ENCUENTROS en alguna fase.- Capítulo XV

ENCUENTROS en alguna fase.- Capítulo XV

Calipso
Calipso

December 15th, 2006, 2:11 pm #1


- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@






Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
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mcarmenb
mcarmenb

December 15th, 2006, 5:04 pm #2

de betty, seguro, esa haria muy feliz a betty y a d.hermes.
un saludo
mcarmenb
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

December 15th, 2006, 7:41 pm #3

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






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Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





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La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





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Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





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Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





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Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





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Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
Que se le ocurrió a Armando, y veamos como reacciona don Hermes. Besos
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eternidad
eternidad

December 15th, 2006, 11:45 pm #4

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@






Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
veremos a ver como se desarrollan las cosas porque prometen, prometen jejejeje. Yo por mi parte, espero impaciente el capi. Muchos besos
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Verónica
Verónica

December 16th, 2006, 1:28 am #5

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@






Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





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Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
para la pobre Betty que creyó que tendría fiesta cada noche, jejeje. Pero ha sido bueno que Armando la pusiese "a prueba". Muchos errores entre esos dos, es mejor que se demuestren cuanto se quieren. Don Hermes... que pasará. Deseosa de saber como continua.

Besos,

Vero
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Eva
Eva

December 16th, 2006, 2:40 am #6

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






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Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





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La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





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Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
Jo, pobre Betty: toda compuesta y con novio, pero sin alegrías pa su body! Esperemos que Armandito se anime, y que en caso de que se le conceda la mano, no haya que esperar a la boda!!!!
Cuánto más les va a costar a estos dos pobres????

Besos:


Eva.
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Cata
Cata

December 16th, 2006, 11:39 am #7

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@






Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
no se enfade cuando se entere de que Armando ha ido a hablar con su papá. ¿Qué querrá decirle? Por más vueltas que le doy no acabo de adivinarlo.

Precioso el capítulo, Calipso.

Besos.
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Maria
Maria

December 16th, 2006, 12:33 pm #8

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@






Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





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Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





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Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
este Armando, no le conviene esa postura porque Betty se lo puede hacer pasar dificil. Que habrá ido a hacer a casa de Betty?, irá a invitarlos también a comer?, puede que quiera que se reconcilien. Este Armando tan formalito no me suena, jaja. Gracias por el capi. Besitos y feliz navidad
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Gala
Gala

December 17th, 2006, 8:11 pm #9

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@






Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
ay! mijita ya lo veo destrozado por D. Germenes ... y encima con Betty que no le da ninguna seguridad, no crees que necesitaría un poco de ayuda? Besotes .
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isabel
isabel

December 18th, 2006, 12:41 am #10

- No podía dejar pasar una oportunidad como esa. No crees? Bueno, aún quieres que vaya a vivir contigo?

Armando, pensando en lo que acaba de escuchar, tarda unas décimas de segundo en contestar, pero lo hace favorablemente.

- Ni más faltaba! Quieres que te pase a recoger al salir del trabajo?

- No es necesario porque tengo aquí el coche.

- Pero no sabes mi dirección y quiero ser yo quien te lleve allá. Además tendrás tu ropa…

- Sí, tengo dos grandes maletones.

- Pues paso por ti a las seis y media.

- Hasta luego entonces.

- Hasta la tarde.

Armando cuelga despacio, reflexionando.

Por supuesto que está contento, pero esa actitud negativa del padre empaña la satisfacción y alegría que pensaba sentir, porque le hace temer que Betty no se vaya con él totalmente convencida.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@






Capítulo XV.- Acuéstate que yo llegaré tarde…




Continúa incómodo todo el día por esa sensación, y finalmente toma una decisión que le cuesta mucho pero…

A las seis y media en punto para el coche en la puerta del edificio donde Cata tiene la agencia, y de inmediato sale Betty seguida por el conserje que lleva una gran maleta en cada mano.

Armando se apea para abrir el maletero, guardan allá el equipaje mientras Betty sube al coche y parten camino de su nidito.

- He dejado mi auto en el aparcamiento de la agencia.

- Has hecho bien porque es más cómodo ir juntos.

Una vez en el apartamento, él la va mostrando el espacioso piso que está amueblado y decorado con mucho gusto, pero con un estilo tremendamente masculino.

Y cuando ya lo han recorrido por completo y vuelven al salón, Armando toma una de las maletas y deslizándola sobre sus ruedecitas la lleva a la habitación de invitados.

- Armando… -Murmura muy desconcertada.- Éste va a ser mi cuarto?

- Así es. Esta habitación es muy alegre, pues tiene abundante luz natural y es amplia. No te gusta?

- No es eso. Cómo piensas? Es que…

- Explícame, Betty. –La anima con calidez aunque serio, imaginándose.

- Verás, yo pensé que si íbamos a vivir juntos, pues…

- Sí?

- Compartiríamos… -La cuesta mucho decirlo.

- El dormitorio. –Decide ayudarla.- Te refieres a eso?

- Sí.

- Para llegar a ese punto debes estar absolutamente decidida y sin dudas.

- No las tengo. Yo acepté.

- Betty, te explico: yo no quiero que vengas a mí aprovechando una oportunidad para escapar de tu padre, sino que lo desees tanto como yo.

- Pero lo deseo, yo quiero vivir contigo.

- Pues en este momento no estoy completamente convencido de eso, así que prefiero que esperemos hasta que los dos estemos seguros de nuestros sentimientos. Bastantes errores, malentendidos y dudas hemos sufrido para añadir una más y de este calibre.

- Como quieras.

Betty al fin se rinde, pero su decepción es muy grande, y aunque comprende que Armando tiene razón al querer saber con seguridad que no ha aceptado vivir con él para aprovechar la ocasión de huir del autoritario de su padre, siente un poco herido su orgullo.

- Ahora instálate a tu gusto y luego ven al salón. Allá te espero. –Sale del dormitorio y cierra la puerta tras él.

Betty se queda mirando hacia allá y dice:

- Será posible? Me va a tocar convencerle de que estoy aquí porque le quiero. Pues lo haré porque después de dar este paso, no me voy a quedar con las ganas.





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La convivencia es fácil y natural entre ellos, pues los dos se comportan amables y respetuosos, incluso cariñosos, pero lo que hacen más que vivir juntos, es compartir piso como dos buenos amigos.

Pasados unos días, Betty empieza a hacer intentos, aproximaciones, se insinúa… pero Armando disfruta y finge no darse cuenta, porque necesita cerciorarse de que ella está allí SÓLO por él.

Finalmente, Betty termina perdiendo la paciencia.

“Qué voy a tener que hacer para convencer a este cabeza dura? Únicamente se me ocurren dos cosas: tirarme a su cuello descaradamente y aferrarme a él tanto si quiere como si no, o… probar a darle celos para ver si aún le importo o perdió todo el interés por mí cuando acepté vivir con él. Creo que empezaré por esto último…”

Se la ve pensativa y abstraída varios días, sólo preocupada de encontrar modo y ocasión.





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Y ésta se le presenta cuando una noche Cata la invita a cenar con ella y otros ejecutivos de la empresa.

Entonces, ella aprovecha la oportunidad para llamar a Armando y decirle una “mentirijilla inofensiva”.

- Aló?

- Armando, llamo para avisarte de que Michel Doinell ha venido a Bogotá, y voy a salir a cenar con él, así que no te preocupes si llego tarde a casa porque él me acompañará.

- Eeee… ah! Bueno, estooo… sí, claro… si te acompaña me quedo más tranquilo. Mucho más… -Tranquilísimo, seguro que sí…

- OK! Tú acuéstate y duérmete que yo procuraré no hacer ruido para no molestarte. –Le aconseja la muy bruja sonriendo, con expresión malvada y la esperanza de inquietarle.

- No… ya… tranquila, si yo tengo el sueño muy profundo… -Está que si le pinchan no sale gota de sangre.

- Chao, Armando. –Se despide con estudiada jovialidad.

- Cuídate. –Contesta él con un hilo de voz y cuelga el teléfono.- Ay, Betty, será que con tanta resistencia a creerte, y tanto querer asegurarme de tu cariño te he alejado de mí para echarte en brazos de otro? Si fuera así no me perdonaría nunca la estupidez.





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Armando pasa la tarde con todas las alarmas encendidas y, ya de noche, la espera en casa desesperado y mirando a la calle cada vez que oye pararse un coche.

Al fin, bastante tarde, la ve apearse de un taxi, pero le extraña que pague ella el servicio.

Cuando Betty abre la puerta y entra al apartamento le sorprende observándola con cara desencajada mientras la examina con suma atención de los pies a la cabeza en busca de señales extrañas: pelo despeinado, pintalabios corrido, ropas descolocadas… pero ella está impecable.

Betty al verle esa cara y aún vestido de calle, se alegra comprendiendo que está intranquilo por ella, pero le pregunta aparentando sorpresa.

- Armando, todavía despierto y levantado?

- Por si me necesitabas…

- Pues ya ves que aquí estoy sin el menor problema. –Le guiña un ojo traviesa.

- Esto… no iba a acompañarte el francés? Será que esta vez ese Monsieur Doinell no fue tan charmant como acostumbra? –Dice lo último con sorna.

- Estuve con Cata, porque a Michel le surgió un imprevisto y no pudo venir a cenar, pero llamó para avisarme y retrasamos la cita para dentro de unas noches…

Es una bruja pelona que se ha puesto a improvisar al saber que la ha visto venir sola en el taxi, y quiere castigarle dilatando su inquietud varios días más.

Él, que al principio respiró contento, a continuación vuelve a angustiarse, y se culpa de haber puesto en tremendo peligro su relación por ser quisquilloso.

Se dice con convicción:
“Pues voy a aguarle la cena al franchute y haré cualquier cosa para impedir ese encuentro.”

Se acerca a ella cariñoso y besa ligeramente sus labios.

- Te hace mucha ilusión volver a ver a ese tipo? –Pregunta mimoso mientras los mordisquea.

- Claro que sí. Es un buen amigo. –Le deja hacer.

- Mejor amigo que yo? –Marcando hoyuelos.

- Es distinto, Armando, tú… tú eres otra cosa… -Con voz y ojos sugerentes.

- Te quiero, Beatriz Pinzón, y ahora… que tengas dulces sueños. –Le da un ligero beso, se da media vuelta y se retira a su habitación.

Betty también se va a dormir, y muy contenta además por los indicios que ha atisbado en él.





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Es sábado y ya hace horas que amaneció pero Betty se da una vuelta más en la cama, acomoda la almohada bajo su cabeza y se arrebuja con el edredón, mas la parece oír un leve ruido.

Aguza el oído y escucha un suave golpeteo en la puerta.

Toc! Toc!

- Armando? –Pregunta incorporándose.

- Sí, puedo pasar?

- Eeeh… bueno… -Se coloca bien el pijama y sienta en la cama con rapidez.

Entonces ve abrirse la puerta y aparecer la cara de Armando que la saluda con una sonrisa resplandeciente, para a continuación desaparecer agachándose.

Ella estira el cuello y le ve recoger del suelo una bandeja atiborrada de cosas ricas. Y todo viene por duplicado.

- Hazme sitio que vengo a desayunar contigo.

- Pero…

- Tengo hambre, y como no aparecías decidí preparar todo y traerte el desayuno a la cama, pero para los dos.

- Gracias. Coloca con cuidado la bandeja y siéntate. –Contesta feliz por la iniciativa de él mientras cruza las piernas sobre la cama en posición de yoga.

Entonces Armando se sienta frente a ella y deposita lentamente la bandeja entre ellos.

- Perdona que te haya despertado, pero me provocaba mucho desayunar contigo y ya tenía mucho apetito.

- No importa, yo ya empezaba a despertarme. –Muerde una tostada.- Mmm… qué rica! Te han quedado en su punto.

- Pues espera a probar el café, ya sabes que es mi especialidad.

El desayuno transcurre en plan relajado y amistoso, y cuando terminan Armando toma la bandeja y levantándose, dice:

- Betty, ahora voy a salir a resolver un asunto, pero si quieres, cuando vuelva podemos irnos a comer fuera de Bogotá. Hace muy buen día.

Betty empieza a ver los frutos de su amenaza de cena con Michel, porque Armando está pendiente de ella y a punto de ponerla en un altar.

- Parece buena idea. –No va a desaprovechar el ofrecimiento.- A qué hora tengo que estar lista?

- Sobre la una ya estaré acá.

- OK! A la una. Y deja la bandeja, que ya la llevaré yo.

- Ya que la tengo en las manos, la dejaré según paso por delante de la cocina. Hasta luego, preciosa.

- Chao. –Sonríe satisfecha y se dice: “Me parece que ya nos queda muy poquitico, mi amor”.

Armando entra al baño de su dormitorio, se arregla muy formal con traje de diario y se va en el coche a hacer una visita al barrio de Palermo.

Aparca ante la casa de los Pinzón, va hasta la puerta, llama al timbre y espera.

- Julia, han llamado. No oyó?

Oye decir desde fuera.

- Bueno, ya abriré yo. Total ya me levanté… -Refunfuña mientras va hacia la puerta y abre.- Qué desea?

- Buenos días, don Hermes.

Éste achica los ojos intentando recordar de qué conoce a ese hombre tan trajeado y serio, pero en ese instante aparece por detrás de él su mujer, y ésta si que le recuerda perfectamente.

- Hermes, acaso no reconoce al doctor?

- Buenos días, doña Julia. Soy Armando Mendoza, señor Pinzón, y necesito hablar con usted. Comprendo que he venido sin avisar, pero si pudiese atenderme, se lo agradecería.

Don Hermes levanta el dedo índice apuntando a Armando.

- Ya. Ya voy recordándole. Usted es el cretino que hace más de un año se atrevió a venir aquí a insultar a mi hija acusándola de haberle robado su empresa.

El dedo acusador y el mismo hombrecillo se acercan peligrosamente a Armando.



CONTINUARÁ…





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Q´hubo, chicas?

Armando se puso duro, pero no parece lógico que quiera estar seguro de que Betty no se fue con él para huir de la rigidez su padre?

Lo que no sé es qué irá a hacer ahora a casa de los Pinzón, pero para saber eso tendremos que esperar al siguiente capi. Je, je!

Besos para todas.
no se a que habra ido armando a casa de los papas de betty pero a don hermes parece ser que no le ha gustado na...esperemos a ver que pasa en el siguiente..
besosssssssss!!!!!!!!!!!!

feliz navidad!!!!
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