ATRAPADO EN EL AYER.- Capítulo XXII

ATRAPADO EN EL AYER.- Capítulo XXII

Calipso
Calipso

May 29th, 2009, 2:13 pm #1



- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





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Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
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Joined: February 22nd, 2009, 12:57 pm

May 29th, 2009, 2:40 pm #2

muy bien que Marcela se de por vencida y que todo se valla arreglando.PBESOSyGRACIASor cierto como ves te esperaba como agua de Mayo.
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Joined: February 22nd, 2009, 12:57 pm

May 29th, 2009, 2:42 pm #3


- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





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Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





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Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





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La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





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Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





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Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





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Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





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Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
Perdon por las erratas son las prisas









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Ainara
Ainara

May 29th, 2009, 2:49 pm #4


- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





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Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





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Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





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La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





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Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
por lo menos de momento Marcelita a renunciado a Armando y se ha dado por vencida, pero yo de esta tipa no me creo nada, de pronto se le vuelve a cruzar la vena y....... y además que tiene intención de seguir en Ecomoda, así que veo fácil que cambie de opinión.

Aunque teniendo ahora a toda la familia Mendoza allí, espero que le sea más complicado, ya que espero que todos se lleven muy bien con Betty, más que nada Camila que era la que todavía no conocía a su "cuñadita"


Besotes y hasta el siguiente
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Cata
Cata

May 29th, 2009, 2:59 pm #5


- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





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Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





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Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





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Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
¿Habrá salido Marcela de sus vidas para siempre? ¡Ojalá!

Te echamos de menos la semana pasada, Calipso. Los viernes no son lo mismo sin tu capítulo. Me alegro que estés de regreso.

Besos.
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Guiomar y Celia
Guiomar y Celia

May 29th, 2009, 4:47 pm #6


- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





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Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





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Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





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La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





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Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
Que los pastelitos, calmaron y apaciguaron a la fiera. Esperamos que no sea pasajero.
Ahora a ver que le parece a la reina la relación de su nene con Betty. Nos gustó el capi, Te echamos de menos la semana pasada. Besos y feliz fin de semana.
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Anonymous
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May 31st, 2009, 4:00 am #7


- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





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Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





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Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
que la innombrable no vuelva a aparecer, ya con eso me quedo tranquila. Al no ser que tengas otra cosa en mente que nos haga sufrir más, tanto a nosotras como a los protagonistas, ahí sí que prefiero a Marcela, como dicen por ahí, mejor malo conocido...

Mmm... no sé, en todo caso espero que todo siga tranquilo y prontito se casen, sean felices y coman perdices, jaja. Aunque eso significaría que la historia se acaba, y no... qué penita! Bueno, lo que tú decidas estará bien, eh!

Besos!
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Cami
Cami

May 31st, 2009, 4:01 am #8

Upss! Era yo... (NT)
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marg
marg

June 2nd, 2009, 6:58 am #9


- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





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Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





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Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





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La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





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Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
la relación va asentandose, lastima que Betty no se decida a que sea completa, porque Armando esta deseando y ella seguro que tambien,esperemos que los padres cedan un poco y se arreglen las cosas, por otra parte La visita de Marcela me parece que no debio permitir Armando que subiera, tal vez hubiera sido mejor que él viajara, porque como al fin sucedio los encontro Betty a los dos en la casa y no le hizo ninguna gracia como era de esperar, esperemos que no vuelva de nuevo a molestar.
Besos.
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Bettyca
Bettyca

June 2nd, 2009, 8:15 pm #10


- Igual tu padre se pone bravo y viene a buscarte

- Creo que no vendrá. No es su estilo. Se sentará y esperará a que yo vuelva con las orejas gachas.

- Ven aquí conmigo. Se incorpora para sentarse y dejar sitio en el sofá.

- No te molestes que ya me siento en un sillón.

- Ah, no! Yo quiero tenerte cerquita. Palmea el asiento a su lado.- Quieres que ponga otro canal en la TV?

Betty se sienta junto a él al tiempo que contesta.

- No cambies que a mí también me gusta el baloncesto. Quiénes están jugando?

Ven el partido como dos amigos, y luego cenan lo que dejó preparado la mucama y algo más que trae Armando de la cocina para completar la cena de los dos.





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Capítulo XXII.- La chica de la maleta.




Al terminar de cenar llevan entre los dos los platos y vasos a la cocina, y Armando comenta:

- Voy a escribir una nota a Milagros para que a partir de mañana prepare dos raciones.

- Armando, yo quiero participar en los gastos de la casa, así que echa cuentas y dime cuánto debo aportar.

- Cómo piensas, Betty? Contesta casi escandalizado.- Eres mi invitada!

- Se puede ser invitada unos días, pero creo que yo voy a estar aquí más tiempo, de modo que no me vale.

- Pero, mujer

- Nada, nada! Si no aceptas me vas a obligar a buscar otro lugar para vivir o volver al barrio de Palermo.

- Mi amor, no seas drástica. Como voy a cobrarte por vivir conmigo si es lo que más deseo y te lo he ofrecido yo? Pregunta Armando cargado de razón.

- Porque me sentiré mejor al saber que contribuyo con los gastos. Si no, siempre consideraré que estoy de prestado.

Armando vuelve a intentar convencerla, pero Betty insiste en buscarse otro alojamiento y a él no le queda otra que claudicar.

Al final acuerdan una cantidad que Betty le entregará cada mes, y ya se queda satisfecha.

- Y ahora, novio mío, voy a estrenar mi cama, que anoche dormí muy mal y tengo mucho sueño.

- No quieres que ponga una película y la veamos bien junticos? Te dejo elegir.

- Te agradezco el detalle pero estoy muy cansada. Quizá mañana. Key?

- Key, mi amor. Va hasta ella y la abraza.- Dame el beso de buenas noches.

Betty también se abraza a él y le da un besazo en toda regla sin esperar a que se lo vuelva a pedir.

Después se va a su dormitorio, y cuando se acuesta reza pidiendo que sus padres acepten a Armando, y también ayuda para que su novio y ella afronten la convivencia con madurez y mucho amor, que puedan casarse en un futuro no muy lejano y que sean muy felices por siempre.





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Las siguientes semanas viven en total paz y armonía, viendo nacer sus rutinas domésticas y tomando hábitos de pareja.

Armando se lo ha comunicado a su familia, que ya está preparando el regreso a Bogotá, y quedan muy satisfechos de saberle feliz y acompañado.

Por su parte, Betty habla cada dos o tres días con su madre, y la buena mujer va sintiéndose menos inquieta y angustiada al notar a su hija dichosa y serena.





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La única que está crispada es Marcela, porque sigue vigilando estrechamente a Armando, y verle sonriente, relajado y feliz le da muy mala espina.

Teme que haya encajado emocionalmente con la chica de la maleta y eso sería una catástrofe para sus esperanzas de volver con él cuando se sienta solo y decepcionado. Cuando, como él dice, se haya estrellado contra el mundo y la vida se le haya hecho pedazos.

Así pues, decide que ya es hora de ir a conocer a esa trepadora y evaluar la situación.

Entonces sabrá si debe actuar urgentemente para romper esa relación o puede sentarse a esperar tranquilamente porque la pareja no tiene futuro y sólo es cuestión de tiempo que Armando vuelva a estar libre.

Libre y preparado para que ella le acoja como al novio pródigo.





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Unos días más tarde, Marcela pasa por una pastelería muy apreciada por las familias Mendoza y Valencia para comprar unos pasteles finos y delicados al paladar, que son la especialidad de la casa y siempre les han gustado mucho desde niños.

Luego conduce hasta el apartamento y se presenta ante el conserje del edificio.

- Por favor, avise a don Armando que estoy aquí.

- Sí, doña Marcela. La reconoce y recuerda por el mal carácter que tiene.

Armando se queda petrificado cuando oye al portero.

Qué querrá esta mujer? Yo pensé que ya se había dado por vencida

- Está bien, Juan, que suba.

Se alegra de que Betty no esté porque ha ido a merendar con sus amigas, y desea que para cuando regrese ya se haya ido su exigente y obsesiva exprometida.

Marcela entra muy sonriente con su bandeja de pasteles en la mano y mira a todas partes buscando a la intrusa, pero no la ve por ningún lado.

Será que se ha ocultado en alguna habitación? Como sea así no voy a sacar nada en claro porque yo no voy a descubrir que sé que está viviendo con una

Disimula la decepción y dice con fingido entusiasmo mostrándole el envoltorio y el nombre impreso en el papel:

- Mira lo que traigo!

- DANA´S! Armando sonríe bajando la guardia.- No me digas

- Ajá! Hojaldritos. Pasaba por allí y me pudo la nostalgia. Recuerdas lo que nos gustaban cuando éramos pequeños?

- Cómo olvidarlo. Mi madre compraba dos bandejas enormes y duraban menos que un suspiro. Luego tomábamos un gran vaso de leche y cada uno nos íbamos a nuestro cuarto a estudiar y hacer los deberes.

Durante un rato comen saboreándolos despacio bien acompañados por un rico tintico que ha preparado Armando, y hablando de los lejanos recuerdos que los dulces han evocado.

Continúan charlando amistosa y apaciblemente, cada uno arrellanado en su sillón hasta que sienten abrirse las puertas del ascensor y oyen una voz alegre que saluda.

- Ya estoy aquí, mi amor. Te has sentido solito?

Los dos reaccionan.

Armando tensándose por temor a que Betty se moleste al encontrar allí a Marcela, o incluso que sospeche que él y su exnovia Y nada más lejos!

Y Marcela que con la charla se había relajado y casi olvidado del motivo de su visita, se pone alerta y dirige sus ojos felinos hacia la entrada del salón.

Allí ve aparecer a la muchacha joven y atractiva que Armando llevó a su casa hace unas semanas. Entonces la examina detenidamente encontrándole algo familiar. Un vago aire que no identifica.

Es el mismo Armando el que le hace aterrizar cuando contesta al saludo.

- Betty, lo pasaste bien con tus amigas?

Betty? He oído Betty?

Marcela entorna los ojos para hacerle una disección en profundidad y no encuentra mucho que le recuerde a la antigua asistente de Armando. No hasta que la oye volver a hablar.

- Sí, hemos charlado mucho y el tiempo pasó volando. De pronto descubre a Marcela y se queda perpleja mirándola porque es la última persona que hubiera pensado encontrar al regresar a casa. Balbucea con sencillez.- Buenas tardes, doctora Valencia.

- Beatriz Pinzón? Es usted? Incrédula, vuelve a mirarla de arriba abajo.

- Sí. Es que cambié un poco.

- Un poco dice? Si parece que le dieron la vuelta

A la espera de que Marcela lance cualquier exabrupto a Betty tan pronto como se reponga de la impresión, Armando va hasta ésta y, pasándole un brazo por los hombros, aclara:

- Betty y yo somos novios y estamos viviendo juntos.

- Ella vive aquí? Mira a Armando dolida.- Aquí donde no iba a entrar jamás mujer alguna para quedarse?

- Ya ves. La vida cambia y demuestra que no se puede decir: De ese agua no beberé.

Estrecha a Betty contra él y la besa la sien.

Marcela comprende dolorosamente que no tiene nada que hacer entre esos dos ya que han vuelto a unirse después de todo lo que pasó entre ellos, y eso significa que el amor que se tienen es muy grande y a prueba de bombas.

- Bueno, pues les deseo que sean muy felices -Le cuesta mucho decirlo, pero lo consigue y se despide con dignidad y elegancia.- Adiós, Armando, hemos pasado un buen rato recordando, sí?

- Sí, Marcela, y lo de los hojaldritos ha sido una gran idea. Adiós y gracias por tus deseos.

- Adiós, doña Marcela.

- Adiós, Beatriz.

Se muerde la lengua y se queda con las ganas de recomendar a su rival que le ame mucho y no vuelva a abandonarle, pero se calla prudentemente porque le da la sensación de que eso no volverá a suceder.

Sale a la calle destrozada emocionalmente. Entra en su coche y rompe a llorar con amargura porque sabe que Armando ya nunca será suyo.

Y además ha sido vencida por esa muchacha, insignificante a sus ojos.

Ella, la gran Marcela Valencia, niña bien de la JET santafereña, inteligente, culta, bella, elegante, sofisticada ha sido derrotada por el garfio.

- Y ahora qué? Armando sigue siendo mi gran amor y lo será para siempre. Me quedaré en mi puesto y le seguiré viendo todos los días a pesar de que será un suplicio insoportable saber que la dueña de su corazón es Beatriz y que yo nunca he significado nada para él. Murmura con mezcla de desconsuelo y rabia.

Se seca las lágrimas despacio, arranca el motor y pone el coche en marcha.





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Mientras, dentro del apartamento, ellos se abrazan.

- Betty, te cambió el color. De pronto te quedaste pálida y temí que cayeras al suelo.

- Estuve a punto, no creas. Cuando la vi me empezaron a temblar las piernas de sorpresa y temor. Ya sabes que la relación que tuvimos fue muy difícil y desagradable. Llena de malos modos y desprecios hacia mí

- Sí. Marcela es muy agria cuando quiere. Armando la estrecha más, confortándola.

- Conmigo siempre. La tomó conmigo desde el primer momento.

- Lo sé, mi vida. Eso fue porque te escogí a ti en vez de a su amiga, la inútil de Patricia Fernández, y como luego además te di mi agenda con orden de no entregarla a nadie te tomó un odio cerval.

- Y para qué vino hoy aquí?

- No sé. El portero me avisó que estaba abajo, le dije que la permitiese subir, y apareció con una bandeja de los mismos pastelillos que compraba mi madre cuando éramos niños. Añade risueño.- Los devorábamos en segundos Bueno, pues el caso es que dice que pasó por delante de la pastelería y no se pudo resistir a la tentación. Y ya ves, aquí hemos estado comiendo hojaldritos cubiertos de miel y tomando un tinto mientras charlábamos de los viejos tiempos.

- Una visita de cortesía. Dice Betty.

- No creo. Marcela no da puntada sin hilo.

- Igual ha oído que vives con una mujer y ha venido a comprobarlo

- No me extrañaría, pero lo seguro es que no sospechaba que eras tú porque se llevó una gran sorpresa.

- Cómo lo habrá sabido?

- No sé. Quizá nos haya seguido alguna vez. Aventura Armando.- Pero sabes qué te digo? Olvidémonos de ella, mi amor. Nos ha felicitado y ha salido de nuestras vidas para siempre.

- Eso espero, Armando. La doctora Valencia la ha dejado inquieta.

- Ahora concentrémonos en ser felices, sí? Sugiere él jovial.

- Key! Vamos a ver qué tenemos hoy de cena.

Van a la cocina para averiguar qué les ha dejado preparado la mucama, relegando al olvido a Marcela para siempre.





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Una semana más tarde los Mendoza regresan a Colombia y Armando va a recibirles a El Dorado.

Todos se sienten muy felices con el reencuentro, pero especialmente los padres y Camila porque no sabían si él les estaba diciendo la verdad sobre su estado de salud tras el disparo o les ocultaba algo para no alarmarles.

- Ay, hijo, cómo me alegro al ver que estás bien!

- Pero, mamá, ya os lo decía yo. Protesta.

- Sí, Armando. Interviene don Roberto.- Pero como no consentiste en que viniera a verte

- Ya ves que no hacía falta, desconfiado.

- Ya veo, hermanito. Le dice Camila.- Pero los papás estaban muy preocupados porque te consideran muy valiente y duro, mas como yo sé que eres más bien blandito, y cuando tienes un simple catarro te quejas hasta dejarnos sordoscreí tus palabras y estaba tranquila aunque deseando volver a verte para darte un abrazo fuertote.

Une la acción a la palabra y se dan un largo y sentido abrazo.

Al separarse se vuelve a Jorge.

- Q´hubo, cuñado?

Se abrazan los dos y propinan fuertes y cariñosas palmadas en la espalda.

- Ya ves, Armando, con unas ganas tremendas de volver a la patria y a la familia.

- Hace mucho que no ves a tus padres?

- Varios meses. Levanta la cabeza buscándoles con la mirada.- Dijeron que vendrían Mira! Allá están con mi hermano Pedro. Perdona, voy a abrazarles.

Camila y Robertito van con él a saludarles, y tras ellos se acercan Armando y sus padres.

Después del deseado reencuentro y de los cariñosos besos y abrazos, todos se dirigen al aparcamiento para ir a sus casas.

Por el momento, Camila, su marido y su hijo se van a alojar en casa de los padres de Jorge ya que llevan mucho tiempo sin verse, pero sólo será hasta que encuentren una vivienda a su gusto, la cual se van a poner a buscar tan pronto como descansen del ajetreo de los últimos días.

Una vez en el coche los tres solos, la reina decide que ha llegado el momento de preguntar por lo que a ella más le interesa.

- Hijo, tengo mucha curiosidad. Cómo va tu relación con Beatriz?



CONTINUARÁ





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Hola, chicas, ya estoy aquí.

Lo importante es que ellos están felices y, si nada se tuerce, así seguirán a pesar de la innombrable, que ha vuelto a aparecer y parece que se ha dado por vencida. O no?

Besos.
Tus hitorias hacen los Viernes aun mas bonitos! Me encanta ver a Armando tan tierno, paciente y enamorado. Es cierto que no debia haber entrado a Marcela pero al parecer todo estara bien. Aunque conociendo a Marcela quien sabe si se de por vencida tan pronto, por que siendo sinceras no es facil perder un tipo como Armando. Lindo el capitulo y esperamos el proximo prontico!

Besos!
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