POR AMOR! - Capítulo XXII

POR AMOR! - Capítulo XXII

Calipso
Calipso

April 6th, 2003, 3:26 pm #1

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
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mari
mari

April 6th, 2003, 4:54 pm #2

no haya ningun accidente de avión!! jajja!! y bueno lo de la innombrable y su hermano es natural, yo creo que les viene de familia!!

muchos besos!!
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Dalia
Dalia

April 6th, 2003, 5:25 pm #3

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
.... de pesados 'los hermanos valencia 'por no decir algo más fuerte. No le habrá pasado algo a Armando? No seras mala, verdad????
Un abrazo
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Eternidad
Eternidad

April 6th, 2003, 5:50 pm #4

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
Un besito. ciao.
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marisa
marisa

April 6th, 2003, 7:11 pm #5

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
esperemos que no pase nada al avion, y pueda aterizar bien, hasta pronto besos.
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ilargi
ilargi

April 6th, 2003, 8:41 pm #6

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
nada malo kon el avion,verdad?solo faltaba eso,que tuvier el pobre un accidente....
besos
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María quehubo?
María quehubo?

April 6th, 2003, 8:44 pm #7

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
Todo genial. Como novios, a distancia, y lo que tú quieras pero qué paso con el "parato volador"???

Quiero saber, quiero saber!!!!!! Un beso
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GUIOMAR Y CELIA
GUIOMAR Y CELIA

April 6th, 2003, 9:11 pm #8

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
Pero Armando y el resto de los pasajeros,tienen que estar "acongojados" (vamos con los "congojos" de corbata", porque hace unos cuantos años, nosotras estuvimos sobrevolando Madrid, tan bajito que casi le dimos un par de besos a La Cibeles, y por varias veces, sin que nadie de la tripulación dijese por qué leches no aterrizábamos y la verdad, es que pasamos un rato más que regular... Besos
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Sara Guerrero
Sara Guerrero

April 6th, 2003, 9:23 pm #9

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



******************************************************



Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



******************************************************



Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



******************************************************



Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



******************************************************



Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



******************************************************



Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



******************************************************



Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



******************************************************



Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
con retraso, y estos dos tortolitos que no se pueden encontrar en el desfile. Daniel como siempre tan encantador, no escarmienta nunca.
Besos.
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isabel
isabel

April 6th, 2003, 11:35 pm #10

Probando! Probando! Hay alguien ahí?
Ah! Hola! Feliz tarde de domingo!
Aquí os dejo el capi 22º, y os aviso que esta historia se está acabando...


- Y pensar que mañana tengo que volver a irme…

- No quiero ser desagradable, mi amor, pero…

La interrumpe:

- Ya lo sé, yo me lo busqué! Pero es que cuando me enojo, se me bloquea el cerebro. A que tú ya lo sabes?

- Yo también te he extrañado mucho. Además pensaba que tú… - Y le cae una lágrima.

- Ya, mi amor. Dónde quieres ir?

- Me da igual. Sorpréndeme!



CAPÍTULO XXII.



- Pues, vamos al Centro Comercial, que hay varias salas y podemos elegir.

- De acuerdo.

Llegan allí, aparca, cierra el coche y se empareja tomándola por la cintura y dándole un ligero beso en los labios.

- Armando! En la primera cita y te tomas esas libertades? Va a tener razón mi papá!

- No me digas más! “El diablo es puerco…”

Y sueltan una carcajada. Aprovecha para estrecharla contra él y ella no protesta.

Llegan enlazados hasta las taquillas, estudian las carteleras y los horarios y dice Armando:

- Qué te parece la segunda parte de “El señor de los anillos”?

- Vale! – Sabe que a él le va esa historia. A ella no la gusta mucho, pero está segura de que no van a estar muy atentos a la pantalla.

Efectivamente, como las entradas no están numeradas, Armando elige la última fila.

Se sientan y le pasa el brazo por los hombros.

Ella se deja querer y recuesta la cabeza en el brazo.

Se besan de cuando en cuando y luego con más frecuencia, de manera que Armando tendrá que ver de nuevo la película.

Al salir, van a una heladería y piden una copa de helado cada uno: Betty, de mora, y Armando, de chocolate.

Prueban el del otro, ríen, tontean, son felices con ésta, su primera cita.

Ya tarde, la lleva a casa e insiste en subir.

- Armando, sólo somos novios y es nuestra primera salida! Es mejor que no!

- Quiero darte un beso de verdad!

- Que te conozco…

- Sólo un par de besos!

- Ya son dos?

- Betty… - Y marca esos hoyuelos que la vuelven loca.

- Sólo dos besos? Lo prometes?

- Palabra de granuja! – Jura con la cara más seductora que tiene.

Accede sonriendo y le mira escéptica.

Ya en casa se dan unos torridísimos besos, y cumpliendo su palabra, respira hondo y se separa despidiéndose.

Dice con voz grave:

- Mañana te traigo a las niñas después de comer. Sueña conmigo!

- Siempre lo hago, cansón! A qué hora es tu vuelo?

- A las seis p.m. Hasta mañana, mi amor.

La da un último beso muy dulce y se va.

Si hubiera insistido en quedarse, ella ya no hubiera podido negarse.

Les costó dormirse, pues la ausencia del otro era muy dolorosa, pero al final, lo consiguieron recordando cada beso compartido esa tarde.



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Después de comer, llegó Armando con Camila y Bea y las bolsas con la ropa.

Las niñas corrieron a abrazar a su mamá y luego se marcharon a jugar a su habitación.

Ellos se fueron aproximando hasta juntarse en medio del salón, se abrazaron, y permanecieron así, meciéndose, sin querer separarse.

- Betty, no puedo irme…

- Mi amor, piensa que el viernes tenemos nuestra segunda cita de novios. Es el lanzamiento!

- Sí, pero quedan cinco días! Cuando llame a las niñas, vas a querer hablar conmigo?

- Claro que sí.

Continúan abrazados en el mismo lugar. Al fin se sientan juntos en el sofá y hablan.

Pasa el tiempo sin enterarse, y Armando tiene que salir hacia el aeropuerto.

- Voy a aligerar las obras todo lo que pueda!

- Éste va a ser un noviazgo a distancia. – Bromea Betty.

- Te llamo cuando llegue al hotel. – Se besan. – Voy a despedirme de las niñas.

Y se va cuando el portero le avisa que ha llegado el taxi.



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Pasan los días hasta el viernes, enfrascados en sus trabajos para añorarse menos, pero las noches son crueles.

Sus cuerpos se extrañan y traicionan a las mentes que hacen lo posible por entretenerse con sus quehaceres, la lectura, el cine, y Betty sobre todo con las niñas, de las que no se despega todo el tiempo que está en casa y ellas permanecen despiertas.

Hablan por teléfono varias veces al día, bajito y diciéndose lo mucho que se aman.

Llega el viernes y los nervios están a flor de piel.

Cata, con su eficiencia habitual, tiene todo lo del hotel dispuesto, sólo esperando a las nueve de la noche.

A las cinco, Betty se va al salón de belleza, donde tiene reservada hora para peinarse y maquillarse.

Cuando entra en casa, las niñas la dicen muchos piropos.

- Mami, qué guapa!

Y la echan los bracitos para acariciarla el pelo y besarla.

Va a empezar a vestirse, cuando suena el teléfono.

- Betty, soy yo. – Se le nota contrariado. – Estoy todavía en el aeropuerto porque han retrasado la salida.

- Oh! Cómo lo siento! Quieres que te deje preparado el traje y la ropa para cuando llegues?

- Estoy pensando que si llego muy justo, quizá vaya directamente. Llévamelo en una bolsa de trajes y lo dejas en el guardarropa, por favor.

- Está bien, y no te preocupes, ya sé que no depende de ti. Yo te espero.

- Mucha suerte con la colección. Si no consigo llegar a tiempo, de todos modos voy a estar contigo. – Se calla para escuchar. – Betty, por fin nos llaman para embarcar. Hasta luego, mi amor.

- Buen viaje, Armando. Un beso.



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Según cuelga, marca el número de sus suegros y contesta la doncella.

- Aló?

- Soy Betty. Páseme a Dª Margarita o a D. Roberto, por favor.

- Sí, señora.

Instantes después oye la voz de la madre de Armando.

- Betty, hija. Dime.

- Buenas noches. Acaba de llamarme Armando porque se ha retrasado el vuelo y salían ahora mismo.

- Bueno, aún hay tiempo. Es posible que pueda llegar.

- Es que quería pedirles que me pasasen a recoger. Pues con el vestido y con la bolsa del traje de Armando…

- Pues claro, hija! Ni más faltaba! Pero, qué dices del traje de Armando?

- Me ha pedido que le lleve la ropa para ir directamente desde el aeropuerto y cambiarse en el hotel, sin perder tiempo en venir a casa.

- Perfecto! No te preocupes, que a las ocho y cuarto, aproximadamente, pasamos por ahí a recogerte. Da besos a las niñas.

- Hasta luego.



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Betty se vistió con un dos piezas de pantalón ancho, vaporoso y con mucha caída en color burdeos, y un cuerpo entallado de la misma tela, con bordados en hilo de oro, escote barco por delante y espalda que menguaba convirtiéndose en dos picos que coincidían en el centro, donde abrochaban dos grandes botones dorados, quedando al aire la zona del cuello y de la cintura.

El chal, de gasa finísima, el bolso y los zapatos de considerable tacón eran dorados.

Y completaba su atuendo con discretas joyas de oro y rubíes que Armando la había regalado en distintas ocasiones.

Pasó a despedirse de sus hijas, que ya se iban a dormir en cuanto Rosi terminase de leerles el cuento.

La recordó que llevaba el celular, para cualquier emergencia y fue al salón a esperar a que fuese la hora.

Sus suegros la recogieron puntuales. El chófer la abrió la puerta, y colocó cuidadosamente la bolsa con el traje de Armando, extendida en el maletero.



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Cuando llegaron al hotel, sólo estaba Cata y ésta les mostró que todo estaba dispuesto para ponerse en marcha con la llegada del primer invitado.

Ella se dirigió a los vestuarios para saludar a Hugo, a Inesita y a las modelos, y después se fue a la puerta del salón con Cata.

Ya había presentado muchas colecciones, pero siempre estaba “de los nervios”.

No podía remediarlo.

Sonó su móvil y era Armando.

- Estamos sobre Bogotá, dando vueltas porque hay niebla muy espesa, pero tan pronto como aterricemos, iré directamente al hotel.

- Gracias a Dios! Estate tranquilo, que aún no hemos empezado.

- Betty, tengo que colgar.

- Chao.

Dª Margarita se acerca a preguntarla:

- Qué hay Betty?

- Era Armando. Que ya están sobre Bogotá, pero que hay niebla y deben esperar.

- Bien! Relájate, hija! Os habéis reconciliado, verdad?

- Lo estamos intentando. – Dice bajando la vista.

- Cómo me alegro, Betty. Se os ve tan enamorados…



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Ya no pueden seguir retrasando el inicio de la presentación, así que Cata se acerca al atril y desde el micrófono, pide a todos que vayan ocupando sus asientos.

A continuación invita a Betty, que llega junto a ella sonriendo para disimular sus nervios.

Y hablando pausada y serenamente presenta la colección y cede la palabra al creador: Hugo Lombardi.

- Llega la luz, el color, la magia, bla, bla, bla…

Empieza el desfile.

Las modelos disfrutan con su trabajo porque las creaciones de Hugo las motivan, y eso se siente.

Modelan con alegría y entusiasmo. Entregándose.

Betty no deja de mirar hacia la entrada y Armando no llega.



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Empiezan a retirarse gran parte de los clientes, proveedores y demás invitados, son muchos los que le preguntan por Armando, y ella cuenta una vez tras otra la odisea del avión y de la niebla.

Está con Cata y con su suegra y sigue mirando a la puerta a cada poco.

- Estoy muy preocupada! Me dijo que ya estaban sobrevolando Bogotá, y hace casi dos horas…

- Tranquilízate, Betty. En cuanto se vayan todos, nos acercamos al aeropuerto. – La anima Cata.

- Llámale, hija! – La exhorta Dª Margarita.

- Ya lo he hecho! Y tantas veces, que parezco Marcela cuando no le dejaba “ni a sol, ni a sombra” – Se ríen las tres recordando. – Pero, ni modo! Está apagado.

Se calla porque ve a Marcela y a Daniel que se acercan.

- Margarita, Cata… Venimos a despedirnos. – Marcela ignora a Betty.

- Sí. Ya es tarde y Armandito no se ha dignado aparecer! – Daniel con su ponzoñosa lengua. – Y me parece mal, porque una cosa es que no quiera saber nada de su mujer, y otra bien distinta es desentenderse de la nueva colección…

Y los dos hermanos Valencia la miran sonriendo falsamente.

Betty aguanta sus miradas con la cabeza alta y desafiante, y no les hace el honor de responderles.

- Marcela! Daniel! No mortifiquéis a Betty. Si Armando no está aquí, no es por su voluntad, sino por culpa de la niebla. Su avión no puede aterrizar!

- Bueno, bueno… si tú lo dices… será por eso… - Termina Daniel.

Y se despiden besando a Margarita. Cuando hacen intención de hacer lo mismo con Cata, ésta les ofrece la mano fríamente y les dice:

- Chao!

Y por fin desaparecen de la vista.

- Betty, no tengas en cuenta las palabras de Marcela y Daniel. Siempre han sido unos maleducados, y yo antes se lo justificaba, pero he comprendido que son malintencionados y crueles. No sabes cómo lamento haber estado tan ciega! - Se disculpa Dª Margarita.



CONTINUARÁ...


Comprendo que se han visto poco, pero más se extrañan ellos!
Cada vez falta menos (3 capis) para que sean felices y coman perdices para siempre...
Espero que os haya gustado, aunque la pareja de innombrables tengan que poner su punto ácido. Besos.
haya aterrizado ese avion y que no haya sucedido nada.
en cuanto a los valencia estan mas guapos callados.
besosssssss¡¡¡¡¡¡¡
isa.
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