SELLADO CON UN BESO. - Capítulo IX

SELLADO CON UN BESO. - Capítulo IX

Calipso
Calipso

October 3rd, 2004, 12:06 pm #1

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





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Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





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En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
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Cata
Cata

October 3rd, 2004, 12:38 pm #2

Me refiero a eso de que no va a haber "malos rollos" entre ellos aunque me da mucha pena que tengan que separarse. ¡Que mala pata lo de la falta de validez del matrimonio! Espero que pase algo que impida que se llegue a casar con Marcela. ¡Seguro que a ti se te ocurre!

Besitos, Calipso.
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Sara G.
Sara G.

October 3rd, 2004, 1:57 pm #3

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





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Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






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Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





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Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





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En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






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Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





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Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






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Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





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Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
tiene que pasar algo ¿qué tal si Armando se enferma? ¿o que fingen un secuestro? Pero no, no deben casarse, eso será un infierno. Veremos también si Betty a la larga se resiente de esa situación.
Besos y que sigas con la historia.
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mari
mari

October 3rd, 2004, 3:36 pm #4

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





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Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






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Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
que mande al carajo a marcela le diga a todos que la empresa es de Betty y que se queden con eco moda y dejen a los valencia sin nada, habra que joerse con la asquerosa marcela de las narices.... es que mija, te juro que no la soporto y no puedo entender como él acepta ese chantaje, ahora toy enfadaaaaaaaaaaaa si puediera pillarla me la cargaba a la muy bruja del demonio... brrrr!!

besotes!!!
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

October 3rd, 2004, 4:17 pm #5

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






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Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





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Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






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Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





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Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
Que lo mande todo al carajo, la innombrable la primera. Y de paso que le compre a su mamá y a la bicho de Marce, unos libricos de esos para desasrrollar la comprensión, porque ya se pasan de tontas.
A pesar de los disgustos, nos gustó mucho el capi y esperamos que se te ocurra algo, para no tener que separarlos. Besos
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ainara
ainara

October 3rd, 2004, 4:21 pm #6

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





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Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





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Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






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Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
pero yo creo que Armando con este paso demuestra cual es su verdadera prioridad, ECOMODA; Betty parece que es algo secundario así que si yo fuera Betty le mandaba a tomar por.................. que se quede con su agradable familia que le quiere mucho y le respeta en sus decisiones y con su empresita adorada.

Un beso y me encanta tu historia por el siguiente rapidito que esta que arde
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mcarmenb
mcarmenb

October 3rd, 2004, 4:42 pm #7

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
encontrar algo para no dejar que armando se tenga que casar, y si el juzgado se equivoca? .
saludos
mcarmenb
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Sandra
Sandra

October 3rd, 2004, 5:57 pm #8

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





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Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





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En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





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Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






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Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
me los reconcilias, me los casas, viven juntos y felices... Y AHORA ESTO??!! NI HABLAR!! que Betty le pegue un tiro a Marcela, que secuestren a Daniel... LO QUE SEA!! PERO ESTOS DOS NO SE CASAN NI DE COÑA!! Y Betty se lo toma asi? tan friamente.. y aunke esta destrozada... haz algo mija!!! que no se casen!!

BESOTES
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eternidad
eternidad

October 3rd, 2004, 6:17 pm #9

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





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Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






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Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





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Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






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Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





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Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
tiene que haber un modo!. como asi que ese matrimonio no es válido, no lo entiendo. Algo debe haber ahí para anular el posible matrimonio entre armando y la arpia, lo debes anular como sea...pero ya. A mi me sigue interesando la historia...pero de veras...no puedes dejar que la vibora esa...que tan mal nos cae, se salga con la suya. Un besazo.
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Manoli
Manoli

October 3rd, 2004, 6:18 pm #10

Betty saborea los labios suaves, pero firmes de Armando, su pecho varonil, siente los fuertes músculos bajo sus manos... percibe esa sed que tiene de ella, y todo él la excita.

Ha llegado el momento y se coloca permitiéndole entrar en ella con la mayor naturalidad, y entonces nuevamente los dos se convierten en el epicentro de una enorme explosión de fuegos artificiales.





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Capítulo IX.- Betty, la odio!




Pasan dos meses y son los más felices de sus vidas.

En la empresa aparentan seguir siendo perfectos colaboradores, y no les cuesta mucho porque efectivamente se entienden a la perfección en público... y sobre todo en privado.

Armando pone en marcha las franquicias, Betty convence a Hugo para que diseñe ropa elegante dedicada a la mujer media, trabajan muchas horas cada día y empiezan a ver como Ecomoda va remontando lentamente.






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Una tarde que Betty ha regresado sola a casa, oye abrirse la puerta y sale de la cocina a recibirle con las manos y la cara enharinadas porque se ha puesto a hacer un dulce.

- Armando, mi amor, ya llegaste?

Se queda helada al entrar al salón y encontrarse, también sorprendidísima, a Marcela.

- Beatriz! Qué hace usted acá?

- Pues ya ve... un bizcocho... –No sabe qué decir.

- No se haga la chistosa, y diga qué hace en el apartamento de mi prometido?

- Armando no es su prometido desde hace mucho.

- Cómo así? Zapa! Garfio! Fuera de aquí ahora mismo!

- No.

- Me desafía? Voy a sacarla trapeando el piso con usted. Desvergonzada! Vagabunda!

- Armando no es nada suyo. –Dice seria.

- No le llame Armando, descarada. Para usted es don Armando o doctor Mendoza. Y si no es nada mío... a ver, dígame de quien es.

- MÍO! –Estalla sin control agobiada por el asedio.- Es mi marido!

Inmediatamente comprende el error. Se ha ido de la lengua.

Marcela ha quedado paralizada por la sorpresa, y en ese profundo silencio las dos oyen perfectamente la voz de Armando.

- Betty, mi amor, he recibido un telegrama del juzgado de Cartagena. –Entra al salón contrariado y la besa sin ver a Marcela que queda a su espalda.- Dice que nuestro matrimonio no es válido por causa de unos problemas burocráticos, y que para estar legalmente casados, debemos repetir el trámite en otro juzgado cualquiera.

Betty le hace señas con los ojos, y entonces él se gira y ve a Marcela, que ya se ha repuesto de la sorpresa y está procesando la información que primero Betty, y luego Armando la acaban de facilitar.

- Marcela, tú acá?

- Puesto que acabo de escuchar que vuelves a estar en el mercado... –Entorna los ojos y añade malévola.- ...serás de nuevo mi prometido.

- Olvídame! –La dice con hastío y pregunta temeroso.- Betty, te ha faltado o hecho algo?

- Echarme, y amenazarme con que si no me iba, trapearía el piso conmigo.

- Tú estás mal de la cabeza, Marcela. Quién eres tú para decir quien puede estar o no en MI casa?

- Tu prometida, cielo. La de siempre... y después del breve paréntesis de ese fugaz y desafortunado matrimonio, vuelvo a serlo. Pero ahora por poco tiempo, pues me voy a encargar de que la boda se celebre cuanto antes.

- Amo a Betty, no a ti. Y diga lo que diga el telegrama, ella es MI MUJER. Volveremos a casarnos.

- Hablaré con Margarita y con mi hermano hoy mismo. –Se gira sin escucharle y sale con una diabólica sonrisa en su cara.

Betty le abraza.

- Amor mío...

- Ay, Betty. NO LA VI!!! Maldita sea Marcela Valencia!!! Mañana empezará de nuevo el bombardeo de mi madre para que fije la fecha de mi boda con ella. Pero no te preocupes porque me negaré rotundamente. Ahora que sé lo que es estar casado contigo, no lo cambio por nada del mundo.

- Pero lo peor es Daniel Valencia con su sempiterna amenaza...





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Como Armando vaticinaba, a media mañana la reina Margarita hace su entrada en el despacho de presidencia.

- Armando, hijo...

Y enumera la cantidad de razones que aconsejan, y ventajas que acarreará el matrimonio de una Valencia y un Mendoza para las familias y la empresa. Por último le recuerda el gran amor que Marcelita le profesa.

- Bueno, mamá. Ya te he oído, y ahora vas a tomarte un tiempito para escucharme tú a mí, sí?

- Y qué me dijo Marcela? –Ni le oye.- Yo creo que entendió mal la pobre... estaba tan nerviosa... me dijo que tú habías contraído un matrimonio que al fin resultó nulo con... tu asistente, esa muchacha que era tan feíta... Pudo decirme eso?

- Es cierto mamá, y NO era feíta. Amo a Betty y nos casamos hace unos dos meses, pero parece ser que ha habido algún error burocrático y no es válido, así que deberemos repetirlo.

- NI MODO! Hace dos meses tuviste una temporada horrible. Estabas desquiciado y claro, en un impulso te casaste con cualquiera. Menos mal que el problema se resolvió solo con esa anulación! Piensa ahora en todo lo que te he dicho, y mañana o pasado le dices a Marcela la fecha que te viene bien para vuestro matrimonio. Así ella y yo podremos empezar a llamar y reservar.

- Mamá, para eso no me viene bien ninguna fecha, y vale por hoy! –Se siente agotado y cierra los ojos.

- Ay, Armando, estás intratable! Mañana te llamo, adiós.

Y la insensible y sorda señora sale camino del despacho de su adorada hija adoptiva.

Betty, que desde el hueco ha oído todo, se asoma y al verle solo avanza hasta la mesa y se sienta en uno de los sillones de delante. Se miran y se entienden.

- No escucha, Betty.





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En vista de que dos días después, Armando no ha contestado satisfactoriamente a su madre ni a Marcela, llega Daniel para aplicarle el quinto grado.

- Bueno, Mendoza, acá vengo con el hacha de guerra recién desenterrada, para exigirte que cumplas la palabra de matrimonio dada hace tiempo a mi hermana. Sólo te haré saber que tengo un comprador potencial muy interesado en mis acciones. Y es tan estricto y puntilloso que si se las vendo… me vais a añorar. –Lo dice con ácida sonrisa y suficiencia en la mirada.- Tienes veinticuatro horas para llamar a mi hermana. Adiós.

Se levanta y desaparece por la puerta.

Llama a Betty que no se había apercibido de la visita por lo breve que ha sido y por lo bajo que ha hablado el doctor Mortis.

- Amor mío… me voy a tener que casar con Marcela. No me dan la menor alternativa. Acaba de estar acá Daniel, amenazando con un comprador inmediato… y bastante difícil de contentar. Pero es que aunque no fuese así… los dos sabemos cómo está la empresa y no podemos consentir que intente vender, porque no hay nada que vender… Ecomoda en este momento no es más que AIRE.

- Ya sabíamos que había ese riesgo, Armando. No te agobies, y esta noche en casa analizamos todo con serenidad, sí?

Él asiente con tristeza y Betty va hasta su sillón. Le abraza y besa en la frente, y Armando la toma por la cintura y la sienta sobre sí permaneciendo unidos así largo rato.






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Por la noche en casa, se esfuerzan por encontrar alguna solución, algún pequeño resquicio que se les hubiera escapado y al que agarrarse, pero no hay nada que puedan hacer.

Ecomoda no existe, y hasta que no se levante el embargo no pueden permitir que Daniel venda.

- Armando, a mí lo único que se me ocurre es que fijes la fecha para después de lo que nosotros calculamos necesario para recuperar la empresa. Así, dando largas quizá…

- Lo intentaré porque yo tampoco veo otra salida. Mañana hablaré con Marcela y con mi madre. –Dice sin ganas mientras la abraza.

Apenas duermen y pasan la noche desvelados y bien arrunchaditos temiendo que posiblemente se aproxima el final de su historia de amor.





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Llama a doña Margarita y la cita a media mañana en el despacho de Marcela.

- Mamá, la he preguntado cuando podíamos hablar con ella, y me ha dicho que a las once, así que luego nos vemos.

- Bien, hijo. A las once estaré con vosotros.

A esa hora, madre e hijo se encuentran en el lobby y entran juntos a la oficina de la gerente de puntos de venta.

Las dos mujeres se abrazan felices anticipando la claudicación de Armando, y éste se deja caer en una silla.

- Hijo, que contenta estoy de que hayas reconsiderado tu postura tan negativa.

Él la mira entornando los ojos porque quisiera agarrar a las dos por el pescuezo...

Esto no escapa a Marcela que le pregunta empalagosa, disfrutando.

- A ver Armando, qué quieres decirnos?

- Que acepto casarme, pero con algunas condiciones.

Ellas dos se miran entendiéndose.

- Exponlas y veremos...

- Haremos separación de bienes y no quiero un matrimonio religioso.

- Pero, hijo! -Doña Margarita se lleva las manos a la cabeza.

- Key! -Acepta Marcela sin inmutarse.

- Cómo así, hija? -La pregunta asombrada la suegra.

- No importa, Margarita. -Dice con ojos encendidos sin dejar de mirarle. HA ACEPTADO!- Dinos otra condición.

- No quiero el menor lujo, ni boato y sólo asistirá la familia. Algo muy discreto.

- Armando, no sabes lo que dices. Yo tengo muchos compromisos! Nuestras amistades…

- Key! -Vuelve a transigir Marcela que no cabe en sí de alegría.

- Hija, vas a decirle que sí a todo? –Protesta incrédula la reina.

Marcela la sonríe pero no contesta. Aceptará casi TODO lo que él exija con tal de conseguir ser YA la esposa de Armando Mendoza.

- Queda alguna otra condición? -Está segura de que ahora viene la principal, pues las anteriores sólo eran una cortina de humo.

- Necesito tiempo. Unos seis meses.

- Inaceptable de todo punto. -Responde muy serena.- Esa es la única que no estoy dispuesta a admitir. Si decides casarte, será YA. Qué respondes?

Se miran fijamente unos largos segundos, pero Armando sabe que no puede negarse.

- OK! –Dice al fin en un murmullo.

- BIEN!!! El matrimonio será por lo civil, sólo asistirá la familia y un reducidísimo grupo de muy allegados, pero… se celebrará tan pronto como nosotras lo tengamos todo dispuesto. Y como exiges discreción y nada de lujos… serás mi maridito muy pronto.

- Armando, considera lo de celebrarlo…

- Mamá, entiende de una vez que yo no tengo nada que celebrar salvo mi muerte en vida… la condena a una convivencia que detesto.

- No seas grosero con Marcela!

- Déjale, Margarita. No insistas ya que hemos conseguido lo que queríamos.

Se acerca a él e intenta besarle, pero Armando ladea la cabeza y evita el contacto.

- No te confundas, Marcela. No vayas a esperar un marido atento y solícito. Consigues un esposo gracias a un chantaje, y eso no te garantiza hijos... ni calor en las largas noches de invierno… -Sisea con rabia contenida.

- ARMANDO! -Margarita mira a su hijo escandalizada.






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Regresa cabizbajo a presidencia y entra al hueco.

- Aceptaron? -Le pregunta Betty, aunque viéndole la cara…

- Todo menos el aplazamiento. –La estrecha con fuerza.

- Ya contábamos con eso, pero había que intentarlo... –Dice para sí misma con lágrimas en los ojos.- Marcela está ansiosa por echarte la zarpa, y no iba a tolerar tanto tiempo de incertidumbre, pues se exponía a que volvieras a anularlo cuando se acercase el fausto acontecimiento.

- Betty, LA ODIO!



CONTINUARÁ...





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Hola, m´hijitas.

Os agradezco mucho el detalle de permitirme seguir adelante con la historia, porque si no, no sé qué habría hecho con todo lo que queda...

Comérmelo con patatas o algo así, y sería una pena, porque os aseguro que voy a trabajar muy duro para conseguir volver a unirles.

Siento que no puedan seguir junticos, pero a cambio os prometo que nunca va a haber malos rollos entre ellos.

Deseo que os siga interesando, chicas. Besos, y hasta pronto.
Me he puesto al dia con tu historia. Me encanta. Ya vermos que pasa.Desde luego esta Marcela es de lo peor. Un beso
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