. A la vista de su potencial magnitud y popularidad, en principio se consideró aconsejable anular la misa de Begoña. No obstante, no se procedió a su cancelación, y el jefe local de la Vieja Guardia de la Falange de Vizcaya, Maíz, preocupado por la probabilidad de una numerosa asistencia carlista, solicitó que se enviaran refuerzos falangistas de Valladolid, Santander y Vitoria.
El 15 de agosto de 1942 salió de la sede provincial del partido en Valladolid un automóvil oficial ocupado por el jefe provincial del SEU de Vizcaya, Eduardo Berástegui Guerenliain, y por el falangista Hernando Calleja García. Se dirigieron a San Sebastián, donde recogieron a su camarada de Falange Juan Domínguez Muñoz, siguiendo el grupo a Bilbao, donde pasaron la noche. Al día siguiente, acompañados por un segundo automóvil del partido, salieron hacia Begoña y, al llegar a la iglesia, esperaron a un lado, «prevaliéndose de las insignias y uniformes oficiales que ostentaban ... acompañados de otros tres "camaradas", bajo la protección de un grupo de guardias que en aquel lugar se encontraban». En el interior de la basílica ya se estaba celebrando la misa, presidida por el ministro del Ejército, Enrique Varela. Al salir los carlistas de la iglesia, una vez terminado el oficio, uno de los falangistas lanzó una pequeña bomba, que dio contra el pórtico pero no estalló. Luego se lanzó entre la multitud que había en el exterior una granada, la cual, aunque fue echada a un lado al caer, hirió a más de cien personas. Los presentes, en su mayoría carlistas, hubieran linchado a los falangistas, a no ser por la intervención de la policía, que protegió a Domínguez y sus camaradas de la furiosa multitud, los metió en los coches oficiales en que habían llegado y se los llevó, aparentemente detenidos.
Franco fue informado del incidente por el secretario del partido, Arrese, que se encontraba con el Caudillo en la residencia de verano de éste en Galicia. Franco concluyó que lo sucedido había sido la reacción de unos falangistas que casualmente se hallaban en el lugar ante los gritos subversivos y antifranquistas de los carlistas. Su inclinación inicial hacia la inacción era típica de su táctica de «esperar acontecimientos» y, a la vez, de su capacidad para controlar la situación, dejando que los posibles brotes de oposición se agotasen solos en escaramuzas entre sí. No obstante, en conversación personal con Franco el 24 de agosto, el general Varela negó esta versión, sosteniendo que el incidente había sido un atentado contra su vida. En los círculos oficiales, el asunto se silenció. En su edición del 19 de agosto, Arriba se limitó a señalar que el 16 de agosto, con asistencia de más de 5.000 personas, se celebró «una misa por los 136 caídos del Tercio de Nuestra Señora de Begoña. Presidieron el ministro del Ejército y el subsecretario de Gobernación». Ni siquiera había lugar a leer entre líneas en esta hermética información y sólo retrospectivamente puede darse alguna significación particular al discurso pronunciado por Franco en La Coruña el 25 de agosto de 1942 y al editorial de Arriba del día siguiente, en los que se pone un especial énfasis en la importancia de la unidad entre la Falange y el ejército. No obstante, ni los carlistas ni los falangistas estaban dispuestos a permitir que se enterrara la cuestión bajo la losa del silencio oficial. Los dos partidos lanzaron sendas octavillas enardecidas, cada uno denunciando al otro. Diez carlistas dimitieron de sus cargos en el Movimiento y, sin conocimiento de Franco,Varela y el ministro de la Gobernación Valentín Galarza, enviaron notas a todas las capitanías generales presentando el incidente como un ataque a la institución militar.
Franco podía esperar a que sus colaboradores mostrasen qué cartas políticas tenían en la mano, pero no era en absoluto hombre que tolerase ninguna forma de indisciplina dentro de sus filas, y menos cuando podía derivar hacia una crisis importante. Ya se había castigado de modo ejemplar a Hedilla y a Merino, y ahora se procedió de la misma manera contra los responsables del incidente de Begoña. La dureza del castigo impuesto a los falangistas, mientras se hacía caso omiso de la participación de los carlistas en el enfrentamiento, señala que, aun cuando hubiera sido absorbida en el Movimiento, Franco seguía reconociendo a la Falange una potencial capacidad de quebrar el delicado equilibrio del castillo de naipes que era su régimen. Juan Domínguez Muñoz y seis camaradas falangistas fueron llevados ante un consejo de guerra en Bilbao. Domínguez y Hernando Calleja fueron condenados a muerte. Jorge Hernández Bravo, Luis Lorenzo Salgado, Eduardo Berástegui Guerenliain, Virgilio Hernández Rivadulla y Eugenio Moretón Soriano recibieron penas de prisión. Debido a que Calleja era mutilado de guerra, su sentencia fue conmutada por la de cadena perpetua. Junto con los otros cinco encarcelados, fue posteriormente perdonado por un decreto firmado por Franco en 1945. No obstante, la sentencia contra Juan Domínguez fue ratificada.
94.-Cf. D. Ridruejo, Los cuadernos de Rusia, p. 13. Esteban Infantes, op. cit., p. 25, da la cifra de 17.406 voluntarios, aunque no queda claro si ésta incluye los reemplazos y no incluye los aviadores de la Escuadrilla Azul.
95.-Según el panfleto carlista El crimen de la Falange en Begoña, fechado el 17 de agosto de 1942, del que don Miguel Álvarez Bonald prestó amablemente un ejemplar a la autora. Cf. A. Marquina Barrio, «El atenta¬do de Begoña», en Historia 16, n.° 76 (agosto de 1982).
96.-Ibidem. La petición fue hecha por el vicesecretario del partido José Luna. No se sabe si Arrese, secretario general, estaba o no informado de estos movimientos.
97.-David Jato Miranda, entrevista de 7 de julio de 1977. Jato forma¬ba parte del grupo de voluntarios de la División Azul que regresaban y a quienes Domínguez trató de convencer para que lo acompañasen a Begoña.
98.-El crimen de la Falange en Begoña. No se citan ni el origen del segundo automóvil ni los nombres de sus ocupantes.
99.-Ibidem.
100.-Una lista inédita compilada por los carlistas que visitaron los hospitales donde eran asistidos los heridos y proporcionada a la autora por don Miguel Álvarez Bonald, da los nombres de 117 personas, de las que dos murieron posteriormente a consecuencia de las lesiones.
101.-Esta es la versión carlista. La versión falangista, según la conta¬ron a la autora los falangistas Perales y Jato, sostiene que los falangistas fueron detenidos cuando iban a denunciar a los carlistas a la policía.
102.- David Jato, entrevista de 7 de julio de 1977; L. López Rodó, La larga marcha hacia la monarquía, Noguer, Barcelona, 1977, pp. 29 y 503-505.
103.- La octavilla carlista ya ha sido mencionada. La réplica falangista al parecer estaba fechada el 18 de agosto de 1942 y fue redactada por un funcionario del SEU. La autora de estas líneas no ha conseguido encontrar ningún detalle de su texto.
104.- Boletín Oficial del Estado (26-XI-1945)."
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June 13th, 2010, 12:55 pm #4

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"En parte como rebelión contra la forma en que se había utilizado a la Falange representada por los voluntarios de la División Azul, un grupo de falangistas protagonizó un incidente acaecido en el País Vasco en el verano de 1942. El asunto, en el que estuvieron implicados varios voluntarios repatriados de la División Azul, tenía visos de provocar una gran crisis política. No obstante, el Generalísimo capeó el temporal con su habitual mezcla de hermetismo y autoritarismo. A todo lo largo de su evolución, la Falange presenta una notable incapacidad para aprender de su propia historia; la crisis de 1942 fue otra de las ocasiones en que el purismo falangista fue traicionado por el realismo falangista y donde se demostró que algunos de los líderes falangistas no habían aprendido nada de la suerte corrida por José Antonio Primo de Rivera, por Manuel Hedilla o por Salvador Merino.
El 16 de agosto de 1942 iba a celebrarse una misa solemne en la basílica de la Virgen de Begoña, cerca de Bilbao, por el alma de los soldados carlistas del tercio de Nuestra Señora de Begoña muertos en la guerra civil. Los carlistas ya habían organizado, el 25 de julio de 1942, una misa en la iglesia de San Vicente Mártir, de Abando (Bilbao), por el alma de «los Reyes de la Dinastía Legítima y todos los carlistas y requetés vizcaínos muertos en la cruzada». A la misa siguió una manifestación por las calles de Bilbao. Este acontecimiento, al igual que otras conmemoraciones similares en Moneada, Montserrat, Poblet y Valladolid, fue silenciado por la prensa. A la vista de su potencial magnitud y popularidad, en principio se consideró aconsejable anular la misa de Begoña. No obstante, no se procedió a su cancelación, y el jefe local de la Vieja Guardia de la Falange de Vizcaya, Maíz, preocupado por la probabilidad de una numerosa asistencia carlista, solicitó que se enviaran refuerzos falangistas de Valladolid, Santander y Vitoria.
El 15 de agosto de 1942 salió de la sede provincial del partido en Valladolid un automóvil oficial ocupado por el jefe provincial del SEU de Vizcaya, Eduardo Berástegui Guerenliain, y por el falangista Hernando Calleja García. Se dirigieron a San Sebastián, donde recogieron a su camarada de Falange Juan Domínguez Muñoz, siguiendo el grupo a Bilbao, donde pasaron la noche. Al día siguiente, acompañados por un segundo automóvil del partido, salieron hacia Begoña y, al llegar a la iglesia, esperaron a un lado, «prevaliéndose de las insignias y uniformes oficiales que ostentaban ... acompañados de otros tres "camaradas", bajo la protección de un grupo de guardias que en aquel lugar se encontraban». En el interior de la basílica ya se estaba celebrando la misa, presidida por el ministro del Ejército, Enrique Varela. Al salir los carlistas de la iglesia, una vez terminado el oficio, uno de los falangistas lanzó una pequeña bomba, que dio contra el pórtico pero no estalló. Luego se lanzó entre la multitud que había en el exterior una granada, la cual, aunque fue echada a un lado al caer, hirió a más de cien personas. Los presentes, en su mayoría carlistas, hubieran linchado a los falangistas, a no ser por la intervención de la policía, que protegió a Domínguez y sus camaradas de la furiosa multitud, los metió en los coches oficiales en que habían llegado y se los llevó, aparentemente detenidos.
Franco fue informado del incidente por el secretario del partido, Arrese, que se encontraba con el Caudillo en la residencia de verano de éste en Galicia. Franco concluyó que lo sucedido había sido la reacción de unos falangistas que casualmente se hallaban en el lugar ante los gritos subversivos y antifranquistas de los carlistas. Su inclinación inicial hacia la inacción era típica de su táctica de «esperar acontecimientos» y, a la vez, de su capacidad para controlar la situación, dejando que los posibles brotes de oposición se agotasen solos en escaramuzas entre sí. No obstante, en conversación personal con Franco el 24 de agosto, el general Varela negó esta versión, sosteniendo que el incidente había sido un atentado contra su vida. En los círculos oficiales, el asunto se silenció. En su edición del 19 de agosto, Arriba se limitó a señalar que el 16 de agosto, con asistencia de más de 5.000 personas, se celebró «una misa por los 136 caídos del Tercio de Nuestra Señora de Begoña. Presidieron el ministro del Ejército y el subsecretario de Gobernación». Ni siquiera había lugar a leer entre líneas en esta hermética información y sólo retrospectivamente puede darse alguna significación particular al discurso pronunciado por Franco en La Coruña el 25 de agosto de 1942 y al editorial de Arriba del día siguiente, en los que se pone un especial énfasis en la importancia de la unidad entre la Falange y el ejército. No obstante, ni los carlistas ni los falangistas estaban dispuestos a permitir que se enterrara la cuestión bajo la losa del silencio oficial. Los dos partidos lanzaron sendas octavillas enardecidas, cada uno denunciando al otro. Diez carlistas dimitieron de sus cargos en el Movimiento y, sin conocimiento de Franco,Varela y el ministro de la Gobernación Valentín Galarza, enviaron notas a todas las capitanías generales presentando el incidente como un ataque a la institución militar.
Franco podía esperar a que sus colaboradores mostrasen qué cartas políticas tenían en la mano, pero no era en absoluto hombre que tolerase ninguna forma de indisciplina dentro de sus filas, y menos cuando podía derivar hacia una crisis importante. Ya se había castigado de modo ejemplar a Hedilla y a Merino, y ahora se procedió de la misma manera contra los responsables del incidente de Begoña. La dureza del castigo impuesto a los falangistas, mientras se hacía caso omiso de la participación de los carlistas en el enfrentamiento, señala que, aun cuando hubiera sido absorbida en el Movimiento, Franco seguía reconociendo a la Falange una potencial capacidad de quebrar el delicado equilibrio del castillo de naipes que era su régimen. Juan Domínguez Muñoz y seis camaradas falangistas fueron llevados ante un consejo de guerra en Bilbao. Domínguez y Hernando Calleja fueron condenados a muerte. Jorge Hernández Bravo, Luis Lorenzo Salgado, Eduardo Berástegui Guerenliain, Virgilio Hernández Rivadulla y Eugenio Moretón Soriano recibieron penas de prisión. Debido a que Calleja era mutilado de guerra, su sentencia fue conmutada por la de cadena perpetua. Junto con los otros cinco encarcelados, fue posteriormente perdonado por un decreto firmado por Franco en 1945. No obstante, la sentencia contra Juan Domínguez fue ratificada.
94.-Cf. D. Ridruejo, Los cuadernos de Rusia, p. 13. Esteban Infantes, op. cit., p. 25, da la cifra de 17.406 voluntarios, aunque no queda claro si ésta incluye los reemplazos y no incluye los aviadores de la Escuadrilla Azul.
95.-Según el panfleto carlista El crimen de la Falange en Begoña, fechado el 17 de agosto de 1942, del que don Miguel Álvarez Bonald prestó amablemente un ejemplar a la autora. Cf. A. Marquina Barrio, «El atenta¬do de Begoña», en Historia 16, n.° 76 (agosto de 1982).
96.-Ibidem. La petición fue hecha por el vicesecretario del partido José Luna. No se sabe si Arrese, secretario general, estaba o no informado de estos movimientos.
97.-David Jato Miranda, entrevista de 7 de julio de 1977. Jato forma¬ba parte del grupo de voluntarios de la División Azul que regresaban y a quienes Domínguez trató de convencer para que lo acompañasen a Begoña.
98.-El crimen de la Falange en Begoña. No se citan ni el origen del segundo automóvil ni los nombres de sus ocupantes.
99.-Ibidem.
100.-Una lista inédita compilada por los carlistas que visitaron los hospitales donde eran asistidos los heridos y proporcionada a la autora por don Miguel Álvarez Bonald, da los nombres de 117 personas, de las que dos murieron posteriormente a consecuencia de las lesiones.
101.-Esta es la versión carlista. La versión falangista, según la conta¬ron a la autora los falangistas Perales y Jato, sostiene que los falangistas fueron detenidos cuando iban a denunciar a los carlistas a la policía.
102.- David Jato, entrevista de 7 de julio de 1977; L. López Rodó, La larga marcha hacia la monarquía, Noguer, Barcelona, 1977, pp. 29 y 503-505.
103.- La octavilla carlista ya ha sido mencionada. La réplica falangista al parecer estaba fechada el 18 de agosto de 1942 y fue redactada por un funcionario del SEU. La autora de estas líneas no ha conseguido encontrar ningún detalle de su texto.
104.- Boletín Oficial del Estado (26-XI-1945)."
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June 13th, 2010, 7:14 pm #5

SHEELACH ELLWOOD
Historia de la Falange Española


"En parte como rebelión contra la forma en que se había utilizado a la Falange representada por los voluntarios de la División Azul, un grupo de falangistas protagonizó un incidente acaecido en el País Vasco en el verano de 1942. El asunto, en el que estuvieron implicados varios voluntarios repatriados de la División Azul, tenía visos de provocar una gran crisis política. No obstante, el Generalísimo capeó el temporal con su habitual mezcla de hermetismo y autoritarismo. A todo lo largo de su evolución, la Falange presenta una notable incapacidad para aprender de su propia historia; la crisis de 1942 fue otra de las ocasiones en que el purismo falangista fue traicionado por el realismo falangista y donde se demostró que algunos de los líderes falangistas no habían aprendido nada de la suerte corrida por José Antonio Primo de Rivera, por Manuel Hedilla o por Salvador Merino.
El 16 de agosto de 1942 iba a celebrarse una misa solemne en la basílica de la Virgen de Begoña, cerca de Bilbao, por el alma de los soldados carlistas del tercio de Nuestra Señora de Begoña muertos en la guerra civil. Los carlistas ya habían organizado, el 25 de julio de 1942, una misa en la iglesia de San Vicente Mártir, de Abando (Bilbao), por el alma de «los Reyes de la Dinastía Legítima y todos los carlistas y requetés vizcaínos muertos en la cruzada». A la misa siguió una manifestación por las calles de Bilbao. Este acontecimiento, al igual que otras conmemoraciones similares en Moneada, Montserrat, Poblet y Valladolid, fue silenciado por la prensa. A la vista de su potencial magnitud y popularidad, en principio se consideró aconsejable anular la misa de Begoña. No obstante, no se procedió a su cancelación, y el jefe local de la Vieja Guardia de la Falange de Vizcaya, Maíz, preocupado por la probabilidad de una numerosa asistencia carlista, solicitó que se enviaran refuerzos falangistas de Valladolid, Santander y Vitoria.
El 15 de agosto de 1942 salió de la sede provincial del partido en Valladolid un automóvil oficial ocupado por el jefe provincial del SEU de Vizcaya, Eduardo Berástegui Guerenliain, y por el falangista Hernando Calleja García. Se dirigieron a San Sebastián, donde recogieron a su camarada de Falange Juan Domínguez Muñoz, siguiendo el grupo a Bilbao, donde pasaron la noche. Al día siguiente, acompañados por un segundo automóvil del partido, salieron hacia Begoña y, al llegar a la iglesia, esperaron a un lado, «prevaliéndose de las insignias y uniformes oficiales que ostentaban ... acompañados de otros tres "camaradas", bajo la protección de un grupo de guardias que en aquel lugar se encontraban». En el interior de la basílica ya se estaba celebrando la misa, presidida por el ministro del Ejército, Enrique Varela. Al salir los carlistas de la iglesia, una vez terminado el oficio, uno de los falangistas lanzó una pequeña bomba, que dio contra el pórtico pero no estalló. Luego se lanzó entre la multitud que había en el exterior una granada, la cual, aunque fue echada a un lado al caer, hirió a más de cien personas. Los presentes, en su mayoría carlistas, hubieran linchado a los falangistas, a no ser por la intervención de la policía, que protegió a Domínguez y sus camaradas de la furiosa multitud, los metió en los coches oficiales en que habían llegado y se los llevó, aparentemente detenidos.
Franco fue informado del incidente por el secretario del partido, Arrese, que se encontraba con el Caudillo en la residencia de verano de éste en Galicia. Franco concluyó que lo sucedido había sido la reacción de unos falangistas que casualmente se hallaban en el lugar ante los gritos subversivos y antifranquistas de los carlistas. Su inclinación inicial hacia la inacción era típica de su táctica de «esperar acontecimientos» y, a la vez, de su capacidad para controlar la situación, dejando que los posibles brotes de oposición se agotasen solos en escaramuzas entre sí. No obstante, en conversación personal con Franco el 24 de agosto, el general Varela negó esta versión, sosteniendo que el incidente había sido un atentado contra su vida. En los círculos oficiales, el asunto se silenció. En su edición del 19 de agosto, Arriba se limitó a señalar que el 16 de agosto, con asistencia de más de 5.000 personas, se celebró «una misa por los 136 caídos del Tercio de Nuestra Señora de Begoña. Presidieron el ministro del Ejército y el subsecretario de Gobernación». Ni siquiera había lugar a leer entre líneas en esta hermética información y sólo retrospectivamente puede darse alguna significación particular al discurso pronunciado por Franco en La Coruña el 25 de agosto de 1942 y al editorial de Arriba del día siguiente, en los que se pone un especial énfasis en la importancia de la unidad entre la Falange y el ejército. No obstante, ni los carlistas ni los falangistas estaban dispuestos a permitir que se enterrara la cuestión bajo la losa del silencio oficial. Los dos partidos lanzaron sendas octavillas enardecidas, cada uno denunciando al otro. Diez carlistas dimitieron de sus cargos en el Movimiento y, sin conocimiento de Franco,Varela y el ministro de la Gobernación Valentín Galarza, enviaron notas a todas las capitanías generales presentando el incidente como un ataque a la institución militar.
Franco podía esperar a que sus colaboradores mostrasen qué cartas políticas tenían en la mano, pero no era en absoluto hombre que tolerase ninguna forma de indisciplina dentro de sus filas, y menos cuando podía derivar hacia una crisis importante. Ya se había castigado de modo ejemplar a Hedilla y a Merino, y ahora se procedió de la misma manera contra los responsables del incidente de Begoña. La dureza del castigo impuesto a los falangistas, mientras se hacía caso omiso de la participación de los carlistas en el enfrentamiento, señala que, aun cuando hubiera sido absorbida en el Movimiento, Franco seguía reconociendo a la Falange una potencial capacidad de quebrar el delicado equilibrio del castillo de naipes que era su régimen. Juan Domínguez Muñoz y seis camaradas falangistas fueron llevados ante un consejo de guerra en Bilbao. Domínguez y Hernando Calleja fueron condenados a muerte. Jorge Hernández Bravo, Luis Lorenzo Salgado, Eduardo Berástegui Guerenliain, Virgilio Hernández Rivadulla y Eugenio Moretón Soriano recibieron penas de prisión. Debido a que Calleja era mutilado de guerra, su sentencia fue conmutada por la de cadena perpetua. Junto con los otros cinco encarcelados, fue posteriormente perdonado por un decreto firmado por Franco en 1945. No obstante, la sentencia contra Juan Domínguez fue ratificada.
94.-Cf. D. Ridruejo, Los cuadernos de Rusia, p. 13. Esteban Infantes, op. cit., p. 25, da la cifra de 17.406 voluntarios, aunque no queda claro si ésta incluye los reemplazos y no incluye los aviadores de la Escuadrilla Azul.
95.-Según el panfleto carlista El crimen de la Falange en Begoña, fechado el 17 de agosto de 1942, del que don Miguel Álvarez Bonald prestó amablemente un ejemplar a la autora. Cf. A. Marquina Barrio, «El atenta¬do de Begoña», en Historia 16, n.° 76 (agosto de 1982).
96.-Ibidem. La petición fue hecha por el vicesecretario del partido José Luna. No se sabe si Arrese, secretario general, estaba o no informado de estos movimientos.
97.-David Jato Miranda, entrevista de 7 de julio de 1977. Jato forma¬ba parte del grupo de voluntarios de la División Azul que regresaban y a quienes Domínguez trató de convencer para que lo acompañasen a Begoña.
98.-El crimen de la Falange en Begoña. No se citan ni el origen del segundo automóvil ni los nombres de sus ocupantes.
99.-Ibidem.
100.-Una lista inédita compilada por los carlistas que visitaron los hospitales donde eran asistidos los heridos y proporcionada a la autora por don Miguel Álvarez Bonald, da los nombres de 117 personas, de las que dos murieron posteriormente a consecuencia de las lesiones.
101.-Esta es la versión carlista. La versión falangista, según la conta¬ron a la autora los falangistas Perales y Jato, sostiene que los falangistas fueron detenidos cuando iban a denunciar a los carlistas a la policía.
102.- David Jato, entrevista de 7 de julio de 1977; L. López Rodó, La larga marcha hacia la monarquía, Noguer, Barcelona, 1977, pp. 29 y 503-505.
103.- La octavilla carlista ya ha sido mencionada. La réplica falangista al parecer estaba fechada el 18 de agosto de 1942 y fue redactada por un funcionario del SEU. La autora de estas líneas no ha conseguido encontrar ningún detalle de su texto.
104.- Boletín Oficial del Estado (26-XI-1945)."
Hace tiempo que avise de que había encontrado esto y que me ponía a localizarlo. No he dejado de intentarlo y no voy a hacerlo, pero agradecería que si alguien puede lo intente tambien, a ver si tenemos mas suerte. Pienso que sería interesante recuperarlo. Tambien estoy buscando lo que se recuperó de la película-Pour Don Carlos- y tambien pido ayuda a quien pueda darla.

http://ccec.revues.org/index2703.html
2 Entrevista de Rafael R. Tranche y Vicente Sánchez-Biosca con Alberto Reig Gozalbes, 22-X-1992.
Nº 9
Entre los primeros artífices de NO-DO, una leyenda respecto a los orígenes del noticiario circuló con gran poder de convicción: los llamados sucesos de Begoña de agosto de 1942. Se refieren éstos al atentado perpetrado por un comando falangista en la basílica de la Virgen de Begoña, cercana a Bilbao, con motivo de la conmemoración carlista del 16 de agosto que estuvo a punto de costar la vida al ministro del Ejército, general Varela, hostil a la Falange. El clímax de enfrentamientos entre las familias del régimen fue resuelto por Franco de modo expeditivo, pero también equilibrado, obteniendo un doble beneficio para sí y para su causa: aceptó la dimisión de Varela y cesó a Galarza, por el lado de las simpatías tradicionalistas, pero también defenestró, en compensación, al cada vez más molesto Serrano Suñer de su cartera de Asuntos Exteriores, que pasó a manos (sintomáticamente) del anglófilo Jordana, así como de presidente de la Junta Política de Falange, que acabó en sus propias manos (las de Franco) y para siempre. Lo relevante en esa certeza compartida por quienes lo vivieron (Alberto Reig, primer subdirector del organismo NO-DO, fue quien más y mejor lo argumentaba)2 fue que el incidente había sido filmado por las cámaras de Actualidades Ufa y el Estado se enfrentó a su dirección cuanto trató de conseguirlas para el noticiario Fox. Esta tesitura reveló la urgente necesidad por parte del Estado de disponer en exclusividad de las imágenes documentales para gestionar su difusión sin cortapisas ni hipotecas. La ficción, por el contrario, bien podía quedar en manos privadas, eso sí, ejerciendo sobre ellas una censura muy rigurosa. Esta leyenda apunta al núcleo de lo que se jugaba en esa coyuntura, aun si la realidad es mucho más compleja.
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C.
C.

June 13th, 2010, 8:16 pm #6

Solo se conserva una parte de la pelicula y esta depositada en la Filmhoteque National Française. Fué lo mas relevante de lo exhibido en la exposición celebrada en el 2006 en Donostia ("A mes amis de la Frontiére") referida al refugio y ayuda a los carlistas en la Euskalherria ultrapirenaica antes, durante y despues de la 3ª guerra.
Según se informaba a cuantos preguntaban por la posibilidad de obtener una copia de aquella excepcional pelicula (excepcional por la autenticidad etnográfica de "extras" y de localización de exteriores y caserios) era imposible lograrlo porque la filmoteca lo tenía expresamente prohibido.
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Caradeplata
Caradeplata

June 13th, 2010, 8:57 pm #7


las peliculas, la de guardar los tesoros sin que los vea nadie salvo en ocasiones excepcionales dictadas por los mandarines culturales? Me hace gracia que pese al desastre del Mausoleo por lo menos y con la intencion torcida, el silencio de unos, y ya veremos si lo de la Guia de "Lo que dice el Carlismo sobre el Museo" puesta en Internet se hace o no, porque la idea ya echa a andar, el caso es que como decia por lo mernos lo que hay aunque sea en las condiciones que hay, se puede ver, pero del Patrimonio Documental del Partido entregado a un Gobierno no se ha vuelto a ver ni saber. O sea, como la Filmoteca de marras.

Yo siempre estoy lamentando que con la gran cantidad de testimonios graficos y videos, y libros, e ilustraciones y periodicos y... como estan en manos de nuestros eximios coleccionistas, sean tan magras, parece que en esto los tradicionalistas hacen mucho mas en su direccion, como las nuestras de lo nuestro. Ya se, ya viene el pesimista...a decir las verdades, no ya por lo que pudiera hacerse individualmente sino siquiera por organizar algo en ese sentido. Pero son mas importantes otras cosas... Yo no puedo hacerlo, he perdido dos veces mis colecciones. Pero otros ni se lo plantean, espero que se cumpla la maldicion de wque se lo lleven los anticuarios para disfrute de otros que lo merezcan mas aunque no sean carlistas, o las librerias de viejo donde otros coleccionistas seguiran rastreando. Baroja lo hacia bajo los puentes del Sena, de alli salieron las "Memorias de un hombre de accion" sobre Eugenio de Aviraneta que me dispongo esta vez completas a leer ahora. Por lo menos Baroja aprovecho los materiales para escribir, otros no.
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