ALMA DE BOLERO.- Capítulo XVI

ALMA DE BOLERO.- Capítulo XVI

Calipso
Calipso

June 10th, 2005, 9:31 pm #1


Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





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CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@



Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
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mari
mari

June 10th, 2005, 10:17 pm #2

y es que ninguno de los dos es capaz de retroceder o claudicar en sus decisiones, y lo peor es que no solo lo estan pagando ellos sino también los niños!! Hay que reconocer, pero , que esta vez Betty se ha pasado muchisimo, quiza Armando tenga razón en mucho de lo que le ha dicho, pero a mi me gusta que esten juntitos y felices!! ^^

un besote!!
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sofia y encarni
sofia y encarni

June 10th, 2005, 10:31 pm #3

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





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CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





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Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





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Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





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Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





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Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






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Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





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Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
las armas.. ademas es que ha sido una tonteria el follón que se ha montado, es mas Betty ha sacado las cosas de madre y ahora mira como estan, porque si sigue asi lo pierde, debería recapacitar mas y pensar tb en el y en el amor que se tienen.....
besitosssssssssss
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Joined: February 28th, 2003, 8:21 pm

June 10th, 2005, 10:36 pm #4

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





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CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@



Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
no me gusta verles asi no se lo merecen. Pobrecitos. Veremos que pasa, pero no quiero que rompas esa familia ok?. Se buena anda...un besito cielo.
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Sandra
Sandra

June 10th, 2005, 10:40 pm #5

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





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Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





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Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





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Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
Que entre ayer y hoy me lei la historia entera de un tiron!! que el network de los webos, o no me deja entrar, o no me deja colgar mensajes o yo q se q le pasa.... ahora parece q se comporta...

La historia esta de ututuy, y si betty es cabezota pues ahora que apexugue y se fastidie!! que muy exigente esta la niña y con ese armandito que parece un corderito, no se como no le perdona TODO de una vez... en fin... que peleas de estas de vez en cuando son necesarias!! ojojojo

BESOTES WAPA!!
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Mar (mex)
Mar (mex)

June 10th, 2005, 11:36 pm #6

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





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CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@



Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
Y es que Betty creo que esta vez se ha equivocado del todo, esta bien que se sienta nerviosa por todos los problemas pero le ha afectado demasiado, solo espero que ahora que esta viendo todo lo mal que esta por la lejania de Armando, perdone de verdad todo lo pasado y se replantee una nueva vida con su esposo, que busque la reconciliacion pero con todo!!!

Muchos besos

Mar
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lika
lika

June 10th, 2005, 11:42 pm #7

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@



Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






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Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





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Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
cuando he estado leyendo el capitulo.

Pero sabes, es un punto de vista que no se habia dado en otras historias, el que a Betty le quede algo ahi guardado despues de varios años de feliz matrimonio, pero es cierto, espero que no llegue la sangre al rio por fa.

Yo creo que debe de haber reconciliación.

La verdad que asi se rompen los matrimonios por no hablar.
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isabel
isabel

June 11th, 2005, 12:04 am #8

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





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CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@



Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
ahora que armando se queda puedan hablar y se reconcilien, esta vez betty se ha equivocado.
besossssssssssss!!!!!!!!!!!!!!!
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marg
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June 11th, 2005, 4:27 am #9

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@



Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
el derbordamiento de rio, son una excusa perfecta para intentar un acercamiento entre ellos por parte de Betty, y creo que deberia ser totalmente sincera con él y decirle lo que piensa y como se siente, pues esta claro que en esta ocasión él tiene toda la razón, quizas deberia buscar alguien que la sustituya durante la semana en la hacienda y hacele de ese modo las cosas más faciles para todos, pues podrian estar de lunes a jueves en Bogota y el fin de semana en la hacienda como habian estado haciendo, no se puede querer tener una familia en esas condiciones y menos tener que estar tanto tiempo en la carretera como le estaba pasando a él todos los dias.
Estupendo capitulo. Besos.
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maria
maria

June 11th, 2005, 5:08 am #10

Rato después, Betty se incorpora y empieza a recomponerse la ropa. Le mira con ojos risueños y dice:

- Vamos, bribón, necesito un baño pues soy chica de ciudad, y no quiero ni pensar cuántos parásitos tendré ahora en mi pelo y en mi cuerpo.

- Ja, ja, ja! –Ríe levantándose.- Ves como no nos pillaban, chica de ciudad?

- No está mal esto del heno... –Comenta Betty saliendo del establo.- Repetiremos, ah?

- Tantas veces como quieras, y si te parece ponemos acá un baño para después... –Contesta con ironía.





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CAPÍTULO XVI.- Me tratarías peor que a un perro...



Ecomoda se ha convertido en la primera empresa de moda de Iberoamérica, y Betty empieza a plantearse dejar de trabajar en ella, dado que ya no es necesaria allá. Así podrá ocuparse a tiempo completo de la hacienda y quedarse a vivir en el campo.

Decide comunicárselo a Armando y alega que los niños disfrutarán de vida sana y apacible.

Pero a él no le gusta la idea de estar tantas horas sin ella, y de primeras se opone, pero Betty termina convenciéndole con la promesa de acompañarle a todas las presentaciones y eventos.

- Para que ninguna aparecida me robe a mi triplepapito...

Y Armando acepta probar una temporada.

Encuentran un buen colegio bilingüe cerca, matriculan a los niños para el próximo curso, y durante unos meses la vida parece discurrir al gusto de todos.





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Pero Armando empieza a cansarse de ir y venir todos los días a Bogotá, y quiere que vuelvan a residir durante la semana en la casa de la ciudad.

Una noche cuando sus hijos están acostados y ellos toman tranquilos un tinto en el salón, la explica su idea, pero... no ha elegido bien el día, pues Betty está muy preocupada porque han descubierto unos insectos en algunas plantas y se teme que pueda ser el principio de una plaga.

- Pero, Armando, los niños están felices acá. –Contesta sin ganas.

- También lo están en casa, y yo no tengo que estar dos horas al día en la carretera.

- Pues tú puedes quedarte en Bogotá de lunes a jueves, y venir los viernes acá, con nosotros. –Dice sin reflexionar, porque sigue dando vueltas en su cabeza a la amenaza de plaga.

Armando la mira con ojos entornados.

- Tú te has dado cuenta de lo que me has dicho? O has hablado sin pensar?

- Yo... eh? Ay, Armando, qué te pasa hoy?

- Quieres que vivamos separados? Que yo esté solo de lunes a viernes? No me puedo creer que seas tan egoísta y no lo haya descubierto hasta ahora... He hecho algo que te haya molestado u ofendido? Porque yo no soy consciente de qué ha podido ser... –Preocupado.

- No.

- Primero has dejado Ecomoda hace unos meses, ahora me sugieres que me quede en la ciudad... será que has vuelto a considerar lo del divorcio?

- No.

- Entonces, has dejado de quererme...

- NO, Armando, cómo piensas? –Protesta vehemente.

- Explícate, pues, porque lo que yo entiendo es que quieres tenerme a distancia.

- Armando, no saques conclusiones erróneas. Yo sólo he dicho que si te resulta cansado ir y venir a diario, y lo comprendo, puedes dormir allá entre semana.

- Lejos de ti y de los niños.

- Yo sé.

- Y las ganas de convivir con mis hijos y mi mujer, de jugar con ellos y de hacer el amor contigo... las dejo aparcadas y reducidas a los fines de semana...

- Ay, Armando, yo no he querido decir eso!

- Sí, eso es lo que deseas. Y empiezo a sospechar que ni me quieres, ni me has querido de verdad.

- Por favor, estás desbarrando! Son imaginaciones tuyas. –Se defiende.

- Betty, te resulto agobiante con mis atenciones? La primera cláusula decía...

- NO me siento acosada! –Suaviza el tono para añadir.- Me gusta que seas cariñoso.

- Pues cada vez entiendo menos.

- Yo quiero estar acá para ocuparme de mi patrimonio, igual que tú haces con el tuyo. Disfruto haciéndolo, y lo más importante es que nuestros hijos están muy felices viviendo en la hacienda. Más que en el agobio del tráfico, de la contaminación y de las prisas de Bogotá. Su vida es plácida, sin afán.

- Te recuerdo que nuestra casa está fuera de todo eso que mencionas. Esas únicamente son excusas para no reconocer que mis necesidades y yo no somos importantes para ti. Nunca me has concedido prioridad sobre nada ni nadie... volviste de Cartagena exigente y autosuficiente, y veo que no has cambiado.

- Cómo dices eso, Armando?

El asunto está tomando un cariz con el que no contaba.

- Incluso estos años que yo ingenuamente creí que me amabas como yo a ti,,, tú siempre has ido rezagada en las demostraciones de afecto. Haz memoria y dime: cuándo has provocado tú un momento romántico? Cuándo me has robado un beso... o regalado la primera caricia por iniciativa propia?

- Reconozco que soy más reservada que tú... menos efusiva... y quizá te demuestre poco mis sentimientos, pero te amo desde siempre... y lo sigo haciendo.

- Tengo mis dudas. –La mira grave.- Pero quiero que volvamos a Bogotá y vengamos aquí los fines de semana, como hacíamos antes. Lo más que te concedo son estos dos meses que quedan hasta que los niños acaben las clases, pues iré al colegio al que iban antes y les reservaré plaza para el próximo curso.

- Armando, ya que no estamos de acuerdo, debemos buscar una solución juntos... –Le está entrando el pánico.- Los dos tendremos que ceder en algo, pero no puedes tomar tú sólo una decisión que nos afecta a los cuatro, sin contar conmigo.

- Tú me has impuesto muchas cosas, querida, y ya me he cansado. Sabes que nunca lo he hecho, pero estamos ante una situación excepcional, y si no te avienes decidiré yo como cabeza de familia que soy.

- No voy a tolerar ninguna imposición. –Contesta enfadada.

- No te queda otra, Betty. –Afirma convencido.

- Ah, no?

La discusión va subiendo de tono y Betty termina yéndose y dejándole con la palabra en la boca.





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Hablan varias veces más pero cada uno sigue atrincherado en su posición, y convencido de la irracionalidad del otro, sin ser capaces de apreciar sus propios errores, de modo que siempre terminan discutiendo y haciendo más ancho el abismo que les separa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@



Pasan dos días, Betty está perdiendo la esperanza de recuperar una convivencia normal, y lanza un farol para intentar que él reaccione.

- Armando, quiero el divorcio.

- Que quieres qué? –No se lo puede creer.- Por este desacuerdo?

- Sí. –Dice triste.- Estoy defraudada contigo por la obsesión de imponerme tu voluntad, en vez de llegar a un acuerdo dialogando. Y no lo aguanto!

- Pues recapacita y verás que tú pretendes lo mismo: forzarnos a vivir separados, y te niegas a razonar.

- Puede, pero hay una diferencia: que yo no te obligaba a quedarte en la ciudad, sólo lo sugerí. Y tú en cambio, quieres que todos nos traslademos sin tener en cuenta mi opinión. –Sale de la habitación muy digna.

Armando se ha sorprendido con la pretensión de Betty, pero tiene la esperanza de que sólo haya sido un órdago, y pueda convencerla.

Pero ella sigue obcecada y ya no consiguen volver a hablar civilizadamente, sino pelear cada vez que abordan el tema.

- Y por qué ese empeño en divorciarnos ahora? Por encima de mi cadáver!

- Da igual que no quieras, pues ya he comprobado cómo te has vuelto y no deseo seguir unida a ti.

- Ya veo que aunque lo niegas, has vuelto a aquella idea tuya del divorcio, del contrato y de las cláusulas que escribimos, especialmente la de separarnos cuando Alonso cumpliera un año, pero recuerda que ésa no la aprobamos, así que no reclames algo que no figura en el contrato. –Sigue hablando con tristeza.- Betty, yo te quiero mucho, tenemos dos hijos maravillosos... y ya que veo el gran interés que tienes en estar acá... renuncio a que nos traslademos a la ciudad.

- Ya no, Armando. Es demasiado tarde, y si de momento no nos divorciamos, sí quiero al menos una separación de hecho. No te preocupes porque nunca pondré impedimentos para que estés con los niños, o vengas aquí siempre que lo desees. Además, siempre tendrás mi amistad.

- Tu amistad! Y qué hago yo con tu amistad? Me la como con patatas? Quiero estar contigo a diario, como esposo.

- Pues yo no! –No sabe por qué sigue esta línea, pero no consigue transigir a pesar de desearlo. Es como una necesidad de afirmarse...

- Es que en estos años no te has enterado de cuánto nos amamos?

- Tu afán de imponer me ha hecho replantear muchas cosas. Y si ahora lo consigues, cada vez serás más exigente y duro.

- Pero si ya te he dicho que renuncio a que os vengáis...

- Pero más pronto o más tarde me lo echarás en cara.

- Me estás sorprendiendo al mostrarme tu yo más íntimo. Es algo que yo desconocía, pero veo que eres insensible con mis sentimientos, intolerante y egoísta. No eres tan inteligente como crees, porque no has sido capaz de valorar y luchar por conservar el amor verdadero que tienes en tu mano.

- Armando... –Queda muy trastornada por las palabras de su marido.

- No más. Sólo volveremos a vernos y hablar cuando sea absolutamente imprescindible. He comprendido también que nunca me has perdonado por el daño que te hice al principio de nuestra historia... y entérate que perdonar es una de las virtudes que más dignifican al ser humano. Y tú careces de esa facultad. Ruego al cielo que te enseñe pronto para que seas capaz de disculpar a Alonso y Camila cuando te defrauden, pues como personas que son, alguna vez harán algo que tú no apruebes. Pero, bueno... no importará demasiado porque me tendrán a mí, que al reconocerme muchos defectos, soy comprensivo con las debilidades y errores de los demás.

Queda un instante mirándola ceñudo, y luego sale más enfadado que nunca.

Al verle salir rompe a llorar diciéndose:

“Tiene razón. Tiene razón en todo lo que me ha dicho. Palabra a palabra!
Cómo he sido capaz de forzar la situación para que él que ya había renunciado a su idea, haya explotado? Él, que en estos años de matrimonio siempre se ha comportado como un compañero perfecto y un padre extraordinario, reclama mi colaboración para no tener que viajar a diario... no pasar ese tiempo en la carretera con el peligro que conlleva... y yo... yo...”


Llora amargamente.





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Armando pasa la tarde paseando a caballo con los niños, y al anochecer prepara una maleta y se va a Bogotá.

Cuando le ve subir al coche y desaparecer en la oscuridad, vuelve a recriminarse.

“Oh! Qué he hecho? Soy tremenda egoísta. Cómo voy a sobrevivir sin él? Y nuestros hijos... Todos perjudicados por mi terquedad! Por mi estupidez congénita. Quizá también me haya influido la preocupación por el peligro de plaga que tenemos en la plantación, pues me tiene muy nerviosa, pero qué me importa eso comparado con mi familia? No tengo justificación...”

A partir de ese día, Armando sólo viene los fines de semana, y los pasa con los niños, evitando coincidir con ella incluso en las comidas; pero no consiente en quedarse, y cada tarde se vuelve a dormir a Bogotá.

Betty no puede olvidar las duras palabras que se dijeron uno a otro, y se da cuenta de que nunca llegó a perdonarle del todo el plan maquiavélico que puso en marcha con Calderón. Comprende que siempre lo ha tenido presente, aunque no por rencor, sino como autodefensa. Para no confiarse y volver a ser traicionada.

“Tiene razón. Siempre me he reservado y no me he entregado al 100%. Juro que voy a encontrar el modo y el momento de disculparme, y que aprovecharé la menor oportunidad”.

Han pasado dos semanas, y cada vez está más arrepentida y desesperada, pues no sabe cómo arreglar el asunto ya que él no le da la menor ocasión de hablar.

Le mira a escondidas cuando juega con los niños, y a ratos llora desconsolada.






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Una tarde de sábado que no han podido salir a cabalgar porque había tormenta, y no ha parado de llover copiosamente durante horas, la han pasado los tres en el cuarto de juegos, pero llega la hora de regresar y Armando se despide de sus hijos en el recibidor.

Cuando Betty les oye sale rápida del salón.

- Armando, no puedes irte porque la autovía está anegada. Ya ves que lleva lloviendo todo el día, y la carretera está cortada por el desbordamiento del río Humadea.

- Bah! No tendré problemas. –Va hacia la puerta.

- No seas imprudente! Lo acabo de ver en el noticiero de la RCN.

- Son unos alarmistas. Seguro que no es para tanto... –Gira el pomo.

- Por qué ese empeño en ser temerario, y ponerte en peligro? –Sube la voz desesperada.

- Y ese interés? Desde cuándo te importa lo que me pase? –Arquea una ceja y la mira con atención por primera vez.

- Nunca te he deseado ningún mal. –Se muerde el labio y baja la mirada.- Más bien al contrario.

- OK! –Sigue mirándola, percibe un cambio y cede al fin.- Teniendo en cuenta que mis hijos pueden necesitarme algún día y no quiero fallarles... seré prudente y me quedaré.



CONTINUARÁ…





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Lo siento, m´hijas, pero tuvieron un “rifi-rafe” y como vosotras queríais saber lo bueno y lo malo… pues he tenido que contároslo, pero tranquilizaos porque no creo que llegue la sangre al río.

Por de pronto él ha aceptado quedarse, así que ya veremos lo que nos depara el próximo capi.

Una pregunta: queréis que sigan de morritos o que bajen las armas?

Besos.
darle un pequeño susto, a ver si Betty teme perder todo lo que tiene y le da su valor y lo erdona definitivamente. El pobre Armando tiene toda la razón. Un capitulo muy bonito. Besos
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