ALMA DE BOLERO.- Capítulo III

ALMA DE BOLERO.- Capítulo III

Joined: January 5th, 2003, 7:12 pm

April 6th, 2005, 2:13 pm #1

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
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Cata
Cata

April 6th, 2005, 5:23 pm #2

no tiene que echarle los brazos al cuello, pero tampoco ser tan terca como ella acostumbra... El término medio existe...

Por cierto, me ha llamado la atención que los títulos de los tres primeros capítulos coinciden con las tres primeras frases de la canción. ¿Será así toda la historia? ¡Es muy guay!

Ya sabía yo que Armando se pondría feliz con la proposición de Betty. Espero que Marcela no les amargue la relación.

Me gustó mucho el capi, Calipso.

Besitos.
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mari
mari

April 6th, 2005, 5:40 pm #3

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




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CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




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Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




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Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
tampoco vaya a ser que se le vaya la mano y la jorobe, porqe ella lo quiere y encima con niño en camino pues mejor que se reconcilien eso si, que no se le lance con los ojos cerrados!! por otra parte la innombrable ya ha empezado con la eterna cantaleta, jesus, es que esa mujer no tiene orgullo?? creo que deberías deshacerte de ella, yo creo que conozco un par de sicarios que nos harian el favor jajajajajajajajajajja!! (risa diabolica) ^^

besos!!
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sofia y encarni
sofia y encarni

April 6th, 2005, 6:15 pm #4

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




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CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
pero por lo menos ya que sabe lo de la pelea del bar, y como Armando ha estado superfeliz tras el anuncio de su paternidad y boda, Betty debería dejar esa careta y enfrentarse con la verdad, y es que Armando esta enamorado, pero la verdad es qeu primero Armando debe ganarse su perdon y con la convivencia diaria seguro q lo consigue..
besitosssssssssssssss
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marg
marg

April 6th, 2005, 6:43 pm #5

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
me parece que Betty seguira siendo un hueso duro de roer, pero tambien creo que poco a poco y a medida que se entere de lo que paso mientras ella estaba fuera, se dara cuenta que él le dice la verdad y al final tendra que rendirse al amor que le tiene. Besos.
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ainara
ainara

April 6th, 2005, 6:48 pm #6

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
que Betty tiene que ser un poco durita, pero no tanto como en este capi, que aunque me ha gustado el capi porque han hablado, se han aclarado cosas, y Marcela está fuera, me gustaría que fuera menos dura, está dolida y eso lo entiendo, pero lo que esa no es Betty, ella no es tan dura, ojo!!!!!!!! que tampoco creo que se le deba tirar al cuello, pero que Armando con su palabrería y sus actos la hablanden, que haya algun besito, esas cosas,


Besos y espero el siguiente ansiosa porque me tienes intrigadísima con esta historia.
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Mar (mex)
Mar (mex)

April 6th, 2005, 8:15 pm #7

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
o creo que al final ella se va a ser la dura por un tiempo y se va a dejar consentir por Armando , y obviamente el debe poner dobles esfuerzos para que le crean, ya al final Betty creo que cedera mas cuando tenga al bebe y Armando juntitos a ella.. se ablandara!!


Muchos besos

Mar
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mcarmenb
mcarmenb

April 6th, 2005, 8:50 pm #8

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
para que a armando aprenda la leccion, madure y sepa que debe ganarse el amor de betty sinceramente, y betty vaya biendo los progresos de el.
un saludo
mcarmenb
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eternidad
eternidad

April 6th, 2005, 10:35 pm #9

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
solo espero que al final, betty ceda, aunque por ahora yo prefiero...que sea dura un poco más, armando se merece un poco de caña jejejej. Veremos que sucede ahora. Me muero por saber...un besito cielo, espero impaciente el 4 jeje. Chao
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Gala
Gala

April 7th, 2005, 12:18 am #10

- En ese caso, me retiro a mi hueco. Don Armando, le importaría acompañarme? Necesito que me facilite datos actualizados. –Mira a Marcela entornando los ojos y pensando: “j...”

- Eeeeh...? Ahora mismo, Betty. –Responde feliz sin podérselo creer y levantándose como por resorte.

Betty entonces sonríe con tremenda frialdad en la mirada a Marcela, y le precede a presidencia.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




CAPÍTULO III.- Tú siempre buscas lo que no tengo...




Entran los dos, Armando cierra la puerta y se acerca a ella diciendo de carrerilla:

- Betty, no sabe cómo me alegro de que haya regresado, pues así tengo la oportunidad de pedirle las más sinceras disculpas por mi vergonzoso y horrible comportamiento con usted. Y quiero que sepa que sólo las dos primeras salidas fueron preparadas, luego... luego todo cambió en el camino y me enamoré de usted profundamente. Le juro que la amo de verdad y no saber nada de usted en esta eterna semana casi me cuesta la vida... –Calla para tomar resuello y añade muy bajito.- Ha vuelto preciosa.

- OK! Y yo voy y me lo creo todo! Por eso se reconcilió sin perder tiempo con su prometida... fue a mi casa para gritarles a mis padres que me había robado su empresa...

- Betty, escúcheme, por favor. Yo no me he reconciliado con Marcela. Sólo es que ella me fue a buscar cuando yo estaba muy mal, destrozado por su ausencia. Me llevó a su apartamento y allá me quedé...

- En su apartamento y... en su cama, supongo. Tan divino!

- Pero sólo a dormir, Betty, no piense! Y de lo otro... lo de reclamarles a sus papás que se había quedado con la empresa... yo no lo creía, pero estaba tan presionado por todos y tan trastornado por no saber nada de usted... Nadie me daba noticias suyas, y yo me quería morir... Luego me arrepentí y lo lamenté pero ya estaba hecho... –Parece tan desamparado...

- Déjese de excusas y preste atención, que tenemos que hablar de algo muy importante. -Se hace la dura.

- Pues, sentémonos y usted dirá, Betty. -Se seca los ojos con rapidez.

- Don Armando... –Siente que de pronto se acobarda, pero saca fuerza de flaqueza y concluye.- Tenemos que casarnos.

Armando la mira perplejo, con sonrisa boba. “Será posible que mi Betty crea mis sentimientos hacia ella? No, Armando, no puede ser tan fácil. Aquí hay algo extraño…”

Como ve que se queda callado vuelve a hablar ella.

- No se haga ilusiones que en esta exigencia no hay romanticismo alguno.

- Ah, no? No me quiere ni un poquitico? –Desolado.

- Eso no tiene nada que ver. Pero qué me responde? Acepta?

- Betty, yo no entiendo por qué quiere casarse conmigo si dice que no me ama...

- Se niega? –Pregunta áspera.

- No, ni modo! Pero explíquese. Dígame sus razones para hacer esta extraña petición. Accederé gustoso, pero después que hable, no a ciegas. –Se ha puesto serio.

Betty va hasta el sofá y se sienta, él la sigue y se sitúa junto a ella que no ha dejado de mirarle. Entonces le revela en voz baja el gran porqué.

- Vamos a tener un hijo.

De momento se queda mudo mirándola, mas reacciona pronto.

- Esa sí que es una buenísima razón! -Responde levantándose sonriente y feliz para luego confesar soñador.- Pero me gustaría que además sintiese algo por mí. Sería maravilloso.

- Pues va a quedarse con las ganas. Pero veo que la noticia no le sorprende demasiado...

- Bueno, es que yo sabía que había una pequeña posibilidad, pero tan mínima y remota que la descarté. Fue donde Calderón, supongo...

- Sí, pero cuál era esa “minúscula” posibilidad? –Pregunta con curiosidad y muy mal predispuesta.

- Es que me cuidé... no piense, pero algo tarde y ya sabe que “antes de llover... chispea”.

Betty se ruboriza al comprender la alusión, y contesta muy digna.

- No doctor, por supuesto que no lo sé.

- Tiene razón, disculpe. De verdad que lamento haber provocado que se encuentre en esta situación, pero sepa que puede contar conmigo. -Se le ve muy animado.

Betty cierra los ojos y asiente satisfecha.

- Cuándo se enteró... cómo le cayó la noticia?

- Bueno...

- Esto... –La interrumpe para proponer.- Si le parece podemos empezar a hablarnos de tú... Dadas las circunstancias...

- OK! Me enteré hace unos días en Cartagena, y me sorprendió muchísimo porque estaba convencida de que usted se había protegido, así que ni me había planteado que esto pudiera ocurrir... De primeras se me cayó el mundo encima... –Recuerda cuando recogió los resultados de la analítica en el centro médico de Cartagena.- Pero ahora ya lo he aceptado. Y a usted, perdón, a ti, cómo te ha caído?

- Curiosamente no me disgusta, y eso que nunca había pensado tener hijos, pero claro, eso era con Marcela. Seguro que siendo tú la madre, cuando me haga a la idea, me gustará.

- Mejor, porque voy a tenerlo. No hay marcha atrás, ni modo!

- Y qué tienes pensado para nuestro matrimonio?

- Eso quiere decir que aceptas? –Le pregunta alzando una ceja.-La verdad, pensé que ibas a negarte porque eso de casarte era absolutamente contrario a tus profundos principios de “tenorio de pacotilla”.

Le toma una mano sonriendo cariñoso, obvia el sarcasmo de Betty y responde.

- Naturalmente, mi amor. Acepto porque hace ya mucho que descubrí que te adoro, y que lo que más deseo es compartir la vida contigo.

Betty se suelta.

- Armando, te voy a aclarar que el hecho de casarnos es únicamente para que nuestro hijo no pierda nada de lo que le corresponde: apellido, herencia, status... pero soy sincera y ya te advertí antes... no albergues esperanzas de que yo tenga el menor sentimiento amoroso hacia ti. –Miente por orgullo.- Yo ya sé de qué eres capaz, y no quiero volver a tener nada contigo.

- Comprendo tu postura ya que te herí gravemente, pero tengo la seguridad de que con el tiempo te convenceré de que te amo y de que he cambiado.

- Mira, no empieces a montarte una “love story” particular que eso es imposible. –Dice fría.- Una vez que el bebé haya nacido y pasen unos meses, podemos divorciarnos si quieres y tú recuperarás tu estimada libertad.

- Betty... –La ve tan resuelta.- ...confío que antes de llegar ese momento comprendas que soy otro Armando y confíes en mí. –Dice con ternura.

- No estés tan seguro porque lo que no mata, hace más fuerte, y eso me ha pasado a mí. Me ha endurecido y escarmentado, aunque espero que mi hijo me salve de la amargura...

- Betty... -Se arrodilla ante ella al tiempo que se abre bruscamente la puerta...

- ARMANDO! Qué haces arrodillado ante esa bandida? –Increpa Marcela furibunda.

Él sonríe a Betty y gira la cabeza para mirar a la intrusa sin levantarse.

- Pedirle que se case conmigo. –Dice con tremenda satisfacción.

- QUÉ??? No pensarás que te va a aceptar después de lo que le hiciste? –Pregunta muy ácida.

- Pues sí, doña Marcela. He aceptado y nos casaremos muy pronto. –Desafiante.

- Zapa! Trepadora! Armando es mi prometido y no consentiré que...

- Pero bueno... –La interrumpe.- ...será que me vas a dejar dirigir el rumbo de mi vida? Sé lo que quiero desde hace muchos meses, y eso es casarme con Betty y disfrutar la existencia junto a ella y los hijos que tengamos.

- Pero si nunca has querido niños! –Marcela está desconcertada.

- Pues mira que ahora sí quiero. Y más de uno!

Marcela se vuelve a ella y la dirige una mirada cargada de tanto odio que asusta un poco a Betty, pero ésta no quiere dar la impresión de dejarse amilanar y dice retadora.

- Y el primero lo vamos a encargar de inmediato.

Marcela casi se ahoga por el atrevimiento de Betty y apela a su exprometido.

- Armando, no la permitas hablarme con esa desfachatez. Estoy en mi empresa!

- Sí, pero ella es la dueña ahora. No lo olvides...

- La odio, entérese! –Masculla dirigiéndose a Betty.- La odio como jamás creí que podría odiar a nadie, y le juro que me las pagará. Más pronto o más tarde la destruiré!

- Ya está bien, Marcela! –La corta Armando.

- Y tú, desagradecido. Con todo lo que te he perdonado y disculpado en estos años... las continuas infidelidades con las modelitos y con cualquier otra vagabunda... hasta con este garfio, que resultó más z... que todas las demás juntas!

- MARCELA!!! –Con tono de no aguantar un solo insulto más a Betty.

- Borra mi teléfono de tu celular, y la próxima vez que te deje botado... porque no dudes que lo hará tan pronto como se harte de tus aventuras… que nadie me llame para sacarte de otro tabernucho inmundo, porque por su causa bebes sin parar hasta perder el conocimiento y estrellarte contra el mundo... Que la llamen a ella y que acuda a recoger los despojos de este hombre estúpido que la brinda la oportunidad de destruirle por segunda vez. –Toma aire y continúa.- Estarás harto de mis perseguideras, de mis llamadas a todas horas y de mi control, pero yo jamás te dañé. Al contrario, te acogí con amor cada vez que desengañado volviste a mí. –Alza la cabeza y de nuevo amenaza a Betty.- Y usted recuerde que algún día se arrepentirá de arrebatarme lo que es mío.

- Marcela... siento que lo estés pasando mal pues esa nunca ha sido mi intención, pero no soy tuyo ni de nadie. Soy mi propio dueño.

Pero ya no le oye porque salió dando un gran portazo que retumbó por toda la planta, y todas las del cuartel la vieron cruzar el lobby como una furia de las tragedias griegas clásicas.

Ni Patricia con su poco seso se atrevió a acercársele.




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Ellos se miran.

- Lo siento, mi amor. Ya sabes que es muy posesiva y nunca dejó de creer que terminaríamos casándonos.

- Qué es eso que dijo de recoger tus despojos en un bar de mala muerte...?

- Nada importante.- Se levanta eludiendo dar una respuesta más precisa.

- Esas marcas que tienes en la cara son de una pelea? –Le toca la mejilla con un dedo.- Es eso a lo que se refiere?

- Déjalo, Betty.

- Respóndeme.

- Key! –Se deja caer en su sillón.- Desde que te fuiste bebí como una esponja, y cuando perdí la esperanza de que regresaras provoqué una gran pelea en un tugurio de los suburbios con varios tipos de mala catadura. Me dejaron tirado y muy magullado. Alguien se apiadó, buscó en la memoria de mi celular y llamó, casualmente, a Marcela. Ella fue por mí y me llevó a su apartamento para curarme. Por eso estoy allá de nuevo...

Betty está conmovida por esa revelación, pero se empeña en cerrar los ojos y no dar crédito a las razones que movieron a Armando.

- Estabas desesperado por Ecomoda, ah?

- Infinitamente menos que por ti. –La mira a los ojos, triste al ver que no le cree.

- Y ahora cómo estás? –Se ha enternecido pero disimula.

- Todavía dolorido, pero volver a verte y escuchar la noticia que me has dado, me ha devuelto la vida.

Ella se siente incómoda con las alusiones, pues como está absolutamente segura de que él es un mentiroso compulsivo en temas del corazón, y ha tomado su firme decisión de no dejar que la engañe nunca más, cambia de tema bruscamente.

- Bueno, vamos a trabajar. Te aviso que tengo intención de pedir a Nicolás Mora que venga a ayudarnos con Ecomoda. Además, he pensado alguna idea para relanzar la empresa pero debo madurarla. Y tú?

- También, pero es hora de salir. Te llevo a tu casa y mañana...

- Vamos despacico y por partes, Armando. –Puntualiza con frialdad.- Lo primero es avisar para que trasladen los ordenadores a nuestros actuales despachos. Dónde te has instalado tú?

- Aún no lo he hecho, pero había pensado irme al de Calderón.

- Al de tu “hermano”? –Pregunta suspicaz entornando los ojos.

- No hay otro libre, Betty, porque imagino que el de Olarte lo querrás para “tu amigo” el doctor Mora... –Le devuelve la puya.

- Sí, parece adecuado. –Obvia la ironía de Armando.

- Bueno... podría quedarme en el antiguo tuyo.

- Llamas despacho a ese hueco inmundo e insalubre? Ni modo!

- Pues tú no quisiste trasladarte para poder estar cerca de mí... Ahora podríamos volver a estar cerquita... –Propone cariñoso e insinuante.

- No veo ninguna necesidad. Ve pues al de Calderón, pero ojo! Mientras aparentemos ser pareja, no te voy a consentir que me pongas los cachos.

- Tranquila, novia mía. –Mimoso la va a enlazar por la cintura, pero Betty se escabulle.

- Armando, no te confundas que no soy la misma ingenua. Has hecho que me salga callo.

- Anda, vámonos. -Resignado.

- Tomaré un taxi. No es necesario que...

- Al menos me permitirás llevar de regreso a su casa a mi futura esposa por las tardes, y recogerla por las mañanas? O eso tan inocente también me está prohibido?

Le mira sopesando y termina cediendo.

- Bueno, mientras no te equivoques, te creas lo que no es y luego te consideres decepcionado... –Pero aunque no lo reconoce, la ternura de él la ha tocado la fibra más sensible de su ser.- Vamos.



CONTINUARÁ...




@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Queridas amigas, me alegro de que os vaya interesando la historia y de que ninguna os sintierais ofendidas por el trato de Betty a Marcela.

Ya veis que hoy han conseguido hablar a solas, y como bien suponíais Armando ha reaccionado como un señor. Tan divino!

Pero creéis que Betty debe ser un hueso duro de roer, aunque por dentro esté deseando lo mismo que él? O ser una blandengue y tirársele al cuello?

Gracias anticipadas por vuestras opiniones que con seguridad serán sabias.

Besos.
innombrable me da un poco ( mucho ) de miedo : supongo que hará maldades a diestra y siniestra para separarlos , aunque esperos que nuestos bellos bobos sean capaces de capear el temporal . Besotes .
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