Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XX

Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XX

Calipso
Calipso

June 3rd, 2011, 2:00 pm #1



Durante la siguiente semana continúan recorriendo la Costa Azul, y luego navegan a Cerdeña, a Ischia y a Capri. Finalmente vuelven a la Riviera francesa para descansar un par de días antes de regresar a casa.

- Tenemos varios regalos para Gonzalo, pero habremos conseguido llevarle el más importante? -Pregunta, travieso, al tiempo que le hace cosquillas acostado a su lado.

- No me extrañaría, mi amor. No nos hemos cuidado ninguna vez.

- Qué te parece si volvemos a intentarlo una vez más?

Empiezan las caricias y los besos, y poco más tarde llegan los suspiros.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Capítulo XX.- Gonzalo, te gusta la pizza?


Todo ha transcurrido a la perfección día tras día, y su única queja está relacionada con la rapidez con que ha pasado el tiempo, como ocurre siempre que se es feliz.

Sin poderlo impedir llega el final del viaje. El último día, el último chapuzón en el mar, el último baile...

Pasaron la última noche en el yate.

Estaban sentados en unas butacas de la cubierta de popa, a la luz de la luna, y contemplaban Niza desde cierta distancia ya que Armando había pedido a Marcelo que anclase fuera del puerto porque prefiere estar rodeado de agua a ver pasar gente curiosa por el muelle que mira sin pudor a los que están en los barcos.

- Lo he pasado muy bien. -Comenta Betty sonriente.- Todo lo que he conocido es bellísimo, y el Mare Azzurro es perfecto: el barco, el camarote, esta cubierta de popa, la comida, la tripulación. Ésta es una vida regalada, entre algodones y resulta muy fácil adaptarse a ella.

- Ja, ja! Te comprendo. -Contesta Armando de inmejorable humor.- Pero ve haciéndote a la idea de que mañana regresamos a Bogotá y a Ecomoda.

- Si también lo estoy deseando para abrazar a Gonzalo, pero es que nunca en mi vida había dispuesto de unos días así, simplemente para disfrutar.

Armando se levanta y la toma de las manos tirando de ella hacia arriba.

- Anda, vamos a despedirnos del camarote y de la camita, sí?

- Sí, mi amor.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Por la mañana se despiden de Marcelo y de los demás miembros de la tripulación, suben a un taxi y se dirigen al aeropuerto donde embarcan en el avión que les lleva de regreso a casa.

Horas después aterrizan en El Dorado sin el menor contratiempo y abrazan felices a Gonzalo y a los padres de los dos, que han ido a recibirles.

- Mami! -Corre hacia ella, la abraza, y a partir de ese momento no se separa de ella.

- Q´hubo, mi amor? -Se agacha otra vez delante de él para darle el vigésimo abrazo y el quincuagésimo beso.

- Tengo una bolsa con mi ropa en el coche del abuelo porque yo quiero irme contigo y con mi papá.

- No ha habido modo de que comprenda que están recién llegados a Bogotá y tienen que organizarse, m´hija. -Se justifica la abuela.

- No se preocupe, doña Julia. Gonzalo siempre es buena compañía. -La tranquiliza Armando.- Vamos a recoger nuestro equipaje, y luego lo metemos en el maletero con tu bolsa, key?

- Key! Se toma de las manos de sus papás y va dando saltitos entre los dos.

- Qué tal eso del crucero y el barco, Bettyca? No se ha mareado?

Doña Julia se ha emparejado con su hija y doña Margarita con el suyo, y charlan animadamente.

Por su parte, los padres de los dos les siguen a corta distancia escuchando la conversación e interviniendo puntualmente.

- Ha sido divino. -Concluye Betty con cara de felicidad.- Todo un acierto pasar la luna de miel en un crucero por el Mediterráneo.

Las madres se miran y sonríen con complicidad, comprendiendo que todo va sobre ruedas entre sus hijos.




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Una hora después ya están los tres en el apartamento, y empiezan a deshacer las maletas y organizar la ropa distribuyendo unas prendas para lavar y otras para guardar en los armarios y cajones.

Por último, Betty coloca la del niño en la habitación de invitados, mientras él juega con los regalos que le han traído.

Armando les contempla desde la puerta y comenta:

- Tenemos que ponernos a buscar una vivienda más adecuada para una familia. Este dormitorio no es propio para un niño.

- Es cierto que es muy serio para él y muy impersonal. -Conviene Betty con él.- Pero no crees que bastará con redecorarlo?

- No, doctora, porque nosotros tenemos la intención de aumentar la familia, sí?

- Es verdad. -Sonríe Betty.

- Y entonces ya no cabremos aquí. -Llega hasta ella, la abraza y pregunta mimoso.- Cuándo vamos a saber si nuestros esfuerzos han dado fruto?

- Esfuerzos? -Betty simula ofenderse.

- No, no. Mejor digamos placeres. -Divertido.- Dime cuándo.

- Aproximadamente en dos semanas?

- Perfecto aunque se me va a hacer un poco larga la espera. -Se gira para ir a la cocina.- Voy a ver si hay algo que podamos cenar.

- Sólo lo que haya en el congelador, y si tienes latas. -Contesta Betty.

Armando entonces se da la vuelta y pregunta al niño:

- Gonzalo, te gusta la pizza?

- Sí! Con jamón york, champiñón, tomate y muuuucho queso fundido que se estira y se estiiira. -Se ha puesto tan contento porque es una de las comidas que más le gustan y doña Julia no la incluye nunca en sus menús.

- Pues voy a llamar y encargaré dos. -Ríe Armando.

Después de la rica cena con la que Gonzalo se relame y chupa los deditos con restos de tomate, Betty le acompaña para que se prepare para acostarse, y a continuación vuelve para despedirse de su papá con fuertes besos.

- Me gustan tus cenas. -Le dice con espontaneidad.

- Ja, ja, ja! Gonzalico, eres un tipo genial.

- No te creas que aquí se cena pizza todas las noches. Eso ha sido porque después de tantos días de viaje no había comida en el frigorífico. -Le explica la madre.

- Y entonces, qué se cena aquí? -Con interés por si no es de su gusto.

- Pues sopa, verduras, puré, pescado, tortilla... como en casa de los abuelos.

Gonzalo tuerce un poco el morrito al oír verduras, y Armando inmediatamente se solidariza con él y le echa un cable.

- Bueno, alguna vez se comen perritos calientes (hot dogs). -Le guiña un ojo.

- Con ketchup y un poquitico de mostaza. Vale! Me va a gustar estar aquí todos los días menos cuando haya verdura.

- Anda, a dormir.

Betty le toma de la mano y le conduce a su cuarto, le acuesta, reza con él sus oraciones y se despide hasta la mañana siguiente con cariñosos besos.

- Hasta mañana, mi amor. Que sueñes con los angelitos.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Betty vuelve al salón, se sienta en el sofá bien pegadita a Armando y le dice:

- Mañana tenemos que recoger todo lo de Gonzalo que quedó en casa de mis padres, y no podemos olvidarnos de traer todas las cosas del colegio para el lunes.

- Sí, yo también he pensado traerle todos sus posters de Disney para ponérselos aquí en las paredes y que la habitación tenga un ambiente más infantil. -La estruja contra él.- Así se sentirá más en su casa mientras buscamos y encontramos nuestro hogar.

- Buena idea, y ahora vámonos a la camita, mi amor, que me provoca quererte mucho.

- Ésa es mi chica! -La besa con pasión.- Pero te recuerdo que no podemos hacer ruiditos para no despertar al chino.

- Ajá! Seremos silenciosos como hormiguitas, pero vamos ya. -Mimosa.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




A partir del lunes dejan a Gonzalo en casa de los abuelos a las siete y media de la mañana para que ellos le lleven al colegio, y también allí le recogen por la tarde cuando salen del trabajo, pero Betty no está conforme con ese trasiego y sólo lo considera un arreglo provisional.

Habla del asunto con Armando y deciden que tan pronto como encuentren la casita que necesitan, buscarán un buen colegio por la zona y le matricularán para el próximo curso.

Cuando volvieron a Ecomoda, Armando eligió a Sofía para secretaria de presidencia y Betty pasó a desempeñar su nuevo cargo de vicepresidente económico de la empresa y preguntó a Aura Mª si estaba dispuesta a ser la suya.

La recepcionista aceptó encantada.

- Fresca, m´hija! Ahorita mismo me subo con usted, y le prometo que me voy a esforzar para que esté satisfecha con mi trabajo.

- Estoy segura de ello, amiga, pero quédese aún en su puesto mientras hacemos unos ajustes y mandamos alguien ahí abajo.

- A la orden, doctora. -Con sonrisa de oreja a oreja.




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Llevan un par de semanas trabajando y ya Betty empieza a sospechar que pueda estar embarazada, cuando una tarde viene el doctor Santamaría a la empresa.

- Don Armando, está aquí el doctor Santamaría y desea hablar con usted.

- Que pase a presidencia, Sofía.

Armando se levanta y va hacia la puerta para recibirle, pero llega antes la secretaria que abre haciéndose a un lado para invitar a entrar al abogado.

- Buenos tardes, José Manuel, pase y siéntese. -Le tiende la mano.

- Buenas tardes, Armando. -Se la estrecha y avanza hasta la mesa, donde deposita el portafolios y toma asiento en un sillón.

- Qué le trae por aquí? La empresa o mi asunto?

- Su asunto. Ya está solucionado y le traigo todos los documentos. Sólo tienen que firmarlos la madre y usted, y el muchachito pasará a ser hijo suyo con todos los derechos. Es más, deberá usar desde ya mismo, como propio, el apellido Mendoza a todos los efectos. Vea, aquí figura como Gonzalo Mendoza Pinzón.

- Muy bien, Santamaría, me sorprende mucho la rapidez con que se ha resuelto.

- Son unos trámites muy sencillos, y en unos tres meses se concede la adopción si el progenitor biológico lo autoriza, y éste y el adoptante contraen matrimonio.

- Comprendo. Voy a avisar a Betty para que venga a firmar los documentos.

Siguen hablando los dos hombres hasta que llega Betty. Entonces le explica el abogado, firman los dos y Santamaría guarda los papeles que debe presentar en el juzgado.

- Acá les dejo los documentos del niño para cuando necesiten acreditar la filiación.

- Sí, ahora deberemos llevarlos al colegio para que le arreglen su expediente.

- Exacto. Bueno... -Se levanta.- Yo mañana entregaré estos documentos y asunto solucionado.

- Santamaría, una pregunta... -Armando se acerca a él.- Le ha llamado la doctora Valencia para dividir la empresa?

- No. Me llamó su hermano Daniel hace tiempo para preguntarme si los balances e informes que presentaron ustedes eran fidedignos, y cuando yo le confirmé la buena marcha de la empresa y las ganancias que está teniendo, se mostró muy satisfecho y no ha vuelto a llamarme.

- Muy bien, gracias por todo.

Se despiden cordialmente.

Y al quedarse solos Armando la abraza exclamando:

- Soy papá!

- Sí, mi amor, y sospecho que por partida doble.

- Betty! -La estruja contra él.- Estás segura?

- No hasta que haga el test.

- Lo compraremos al salir, cuando vayamos a buscar al niño.

- Key! Pero ahora tengo que volver a mi despacho porque estoy a medias de un informe y ya pasan de las cinco. Becho! -Saca morritos y se pone de puntillas.

De camino al barrio de Palermo, Armando se detiene ante una farmacia para que Betty compre el test y luego siguen hacia la casita.

Una vez allí, aparca delante y entran los dos para enseñar los papeles que dicen que Gonzalo es hijo de Armando a efectos legales.

Los abuelos se alegran mucho de que ya esté todo arreglado y su nieto tenga un buen padre que le ayude a crecer con buen ejemplo y buenos consejos.

El niño se pone a dar saltos como un canguro.

- Ya eres mi papá de verdad!

- Sí, hijo, lo pone en estos papeles. Ahora te llamas Gonzalo Mendoza Pinzón.

El niño repite el nombre y los dos apellidos. Luego dice:

- Se lo tengo que decir a la profe.

- Sí. -Betty intenta tranquilizarle.- No te preocupes que mañana iré yo contigo al colegio para hablar con el secretario del centro, y que modifiquen el dato del apellido y el del nuevo domicilio.

Celebran la buena nueva merendando un bizcocho que acaba de hacer doña Julia con un rico café, y luego se van al apartamento con afán por hacer el test y salir de dudas.

Mientras Gonzalo se va a jugar a su habitación que ya está adaptada a él con sus juguetes y posters de héroes de las películas de Disney, Betty entra en su cuarto de baño a hacer la prueba y Armando se queda en el salón haciendo zapping ya que con los nervios no encuentra nada a su gusto en la televisión.

Y es que como es bastante impaciente, está deseando saber.

- Armando... -Dice Betty desde la puerta con sonrisa feliz y lagrimitas de emoción en los ojos.- Es positivo.

- Qué alegría, mi amor! -Se levanta y la abraza entusiasmado, pero afloja inmediatamente.- Ay, cuidado con el bebé.

- Oj! Oj! Oj! Ni nuestro hijo, ni yo somos de mantequilla. -Le acaricia una mejilla.

- Por si acaso. Voy a ser cariñoso, pero muy suavecito.

- Vale. -Acepta satisfecha por lo contento que le ve.

- Betty, se lo decimos a Gonzalo ya?

- Yo creo que todavía es muy pronto y a él se le va a hacer eterno el embarazo.

- De acuerdo. Entonces esperaremos a que se te empiece a notar la barriguita. -Sugiere Armando que sigue abrazándola.

- Mucho mejor, porque ahora él no ve nada distinto y le quedan por delante ocho meses para impacientarse.

Así hacen, y a partir de ese momento Armando la tiene entre algodones, aunque ella insiste en que el embarazo es algo natural y el cuerpo de la mujer está preparado para ello.

Se lo comunican a los cuatro futuros abuelos y a los tíos, avisándoles que a Gonzalo se lo dirán más adelante, y todos quedan muy felices de que la familia aumente.


CONTINUARÁ...




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Acabó el viaje de novios y se trajeron un precioso regalito, como muchas de vosotras esperabais, jeje...

Ahora veremos cómo le sienta a Gonzalo. Igual se siente príncipe destronado...

Besicos.
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Yetbri
Yetbri

June 3rd, 2011, 2:54 pm #2

es logico que el niño se sienta desplazado, todo niño se siente asi y mas aun cuando es el mas chico y consentido, lo que me preocupa que falte que llegue el padre biologico de Gonzalito y quiera tenerlo con el
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fernyyuki
fernyyuki

June 3rd, 2011, 4:47 pm #3


Durante la siguiente semana continúan recorriendo la Costa Azul, y luego navegan a Cerdeña, a Ischia y a Capri. Finalmente vuelven a la Riviera francesa para descansar un par de días antes de regresar a casa.

- Tenemos varios regalos para Gonzalo, pero habremos conseguido llevarle el más importante? -Pregunta, travieso, al tiempo que le hace cosquillas acostado a su lado.

- No me extrañaría, mi amor. No nos hemos cuidado ninguna vez.

- Qué te parece si volvemos a intentarlo una vez más?

Empiezan las caricias y los besos, y poco más tarde llegan los suspiros.





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Capítulo XX.- Gonzalo, te gusta la pizza?


Todo ha transcurrido a la perfección día tras día, y su única queja está relacionada con la rapidez con que ha pasado el tiempo, como ocurre siempre que se es feliz.

Sin poderlo impedir llega el final del viaje. El último día, el último chapuzón en el mar, el último baile...

Pasaron la última noche en el yate.

Estaban sentados en unas butacas de la cubierta de popa, a la luz de la luna, y contemplaban Niza desde cierta distancia ya que Armando había pedido a Marcelo que anclase fuera del puerto porque prefiere estar rodeado de agua a ver pasar gente curiosa por el muelle que mira sin pudor a los que están en los barcos.

- Lo he pasado muy bien. -Comenta Betty sonriente.- Todo lo que he conocido es bellísimo, y el Mare Azzurro es perfecto: el barco, el camarote, esta cubierta de popa, la comida, la tripulación. Ésta es una vida regalada, entre algodones y resulta muy fácil adaptarse a ella.

- Ja, ja! Te comprendo. -Contesta Armando de inmejorable humor.- Pero ve haciéndote a la idea de que mañana regresamos a Bogotá y a Ecomoda.

- Si también lo estoy deseando para abrazar a Gonzalo, pero es que nunca en mi vida había dispuesto de unos días así, simplemente para disfrutar.

Armando se levanta y la toma de las manos tirando de ella hacia arriba.

- Anda, vamos a despedirnos del camarote y de la camita, sí?

- Sí, mi amor.





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Por la mañana se despiden de Marcelo y de los demás miembros de la tripulación, suben a un taxi y se dirigen al aeropuerto donde embarcan en el avión que les lleva de regreso a casa.

Horas después aterrizan en El Dorado sin el menor contratiempo y abrazan felices a Gonzalo y a los padres de los dos, que han ido a recibirles.

- Mami! -Corre hacia ella, la abraza, y a partir de ese momento no se separa de ella.

- Q´hubo, mi amor? -Se agacha otra vez delante de él para darle el vigésimo abrazo y el quincuagésimo beso.

- Tengo una bolsa con mi ropa en el coche del abuelo porque yo quiero irme contigo y con mi papá.

- No ha habido modo de que comprenda que están recién llegados a Bogotá y tienen que organizarse, m´hija. -Se justifica la abuela.

- No se preocupe, doña Julia. Gonzalo siempre es buena compañía. -La tranquiliza Armando.- Vamos a recoger nuestro equipaje, y luego lo metemos en el maletero con tu bolsa, key?

- Key! Se toma de las manos de sus papás y va dando saltitos entre los dos.

- Qué tal eso del crucero y el barco, Bettyca? No se ha mareado?

Doña Julia se ha emparejado con su hija y doña Margarita con el suyo, y charlan animadamente.

Por su parte, los padres de los dos les siguen a corta distancia escuchando la conversación e interviniendo puntualmente.

- Ha sido divino. -Concluye Betty con cara de felicidad.- Todo un acierto pasar la luna de miel en un crucero por el Mediterráneo.

Las madres se miran y sonríen con complicidad, comprendiendo que todo va sobre ruedas entre sus hijos.




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Una hora después ya están los tres en el apartamento, y empiezan a deshacer las maletas y organizar la ropa distribuyendo unas prendas para lavar y otras para guardar en los armarios y cajones.

Por último, Betty coloca la del niño en la habitación de invitados, mientras él juega con los regalos que le han traído.

Armando les contempla desde la puerta y comenta:

- Tenemos que ponernos a buscar una vivienda más adecuada para una familia. Este dormitorio no es propio para un niño.

- Es cierto que es muy serio para él y muy impersonal. -Conviene Betty con él.- Pero no crees que bastará con redecorarlo?

- No, doctora, porque nosotros tenemos la intención de aumentar la familia, sí?

- Es verdad. -Sonríe Betty.

- Y entonces ya no cabremos aquí. -Llega hasta ella, la abraza y pregunta mimoso.- Cuándo vamos a saber si nuestros esfuerzos han dado fruto?

- Esfuerzos? -Betty simula ofenderse.

- No, no. Mejor digamos placeres. -Divertido.- Dime cuándo.

- Aproximadamente en dos semanas?

- Perfecto aunque se me va a hacer un poco larga la espera. -Se gira para ir a la cocina.- Voy a ver si hay algo que podamos cenar.

- Sólo lo que haya en el congelador, y si tienes latas. -Contesta Betty.

Armando entonces se da la vuelta y pregunta al niño:

- Gonzalo, te gusta la pizza?

- Sí! Con jamón york, champiñón, tomate y muuuucho queso fundido que se estira y se estiiira. -Se ha puesto tan contento porque es una de las comidas que más le gustan y doña Julia no la incluye nunca en sus menús.

- Pues voy a llamar y encargaré dos. -Ríe Armando.

Después de la rica cena con la que Gonzalo se relame y chupa los deditos con restos de tomate, Betty le acompaña para que se prepare para acostarse, y a continuación vuelve para despedirse de su papá con fuertes besos.

- Me gustan tus cenas. -Le dice con espontaneidad.

- Ja, ja, ja! Gonzalico, eres un tipo genial.

- No te creas que aquí se cena pizza todas las noches. Eso ha sido porque después de tantos días de viaje no había comida en el frigorífico. -Le explica la madre.

- Y entonces, qué se cena aquí? -Con interés por si no es de su gusto.

- Pues sopa, verduras, puré, pescado, tortilla... como en casa de los abuelos.

Gonzalo tuerce un poco el morrito al oír verduras, y Armando inmediatamente se solidariza con él y le echa un cable.

- Bueno, alguna vez se comen perritos calientes (hot dogs). -Le guiña un ojo.

- Con ketchup y un poquitico de mostaza. Vale! Me va a gustar estar aquí todos los días menos cuando haya verdura.

- Anda, a dormir.

Betty le toma de la mano y le conduce a su cuarto, le acuesta, reza con él sus oraciones y se despide hasta la mañana siguiente con cariñosos besos.

- Hasta mañana, mi amor. Que sueñes con los angelitos.





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Betty vuelve al salón, se sienta en el sofá bien pegadita a Armando y le dice:

- Mañana tenemos que recoger todo lo de Gonzalo que quedó en casa de mis padres, y no podemos olvidarnos de traer todas las cosas del colegio para el lunes.

- Sí, yo también he pensado traerle todos sus posters de Disney para ponérselos aquí en las paredes y que la habitación tenga un ambiente más infantil. -La estruja contra él.- Así se sentirá más en su casa mientras buscamos y encontramos nuestro hogar.

- Buena idea, y ahora vámonos a la camita, mi amor, que me provoca quererte mucho.

- Ésa es mi chica! -La besa con pasión.- Pero te recuerdo que no podemos hacer ruiditos para no despertar al chino.

- Ajá! Seremos silenciosos como hormiguitas, pero vamos ya. -Mimosa.





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A partir del lunes dejan a Gonzalo en casa de los abuelos a las siete y media de la mañana para que ellos le lleven al colegio, y también allí le recogen por la tarde cuando salen del trabajo, pero Betty no está conforme con ese trasiego y sólo lo considera un arreglo provisional.

Habla del asunto con Armando y deciden que tan pronto como encuentren la casita que necesitan, buscarán un buen colegio por la zona y le matricularán para el próximo curso.

Cuando volvieron a Ecomoda, Armando eligió a Sofía para secretaria de presidencia y Betty pasó a desempeñar su nuevo cargo de vicepresidente económico de la empresa y preguntó a Aura Mª si estaba dispuesta a ser la suya.

La recepcionista aceptó encantada.

- Fresca, m´hija! Ahorita mismo me subo con usted, y le prometo que me voy a esforzar para que esté satisfecha con mi trabajo.

- Estoy segura de ello, amiga, pero quédese aún en su puesto mientras hacemos unos ajustes y mandamos alguien ahí abajo.

- A la orden, doctora. -Con sonrisa de oreja a oreja.




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Llevan un par de semanas trabajando y ya Betty empieza a sospechar que pueda estar embarazada, cuando una tarde viene el doctor Santamaría a la empresa.

- Don Armando, está aquí el doctor Santamaría y desea hablar con usted.

- Que pase a presidencia, Sofía.

Armando se levanta y va hacia la puerta para recibirle, pero llega antes la secretaria que abre haciéndose a un lado para invitar a entrar al abogado.

- Buenos tardes, José Manuel, pase y siéntese. -Le tiende la mano.

- Buenas tardes, Armando. -Se la estrecha y avanza hasta la mesa, donde deposita el portafolios y toma asiento en un sillón.

- Qué le trae por aquí? La empresa o mi asunto?

- Su asunto. Ya está solucionado y le traigo todos los documentos. Sólo tienen que firmarlos la madre y usted, y el muchachito pasará a ser hijo suyo con todos los derechos. Es más, deberá usar desde ya mismo, como propio, el apellido Mendoza a todos los efectos. Vea, aquí figura como Gonzalo Mendoza Pinzón.

- Muy bien, Santamaría, me sorprende mucho la rapidez con que se ha resuelto.

- Son unos trámites muy sencillos, y en unos tres meses se concede la adopción si el progenitor biológico lo autoriza, y éste y el adoptante contraen matrimonio.

- Comprendo. Voy a avisar a Betty para que venga a firmar los documentos.

Siguen hablando los dos hombres hasta que llega Betty. Entonces le explica el abogado, firman los dos y Santamaría guarda los papeles que debe presentar en el juzgado.

- Acá les dejo los documentos del niño para cuando necesiten acreditar la filiación.

- Sí, ahora deberemos llevarlos al colegio para que le arreglen su expediente.

- Exacto. Bueno... -Se levanta.- Yo mañana entregaré estos documentos y asunto solucionado.

- Santamaría, una pregunta... -Armando se acerca a él.- Le ha llamado la doctora Valencia para dividir la empresa?

- No. Me llamó su hermano Daniel hace tiempo para preguntarme si los balances e informes que presentaron ustedes eran fidedignos, y cuando yo le confirmé la buena marcha de la empresa y las ganancias que está teniendo, se mostró muy satisfecho y no ha vuelto a llamarme.

- Muy bien, gracias por todo.

Se despiden cordialmente.

Y al quedarse solos Armando la abraza exclamando:

- Soy papá!

- Sí, mi amor, y sospecho que por partida doble.

- Betty! -La estruja contra él.- Estás segura?

- No hasta que haga el test.

- Lo compraremos al salir, cuando vayamos a buscar al niño.

- Key! Pero ahora tengo que volver a mi despacho porque estoy a medias de un informe y ya pasan de las cinco. Becho! -Saca morritos y se pone de puntillas.

De camino al barrio de Palermo, Armando se detiene ante una farmacia para que Betty compre el test y luego siguen hacia la casita.

Una vez allí, aparca delante y entran los dos para enseñar los papeles que dicen que Gonzalo es hijo de Armando a efectos legales.

Los abuelos se alegran mucho de que ya esté todo arreglado y su nieto tenga un buen padre que le ayude a crecer con buen ejemplo y buenos consejos.

El niño se pone a dar saltos como un canguro.

- Ya eres mi papá de verdad!

- Sí, hijo, lo pone en estos papeles. Ahora te llamas Gonzalo Mendoza Pinzón.

El niño repite el nombre y los dos apellidos. Luego dice:

- Se lo tengo que decir a la profe.

- Sí. -Betty intenta tranquilizarle.- No te preocupes que mañana iré yo contigo al colegio para hablar con el secretario del centro, y que modifiquen el dato del apellido y el del nuevo domicilio.

Celebran la buena nueva merendando un bizcocho que acaba de hacer doña Julia con un rico café, y luego se van al apartamento con afán por hacer el test y salir de dudas.

Mientras Gonzalo se va a jugar a su habitación que ya está adaptada a él con sus juguetes y posters de héroes de las películas de Disney, Betty entra en su cuarto de baño a hacer la prueba y Armando se queda en el salón haciendo zapping ya que con los nervios no encuentra nada a su gusto en la televisión.

Y es que como es bastante impaciente, está deseando saber.

- Armando... -Dice Betty desde la puerta con sonrisa feliz y lagrimitas de emoción en los ojos.- Es positivo.

- Qué alegría, mi amor! -Se levanta y la abraza entusiasmado, pero afloja inmediatamente.- Ay, cuidado con el bebé.

- Oj! Oj! Oj! Ni nuestro hijo, ni yo somos de mantequilla. -Le acaricia una mejilla.

- Por si acaso. Voy a ser cariñoso, pero muy suavecito.

- Vale. -Acepta satisfecha por lo contento que le ve.

- Betty, se lo decimos a Gonzalo ya?

- Yo creo que todavía es muy pronto y a él se le va a hacer eterno el embarazo.

- De acuerdo. Entonces esperaremos a que se te empiece a notar la barriguita. -Sugiere Armando que sigue abrazándola.

- Mucho mejor, porque ahora él no ve nada distinto y le quedan por delante ocho meses para impacientarse.

Así hacen, y a partir de ese momento Armando la tiene entre algodones, aunque ella insiste en que el embarazo es algo natural y el cuerpo de la mujer está preparado para ello.

Se lo comunican a los cuatro futuros abuelos y a los tíos, avisándoles que a Gonzalo se lo dirán más adelante, y todos quedan muy felices de que la familia aumente.


CONTINUARÁ...




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Acabó el viaje de novios y se trajeron un precioso regalito, como muchas de vosotras esperabais, jeje...

Ahora veremos cómo le sienta a Gonzalo. Igual se siente príncipe destronado...

Besicos.
si, pero que se sienta contento, pero al mismo tiempo confundido por la llegada del bebe. Ay si y el padre biologico
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Lilly
Lilly

June 3rd, 2011, 8:01 pm #4


Durante la siguiente semana continúan recorriendo la Costa Azul, y luego navegan a Cerdeña, a Ischia y a Capri. Finalmente vuelven a la Riviera francesa para descansar un par de días antes de regresar a casa.

- Tenemos varios regalos para Gonzalo, pero habremos conseguido llevarle el más importante? -Pregunta, travieso, al tiempo que le hace cosquillas acostado a su lado.

- No me extrañaría, mi amor. No nos hemos cuidado ninguna vez.

- Qué te parece si volvemos a intentarlo una vez más?

Empiezan las caricias y los besos, y poco más tarde llegan los suspiros.





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Capítulo XX.- Gonzalo, te gusta la pizza?


Todo ha transcurrido a la perfección día tras día, y su única queja está relacionada con la rapidez con que ha pasado el tiempo, como ocurre siempre que se es feliz.

Sin poderlo impedir llega el final del viaje. El último día, el último chapuzón en el mar, el último baile...

Pasaron la última noche en el yate.

Estaban sentados en unas butacas de la cubierta de popa, a la luz de la luna, y contemplaban Niza desde cierta distancia ya que Armando había pedido a Marcelo que anclase fuera del puerto porque prefiere estar rodeado de agua a ver pasar gente curiosa por el muelle que mira sin pudor a los que están en los barcos.

- Lo he pasado muy bien. -Comenta Betty sonriente.- Todo lo que he conocido es bellísimo, y el Mare Azzurro es perfecto: el barco, el camarote, esta cubierta de popa, la comida, la tripulación. Ésta es una vida regalada, entre algodones y resulta muy fácil adaptarse a ella.

- Ja, ja! Te comprendo. -Contesta Armando de inmejorable humor.- Pero ve haciéndote a la idea de que mañana regresamos a Bogotá y a Ecomoda.

- Si también lo estoy deseando para abrazar a Gonzalo, pero es que nunca en mi vida había dispuesto de unos días así, simplemente para disfrutar.

Armando se levanta y la toma de las manos tirando de ella hacia arriba.

- Anda, vamos a despedirnos del camarote y de la camita, sí?

- Sí, mi amor.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Por la mañana se despiden de Marcelo y de los demás miembros de la tripulación, suben a un taxi y se dirigen al aeropuerto donde embarcan en el avión que les lleva de regreso a casa.

Horas después aterrizan en El Dorado sin el menor contratiempo y abrazan felices a Gonzalo y a los padres de los dos, que han ido a recibirles.

- Mami! -Corre hacia ella, la abraza, y a partir de ese momento no se separa de ella.

- Q´hubo, mi amor? -Se agacha otra vez delante de él para darle el vigésimo abrazo y el quincuagésimo beso.

- Tengo una bolsa con mi ropa en el coche del abuelo porque yo quiero irme contigo y con mi papá.

- No ha habido modo de que comprenda que están recién llegados a Bogotá y tienen que organizarse, m´hija. -Se justifica la abuela.

- No se preocupe, doña Julia. Gonzalo siempre es buena compañía. -La tranquiliza Armando.- Vamos a recoger nuestro equipaje, y luego lo metemos en el maletero con tu bolsa, key?

- Key! Se toma de las manos de sus papás y va dando saltitos entre los dos.

- Qué tal eso del crucero y el barco, Bettyca? No se ha mareado?

Doña Julia se ha emparejado con su hija y doña Margarita con el suyo, y charlan animadamente.

Por su parte, los padres de los dos les siguen a corta distancia escuchando la conversación e interviniendo puntualmente.

- Ha sido divino. -Concluye Betty con cara de felicidad.- Todo un acierto pasar la luna de miel en un crucero por el Mediterráneo.

Las madres se miran y sonríen con complicidad, comprendiendo que todo va sobre ruedas entre sus hijos.




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Una hora después ya están los tres en el apartamento, y empiezan a deshacer las maletas y organizar la ropa distribuyendo unas prendas para lavar y otras para guardar en los armarios y cajones.

Por último, Betty coloca la del niño en la habitación de invitados, mientras él juega con los regalos que le han traído.

Armando les contempla desde la puerta y comenta:

- Tenemos que ponernos a buscar una vivienda más adecuada para una familia. Este dormitorio no es propio para un niño.

- Es cierto que es muy serio para él y muy impersonal. -Conviene Betty con él.- Pero no crees que bastará con redecorarlo?

- No, doctora, porque nosotros tenemos la intención de aumentar la familia, sí?

- Es verdad. -Sonríe Betty.

- Y entonces ya no cabremos aquí. -Llega hasta ella, la abraza y pregunta mimoso.- Cuándo vamos a saber si nuestros esfuerzos han dado fruto?

- Esfuerzos? -Betty simula ofenderse.

- No, no. Mejor digamos placeres. -Divertido.- Dime cuándo.

- Aproximadamente en dos semanas?

- Perfecto aunque se me va a hacer un poco larga la espera. -Se gira para ir a la cocina.- Voy a ver si hay algo que podamos cenar.

- Sólo lo que haya en el congelador, y si tienes latas. -Contesta Betty.

Armando entonces se da la vuelta y pregunta al niño:

- Gonzalo, te gusta la pizza?

- Sí! Con jamón york, champiñón, tomate y muuuucho queso fundido que se estira y se estiiira. -Se ha puesto tan contento porque es una de las comidas que más le gustan y doña Julia no la incluye nunca en sus menús.

- Pues voy a llamar y encargaré dos. -Ríe Armando.

Después de la rica cena con la que Gonzalo se relame y chupa los deditos con restos de tomate, Betty le acompaña para que se prepare para acostarse, y a continuación vuelve para despedirse de su papá con fuertes besos.

- Me gustan tus cenas. -Le dice con espontaneidad.

- Ja, ja, ja! Gonzalico, eres un tipo genial.

- No te creas que aquí se cena pizza todas las noches. Eso ha sido porque después de tantos días de viaje no había comida en el frigorífico. -Le explica la madre.

- Y entonces, qué se cena aquí? -Con interés por si no es de su gusto.

- Pues sopa, verduras, puré, pescado, tortilla... como en casa de los abuelos.

Gonzalo tuerce un poco el morrito al oír verduras, y Armando inmediatamente se solidariza con él y le echa un cable.

- Bueno, alguna vez se comen perritos calientes (hot dogs). -Le guiña un ojo.

- Con ketchup y un poquitico de mostaza. Vale! Me va a gustar estar aquí todos los días menos cuando haya verdura.

- Anda, a dormir.

Betty le toma de la mano y le conduce a su cuarto, le acuesta, reza con él sus oraciones y se despide hasta la mañana siguiente con cariñosos besos.

- Hasta mañana, mi amor. Que sueñes con los angelitos.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Betty vuelve al salón, se sienta en el sofá bien pegadita a Armando y le dice:

- Mañana tenemos que recoger todo lo de Gonzalo que quedó en casa de mis padres, y no podemos olvidarnos de traer todas las cosas del colegio para el lunes.

- Sí, yo también he pensado traerle todos sus posters de Disney para ponérselos aquí en las paredes y que la habitación tenga un ambiente más infantil. -La estruja contra él.- Así se sentirá más en su casa mientras buscamos y encontramos nuestro hogar.

- Buena idea, y ahora vámonos a la camita, mi amor, que me provoca quererte mucho.

- Ésa es mi chica! -La besa con pasión.- Pero te recuerdo que no podemos hacer ruiditos para no despertar al chino.

- Ajá! Seremos silenciosos como hormiguitas, pero vamos ya. -Mimosa.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




A partir del lunes dejan a Gonzalo en casa de los abuelos a las siete y media de la mañana para que ellos le lleven al colegio, y también allí le recogen por la tarde cuando salen del trabajo, pero Betty no está conforme con ese trasiego y sólo lo considera un arreglo provisional.

Habla del asunto con Armando y deciden que tan pronto como encuentren la casita que necesitan, buscarán un buen colegio por la zona y le matricularán para el próximo curso.

Cuando volvieron a Ecomoda, Armando eligió a Sofía para secretaria de presidencia y Betty pasó a desempeñar su nuevo cargo de vicepresidente económico de la empresa y preguntó a Aura Mª si estaba dispuesta a ser la suya.

La recepcionista aceptó encantada.

- Fresca, m´hija! Ahorita mismo me subo con usted, y le prometo que me voy a esforzar para que esté satisfecha con mi trabajo.

- Estoy segura de ello, amiga, pero quédese aún en su puesto mientras hacemos unos ajustes y mandamos alguien ahí abajo.

- A la orden, doctora. -Con sonrisa de oreja a oreja.




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Llevan un par de semanas trabajando y ya Betty empieza a sospechar que pueda estar embarazada, cuando una tarde viene el doctor Santamaría a la empresa.

- Don Armando, está aquí el doctor Santamaría y desea hablar con usted.

- Que pase a presidencia, Sofía.

Armando se levanta y va hacia la puerta para recibirle, pero llega antes la secretaria que abre haciéndose a un lado para invitar a entrar al abogado.

- Buenos tardes, José Manuel, pase y siéntese. -Le tiende la mano.

- Buenas tardes, Armando. -Se la estrecha y avanza hasta la mesa, donde deposita el portafolios y toma asiento en un sillón.

- Qué le trae por aquí? La empresa o mi asunto?

- Su asunto. Ya está solucionado y le traigo todos los documentos. Sólo tienen que firmarlos la madre y usted, y el muchachito pasará a ser hijo suyo con todos los derechos. Es más, deberá usar desde ya mismo, como propio, el apellido Mendoza a todos los efectos. Vea, aquí figura como Gonzalo Mendoza Pinzón.

- Muy bien, Santamaría, me sorprende mucho la rapidez con que se ha resuelto.

- Son unos trámites muy sencillos, y en unos tres meses se concede la adopción si el progenitor biológico lo autoriza, y éste y el adoptante contraen matrimonio.

- Comprendo. Voy a avisar a Betty para que venga a firmar los documentos.

Siguen hablando los dos hombres hasta que llega Betty. Entonces le explica el abogado, firman los dos y Santamaría guarda los papeles que debe presentar en el juzgado.

- Acá les dejo los documentos del niño para cuando necesiten acreditar la filiación.

- Sí, ahora deberemos llevarlos al colegio para que le arreglen su expediente.

- Exacto. Bueno... -Se levanta.- Yo mañana entregaré estos documentos y asunto solucionado.

- Santamaría, una pregunta... -Armando se acerca a él.- Le ha llamado la doctora Valencia para dividir la empresa?

- No. Me llamó su hermano Daniel hace tiempo para preguntarme si los balances e informes que presentaron ustedes eran fidedignos, y cuando yo le confirmé la buena marcha de la empresa y las ganancias que está teniendo, se mostró muy satisfecho y no ha vuelto a llamarme.

- Muy bien, gracias por todo.

Se despiden cordialmente.

Y al quedarse solos Armando la abraza exclamando:

- Soy papá!

- Sí, mi amor, y sospecho que por partida doble.

- Betty! -La estruja contra él.- Estás segura?

- No hasta que haga el test.

- Lo compraremos al salir, cuando vayamos a buscar al niño.

- Key! Pero ahora tengo que volver a mi despacho porque estoy a medias de un informe y ya pasan de las cinco. Becho! -Saca morritos y se pone de puntillas.

De camino al barrio de Palermo, Armando se detiene ante una farmacia para que Betty compre el test y luego siguen hacia la casita.

Una vez allí, aparca delante y entran los dos para enseñar los papeles que dicen que Gonzalo es hijo de Armando a efectos legales.

Los abuelos se alegran mucho de que ya esté todo arreglado y su nieto tenga un buen padre que le ayude a crecer con buen ejemplo y buenos consejos.

El niño se pone a dar saltos como un canguro.

- Ya eres mi papá de verdad!

- Sí, hijo, lo pone en estos papeles. Ahora te llamas Gonzalo Mendoza Pinzón.

El niño repite el nombre y los dos apellidos. Luego dice:

- Se lo tengo que decir a la profe.

- Sí. -Betty intenta tranquilizarle.- No te preocupes que mañana iré yo contigo al colegio para hablar con el secretario del centro, y que modifiquen el dato del apellido y el del nuevo domicilio.

Celebran la buena nueva merendando un bizcocho que acaba de hacer doña Julia con un rico café, y luego se van al apartamento con afán por hacer el test y salir de dudas.

Mientras Gonzalo se va a jugar a su habitación que ya está adaptada a él con sus juguetes y posters de héroes de las películas de Disney, Betty entra en su cuarto de baño a hacer la prueba y Armando se queda en el salón haciendo zapping ya que con los nervios no encuentra nada a su gusto en la televisión.

Y es que como es bastante impaciente, está deseando saber.

- Armando... -Dice Betty desde la puerta con sonrisa feliz y lagrimitas de emoción en los ojos.- Es positivo.

- Qué alegría, mi amor! -Se levanta y la abraza entusiasmado, pero afloja inmediatamente.- Ay, cuidado con el bebé.

- Oj! Oj! Oj! Ni nuestro hijo, ni yo somos de mantequilla. -Le acaricia una mejilla.

- Por si acaso. Voy a ser cariñoso, pero muy suavecito.

- Vale. -Acepta satisfecha por lo contento que le ve.

- Betty, se lo decimos a Gonzalo ya?

- Yo creo que todavía es muy pronto y a él se le va a hacer eterno el embarazo.

- De acuerdo. Entonces esperaremos a que se te empiece a notar la barriguita. -Sugiere Armando que sigue abrazándola.

- Mucho mejor, porque ahora él no ve nada distinto y le quedan por delante ocho meses para impacientarse.

Así hacen, y a partir de ese momento Armando la tiene entre algodones, aunque ella insiste en que el embarazo es algo natural y el cuerpo de la mujer está preparado para ello.

Se lo comunican a los cuatro futuros abuelos y a los tíos, avisándoles que a Gonzalo se lo dirán más adelante, y todos quedan muy felices de que la familia aumente.


CONTINUARÁ...




&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Acabó el viaje de novios y se trajeron un precioso regalito, como muchas de vosotras esperabais, jeje...

Ahora veremos cómo le sienta a Gonzalo. Igual se siente príncipe destronado...

Besicos.
que el padre biológico no aparezca, mátalo y si aparece que no les de problemas, total al cabo él nunca supo del niño, además que nunca le importó porque si sabía que existia la posibilidad de un embarazo nunca se apareció.
Y Gonzalito que se ponga feliz por el hermanito.
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VIRY
VIRY

June 3rd, 2011, 8:42 pm #5


Durante la siguiente semana continúan recorriendo la Costa Azul, y luego navegan a Cerdeña, a Ischia y a Capri. Finalmente vuelven a la Riviera francesa para descansar un par de días antes de regresar a casa.

- Tenemos varios regalos para Gonzalo, pero habremos conseguido llevarle el más importante? -Pregunta, travieso, al tiempo que le hace cosquillas acostado a su lado.

- No me extrañaría, mi amor. No nos hemos cuidado ninguna vez.

- Qué te parece si volvemos a intentarlo una vez más?

Empiezan las caricias y los besos, y poco más tarde llegan los suspiros.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Capítulo XX.- Gonzalo, te gusta la pizza?


Todo ha transcurrido a la perfección día tras día, y su única queja está relacionada con la rapidez con que ha pasado el tiempo, como ocurre siempre que se es feliz.

Sin poderlo impedir llega el final del viaje. El último día, el último chapuzón en el mar, el último baile...

Pasaron la última noche en el yate.

Estaban sentados en unas butacas de la cubierta de popa, a la luz de la luna, y contemplaban Niza desde cierta distancia ya que Armando había pedido a Marcelo que anclase fuera del puerto porque prefiere estar rodeado de agua a ver pasar gente curiosa por el muelle que mira sin pudor a los que están en los barcos.

- Lo he pasado muy bien. -Comenta Betty sonriente.- Todo lo que he conocido es bellísimo, y el Mare Azzurro es perfecto: el barco, el camarote, esta cubierta de popa, la comida, la tripulación. Ésta es una vida regalada, entre algodones y resulta muy fácil adaptarse a ella.

- Ja, ja! Te comprendo. -Contesta Armando de inmejorable humor.- Pero ve haciéndote a la idea de que mañana regresamos a Bogotá y a Ecomoda.

- Si también lo estoy deseando para abrazar a Gonzalo, pero es que nunca en mi vida había dispuesto de unos días así, simplemente para disfrutar.

Armando se levanta y la toma de las manos tirando de ella hacia arriba.

- Anda, vamos a despedirnos del camarote y de la camita, sí?

- Sí, mi amor.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Por la mañana se despiden de Marcelo y de los demás miembros de la tripulación, suben a un taxi y se dirigen al aeropuerto donde embarcan en el avión que les lleva de regreso a casa.

Horas después aterrizan en El Dorado sin el menor contratiempo y abrazan felices a Gonzalo y a los padres de los dos, que han ido a recibirles.

- Mami! -Corre hacia ella, la abraza, y a partir de ese momento no se separa de ella.

- Q´hubo, mi amor? -Se agacha otra vez delante de él para darle el vigésimo abrazo y el quincuagésimo beso.

- Tengo una bolsa con mi ropa en el coche del abuelo porque yo quiero irme contigo y con mi papá.

- No ha habido modo de que comprenda que están recién llegados a Bogotá y tienen que organizarse, m´hija. -Se justifica la abuela.

- No se preocupe, doña Julia. Gonzalo siempre es buena compañía. -La tranquiliza Armando.- Vamos a recoger nuestro equipaje, y luego lo metemos en el maletero con tu bolsa, key?

- Key! Se toma de las manos de sus papás y va dando saltitos entre los dos.

- Qué tal eso del crucero y el barco, Bettyca? No se ha mareado?

Doña Julia se ha emparejado con su hija y doña Margarita con el suyo, y charlan animadamente.

Por su parte, los padres de los dos les siguen a corta distancia escuchando la conversación e interviniendo puntualmente.

- Ha sido divino. -Concluye Betty con cara de felicidad.- Todo un acierto pasar la luna de miel en un crucero por el Mediterráneo.

Las madres se miran y sonríen con complicidad, comprendiendo que todo va sobre ruedas entre sus hijos.




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Una hora después ya están los tres en el apartamento, y empiezan a deshacer las maletas y organizar la ropa distribuyendo unas prendas para lavar y otras para guardar en los armarios y cajones.

Por último, Betty coloca la del niño en la habitación de invitados, mientras él juega con los regalos que le han traído.

Armando les contempla desde la puerta y comenta:

- Tenemos que ponernos a buscar una vivienda más adecuada para una familia. Este dormitorio no es propio para un niño.

- Es cierto que es muy serio para él y muy impersonal. -Conviene Betty con él.- Pero no crees que bastará con redecorarlo?

- No, doctora, porque nosotros tenemos la intención de aumentar la familia, sí?

- Es verdad. -Sonríe Betty.

- Y entonces ya no cabremos aquí. -Llega hasta ella, la abraza y pregunta mimoso.- Cuándo vamos a saber si nuestros esfuerzos han dado fruto?

- Esfuerzos? -Betty simula ofenderse.

- No, no. Mejor digamos placeres. -Divertido.- Dime cuándo.

- Aproximadamente en dos semanas?

- Perfecto aunque se me va a hacer un poco larga la espera. -Se gira para ir a la cocina.- Voy a ver si hay algo que podamos cenar.

- Sólo lo que haya en el congelador, y si tienes latas. -Contesta Betty.

Armando entonces se da la vuelta y pregunta al niño:

- Gonzalo, te gusta la pizza?

- Sí! Con jamón york, champiñón, tomate y muuuucho queso fundido que se estira y se estiiira. -Se ha puesto tan contento porque es una de las comidas que más le gustan y doña Julia no la incluye nunca en sus menús.

- Pues voy a llamar y encargaré dos. -Ríe Armando.

Después de la rica cena con la que Gonzalo se relame y chupa los deditos con restos de tomate, Betty le acompaña para que se prepare para acostarse, y a continuación vuelve para despedirse de su papá con fuertes besos.

- Me gustan tus cenas. -Le dice con espontaneidad.

- Ja, ja, ja! Gonzalico, eres un tipo genial.

- No te creas que aquí se cena pizza todas las noches. Eso ha sido porque después de tantos días de viaje no había comida en el frigorífico. -Le explica la madre.

- Y entonces, qué se cena aquí? -Con interés por si no es de su gusto.

- Pues sopa, verduras, puré, pescado, tortilla... como en casa de los abuelos.

Gonzalo tuerce un poco el morrito al oír verduras, y Armando inmediatamente se solidariza con él y le echa un cable.

- Bueno, alguna vez se comen perritos calientes (hot dogs). -Le guiña un ojo.

- Con ketchup y un poquitico de mostaza. Vale! Me va a gustar estar aquí todos los días menos cuando haya verdura.

- Anda, a dormir.

Betty le toma de la mano y le conduce a su cuarto, le acuesta, reza con él sus oraciones y se despide hasta la mañana siguiente con cariñosos besos.

- Hasta mañana, mi amor. Que sueñes con los angelitos.





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Betty vuelve al salón, se sienta en el sofá bien pegadita a Armando y le dice:

- Mañana tenemos que recoger todo lo de Gonzalo que quedó en casa de mis padres, y no podemos olvidarnos de traer todas las cosas del colegio para el lunes.

- Sí, yo también he pensado traerle todos sus posters de Disney para ponérselos aquí en las paredes y que la habitación tenga un ambiente más infantil. -La estruja contra él.- Así se sentirá más en su casa mientras buscamos y encontramos nuestro hogar.

- Buena idea, y ahora vámonos a la camita, mi amor, que me provoca quererte mucho.

- Ésa es mi chica! -La besa con pasión.- Pero te recuerdo que no podemos hacer ruiditos para no despertar al chino.

- Ajá! Seremos silenciosos como hormiguitas, pero vamos ya. -Mimosa.





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A partir del lunes dejan a Gonzalo en casa de los abuelos a las siete y media de la mañana para que ellos le lleven al colegio, y también allí le recogen por la tarde cuando salen del trabajo, pero Betty no está conforme con ese trasiego y sólo lo considera un arreglo provisional.

Habla del asunto con Armando y deciden que tan pronto como encuentren la casita que necesitan, buscarán un buen colegio por la zona y le matricularán para el próximo curso.

Cuando volvieron a Ecomoda, Armando eligió a Sofía para secretaria de presidencia y Betty pasó a desempeñar su nuevo cargo de vicepresidente económico de la empresa y preguntó a Aura Mª si estaba dispuesta a ser la suya.

La recepcionista aceptó encantada.

- Fresca, m´hija! Ahorita mismo me subo con usted, y le prometo que me voy a esforzar para que esté satisfecha con mi trabajo.

- Estoy segura de ello, amiga, pero quédese aún en su puesto mientras hacemos unos ajustes y mandamos alguien ahí abajo.

- A la orden, doctora. -Con sonrisa de oreja a oreja.




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Llevan un par de semanas trabajando y ya Betty empieza a sospechar que pueda estar embarazada, cuando una tarde viene el doctor Santamaría a la empresa.

- Don Armando, está aquí el doctor Santamaría y desea hablar con usted.

- Que pase a presidencia, Sofía.

Armando se levanta y va hacia la puerta para recibirle, pero llega antes la secretaria que abre haciéndose a un lado para invitar a entrar al abogado.

- Buenos tardes, José Manuel, pase y siéntese. -Le tiende la mano.

- Buenas tardes, Armando. -Se la estrecha y avanza hasta la mesa, donde deposita el portafolios y toma asiento en un sillón.

- Qué le trae por aquí? La empresa o mi asunto?

- Su asunto. Ya está solucionado y le traigo todos los documentos. Sólo tienen que firmarlos la madre y usted, y el muchachito pasará a ser hijo suyo con todos los derechos. Es más, deberá usar desde ya mismo, como propio, el apellido Mendoza a todos los efectos. Vea, aquí figura como Gonzalo Mendoza Pinzón.

- Muy bien, Santamaría, me sorprende mucho la rapidez con que se ha resuelto.

- Son unos trámites muy sencillos, y en unos tres meses se concede la adopción si el progenitor biológico lo autoriza, y éste y el adoptante contraen matrimonio.

- Comprendo. Voy a avisar a Betty para que venga a firmar los documentos.

Siguen hablando los dos hombres hasta que llega Betty. Entonces le explica el abogado, firman los dos y Santamaría guarda los papeles que debe presentar en el juzgado.

- Acá les dejo los documentos del niño para cuando necesiten acreditar la filiación.

- Sí, ahora deberemos llevarlos al colegio para que le arreglen su expediente.

- Exacto. Bueno... -Se levanta.- Yo mañana entregaré estos documentos y asunto solucionado.

- Santamaría, una pregunta... -Armando se acerca a él.- Le ha llamado la doctora Valencia para dividir la empresa?

- No. Me llamó su hermano Daniel hace tiempo para preguntarme si los balances e informes que presentaron ustedes eran fidedignos, y cuando yo le confirmé la buena marcha de la empresa y las ganancias que está teniendo, se mostró muy satisfecho y no ha vuelto a llamarme.

- Muy bien, gracias por todo.

Se despiden cordialmente.

Y al quedarse solos Armando la abraza exclamando:

- Soy papá!

- Sí, mi amor, y sospecho que por partida doble.

- Betty! -La estruja contra él.- Estás segura?

- No hasta que haga el test.

- Lo compraremos al salir, cuando vayamos a buscar al niño.

- Key! Pero ahora tengo que volver a mi despacho porque estoy a medias de un informe y ya pasan de las cinco. Becho! -Saca morritos y se pone de puntillas.

De camino al barrio de Palermo, Armando se detiene ante una farmacia para que Betty compre el test y luego siguen hacia la casita.

Una vez allí, aparca delante y entran los dos para enseñar los papeles que dicen que Gonzalo es hijo de Armando a efectos legales.

Los abuelos se alegran mucho de que ya esté todo arreglado y su nieto tenga un buen padre que le ayude a crecer con buen ejemplo y buenos consejos.

El niño se pone a dar saltos como un canguro.

- Ya eres mi papá de verdad!

- Sí, hijo, lo pone en estos papeles. Ahora te llamas Gonzalo Mendoza Pinzón.

El niño repite el nombre y los dos apellidos. Luego dice:

- Se lo tengo que decir a la profe.

- Sí. -Betty intenta tranquilizarle.- No te preocupes que mañana iré yo contigo al colegio para hablar con el secretario del centro, y que modifiquen el dato del apellido y el del nuevo domicilio.

Celebran la buena nueva merendando un bizcocho que acaba de hacer doña Julia con un rico café, y luego se van al apartamento con afán por hacer el test y salir de dudas.

Mientras Gonzalo se va a jugar a su habitación que ya está adaptada a él con sus juguetes y posters de héroes de las películas de Disney, Betty entra en su cuarto de baño a hacer la prueba y Armando se queda en el salón haciendo zapping ya que con los nervios no encuentra nada a su gusto en la televisión.

Y es que como es bastante impaciente, está deseando saber.

- Armando... -Dice Betty desde la puerta con sonrisa feliz y lagrimitas de emoción en los ojos.- Es positivo.

- Qué alegría, mi amor! -Se levanta y la abraza entusiasmado, pero afloja inmediatamente.- Ay, cuidado con el bebé.

- Oj! Oj! Oj! Ni nuestro hijo, ni yo somos de mantequilla. -Le acaricia una mejilla.

- Por si acaso. Voy a ser cariñoso, pero muy suavecito.

- Vale. -Acepta satisfecha por lo contento que le ve.

- Betty, se lo decimos a Gonzalo ya?

- Yo creo que todavía es muy pronto y a él se le va a hacer eterno el embarazo.

- De acuerdo. Entonces esperaremos a que se te empiece a notar la barriguita. -Sugiere Armando que sigue abrazándola.

- Mucho mejor, porque ahora él no ve nada distinto y le quedan por delante ocho meses para impacientarse.

Así hacen, y a partir de ese momento Armando la tiene entre algodones, aunque ella insiste en que el embarazo es algo natural y el cuerpo de la mujer está preparado para ello.

Se lo comunican a los cuatro futuros abuelos y a los tíos, avisándoles que a Gonzalo se lo dirán más adelante, y todos quedan muy felices de que la familia aumente.


CONTINUARÁ...




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Acabó el viaje de novios y se trajeron un precioso regalito, como muchas de vosotras esperabais, jeje...

Ahora veremos cómo le sienta a Gonzalo. Igual se siente príncipe destronado...

Besicos.
DE BIEN Y NO HAYA PROBLEMAS QUE EMPAÑEN LA FELICIDAD DE ARMANDO Y BETTY, ESPERO LA CONTINUACION PRONTO, SALUDOS.
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Fanarg
Fanarg

June 5th, 2011, 4:43 am #6


Durante la siguiente semana continúan recorriendo la Costa Azul, y luego navegan a Cerdeña, a Ischia y a Capri. Finalmente vuelven a la Riviera francesa para descansar un par de días antes de regresar a casa.

- Tenemos varios regalos para Gonzalo, pero habremos conseguido llevarle el más importante? -Pregunta, travieso, al tiempo que le hace cosquillas acostado a su lado.

- No me extrañaría, mi amor. No nos hemos cuidado ninguna vez.

- Qué te parece si volvemos a intentarlo una vez más?

Empiezan las caricias y los besos, y poco más tarde llegan los suspiros.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Capítulo XX.- Gonzalo, te gusta la pizza?


Todo ha transcurrido a la perfección día tras día, y su única queja está relacionada con la rapidez con que ha pasado el tiempo, como ocurre siempre que se es feliz.

Sin poderlo impedir llega el final del viaje. El último día, el último chapuzón en el mar, el último baile...

Pasaron la última noche en el yate.

Estaban sentados en unas butacas de la cubierta de popa, a la luz de la luna, y contemplaban Niza desde cierta distancia ya que Armando había pedido a Marcelo que anclase fuera del puerto porque prefiere estar rodeado de agua a ver pasar gente curiosa por el muelle que mira sin pudor a los que están en los barcos.

- Lo he pasado muy bien. -Comenta Betty sonriente.- Todo lo que he conocido es bellísimo, y el Mare Azzurro es perfecto: el barco, el camarote, esta cubierta de popa, la comida, la tripulación. Ésta es una vida regalada, entre algodones y resulta muy fácil adaptarse a ella.

- Ja, ja! Te comprendo. -Contesta Armando de inmejorable humor.- Pero ve haciéndote a la idea de que mañana regresamos a Bogotá y a Ecomoda.

- Si también lo estoy deseando para abrazar a Gonzalo, pero es que nunca en mi vida había dispuesto de unos días así, simplemente para disfrutar.

Armando se levanta y la toma de las manos tirando de ella hacia arriba.

- Anda, vamos a despedirnos del camarote y de la camita, sí?

- Sí, mi amor.





&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&




Por la mañana se despiden de Marcelo y de los demás miembros de la tripulación, suben a un taxi y se dirigen al aeropuerto donde embarcan en el avión que les lleva de regreso a casa.

Horas después aterrizan en El Dorado sin el menor contratiempo y abrazan felices a Gonzalo y a los padres de los dos, que han ido a recibirles.

- Mami! -Corre hacia ella, la abraza, y a partir de ese momento no se separa de ella.

- Q´hubo, mi amor? -Se agacha otra vez delante de él para darle el vigésimo abrazo y el quincuagésimo beso.

- Tengo una bolsa con mi ropa en el coche del abuelo porque yo quiero irme contigo y con mi papá.

- No ha habido modo de que comprenda que están recién llegados a Bogotá y tienen que organizarse, m´hija. -Se justifica la abuela.

- No se preocupe, doña Julia. Gonzalo siempre es buena compañía. -La tranquiliza Armando.- Vamos a recoger nuestro equipaje, y luego lo metemos en el maletero con tu bolsa, key?

- Key! Se toma de las manos de sus papás y va dando saltitos entre los dos.

- Qué tal eso del crucero y el barco, Bettyca? No se ha mareado?

Doña Julia se ha emparejado con su hija y doña Margarita con el suyo, y charlan animadamente.

Por su parte, los padres de los dos les siguen a corta distancia escuchando la conversación e interviniendo puntualmente.

- Ha sido divino. -Concluye Betty con cara de felicidad.- Todo un acierto pasar la luna de miel en un crucero por el Mediterráneo.

Las madres se miran y sonríen con complicidad, comprendiendo que todo va sobre ruedas entre sus hijos.




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Una hora después ya están los tres en el apartamento, y empiezan a deshacer las maletas y organizar la ropa distribuyendo unas prendas para lavar y otras para guardar en los armarios y cajones.

Por último, Betty coloca la del niño en la habitación de invitados, mientras él juega con los regalos que le han traído.

Armando les contempla desde la puerta y comenta:

- Tenemos que ponernos a buscar una vivienda más adecuada para una familia. Este dormitorio no es propio para un niño.

- Es cierto que es muy serio para él y muy impersonal. -Conviene Betty con él.- Pero no crees que bastará con redecorarlo?

- No, doctora, porque nosotros tenemos la intención de aumentar la familia, sí?

- Es verdad. -Sonríe Betty.

- Y entonces ya no cabremos aquí. -Llega hasta ella, la abraza y pregunta mimoso.- Cuándo vamos a saber si nuestros esfuerzos han dado fruto?

- Esfuerzos? -Betty simula ofenderse.

- No, no. Mejor digamos placeres. -Divertido.- Dime cuándo.

- Aproximadamente en dos semanas?

- Perfecto aunque se me va a hacer un poco larga la espera. -Se gira para ir a la cocina.- Voy a ver si hay algo que podamos cenar.

- Sólo lo que haya en el congelador, y si tienes latas. -Contesta Betty.

Armando entonces se da la vuelta y pregunta al niño:

- Gonzalo, te gusta la pizza?

- Sí! Con jamón york, champiñón, tomate y muuuucho queso fundido que se estira y se estiiira. -Se ha puesto tan contento porque es una de las comidas que más le gustan y doña Julia no la incluye nunca en sus menús.

- Pues voy a llamar y encargaré dos. -Ríe Armando.

Después de la rica cena con la que Gonzalo se relame y chupa los deditos con restos de tomate, Betty le acompaña para que se prepare para acostarse, y a continuación vuelve para despedirse de su papá con fuertes besos.

- Me gustan tus cenas. -Le dice con espontaneidad.

- Ja, ja, ja! Gonzalico, eres un tipo genial.

- No te creas que aquí se cena pizza todas las noches. Eso ha sido porque después de tantos días de viaje no había comida en el frigorífico. -Le explica la madre.

- Y entonces, qué se cena aquí? -Con interés por si no es de su gusto.

- Pues sopa, verduras, puré, pescado, tortilla... como en casa de los abuelos.

Gonzalo tuerce un poco el morrito al oír verduras, y Armando inmediatamente se solidariza con él y le echa un cable.

- Bueno, alguna vez se comen perritos calientes (hot dogs). -Le guiña un ojo.

- Con ketchup y un poquitico de mostaza. Vale! Me va a gustar estar aquí todos los días menos cuando haya verdura.

- Anda, a dormir.

Betty le toma de la mano y le conduce a su cuarto, le acuesta, reza con él sus oraciones y se despide hasta la mañana siguiente con cariñosos besos.

- Hasta mañana, mi amor. Que sueñes con los angelitos.





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Betty vuelve al salón, se sienta en el sofá bien pegadita a Armando y le dice:

- Mañana tenemos que recoger todo lo de Gonzalo que quedó en casa de mis padres, y no podemos olvidarnos de traer todas las cosas del colegio para el lunes.

- Sí, yo también he pensado traerle todos sus posters de Disney para ponérselos aquí en las paredes y que la habitación tenga un ambiente más infantil. -La estruja contra él.- Así se sentirá más en su casa mientras buscamos y encontramos nuestro hogar.

- Buena idea, y ahora vámonos a la camita, mi amor, que me provoca quererte mucho.

- Ésa es mi chica! -La besa con pasión.- Pero te recuerdo que no podemos hacer ruiditos para no despertar al chino.

- Ajá! Seremos silenciosos como hormiguitas, pero vamos ya. -Mimosa.





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A partir del lunes dejan a Gonzalo en casa de los abuelos a las siete y media de la mañana para que ellos le lleven al colegio, y también allí le recogen por la tarde cuando salen del trabajo, pero Betty no está conforme con ese trasiego y sólo lo considera un arreglo provisional.

Habla del asunto con Armando y deciden que tan pronto como encuentren la casita que necesitan, buscarán un buen colegio por la zona y le matricularán para el próximo curso.

Cuando volvieron a Ecomoda, Armando eligió a Sofía para secretaria de presidencia y Betty pasó a desempeñar su nuevo cargo de vicepresidente económico de la empresa y preguntó a Aura Mª si estaba dispuesta a ser la suya.

La recepcionista aceptó encantada.

- Fresca, m´hija! Ahorita mismo me subo con usted, y le prometo que me voy a esforzar para que esté satisfecha con mi trabajo.

- Estoy segura de ello, amiga, pero quédese aún en su puesto mientras hacemos unos ajustes y mandamos alguien ahí abajo.

- A la orden, doctora. -Con sonrisa de oreja a oreja.




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Llevan un par de semanas trabajando y ya Betty empieza a sospechar que pueda estar embarazada, cuando una tarde viene el doctor Santamaría a la empresa.

- Don Armando, está aquí el doctor Santamaría y desea hablar con usted.

- Que pase a presidencia, Sofía.

Armando se levanta y va hacia la puerta para recibirle, pero llega antes la secretaria que abre haciéndose a un lado para invitar a entrar al abogado.

- Buenos tardes, José Manuel, pase y siéntese. -Le tiende la mano.

- Buenas tardes, Armando. -Se la estrecha y avanza hasta la mesa, donde deposita el portafolios y toma asiento en un sillón.

- Qué le trae por aquí? La empresa o mi asunto?

- Su asunto. Ya está solucionado y le traigo todos los documentos. Sólo tienen que firmarlos la madre y usted, y el muchachito pasará a ser hijo suyo con todos los derechos. Es más, deberá usar desde ya mismo, como propio, el apellido Mendoza a todos los efectos. Vea, aquí figura como Gonzalo Mendoza Pinzón.

- Muy bien, Santamaría, me sorprende mucho la rapidez con que se ha resuelto.

- Son unos trámites muy sencillos, y en unos tres meses se concede la adopción si el progenitor biológico lo autoriza, y éste y el adoptante contraen matrimonio.

- Comprendo. Voy a avisar a Betty para que venga a firmar los documentos.

Siguen hablando los dos hombres hasta que llega Betty. Entonces le explica el abogado, firman los dos y Santamaría guarda los papeles que debe presentar en el juzgado.

- Acá les dejo los documentos del niño para cuando necesiten acreditar la filiación.

- Sí, ahora deberemos llevarlos al colegio para que le arreglen su expediente.

- Exacto. Bueno... -Se levanta.- Yo mañana entregaré estos documentos y asunto solucionado.

- Santamaría, una pregunta... -Armando se acerca a él.- Le ha llamado la doctora Valencia para dividir la empresa?

- No. Me llamó su hermano Daniel hace tiempo para preguntarme si los balances e informes que presentaron ustedes eran fidedignos, y cuando yo le confirmé la buena marcha de la empresa y las ganancias que está teniendo, se mostró muy satisfecho y no ha vuelto a llamarme.

- Muy bien, gracias por todo.

Se despiden cordialmente.

Y al quedarse solos Armando la abraza exclamando:

- Soy papá!

- Sí, mi amor, y sospecho que por partida doble.

- Betty! -La estruja contra él.- Estás segura?

- No hasta que haga el test.

- Lo compraremos al salir, cuando vayamos a buscar al niño.

- Key! Pero ahora tengo que volver a mi despacho porque estoy a medias de un informe y ya pasan de las cinco. Becho! -Saca morritos y se pone de puntillas.

De camino al barrio de Palermo, Armando se detiene ante una farmacia para que Betty compre el test y luego siguen hacia la casita.

Una vez allí, aparca delante y entran los dos para enseñar los papeles que dicen que Gonzalo es hijo de Armando a efectos legales.

Los abuelos se alegran mucho de que ya esté todo arreglado y su nieto tenga un buen padre que le ayude a crecer con buen ejemplo y buenos consejos.

El niño se pone a dar saltos como un canguro.

- Ya eres mi papá de verdad!

- Sí, hijo, lo pone en estos papeles. Ahora te llamas Gonzalo Mendoza Pinzón.

El niño repite el nombre y los dos apellidos. Luego dice:

- Se lo tengo que decir a la profe.

- Sí. -Betty intenta tranquilizarle.- No te preocupes que mañana iré yo contigo al colegio para hablar con el secretario del centro, y que modifiquen el dato del apellido y el del nuevo domicilio.

Celebran la buena nueva merendando un bizcocho que acaba de hacer doña Julia con un rico café, y luego se van al apartamento con afán por hacer el test y salir de dudas.

Mientras Gonzalo se va a jugar a su habitación que ya está adaptada a él con sus juguetes y posters de héroes de las películas de Disney, Betty entra en su cuarto de baño a hacer la prueba y Armando se queda en el salón haciendo zapping ya que con los nervios no encuentra nada a su gusto en la televisión.

Y es que como es bastante impaciente, está deseando saber.

- Armando... -Dice Betty desde la puerta con sonrisa feliz y lagrimitas de emoción en los ojos.- Es positivo.

- Qué alegría, mi amor! -Se levanta y la abraza entusiasmado, pero afloja inmediatamente.- Ay, cuidado con el bebé.

- Oj! Oj! Oj! Ni nuestro hijo, ni yo somos de mantequilla. -Le acaricia una mejilla.

- Por si acaso. Voy a ser cariñoso, pero muy suavecito.

- Vale. -Acepta satisfecha por lo contento que le ve.

- Betty, se lo decimos a Gonzalo ya?

- Yo creo que todavía es muy pronto y a él se le va a hacer eterno el embarazo.

- De acuerdo. Entonces esperaremos a que se te empiece a notar la barriguita. -Sugiere Armando que sigue abrazándola.

- Mucho mejor, porque ahora él no ve nada distinto y le quedan por delante ocho meses para impacientarse.

Así hacen, y a partir de ese momento Armando la tiene entre algodones, aunque ella insiste en que el embarazo es algo natural y el cuerpo de la mujer está preparado para ello.

Se lo comunican a los cuatro futuros abuelos y a los tíos, avisándoles que a Gonzalo se lo dirán más adelante, y todos quedan muy felices de que la familia aumente.


CONTINUARÁ...




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Acabó el viaje de novios y se trajeron un precioso regalito, como muchas de vosotras esperabais, jeje...

Ahora veremos cómo le sienta a Gonzalo. Igual se siente príncipe destronado...

Besicos.
Está bien que él quiere ser hermano mayor, pero cuando llegue el momento, los celos pueden aflorar en él, y medio rechace a su hermanit, cuando vea a sus padres estar más pendiente del bebé que de él.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

June 6th, 2011, 3:28 pm #7


Durante la siguiente semana continúan recorriendo la Costa Azul, y luego navegan a Cerdeña, a Ischia y a Capri. Finalmente vuelven a la Riviera francesa para descansar un par de días antes de regresar a casa.

- Tenemos varios regalos para Gonzalo, pero habremos conseguido llevarle el más importante? -Pregunta, travieso, al tiempo que le hace cosquillas acostado a su lado.

- No me extrañaría, mi amor. No nos hemos cuidado ninguna vez.

- Qué te parece si volvemos a intentarlo una vez más?

Empiezan las caricias y los besos, y poco más tarde llegan los suspiros.





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Capítulo XX.- Gonzalo, te gusta la pizza?


Todo ha transcurrido a la perfección día tras día, y su única queja está relacionada con la rapidez con que ha pasado el tiempo, como ocurre siempre que se es feliz.

Sin poderlo impedir llega el final del viaje. El último día, el último chapuzón en el mar, el último baile...

Pasaron la última noche en el yate.

Estaban sentados en unas butacas de la cubierta de popa, a la luz de la luna, y contemplaban Niza desde cierta distancia ya que Armando había pedido a Marcelo que anclase fuera del puerto porque prefiere estar rodeado de agua a ver pasar gente curiosa por el muelle que mira sin pudor a los que están en los barcos.

- Lo he pasado muy bien. -Comenta Betty sonriente.- Todo lo que he conocido es bellísimo, y el Mare Azzurro es perfecto: el barco, el camarote, esta cubierta de popa, la comida, la tripulación. Ésta es una vida regalada, entre algodones y resulta muy fácil adaptarse a ella.

- Ja, ja! Te comprendo. -Contesta Armando de inmejorable humor.- Pero ve haciéndote a la idea de que mañana regresamos a Bogotá y a Ecomoda.

- Si también lo estoy deseando para abrazar a Gonzalo, pero es que nunca en mi vida había dispuesto de unos días así, simplemente para disfrutar.

Armando se levanta y la toma de las manos tirando de ella hacia arriba.

- Anda, vamos a despedirnos del camarote y de la camita, sí?

- Sí, mi amor.





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Por la mañana se despiden de Marcelo y de los demás miembros de la tripulación, suben a un taxi y se dirigen al aeropuerto donde embarcan en el avión que les lleva de regreso a casa.

Horas después aterrizan en El Dorado sin el menor contratiempo y abrazan felices a Gonzalo y a los padres de los dos, que han ido a recibirles.

- Mami! -Corre hacia ella, la abraza, y a partir de ese momento no se separa de ella.

- Q´hubo, mi amor? -Se agacha otra vez delante de él para darle el vigésimo abrazo y el quincuagésimo beso.

- Tengo una bolsa con mi ropa en el coche del abuelo porque yo quiero irme contigo y con mi papá.

- No ha habido modo de que comprenda que están recién llegados a Bogotá y tienen que organizarse, m´hija. -Se justifica la abuela.

- No se preocupe, doña Julia. Gonzalo siempre es buena compañía. -La tranquiliza Armando.- Vamos a recoger nuestro equipaje, y luego lo metemos en el maletero con tu bolsa, key?

- Key! Se toma de las manos de sus papás y va dando saltitos entre los dos.

- Qué tal eso del crucero y el barco, Bettyca? No se ha mareado?

Doña Julia se ha emparejado con su hija y doña Margarita con el suyo, y charlan animadamente.

Por su parte, los padres de los dos les siguen a corta distancia escuchando la conversación e interviniendo puntualmente.

- Ha sido divino. -Concluye Betty con cara de felicidad.- Todo un acierto pasar la luna de miel en un crucero por el Mediterráneo.

Las madres se miran y sonríen con complicidad, comprendiendo que todo va sobre ruedas entre sus hijos.




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Una hora después ya están los tres en el apartamento, y empiezan a deshacer las maletas y organizar la ropa distribuyendo unas prendas para lavar y otras para guardar en los armarios y cajones.

Por último, Betty coloca la del niño en la habitación de invitados, mientras él juega con los regalos que le han traído.

Armando les contempla desde la puerta y comenta:

- Tenemos que ponernos a buscar una vivienda más adecuada para una familia. Este dormitorio no es propio para un niño.

- Es cierto que es muy serio para él y muy impersonal. -Conviene Betty con él.- Pero no crees que bastará con redecorarlo?

- No, doctora, porque nosotros tenemos la intención de aumentar la familia, sí?

- Es verdad. -Sonríe Betty.

- Y entonces ya no cabremos aquí. -Llega hasta ella, la abraza y pregunta mimoso.- Cuándo vamos a saber si nuestros esfuerzos han dado fruto?

- Esfuerzos? -Betty simula ofenderse.

- No, no. Mejor digamos placeres. -Divertido.- Dime cuándo.

- Aproximadamente en dos semanas?

- Perfecto aunque se me va a hacer un poco larga la espera. -Se gira para ir a la cocina.- Voy a ver si hay algo que podamos cenar.

- Sólo lo que haya en el congelador, y si tienes latas. -Contesta Betty.

Armando entonces se da la vuelta y pregunta al niño:

- Gonzalo, te gusta la pizza?

- Sí! Con jamón york, champiñón, tomate y muuuucho queso fundido que se estira y se estiiira. -Se ha puesto tan contento porque es una de las comidas que más le gustan y doña Julia no la incluye nunca en sus menús.

- Pues voy a llamar y encargaré dos. -Ríe Armando.

Después de la rica cena con la que Gonzalo se relame y chupa los deditos con restos de tomate, Betty le acompaña para que se prepare para acostarse, y a continuación vuelve para despedirse de su papá con fuertes besos.

- Me gustan tus cenas. -Le dice con espontaneidad.

- Ja, ja, ja! Gonzalico, eres un tipo genial.

- No te creas que aquí se cena pizza todas las noches. Eso ha sido porque después de tantos días de viaje no había comida en el frigorífico. -Le explica la madre.

- Y entonces, qué se cena aquí? -Con interés por si no es de su gusto.

- Pues sopa, verduras, puré, pescado, tortilla... como en casa de los abuelos.

Gonzalo tuerce un poco el morrito al oír verduras, y Armando inmediatamente se solidariza con él y le echa un cable.

- Bueno, alguna vez se comen perritos calientes (hot dogs). -Le guiña un ojo.

- Con ketchup y un poquitico de mostaza. Vale! Me va a gustar estar aquí todos los días menos cuando haya verdura.

- Anda, a dormir.

Betty le toma de la mano y le conduce a su cuarto, le acuesta, reza con él sus oraciones y se despide hasta la mañana siguiente con cariñosos besos.

- Hasta mañana, mi amor. Que sueñes con los angelitos.





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Betty vuelve al salón, se sienta en el sofá bien pegadita a Armando y le dice:

- Mañana tenemos que recoger todo lo de Gonzalo que quedó en casa de mis padres, y no podemos olvidarnos de traer todas las cosas del colegio para el lunes.

- Sí, yo también he pensado traerle todos sus posters de Disney para ponérselos aquí en las paredes y que la habitación tenga un ambiente más infantil. -La estruja contra él.- Así se sentirá más en su casa mientras buscamos y encontramos nuestro hogar.

- Buena idea, y ahora vámonos a la camita, mi amor, que me provoca quererte mucho.

- Ésa es mi chica! -La besa con pasión.- Pero te recuerdo que no podemos hacer ruiditos para no despertar al chino.

- Ajá! Seremos silenciosos como hormiguitas, pero vamos ya. -Mimosa.





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A partir del lunes dejan a Gonzalo en casa de los abuelos a las siete y media de la mañana para que ellos le lleven al colegio, y también allí le recogen por la tarde cuando salen del trabajo, pero Betty no está conforme con ese trasiego y sólo lo considera un arreglo provisional.

Habla del asunto con Armando y deciden que tan pronto como encuentren la casita que necesitan, buscarán un buen colegio por la zona y le matricularán para el próximo curso.

Cuando volvieron a Ecomoda, Armando eligió a Sofía para secretaria de presidencia y Betty pasó a desempeñar su nuevo cargo de vicepresidente económico de la empresa y preguntó a Aura Mª si estaba dispuesta a ser la suya.

La recepcionista aceptó encantada.

- Fresca, m´hija! Ahorita mismo me subo con usted, y le prometo que me voy a esforzar para que esté satisfecha con mi trabajo.

- Estoy segura de ello, amiga, pero quédese aún en su puesto mientras hacemos unos ajustes y mandamos alguien ahí abajo.

- A la orden, doctora. -Con sonrisa de oreja a oreja.




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Llevan un par de semanas trabajando y ya Betty empieza a sospechar que pueda estar embarazada, cuando una tarde viene el doctor Santamaría a la empresa.

- Don Armando, está aquí el doctor Santamaría y desea hablar con usted.

- Que pase a presidencia, Sofía.

Armando se levanta y va hacia la puerta para recibirle, pero llega antes la secretaria que abre haciéndose a un lado para invitar a entrar al abogado.

- Buenos tardes, José Manuel, pase y siéntese. -Le tiende la mano.

- Buenas tardes, Armando. -Se la estrecha y avanza hasta la mesa, donde deposita el portafolios y toma asiento en un sillón.

- Qué le trae por aquí? La empresa o mi asunto?

- Su asunto. Ya está solucionado y le traigo todos los documentos. Sólo tienen que firmarlos la madre y usted, y el muchachito pasará a ser hijo suyo con todos los derechos. Es más, deberá usar desde ya mismo, como propio, el apellido Mendoza a todos los efectos. Vea, aquí figura como Gonzalo Mendoza Pinzón.

- Muy bien, Santamaría, me sorprende mucho la rapidez con que se ha resuelto.

- Son unos trámites muy sencillos, y en unos tres meses se concede la adopción si el progenitor biológico lo autoriza, y éste y el adoptante contraen matrimonio.

- Comprendo. Voy a avisar a Betty para que venga a firmar los documentos.

Siguen hablando los dos hombres hasta que llega Betty. Entonces le explica el abogado, firman los dos y Santamaría guarda los papeles que debe presentar en el juzgado.

- Acá les dejo los documentos del niño para cuando necesiten acreditar la filiación.

- Sí, ahora deberemos llevarlos al colegio para que le arreglen su expediente.

- Exacto. Bueno... -Se levanta.- Yo mañana entregaré estos documentos y asunto solucionado.

- Santamaría, una pregunta... -Armando se acerca a él.- Le ha llamado la doctora Valencia para dividir la empresa?

- No. Me llamó su hermano Daniel hace tiempo para preguntarme si los balances e informes que presentaron ustedes eran fidedignos, y cuando yo le confirmé la buena marcha de la empresa y las ganancias que está teniendo, se mostró muy satisfecho y no ha vuelto a llamarme.

- Muy bien, gracias por todo.

Se despiden cordialmente.

Y al quedarse solos Armando la abraza exclamando:

- Soy papá!

- Sí, mi amor, y sospecho que por partida doble.

- Betty! -La estruja contra él.- Estás segura?

- No hasta que haga el test.

- Lo compraremos al salir, cuando vayamos a buscar al niño.

- Key! Pero ahora tengo que volver a mi despacho porque estoy a medias de un informe y ya pasan de las cinco. Becho! -Saca morritos y se pone de puntillas.

De camino al barrio de Palermo, Armando se detiene ante una farmacia para que Betty compre el test y luego siguen hacia la casita.

Una vez allí, aparca delante y entran los dos para enseñar los papeles que dicen que Gonzalo es hijo de Armando a efectos legales.

Los abuelos se alegran mucho de que ya esté todo arreglado y su nieto tenga un buen padre que le ayude a crecer con buen ejemplo y buenos consejos.

El niño se pone a dar saltos como un canguro.

- Ya eres mi papá de verdad!

- Sí, hijo, lo pone en estos papeles. Ahora te llamas Gonzalo Mendoza Pinzón.

El niño repite el nombre y los dos apellidos. Luego dice:

- Se lo tengo que decir a la profe.

- Sí. -Betty intenta tranquilizarle.- No te preocupes que mañana iré yo contigo al colegio para hablar con el secretario del centro, y que modifiquen el dato del apellido y el del nuevo domicilio.

Celebran la buena nueva merendando un bizcocho que acaba de hacer doña Julia con un rico café, y luego se van al apartamento con afán por hacer el test y salir de dudas.

Mientras Gonzalo se va a jugar a su habitación que ya está adaptada a él con sus juguetes y posters de héroes de las películas de Disney, Betty entra en su cuarto de baño a hacer la prueba y Armando se queda en el salón haciendo zapping ya que con los nervios no encuentra nada a su gusto en la televisión.

Y es que como es bastante impaciente, está deseando saber.

- Armando... -Dice Betty desde la puerta con sonrisa feliz y lagrimitas de emoción en los ojos.- Es positivo.

- Qué alegría, mi amor! -Se levanta y la abraza entusiasmado, pero afloja inmediatamente.- Ay, cuidado con el bebé.

- Oj! Oj! Oj! Ni nuestro hijo, ni yo somos de mantequilla. -Le acaricia una mejilla.

- Por si acaso. Voy a ser cariñoso, pero muy suavecito.

- Vale. -Acepta satisfecha por lo contento que le ve.

- Betty, se lo decimos a Gonzalo ya?

- Yo creo que todavía es muy pronto y a él se le va a hacer eterno el embarazo.

- De acuerdo. Entonces esperaremos a que se te empiece a notar la barriguita. -Sugiere Armando que sigue abrazándola.

- Mucho mejor, porque ahora él no ve nada distinto y le quedan por delante ocho meses para impacientarse.

Así hacen, y a partir de ese momento Armando la tiene entre algodones, aunque ella insiste en que el embarazo es algo natural y el cuerpo de la mujer está preparado para ello.

Se lo comunican a los cuatro futuros abuelos y a los tíos, avisándoles que a Gonzalo se lo dirán más adelante, y todos quedan muy felices de que la familia aumente.


CONTINUARÁ...




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Acabó el viaje de novios y se trajeron un precioso regalito, como muchas de vosotras esperabais, jeje...

Ahora veremos cómo le sienta a Gonzalo. Igual se siente príncipe destronado...

Besicos.
Son felices, viene un nuevo miembro o miembra a la familia. Esperamos que todo siga así. Nos gustó el capítulo, todo tan tierno y apacible. Ya veremos si los dejas así o si los echas a pelear otra vez, jejeje. Besos
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