TERCIOPELO AZUL.- Capítulo final.

TERCIOPELO AZUL.- Capítulo final.

Calipso
Calipso

July 31st, 2004, 4:12 pm #1


- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





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Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






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A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
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REGINA
REGINA

July 31st, 2004, 4:41 pm #2

tengo que agradecerte, por
este tierno final
por las buenas intensiones
y por pensar en nosotras a pesar que te vas de vacaciones.
Gracias, muchos besos y hasta la proxima historia y/o mensajito.
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Gala
Gala

July 31st, 2004, 4:42 pm #3

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





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Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






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A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






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- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






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Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






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Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






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A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







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Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





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Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
ay como te extrañaremos! pero tu disfruta y escribe mucho que aquí te estaremos esperando . Besotes
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Beitapie
Beitapie

July 31st, 2004, 5:11 pm #4

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





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Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
ES CIERTO, QUE PARA ESTA HISTORIA TUVE MUCHISIMAS COMPLICACINES PARA SEGUIRLA, AHROA ENTRE UN RATICO Y VI QUE YA LA TERMINABAS Y DECIDI PONERME AL DÍA Y DEJARTE UN MENSAJITO A TIEMPO.

ME HA GUSTADO MUCHO, EN SERIO ¿DE DONDE SACAS TANTA IMAGINACIÓN E INSPIRACIÓN? POR QUE A MI ME TIENE COMPLETAMENTE ABANDONADA E IMAGINO QUE HASTA QUE NO VUELVA DE VACACIONES NO REGRESARÁ CONMIGO....


ASI QUE GIJON EH??? PUES LO MISMO NOS VEMOS, YO TB ME VOY A ASTURIAS Y SEGURO QUE VOY PARA LA FIESTA DEL 15 DE AGOSTO, VAMOS VOY SIEMPRE... MUCHO SE TIENEN QUE CRUZAR LAS COSAS, UN CONSEJO POR SI NO HAS IDO ANTES... NO TE PIERDAS LOS FUEGOS ARTIFICIALES DE LA PLAYA... SON ALUCINANTES. DIVIERTETE Y YA ME CONTARÁS.


BESOS

BEA
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Sara G.
Sara G.

July 31st, 2004, 5:29 pm #5

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





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Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






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A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






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- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






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Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






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Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






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A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







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Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





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Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
lástima que se acaben tan pronto.
Espero que tengas unas felices vacaciones y disfrutes en esa ciudad tan estupenda que es Gijón.
¡Hasta la vuelta!
Besos.
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Sandra
Sandra

July 31st, 2004, 7:21 pm #6

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
Estuvo divino como siempre!! La familia juntica como debe ser.

Te deseo de corazon que disfrutes tus vacaciones asturianas, yo andaré cerquita, ojojjo en tierras gallegas.

BESOTES Y HASTA SEPTIEMBRE!!
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eternidad
eternidad

July 31st, 2004, 7:27 pm #7

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





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Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






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A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






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- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






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Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






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Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






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A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







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Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





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Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
su final ha sido tienro, dulce,emocionante y maravilloso. Todo lo que cabia esperar de tí . Te espero pronto con otra histoira, ok?. Besazos, guapa. Ciao.
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Cata
Cata

July 31st, 2004, 7:46 pm #8

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
el final y toda la historia. ¡Qué pases unas buenas vacaciones, Calipso! Y esperamos otra historia a tu regreso que ya sabemos que el verano te inspira mucho.

Miles de besitos, guapa.
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Fanarg
Fanarg

July 31st, 2004, 7:58 pm #9

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





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Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






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A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






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- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






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Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






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Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






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A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&






Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





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Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
.... Sino toda la historia. Te deseo unas felices vacaciones, y que vuelvas con energías para "trabajar" en una nueva historia.
Ya que hablas de estaciones, te comento que en Argentina estamos en pleno invierno,no nos vendría nada mal que nos envíes un poquito de calor.
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Mar (mex)
Mar (mex)

July 31st, 2004, 8:22 pm #10

- Claro que me atrevo. Te amo tanto que a veces me duele respirar, y te diré una cosa: vamos a volver a vivir juntos, y será para SIEMPRE. Jamás volveremos a consentir que nada ni nadie nos separe. Lo sabes, ah?

- Lo sé. Pero por qué lo dices como una amenaza?

- Porque lo es. - Afirma Betty mirándole a los ojos. - Ya no te librarás de mí. Y ahora… no te distraigas y sigue con lo que estabas haciendo, amor.

- Vas a ver que soy muy aplicado.

Armando ríe sordamente, y muy satisfecho la estrecha y continúa por donde lo dejó.





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Capítulo XXXII.- Contigo, cualquier minuto es para celebrar...



Mucho después, estando todavía abrazados y unidos, empieza a sonar el celular de Betty que está en la mesilla.

Armando va a retirarse, pero la oye susurrarle al oído mientras alcanza el teléfono:

- Quédate donde estás, por favor…

- Key, picarona. - Contesta sonriente.

- Aló?

- Mami, ya he venido del cole.

- Hola, mi niña, cómo estás?

- Dice la abuela que ya podemos hablar porque papá te ha llevado el celular.

- Eh… Ah, sí ya me lo trajo. - Comprende que esa es la excusa que dieron a la niña para explicar por qué no podían hablar con ella. - Ya podemos charlar siempre que queramos. Y tú, has jugado mucho?

- Sí, con los abuelos y con Teresa, pero quiero que vengáis…

- Sí, cielo. Papá y yo vamos a comprar los pasajes de avión para regresar prontico a casa. Te provoca?

- Bien! Y me vais a traer un regalo?

Armando que la oye, sugiere:

- Dile que sí. Un hermanito. - Y se mueve un poco.

- Tan bobo! - Dice tapando el auricular. - Cómo le voy a decir eso a la niña? Tú estás pasado de revoluciones. - Destapa. - Laura, vamos a llevarte el regalo más bonito de todo Madrid. Pero ahora... cuéntame qué has hecho en el cole.

- He aprendido muchas cosas que explica la profe, y he jugado mucho con mis amigos... ah! Y también me llevó la abuelita al cumple de Valentina...

- Me alegro mucho, cielo! Te llamamos luego, después de tu cena. Un beso muy fuerte y ahora te paso a papá.

- No tengo manos libres. - Susurra. - Sujétamelo tú!

Betty le lanza una mirada cómplice, y él sonríe marcando hoyuelos y encogiéndose de hombros.

Habla con su hija, y cuando se despide la promete llamarla tan pronto tengan los pasajes para decirla cuando vuelven.






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A la mañana siguiente se acercan a la O.N.G. porque Betty quiere agradecerles a todos su apoyo y acogida, y asimismo les promete mandarles ayuda desde Colombia.

Luego se despiden y le lleva hasta la iglesia en la que entró tan abatida y salió tan esperanzada.

Entran, se arrodillan en la capilla donde ella se refugió la otra vez, y después de rezar unos minutos agradeciendo en silencio, van a la sacristía.

Allí encuentran al párroco y Betty les presenta.

- Padre, éste es mi marido. Averiguó donde estaba y ha venido a buscarme.

- Me alegro mucho de conocerle. - Estrecha la mano que Armando le ofrece. - Y ya habéis hablado? Sabéis qué vais a hacer?

- Regresar a casa con nuestra hija. A Bogotá. - Responde Betty.

- Sí, juntos para siempre. - Concluye Armando pasándola un brazo por los hombros.

El cura asiente sonriendo, siguen hablando un rato con él contándole algunos detalles de su complicada relación, le agradecen el sabio y prudente consejo que dio a Betty, así como la información sobre la O.N.G., y luego se despiden quedando los tres muy satisfechos.






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- Ya que todo está en orden… podemos tomarnos una semanita de vacaciones, sí? - Propone Armando. - Así hacemos turismo y nos reponemos del estrés de los últimos días…

- Yo estoy deseando ver a Laura y estar con ella, pero sé que está bien acompañada y comprendo que necesitamos tomarnos un corto tiempo de relax. Key!

Se besan, y caminan buscando una agencia de viajes hasta que la encuentran. Entonces entran y sacan los pasajes de vuelta para el siguiente viernes.






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Dedican la semana para conocer Madrid: el moderno, el llamado “de los Austrias”, los museos: El Prado, el Reina Sofía, el Thyssen; el Palacio de Oriente, los parques, los monumentos, las avenidas, “musho Madriz”... y también visitan algunas localidades cercanas con un importante patrimonio histórico y cultural: Toledo, Ávila, Segovia…

La semana transcurre en un suspiro por las visitas turísticas que hacen, y por la seguridad que tiene cada uno en que el amor del otro es desmesurado, y para siempre.

El vuelo de vuelta no tiene comparación posible con el de ida de ninguno de los dos. La angustia y el dolor del primero se han transformado en bienestar y felicidad por la compañía del otro.

Toman la comida que les sirven las azafatas y luego dormitan tomados de la mano.






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Aterrizan en El Dorado al atardecer, recogen el equipaje y pasan la aduana. A continuación salen a la terminal tirando de sus maletas.

- Mami! Papi!

Una feliz, sonriente e impaciente Laura se precipita veloz hacia los dos, que la abrazan y besan tan entusiasmados como ella.

- Qué ganas tenía de verte, mi niña! - Exclama Betty estrujándola.

- A mis brazos, princesita! - La invita Armando aupándola.

- Vais a hacer más viajes?

- Sí, pero juntitos los tres. Ya no me voy sola nunca más. - Asegura Betty.

- Yo también voy a ir? - Pregunta ilusionada. – Porque así sí quiero! Y mi regalo?

- Yo me he esforzado mucho, hija… pero aún es pronto para saber…

Se gana un codazo de Betty y una mirada…

- Mujer, si no he dicho…

- Has dicho “esforzado”. Acaso te has sacrificado?

- Ja, ja, ja! - Comprende que ella bromea, pero Laura no.

- Te ha costado mucha plata, papi? Por eso te has tenido que esforzar para comprármelo?

- Oh, no cariño, lo dije en broma. Vamos con los abuelos.

Doña Margarita da un fuerte, largo y sentido abrazo a Betty.

- Hija, cómo me alegro de tenerte de nuevo con nosotros…

- Yo también, Margarita. Me siento muy feliz de estar con mi familia.

Cuando se separan le toca el turno a don Roberto, que igualmente la abraza.

- Betty, bienvenida a casa. Te hemos echado mucho de menos.

- Gracias, Roberto, pero ahora ya está todo perfecto.

Echan a andar hacia el aparcamiento donde les espera el chófer con el coche. Laura sigue en los brazos de su padre, y le abraza y besa la mejilla mimosa.

- Papi, hoy quiero dormir con vosotros. Sí? - Pone carita con hoyuelos y mañas heredadas de él.

- No sé qué dirá mamá. Tendrás que preguntarle. - La contesta al oído percibiendo el aroma de la colonia infantil.

- Luego se lo digo, en casa. Pero tú me ayudas! - Le dice poniendo su manita regordeta con el dedo índice estirado ante los ojos de Armando.

- Key! Key! - Asiente divertido.

Llegan todos al auto, saludan al conductor y se suben. Betty les pregunta:

- Y ahora nos vais a decir qué estáis tramando?

La pequeña conspiradora mira a su padre, le pone una mano tapándole la boca y ríe al saberse descubierta.

Armando la hace un gesto para que hable, y ella se decide.

- Que quiero dormir con vosotros. - Confiesa entre risas.

Betty mira a Armando pidiendo parecer, y él se encoge de hombros sonriente.

- Vale, pero sólo hoy, ah? – Cede sabiendo que la niña necesita sentirles cerca porque les ha extrañado mucho.

- Bien! - Laura se sienta sobre su mami y la dedica ahora los mimos.






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A la mañana siguiente, Betty llama a su padre.

- Quiero comunicarte que he regresado a casa con mi familia. Que somos un matrimonio unido y feliz, y tenemos la más firme decisión de seguir siéndolo, de modo que…

Se sorprende al escuchar a un don Hermes que la interrumpe, y mansamente la asegura:

- Betty, m´hija. No tenga ninguna preocupación, porque yo no voy a volver a decirle lo que tiene o no que hacer. Además, cuando estaba en España y no daba señales de vida, su marido estaba más angustiado que yo. Ahora reconozco que yo estaba equivocado y que él la ama mucho… profundamente! - Hace una pausa y se despide. - La deseo que sea muy feliz, hija. Adiós.

- Adiós, papá.

Betty decide observar si su padre cumple su palabra de no entrometerse en sus vidas y, si es así, retomará la relación con él, aunque sin la menor prisa. Y únicamente porque la apena saberle tan solo.







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Un par de semanas después, Betty empieza a notar ciertos síntomas inequívocos. Lo confirma con un test y como la primera vez, prepara una velada especial.

Laura se duerme a la hora habitual y les deja el terreno despejado.

Entonces Betty comprueba que Armando está en el estudio leyendo y oyendo música con los cascos puestos, así que aprovecha y entra a la cocina.

Saca del frigorífico las bandejas y fuentes que Teresa ha dejado preparadas y las va disponiendo sobre la mesa del comedor, donde ya había extendido el mantel y colocados los platos, cubiertos y copas.

Coloca en el centro una vela pero no la enciende de momento. Se separa, observa el efecto y como la satisface, regresa a la cocina a por la botella de vino que dejó sobre la encimera.

Por último comprueba que el postre y el cava están dispuestos y refrigerados.

Ya con todo listo, sube a la habitación y se da una ducha rápida, se salpica un poco del perfume que la regaló Armando detrás de las orejas y en algún otro lugar estratégico, y se pone un vestido muy sugerente que ha comprado para la ocasión, y parece una segunda piel.

Baja al estudio, pero Armando sigue ensimismado en su libro y su música, así que no la queda otra que llamar su atención.

Hace una bolita con un papel y se la tira a la cabeza. Él levanta la vista y al contemplarla se queda con la boca abierta y cara de bobo. Bello, pero bobo.

- Cierra la boca, mi amor…

- Sí! Y el libro… y apago la música… - Dice reaccionando con rapidez y llegando hasta ella. - Qué desea mi sirena favorita?

- Sirena?

- Seductora, tentadora, hechicera… como Circe y las sirenas de La Odisea que atraían con sus cantos a los marinos como Ulises hacia su perdición.

- Pues, ven Ulises mío, y no a la perdición sino a celebrar.

- Celebraremos todo lo que tú quieras. - La abraza y hunde la cabeza en el hueco del cuello. - Mmm… el perfume que me huele tan bien en ti. A ver? - Aplica la nariz al escote. - Yo también quiero celebrar, sí!

- Vamos a cenar primero. - Le tira de una mano.

- Y por qué no “celebramos” antes? - Pregunta con un guiño y una sonrisa.

- Porque la cena forma parte de la celebración. Buena se pondría Teresa si no hacemos los honores a los platos que nos preparó!

- Bueeeno… - Se deja guiar al comedor.

Cuando terminan, llevan a la cocina todo lo que utilizaron, y Betty guarda en el frigorífico lo que ha sobrado.

Después comprueban que está bien cerrada la puerta y conectada la alarma, y se retiran apagando las luces según suben la escalera haciéndose carantoñas.

Armando se asoma al dormitorio de Laura para cerciorarse de que sigue dormida y tapada, y entra a su habitación siguiéndola.

Se dedican a desvestirse uno a otro con la mayor lentitud, sembrando suaves y pequeños besos por toda la piel que va quedando descubierta, y finalmente se dejan caer sobre la cama.

- No vas a preguntar qué celebramos?

- Qué más da, si cualquier minuto contigo es para conmemorar.

- Oj! Oj! Oj! Qué adulador! No, Armando, cosquillas no!

- Dime… - Besos, caricias, ternura… - …qué celebramos?

- Pues… mira debajo de tu almohada…

Él introduce una mano y encuentra un sobre con unos análisis en el interior.

- Vaya! Parece que mis “esfuerzos” en Madrid dieron fruto… - Va a seguir leyendo pero la oye hablar.

- Luego lo leerás. Ahora sigamos…

- Bien pensado. Te gusta, picarona?

- Sí…

- Así que hemos conseguido traerle a Laura el gran regalo que queríamos, ah?

- Ajá! - Con los ojos cerrados.

- Me siento muy feliz por ello. Y Tú?

- También, pero no te distraigas, no sea que tenga que hacerte repetir cien veces…

- Pues, mira que no sé qué hacer porque el castigo me gusta. - La susurra.

Y se dejan envolver en un sueño lleno de aromas, sombras y suspiros.

Flotan bajo el suave tacto de las caricias y los movimientos suaves de sus cuerpos.

La respiración de Betty se vuelve jadeante cuando las manos de él la rozan con dedos de seda, y su cuerpo musculoso y duro la cubre.

No se devoran con avidez, sino que se aman lenta y tiernamente, igual que se extiende un bálsamo.

Llega el primer orgasmo, y Betty exhala un largo gemido arqueando el cuerpo contra el de Armando y le hinca los dedos en la espalda atrayéndolo hacia sí hasta unir sus bocas.

Le oye susurrarla roncamente al oído.

- Esto es diferente, mi amor. Hace tiempo te deseaba… te amaba… pero ahora te adoro, te necesito para respirar… me eres imprescindible para vivir!

Las lágrimas empañan los ojos de Betty, y se siente tan llena de él que sólo puede sollozar su nombre y dejarse llevar.

Mucho después, Armando busca el informe que cayó al suelo y lo relee ilusionado.

- Positivo! Qué alegría, mi amor… Oye, la noche antes de irte me dijiste que estabas de acuerdo en tener un bebé y lo intentamos.

- Sí.

- Por qué, si ya tenías decidido que te ibas a marchar?

- Muy sencillo. Como te iba a dejar a Laura para que no estuvieses solito… yo quería si era posible… llevarme algo de ti para siempre. Creía estar en buen momento para concebir, pero posiblemente con el disgusto se me retrasase la ovulación. El caso es que lo encargamos después, cuando tú llegaste a Madrid.

Quedan abrazados haciendo planes para ellos y sus hijos.

- Ay, mi amor… Más suave y bella que el terciopelo azul…

- Ay, mi amor… - Le imita. - Mi inmigrante colombiano favorito…




FIN





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Bueno, m´hijitas...

Esta historia terminó y espero de corazón que os haya gustado, porque aunque no niego que yo disfruto mucho imaginándolas y escribiéndolas... no os quepa duda de que realmente llegan a escribirse por vosotras, porque las leéis y participáis en ellas con vuestros comentarios y mensajes.

Os deseo un feliz verano... o invierno, según cada cual, y me despido hasta septiembre, pues yo mañana tempranito me voy a disfrutar Gijón (Asturias). Sus playas, su clima, su gastronomía (mmm...), sus fiestas de agosto... toditico lo que pueda.

Tengo la más sana intención de... a la hora de la siesta (que yo no duermo porque me despierto peor que antes de dormir, con el estómago raro, y de muy, pero muy mal humor), preparar alguna nueva historia, así que si prometéis ser juiciositas... “trabajaré” pensando en vosotras. Key???

Muchos besos a todas.
Y lleno de regalitos.. pirncipalmente para Laura y nuestros tortorlitos que si recibieron lo que querian como en Navidad por papa Noe , jeje.. y nosotras tambien el nuestro por la historia tan linda que nos regalaste y la promesa de una nueva que nos robara seguro el corazon!!

Muchisimos besos

Mar
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