A FUEGO LENTO.- Capítulo VII

A FUEGO LENTO.- Capítulo VII

Calipso
Calipso

May 16th, 2008, 5:20 pm #1



- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
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Cata
Cata

May 16th, 2008, 6:38 pm #2

bien coladito por Betty y si además doña Julia le colabora, pronto los tendremos ennoviados. Ha sido muy tierno que él fuera a buscarla a Santa Marta y demuestra su interés por ella.

El capi te quedó precioso.

Besos.
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regina
regina

May 16th, 2008, 8:58 pm #3


- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





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Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





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A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





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Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





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- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





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Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





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Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






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Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





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Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
el capi y este Armando es una ternura. Gracias.
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maria
maria

May 16th, 2008, 11:11 pm #4


- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





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Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





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A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
me encantan tus historias,soy muy nueva en el foro pero ya las lei toditas
y esta en particular,se me hace de lo mas tierna.
gracias por el capitulo.
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marg
marg

May 17th, 2008, 3:49 am #5


- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





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Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






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Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
que les dio a las dos armando, menos mal que la mama lo acepta en su compañia, porque me parece que a Betty no le apetece demasiado el que sus planes dependan de los de ellas.
Esta interesantisima la historia.
Besos.
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Fanarg
Fanarg

May 17th, 2008, 4:55 am #6


- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





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Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





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A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
Menuda sorpresa se llevó Betty. Este Armandito no aguantó estar una semana sin verla. Ella sigue con sus dudas, pero con esto ahora si que la sorprendió. veamos cómo acaba todo esto.
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Franceis
Franceis

May 18th, 2008, 6:17 am #7


- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
they gonna see each other on bathing suits for the first time? i don't know who's gonna "morrir" first if betty or armando. jejejeje i bet betty 'coz she last less experience with those things. ojojoj
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mcarmenb
mcarmenb

May 18th, 2008, 4:47 pm #8


- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





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Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





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A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





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Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@





Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
me hubiera gustado ver la cara de betty al verlo, seguro que Dª Julia, esta que se parte de risa viendo a esos dos.

un saludo

mcarmenb
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isabel
isabel

May 18th, 2008, 10:31 pm #9


- Pues, eso! Yo mando y digo que no. –Contesta con firmeza y después añade suavizando porque no quiere pasarse de dura.- Sólo le acepto el helado que me ofreció, pero en la cafetería.

- Bueno… -Él se resigna.- …pero que sea como postre de la cena, sí?

- Sólo si es en público…

Se detienen en el centro del amplio lobby del hotel uno frente a otro, midiendo sus fuerzas. Luego Armando la conduce al restaurante y cede.

- Será como guste.





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Capítulo VII.- Quiere desayunar con nosotras?



Allá vuelve a reinar la cordialidad entre ellos, y al verle tan relajado Betty se pregunta si no habrá sido malpensada antes, cuando él sugirió ir a una habitación.

“Y si era cierto que sólo quería enseñarle Bogotá desde la terraza…?”

Cenan tranquilos con un ambiente agradable charlando de la empresa, inevitable; pero también de música, libros, películas… y Betty se queda muy impresionada al descubrir que Armando es gran conversador, muy culto y entretenido a la par que hombre de mundo.

Después del obligado helado que toman de postre, permanecen aún un rato de sobremesa hasta que finalmente Betty consulta su reloj y se sobresalta al ver lo rápido que ha pasado el tiempo.

- Por favor, doctor, lléveme a mi casa que ya es muy tarde y mañana tenemos que trabajar.

- Tiene razón, Betty, pero lo he pasado tan bien que se me ha hecho muy corta la cena.

- Además no quiero dejar más tiempo sola a mi madre, pues todavía no ha superado la pérdida de mi padre.

- Cuánto hace que falleció?

- Diez meses.

- Está muy reciente. –Comenta Armando solidarizándose.- Le extrañará mucho.

- Sí, estuvieron tantos años juntos que nota mucho su ausencia. El pobre era muy cansón… -Sonríe con cariño.- …pero sobre todo fue un buen marido, un padre cariñoso y una gran persona noble y honrada.

- Me hubiera gustado conocerle. –Dice Armando mientras caminan hacia la salida.

- Pues no se hubiera librado de que le contase la historia de su antepasado, el famoso tío Lázaro Pinzón. Oj! Oj! Oj!

- Cómo así? –Él sonríe con curiosidad.

- Bueno, es que estaba tan orgulloso de la clarividencia y las hazañas mercantiles de su tío abuelo, que en cuanto conocía a alguien le contaba su vida. Y si el ingenuo le seguía la corriente, se la narraba de forma exhaustiva. Con todo detalle, lo que podía llevarle horas. Ay! Le extrañamos tanto…

- La comprendo, Betty, porque yo también pasé una temporada muy mala cuando murió mi abuelo Armando. Estábamos muy unidos pues siempre habíamos congeniado. Y tanto que muchas veces hizo de intermediario entre mi padre y yo.

Detiene el coche ante la casa de ella.

- Es muy triste perder a las personas queridas. –Comenta Betty con añoranza.





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A partir de esa cena tan entrañable y de la conversación tan personal que tuvieron, Armando ya no tiene dudas. Se siente muy a gusto en compañía de Betty, y no necesita que Mario le empuje porque está verdaderamente interesado en ella.

Continuamente tiene detalles y actitudes cariñosas para con “su” Betty, y ningún día le faltan unos bombones… o una tarjetita… o un libro… o un CD… acompañados de algún ligero y tierno besico en la mejilla o en la punta de la nariz.

Y aunque Betty sigue resistiéndose a confiar en que Armando esté sinceramente interesado en ella, siente con gran satisfacción como la muralla que levantó para protegerse de él empieza a resquebrajarse.





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Va a cumplirse el primer aniversario de la muerte de don Hermes, y doña Julia está un poco deprimida.

- Doctor… -Dice plantada ante la gran mesa.

- Sí, Betty, dígame. –Contesta sonriendo con ternura.

- Quería pedirle unos días de vacaciones.

- Ahora?

- Si fuera posible…

- Tiene algún problema? Siéntese, por favor, y cuénteme.

- Verá, es que se acerca la fecha en que falleció mi padre, y noto a mi madre muy triste. Por eso he pensado que sería bueno llevármela unos días fuera de Bogotá y de los lugares que compartieron y se lo recuerdan tanto.

- Está bien. Comprendo que es necesario distraerla. Dígame qué fechas le interesan y qué planes tiene porque puede contar conmigo en todo lo que de mí dependa.

Ella le cuenta, y después Armando le da el teléfono de su agencia de viajes para que Betty llame, diga que él la recomienda y encargue lo que desee.





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- Q´hubo, Betty? Se lo arreglaron a su gusto? –Pregunta Armando a la mañana siguiente.

- Sí, llamé, se lo expliqué a la señorita y al salir pasé por la agencia. Ya me tenía hechas las reservas y emitidos los pasajes, así que me fui a casa muy satisfecha.

- Y qué dijo su mamá? Le gustaron sus planes?

- Bueno, al principio se sorprendió mucho y vi peligrar todo, pero conseguí convencerla de que mi padre desea que seamos felices y le recordemos con alegría, así que finalmente aceptó.

- Me alegro. Y dónde se van? Perdone si le resulto curioso, pero es que todo lo suyo me interesa. –De pronto es consciente de que su interés es excesivo.- Bueno… no me lo diga si no quiere…

- Don Armando, no me molesta. Vamos a viajar en avión por primera vez y vamos a ver el mar por primera vez. Estoy muy emocionada.

- Ah! No lo conoce?

- No. Nunca hemos salido de Bogotá excepto para ir al pueblo de mis abuelos.

- Y qué ha elegido? La bella Cartagena?

- No. La acogedora Santa Marta.

- También es muy bonita, Betty. Deseo que disfruten mucho esos días y que su mamá levante el ánimo.





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Varias tardes después…

- Betty. –Dice Armando entrando al pequeño despachito y sentándose en una silla frente a ella.- Ya que mañana empieza sus vacaciones y no vamos a vernos durante mucho tiempo, podía salir conmigo esta tarde para despedirnos.

- Mucho tiempo? –Betty se ríe con ganas.- Pero si sólo voy a estar fuera una semana!

- Eso es demasiado para mí. Ni se imagina lo que voy a extrañarla. Sea buena y acepte venir conmigo a tomar algo…

Lo dice con un tono tan suplicante que Betty se ablanda.

- OK! Pero sólo un ratito porque tengo que preparar mi equipaje, ya que mañana salimos temprano hacia el aeropuerto.

- Perfecto, gracias! Y ahora vaya recogiendo que son las seis.

Se levanta dispuesto a hacer lo mismo con su mesa.





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Pocos minutos más tarde salen los dos de presidencia y toman el ascensor hasta el aparcamiento.

Allá suben al coche y Armando conduce hasta una bonita y moderna cafetería. Se sientan y él la anima:

- Aquí hacen unas tortitas con nata y chocolate… mmm… gloriosas!

- No sabía que usted era goloso. –Comenta sonriendo de buen humor.

- Lo soy, debo reconocerlo. Yo voy a pedirlas, y a usted le provoca?

- Claro! Ni más faltaba! El chocolate es mi tentación favorita.

- En ese caso le habrán gustado los bombones que le regalé.

- Muchísimo, don Armando, son deliciosos.

- No me llame “don”, que no estamos trabajando.

- Lo siento, pero no puedo tomarme esa confianza. Imposible.

- Bueno, poco a poco lo lograré. Aunque yo creí que después de los ratos que compartimos cuando su cambio, ya éramos amigos.

Piden los dos las famosas tortitas y charlan amistosamente durante un buen rato hasta que Betty mira su reloj.

- Ay, doctor, tengo que irme.

- Se le hizo tarde?

- Sí, ya le dije que debo preparar ahora la maleta porque el avión sale temprano.

- Vámonos entonces. –Se levanta.

Al detener el coche ante la casa de Betty se vuelve a ella.

- Gracias por su compañía.

- De nada, doctor. Gracias a usted por una tarde muy agradable.

- Un besico de despedida? –Pide con hoyuelos.

Al ver que le mira sorprendida por la petición, aclara:

- Un casto beso de amigos que se despiden, sí?

- OK! –Le ofrece la mejilla.

Armando sonríe feliz porque día a día ha ido descubriendo lo increíblemente a gusto que se encuentra en compañía de esa muchachita buena, generosa, inteligente y, gracias a él, también bonita.

Entonces se acerca, la atrae hacia él en un entrañable abrazo lleno de ternura y deposita un dulce beso en la mejilla que ella le ofreció.

- La quiero, Betty. Despierta en mí unos sentimientos tan… no sé como explicarlo, pero son tiernos, cálidos y muy dulces.

Es totalmente sincero, de modo que lo que empezó como un frío y cínico plan de Mario, se ha convertido en algo que Armando no sabe explicar pero le llena de felicidad.

- Hasta pronto, don Armando.

Le devuelve el beso en la mejilla más cercana y se baja del coche pensando.

“Tengo que reflexionar. Aprovecharé estos días lejos de él para pensar porque aunque estoy enamorada no me fío. No puedo creerme que yo le interese de verdad cuando ni doña Marcela ni las 90-60-90 le han movido el piso nunca.”






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Al fin las dos mujeres han llegado a Santa Marta y Betty va a disfrutar los primeros días libres desde que entró en Ecomoda.

Lo primero que hacen es ducharse, cambiarse de ropa y bajar rápidamente a la playa para disfrutar junto al mar, y Betty incluso se arma de valor y se da un bañito cerca de la orilla.

Después comen en un chiringuito playero, luego vuelven al hotel a descansar, y al atardecer recorren despacio la ciudad costeña.

Esas actividades las repiten la mayoría de los demás días convirtiéndolas es rutina vacacional y el tiempo transcurre más rápido de lo que las dos desean, especialmente de la hija, que sigue sin saber a qué atenerse con respecto a Armando.





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Ya están a sábado y desayunan tranquilamente en el comedor del hotel cuando Betty levanta la vista y se queda con la boca abierta y la mano parada a medio camino, suspendida en el aire con una apetitosa tostada.

Parpadea varias veces para asegurarse de que no está viendo visiones, y mira atónita a la figura de cara risueña que está plantada ante su mesa.

- Don Armando… -Balbucea al fin.

- Buenos días, Betty. Doña Julia…

- Doctor Mendoza, usted aquí? –Pregunta la madre sorprendida.

- Sí. Es que hacía mucho que no salía de Bogotá y me dije: “Vamos a ver qué tal lo están pasando Betty y su mamá.”

- Comprendo. –Contesta la mujer mayor “comprendiendo”.

- Y cuándo ha llegado? –Pregunta Betty recuperándose de la sorpresa.

- Ahora mismo. Vengo directamente del aeropuerto.

- Quiere desayunar con nosotras? –Le ofrece la madre.

- Sí, doctor, siéntese, por favor. –Ella le anima obligada.

Entonces él obedece sin esperar a que se lo digan por segunda vez, sonríe derrochando encanto y dice con desenfado:

- Muchas gracias. Sólo tomaré un tinto.

- Por favor, traigan un café para el señor. –Indica Betty al camarero que pasa por su lado en ese momento.

- Ahora mismo, señorita.

- Y díganme qué les parece Santa Marta. Les gusta? –Mira a una y otra alternativamente.

- Sí, es una ciudad encantadora y la hemos recorrido por las tardes dando ricos paseos. –Contesta doña Julia.

- Me alegra que les guste, y si me permiten les invito a comer hoy conmigo.

- No se moleste, doctor. Nosotras acostumbramos a comer acá, en el hotel, a la vuelta de la playa.

Betty quiere evitarle a toda costa, incluso a riesgo de resultar grosera, pues su repentina aparición le ha puesto muy nerviosa porque está segura de que la ha seguido. Y no le ha frenado que su madre esté allá con ella…

- Ningún problema, Betty. A mí también me gusta la playa así que subo a mi habitación a ponerme el bañador y…

- Está alojado acá? En este hotel? –Angustiada.

- Sí. Como venía a verlas pensé que lo mejor sería estar en el mismo hotel que ustedes.

Doña Julia les escucha y observa detenidamente.

- El café. –Anuncia el camarero.

- Es para el señor. –Contesta la mujer con media sonrisa.

- Gracias. –Dice Armando cuando se lo colocan delante, y añade volviendo a mirarlas.- Tienen un aspecto espléndido así, levemente bronceadas, no con ese tono pálido que se nos pone a todos en Bogotá, a dos mil y pico metros de altitud. Bueno, entonces el plan de esta mañana es…

- Ir a la playa ahora mismito. Tan pronto como terminemos de desayunar y subamos a la habitación a ponernos el bañador. Desea acompañarnos? –Le invita doña Julia.

- Mamá! –Salta Betty.- Seguro que don Armando tiene sus propios planes, y no son ir a la playa con su asistente y su mamá.

- Está equivocada, Betty. Mis planes son los suyos siempre que no les incomode mi presencia.

- Desde luego que no nos molesta, doctor. Al contrario. –Contesta doña Julia que lo está pasando en grande al ver a ese señor tan apuesto y simpático interesado en su hija, y a ésta desconcertada por ese interés.

- Gracias, doña Julia, es usted un sol. –Da un último sorbo a su café y sonríe relajado.- Yo ya he terminado y estoy dispuesto para ir a ponerme el equipo playero. Vamos, señoras?



CONTINUARÁ…





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Hola, chicas. Armando está bastante lanzadito, pero Betty se ha quedado de una pieza cuando le ha visto delante de ella, con tremenda sonrisa, en Santa Marta.

Aunque ella no dejaba de pensar en él, ahora siente que le va a desbarajustar la vida, y ver que su madre está encantada con la visita…

En fin, veremos como sigue esto. Besos.
armando no iba a aguantar sin ver a betty una semana..y ahi esta el muchacho a por todas..y parece que doña julia esta contenta no asi betty..
besoss!!!
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