A FUEGO LENTO.- Capítulo XV

A FUEGO LENTO.- Capítulo XV

Calipso
Calipso

July 11th, 2008, 2:07 pm #1



Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
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Nicole Abello
Nicole Abello

July 11th, 2008, 3:49 pm #2

que no se quede dura mucho tiempo porque la suerte que tiene no es para cualquiera! Está buenísima la historia! Sigue pronto, cielo!
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Joined: January 29th, 2007, 3:46 am

July 12th, 2008, 4:05 am #3


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





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Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





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Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





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DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





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Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
se tomo la molestia de ir a buscarla
q aproveche y se quede unos dias con ella
si tratar de forzar nada,y ella solita lo vea con ojos diferentes.
Maria

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita...........
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Joined: January 29th, 2007, 3:46 am

July 12th, 2008, 4:05 am #4


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
se tomo la molestia de ir a buscarla
q aproveche y se quede unos dias con ella
si tratar de forzar nada,y ella solita lo vea con ojos diferentes.
Maria

Queda prohibido no crear tu historia,
dejar de dar las gracias a Dios por tu vida,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita...........
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REGINA
REGINA

July 12th, 2008, 9:00 pm #5


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





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DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
ES QUE ME HAS HECHO DUDAR ANTE LA ALTERNATIVA, PERO ME PREGUNTO PORQUE NO CONJUGARLAS Y HACER QUE VUELVA, Y SIN PREMURA DEMOSTRARLE TAMBIEN LA VERICIDAD DE SUS SENTIMIENTOS?
SERIA MUY LINDO, BUENO PERO LA HISTORIA TE ESTÁ QUEDANDO HERMOSA.
GRACIAS CALIPSO, ES UNA VERSIÓN MUY BELLA.
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Cata
Cata

July 13th, 2008, 3:14 am #6


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





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Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
que hubiera una alianza entre doña Julia y Armando para intentar convencer a la terca de Betty. Espero que estando los dos en Cartagena haya por lo menos un acercamiento y él consiga convencerla de que regrese a Bogotá.

La historia está muy buena, Calipso.

Besos.
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Franceis
Franceis

July 14th, 2008, 6:32 am #7


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





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A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





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DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





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Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
that betty is convinced but i also don't think that she's giving up on armando. maybe she's gonna see for herself that armando's love is real. as for julia, maybe she's gonna move to cartagena. owww, yah maybe armando would open up a EcoModa franchise or something in cartagena. in that way, he could be with her.
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mcarmenb
mcarmenb

July 14th, 2008, 12:15 pm #8


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





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DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
y acabo de leer los dos ultimos capitulos, ternia ansia de volver para poder leer las historias, me estoy poniendo al dia.

Podria pasar que Betty se ponga terca y quiera convencerse sin que la acose ni armando ni su madre y a la vez, que armando y Dª Julia, se alien y ella vea un buen filin entre ellos y vaya cediendo.

un saludo

mcarmenb
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isabel
isabel

July 14th, 2008, 11:58 pm #9


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
armando deberia demostrarle lo que la ama...para que ella se diera cuenta por si misma de que el es sincero y volviera...ya que esta lli armando debria empezar sin presionarla..
la historia muy linda..
besoss!!!
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Joined: January 21st, 2004, 3:39 pm

July 18th, 2008, 3:41 am #10


Comprende que aunque no la agrade, debe llamarle para renunciar.

- De acuerdo, doctora Pinzón. –Le tiende la mano.- Hasta mañana.

- Adiós.

Sale a la soleada calle muy satisfecha de la entrevista y del resultado de la misma.

“Bien, Betty, ahora viene lo más difícil: decírselo a su mamá y llamarle a él.”





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capitulo XV.- No puedo negar la existencia de esa carta.




Se sienta en un banco del paseo, saca el celular y llama a casa.

- Aló?

- Aló, mamá, buenos días.

- Buenos días, m´hija, cómo lo está pasando?

- Muy bien. Anoche oí cantar en directo a Franco de Vita.

- Qué suerte, Bettyca! Le gustó?

- Mucho. Ni comparación con la música “enlatada”.

- Me alegro y aproveche a pasar rico lo que le queda de día, porque esta tarde ya regresa.

- De eso quería hablarle, mamá. –De pronto pierde el ánimo.

- No me irá a decir…

- Sí, es que verá… he encontrado un trabajo aquí, para la gestión económica de unos hoteles, y voy a quedarme…

- Pero, mamita, cómo va usted a estar allá sola en su estado?

- No tengo por qué estar sola si usted se viene acá conmigo.

- Pero eso no es posible, Betty. Yo tengo un compromiso con don Ramón y las clientas. Debo cumplirles teniéndoles la ropa lista para cuando les he dicho.

- Pues que don Ramón se busque otra modista, mamá.

- Bueno, bueno, dejemos eso. Y qué me dice de don Armando?

- Que no quiero volver a verle en mi vida! –Exclama impulsiva.

“Ay, mamá, nunca se lo contaré para evitarle más sufrimiento, pero Armando es perverso. Todo lo que me ha hecho ha sido premeditado, y sólo por salvar su maldita empresa.”

- Cómo que no quiere volver a verle? Es el padre de su hijo y además usted trabaja en Ecomoda. –La madre piensa que a su hija se le ha aflojado un tornillo.- No puede hacer eso.

- Mire, mamá, yo cometí tremendo error, lo sé. Pero ahora le conozco bien y no quiero trabajar ni relacionarme con él, así que voy a quedarme aquí.

- M´hija, le ha hecho algo malo el doctor? –Intrigada por la drástica reacción de Betty.

- No, mamá… -Miente a riesgo de no ser entendida.- …pero es voluble y mujeriego. No me da nada de confianza.

- Le ha descubierto alguna aventura?

- No, ahora no, pero él es así.

- Yo creo que se está equivocando. –Poco convencida por los argumentos de su hija.

- Pues yo estoy segura de que no, y lo único que me duele es estar lejos de usted. Por qué no se lo piensa despacico y viene al menos a pasar unos días acá conmigo? Luego si le gusta…

- Pero, mamita, usted no se da cuenta de que yo necesito trabajar porque la pensión que me quedó de su papá es muy justica.

- Mamá, el sueldo que voy a ganar es mayor que el que tenía en Ecomoda, y además me proporcionan un pequeño apartamento a mitad de precio en uno de los dos hoteles por ser empleada de la cadena. Viviríamos estupendamente.

- Ay! Le repito que se está equivocando. Se lo ha dicho al doctor?

- No.

- Ya verá como no le va a gustar.

- Ya me lo imagino, pero eso es indiferente. Él no tiene porqué opinar sobre mi vida.

- Medítelo despacio, Bettyca. -Afirma doña Julia disgustada.

- Lo haré, y la llamaré mañana. Muchos besos, mamá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Cuelga y se queda mirando al mar durante un rato. Recuerda el consejo que le ha dado su madre, pero está segura de que lo dice porque ignora lo que ella descubrió: la carta de Mario con todo el plan que elaboraron para atarla a Armando hasta que recuperasen Ecomoda y pudiesen botarla sin el menor remordimiento.

Exhala un profundo suspiro y marca el número de su jefe.

- Aló, Betty, cómo está?

- Bien, gracias.

- No la he querido llamar para no molestarle en sus días de descanso. –Le habla con pies de plomo hasta ver de qué humor está.

- Se lo agradezco. Yo le llamo ahora para comunicarle que no voy a regresar, y que si necesita algún poder notarial para administrar la empresa en mi nombre, me lo haga saber y yo se lo mando.

- Pero eso no es posible, Betty. Cómo piensa? –Angustiado.

- Sí es posible, ya verá como sí.

- Pero usted está embarazada y no puede irse lejos de mí. Yo la necesito…

- Ya! Ya sé que me necesita. –Brusca. “Para salvar Ecomoda”.

Armando nota el tono pero no entiende porqué lo usa.

- No debe vivir sola. O estará con su mamá?

- Estoy sola, soy mayor de edad y yo decido lo que hago con mi vida. –Con firmeza.

- Ah, sí? Le ha dicho eso a su madre? –Se esfuerza por controlar su genio.

- Algo parecido.

- Y a ella le parece bien que no vuelva a mi lado? Donde pueda protegerla?

“Protegerme… de qué? Si él y su amigo son el mayor peligro que me puede acechar?”

- Respete mi decisión. –No contesta a lo que él pregunta.

- Pero le puede surgir cualquier problema, y entonces qué sucederá con usted y nuestro hijo?

- No se preocupe tanto por nosotros que no le pega. Además… igual vuelvo con mi novio. –Lo dice para preocuparle en el plano empresarial recordando la carta.

- CÓMO??? Está con Nicolás??? –Pregunta Armando aterrorizado por perderla a ella, no a Ecomoda, con lo que se confirma a sí mismo que Betty se ha convertido en lo más importante de su vida y se siente morir.

- Por ahora estoy sola, pero nunca se sabe… -Se siente perversa por alarmarle y se arrepiente de disfrutarlo aunque está convencida de que él se lo merece.- Adiós, doctor, y avíseme si necesita algo para la empresa.

- Espere! No cuelgue! Dígame donde está. Déme su dirección, por favor. –Desesperado.

- No la necesita para nada.

- Pero cómo va a sobrevivir allá donde esté?

- Trabajando, cómo si no? Adiós.

- BETTY!!! –Armando cada vez se sorprende más y entiende menos.

Al cortar la comunicación siente como la abandonan las fuerzas, entrándole gran laxitud que la deja el cuerpo como si fuese un muñeco de trapo.

- Cuanto te quiero, mal hombre… -Susurra parpadeando varias veces seguidas para no llorar.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




A cientos de kilómetros murmura él en la soledad de su apartamento:

- Amor mío, no entiendo qué te pasa conmigo desde el jueves. Será que el muelón ese de Nicolás vuelve a moverte el piso? Dime donde estás e iré a buscarte para demostrarte que nadie puede quererte más que yo.

Se queda un rato pensativo y de pronto exclama:

- DOÑA JULIA!!! Ella tiene que saber.

Toma una chaqueta, el móvil y las llaves, y baja al garaje volando por las escaleras los diez pisos sin esperar al ascensor.





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DIN! DON!

Le gustaría seguir pulsando el timbre hasta que abran pero se aguanta las ganas.

- Quién es? –Preguntan desde dentro.

- Doña Julia, soy Armando Mendoza. Puede abrirme?

La puerta se abre inmediatamente.

- Ya ha hablado con mi hija, sí?

- Sí, y no entiendo porqué no quiere volver. Usted sabe si le pasa algo?

- No, m´hijo, estoy tan sorprendida como usted, pero es tan terca como su papá que en paz descanse.

Han pasado a la salita.

Yo no recuerdo haber hecho nada que la pudiera molestar, pero está muy rara conmigo. Le ha dicho algo a usted?

- Sólo que usted es un mujeriego y un veleta.

- ERA, doña Julia, era. Yo ahora soy un monje trapense.

- Ay, mi niña! Qué va a ser de ella sola, embarazada y tan lejos?

- A mí también me tiene muy preocupado. Usted sabe dónde está? –Esperanzado.

- Sí, claro, ni más faltaba!

- Pues dígamelo e iré a buscarla.

- Mi Bettyca se enfadará. –Afirma la mujer.

- Pues esperaremos a que se le pase. Vea, yo la amo profundamente y no puedo estar sin ella. Tengo que convencerla de que se case conmigo. –Con total sinceridad.

La madre le mira y pregunta seria.

- Quiere de verdad a mi hija?

- Con toda mi alma. Quiero que sea mi esposa y que criemos juntos a nuestro hijo. Y también que usted esté siempre cerca de ella porque sé cuanto se quieren.

- Está en Cartagena. –Contesta sin dudar.

- OK! En qué hotel?

- No me acuerdo pero lo tengo apuntado. Vea. –Le enseña un bloc de notas.

- A ver… Hotel Tritón. Gracias, doña Julia. –Le da un abrazo de cariño y agradecimiento.- Ahora mismo me voy para allá.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Sale disparado hacia el aeropuerto y apenas pasan unos minutos de las tres de la tarde cuando Armando está ante la puerta de la habitación 505. Se coloca bien las gafas, nervioso, y toca el timbre.

- No he pedido nada. –Dice ella desde dentro.

- No soy el camarero. Soy Armando.

- Armando? –Estupefacta.

- Sí. Abre, por favor.

Betty se queda de piedra, retira la cadena de seguridad y abre lentamente.

- Qué hace usted aquí, doctor?

- He venido a buscarla para que vuelva a Bogotá con su madre y conmigo. –Con ternura.- Puedo pasar?

- Sí, claro. –Accede insegura, abre la puerta hasta atrás y se aleja.

- Gracias. –Armando entra y cierra tras él, pero no se acerca a ella por precaución. No quiere embarrarla.

- No voy a regresar durante una larga temporada, don Armando. De modo que ha hecho el viaje inútilmente.

Lo dice parada de espaldas a él, ante la puerta de la terraza.

- Betty, su mamá está muy disgustada porque la quiere mucho y la necesita junto a ella.

- Lo sé y le he pedido que se venga acá, conmigo.

- No puede pedirle que abandone su hogar y su trabajo por acompañarla en esta aventura.

- Don Armando, esto no es una aventura ni un capricho, y es únicamente asunto de mi madre y mío. –Contesta seca.

- Key! Le hablaré entonces de mí. Betty, yo a usted la amo y la necesito lo más cerca posible. Además está embarazada, y quiero ayudarla y protegerla a usted y a nuestro bebé en todo momento.

- Deje de mentir! –Se gira hacia él.- Sé que usted no me ama ni me ha amado nunca. Y a mi hijo tampoco!

- Cómo cree? No entiendo nada. Qué le pasa conmigo desde hace unos días? Si he hecho algo que le haya molestado, no ha sido mi intención…

- Deje de hacer teatro que ya no me creo nada que salga de sus labios.

- Teatro? Llama teatro a lo que siento por usted? –Cree estar viviendo una pesadilla.

- Sí, deje ya de aparentar un interés y un cariño que no siente. Ya se han burlado bastante de mí.

- “Han” burlado? Quiénes?

Una pequeña lucecilla de sospecha empieza a encenderse dentro de Armando.

“No es posible que haya leído la carta de Mario. Está guardada en mi despacho y ella no curiosea en mis cajones. A ver si me voy a tener que arrepentir de no haberla roto en mil pedazos…”

- Doctor, no se haga de nuevas. Usted sabe de qué estoy hablando.

- Pues, no…

- Deje de fingir! –Exclama muy enfadada.- He leído la carta que le escribió su hermano del alma llena de instrucciones para asegurarse mi lealtad al precio que fuera. Incluso de dejarme embarazada. –Se planta ante él furiosa.- Niéguelo si es capaz.

Armando ve confirmado su temor y contesta con sinceridad y serena gravedad.

- No puedo negar la existencia de esa carta, ni la obsesión de Calderón con el tema de asegurarnos su fidelidad a la empresa, pero… -Hace una pausa llamando su atención.- …cuando él escribió esa horrible carta ya había sucedido todo entre usted y yo. No fue premeditado. Ni modo! Vuelvo a jurarle una vez más que el embarazo fue fortuito.

- Cómo explica entonces que “casualmente” él le recomiende hacerme justamente eso?

- Sólo es una maldita coincidencia, y la carta es fruto de una mente enferma. La encontré sobre mi mesa tan sólo hace unos días. Se ve que la dejó cuando se fue de viaje. Me asqueó tanto que la arrojé a un cajón con repugnancia y sólo la conservé para pedirle cuentas cuando vuelva.

Ella guarda silencio desconfiada a pesar de que él le parece sincero.

- Betty, aunque usted siga sin creerme, yo no tengo nada que ver con esa maldita carta y estoy muy preocupado ante el hecho de que quiera vivir sola y tan lejos.

- Yo, en cambio, pienso que estaré mejor lejos de usted y de su compadre.

Lo dice aparentando más enfado del que siente, para mortificarle, pues aunque no le cree del todo… sí está satisfecha de que haya venido.

- Betty, no me iguale a ese monstruo insensible. Yo lamento mucho que haya hecho esas recomendaciones, especialmente la del embarazo, tan cruel e inoportuna por haberse dado la circunstancia de coincidir con la realidad.

- Inoportuna?

- Sí, inoportuna únicamente porque seguimos solteros, mas si usted aceptase mi propuesta de matrimonio…

- Eso sería salir del fuego para caer en la hoguera. –Le mira a los ojos.- Ni piense.

- Betty, esperaré. –Contesta desanimado.- Entiendo que tiene dudas y recelos hacia mí porque mi vida pasada no ha sido la más edificante, y encima Calderón… en fin, yo le voy a demostrar que soy un hombre nuevo y que la quiero de verdad.

- Vale, deje ya de insistir.

- No puedo! –Con desesperación.- No puedo dejar que se estrelle porque la amo.

Quedan mirándose un momento en silencio. Luego Betty contesta con tono tranquilo.

- No me voy a estrellar. Cálmese.


CONTINUARÁ…





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Hola, chicas.

Por el momento Betty está muy dura, pero estoy segura de que él no va a dejar de intentar hacerla cambiar de idea… aunque igual no conviene insistirla demasiado.

No sé qué será mejor. Si dejar que ella se convenza sola (lo cual nos puede llevar tiempo) o que Armando y su mamá se alíen para que vuelva. En fin…

Besos.
las cartas sobre la mesa.

Yo voto por alianza entre Doña Julia y Armandito. Betty está muy dura, pero lo ama.

Besitos guapa
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